4. De si es posible cumplir adecuadamente con el deber viviendo en función del propio carácter corrupto

Las palabras relevantes de Dios:

Servir a Dios no es una tarea sencilla. Aquellos cuyo carácter corrupto permanece inalterado no pueden servir nunca a Dios. Si tu carácter no ha sido juzgado ni castigado por las palabras de Dios, entonces tu carácter aún representa a Satanás, lo que prueba que sirves a Dios por tus buenas intenciones, que tu servicio está basado en tu naturaleza satánica. Tú sirves a Dios con tu temperamento natural y de acuerdo con tus preferencias personales. Es más, siempre piensas que las cosas que estás dispuesto a hacer son las que le resultan un deleite a Dios, y que las cosas que no deseas hacer son las que son odiosas para Dios; obras totalmente según tus propias preferencias. ¿Puede esto llamarse servir a Dios? En última instancia, tu carácter de vida no cambiará ni un ápice; más bien, tu servicio te volverá incluso más obstinado, haciendo así que se arraigue profundamente tu carácter corrupto, y de esta manera, desarrollarás reglas en tu interior sobre el servicio a Dios que se basan principalmente en tu propio temperamento, y experiencias derivadas de tu servicio según tu propio carácter. Estas son las experiencias y lecciones del hombre. Es la filosofía del hombre de vivir en el mundo. Personas como estas se pueden clasificar como fariseos y funcionarios religiosos. Si nunca despiertan y se arrepienten, seguramente se convertirán en los falsos Cristos y los anticristos que engañan a las personas en los últimos días. Los falsos Cristos y los anticristos de los que se habló surgirán de entre esta clase de personas. Si aquellos que sirven a Dios siguen su propio temperamento y actúan en base a su propia voluntad, corren el riesgo de ser expulsados en cualquier momento. Aquellos que aplican sus muchos años de experiencia adquirida al servicio a Dios con el fin de ganarse el corazón de los demás para sermonearlos, controlarlos, y enaltecerse a sí mismos, y que nunca se arrepienten, nunca confiesan sus pecados, nunca renuncian a los beneficios de su posición; estas personas caerán delante de Dios. Son de la misma especie que Pablo, presumen de su antigüedad y hacen alarde de sus calificaciones. Dios no traerá a este tipo de personas a la perfección. Este servicio interfiere con la obra de Dios. Las personas siempre se aferran a lo viejo. Se aferran a las nociones del pasado, a todo lo de tiempos pretéritos. Este es un gran obstáculo para su servicio. Si no puedes desecharlas, estas cosas acabarán con tu vida entera. Dios no te elogiará en lo más mínimo; ni siquiera si te rompes las piernas mientras corres o si te quiebras la espalda a causa de tu labor, ni siquiera si eres martirizado en tu servicio a Dios. Muy por el contrario: Él dirá que eres un hacedor del mal.

Extracto de ‘La forma religiosa de servicio debe prohibirse’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Cuál es el mayor tabú en el servicio del hombre a Dios? ¿Lo sabéis? Las personas que sirven como líderes siempre quieran intentar ser diferentes, estar por encima del resto y encontrar algunos nuevos trucos que harán que Dios vea cuán capaces son en verdad. Sin embargo, no se centran en entender la verdad ni en entrar en la realidad de las palabras de Dios. Siempre intentan destacar. ¿No es esta, acaso, la revelación de una naturaleza arrogante? Algunos incluso dicen: “Haciendo esto estoy seguro de que Dios estará muy contento; a Él le va a encantar. Esta vez voy a dejar que Dios vea, le voy a dar una bonita sorpresa”. Como resultado de esta sorpresa, pierden la obra del Espíritu Santo y Dios los elimina. No te apresures simplemente a hacer lo que te venga a la cabeza. ¿Cómo puede ser correcto que no consideres las consecuencias de tus acciones? Cuando ofendes el carácter de Dios, e infringes Sus decretos administrativos, y después eres eliminado, no te quedará nada que decir. Independientemente de tu intención, de que lo hagas con deliberación o no, si no entiendes el carácter de Dios o Su voluntad, lo ofenderás con facilidad y tenderás a infringir Sus decretos administrativos; esto es algo contra lo que todos deberían estar en guardia. Una vez que hayas infringido gravemente los decretos administrativos o hayas ofendido Su carácter, Él no considerará en absoluto si lo has hecho adrede o sin querer. Esto es un asunto que debes ver con claridad. Si no puedes entender esta cuestión, está garantizado que causarás un problema. Cuando las personas sirven a Dios desean dar grandes pasos, hacer grandes cosas, pronunciar palabras grandilocuentes, realizar una gran obra, celebrar grandes reuniones y ser grandes líderes. Si siempre tienes tales grandes ambiciones, infringirás los decretos administrativos de Dios; este tipo de persona morirá rápidamente. Si no te comportas bien, no eres piadoso y prudente en tu servicio a Dios, entonces, tarde o temprano ofenderás Su carácter.

Extracto de ‘Sin la verdad se tiende a ofender a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Quien no venera a Dios y no posee un corazón que tiembla de temor, es muy probable que infrinja los decretos administrativos de Dios. Muchos sirven a Dios con base en la fuerza de su pasión, pero no entienden los decretos administrativos de Dios y, mucho menos, tienen idea de las implicaciones de Sus palabras. Así que, con sus buenas intenciones, a menudo terminan haciendo cosas que interrumpen la gestión de Dios. En casos graves, son expulsados, privados de cualquier otra oportunidad de seguirlo, y son arrojados al infierno y finaliza toda relación con la casa de Dios. Estas personas trabajan en la casa de Dios con base en la fuerza de sus buenas intenciones ignorantes y terminan enfureciendo el carácter de Dios. La gente trae a la casa de Dios sus formas de servir a funcionarios y a señores e intentan ponerlas en práctica, pensando inútilmente que pueden aplicarlas aquí sin esfuerzo. Nunca imaginan que Dios no tiene el carácter de un cordero, sino el de un león. Por tanto, aquellos que se relacionan con Dios por primera vez, no pueden comunicarse con Él, ya que el corazón de Dios es diferente al del hombre. Sólo después de que entiendas muchas verdades puedes llegar a conocer continuamente a Dios. Este conocimiento no está compuesto por palabras o doctrinas, pero puede ser utilizado como un tesoro por medio del cual entras en una relación cercana de confianza con Dios, y como prueba de que Él se deleita en ti. Si careces de la realidad del conocimiento y no estás equipado con la verdad, entonces tu servicio apasionado sólo puede traerte la aversión y el aborrecimiento de Dios.

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

Hoy en día, cuando las personas se topan con las cosas, independientemente de cuál sea la situación real, piensan que pueden hacer esto y lo otro, y entonces no tienen a Dios en su corazón, y lo hacen según su propia voluntad. Sin importar que el curso de sus acciones sea adecuado o no, o si está de acuerdo con la verdad o no, solo endurecen la cerviz y actúan de acuerdo con sus intenciones personales. Por lo general, puede parecer que Dios está en sus corazones, pero cuando hacen cosas, Dios no está en sus corazones. Algunas personas dicen: “No puedo acercarme más a Dios en las cosas que hago. En el pasado, yo estaba acostumbrado a realizar ceremonias religiosas e intentaba acercarme a Dios, pero sin éxito. No podía acercarme a Él”. Este tipo de personas no tiene a Dios en su corazón, solo se tienen a sí mismas en su corazón y, sencillamente, no pueden poner la verdad en práctica en las cosas que hacen. No actuar según la verdad significa hacerlas de acuerdo con su propia voluntad, y hacer las cosas basándose en su propia voluntad implica abandonar a Dios; es decir, que no tienen a Dios en su corazón. Las ideas humanas generalmente se ven bien y adecuadas para las personas, y parecen que no violarían mucho la verdad. Las personas consideran que hacer las cosas de tal manera sería poner en práctica la verdad, consideran que hacer las cosas de esa manera sería someterse a Dios. En realidad, ellos no están buscando a Dios ni orando a Él acerca de esto verdaderamente, y no se están esforzando por hacerlo bien, de acuerdo con los requisitos de Dios para satisfacer Su voluntad. No poseen este verdadero estado ni tienen ese deseo. Esta es la mayor equivocación que las personas cometen en su práctica. Crees en Dios, pero no tienes a Dios en tu corazón. ¿Cómo es que esto no es un pecado? ¿No tú mismo te estás engañando? ¿Qué tipo de efectos puedes cosechar si sigues creyendo de esa manera? Además, ¿cómo se puede manifestar la relevancia de la creencia?

Extracto de ‘Buscar la voluntad de Dios es en aras de practicar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Hacer las cosas por inercia al llevar a cabo tu deber es un tabú importante. Si sigues actuando de este modo, no podrás llevar a cabo tu deber adecuadamente. ¡Debes dedicarte en cuerpo y alma! ¡Ha sido muy difícil que la gente se topara con esta oportunidad! Cuando Dios les da una oportunidad ellos no la aprovechan, y entonces esa oportunidad se pierde. Incluso si desean buscarla más tarde, puede que no vuelva a presentarse. La obra de Dios no espera a nadie, como tampoco esperan las oportunidades para cumplir con el propio deber. Hay gente que dice: “Antes no cumplía bien mi deber, pero ahora sigo queriendo cumplirlo, así que esta vez estoy decidido; seré un poco más concienzudo, me esforzaré un poco más y haré un buen trabajo para completarlo”. Sin embargo, a veces esta oportunidad ya no existe. No se presentan muchas oportunidades, así que debes aprovecharlas. Ante un deber que requiere de ti esfuerzo, entrega y que le dediques tu cuerpo, tu alma y tu tiempo, no debes ocultar nada, albergar insignificante inteligencia alguna ni tener manga ancha. Si tienes manga ancha, eres calculador o astuto y traicionero, acabarás por hacer un trabajo deficiente. Tal vez digas: “Nadie me ha visto actuar con astucia. ¡Qué bien!”. ¿Qué manera de pensar es esta? Crees haber engañado a la gente y también a Dios. En realidad, no obstante, ¿sabe Dios lo que has hecho o no? (Sí). Generalmente, los que se relacionen contigo durante un largo período de tiempo también se darán cuenta y dirán que eres una persona siempre escurridiza, nunca esmerada, y que solo se esfuerza al 50 o 60 %, al 80 como mucho. Dirán que lo haces todo de manera muy confusa y haciendo la vista gorda en cualquier cosa que haces; no eres nada aplicado en el trabajo. Si te obligan a hacer algo, solo entonces te esfuerzas un poco; si hay alguien cerca para comprobar si tu trabajo está a la altura, lo haces ligeramente mejor, pero si no, holgazaneas un poco. Si te tratan, te vuelcas en ello; de lo contrario, echas constantes cabezadas en el trabajo y tratas de salirte con la tuya en la medida de lo posible, pues das por hecho que nadie se dará cuenta. El tiempo pasa y la gente se da cuenta. Dicen: “Esta persona es poco fiable e indigna de confianza; si le asignas un deber importante para que lo cumpla, habrá que supervisarla. Sabe hacer tareas y trabajos normales que no implican principios, pero si le asignas un deber trascendental para que lo cumpla, lo más probable es que meta la pata, con lo que te habrá engañado”. La gente verá sus intenciones y se habrá desprendido por completo de toda dignidad e integridad. Si nadie puede confiar en ella, ¿cómo puede hacerlo Dios? ¿Le encomendaría Dios una tarea importante? Una persona así es indigna de confianza.

Extracto de ‘La entrada en la vida debe comenzar con la experiencia de desempeñar el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Las personas deben abordar tanto el deber como a Dios con un corazón honesto; eso es temer a Dios. ¿Qué actitud debe tener la gente para tratar a Dios con un corazón honesto? La gente debe esforzarse por Dios en su deber sin cuestionar si eso le traerá desastres o bendiciones, sin poner condiciones y sometiéndose a las orquestaciones de Dios; una persona así posee un corazón honesto. ¿Poseen un corazón honesto los que siempre dudan, los que siempre ponen condiciones y se dedican a investigar sin cesar? ¿Qué reside dentro del corazón de una persona semejante? Dentro de ese corazón hay engaño y maldad, y siempre se están dedicando a la investigación. Cuando sucede algo que afecta sus intereses personales, reflexionan: “¿En qué pensaba Dios cuando me hizo esto y dispuso esta situación para mí? ¿Es algo que les ha sucedido a otras personas? Cuando termine de pasar por esto, ¿cuáles serán las consecuencias?”. Investigan tales cuestiones, investigan lo que pueden ganar o perder, si el asunto en cuestión les causará un desastre o una bendición. Una vez empiezan a investigar estas cuestiones, ¿son capaces de practicar la verdad? ¿Son capaces de obedecer a Dios? Cuando empiezan con un deber, investigan y preguntan: “¿Sufriré si cumplo con este deber? ¿Habré de pasar mucho tiempo fuera? ¿Podré comer y descansar con regularidad? ¿Y con qué clase de gente entraré en contacto?”. Aunque en la superficie aceptan ese deber, en su corazón albergan el engaño y están constantemente investigando tales cosas. De hecho, todas estas cosas que investigan se relacionan con sus intereses personales; no consideran los intereses de la casa de Dios, solo los propios. Si solo consideran sus propios intereses, no les es fácil practicar la verdad y no tienen una verdadera obediencia a Dios. ¿Qué pasa al final con muchas de estas personas que se dedican a este tipo de investigación? Algunos se rebelan contra Dios; es decir, hacen cosas llenas de emociones negativas, se mantienen alerta mientras obran. ¿Qué tipo de carácter despierta estas emociones? El engaño y la maldad. Al llegar al extremo de ser malvados, ¡estas personas se están enfrentando a Dios! Al estar investigando constantemente, su atención queda dividida, ¿pueden cumplir entonces correctamente el deber en este estado? No adoran a Dios con honestidad y con su espíritu, no tienen un corazón honesto y, mientras cumplen con el deber, siempre son cautos y se contienen. ¿Qué es lo que resulta de esto? Dios no obra sobre ellos, hagan lo que hagan son incapaces de hallar los principios, y todo lo que hacen les sale siempre mal. ¿Por qué les salen siempre mal las cosas? A veces no se trata de que Dios los exponga, sino de que se arruinan a sí mismos. No tienen en cuenta la obra ni los intereses de la casa de Dios; siempre están tramando por su cuenta y haciendo planes en aras de su prestigio y estatus. No paran de hacer tales cosas y luego acaban por desviarse. Entre hacer planes en aras de sus propios intereses y perspectivas de futuro o ser considerados con la obra de la casa de Dios y los intereses de esta, ¿es el mismo el resultado de sus acciones? No, desde luego que no lo es. Están expuestos, y este comportamiento no constituye el cumplimiento del deber; la esencia y la naturaleza de las acciones de esta persona han cambiado. Si se trata solo de una pérdida insignificante, entonces todavía tendrán la posibilidad de ser salvados, les quedará una oportunidad. Pero si se trata de una pérdida mayor, ¿les queda todavía alguna posibilidad? Si se trata de un caso grave, en la medida en que causa trastornos y perturbaciones, entonces la persona involucrada debe ser reemplazada y eliminada; algunas han sido eliminadas de esta manera. ¿Habéis percibido qué hay en la raíz de todo esto? La raíz de este asunto es que la gente siempre está pensando en sus propios intereses y se deja llevar por ellos, sin siquiera una pizca de verdad que sirva de fundamento ni un ápice de actitud de obediencia a Dios. Entonces, ¿cómo han de obedecer las personas? Aquí radica una senda para practicar. Cuando se topan con un problema, lo primero que piensan algunas personas es: “Si lo hago así, los intereses de la casa de Dios sufrirán; si lo hago asá, no sucederá eso, pero yo perderé prestigio y padeceré mucho, tendré que pasar más tiempo buscando cosas y consultando con otras personas”. Le dan mil vueltas en la cabeza al asunto: “Si los intereses de la casa de Dios sufren un poco, no es para tanto. Lo haré de esta manera, soy yo el que tiene la última palabra en este asunto, no hay necesidad de discutirlo con todo el mundo”. Piensan que actuando así mostrarán su estatus y valor, le demostrarán a los demás que son decididos, experimentados y capaces, que no son débiles, dubitativos ni indecisos; pero en última instancia, cuando no haya vuelta atrás, se convertirán en los que han perturbado, interrumpido y dañado la obra de la casa de Dios, y serán expuestos y eliminados. Tales serán las consecuencias. Pero si se sometieran a los arreglos e instrumentaciones de Dios, y actuaran de acuerdo con los principios-verdad, el resultado sería diferente. Cuando se encontraran con un problema, no serían ellos los que tendrían la última palabra; varias personas compartirían y consultarían juntas, y una vez que el Espíritu Santo comenzara a obrar, serían esclarecidas en sus corazones, se darían cuenta de los fallos y errores de actuar siguiendo la imaginación del hombre, encontrarían una senda mejor, y los intereses de la casa de Dios no se verían perjudicados. Aunque, como todos se reúnen y consultan juntos, su identidad individual, su estatus, su independencia y su competencia no destacarían sobre el resto y los intereses de la casa de Dios no se verían perjudicados. Así, el resultado sería diferente. Entonces, ¿acabarían siendo sustituidos? (No). Se trata de que Dios los recuerde. Si, cuando se encuentra con un problema, la gente es capaz de actuar de acuerdo con los principios-verdad, Dios se encargará de todo entre bastidores. Si la gente siempre está tramando, calculando e ideando planes para buscar sus propios intereses, sin pensar en los intereses de la casa de Dios o en Su voluntad, y no tiene la más mínima inclinación a obedecer los arreglos e instrumentaciones de Dios -si carecen incluso de esta inclinación-, ¿cuál será el resultado final? Se van a llevar un disgusto; quedarán expuestos tal como son. ¿Es eso lo que merecen? ¿Son tales personas dignas de pena? (No). Este es el inevitable resultado de maquinar para tus propios intereses.

Extracto de ‘Solo si buscas los principios-verdad puedes desempeñar bien tu deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Algunas personas siempre tienen miedo de que otras les roben el protagonismo y las superen, y que obtengan reconocimiento mientras ellas mismas son abandonadas. Esto lleva a que ataquen y excluyan a los demás. ¿Acaso no están celosas de las personas más capaces que ellas? ¿No es egoísta y despreciable este comportamiento? ¿Qué tipo de carácter es este? ¡Es malicioso! Pensar solo en uno mismo, satisfacer solo los deseos propios, sin mostrar consideración por los deberes de los demás y tener en cuenta solo los propios intereses y no los intereses de la casa de Dios: las personas así tienen mal carácter y Dios no las ama. Si realmente puedes ser considerado con la voluntad de Dios, entonces podrás tratar a otras personas de manera justa. Si recomiendas a alguien y esa persona se desarrolla en alguien con talento, y la casa de Dios gana una persona talentosa más, entonces ¿no habrás hecho bien tu trabajo? ¿No habrás sido leal al desempeñar tu deber? Esta es una buena obra ante Dios, y es el tipo de conciencia y razón que las personas deben poseer. Aquellas que son capaces de poner en práctica la verdad pueden aceptar el escrutinio de Dios cuando hacen las cosas. Cuando aceptas el escrutinio de Dios, tu corazón se corrige. Si solo haces las cosas para que otros las vean, y no aceptas el escrutinio de Dios, ¿sigue estando Dios en tu corazón? Las personas que son así no tienen reverencia hacia Dios. No siempre hagas las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres tu propio estatus, prestigio o reputación. Tampoco tengas en cuenta los intereses de la gente. Primero debes tener en cuenta los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu principal prioridad. Debes ser considerado con la voluntad de Dios y empezar por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has hecho todo lo posible para ser leal, por completar tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la casa de Dios. Debes meditar sobre estas cosas. Piensa en ellas con frecuencia y te será más fácil cumplir bien con el deber. Si tu calibre es bajo, cuando tu experiencia es superficial o cuando no eres experto en tu ocupación profesional, puede haber algunos errores o deficiencias en tu obra y los resultados pueden no ser muy buenos, pero habrás hecho todo lo posible. Cuando no estás pensando en tus propios deseos egoístas o considerando tus propios intereses en las cosas que haces, y en su lugar le estás dedicando una consideración constante a la obra de la casa de Dios, pensando en sus intereses, y llevando a cabo bien tu deber, entonces estarás acumulando buenas obras delante de Dios. La gente que hace estas buenas obras es la que posee la realidad-verdad y, por tanto, ha dado testimonio. Si siempre vives por la carne, si constantemente satisfaces tus deseos egoístas, entonces tal persona no posee la realidad-verdad. Esta es la marca de alguien que deshonra a Dios. Dices: “No he hecho nada, ¿cómo he avergonzado a Dios?”. En tus pensamientos e ideas, en las intenciones, objetivos y motivos que están detrás de tus acciones y en las consecuencias de lo que has hecho, en todas las formas posibles estás satisfaciendo a Satanás, siendo su hazmerreír y dejando que obtenga algo de ti. Ni remotamente posees el testimonio que deberías tener como cristiano. Deshonras el nombre de Dios en todas las cosas y no posees un testimonio auténtico. ¿Recordará Dios las cosas que has hecho? Al final, ¿qué conclusión sacará Dios acerca de tus actos y del deber que llevaste a cabo? ¿Acaso no debe salir algo de eso, algún tipo de declaración? En la Biblia, el Señor Jesús dice: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’”. ¿Por qué dijo el Señor Jesús esto? ¿Por qué aquellos que sanan a los enfermos y echan fuera demonios en nombre del Señor, que viajan para predicar en nombre del Señor, se han convertido en hacedores de maldad? ¿Quiénes son estos hacedores de maldad? ¿Acaso son quienes no creen en Dios? Todos ellos creen en Dios y lo siguen. También abandonan cosas por Dios, se entregan a Dios y llevan a cabo su deber. Sin embargo, al llevar a cabo su deber carecen de devoción y testimonio, así que eso se ha vuelto hacer el mal. Esa es la razón por la que el Señor Jesús dice: “Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad”.

Extracto de ‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Muchas personas, a Mis espaldas, codician la bendición del estatus, se dan atracones de comida, aman dormir y se preocupan por la carne, siempre temerosas de que la carne no tenga salida. No desarrollan su función correcta en la iglesia, sino que gorronean de la iglesia, o bien amonestan a los hermanos y hermanas con Mis palabras, tratan despóticamente a los demás desde posiciones de autoridad. Estas personas siguen diciendo que están haciendo la voluntad de Dios y siempre dicen que son íntimas de Dios; ¿no es esto absurdo? Si tienes las intenciones correctas, pero eres incapaz de servir de acuerdo con la voluntad de Dios, entonces estás siendo insensato, pero si tus intenciones no son correctas, y sigues diciendo que sirves a Dios, eres alguien que se opone a Dios, ¡y deberías ser castigado por Él! ¡No tengo simpatía por tales personas! En la casa de Dios gorronean, codiciando siempre las comodidades de la carne, y no consideran los intereses de Dios. Siempre buscan lo que es bueno para ellas y no prestan atención a la voluntad de Dios. No aceptan el escrutinio del Espíritu de Dios en nada de lo que hacen. Siempre están maniobrando y engañando a sus hermanos y hermanas, y son falsas, como un zorro en una viña, siempre robando uvas y pisoteando la viña. ¿Pueden ser tales personas íntimas de Dios? ¿Eres apto para recibir las bendiciones de Dios? No asumes cargas para tu vida y para la iglesia; ¿eres apto para recibir la comisión de Dios? ¿Quién se atrevería a confiar en alguien como tú? Cuando sirves así, ¿podría atreverse Dios a confiarte una tarea mayor? ¿No causaría esto retrasos en la obra?

Extracto de ‘Cómo servir en armonía con la voluntad de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

En la actualidad se te pide que dirijas varias iglesias, pero no solo no te das por vencido, sino que incluso te aferras a tus nociones y opiniones y afirmas cosas como: “Creo que esto debe hacerse de esta manera, ya que Dios ha dicho que no debemos estar cohibidos por otros y que hoy en día no debemos someternos ciegamente”. Por lo tanto, cada uno se aferra a su opinión y no os obedecéis unos a otros. Aunque tenéis claro que vuestro servicio se encuentra en un callejón sin salida, pese a ello decís: “A mi parecer, mi camino no está totalmente equivocado. En cualquier caso, cada uno de nosotros defiende una cosa: tú hablas de lo tuyo y yo hablo de lo mío; tú compartes tus perspectivas y yo hablo de mi entrada”. Nunca os responsabilizáis de las muchas cosas que hay que tratar o, sencillamente, cada cual se conforma con desahogar sus opiniones y proteger con prudencia su estatus, reputación e imagen. Ninguno está dispuesto a humillarse y ninguna de las partes tomará la iniciativa de entregarse a subsanar los defectos de los demás para que la vida evolucione más deprisa. Cuando coordináis juntos, deberíais aprender a buscar la verdad. Podéis decir: “No tengo un claro entendimiento de este aspecto de la verdad. ¿Qué experiencia tienes tú con ello?”. O podéis decir: “Tú tienes más experiencia que yo en este aspecto; ¿podrías guiarme, por favor?”. ¿No sería esa una buena manera de ocuparse de ello? Habéis oído multitud de sermones y tenéis algo de experiencia con hacer servicio. Si no aprendéis unos de otros, os ayudáis y subsanáis los defectos de los demás cuando hacéis obra en las iglesias, entonces, ¿cómo vais a aprender ninguna lección? Cada vez que afrontéis algo, debéis hablar unos con otros para que vuestras vidas se beneficien. Además, deberíais hablar detenidamente de todo tipo de cosas antes de tomar decisiones. Ese es el único modo de responsabilizarse de la iglesia, en vez de limitarse a actuar sin interés. Tras visitar todas las iglesias, debéis reuniros a hablar de todos los asuntos que descubráis y de cualquier problema de trabajo, y luego comunicar el esclarecimiento y la iluminación que hayáis recibido; esta es una práctica de servicio indispensable. Debéis conseguir una cooperación armoniosa a efectos de la obra de Dios, para beneficio de la iglesia y para estimular a vuestros hermanos y hermanas. Debéis coordinaros con otros, corrigiéndoos mutuamente y alcanzando un mejor resultado de trabajo, con el fin de atender a la voluntad de Dios. Esta es la verdadera cooperación y solo aquellos que se dediquen a ella lograrán la verdadera entrada. Mientras cooperas, puede que algunas de tus palabras sean inadecuadas, pero no importa. Háblalo después y hazte una idea clara; no lo descuides. Cuando lo hayas hablado, podrás subsanar los defectos de tus hermanos o hermanas. Esta manera de profundizar cada vez más en tu trabajo es lo que te permitirá lograr mejores resultados. Cada uno de vosotros, como personas que sirven a Dios, debe ser capaz de defender los intereses de la iglesia en todo lo que haga, en lugar de tener en cuenta únicamente sus propios intereses. Es inaceptable actuar en solitario, desestabilizándoos unos a otros. ¡Las personas que se comportan así no son aptas para servir a Dios! Esas personas tienen un carácter horrendo; no les queda ni un ápice de calidad humana. ¡Son cien por cien Satanás! ¡Son bestias! Todavía siguen ocurriendo esas cosas entre vosotros; incluso llegáis a atacaros al hablar, buscando pretextos a propósito mientras se os enciende el rostro al discutir algún asunto trivial, sin nadie dispuesto a hacerse a un lado, y con todos ocultando lo que piensan a los demás mientras miran fijamente a la otra parte y están siempre en guardia. ¿Es este tipo de carácter propio del servicio a Dios? ¿Es posible que un trabajo como el vuestro provea algo a vuestros hermanos y hermanas? Tú no solo no sabes guiar a la gente hacia una trayectoria vital correcta, sino que, de hecho, infundes tus actitudes corruptas en tus hermanos y hermanas. ¿No estás perjudicando a terceros? Tu conciencia es horrible ¡y está podrida por dentro! No entras en la realidad ni pones en práctica la verdad. Además, exhibes descaradamente tu naturaleza diabólica ante los demás. Sencillamente, ¡no conoces la vergüenza! Se te han encomendado estos hermanos y hermanas, pero los estás llevando al infierno. ¿No eres de esas personas cuya conciencia se ha podrido? ¡No tienes absolutamente ninguna vergüenza!

Extracto de ‘Servid como lo hacían los israelitas’ en “La Palabra manifestada en carne”

Algunas personas cumplen con su deber de manera irresponsable. El resultado es una obra de mala calidad que siempre debe rehacerse, lo cual tiene un grave impacto en el progreso futuro. ¿Hay alguna razón para ello, aparte de las deficiencias en cuanto a experiencia y profesionalidad? La profesionalidad y la experiencia pueden aprenderse y acumularse poco a poco, pero si la gente tiene problemas de carácter, ¿cómo debe resolverse este problema? Requieren ser podadas y tratadas, que las personas se vigilen unas a otras y busquen la verdad. El mayor problema que conduce a que la obra realizada en el cumplimiento del deber tenga que rehacerse no es la falta de profesionalidad o de experiencia, sino que las personas son santurronas y arrogantes hasta el extremo y no cooperan armoniosamente, al contrario, actúan por su cuenta y de manera arbitraria, dando como resultado que cuando terminan algo, su obra no se sostiene, por lo que el esfuerzo fue en vano. ¿Cuál es el problema más grave detrás de esto? (El carácter corrupto del hombre). Un carácter corrupto trae consigo grandes obstáculos. ¿Y qué aspectos de un carácter corrupto afectan al rendimiento de las personas en el cumplimiento de su deber? (La arrogancia y la santurronería). ¿Cómo se manifiestan la arrogancia y la santurronería en el comportamiento? Tomar decisiones por su cuenta, no escuchar ni consultar con los demás, no cooperar armoniosamente, y siempre querer tener la última palabra sobre las cosas. Aunque unos cuantos hermanos y hermanas cooperen para cumplir una tarea concreta, ocupándose cada uno de la suya propia, el líder del grupo o la persona encargada siempre quiere tener la última palabra. Hagan lo que hagan, nunca cooperan armoniosamente con los demás y no se involucran en la comunicación, empiezan a hacer las cosas precipitadamente sin llegar primero a un consenso con los demás. Hacen que todo el mundo los escuche solo a ellos, y ahí está el problema. Además, cuando los demás perciben el problema, pero no dan un paso al frente para detener a la persona a cargo, en última instancia se produce una situación en la que todos los involucrados tienen que rehacer su obra, cansándose en el proceso. Entonces, ¿también tienen los demás una responsabilidad? (Sí). Por un lado, la persona encargada actúa sola y arbitrariamente, insistiendo en hacer las cosas a su manera, por otro, los demás no hacen nada para detenerlos, y, lo que es más grave, incluso le siguen, ¿no los convierte esto en cómplices? Si no limitas, bloqueas o expones a esta persona, sino que la sigues y le permites que te manipule, ¿no estás dando rienda suelta a la obra de hostigamiento de Satanás? Esto, desde luego, es tu problema. Por otra parte, cuando ves un problema pero no lo denuncias y, en su lugar, haces el papel de alguien que dice a todo que sí, ¿no es eso una expresión de deslealtad? Sí, eso es precisamente, una expresión de deslealtad hacia Dios. Lo que hace que este problema sea tan grave es que siempre actúas como cómplice de Satanás, sirves como su lacayo y seguidor, no posees ni una pizca de lealtad hacia tu deber y tu responsabilidad, en cambio, eres bastante leal a Satanás. En cuanto a la falta de profesionalidad, es posible aprender constantemente y reunir experiencias mientras obras. Tales problemas pueden ser fácilmente resueltos. Lo más difícil de resolver es el carácter corrupto del hombre. Si esto no se resuelve, si no buscáis la verdad, sino que siempre retrocedéis y vuestro papel es decir a todo que sí; si no asumís la responsabilidad; si, cuando alguien hace algo malo, no lo sacáis a la luz ni lo exponéis y os ocupáis de él; si os tomáis la obra de la casa de Dios como una broma, como un juego; y si no cumplís con vuestro deber y responsabilidad, entonces el progreso de la obra se retrasará una y otra vez. Cumplir el deber de semejante manera es una deslealtad.

Extracto de ‘El correcto cumplimiento del deber requiere de una cooperación armoniosa’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Algunos tienen un miedo especial a asumir responsabilidades. Si la casa de Dios les asigna trabajo, quieren saber si eso implica asumir responsabilidades. Cuando alguien les dice: “Claro que tendrás que asumir alguna responsabilidad y, por supuesto, serás tratado si no lo haces bien”, responden: “Pues déjame que lo piense primero”. Lo piensan por la noche, y al día siguiente se niegan, diciendo: “Lo he pensado muy detenidamente y me parece que no soy adecuado para este deber. Creo que debes buscarte a otro”. ¿Qué está rechazando esta persona? Está rechazando una comisión. Algunos, cuando se les da un trabajo, al principio se imaginan que será fácil, como si fueran a trabajar entre los incrédulos, un trabajo que es posible terminar con solo un poco de esfuerzo. Luego, cuando ven que el trabajo no es tan fácil como habían imaginado, idean una estratagema: “Para zafarme de la responsabilidad, informaré inmediatamente de cualquier problema que encuentre, y que el líder le haga frente. El líder puede ocuparse de ello como le plazca. Por de pronto, yo ya habré informado, así que el líder verá cómo lo afronta. Me lavaré las manos de ese asunto. Si el líder se ocupa bien de ello, podré seguir haciendo este trabajo; y si él no lo gestiona bien, no tendré nada que ver. No me tratarán y, en el peor de los casos, eso no estará lo bastante mal como para que me destituyan, y mucho menos como para que me expulsen de la iglesia”. Esta es su intención. En consecuencia, en cuanto experimentan algún problema, lo único que hacen es llamar por teléfono al líder para decirle que no pueden ocuparse. Si el líder les dice lo que deben hacer, buscan otra excusa para no poder hacerlo y le piden que se encargue. Ante un problema, no reflexionan al respecto, no buscan los principios-verdad subyacentes ni tratan de hallar la manera de hacerle frente. Por el contrario, hacen todo lo posible por encontrar un líder que se ocupe de ello y siempre tratan de librarse de su responsabilidad sin pensar en cómo podrían encargarse ellos. ¿Muestran devoción por Dios cumpliendo así con el deber? (No). Esto se denomina librarse de la responsabilidad y descuidar el deber. Actúan solapadamente y se niegan a asumir responsabilidades. Solo entregan su trabajo, no su corazón. Piensan: “¿Y si lo asumo y termino cometiendo un error?”. En esto se centran sus preocupaciones. Y bien, ¿puedes tratar tú de no cometer errores? Todo el mundo comete errores. Si sus intenciones son correctas, pero carecen de experiencia; si no se han ocupado anteriormente de un problema similar y, pese a ello, hacen todo lo que pueden, ¿crees que Dios lo verá? Ellos creen que no. Dicen: “No, llegado el momento, tendría que asumir la culpa por cualquier error. ¿De qué me serviría afanarme en el intento? ¿Quién llegaría a saber que lo intenté de todo corazón? ¿Quién lo ve? ¿No me tratarían a mí? ¿No cargaría yo con la responsabilidad principal? ¿Dónde puedo ir a hablar de las injusticias que padezco?”. ¿Cómo va a haber injusticia en la casa de Dios? Aunque te traten incorrectamente, Dios lo ve. Debes creerlo. Dios examina todas las cosas y examina el corazón de la gente. Si ni siquiera crees eso, da igual que cumplas o no con el deber. Por temor a asumir la responsabilidad, lo primero que hacen esas personas cuando se produce un problema es buscar un líder. Le cuentan el problema, en lugar de ocuparse de él y afrontarlo ellas primero. Por supuesto, algunas informan al líder mientras trabajan en ello, pero otras no: tras informar al líder, se sientan a esperar, en vez de ocuparse activamente del problema. Esperan órdenes pasivamente. No actúan hasta que el líder señala el camino y no hacen más que lo que el líder les manda. No hacen nada a menos que les den instrucciones; por el contrario, postergan las cosas mientras esperan a que alguien les grite o los llame a la acción. ¿Realmente cumplen con el deber esta clase de personas? Ni siquiera prestan servicio con devoción; no son dignas de cumplir con un deber. Algunas han sido eliminadas por tener esta actitud hacia el cumplimiento del deber. Es posible que ahora aún no lo entiendan: “¿Por qué me echaron con tanta frialdad si me metía de lleno en el deber con tanto entusiasmo?”. Ni siquiera ahora lo entienden todavía. Es probable que aquellos que no buscan la verdad se pasen toda la vida sin comprenderla, en vez de explicarla con su propia lógica. Piensan: “La autoprotección es instintiva y debemos practicarla. ¿Quién no se protege? ¿Quién no barre para casa? ¿Quién no busca una vía de escape?”. Si te proteges y buscas una vía de escape, ¿estás poniendo en práctica la verdad? Ahora cumples con el deber en la casa de Dios. ¿Cuál es el primer principio del cumplimiento del deber? Cumplir con él de todo corazón, sin escatimar esfuerzos, para que puedas proteger los intereses de la casa de Dios. Este es un principio-verdad que has de poner en práctica. Buscar una vía de escape y protegerte es el principio de práctica que siguen los incrédulos, su máxima filosofía. ¿No es ser un incrédulo pensar primero en uno mismo en todas las cosas y anteponer los propios intereses a todo lo demás sin consideración por nadie, sin ninguna vinculación con los intereses de la casa de Dios ni con los intereses de los demás, pensar primero en los propios intereses y luego en buscar una vía de escape? Así es precisamente un incrédulo normal. Este tipo de persona no está en condiciones de cumplir con un deber.

Extracto de ‘Querrían que se les obedeciera solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

¿Cuál es el carácter de la irresponsabilidad? La astucia. El elemento más notable de la filosofía de vida del hombre es la astucia. La gente cree que, si no es astuta, tenderá a ofender al prójimo y no sabrá protegerse a sí misma; cree que debe ser lo suficientemente astuta como para no incomodar ni herir a nadie, con lo que se mantiene a salvo, conserva su medio de vida y consigue un firme apoyo entre las masas. Así actúa la gente en el mundo de los incrédulos; ¿por qué algunas personas de la casa de Dios siguen actuando de esta manera? Al ver que algo perjudica los intereses de la casa de Dios, no dicen nada; puede que digan: “Si alguien quiere pronunciarse acerca de esto, adelante; yo no voy a hacerlo. No voy a incomodar a nadie ni a jugarme el tipo”. Esto es irresponsabilidad y astucia y no hay que confiar en esas personas. Para conservar su autoestima, reputación, integridad y dignidad, devolverán a su dueño el dinero que se encuentren, se alegrarán de ayudar a los demás, darán la vida por una causa justa, harán lo que sea por otra persona y no dudarán en pagar cualquier precio. Sin embargo, cuando es preciso proteger los intereses de la casa de Dios, la verdad y la justicia, todo esto se desvanece y ya no practican la verdad. ¿Qué ocurre? Aquí hay un carácter de odio por la verdad. ¿Por qué digo que tienen un carácter de odio por la verdad? Deriva del hecho de que, en lo que atañe a la realidad de las cosas positivas, la gente huye y se acobarda. Aunque quizá sienta cierto grado de autorreproche en su interior, lo ignora, quiere reprimirlo, y piensa: “No voy a hacerlo, sería una tontería”, o cree que no es un asunto importante y que, sencillamente, puede hablarlo en otro momento. A la hora de defender la justicia y las cosas positivas, huye y no se responsabiliza. Mira hacia otro lado y no se toma el asunto en serio. Este es un ejemplo de falta de amor por las cosas positivas y odio por la verdad. Entonces, ¿cómo debes practicar cuando surja esta cuestión? ¿Cuáles son los principios? Si un asunto guarda relación con los intereses de la casa de Dios o con el testimonio de Dios, debes tratarlo con la misma seriedad que tus propios intereses, moviendo cielo y tierra; esta es la actitud de alguien que ama la verdad y las cosas positivas, alguien que se responsabiliza. Si no tenéis esta actitud, sois unos simples descuidados con las cosas de que os ocupáis, y pensáis: “Haré las cosas dentro del ámbito de mi deber, pero no me importa nada más. Si me preguntas algo, te responderé si estoy de buen humor. De lo contrario, no lo haré. Esta es mi actitud”, este es el tipo de carácter que tenéis. ¿Protege una persona una causa justa al proteger su posición, reputación y autoestima y las cosas relacionadas con sus intereses? ¿Protege las cosas positivas? Estas motivaciones mezquinas y egoístas constituyen un carácter de odio por la verdad. La mayoría soléis expresar esta clase de conductas, y en cuanto os topáis con algo relacionado con los intereses de la familia de Dios, mentís diciendo: “No lo vi… No sé… No me he enterado…”. En definitiva, tanto si realmente no sabes algo como si finges no saberlo, demuestras un carácter determinado.

Extracto de ‘El conocimiento del propio carácter es la base de su transformación’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

La mayoría de las personas desean buscar y practicar la verdad, pero gran parte del tiempo simplemente tienen la determinación y el deseo de hacerlo; no poseen la vida de la verdad en su interior. Como resultado, cuando se topan con las fuerzas del mal o se encuentran con personas malvadas y malas que cometen actos malvados o con falsos líderes y anticristos que hacen las cosas de una forma que viola los principios —y provocan que la obra de la casa de Dios sufra pérdidas y dañe a los escogidos de Dios— las personas pierden el coraje de plantarse y decir lo que piensan. ¿Qué significa cuando no tenéis coraje? ¿Significa que sois tímidos o poco elocuentes? ¿O que no tenéis un entendimiento profundo y, por tanto, no tenéis la confianza necesaria para decir lo que pensáis? Nada de esto; lo que pasa es que estáis siendo controlados por diversos tipos de actitudes corruptas. Una de estas actitudes es la astucia. Pensáis primero en vosotros mismos y pensáis: “Si digo lo que pienso, ¿cómo va a beneficiarme? Si digo lo que pienso y provoco que alguien se disguste, ¿cómo nos llevaremos bien en el futuro?”. Esta es una mentalidad astuta, ¿cierto? ¿No es esto resultado de un carácter astuto? Otra es una actitud egoísta y mezquina. Piensas: “¿Qué tiene que ver conmigo una pérdida para los intereses de la casa de Dios? ¿Por qué debería importarme? No tiene nada que ver conmigo. Aunque lo vea y oiga, no tengo que hacer nada. No es mi responsabilidad, no soy líder”. En tu interior se encuentran esas cosas, como si hubieran surgido de tu mente inconsciente y ocuparan posiciones permanentes en tu corazón; son las corruptas actitudes satánicas del hombre. Estas actitudes corruptas controlan tus pensamientos, te atan de pies y manos y controlan tu boca. Cuando quieres decir algo de corazón, las palabras llegan a tus labios, pero no las dices o, si hablas, lo haces con rodeos, con un margen de maniobra: no hablas claro en absoluto. Los demás no sienten nada cuando te oyen y lo que has dicho no ha resuelto el problema. Piensas para tus adentros: “Bueno, he hablado. Tengo la conciencia tranquila. He cumplido con mi responsabilidad”. En realidad, dentro de ti sabes que no has dicho todo lo que debías, que lo que has dicho no ha hecho efecto y que se mantiene el perjuicio a la obra de la casa de Dios. No has cumplido con tu responsabilidad, pero dices abiertamente que has cumplido con ella o que no tenías claro lo que estaba sucediendo. ¿No estás, entonces, completamente controlado por tus corruptas actitudes satánicas? Aunque lo que piensas en tu interior y las cosas que crees correctas son algo positivo y están de acuerdo con la verdad, no eres dueño de tu boca y lo que dices nunca coincide con lo que hay en tu interior. Siempre has de procesar tus palabras a través de tu mente y tus pensamientos antes de pronunciarlas en voz alta. Los demás no pueden adivinar el significado subyacente a ellas y tú te sientes muy satisfecho contigo mismo. No te importa realmente si el trabajo está hecho o no; esta es tu mentalidad. Tu carácter satánico corrupto está controlándote; ni siquiera eres dueño de tu propia boca. Aun si quieres expresar palabras honestas, eres incapaz de decirlas y tienes miedo de hacerlo. No puedes realizar ni una diezmilésima parte de las cosas que debes hacer, de las cosas que debes decir y de la responsabilidad que debes asumir; tus manos y tus pies están atados por tu carácter satánico corrupto. Tú no estás al mando en absoluto. Tu carácter satánico corrupto te dice cómo hablar y, por tanto, hablas de esa manera; te dice qué hacer, y así lo haces. Dentro de ti, piensas: “Esta vez voy a esforzarme y a orar a Dios. Tengo que plantarme y reprender a los que interrumpan el trabajo de la casa de Dios, a los irresponsables en el deber. Debo asumir esta responsabilidad”. Por ello, con gran dificultad, te armas de valor y hablas. Consecuentemente, en el momento en que la otra persona pierde los estribos, te sientes paralizado y te acobardas. ¿Estás realmente al mando? ¿De qué te ha servido el valor? ¿De qué tu determinación y tu firmeza? De nada. Seguramente todos os habéis encontrado en situaciones similares muchas veces y al final todos pedís clemencia, diciendo: “Se acabó. No amo la verdad, al parecer he sido eliminado y soy incapaz de buscar la verdad”. Cierto que no amas la verdad, pero ¿la buscas? No la buscas, y ni mucho menos la practicas, pero sigues orando, fortaleciendo tu determinación, tomas decisiones y haces juramentos. Y ¿qué resultado ha dado todo esto? Sigues siendo una persona complaciente: “No voy a provocar a nadie y no voy a ofender a nadie. Si algo no es de mi incumbencia, me mantendré alejado del asunto; no diré nada sobre las cosas que no tienen que ver conmigo, y no haré excepciones. Si algo resulta perjudicial para mis intereses, para mi orgullo o para mi amor propio, no le prestaré atención y lo enfrentaré todo con precaución; no debo actuar precipitadamente. El clavo que sobresale es el primero en ser golpeado ¡y no soy tan estúpido!”. Estás totalmente bajo el control de tus actitudes corruptas de maldad, astucia, dureza y rechazo hacia la verdad. Están haciendo que choques contra el piso y se han vuelto más difíciles de soportar para ti que el aro dorado que llevaba puesto el rey Mono. ¡Vivir bajo el control de un carácter corrupto es sumamente agotador e insoportable! Decidme, si no buscáis la verdad, ¿es fácil despojaros de vuestra corrupción? ¿Puede resolverse este problema? Os digo que si no buscáis la verdad y estáis confundidos en la fe, de nada os servirá escuchar sermones durante muchos años, y si os aferráis a este camino hasta el final, en el mejor de los casos seréis unos farsantes religiosos y unos fariseos, y ese será el fin. Si sois aún peores, puede darse la circunstancia de que caigáis en la tentación, y perderéis vuestro deber y traicionaréis a Dios. Habrás caído. ¡Siempre estarás al borde del precipicio! Ahora mismo no hay nada más importante que buscar la verdad. No sirve de nada buscar otra cosa.

Extracto de ‘Solo quienes practican la verdad temen a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

La mayoría de la gente se vuelve arrogante cuando desarrolla un poco de talento y, cuando tiene una facultad concreta para algo, se cree extraordinaria y se duerme en los laureles. No hace caso de nada de lo que le digan porque se cree inigualable en ese aspecto. ¿Qué carácter es este? Arrogancia e irracionalidad. Supón que alguien se dispone a cumplir con el deber y otra persona le ofrece un plan para ello. En ese momento responde muy favorablemente y toma nota, pero luego lo olvida en cuanto se da la vuelta y lo arrincona en su mente sin intención alguna de llevarlo a cabo. ¿Qué actitud y qué carácter son estos? Un carácter arrogante y santurrón. ¿Hay rigidez aquí? Hay algo de rigidez y arrogancia dentro de cada cual. Cuando alguien oye que otra persona dice algo correcto y razonable, si lo enfoca con la racionalidad de una humanidad normal, siente que debe aceptar la sugerencia. ¿Significa eso necesariamente que sabrá ponerlo en práctica? ¿Qué actitud y temperamento necesita para ello? En primer lugar, es preciso que renuncie a sus imaginaciones, juicios o malentendidos previos y, después, que seleccione las cosas correctas, las escrute y medite detenidamente, que sea capaz de alinearse con ellas y las ponga en práctica. Esta no es una actitud arrogante, sino algo así como una actitud concienzuda y responsable. Es una actitud de aceptación de la verdad, de amor por las cosas positivas. Puede que entonces le parezca bien la sugerencia del otro y, por querer mantener la compostura o algo de comprensión en ese momento, la acepte. Luego, cuando está trabajando, si solo hace lo que tiene que hacer, lo que quiere, y deja de lado esa sugerencia, ¿se trata de una actitud de práctica de la verdad? Esta actitud es repugnante. A primera vista, asiente con la cabeza y lo acepta, incluso con entusiasmo, diciendo: “Déjamelo a mí. No te preocupes de nada, te prometo que me ocuparé de ello. ¿No confías en mí? ¿No sabes qué clase de persona soy?”. Parece tener gran credibilidad e integridad, hasta que llega el momento de ocuparse de los asuntos, que es cuando cambia de actitud y salen a la luz sus ideas: “Esto es lo que pienso y, como yo lo veo así, está bien, así que lo haré a mi manera”. No se acuerda de lo que le dijo la otra persona, no lo pone en práctica, sino que se limita a arrinconarlo en su mente. Esto es arrogancia y rebeldía, no aceptar la verdad y dejar prevalecer su propia obstinación. Sus ideas y puntos de vista toman las riendas y arrincona en su mente el principio-verdad, las cosas positivas y las palabras de Dios.

Algunos son muy agradables ante los demás en el deber, pero luego, a decir verdad, no hacen así las cosas porque piensan: “Es muy engorroso y agotador ocuparse de los asuntos de acuerdo con los principios. Es realmente lento y requiere mucho debate. Lo haré así para ahorrarme trabajo. Aunque no estén de acuerdo, todos tendrán que hacerlo a mi manera. ¡Se hace lo que yo diga!”. ¿Qué actitud es esta? Astucia. Cuando se muestran de acuerdo con algo en su momento, parecen sinceros, fieles, inocentes y piadosos, y, además, aparentan ser capaces de aceptar las sugerencias ajenas y la verdad. Sin embargo, eso cambia cuando les llega el momento de hacer el trabajo. ¿A qué se debe el cambio? ¿Por qué cambian radicalmente de actitud? ¿Cuál es la causa? Les parece demasiado sufrimiento carnal, demasiada molestia. Se vuelven renuentes, se desmotivan. No les importa en absoluto lo que prometieran o acordaran hacer en su momento ni si se están ocupando de los asuntos de acuerdo con los principios-verdad. La satisfacción de la carne se convierte en algo fundamental, ocupa el primer lugar. Ponen las comisiones de Dios justo al final de la cola, no se las toman en serio. ¿Son personas que asumen la responsabilidad? ¿Son gente con credibilidad? ¿Son de los que aman la verdad? También los hay que le aseguran a otra persona a la cara que pueden hacer la tarea bien con el fin de darle plena tranquilidad; le dicen que recuerdan los principios necesarios para ocuparse de esa tarea. Sin embargo, surgen problemas en cuanto empiezan a trabajar en ella. Desde el principio, piensan: “Si lo hago así, sufriré alguna pérdida, mi orgullo quedará herido y me despreciarán. Se cuestionarán mi vanidad, mi autoestima, mi estatus y mi dignidad, y si quiero hacer bien esta tarea, tendré que esmerarme mucho en ella y darle muchas vueltas. Es posible que ni siquiera pueda dormir ni comer bien durante varios días. Esta vez debo esforzarme, ponerle mucho empeño. He de apretar los dientes y pasar por ello. Tengo que hacerlo de acuerdo con los principios-verdad, hacer oídos sordos a mi orgullo y mi reputación y defender los intereses de la casa de Dios en primer lugar”. Se miran al espejo un par de días después, y piensan: “¡Qué pinta de demacrado! Los dos últimos días han sido tan agotadores que he perdido peso. No puedo seguir así porque, si lo hago, fracasaré. Tengo que encontrar un atajo. Puede que todavía lo lleve a cabo, pero no voy a sufrir en el intento. Al final podré arreglármelas y salir del paso”. A partir de ese momento dejan de esforzarse y renuncian a tratar de proteger los intereses de la casa de Dios. Piensan: “Me adaptaré a las circunstancias. Mientras no corran peligro mis intereses, bien”. Cambian de actitud, ¿verdad? ¿Son, no obstante, devotos? (No). ¿Son, no obstante, capaces de darlo todo en el deber? ¿De esforzarse al máximo? Se revela el amor propio que tienen en el corazón. Si sus intereses se ven amenazados, se retiran. Por muy acertada que sepan que es la verdad, para ellos es más importante salvar el pellejo para evitar el sufrimiento. Nada puede imponerse a sus intereses. En el momento en que aparece algo que podría amenazar sus intereses, se dan por vencidos; esta es, para ellos, la pauta más elevada para ser persona. ¿Es esta una actitud responsable? ¿No es tomar la senda equivocada? ¿No van a hacer cosas malas? A los demás les parece que trabajan día y noche para terminar el trabajo y que lo hacen bien. ¿Qué le parece a Dios? ¿Recuerda Dios esta clase de conducta? ¿Escruta Dios el corazón y la mente de las personas? (Sí). ¿Y qué descubre Dios con este escrutinio? Descubre que hay quienes tratan de negociar en el deber, que el corazón de las personas es embustero e inicuo, que aquellas anhelan los intereses de la carne, que no aman la verdad, sino que están hartas de ella. ¿Percibe la propia gente estas cosas? (No). ¿Por qué no? Las cosas que alberga en su interior y de las que depende su supervivencia son las actitudes corruptas de Satanás y su esencia es la esencia de Satanás. La gente depende de estas cosas en la vida y para ella se vuelve natural la defensa de su reputación, de su estatus, de su dignidad y de sus intereses carnales. Le resulta muy arduo, muy agotador, por tanto, conseguir que practique la verdad, que se ocupe de los asuntos de acuerdo con las exigencias de Dios y los principios-verdad, que defienda los intereses de la casa de Dios, que lo obedezca y siga totalmente Sus palabras, que actúe según Su voluntad y según los requisitos y criterios de la verdad.

Extracto de ‘El conocimiento del propio carácter es la base de su transformación’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

En el cumplimiento de tu deber, si descubres un problema, debes resolverlo; los problemas no resueltos se mantienen en el tiempo y empeoran. ¿Qué quiero decir con que empeoran? Me refiero a que, si no resuelves tu problema, entonces afectará tu estado y también a otras personas. A medida que pase el tiempo, tu problema impedirá que cumplas bien con tu deber, que entiendas la verdad y te presentes ante Dios. Todos estos son problemas, ¿verdad? Es un problema serio, no uno menor. Las quejas de una persona, el resentimiento, los conceptos erróneos sobre Dios, los malentendidos con respecto a la familia de Dios, los prejuicios sobre los demás y el distanciamiento de la gente; con el tiempo, a medida que estas cosas se acumulan y se desarrollan más en el interior, ¿cuáles son sus consecuencias? ¿Te llevan a la senda de entrar en la realidad-verdad o a la senda de los hombres malvados? En esa senda, ¿mejorarás o empeorarás cada vez más? (Empeorarás). ¿Cuánto? Cuando estas cosas se acumulan dentro de la gente durante un largo período de tiempo, su fe desaparece poco a poco; una vez desaparece su supuesta fe, también lo hace su entusiasmo. Si desaparece su entusiasmo, ¿acaso no les queda cada vez menos energía y fuerza de voluntad para cumplir con su deber? Se vuelven incapaces de sentir el gozo de creer en Dios, no pueden sentir Sus bendiciones mientras cumplen con su deber. Así, les resulta imposible hallar su fuerza interior, están llenos de quejas, negatividad, nociones y conceptos erróneos, y controlados por estos. Cuando viven dentro de estas cosas y están envueltos y controlados por ellas, lo único que pueden hacer en el cumplimiento de su deber es esforzarse, con aguante y por inercia. Deben confiar en la perseverancia y el autocontrol en todo lo que hacen. No pueden ver la guía de Dios o Sus bendiciones. Entonces, ¿qué viene después? No importa cómo hagan sus deberes, son incapaces de hallar principios. A medida que avanzan, se confunden cada vez más, no encuentran el camino a seguir y pierden todo entusiasmo por cumplir con su deber.

Extracto de ‘Para tener semejanza humana has de cumplir con tu deber adecuadamente, con todo tu corazón, mente y alma’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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