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Normas para sopesar a las buenas y a las malas personas

La humanidad ha sido gravemente corrompida por Satanás. La inmundicia y la maldad, que son el veneno de Satanás (es decir, el veneno del gran dragón rojo), se encuentran en toda la humanidad corrupta. Así pues, nadie puede negar que la corrupción prolifera en toda la humanidad corrupta. Afortunadamente, sin embargo, hay una diferencia entre las buenas y las malas personas, que forman parte todas de la humanidad corrupta, y por tanto hay una distinción entre las personas que pueden ser salvadas y las que no pueden serlo. Aunque las buenas personas siguen siendo corruptas y pueden no ser tan buenas como habríamos imaginado, pueden ser salvadas porque siguen deseando buscar la verdad y venir a la luz. Siguen teniendo un corazón contrito que anhela liberarse de la oscuridad y el mal y entrar en una nueva vida rehabilitada de bondad. Siguen deseando ser salvadas por Dios y vivir una vida que tenga sentido. Es probable que tales personas sean salvadas independientemente de las transgresiones que puedan haber cometido. La mayoría de estas personas tienen buena conciencia y están dispuestas a buscar la verdad y llevar bien a cabo sus deberes. Por eso se las considera buenas personas. Por supuesto, son simplemente buenas personas en esta era pecaminosa. No hay realmente personas buenas o perfectas como mucha gente imagina y las buenas personas son una minoría mientras las malas son mayoría. Esto se debe al hecho de que la humanidad ha sido gravemente corrompida por Satanás. ¿Cómo sopesamos a las buenas y a las malas personas? Podemos ver en la palabra de Dios que hay una distinción clara entre buenas y malas personas, la cual se bosqueja en las normas siguientes. Las buenas personas se sentirán sin duda culpables cuando cometan una transgresión. Están dispuestas a arrepentirse después de sólo una o dos transgresiones. Las malas personas no se sentirán culpables por sus transgresiones, porque no tienen sentido de la vergüenza, lo cual las lleva a cometer múltiples ofensas de todo tipo sin sentir la necesidad de cambiar. Ahora bosquejaremos las normas para sopesar a las buenas y a las malas personas:

I. Normas para sopesar a las buenas personas

1. Es más probable que muestren honestidad y un sentido de la justicia. Cuando afronten la injusticia, desearán luchar contra ella.

2. Hacen las cosas con una buena conciencia y de una manera razonable. Se mantendrán alejadas de los asuntos que estén fuera de lugar.

3. Son relativamente Justas, razonables y de confianza cuando tratan con otros.

4. No se aprovechan de otros ni los engañan. se sienten culpables cuando hacen algo malo. Están dispuestas a disculparse con las personas y a admitir sus errores.

5. Están dispuestas a ayudar a los pobres y simpatizan fácilmente con la gente.

6. Odian a las personas malvadas. No se relacionarán con ellas ni satisfarán nunca a las fuerzas del mal.

7. Tienden a tener trabajos honrados y se esfuerzan para actuar como buenas personas. Aman la justicia y la honradez y caminan por la senda verdadera de la vida.

Cualquiera que cumpla estas siete normas (o la mayoría de ellas) es considerado una buena persona, aunque haya cometido algunas transgresiones. Si las buenas personas son purgadas o expulsadas a causa de las transgresiones, se les debe permitir volver a la iglesia mientras estén dispuestas a arrepentirse.

II. Normas para sopesar a las malas personas

1. Nunca son bondadosos o razonables cuando tratan con otros. Sólo les importan sus propios intereses. Son especialmente deshonestos, engañosos, egoístas y despreciables.

2. Les gusta aprovecharse de las personas para su propio beneficio usando cualquier medio que sea necesario. Incluso harán daño a otros por dinero.

3. Con el fin de conseguir lo que quieren, distorsionarán la verdad cuando hablen, tenderán trampas a las personas, las juzgarán y les harán daño. Les gusta sembrar disensión y crear desavenencias. Son capaces de hacer las cosas más malvadas que se puedan imaginar.

4. Les gusta formar alianzas con otras personas malvadas y se ganan su favor. Están dispuestas a trabajar para personas malvadas. Son extremadamente arrogantes y no se someten a nadie.

5. Les gusta pelear. A causa de su naturaleza, no se llevarán bien con las buenas personas, que les desagradan intensamente. Acosan a los débiles y temen a los fuertes. Oprimen frecuentemente a las buenas personas. Fijan como blanco a las personas buenas y justas y las tratan como enemigas.

6. Aman el mal y se dejan llevar por los placeres pecaminosos. Siguen ciegamente tendencias y modas. Nunca consideran arrepentirse y hacen lo que quieren.

7. No tienen trabajos honrados ni buscan el camino verdadero. Causan problemas y divisiones. Acusarán a la iglesia o a sus líderes por la menor insatisfacción que tengan. Traicionarán fácilmente a la casa de Dios. Su fe en Dios está motivada por la búsqueda de oportunidades de conseguir bendiciones o por otros propósitos injustos.

Cualquiera que cumpla estas siete normas (o la mayoría de ellas) es considerado una mala persona. Debemos guardarnos de las malas personas y mantenernos alejados de ellas. No debemos tomar parte en los actos malvados de las malas personas. Una vez que una mala persona es expulsada de la iglesia, eso es permanente. No se permite a nadie invitarla a unirse de nuevo a la iglesia. Cualquiera que invite a una mala persona a la iglesia es un enemigo de Dios, es el cómplice y socio de Satanás y debe ser expulsado de la iglesia.

12 de junio de 2006

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