2. Por qué se convierten en hacedores de servicio algunos que lo han dejado todo para esforzarse por Dios

Las palabras relevantes de Dios:

Algunas personas, sin importar el problema al que se puedan enfrentar cuando llevan a cabo sus deberes, no buscan la verdad y siempre actúan de acuerdo con sus propios pensamientos, nociones, imaginaciones y deseos. Están satisfaciendo constantemente sus propios deseos egoístas y su carácter corrupto siempre controla sus acciones. Aunque pueden llevar a cabo el deber que les ha sido asignado, no obtienen ninguna verdad. Así pues, ¿en qué confían estas personas en la realización de sus deberes? No confían ni en la verdad ni en Dios. El trozo de verdad que entienden no ha tomado la soberanía en su corazón: confían en sus propios dones y capacidades, en el conocimiento que han adquirido y en sus talentos, así como en su propia fuerza de voluntad o en sus buenas intenciones, para llevar a cabo estos deberes. ¿Está cumpliendo bien con su deber? ¿Está cumpliendo con su deber satisfactoriamente? Aunque puedas a veces apoyarte en tu naturalidad, tus imaginaciones, tus nociones, tu conocimiento y tu aprendizaje para cumplir con tu deber, en las cosas que haces no se presentan problemas de principios. A simple vista, parece como si no hubieras tomado la senda equivocada, pero hay algo que no puedes pasar por alto: a lo largo del proceso de realizar tu deber, si tus nociones, imaginaciones y deseos personales nunca cambian y nunca son reemplazados con la verdad; y si tus acciones y tus actos nunca se realizan con los principios-verdad, entonces ¿cuál será el resultado final? Te convertirás en un hacedor de servicio. Esto es precisamente lo que estaba escrito en la Biblia: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:22-23). ¿Por qué llama Dios a estas personas que realizan esfuerzo y rinden servicio “los que practicáis la iniquidad”? Hay un aspecto del que podemos estar seguros, y es que, independientemente de los deberes o la obra que hagan estas personas, sus motivaciones, ímpetus, intenciones y pensamientos surgen enteramente de sus deseos egoístas, se basan completamente en sus propias ideas e intereses personales, y estas consideraciones y planes giran totalmente en torno a su reputación, estatus, vanidad y sus perspectivas de futuro. En el fondo no poseen la verdad ni actúan de acuerdo con los principios-verdad. Así, ¿qué es crucial para que ahora busquéis? (Deberíamos buscar la verdad y cumplir con nuestros deberes de acuerdo con la voluntad y los requerimientos de Dios). ¿Qué deberíais hacer en concreto al cumplir con vuestros deberes según los requerimientos de Dios? Con respecto a las intenciones e ideas que tienes cuando haces algo, debes aprender cómo discernir si están de acuerdo con la verdad o no, así como si tus intenciones e ideas están orientadas hacia cumplir vuestros propios deseos egoístas o hacia los intereses de la casa de Dios. Si tus intenciones ideas están de acuerdo con la verdad, entonces puedes hacer tu deber en línea con tu pensamiento; sin embargo, si no están de acuerdo con la verdad, entonces debes darte la vuelta rápidamente y abandonar ese camino. Ese camino no es correcto y no puedes practicar de esa manera; si continúas caminando por esa senda, entonces acabarás cometiendo maldad.

Extracto de ‘Cómo experimentar las palabras de Dios en los propios deberes’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Sean cuales sean los talentos, dones o capacidades de una persona, si únicamente actúa y se esfuerza por cumplir con el deber y en todo lo que hace se apoya en sus fantasías, nociones o instintos a medida que se esfuerza, nunca busca la voluntad de Dios, no tiene ningún concepto ni necesidad interior que diga “Debo poner en práctica la verdad. Voy a cumplir con el deber”, y su único incentivo es hacer bien su trabajo y terminar sus tareas, entonces, ¿esa persona no vive totalmente de sus dones, talentos, habilidades y capacidades? ¿Hay muchas personas así? En su fe solo piensan en esforzarse y en pregonar su trabajo y sus capacidades. En concreto, cuando la casa de Dios le asigna a la gente trabajos generales, la mayoría adopta ese enfoque a la hora de llevarlos a cabo. Lo único que hacen es esforzarse. A veces usan la boca para decir algo; otras veces utilizan las manos y la fuerza física; en otras ocasiones, las piernas para correr de aquí para allá. ¿Por qué se dice que vivir en dependencia de estas cosas supone emplear la propia fuerza en vez de poner en práctica la verdad? Cuando alguien ha aceptado una tarea que le ha encomendado la casa de Dios, no piensa más que en cómo terminarla lo antes posible para poder dar cuenta a sus líderes y recibir su elogio. Tal vez trace un plan paso a paso y parezca bastante serio, pero se centra exclusivamente en terminar la tarea para que los demás lo vean o, mientras la está haciendo, establece sus propios criterios de evaluación del desempeño, basados en cómo puede actuar para alcanzar la felicidad, la satisfacción y el nivel de perfección al que aspira. Independientemente de los criterios que establezca para sí mismo, si es ajeno a la verdad y no la busca o, en lugar de entender y confirmar lo que Dios le pide antes de actuar, actúa a ciegas, desconcertado, entonces lo que está haciendo es un mero esfuerzo. Está actuando según sus deseos, en virtud de su mente o de sus dones, o en función de la fortaleza de sus habilidades o capacidades. ¿Qué consecuencia tiene actuar así? Puede que hayas terminado la tarea, nadie le haya puesto reparos y te sientas muy satisfecho, pero, al llevarla a cabo, primero no comprendiste la voluntad de Dios, y luego no actuaste con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas; no pusiste todo tu corazón en ella. Si hubieras buscado los principios-verdad y la voluntad de Dios, habrías cumplido con el 90 % de la tarea y, además, habrías podido entrar en la realidad-verdad y entendido correctamente que lo que estabas haciendo concordaba con la voluntad de Dios. Ahora bien, si actuaste descuidadamente y a tontas y a locas, pese a que terminaste la tarea no sabrías para tus adentros lo bien que la hiciste. No tendrías un punto de referencia ni sabrías si estaba de acuerdo con la voluntad de Dios o con la verdad. Por tanto, bastan tres palabras para describir el desempeño del deber en semejante estado: tu propio esfuerzo.

Extracto de ‘Aquello concreto en lo que las personas han confiado para vivir’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

De todas las cosas que he citado anteriormente —amar a Dios con todo vuestro corazón, toda vuestra mente, toda vuestra alma y toda vuestra fuerza—, solo habéis desplegado la fuerza; aún no habéis logrado aplicar todo vuestro corazón, toda vuestra mente y toda vuestra alma. No habéis cumplido con estos tres aspectos. Solamente sabéis aplicar vuestra fuerza al deber. ¿Qué clase de personas sois a los ojos de Dios? (Un hacedor de servicio). ¿Deseáis ser un hacedor de servicio? No tenéis ningún deseo de ser hacedores de servicio, y sin embargo prestáis servicio; es más, lo disfrutáis y nunca os cansa. Este es el tipo de senda en la que os encontráis. No deseáis ser hacedores de servicio, pero prestáis servicio activo; ¿no es una contradicción? ¿Por qué ha se ha producido esto? Por el tipo de senda en que te encuentras, la cual determina qué objetivo alcanzarás finalmente. En términos coloquiales, significa que “cosechas lo que siembras”. La senda por la que vas es la de un hacedor de servicio y la senda que has elegido es la de un hacedor de servicio, así que terminarás prestando servicio. Como siempre te preocupas por desplegar tu fuerza, no estás dispuesto a gastar energía ni pensamientos y no quieres poner tu corazón, mente y alma en amar a Dios, tu Señor, al final solo es posible que te valgas de la fuerza; en consecuencia, terminas prestando servicio. Aquí no hay ninguna contradicción. ¿Cuál es la contradicción? Que la gente no desea ser hacedora de servicio y cuando oye que alguien le pone esta etiqueta, se queda descontenta. Piensa: “¿Eso no es una calumnia contra mí? ¿No me infravalora? Demuestra prejuicios hacia los demás, ¿no? He dedicado muchísimo esfuerzo y fuerza. ¿Cómo puedo ser un hacedor de servicio?”. Tienes razón; has aplicado toda esa fuerza, lo que te convierte en un hacedor de servicio puro. Debes pensar en cómo no aplicar meramente la fuerza, sino también poner todo tu corazón en ello. Aspira a esto por norma. Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, toda tu mente y toda tu alma. ¿Para qué deberías utilizarlos? Deberías dedicar todo tu corazón, toda tu mente y toda tu alma a cumplir bien con el deber, y así llegarás a ser buena persona a los ojos de Dios.

Extracto de ‘Para tener semejanza humana has de cumplir con tu deber adecuadamente, con todo tu corazón, mente y alma’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Cuando realizas una tarea o llevas a cabo un deber, con respecto a ella, ¿cómo se hace de una manera que suponga practicar la verdad, y cómo de una manera que no suponga practicar la verdad? No practicar la verdad no tiene nada que ver con la verdad. Puede que estés llevando a cabo tu deber, pero eso tiene poco que ver con la verdad; solo es una buena conducta, y también puede decirse que una buena acción, pero todavía hay una distancia entre esto y la práctica de la verdad. Son diferentes. ¿Y en función de qué se pueden diferenciar? Cuando estás haciendo esto, mantienes un propósito y unas normas determinados. Una de ellas es no ocasionar pérdidas a los intereses de la casa de Dios; otra es ir más de un lado a otro y sufrir un poco, sin un horario regular para comer y dormir. Tú has cumplido todas estas cosas y, si no se te aplican unos criterios estrictos, es posible que todavía cumplas satisfactoriamente con el deber. Sin embargo, hay algo más: ¿has sacado a la luz y descubierto qué actitudes corruptas hay en ti cuando haces esto? Es decir, ¿has sacado a la luz y descubierto tus ideas y la cosas que hay en tu interior con las que Dios está insatisfecho cuando te encuentras con este problema? Al cumplir con el deber y hacer esto, ¿logras una nueva comprensión de ti mismo, y has descubierto alguna verdad que debas poner en práctica y en la que debas entrar? (Rara vez sucede eso. A veces solo logro comprender de manera superficial mi arrogancia y no voy más allá). Entonces, la mayor parte del tiempo tienes una comprensión formulada y teórica, no real. Si no buscas la verdad, aunque no hayas hecho nada terriblemente malo ni inicuo ni hayas vulnerado los principios esenciales, y por fuera parezcas una buena persona con humanidad, sigues sin practicar la verdad y sin recibir ninguna. Que “no hayas hecho nada malo” y por fuera parezcas alguien con humanidad no equivale a estar de conformidad con la verdad ni a practicarla. Hay una brecha, una diferencia, entre esto y la práctica de la verdad. Por ello, muchos creen en Dios y, transcurrido un tiempo, descubren que se han vuelto unas personas que solamente se esfuerzan. Al principio no pensaban creer de este modo; entonces, ¿cómo se convirtieron en personas que solo hacen las cosas con esfuerzo físico? ¿Cuál es el significado implícito de “hacer las cosas con esfuerzo físico”? Significa prestar servicio, haberse convertido en un instrumento. ¿Por qué te has convertido en alguien que presta servicio? ¿Así deseas prestar servicio? Cuando comenzaste a creer no pensabas prestar servicio; tu plan era: “Debo creer en serio, comprender la verdad y, al final, ascender al cielo. Como mínimo, no debo morir”. Y tras creer durante un tiempo, entonces pensaste: “Debo temer a Dios, evitar el mal y obedecer a Dios”. Sin embargo, ¿cómo te has convertido sin darte cuenta en alguien que se esfuerza? Se debe a que nunca puedes entrar en la verdad en los ambientes que Dios dispone para ti ni tampoco mientras llevas a cabo tu deber, y siempre utilizas el esfuerzo físico como sustituto del cumplimiento del deber; ese es el motivo.

Extracto de ‘¿Qué es practicar la verdad?’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Cuando el hombre mide a otros, lo hace según sus contribuciones. Cuando Dios evalúa al hombre, lo hace de acuerdo con la naturaleza del hombre. Entre los que buscan vida, Pablo fue alguien que desconocía su propia sustancia. No era en absoluto humilde ni obediente, ni conocía su esencia, la cual se oponía a Dios. Por tanto, era alguien que no había pasado por experiencias detalladas ni puso en práctica la verdad. Pedro era diferente. Conocía sus imperfecciones, sus debilidades y su carácter corrupto como una criatura de Dios y, por tanto, tenía una senda de práctica por medio de la cual cambiar su carácter; no era uno de esos que solo tenía doctrina, pero no realidad. Las que cambian son personas nuevas que han sido salvadas, son las calificadas para la búsqueda de la verdad. Las que no lo hacen pertenecen a aquellas que son obsoletas por naturaleza; son las que no se han salvado, es decir, aquellas a las que Dios detesta y rechaza. Ellas no serán recordadas por Dios, por muy grande que haya sido su obra. Cuando comparas esto con tu propia búsqueda, debe ser evidente si al final eres el mismo tipo de persona que Pedro o Pablo. Si aún no hay verdad en lo que buscas y si todavía hoy sigues siendo tan soberbio e insolente como Pablo, y sigues siendo tan superficial y presuntuoso como él, sin duda eres un degenerado que fracasa. Si buscas lo mismo que Pedro, si procuras prácticas y cambios verdaderos y no eres arrogante ni obstinado, sino que buscas cumplir con tu deber, serás una criatura de Dios que puede lograr la victoria. Pablo no conocía su propia esencia o corrupción y, mucho menos, su propia desobediencia. Nunca mencionó su desafío despreciable hacia Cristo ni se arrepintió demasiado. Solo ofreció una breve explicación y, en lo profundo de su corazón, no se sometió totalmente a Dios. Aunque cayó en el camino de Damasco, no miró en lo profundo de su ser. Se contentó simplemente con seguir obrando y no consideró que conocerse y cambiar su viejo carácter fueran los asuntos más cruciales. Se conformaba con simplemente hablar la verdad, con proveer para otros como un bálsamo para su propia conciencia y con no perseguir más a los discípulos de Jesús para consolarse y perdonarse por sus pecados pasados. La meta que perseguía no era otra que una corona futura y una obra transitoria, la meta que perseguía era la gracia abundante. No buscaba suficiente verdad ni buscaba progresar más profundamente en la verdad, la cual no había entendido previamente. Por consiguiente, se puede decir que su conocimiento de sí mismo era falso y que no aceptaba el castigo ni el juicio. Que fuera capaz de obrar no significa que poseyera un conocimiento de su propia naturaleza o de su esencia; su atención solo se centraba en las prácticas externas. Además, no se esforzaba por el cambio, sino por el conocimiento. Su obra fue, por completo, el resultado de la aparición de Jesús en el camino a Damasco. No fue algo que él hubiera decidido hacer en un principio ni fue una obra que ocurriera después de que aceptase la poda de su viejo carácter. Independientemente de cómo obrara, su viejo carácter no cambió y, por tanto, su obra no expió sus pecados pasados, sino que únicamente desempeñó cierto papel entre las iglesias de la época. Para alguien como él, cuyo viejo carácter no cambió —es decir, que no obtuvo la salvación y que, además, no tenía la verdad— era absolutamente incapaz de llegar a ser uno de los aceptados por el Señor Jesús.

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

Anterior: 1. Qué es el pueblo de Dios y qué son los hacedores de servicio

Siguiente: 3. Qué condiciones deben satisfacer los hacedores de servicio para convertirse en el pueblo de Dios

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

Contenido relacionado

3. Cómo Dios manifiesta Su carácter justo a la humanidad

A través de Sus palabras, el Creador no solo fue capaz de obtener todo lo establecido para ser obtenido, y de conseguir todo lo establecido para ser conseguido, sino que también pudo controlar con Sus manos todo lo que Él había creado, y gobernar todas las cosas que Él había hecho bajo Su autoridad; además, todo fue sistemático y regular.

Ajustes

  • Texto
  • Temas

Colores lisos

Temas

Fuente

Tamaño de fuente

Interlineado

Interlineado

Ancho de página

Índice

Buscar

  • Buscar en este texto
  • Buscar en este libro

Contacta con nosotros por WhatsApp