¿Cuál es la diferencia entre el trigo y la cizaña?

Las palabras relevantes de Dios:

Como Yo he dicho, Satanás ha enviado a los que rinden servicio para Mí con el fin de interrumpir Mi gestión. Estos hacedores de servicio son cizañas, pero el trigo no se refiere a los hijos primogénitos, sino más bien a todos los hijos y al pueblo que no son hijos primogénitos. “El trigo siempre será trigo y la cizaña siempre será cizaña”; esto significa que la naturaleza de los de Satanás nunca puede cambiar. Por tanto, en resumen, se quedan como Satanás. El trigo significa los hijos y el pueblo, porque antes de la creación del mundo Yo añadí Mi calidad a estas personas. Como Yo he dicho antes que la naturaleza del hombre no cambia, el trigo siempre será trigo.

de ‘Capítulo 113’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”

No importa cómo sean probados, la lealtad de los que tienen a Dios en su corazón se mantiene sin cambios; pero para los que no tienen a Dios en su corazón, una vez que la obra de Dios no sea favorable para su carne, cambian su opinión de Dios y hasta se apartan de Dios. Así son los que no se mantendrán firmes al final, que sólo buscan las bendiciones de Dios y no tienen el deseo de consumirse por Dios y dedicarse a Él. Todas estas personas tan viles serán expulsadas cuando la obra de Dios llegue a su fin y no son dignas de ninguna simpatía. Los que no tienen una humanidad no pueden amar verdaderamente a Dios. Cuando el ambiente es seguro y fiable, o pueden obtener ganancias, son completamente obedientes a Dios, pero cuando lo que desean está comprometido o finalmente se les niega, de inmediato se rebelan. Incluso, en el espacio de sólo una noche, pueden pasar de ser una persona sonriente y “de buen corazón” a un asesino de aspecto espantoso y feroz, tratando de repente a su benefactor de ayer como su enemigo mortal, sin ton ni son. Si estos demonios no son desechados, demonios que matarían sin pensarlo dos veces, ¿no se convertirían en la fuente de más sufrimiento? […] Los que verdaderamente siguen a Dios pueden resistir la evaluación de su obra, mientras que los que no siguen a Dios realmente no pueden resistir ninguna de las pruebas de Dios. Tarde o temprano serán expulsados, mientras que los victoriosos permanecerán en el reino. Que el hombre verdaderamente busque a Dios o no lo determina la evaluación de su obra, es decir, las pruebas de Dios, y no tiene nada que ver con la decisión del hombre mismo. Dios no rechaza a ninguna persona a capricho; todo lo que Él hace es para que el hombre pueda ser completamente convencido. No hace nada que sea invisible para el hombre o ninguna obra que no pueda convencer al hombre. Sea la creencia del hombre verdadera o no, los hechos lo prueban y no lo puede decidir el hombre. Sin duda, “el trigo no se puede hacer cizaña y la cizaña no se puede hacer trigo”. Todos los que verdaderamente aman a Dios al final permanecerán en el reino y Dios no maltratará a ninguno que verdaderamente lo ame.

de ‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cualquiera que verbalmente reconoce al Dios encarnado pero no puede practicar la verdad de la obediencia al Dios encarnado, finalmente será eliminado y destruido; y cualquiera que verbalmente reconoce al Dios visible, y también come y bebe de la verdad que expresa el Dios visible, pero busca al Dios ambiguo e invisible será destruido todavía más en el futuro. Ninguna de estas personas puede permanecer hasta el tiempo del reposo después de que haya terminado la obra de Dios; no puede haber nadie como estas personas que permanezca hasta el tiempo del reposo. Las personas demoniacas son las que no practican la verdad; su esencia es la de resistir y ser desobedientes a Dios y no tienen la más mínima intención de obedecer a Dios. Tales personas van a ser destruidas. Si tienes la verdad o si resistes a Dios se determina de acuerdo a tu esencia, no de acuerdo a tu apariencia o tu discurso y conducta ocasionales. La esencia de cada persona decide si será destruida; esto se determina de acuerdo con la esencia que revela su conducta y su búsqueda de la verdad. Entre las personas que obran del mismo modo y hacen cantidades similares de obras, aquellas cuyas esencias humanas sean buenas y que posean la verdad son las personas que pueden permanecer, pero aquellas cuyas esencias humanas sean malas y desobedezcan al Dios visible son las que van a ser destruidas. Cualquiera de las palabras o la obra de Dios dirigidas al destino de la humanidad trata correctamente con la humanidad de acuerdo a la esencia de cada persona; no va a haber accidentes y seguramente no va a haber el más ligero error. Sólo cuando una persona lleva a cabo obras es que han de mezclarse la emoción o el significado humanos. La obra que Dios hace es la más conveniente; Él definitivamente no va a presentar afirmaciones falsas contra ninguna criatura. Ahora bien, hay muchas personas que son incapaces de percibir el destino futuro de la humanidad y que tampoco creen las palabras que Yo hablo; todos los que no creen, junto con los que no practican la verdad, ¡son demonios!

Los que buscan y los que no buscan son ahora dos clases diferentes de personas y son dos clases de personas con dos destinos diferentes. Los que buscan el conocimiento de la verdad y practican la verdad son las personas a quienes Dios va a salvar. Los que no conocen el camino verdadero son demonios y enemigos; son los descendientes del arcángel y van a ser destruidos.

de ‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”

Fragmentos de sermones y comunicaciones para referencia:

Las principales manifestaciones que se revelan en aquellos que alcanzan la salvación son las siguientes: Son capaces de someterse a la obra de Dios, independientemente de las preferencias personales; siguen a Dios sin importar a dónde los lleve, ya sea en medio de las pruebas de los hacedores de servicio, la muerte, los tiempos de castigo o la gran tribulación; en nada de eso trataron de salir del paso o fueron hipócritas. Cuando han experimentado dificultades y frustraciones, estas personas no han abandonado el camino verdadero y, hasta el día de hoy, todavía se someten a los arreglos de Dios y llevan a cabo los deberes que deberían realizar. Esta es una persona obediente que se somete y que, ciertamente, será salvada por Dios al final. Así es una persona que auténticamente quiere a Dios: lo seguirá hasta el final aun cuando signifique ponerse en peligro. “Pase lo que pase, no me alejaré de Dios. Puedo abandonar la felicidad de mi familia y puedo desechar a mi esposa, a mis hijos o a mi esposo. En tanto que pueda entregarme a Dios, está bien”. Esta es la clara distinción entre las personas que serán salvas y las personas que serán eliminadas. En su experiencia de la obra de Dios, los que serán salvos buscan la verdad y se enfocan en la vida, y son ellos los que verdaderamente alcanzan resultados gratificantes y logran el cambio en su carácter de vida en distintos grados. Poseen cada vez menos nociones y desobediencia y gradualmente llegan a manifestar la semejanza de un ser humano. Sus interacciones con otras personas se han vuelto mucho más normales y son menos corruptos. Han hecho avances en la verdad y constantemente buscan tener una claridad más profunda en relación con la verdad. Atesoran la palabra de Dios y tienen sed de ella. Leen la palabra de Dios y hablan acerca de la verdad apropiadamente, enfatizan el conocimiento de sí mismos y el cambio de carácter de una manera más profunda. Independientemente de qué deber cumplan, nunca aflojan el paso en su entrada a la vida. Se puede decir que están en el camino correcto de la fe y que Dios no tiene que preocuparse mucho por ellas. Son personas con quienes Dios está relativamente satisfecho. Esta es otra distinción entre las personas que serán salvas y las personas que serán eliminadas. Los que serán salvos se entregan a Dios lo mejor que pueden y hacen todo aquello para lo que son idóneos. Toman la iniciativa con entusiasmo y no son ni holgazanes ni flojos y nada de su obra ha sido superficial o descuidada. Ponen todo su corazón y su fuerza en cualquier tarea que esté frente a ellas, tomándola en serio y trabajando con otros que son capaces de considerar el beneficio para la casa de Dios. Se enfocan en el efecto de la obra, muestran consideración hacia la voluntad de Dios y tratan de cumplir las exigencias de Dios. Al cumplir sus deberes, estas personas no tienen motivos egoístas, no conspiran a su favor ni se preocupan por las ganancias o pérdidas individuales. Pueden dejar de lado los placeres de la carne y cualquier beneficio para su familia y están dispuestas a sufrir adversidades físicas, si es necesario. Para ellas, cumplir bien su deber es lo primero, así como difundir el evangelio para salvar a las personas y expandir la obra del evangelio de Dios. Este es su lema. La habilidad para cumplir lealmente su deber es la prueba de que una persona tiene conciencia y razón. Aún más loable es su capacidad de mostrar consideración hacia la voluntad de Dios y su disposición a sufrir adversidades para consolar el corazón de Dios. Como estas personas aman la verdad y buscan la vida, siempre tienen al Espíritu Santo obrando en ellas. Tienen el esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo cuando comunican la palabra de Dios y son capaces de aceptar la verdad. Por tanto, su corazón está cada vez más animado, cumplen su deber cada vez con más energía, su estado mejora cada vez más y sus relaciones con otros hermanos y hermanas son cada vez más normales. Pueden amarse los unos a los otros, pero también pueden establecer límites claros entre ellos y quienes han sido expuestos como personas que no aman a Dios y que no cumplen sus deberes, y saben tratar a esas personas sabiamente. En particular, ven al mundo y a los incrédulos con absoluta claridad; los odian totalmente y se hartan absolutamente cuando entran en contacto con ellos. Sólo desean interactuar con otros hermanos y hermanas. A sus ojos, sólo los hermanos y hermanas son su familia y sienten que no podrían seguir viviendo si se separaran de la familia de Dios, que sería mejor morir que no vivir para Dios. Estas personas son honestas y rectas por naturaleza, así que, si Dios odia algo, abandonarán ese algo y harán como Dios demanda, siempre y cuando Dios esté satisfecho. Tienen respeto por sí mismas y, en su corazón están ansiosas de sobresalir y tener determinación. Están dispuestas a prestar servicio para Dios y consideran que ser leales hacedores de servicio es su propia alabanza. Se esfuerzan por satisfacer a Dios y aun si sólo prestan servicio, lo harán hasta el final, hasta su último aliento. Creen que buscar las bendiciones es algo verdaderamente despreciable, que tener anhelos privados es vulgar y que están obligados a ser hacedores de servicio apropiados y rectos. Dios es glorificado a través de estas personas. Aunque existe cierta desobediencia y corrupción en ellas, aman la verdad y buscan la justicia. No les tienen miedo a las dificultades, siempre perseveran en el cumplimiento de su deber y, al final, obtienen la bendición de Dios. Vemos que los resultados de la obra de Dios en ellas son especialmente evidentes. Su carácter de vida ha cambiado en distintos grados, y su perspectiva sobre la vida, su pensamiento, su estilo de vida y sus puntos de vista sobre las cosas, todo ello pasa por cambios importantes y, en cierta medida, se vuelven personas nuevas. Estas personas que serán salvas han pasado por el valle de sombra de la muerte y han visto la primera luz del amanecer, como si hubieran sido levantados de entre los muertos. A medida que el fin se acerca, su vitalidad aumenta e irradian la frescura de la juventud. Al seguir a Dios, permanecen firmes en su testimonio. Este es precisamente el grupo de personas a quienes Dios ha ordenado recibir Su gran salvación hoy.

Ahora, veamos los comportamientos de esas personas malvadas que han sido expuestas. Desilusionan terriblemente a las personas y les hacen sentir miedo, y son el epítome del dicho “Es más fácil cambiar montañas y ríos que alterar la propia naturaleza”. Aunque en el pasado han trabajado o prestado servicio en la familia de Dios, finalmente, cuando Dios las expuso, recayeron y mostraron su verdadera naturaleza. Entraron a escondidas esperando ganar bendiciones, pero, finalmente, murieron en una derrota destructiva y vergonzosa. No aman la verdad en absoluto y no están interesadas en la obra de Dios. Nunca han tomado en serio leer la palabra de Dios. Es más difícil para ellas leer la palabra de Dios que tomar medicina, y, menos aún, quieren comunicar acerca de la verdad. Esta es su característica principal. Para ellas, entender la verdad y buscar la verdad son cosas que están fuera de discusión, y, ya no digamos, conocerse a sí mismas. Son no creyentes; son cizaña sembrada por Satanás. En esencia, no tienen vida de la cual hablar. Cuando entraron a la Iglesia, no tenían buenas intenciones. Las manifestaciones principales de estas personas son: Nunca quieren dedicar nada y siempre quieren obtener ventajas y beneficios. Utilizan diversas oportunidades para lucrar. Si no fuera para sacar ventaja, no se levantarían temprano. Son personas que sólo buscan tener ganancias y no cumplen su deber alegre o voluntariamente. Su carácter es diabólico y no tienen en absoluto un corazón compasivo ni sienten empatía por los demás. Son asquerosamente avaras e insaciables. Se aprovechan de cualquiera que las beneficie y les dé una ventaja y hacen que esa persona les preste servicio. Siempre dicen mentiras. Lo que digan contiene mentiras o impurezas. Nada de lo que dicen es preciso, así que nunca sabes cuándo están diciendo la verdad y cuándo están mintiendo. Hacen todo furtivamente y no hacen nada que sea justo y honorable. Nunca abrirían su corazón ni dirían algo honesto a los demás excepto cuando están a punto de morir y derraman algunas lágrimas frente al ataúd. Lo que más sale de su boca es una plática mezquina acerca de otras personas, chismes y críticas, palabras que siembran disensión y palabras de culpa, así como palabras que insultan a otros. Lo que más aman es la adulación de las otras personas y que las adoren y les encanta cuando otras personas giran en torno a ellas. Ansían ser la reina o el poder más elevado en quien todos esperan. Cuando les está yendo bien y están teniendo buena suerte, se pueden tragar su orgullo y fingir ser buenas personas durante un tiempo. Sin embargo, cuando sufren una derrota y son abandonadas por Dios, inmediatamente muestran su verdadera naturaleza y exclaman de inmediato que ha habido abuso, expresan enormes quejas y se vuelven demonios. Después son capaces de hacer cualquier cosa. Como una plaga que se extiende a lo largo y ancho, esparcen veneno por todos lados y propagan rumores para engañar a las personas. Todas esas personas malvadas que cometen todo tipo de actos malvados son iguales en su naturaleza, aunque sus comportamientos puedan diferir. Todas tienen la misma condición psicológica; sólo varían en lo severo de su maldad que se expresa. Este tipo de persona se puede encontrar en todos los lugares y es fácil identificarla. Se puede explicar así: Todas las personas que buscan las ventajas personales en vez de basar sus acciones en la verdad son personas malvadas; todas las que no buscan la vida y no tienen el más mínimo conocimiento de sí mismas son personas malvadas; todas las que no hacen contribuciones aunque tengan dinero y no están dispuestas a hacer su deber son personas malvadas; todas las que son descuidadas al llevar a cabo su deber, yendo tan lejos como para actuar obstinadamente, son personas malvadas; todas las que compiten por una posición, perturban la vida de la iglesia y no obedecen a nadie son personas malvadas; todas las que actúan de acuerdo con su propia voluntad, que actúan impúdicamente, que no escuchan a nadie más son personas malvadas; todas las que oyen la voz de Dios y no sienten temor y ni siquiera se arrepienten, son personas malvadas; aquellas de carácter fiero y brutal, que tratan cruelmente a las personas, que atacan a las personas a diestra y siniestra con un lenguaje abusivo, que no cambian sus opiniones en lo absoluto, son aún más culpables de los pecados más atroces. Todos aquellos que recaen, que regresan a su verdadera naturaleza son igual que los incrédulos, y todos son demonios que muestran quiénes son realmente. Hace mucho que el Espíritu Santo ha dejado a estas personas. Dios ya las ha entregado a Satanás y no pertenecen a la familia de Dios.

de La comunión de los de arriba

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