168 Una elección sin remordimientos

Cuando Satanás arresta y persigue a los cristianos

con más y más violencia,

cuando la ciudad está llena de oscuros horrores y yo huyo adonde pueda,

cuando la libertad está atrapada en una cárcel lúgubre,

cuando mi única compañía es una noche larga de dolor,

mi fe en Dios no vacilará,

nunca traicionaré a mi Señor, mi Dios.

Dios verdadero todopoderoso, mi corazón te pertenece.

La cárcel solo puede controlar mi cuerpo.

No dejaré de seguir Tus pasos.

En el doloroso sufrimiento, en un camino accidentado,

guiado por Tus palabras, mi corazón no tiene miedo,

acompañado por Tu amor, mi corazón está satisfecho.

¡Cuán honrado soy de seguir a Cristo

y perseguir amar a Dios en esta vida!

Debería retribuir el amor de Dios, ya que tengo alma y corazón;

estoy dispuesto a abandonarlo todo para testificar de Él.

Nunca me arrepentiré de haber elegido

darle todo mi ser a Dios.

Cuando la tortura perniciosa de los diablos de Satanás sea cada vez peor,

cuando el dolor mordaz me golpee una y otra vez,

cuando la agonía de la carne esté a punto de llegar a su límite,

en el último momento, cuando estén a punto de quitarme la vida,

no me entregaré al gran dragón rojo,

nunca seré un Judas, una mancha de vergüenza para Dios.

Dios verdadero todopoderoso, te seré fiel hasta la muerte.

Satanás solo puede torturar y destruir mi cuerpo.

No puede destruir la fe y el amor que tengo por Ti.

La vida y la muerte estarán siempre en Tus manos.

Abandonaré todo para dar testimonio de Ti.

Si puedo dar testimonio de Ti y avergonzar a Satanás,

moriré sin queja alguna.

¡Cuán honrado soy de seguir a Cristo

y perseguir amar a Dios en esta vida!

Debería retribuir el amor de Dios, ya que tengo alma y corazón;

estoy dispuesto a abandonarlo todo para testificar de Él.

Nunca me arrepentiré de haber elegido

darle todo mi ser a Dios.

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China es la tierra donde reside el gran dragón rojo y es el lugar que se ha resistido y ha condenado a Dios más severamente a lo largo de la historia. China es como una fortaleza de demonios y una prisión impenetrable e impermeable controlada por el diablo. Además, el régimen del gran dragón rojo vigila todos los niveles y ha instalado defensas en cada casa. Como resultado, no hay lugar donde sea más difícil difundir el evangelio de Dios y llevar a cabo la obra de Dios. Cuando el Partido Comunista Chino llegó al poder en 1949, la creencia religiosa en China Continental fue totalmente suprimida y prohibida. Millones de cristianos sufrieron humillación pública, tortura y encarcelamiento. Todas las iglesias fueron completamente cerradas y vaciadas. Hasta las reuniones en las casas fueron prohibidas. Si sorprendían a alguien participando en una reunión, era encarcelado e incluso podía ser decapitado. En esos tiempos, las actividades religiosas desaparecieron casi sin dejar rastro. Solamente un pequeño número de cristianos continuó creyendo en Dios, pero sólo podían orar silenciosamente a Dios y cantarle himnos de alabanza en sus corazones, suplicando a Dios que reviviera la iglesia. Finalmente, en 1981, la iglesia fue verdaderamente revivida y el Espíritu Santo comenzó a obrar a gran escala en China. Las iglesias surgieron como brotes de bambú después de una lluvia de primavera y cada vez más personas comenzaron a creer en Dios. En 1983, cuando el renacimiento de la iglesia alcanzó su clímax, el Partido Comunista Chino comenzó una nueva ronda de cruel represión. Millones de personas fueron arrestadas, detenidas y educadas por medio del trabajo. El régimen del gran dragón rojo sólo permitía a los creyentes en Dios unirse a la iglesia del Movimiento Patriótico de Tres Autonomías creado y controlado por el gobierno. El gobierno del PCCh estableció el Movimiento Patriótico de Tres Autonomías en un intento por eliminar completamente la iglesia doméstica clandestina y tener a aquellos creyentes en el Señor bajo el firme control del gobierno. Creía que ésta era la única manera de lograr su objetivo de prohibir la fe y convertir a China en una tierra sin Dios. Pero el Espíritu Santo continuó realizando Su obra a gran escala en la iglesia doméstica y en aquellas personas que en verdad creían en Dios, lo cual el gobierno del PCCh no tenía manera de detener. En ese entonces, en la iglesia doméstica donde obraba el Espíritu Santo, Cristo de los últimos días aparecía en secreto para obrar; empezó a expresar la verdad y a realizar Su obra de juicio, comenzando con la casa de Dios.

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