3. ¿Cuáles son los principios de práctica para ser una persona honesta?

Las palabras relevantes de Dios:

Honestidad significa dar tu corazón a Dios; ser auténtico y abierto con Dios en todas las cosas, nunca esconderle los hechos, no tratar de engañar a aquellos por encima y por debajo de ti, y no hacer cosas solo para ganaros el favor de Dios. En pocas palabras, ser honesto es ser puro en tus acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre. […] En presencia de Dios, algunas personas son mojigatas y decentes, se esfuerzan por ser “bien educados”, pero sacan los colmillos y blanden sus garras en presencia del Espíritu. ¿Contaríais a esas personas en las filas de los honestos? Si eres un hipócrita, alguien con habilidad para las “relaciones interpersonales”, entonces Yo te digo que definitivamente eres alguien que intenta jugar con Dios. Si tus palabras están llenas de excusas y justificaciones que nada valen, entonces Yo te digo que eres alguien muy poco dispuesto a practicar la verdad. Si tienes muchas confidencias que eres reacio a compartir, si eres tan reticente a dejar al descubierto tus secretos, tus dificultades, ante los demás para buscar el camino de la luz, entonces digo que eres alguien que no logrará la salvación fácilmente ni saldrá de las tinieblas. Si buscar el camino de la verdad te causa placer, entonces eres alguien que vive siempre en la luz. Si te sientes muy contento de ser un hacedor de servicio en la casa de Dios, trabajando de forma diligente y concienzuda en la oscuridad, siempre dando y nunca quitando, entonces Yo te digo que eres un santo leal, porque no buscas ninguna recompensa y estás simplemente siendo una persona honesta. Si estás dispuesto a ser franco, si estás dispuesto a esforzarte al máximo, si eres capaz de sacrificar tu vida por Dios y mantenerte firme en tu testimonio, si eres honesto hasta el punto en que solo sabes satisfacer a Dios y no considerarte o tomar las cosas para ti mismo, entonces Yo digo que tales personas son las que se alimentan en la luz y vivirán para siempre en el reino.

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

Lo más importante de ser una persona honesta es que vuestro corazón esté abierto a Dios. Después podéis aprender a abriros a otras personas, a hablar con honestidad y sinceridad, a decir lo que hay en vuestro corazón, a ser una persona con dignidad, integridad y personalidad y a no hablar con grandilocuencia o falsedad ni emplear las palabras a modo de máscara o para engañar a los demás. Hay otro aspecto de la práctica que tiene que ver con ser una persona honesta, y es que se debe adoptar una actitud honesta en el cumplimiento del deber y hacerlo con honestidad de corazón. Debes estar de acuerdo con los principios y aplicarlos en la práctica; no se trata meramente de una cuestión de hablar ni de tener determinada actitud y luego mandar a los demás a hacer cosas mientras tú descansas. ¿Dónde está la realidad de ser una persona honesta mientras descansas? No basta con gritar consignas sin tener ninguna realidad. Dios escruta al hombre y, aparte de escrutar lo más profundo del hombre y ver el interior de su corazón, también ve su conducta y su práctica. Si piensas algo dentro de tu corazón, pero no lo pones en práctica, ¿es esa la expresión de una persona honesta? Eso es decir una cosa y pensar otra; es hacer cosas para quedar bien y poner en ridículo a los demás con tus palabras como los fariseos, que eran excelentes a la hora de leer las escrituras y se las sabían de memoria. Sin embargo, cuando llegó el momento de practicar, cuando tuvieron que pagar un precio y renunciar a las bendiciones del estatus, no lo hicieron y empezaron a juzgar a Dios, a condenarlo y a competir por Su posición. Esto le pareció detestable a Dios; ¡no iban por buen camino! ¿Pueden confiar los demás en este tipo de persona? (No).

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Al practicar para ser una persona honesta, primero has de aprender a abrir tu corazón a Dios y orar todos los días para contarle lo que hay en tu corazón. Supón que hoy has dicho alguna mentira; aún no lo sabe nadie ni te has armado de valor para sincerarte con todos. Como mínimo, has de llevar inmediatamente ante Dios los errores, mentiras y embustes que has escudriñado y descubierto en tu conducta hoy, confesar tus pecados y decir: “Oh, Dios mío, otra vez he mentido. Lo hice por tal o cual cosa. Te ruego que me disciplines”. Si tienes semejante actitud, Dios te aceptará y lo recordará. Tal vez te resulte muy agotador y laborioso corregir el defecto o la actitud corrupta de mentir, pero no temas: Dios está contigo y te guiará y ayudará para que superes esta dificultad recurrente dándote valor para no mentir o para reconocer que has mentido; para reconocer qué mentiras has dicho, por qué mentiste y cuáles eran tus intenciones y objetivos; para reconocer que no eres honesto y eres mentiroso; además, te dará valor para atravesar esta barrera y escapar de la jaula de Satanás, lejos de su control. Así, poco a poco lograrás vivir en la luz, guiado y bendecido por Dios. Cuando hayas atravesado esta barrera de las limitaciones carnales y puedas someterte a la verdad, serás libre y estarás liberado. Cuando vivas de este modo, no solo agradarás a la gente, sino también a Dios. Aunque a veces todavía puedas cometer malas acciones, aunque a veces todavía seas capaz de mentir y aunque a veces todavía tengas tus propias intenciones, motivaciones egoístas y acciones e ideas egoístas y despreciables, puedes aceptar el escrutinio de Dios y revelar tu corazón, tu estado real y tu carácter corrupto ante Él, con lo que tendrás una senda correcta de práctica. Si tu senda de práctica es correcta y también lo es su rumbo, tu porvenir será hermoso y prometedor. De esta manera vivirás con un corazón tranquilo; tu espíritu recibirá sustento y te sentirás reforzado y gozoso. Si no puedes atravesar esta barrera de las limitaciones carnales, siempre estás atado a emociones y filosofías satánicas y tu discurso y acciones son siempre furtivos y secretos, nunca a plena luz del día, eres de los que viven en el campo de acción de Satanás. Cuando entiendes la verdad y eres capaz de atravesar la barrera de las limitaciones carnales, vas adquiriendo semejanza humana. Hablas y actúas de forma franca y directa y enseñas a los demás cualquier punto de vista o idea que tengas o cualquier cosa que hayas hecho mal para que todos lo vean claro; en última instancia, dirán que eres una persona sincera. ¿Qué es una persona sincera? Alguien que no miente, es sumamente honesto al hablar y cuyas palabras todos consideran ciertas. Aunque mienta inconscientemente o diga algo equivocado, todo el mundo es capaz de perdonarlo porque sabe que lo hace inconscientemente. Una vez consciente de ello, volverá para disculparse y corregirse. Esto es una persona sincera. A todo el mundo le cae bien esta clase de persona y puede confiar en ella. Si alcanzas este grado y te ganas la confianza de Dios y de los demás, no habrá sido tarea fácil: esta es la máxima dignidad que puede tener una persona y esta es la única clase de personas que se respetan a sí mismas.

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Hoy en día, la mayoría de las personas tienen demasiado temor a presentar sus acciones delante de Dios; aunque puedes engañar a Su carne, no puedes engañar a Su Espíritu. Cualquier asunto que no pueda resistir el escrutinio de Dios está en conflicto con la verdad y debe hacerse a un lado; no hacerlo así es cometer un pecado contra Dios. Así pues, debes poner tu corazón delante de Dios en todo momento: cuando oras, cuando hablas y te comunicas con tus hermanos y hermanas, y cuando llevas a cabo tu deber y te dedicas a tus asuntos. Cuando cumples con tus funciones, Dios está contigo y, siempre que tu intención sea correcta y sea para la obra de la casa de Dios, Él aceptará todo lo que hagas; debes dedicarte sinceramente a cumplir con tus funciones. Si, cuando oras, tienes amor por Dios en tu corazón y buscas el cuidado, la protección y el escrutinio de Dios, si todo esto es tu intención, tus oraciones serán eficaces. Por ejemplo, si, cuando oras en las reuniones, abres tu corazón y oras a Dios, y le dices lo que hay en tu corazón sin falsedades, entonces con toda seguridad tus oraciones serán eficaces.

Extracto de ‘Dios perfecciona a quienes son conforme a Su corazón’ en “La Palabra manifestada en carne”

Hoy, todos aquellos que no pueden aceptar el escrutinio de Dios no pueden recibir Su aprobación, y aquellos que no conocen a Dios encarnado no pueden ser perfeccionados. Mira todo lo que haces y ve si puede ser llevado delante de Dios. Si no puedes llevar delante de Dios todo lo que haces, esto muestra que eres un hacedor de maldad. ¿Pueden los hacedores de maldad ser perfeccionados? Todo lo que haces —cada acción, cada intención y cada reacción— debe ser llevado delante de Dios. Incluso tu vida espiritual diaria —tus oraciones, tu cercanía con Dios, cómo comes y bebes las palabras de Dios, tu comunicación con tus hermanos y hermanas y tu vida dentro de la iglesia, además de tu servicio en colaboración— puede ser llevado delante de Dios para Su escrutinio. Es esta práctica la que te ayudará a crecer en la vida. El proceso de aceptar el escrutinio de Dios es el proceso de la purificación. Cuanto más puedas aceptar el escrutinio de Dios, más eres purificado y más estás de acuerdo con la voluntad de Dios, de modo que no serás atraído hacia el libertinaje y tu corazón vivirá en Su presencia. Cuanto más aceptes Su escrutinio, mayor es la humillación de Satanás y tu capacidad de abandonar la carne. Así pues, la aceptación del escrutinio de Dios es una senda de práctica que las personas deben seguir. No importa lo que hagas, incluso cuando tienes comunión con tus hermanos y hermanas, si llevas tus actos delante de Dios y tienes como meta obedecer a Dios mismo; esto hará que tu práctica sea mucho más correcta. Solo si llevas todo lo que haces delante de Dios y aceptas Su escrutinio, puedes ser alguien que vive en la presencia de Dios.

Extracto de ‘Dios perfecciona a quienes son conforme a Su corazón’ en “La Palabra manifestada en carne”

Como una persona honesta, primero debes desnudar tu corazón de modo que todos puedan mirarlo, ver todo lo que estás pensando y atisbar tu verdadero rostro; no debes tratar de disfrazarte ni encubrirte para verte bien. Solo entonces confiarán las personas en ti y te considerarán honesto. Esta es la práctica más fundamental y es el prerrequisito para ser una persona honesta. Siempre estás fingiendo, aparentando santidad, virtud, grandeza y cualidades morales elevadas. No permites que nadie vea tu corrupción y tus defectos. Presentas una falsa imagen de ti a las personas, para que crean que eres recto, noble, abnegado, imparcial y desinteresado. Esto es engaño. No te pongas un disfraz y no te encubras; más bien, ponte al descubierto y desnuda tu corazón para que los demás lo vean. Si puedes abrir tu corazón para que otros lo vean, y puedes exponer todos tus pensamientos y planes, tanto positivos y negativos, entonces ¿no estarás siendo honesto? Si puedes desnudarte para que otros te vean, entonces Dios también te verá y dirá: “Te has desnudado para que otros vean y, por tanto, no cabe duda de que también eres honesto delante de Mí”. Si solo te desnudas delante de Dios, fuera de la vista de los demás, y siempre finges ser noble y virtuoso, o justo y desinteresado cuando estás en su compañía, entonces ¿qué pensará y dirá Dios? Dirá: “Eres auténticamente deshonesto; eres totalmente hipócrita y mezquino y no eres una persona honesta”. Así pues, Dios te condenará. Si deseas ser una persona honesta, entonces, independientemente de lo que hagas delante de Dios o de otros, deberías poder abrirte y exponerte. ¿Es esto fácil de lograr? Requiere tiempo; requiere una batalla interna, y debemos practicar constantemente. Poco a poco, nuestro corazón se abrirá y podremos exponernos.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Cuáles son las expresiones de una persona honesta? El quid de la cuestión es practicar la verdad en todas las cosas. Si dices que eres honesto, pero siempre colocas las palabras de Dios en el fondo de tu mente y haces lo que te parece, ¿acaso es esa la expresión de una persona honesta? Dices: “Mi calibre es bajo, pero tengo por dentro soy honesto”. Sin embargo, cuando te llega un deber te da miedo sufrir o que si no lo puedes cumplir bien, tendrás que cargar con la responsabilidad y por eso pones excusas para evadirlo. ¿Es esta la expresión de una persona honesta? Claramente, no lo es. ¿Cómo, entonces, debería comportarse una persona honesta? Debe aceptar y obedecer y, luego, dedicarse completamente a realizar sus deberes de la mejor manera posible, esforzándose por cumplir la voluntad de Dios. Esto se expresa de diferentes maneras. Una de ellas es que debes aceptar tu deber con honestidad, no pensar en ninguna otra cosa y no ser indeciso. No conspires por tu propio bien. Esta es una expresión de honestidad. Otra manera es utilizar toda tu fuerza y todo tu corazón para ello. Dices: “Esto es todo lo que puedo hacer; pondré todo en juego y me dedicaré completamente a Dios”. ¿No es esta una expresión de honestidad? Dedicas todo lo que tienes y todo lo que puedes hacer: esta es una expresión de honestidad. Si no estás dispuesto a ofrecer todo cuanto tienes, si lo mantienes oculto y en secreto, si actúas de manera escurridiza, eludes tu deber y haces que otro lo haga porque temes tener que soportar las consecuencias de no hacer un buen trabajo, ¿acaso eso es ser honesto? No. Ser una persona honesta, por lo tanto, no es simplemente una cuestión de tener un deseo. Si no lo pones en práctica cuando las cosas te suceden, entonces no eres una persona honesta. Cuando te encuentras con problemas, debes practicar la verdad y tener expresiones prácticas. Esta es la única manera de ser una persona honesta, y solo estas son las expresiones de un corazón honesto. Algunas personas sienten que, para ser una persona honesta, basta con decir la verdad y no contar mentiras. ¿Es realmente tan estrecha la definición de ser honesto? En absoluto. Debes revelar tu corazón y dárselo a Dios; esta es la actitud que una persona honesta debe tener. Por lo tanto, la honestidad es muy valiosa. ¿Cuál es la implicación aquí? Es que este corazón es capaz de controlar tu comportamiento y tus estados. Este corazón es muy preciado. Si tienes este tipo de honestidad, entonces debes vivir en este tipo de estado, exhibir este tipo de comportamiento y tener este tipo de gasto.

Extracto de ‘Las personas solo pueden ser verdaderamente felices si son honestas’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Con independencia de lo que te encuentres al cumplir con el deber —negatividad y debilidad, o mal humor tras haber sido tratado—, debes tratarlo de forma adecuada, buscar la verdad y entender la voluntad de Dios. Al hacer estas cosas tendrás una senda de práctica. Si deseas cumplir bien con el deber, no debe afectarte tu estado de ánimo. Por más negativo o débil que estés, debes practicar la verdad en todo lo que hagas, con absoluto rigor y ateniéndote a los principios. Si lo haces, no solo otras personas te darán su aprobación, sino que también agradarás a Dios. Así serás una persona responsable que asume una carga; una persona buena de verdad, que realmente da la talla en el cumplimiento del deber y vive íntegramente a semejanza de una persona auténtica. Esas personas se purifican y logran la verdadera transformación cuando cumplen con el deber y se puede decir que son honestas a los ojos de Dios. Solamente los honestos son capaces de perseverar en la práctica de la verdad, de actuar con principios y dar la talla en el cumplimiento del deber. Los que actúan con principios cumplen meticulosamente con el deber cuando están de buen humor; no se limitan a trabajar de manera superficial ni se lucen con tanta arrogancia para que los tengan en gran estima. Sin embargo, cuando están de mal humor, realizan sus tareas cotidianas con la misma seriedad y responsabilidad y, aunque se encuentren con algo perjudicial para el cumplimiento de su deber, que los atosigue un poco o los interrumpa mientras lo ejecutan, siguen siendo capaces de sosegar el corazón ante Dios para orar, diciendo: “Por muy grande que sea el problema al que me enfrente, aunque se hunda el cielo, mientras Dios me permita seguir viviendo, estoy decidido a hacer todo lo posible por cumplir mi deber. Cada día que me permita vivir es un día en que me esforzaré por cumplir con el deber para ser digno de esta obligación que Dios me ha otorgado, así como de este aliento que ha soplado en mi cuerpo. Por muchas dificultades que tenga, lo dejaré todo de lado, ¡pues el cumplimiento del deber es de suma importancia!”. Aquellos a quienes no afecta ninguna persona, incidencia, cosa ni circunstancia, a quienes no controla ningún estado de ánimo ni situación externa y que priorizan los deberes y las comisiones que Dios les ha encomendado son las personas leales a Dios, que se someten sinceramente a Él. Esta clase de personas han logrado entrar en la vida y en la realidad-verdad. Esta es una de las manifestaciones más prácticas y auténticas de vivir la verdad.

Extracto de ‘La entrada en la vida debe comenzar con la experiencia de desempeñar el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

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