Diferenciación entre la obra de Dios y la del hombre

Las palabras relevantes de Dios:

La obra de Dios mismo involucra la obra de toda la humanidad y también representa la obra de toda la era, lo que significa que la propia obra de Dios representa toda la dinámica y la tendencia de la obra del Espíritu Santo, mientras que la obra de los apóstoles viene después de la propia obra de Dios y la continúa, y esta no lidera la era y tampoco representa las tendencias de la obra del Espíritu Santo en una era completa. Ellos sólo hacen la obra que el hombre debe hacer, que nada tiene que ver con la obra de gestión. La obra que hace Dios mismo es un proyecto dentro de la obra de gestión. La obra del hombre es sólo el deber que cumplen las personas que están siendo usadas y no tiene relación con la obra de gestión. A pesar del hecho de que ambas son la obra del Espíritu Santo, debido a las diferentes identidades y representaciones de la obra hay diferencias claras y sustanciales entre la propia obra de Dios y la obra del hombre. Además, el alcance de la obra que hace el Espíritu Santo varía en los objetos con diferentes identidades. Estos son los principios y el alcance de la obra del Espíritu Santo.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Toda la obra que Dios mismo lleva a cabo es la que Él pretende hacer en Su propio plan de gestión y guarda relación con la gran gestión. La obra realizada por el hombre consiste en proveer su experiencia personal. Consiste en encontrar una nueva senda de experiencia a partir de la que caminaron los que fueron delante de él y guía a los hermanos y hermanas bajo la dirección del Espíritu Santo. Lo que estas personas proveen es su experiencia individual o los escritos espirituales de personas espirituales. Aunque el Espíritu Santo los usa, lo que ellos hacen no tiene relación con la gran obra de gestión en el plan de seis mil años. Simplemente, el Espíritu Santo los levanta en diferentes períodos para guiar a las personas en Su corriente hasta que hayan cumplido su función o su vida llegue a su fin. La obra que hacen es tan sólo preparar un camino apropiado para Dios mismo o continuar un elemento en la gestión de Dios mismo en la tierra. Esas personas son incapaces de hacer la obra más grande de Su gestión, y no pueden abrir nuevas salidas, mucho menos concluir toda la obra de Dios desde la era anterior. Por tanto, la obra que realizan representa sólo a un ser creado que cumple su función y no puede representar a Dios mismo llevando a cabo Su ministerio. Esto se debe a que la obra que hacen es diferente a la realizada por Dios mismo. El hombre no puede realizar la obra de introducir una nueva era en lugar de Dios. Nadie aparte de Él mismo puede hacerlo. Toda la obra que hace el hombre consiste en cumplir su deber como ser creado, y se realiza cuando es movido o iluminado por el Espíritu Santo. La dirección que esas personas proveen consiste completamente en enseñar al hombre el camino de la práctica en la vida diaria y cómo actuar en armonía con la voluntad de Dios. La obra del hombre no implica la gestión de Dios ni representa la obra del Espíritu. Como ejemplo, la obra de Witness Lee y Watchman Nee consistió en liderar el camino. Fuera el camino nuevo o viejo, la obra se hizo sobre la base del principio de permanecer dentro de la Biblia. Se restauraran o se construyeran iglesias locales, la obra de ellos consistió en establecer iglesias. La obra que hicieron continuó la obra que Jesús y Sus apóstoles no habían finalizado o no habían desarrollado adicionalmente en la Era de la Gracia. Lo que hicieron en su obra consistió en la restauración de lo que Jesús había pedido en Su obra temprana a las generaciones después de Él, como lo era mantener sus cabezas cubiertas, el bautismo, el romper el pan, o el tomar el vino. Podría decirse que su obra fue atenerse a la Biblia y buscar caminos sólo dentro de ella. No hicieron progreso nuevo en absoluto. Por lo tanto, uno puede ver en su obra sólo el descubrimiento de nuevos caminos dentro de la Biblia, como también prácticas mejores y más realistas. Pero uno no puede encontrar en su obra la voluntad presente de Dios, ni mucho menos la obra nueva que Dios realizará en los últimos días. Esto se debe a que el camino que anduvieron todavía era antiguo, no hubo progresos ni nada nuevo. Continuaron manteniendo el hecho de “la crucifixión de Jesús”, la práctica de “pedirles a las personas que se arrepintieran y confesaran sus pecados”, el dicho de que “el que persevere hasta el fin será salvo”, y el de que “el hombre es la cabeza de la mujer, y la mujer debe obedecer a su esposo”. Además, mantuvieron la noción tradicional de que “las hermanas no pueden predicar y que sólo pueden obedecer”. Si esa clase de liderazgo continuaba, el Espíritu Santo nunca hubiera sido capaz de llevar a cabo nueva obra, liberar a las personas de la doctrina ni guiarlas a la esfera de la liberta y la belleza. Por lo tanto, esta etapa de la obra para el cambio de la era deberá ser hecha y hablada por Dios mismo, de otro modo ningún hombre puede hacerla en Su lugar. Hasta ahora, toda la obra del Espíritu Santo fuera de esta corriente se ha paralizado, y los que eran usados por el Espíritu Santo han perdido el rumbo. Así, como la obra de las personas usadas por el Espíritu Santo es diferente de la llevada a cabo por Dios mismo, sus identidades y en nombre de quien actúan son igualmente distintas. Esto se debe a que la obra que el Espíritu Santo pretende hacer es diferente, y confiere de este modo identidades y estatus diferentes a aquellos que obran. Las personas usadas por el Espíritu Santo también pueden hacer alguna obra nueva y eliminar alguna otra llevada a cabo en la era anterior, pero su obra no puede expresar el carácter y la voluntad de Dios en la nueva era. Trabajan sólo para quitar la obra de la era anterior, no para hacer la nueva con el objetivo de representar directamente el carácter de Dios mismo. Así pues, independientemente de cuántas prácticas obsoletas abolan o cuántas nuevas introduzcan, siguen representando al hombre y a los seres creados. Cuando el propio Dios lleva a cabo la obra, sin embargo, no declara abiertamente la abolición de prácticas de la era antigua ni declara directamente el comienzo de una nueva. Él es directo y claro en Su obra. Es franco llevando a cabo la obra que pretende hacer; esto es, expresa directamente la obra que ocasionó, la hace directamente como pretendió en un principio, expresando Su ser y Su carácter. Tal como el hombre lo ve, Su carácter, y también Su obra, son diferentes a los de eras pasadas. No obstante, desde la perspectiva de Dios mismo, esto es simplemente una continuación y un desarrollo adicional de Su obra. Cuando Dios mismo obra, expresa Su palabra y trae directamente la nueva obra. Por el contrario, cuando el hombre obra, lo hace por medio de la deliberación y el estudio, o es el desarrollo del conocimiento y la sistematización de la práctica que se edifican sobre el fundamento de la obra de otros. Es decir, la esencia de la obra hecha por el hombre es atenerse a las convenciones y “caminar por sendas antiguas con zapatos nuevos”. Esto significa que incluso la senda transitada por las personas usadas por el Espíritu Santo se edifica sobre la que Dios mismo inauguró. Por tanto, el hombre es después de todo hombre, y Dios es Dios.

Extracto de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

En la Era de la Gracia, Jesús también dijo muchas palabras y llevó a cabo mucha obra. ¿Cómo fue Él diferente de Isaías? ¿Cómo fue Él diferente de Daniel? ¿Fue un profeta? ¿Por qué se dice que Él es Cristo? ¿Cuáles son las diferencias entre ellos? Todos ellos fueron hombres que hablaron palabras y sus palabras les parecían más o menos iguales a los hombres. Todos dijeron palabras y obraron. Los profetas del Antiguo Testamento hablaron profecías y, de manera similar, también Jesús pudo hacerlo. ¿Por qué es esto así? La distinción aquí se basa en la naturaleza de la obra. Para discernir este asunto, no debéis considerar la naturaleza de la carne ni la profundidad o la superficialidad de sus palabras. Siempre debes considerar primero su obra y los resultados que su obra logra en el hombre. Las profecías que hablaron los profetas en ese tiempo no suministraban la vida del hombre, y las inspiraciones que recibieron personas como Isaías y Daniel eran, simplemente, profecías y no el camino de la vida. Si no hubiera sido por la revelación directa de Jehová, nadie hubiera realizado esa obra, la cual es imposible para los mortales. Jesús también dijo muchas palabras, pero esas palabras eran el camino de la vida a partir del cual el hombre podía encontrar una senda para practicar. Es decir, en primer lugar, Él podía suplir la vida del hombre porque Jesús es vida; en segundo lugar, Él podía revertir las desviaciones del hombre; en tercer lugar, Su obra podía suceder a la de Jehová con el fin de seguir adelante con la era; en cuarto lugar, Él podía comprender cuáles eran las necesidades internas del hombre y de qué carece; en quinto lugar, Él podía marcar el comienzo de una nueva era y dar por terminada la vieja. Es por esto que se llama Dios y Cristo; no sólo es Él diferente de Isaías, sino también de todos los otros profetas. Considera a Isaías como una comparación de la obra de los profetas. En primer lugar, él no podía suplir la vida del hombre; en segundo, no podía marcar el comienzo de una nueva era. Él obraba bajo el liderazgo de Jehová y no para marcar el comienzo de una nueva era. En tercer lugar, las palabras que él pronunció lo superaban. Él recibía revelaciones directamente del Espíritu de Dios y los demás no entendían, incluso después de haberlas escuchado. Tan sólo estas cosas son suficientes para probar que sus palabras no eran más que profecías, no más que un aspecto de la obra hecha en lugar de Jehová. Sin embargo, él no podía representar completamente a Jehová. Era el siervo de Jehová, un instrumento en la obra de Jehová. Sólo estaba haciendo la obra dentro de la Era de la Ley y dentro del alcance de la obra de Jehová; no obró más allá de la Era de la Ley. Por el contrario, la obra de Jesús era distinta. Él superó el alcance de la obra de Jehová; obró como Dios encarnado y padeció la crucifixión con el fin de redimir a toda la humanidad. Es decir, llevó a cabo una nueva obra fuera de la obra que Jehová había hecho. Esto marcó el comienzo de una nueva era. Además, pudo hablar de lo que el hombre no podía alcanzar. Su obra fue una obra dentro de la gestión de Dios e involucraba a toda la humanidad. No obró en sólo unos cuantos hombres, ni Su obra fue guiar a un número limitado de hombres. En cuanto a cómo Dios se hizo carne para ser un hombre, cómo el Espíritu dio las revelaciones en aquel momento y cómo el Espíritu descendió sobre un hombre para hacer la obra, estos son asuntos que el hombre no puede ver o tocar. Es completamente imposible que estas verdades sirvan como una prueba de que Él es Dios encarnado. Así pues, sólo se puede hacer una distinción entre las palabras y la obra de Dios, que son tangibles para el hombre. Sólo esto es real. Esto es así porque los asuntos del Espíritu no son visibles para ti y sólo Dios mismo los sabe con claridad, y ni siquiera la carne encarnada de Dios lo sabe todo; sólo puedes verificar si Él es Dios por la obra que Él ha hecho. De Su obra se puede ver que, en primer lugar, Él puede abrir una nueva era; en segundo, puede suplir la vida del hombre y mostrarle el camino a seguir. Esto es suficiente para establecer que Él es Dios mismo. Como mínimo, la obra que Él hace puede representar completamente al Espíritu de Dios, y de tal obra se puede ver que el Espíritu de Dios está dentro de Él. Ya que la obra que llevó a cabo el Dios encarnado fue, principalmente, para marcar el comienzo de una nueva era, dirigir una nueva obra y abrir un nuevo reino, estas condiciones son suficientes para establecer que Él es Dios mismo. Esto lo diferencia de Isaías, Daniel y los otros grandes profetas.

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Tenéis que saber cómo diferenciar la obra de Dios de la obra del hombre. ¿Qué podéis ver de la obra del hombre? Hay muchos elementos de la experiencia del hombre en la obra del hombre; lo que el hombre expresa es lo que es. La obra propia de Dios también expresa lo que Él es, pero lo que Él es difiere de lo que el hombre es. Lo que el hombre es, es representativo de su experiencia y de su vida (lo que el hombre experimenta o encuentra en su vida, o las filosofías de vida que tiene), y las personas que viven en ambientes diferentes expresan seres diferentes. Sea que tengas o no experiencias sociales, y cómo realmente vives y experimentas en tu familia, se puede ver en lo que expresas; mientras tanto, no puedes ver la obra de Dios encarnado si Él tiene o no experiencias sociales. Él está muy consciente de la esencia del hombre; puede poner de manifiesto todas las clases de prácticas que pertenecen a todas las clases de personas. Incluso es mejor en poner de manifiesto el carácter corrupto y el comportamiento rebelde humanos. No vive entre las personas mundanas, pero está consciente de la naturaleza de los mortales y de todas las corrupciones de las personas mundanas. Eso es lo que Él es. Aunque no trata con el mundo, conoce las reglas para tratar con el mundo porque entiende completamente la naturaleza humana. Conoce acerca de la obra del Espíritu que los ojos del hombre no pueden ver y que los oídos del hombre no pueden escuchar, tanto del día de hoy como del pasado. Esto incluye una sabiduría que no es una filosofía de vida y una maravilla que a las personas les es difícil entender. Eso es lo que Él es, abierto a las personas pero también escondido de las personas. Lo que Él expresa no es lo que una persona extraordinaria es, sino los atributos y el ser inherentes del Espíritu. No viaja alrededor del mundo pero sabe todo del mismo. Él se pone en contacto con los “antropoides” que no tienen ningún conocimiento o discernimiento, pero expresa palabras que son más elevadas que el conocimiento y que están por encima de los grandes hombres. Vive entre un grupo de personas torpes e insensibles que no tienen humanidad y que no entienden las convenciones humanas y las vidas, pero le puede pedir a la humanidad que viva una humanidad normal al mismo tiempo que pone de manifiesto la humanidad vil y baja del ser humano. Todo esto es lo que Él es, más elevado que cualquier persona de carne y sangre. A Él no le es necesario experimentar una vida social complicada, engorrosa y sórdida para hacer la obra que tiene que hacer y revelar a fondo la esencia de la humanidad corrupta. La vida social sórdida no edifica Su carne. Su obra y palabras sólo revelan la desobediencia del hombre y no le proporcionan al hombre la experiencia y las lecciones para tratar con el mundo. No tiene que investigar la sociedad o la familia del hombre cuando le da al hombre la vida. Exponer y juzgar al hombre no es una expresión de las experiencias de Su carne; es para poner de manifiesto la injusticia del hombre después de conocer por mucho tiempo la desobediencia del hombre y aborrecer la corrupción de la humanidad. Toda la obra que Él hace es para revelar Su carácter al hombre y expresar Su ser. Sólo Él puede hacer esta obra; no es algo que una persona de carne y sangre pueda lograr.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

La obra que hace Dios no es representativa de la experiencia de Su carne; la obra que el hombre hace es representativa de la experiencia del hombre. Todos hablan de su experiencia personal. Dios puede expresar directamente la verdad mientras que el hombre sólo puede expresar la experiencia que corresponde a tener experiencia de la verdad. La obra de Dios no tiene reglas y no está limitada por el tiempo o los límites geográficos. Puede expresar lo que Él es en cualquier momento, en cualquier lugar. Obra como le place. La obra del hombre tiene condiciones y contexto; sin ella, sería incapaz de obrar y es incapaz de expresar su conocimiento de Dios o su experiencia de la verdad. Sólo tienes que comparar las diferencias que hay entre ellas para saber si es la propia obra de Dios o la obra del hombre.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dios se hace carne únicamente para guiar la era y poner en marcha una nueva obra. Es necesario que entendáis este punto. Esto es muy diferente de la función del hombre y las dos cosas no pueden mencionarse en conjunto. El hombre necesita ser cultivado y perfeccionado por un largo período de tiempo antes de que pueda ser usado para llevar a cabo la obra, y el tipo de humanidad que se necesita es de un orden especialmente elevado. El hombre no solo debe ser capaz de mantener el sentido de humanidad normal, sino que además debe entender muchos de los principios y de las reglas que rigen su conducta en relación con los demás y, además, se debe comprometer a estudiar aún más sobre la sabiduría y el conocimiento ético del hombre. Esto es lo que se le debe proveer al hombre. Sin embargo, esto no es así para que Dios se haga carne porque Su obra ni representa al hombre ni es la obra del hombre; es, más bien, una expresión directa de Su ser y una implementación directa de la obra que Él debe hacer. (Naturalmente, Su obra se lleva a cabo en el momento apropiado, no casualmente ni al azar, y se inicia cuando sea el momento de cumplir con Su ministerio). Él no participa en la vida del hombre o en la obra del hombre, es decir, Su humanidad no está provista de ninguno de estos (aunque esto no afecta Su obra). Él sólo cumple Su ministerio cuando es hora de que lo haga; cualquiera que sea Su estatus, Él simplemente sigue adelante con la obra que debe hacer. Cualquier cosa que el hombre sepa de Él y cualquiera sea la opinión que el hombre tenga de Él, Su obra no se ve afectada en su totalidad.

Extracto de ‘El misterio de la encarnación (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

La obra del hombre se mantiene dentro de un alcance y es limitada. Una persona sólo puede hacer la obra de una cierta fase y no puede hacer la obra de toda la era, de otro modo, llevaría a las personas a la mitad de las reglas. La obra del hombre sólo se puede aplicar a un tiempo o fase en particular. Esto es porque la experiencia del hombre tiene su límite. Nadie puede comparar la obra del hombre con la obra de Dios. La práctica del hombre y su conocimiento de la verdad son aplicables a un límite en particular. No puedes decir que el camino que el hombre pisa es completamente la voluntad del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo sólo puede esclarecer al hombre, y el hombre no puede estar completamente lleno del Espíritu Santo. Todas las cosas que el hombre puede experimentar están dentro del límite de la humanidad normal y no pueden rebasar el límite de los pensamientos en la mente humana normal. Todos los que pueden vivir la realidad de la verdad experimentan dentro de este rango. Cuando experimentan la verdad, siempre es una experiencia de la vida humana normal esclarecida por el Espíritu Santo; no es una vía de experimentación que se desvíe de la vida humana normal. Experimentan la verdad esclarecidos por el Espíritu Santo sobre el fundamento de vivir sus vidas humanas. Además, esta verdad varía de persona a persona y su profundidad se relaciona con el estado de la persona. Sólo se puede decir que el camino que camina es la vida humana normal de alguien que busca la verdad y se le puede llamar el camino que camina una persona normal esclarecida por el Espíritu Santo. Uno no puede decir que la senda que camina sea la que tome el Espíritu Santo. En la experiencia humana normal, debido a que las personas que buscan no son iguales, la obra del Espíritu Santo tampoco es la misma. Además, ya que los ambientes que las personas experimentan y los límites de su experiencia no son iguales, y a causa de la mezcla que hay en su mente y sus pensamientos, su experiencia se mezcla en diferentes grados. Cada persona entiende una verdad de acuerdo con sus condiciones individuales diferentes. Su entendimiento del significado real de la verdad no está completo y es sólo uno o unos cuantos aspectos del mismo. El rango de verdad que experimenta el hombre difiere entre persona y persona, según las condiciones de cada una. De esta manera, el conocimiento que expresan diferentes personas de la misma verdad no es el mismo. Es decir, la experiencia del hombre siempre tiene limitaciones y no puede representar por completo la voluntad del Espíritu Santo, y la obra del hombre tampoco puede percibirse como la obra de Dios, incluso si lo que el hombre expresa se corresponde muy de cerca a la voluntad de Dios, e incluso si la experiencia del hombre está muy cerca de la perfecta obra que el Espíritu Santo lleva a cabo. El hombre sólo puede ser el siervo de Dios, haciendo la obra que Dios le confía. El hombre sólo puede expresar el conocimiento esclarecido por el Espíritu Santo y las verdades que obtenga de sus experiencias personales. El hombre no está calificado y no cumple las condiciones para ser el canal del Espíritu Santo. No está autorizado para decir que su obra es la obra de Dios. El hombre tiene los principios del hombre para obrar y todos los hombres tienen experiencias diferentes y poseen condiciones variables. La obra del hombre incluye todas sus experiencias bajo el esclarecimiento del Espíritu Santo. Estas experiencias sólo pueden representar el ser del hombre, y no representan el ser de Dios o la voluntad del Espíritu Santo. Por lo tanto, el camino que el hombre camina no se puede decir que sea el camino que el Espíritu Santo camina porque la obra del hombre no puede representar la obra de Dios, y la obra del hombre y la experiencia del hombre no son la completa voluntad del Espíritu Santo. La obra del hombre es susceptible de caer en reglas, y el método de su obra fácilmente se confina a un alcance limitado y no es capaz de liderar a las personas a un camino libre. La mayoría de los seguidores viven dentro de un alcance limitado y su forma de experimentar también está limitada en su alcance. La experiencia del hombre siempre está limitada; el método de su obra también está limitado a unos cuantos tipos y no se puede comparar con la obra del Espíritu Santo o la obra de Dios mismo. Esto se debe a que la experiencia del hombre, a la postre, no está limitada a un único método. No hay reglas para la manera en la que Dios hace Su obra; como quiera que se haga, no se limita a una forma. No hay reglas de ninguna clase en la obra de Dios; toda Su obra se realiza y es libre. No importa cuánto tiempo invierta el hombre siguiéndolo a Él, no puede destilar las leyes que gobiernan las maneras de obrar de Dios. Aunque Su obra se basa en principios, siempre se hace de nuevas maneras y siempre tiene nuevos progresos y está más allá del alcance del hombre. Durante un mismo periodo, Dios puede tener varios tipos diferentes de obras y diferentes maneras de guiar a las personas, haciéndolo de tal manera que las personas tengan siempre nuevas entradas y cambios. No puedes discernir las leyes de Su obra porque Él siempre está obrando de nuevas maneras, y sólo así los seguidores de Dios no quedan atados a las reglas. La obra de Dios mismo siempre evita las nociones de las personas y contrarresta sus nociones. Sólo los que lo siguen y lo buscan con un corazón sincero pueden haber transformado su carácter y ser capaces de vivir sin restricciones, sin estar sujetos a reglas o reprimidos por ningunas nociones religiosas. La obra del hombre hace demandas de las personas que se basan en su propia experiencia y lo que él mismo puede lograr. El estándar de estos requisitos se limita a un cierto alcance y los métodos de la práctica también están muy limitados. Los seguidores de manera inconsciente viven dentro de este alcance limitado; conforme el tiempo pasa, estas cosas se convierten en reglas y rituales. Si alguien que no ha sufrido el perfeccionamiento personal de Dios y no ha recibido el juicio guía la obra de un periodo, todos sus seguidores se volverán religiosos y expertos en resistir a Dios. Por lo tanto, si alguien es un líder calificado, la persona debe haber sufrido el juicio y aceptado ser perfeccionado. Los que no han sufrido el juicio, aunque puedan tener la obra del Espíritu Santo, sólo expresan cosas vagas e irreales. Con el tiempo, guiarán a las personas a reglas vagas y sobrenaturales. La obra que Dios lleva a cabo no está de acuerdo con la carne del hombre. No está de acuerdo con los pensamientos del hombre, sino que contraataca las nociones del hombre; no está manchada de un vago tinte religioso. Los resultados de la obra de Dios no los puede lograr un hombre que Él no haya perfeccionado, pues están más allá del alcance del pensamiento del hombre.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

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