3. Por qué se dice que todos los que no conocen a Dios se oponen a Él

Las palabras relevantes de Dios:

Desde que las personas empezaron a transitar por la senda correcta de la creencia en Dios, existen muchas cosas que todavía no les han quedado claras. Siguen encontrándose completamente confusos respecto a la obra de Dios, y sobre gran parte de la obra que deberían realizar. Esto se debe, por una parte, a la desviación en su experiencia y a las limitaciones de su capacidad de recibir; por la otra, la razón es que la obra de Dios no los ha llevado aún a esta fase. Por tanto, todos son ambiguos en lo que concierne a la mayoría de los asuntos espirituales. No solo no tenéis claro dónde deberíais entrar, sino que aún sois más ignorantes de la obra de Dios. Esto es más que un simple asunto de deficiencias que existen en vosotros: es un gran defecto común para todos aquellos en el mundo religioso. Aquí radica la clave de por qué las personas no conocen a Dios y, por lo tanto, esta imperfección es un defecto común que comparten todos aquellos que lo buscan. Ni una sola persona ha conocido nunca a Dios ni ha visto Su verdadero rostro. Por ello, la obra de Dios se convierte en algo tan arduo como mover un monte o secar el mar. Tantos han sacrificado su vida por la obra de Dios; tantos han sido repudiados a causa de Su obra; tantos han sido atormentados hasta la muerte por Su obra; tantos han muerto injustamente, con lágrimas en los ojos, por amor a Dios; muchos se han encontrado con la persecución cruel e inhumana… ¿No se deben todas estas tragedias a la falta de conocimiento que tienen las personas sobre Dios? ¿Cómo podría alguien que no conoce a Dios tener la desfachatez de venir delante de Él? ¿Cómo podría tener la desvergüenza de presentarse ante Él alguien que cree en Dios y, aun así, le persigue? Esto no es lo único inadecuado de aquellos que se encuentran dentro del mundo religioso, sino que son más bien comunes entre vosotros y ellos. Las personas creen en Dios sin conocerle; solo por esta razón, no lo veneran en su corazón ni le temen. Están incluso aquellos que, abiertamente y con descaro, realizan la obra que ellos mismos imaginan dentro de esta corriente y abordan la obra encomendada por Dios según sus propias exigencias y deseos desenfrenados. Muchos actúan en un arrebato, sin sentir estima por Dios, y siguiendo su propia voluntad. ¿No son estos ejemplos perfectas manifestaciones de los corazones egoístas de las personas? ¿Acaso no manifiestan el sobreabundante elemento de engaño dentro de las personas? Las personas pueden ser, en realidad, supremamente inteligentes, ¿pero cómo pueden sus dones ocupar el lugar de la obra de Dios? Pueden interesarse de verdad por la carga de Dios, pero no pueden actuar con tanto egoísmo. ¿Son los actos de los seres humanos realmente divinos? ¿Puede alguien estar seguro al cien por cien? Dar testimonio de Dios, heredar Su gloria, se debe a que Dios hace una excepción y eleva a las personas; ¿cómo podrían ser merecedoras de ello? La obra de Dios no ha hecho más que empezar y Sus palabras apenas han comenzado a pronunciarse. A estas alturas, los hombres se sienten bien consigo mismos; pero ¿acaso no es esto simplemente incitarse a la humillación? Entienden demasiado poco. Ni el teórico más dotado ni el orador más elocuente pueden describir toda la abundancia de Dios; ¿cuánto menos vosotros entonces? No deberías elevar vuestro propio mérito más alto que los cielos, sino veros más bien a vosotros mismos como algo más bajo que esas personas racionales que buscan amar a Dios. Esta es la senda por la que habéis de entrar: consideraos a vosotros mismos bastante más bajos que todos los demás. ¿Por qué os veis en tal alta estima, en tan gran consideración? En el largo viaje de la vida solo habéis dado los primeros pasos. Lo único que veis es el brazo de Dios, no Su totalidad. Os corresponde ver más de Su obra, descubrir más de aquello a lo que deberíais entrar, porque habéis cambiado demasiado poco.

Extracto de ‘La obra y la entrada (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Comprender el propósito de la obra de Dios, el efecto que Su obra logra en el hombre y cuál es exactamente Su voluntad para el hombre, esto es lo que cada persona que sigue a Dios debería lograr. Hoy en día lo que les falta a todas las personas es el conocimiento de la obra de Dios. El hombre no comprende ni entiende los hechos de Dios que ha obrado en las personas, toda Su obra ni cuál es exactamente Su voluntad para el hombre, desde la creación del mundo hasta el presente. No solo se ve esta deficiencia por todo del mundo religioso, sino además en todos los que creen en Dios. Cuando llegue el día en que contemples verdaderamente a Dios, cuando verdaderamente aprecies Su sabiduría, cuando contemples todos los hechos de Dios, cuando reconozcas lo que Dios tiene y es, cuando hayas visto Su abundancia, sabiduría, maravilla y todo lo que ha obrado en las personas, entonces habrás alcanzado el éxito en tu fe en Dios. Cuando se dice que Dios lo engloba todo y es abundante en gran manera, ¿de qué manera exactamente lo engloba todo y de qué forma es abundante en gran manera? Si no entiendes esto, entonces no se puede considerar que creas en Dios. ¿Por qué digo que los del mundo religioso no son creyentes en Dios sino hacedores de maldad, que son de la misma calaña que el diablo? Cuando digo que son hacedores de maldad, es porque no entienden la voluntad de Dios ni pueden ver Su sabiduría. Dios nunca les revela Su obra. Son ciegos; no ven los hechos de Dios. Han sido abandonados por Él y carecen completamente de Su cuidado y Su protección, por no mencionar la obra del Espíritu Santo. Los que no tienen la obra de Dios son todos hacedores de maldad y enemigos de Dios. La oposición a Dios de la que hablo se refiere a los que no lo conocen, los que lo reconocen con los labios, pero no lo conocen, los que siguen a Dios, pero no le obedecen y los que se deleitan en la gracia de Dios, pero no pueden ser testigos Suyos. Sin un entendimiento del propósito de la obra de Dios o de la obra que Dios hace en el hombre, este no puede ser conforme a la voluntad de Dios, y no puede ser testigo Suyo. La razón por la que el hombre se opone a Dios surge, por un lado, de su carácter corrupto y, por otro, de la ignorancia de Él y la falta de entendimiento de los principios por los que Dios obra y de Su voluntad para el hombre. Estos dos aspectos, considerados en conjunto, constituyen una historia de la resistencia del hombre a Dios. Los nuevos en la fe se oponen a Dios porque tal oposición reside en su naturaleza, mientras que la oposición a Dios de aquellos con muchos años en la fe resulta de su ignorancia de Él, además de su carácter corrupto. En la época anterior a que Dios se hiciera carne, la medida de si un hombre se oponía a Dios se basaba en si guardaba los decretos establecidos por Dios en el cielo. Por ejemplo, en la Era de la Ley, cualquiera que no guardara las leyes de Jehová se consideraba alguien que se oponía a Él; cualquiera que robara las ofrendas a Jehová, o resistiera a los favorecidos por Jehová se consideraba alguien que se oponía a Dios y sería apedreado hasta la muerte; cualquiera que no respetara a su padre y a su madre y cualquiera que golpeara o maldijera a otro se consideraba alguien que no guardaba las leyes. Y todos los que no guardaran las leyes de Jehová eran considerados los que se levantaban contra Él. Esto ya no era así en la Era de la Gracia, cuando cualquiera que se levantara contra Jesús se consideraba alguien que estaba contra Dios y cualquiera que no obedeciera las palabras pronunciadas por Jesús era considerado como uno que estaba contra Dios. En esta época, la manera en la que se definía la oposición a Dios se hizo más precisa y práctica. En la época en la que Dios no se había hecho carne todavía, la medida de si un hombre se oponía a Él se basaba en si adoraba al Dios invisible en el cielo o no. La manera en que se definía la oposición a Dios en esa época no era tan práctica, porque el hombre no podía ver a Dios ni conocer cómo era Su imagen, ni saber cómo obraba y hablaba. El hombre no tenía nociones acerca de Dios en absoluto y creía en Él con vaguedad, porque Él no se había aparecido al hombre todavía. Por tanto, independientemente de cómo creyese el hombre en Dios en su imaginación, Él no lo condenaba ni le exigía demasiado, porque el hombre era completamente incapaz de ver a Dios. Cuando Dios se hace carne y viene a obrar entre los hombres, todos lo miran y oyen Sus palabras, y todos ven los hechos que Dios obra dentro de Su cuerpo de la carne. En ese momento, todas las nociones del hombre se convierten en espuma. En cuanto a aquellos que han visto a Dios aparecer en la carne, no serán condenados si lo obedecen de buen grado, mientras que los que están contra Él intencionadamente se considerarán oponentes de Dios. Tales personas son anticristos y enemigos que están deliberadamente contra Él. Los que albergan nociones relativas a Dios, pero aun así están preparados y dispuestos a obedecerle, no serán condenados. Él condena al hombre sobre la base de sus propósitos y acciones, nunca por sus pensamientos e ideas. Si Dios condenara al hombre sobre la base de sus pensamientos e ideas, entonces nadie podría escapar de las manos iracundas de Dios. Los que están voluntariamente contra el Dios encarnado serán castigados por su desobediencia. En cuanto a estas personas que se levantan contra Dios deliberadamente, su oposición surge del hecho de que albergan nociones sobre Dios, que a su vez las llevan a actuar de forma que interrumpen la obra de Dios. Estas personas resisten y destruyen la obra de Dios de manera intencionada. No solo tienen nociones sobre Él, sino que también se involucran en actividades que interrumpen Su obra y por esta razón este tipo de personas serán condenadas. Los que no interrumpen deliberadamente la obra de Dios no serán condenados como pecadores, porque son capaces de obedecer de buen grado y no involucrarse en actividades que causen trastornos ni interrupciones. Tales personas no serán condenadas. Sin embargo, cuando las personas han experimentado la obra de Dios durante mucho tiempo, si siguen albergando nociones acerca de Él y siguen siendo incapaces de conocer la obra del Dios encarnado, y, si por muchos años que hayan experimentado Su obra, continúan llenándose de nociones sobre Dios y siguen siendo incapaces de llegar a conocerlo, aunque no se involucren en actividades que causen trastornos, sus corazones están llenos de muchas nociones sobre Dios, e incluso si tales nociones no se hacen evidentes, las personas que son así no son de ninguna ayuda para la obra de Dios. Son incapaces de difundir el evangelio por Dios o dar testimonio de Él. Las personas que son así no sirven para nada y son imbéciles. Como no conocen a Dios y además son incapaces de desechar sus nociones de Él, están condenadas. Puede decirse así: es normal para los nuevos en la fe albergar nociones de Dios o no conocer nada de Él, pero para aquellos que han creído en Dios durante muchos años y experimentado mucho de Su obra, no sería normal que continuaran sosteniendo nociones, y sería aún menos normal que una persona así no tuviese conocimiento de Dios. Debido a que esto no es un estado normal, están condenados. Estas personas son todas basura; son las que más se oponen a Dios y han disfrutado de Su gracia para nada. ¡Todas esas personas serán eliminadas al final!

Extracto de ‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cualquiera que no entienda el propósito de la obra de Dios es alguien que está contra Él, y alguien que ha llegado a entender el propósito de la misma pero que todavía no busca satisfacer a Dios se considera aún más un oponente de Dios. Hay algunos que leen la Biblia en grandes iglesias y la recitan todo el día, pero ninguno de ellos entiende el propósito de la obra de Dios. Ninguno de ellos es capaz de conocer a Dios y mucho menos es conforme a la voluntad de Dios. Son todos personas inútiles y viles, que se ponen en alto para enseñar a Dios. Se oponen deliberadamente a Él mientras llevan Su estandarte. Afirman tener fe en Dios, pero aun así comen la carne y beben la sangre del hombre. Todas esas personas son diablos que devoran el alma del hombre, demonio jefes que estorban a aquellos que tratan de entrar en la senda correcta y obstáculos que amenazan a los que buscan a Dios. Pueden parecer de “buena constitución”, pero ¿cómo van a saber sus seguidores que no son más que anticristos que llevan a la gente a levantarse contra Dios? ¿Cómo van a saber sus seguidores que son diablos vivientes dedicados a devorar a las almas humanas? Los que se tienen en alta estima a sí mismos en presencia de Dios son los más bajos de los hombres, mientras que los que se humillan son los más honorables. Y aquellos que piensan que conocen la obra de Dios y son capaces de proclamarla a otros a bombo y platillo mientras lo miran directamente son los hombres más ignorantes. Tales personas no tienen el testimonio de Dios, son arrogantes y están llenas de soberbia. Los que creen que tienen muy poco conocimiento de Dios a pesar de tener experiencia real y conocimiento práctico de Él, son los más amados por Él. Solo estas personas tienen un testimonio verdadero y son verdaderamente capaces de ser perfeccionadas por Dios. Los que no entienden la voluntad de Dios son Sus oponentes; los que la entienden pero no practican la verdad son Sus oponentes; los que comen y beben las palabras de Dios y aun así van contra su esencia son oponentes de Dios; los que tienen nociones sobre el Dios encarnado y, además, se dedican a rebelarse, son oponentes de Dios; los que juzgan a Dios son Sus oponentes, y cualquiera que sea incapaz de conocer a Dios o dar testimonio de Él es Su oponente. Así pues, os insto: si verdaderamente tenéis fe en que podéis andar por esta senda, entonces continuad siguiéndola. Pero si sois incapaces de absteneros de oponeros a Dios, más vale que os alejéis antes de que sea demasiado tarde. De lo contrario, las probabilidades de que las cosas os vayan mal son extremadamente altas, porque vuestra naturaleza es simplemente demasiado corrupta.

Extracto de ‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Deseáis conocer la raíz de la oposición de los fariseos a Jesús? ¿Deseáis conocer la esencia de los fariseos? Estaban llenos de fantasías sobre el Mesías. Aún más, sólo creían que Él vendría, pero no buscaban la verdad-vida. Por tanto, incluso hoy siguen esperándole, porque no tienen conocimiento del camino de la vida ni saben cuál es la senda de la verdad. Decidme, ¿cómo podrían obtener la bendición de Dios tales personas insensatas, tozudas e ignorantes? ¿Cómo podrían contemplar al Mesías? Se opusieron a Jesús porque no conocían la dirección de la obra del Espíritu Santo ni el camino de la verdad mencionado por Jesús y, además, porque no entendían al Mesías. Y como nunca le habían visto ni habían estado en Su compañía, cometieron el error de aferrarse en vano al nombre del Mesías mientras se oponían a Su esencia por todos los medios posibles. Estos fariseos eran tozudos y arrogantes en esencia, y no obedecían la verdad. El principio de su creencia en Dios era: por muy profunda que sea Tu predicación, por muy alta que sea Tu autoridad, no eres Cristo a no ser que te llames el Mesías. ¿No son estas opiniones absurdas y ridículas? Os pregunto de nuevo: ¿No es extremadamente fácil para vosotros cometer los errores de los antiguos fariseos, dado que no tenéis el más mínimo entendimiento de Jesús? ¿Eres capaz de discernir el camino de la verdad? ¿Puedes garantizar realmente que no te opondrás a Cristo? ¿Eres capaz de seguir la obra del Espíritu Santo? Si no sabes si te opondrás o no a Cristo, entonces Yo digo que ya estás viviendo al filo de la muerte. Los que no conocían al Mesías fueron todos capaces de oponerse a Jesús, de rechazarlo, de difamarlo. Las personas que no entienden a Jesús son capaces de rechazarlo y vilipendiarlo. Además, son capaces de ver el regreso de Jesús como el engaño de Satanás, y más personas condenarán el retorno de Jesús a la carne. ¿No os asusta todo esto? Lo que afrontáis será blasfemia contra el Espíritu Santo, la ruina de Sus palabras a las iglesias y el rechazo de todo lo expresado por Jesús. ¿Qué podéis obtener de Él si estáis tan confundidos? ¿Cómo podéis entender la obra de Jesús cuando Él vuelva a la carne sobre una nube blanca, si os negáis obstinadamente a ser conscientes de vuestros errores? Os digo esto: las personas que no reciben la verdad, pero que esperan ciegamente la llegada de Jesús sobre nubes blancas, blasfemarán sin duda contra el Espíritu Santo y pertenecen a la categoría que será destruida. Deseáis simplemente la gracia de Jesús, y sólo queréis disfrutar el gozoso reino del cielo, pero nunca habéis obedecido Sus palabras ni habéis recibido la verdad expresada por Él cuando vuelva a la carne. ¿Qué ofreceréis a cambio de la realidad del regreso de Jesús sobre una nube blanca? ¿La sinceridad con la que cometéis repetidamente pecados, y después los hacéis vuestras confesiones una y otra vez? ¿Qué ofreceréis en sacrificio a Jesús, quien vuelve sobre una nube blanca? ¿Los años de trabajo con los que os exaltáis a vosotros mismos? ¿Qué ofreceréis para hacer que el Jesús retornado confíe en vosotros? ¿Vuestra naturaleza arrogante, que no obedece ninguna verdad?

Extracto de ‘En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Sabed que os oponéis a la obra de Dios o usáis vuestras propias nociones para medir la obra de hoy, porque no conocéis los principios de Su obra, y porque no os tomáis lo bastante en serio la obra del Espíritu Santo. Vuestra oposición a Dios y la obstrucción de la obra del Espíritu Santo están causadas por vuestras nociones y por vuestra arrogancia inherente. No se debe a que la obra de Dios sea errónea, sino a que sois demasiado desobedientes por naturaleza. Después de encontrar su creencia en Dios, algunas personas ni siquiera pueden afirmar con certeza de dónde vino el hombre, pero se atreven a hacer discursos públicos evaluando lo bueno y lo malo de la obra del Espíritu Santo. Incluso sermonean a los apóstoles que tienen la nueva obra del Espíritu Santo y hacen comentarios fuera de lugar; su humanidad es demasiado baja y no hay el más mínimo razonamiento en ellos. ¿Acaso no llegará el día en que tales personas sean rechazadas por la obra del Espíritu Santo y quemadas por los fuegos del infierno? No conocen la obra de Dios, pero la critican, y también intentan ordenarle a Dios cómo obrar. ¿Cómo pueden conocer a Dios personas tan irrazonables? El hombre llega a conocer a Dios durante el proceso de buscarlo y experimentarlo; no es a través de criticarlo a su antojo que llegará a conocerlo por medio del esclarecimiento del Espíritu Santo. Cuanto más preciso es el conocimiento que las personas tienen de Dios, menos se oponen a Él. Por el contrario, cuanto menos saben de Él, más probable es que se opongan a Él. Tus nociones, tu vieja naturaleza y tu humanidad, tu personalidad y tu perspectiva moral son el “capital” con el que te resistes a Dios, y cuanto más corrupto, degradado y bajo te vuelves, más enemigo eres de Dios. Quienes poseen unas nociones firmes y tienen un carácter santurrón son aún más enemigos del Dios encarnado; estas personas son los anticristos. Si no rectificas tus nociones, siempre serán contrarias a Dios; nunca serás compatible con Él y siempre estarás separado de Él.

Extracto de ‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

La obra de Dios siempre avanza y, aunque el propósito de Su obra no cambia, el método con el que obra cambia continuamente, lo que significa que aquellos que siguen a Dios también están cambiando constantemente. Cuanta más obra hace Dios, más exhaustivo es el conocimiento que tiene el hombre de Él. El carácter del hombre cambia también en consecuencia, tras la estela de la obra de Dios. Sin embargo, debido a que la obra de Dios siempre cambia, los que no conocen la obra del Espíritu Santo y esas personas absurdas que no conocen la verdad empiezan a resistirse a Dios. La obra de Dios nunca se ajusta a las nociones del hombre, porque Su obra siempre es nueva y nunca vieja, y Él nunca repite la obra vieja, sino que sigue adelante con una obra no realizada anteriormente. Como Dios no repite Su obra y el hombre juzga la obra actual según la que Él hizo en el pasado, se ha vuelto extremadamente difícil para Dios llevar a cabo cada etapa de la obra de la nueva era. ¡El hombre tiene demasiadas dificultades! ¡Es demasiado conservador en su pensamiento! Nadie conoce la obra de Dios, pero todos la delimitan. Cuando abandona a Dios, el hombre pierde la vida, la verdad y las bendiciones de Dios, pero él no acepta la vida ni la verdad, ni mucho menos las grandes bendiciones que Dios concede a la humanidad. Todos los hombres desean obtener a Dios, pero son incapaces de tolerar algún cambio en Su obra. Los que no aceptan la nueva obra de Dios creen que esta es inmutable, que siempre permanece estancada. En su creencia, todo lo que se necesita para obtener la salvación eterna de Dios es cumplir la ley y, en tanto se arrepientan y confiesen sus pecados, la voluntad de Dios estará siempre satisfecha. Opinan que Dios solo puede ser el Dios bajo la ley y el Dios que fue clavado en la cruz por el hombre. También son de la opinión que Dios no debe ni puede sobrepasar la Biblia. Son precisamente estas opiniones las que los han encadenado firmemente a las antiguas leyes y los han clavado a normas muertas. Hay incluso más que creen que sea cual sea la nueva obra de Dios, esta debe corroborarse con profecías y que, en cada etapa de esa obra, todos los que lo siguen con un corazón “sincero” también deben recibir revelaciones; si no, esa obra podría no ser la de Dios. De por sí, no es una tarea fácil que el hombre llegue a conocer a Dios. Sumado a su absurdo corazón y a su naturaleza rebelde de prepotencia y engreimiento, resulta aún más difícil para él aceptar la nueva obra de Dios. El hombre no le dedica una cuidadosa consideración a la nueva obra de Dios ni la acepta con humildad, sino que adopta una actitud de desprecio mientras espera las revelaciones y la guía de Dios. ¿Acaso no es esta la conducta de aquellos que se rebelan contra Dios y se resisten a Él? ¿Cómo pueden obtener esas personas la aprobación de Dios?

Extracto de ‘¿Cómo puede el hombre que ha delimitado a Dios con sus nociones recibir Sus revelaciones?’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si usáis vuestras propias nociones para medir y delimitar a Dios, como si Dios fuera una estatua de barro inmutable, y si delimitáis completamente a Dios dentro de los parámetros de la Biblia y lo encerráis dentro de un limitado ámbito dónde obrar, entonces esto prueba que habéis condenado a Dios. Porque los judíos de la era del Antiguo Testamento tomaron a Dios como un ídolo de forma fija que tenían en sus corazones, como si a Dios solo se le pudiera llamar Mesías y solo aquel que fuera llamado el Mesías pudiera ser Dios, y porque la humanidad sirvió y adoró a Dios como si Él fuera una estatua de barro sin vida, clavaron al Jesús de ese tiempo en la cruz, sentenciándolo a muerte; el Jesús inocente fue así condenado a muerte. Dios era inocente de cualquier ofensa; sin embargo, el hombre rehusó perdonar a Dios e insistió en sentenciarlo a muerte, y así Jesús fue crucificado. El hombre siempre cree que Dios es inmutable y lo define de acuerdo con un único libro, la Biblia, como si el hombre tuviera un perfecto entendimiento de la gestión de Dios, como si todo lo que Dios hace estuviera en la palma de la mano del hombre. Las personas son absurdas hasta el extremo, de una arrogancia extrema y todas tienen un don para la hipérbole. No importa lo grande que sea el conocimiento que tienes de Dios, todavía digo que no conoces a Dios, que te opones a Dios al máximo y que lo has condenado porque eres totalmente incapaz de obedecer la obra de Dios y caminar la senda de ser perfeccionado por Dios. ¿Por qué Dios nunca está satisfecho con las acciones del hombre? Porque el hombre no conoce a Dios, porque tiene demasiadas nociones y porque su conocimiento de Dios no concuerda en absoluto con la realidad, sino que repite monótonamente el mismo tema sin variación y usa el mismo enfoque para toda situación. Y entonces, habiendo venido a la tierra en la actualidad, una vez más el hombre ha clavado a Dios en la cruz.

Extracto de ‘Los malvados deben ser castigados’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si el hombre puede ver en las tres etapas de la obra que Dios mismo las llevó a cabo en momentos diferentes, en lugares diferentes y en personas diferentes; si el hombre puede ver que aunque la obra sea diferente, toda ella está realizada por un solo Dios y que como es obra hecha por un solo Dios, entonces debe ser correcta y sin error, y que aunque entre en conflicto con las nociones del hombre, no se puede negar que es la obra de un solo Dios; si el hombre puede asegurar que es la obra de un solo Dios, sus nociones pasarán a ser simples nimiedades, indignas de mención. Como las visiones del hombre no son claras y como este solo conoce a Jehová como Dios y a Jesús como el Señor, y duda respecto al Dios encarnado de hoy, muchas personas permanecen entregadas a la obra de Jehová y Jesús, y están acosadas por nociones sobre la obra de hoy; la mayoría de ellas siempre está llena de dudas y no se toma en serio la obra actual. El hombre no tiene nociones respecto a las dos etapas anteriores de la obra, que fueron invisibles. Esto se debe a que el hombre no entiende la realidad de las dos etapas anteriores de la obra ni las presenció personalmente. Como estas etapas no pueden verse, el hombre imagina lo que quiere; independientemente de lo que invente, no hay hechos que demuestren esas imaginaciones ni nadie que lo pueda corregir. El hombre da rienda suelta a su instinto natural, lanzando la cautela al viento y dejando que su imaginación se desborde, porque no hay hechos que verifiquen sus imaginaciones y, así, sus imaginaciones pasan a ser “realidad”, independientemente de que exista alguna prueba de ellas. Por tanto, el hombre cree, en su mente, en su propio Dios imaginario y no busca al Dios de la realidad. Si una persona tiene un tipo de creencia, entonces entre cien personas hay cien tipos de creencias. El hombre posee tales creencias porque no ha visto la realidad de la obra de Dios, porque solo la ha oído con sus oídos y no la ha observado con sus ojos. El hombre ha oído leyendas e historias, pero rara vez ha oído el conocimiento de los hechos de la obra de Dios. Así pues, es a través de sus propias nociones que las personas que solo han sido creyentes durante un año llegan a creer en Dios, y esto mismo ocurre en el caso de aquellos que han creído en Él durante toda su vida. Los que no pueden ver los hechos nunca serán capaces de escapar de una fe en la que tienen nociones acerca de Dios. El hombre cree que se ha liberado de las ataduras de sus viejas nociones y ha entrado en un nuevo territorio. ¿No sabe que el conocimiento de aquellos que no pueden ver el verdadero rostro de Dios no es otra cosa que nociones y rumores? El hombre piensa que sus nociones son correctas y sin error, y que proceden de Dios. Hoy, cuando el hombre es testigo de la obra de Dios, da rienda suelta a las nociones acumuladas durante muchos años. Las imaginaciones y las ideas del pasado se han convertido en una obstrucción para la obra de esta etapa, y al hombre le ha resultado difícil dejar ir estas nociones y refutar estas ideas. Las nociones hacia esta obra que se ha desarrollado paso a paso por parte de muchos de los que han seguido a Dios hasta hoy se han vuelto, incluso, más graves y estas personas han ido dando forma gradualmente a una enemistad empecinada con el Dios encarnado. La fuente de este odio son las nociones y las imaginaciones del hombre. Las nociones e imaginaciones del hombre se han convertido en enemigas de la obra de hoy, una obra que es contraria a las nociones del hombre. Esto ha ocurrido precisamente porque los hechos no le permiten al hombre dar rienda suelta a su imaginación y, además, este no puede refutarlos con facilidad, y sus nociones e imaginaciones no toleran la existencia de los hechos; además, no se pone a pensar en la corrección y la veracidad de estos, se limita a dejar libres sus nociones con determinación, y emplea su propia imaginación. Solo se puede decir que esto es culpa de las nociones del hombre, y no de la obra de Dios.

Extracto de ‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Esos pastores y ancianos que se suben al púlpito elevado para enseñar al hombre son oponentes de Dios y aliados de Satanás; ¿no seríais los que no os subís al púlpito para enseñar a otros incluso mayores oponentes de Dios? Además, ¿no estáis acaso confabulados con Satanás aún más que ellos? Los que no entienden el propósito de la obra de Dios no saben cómo ser conformes a la voluntad de Dios. Sin duda, no puede ser cierto que quienes entienden el propósito de Su obra no sabrían cómo estar de acuerdo con la voluntad de Dios. La obra de Dios nunca es un error; más bien, es la búsqueda del hombre la que es imperfecta. ¿No son esos degenerados que se oponen voluntariamente a Dios aún más siniestros y maliciosos que esos pastores y ancianos? Muchos son los que se oponen a Dios, y entre ellos, existen muchas maneras en las que se oponen a Dios. Del mismo modo que hay toda clase de creyentes, también hay toda clase de aquellos que se oponen a Dios, cada una diferente de los demás. Ninguno de esos que no reconoce claramente el propósito de la obra de Dios puede salvarse. Independientemente de cómo se haya opuesto el hombre a Dios en el pasado, cuando llega a entender el propósito de Su obra y dedica sus esfuerzos a satisfacerlo, Él hará borrón y cuenta nueva de sus pecados anteriores. Mientras el hombre busque la verdad y la practique, Dios no tendrá en cuenta lo que ha hecho. Además, es en base a la práctica de la verdad por parte del hombre como Dios lo justifica. Esta es la justicia de Dios. Antes de que el hombre haya visto a Dios o experimentado Su obra, independientemente de cómo actúe hacia Él, Dios no lo tiene en cuenta. Sin embargo, una vez que el hombre ha visto a Dios y experimentado Su obra, Dios escribe todos sus hechos y acciones en los “anales”, porque el hombre ha visto a Dios y vivido en Su obra.

Cuando el hombre haya visto verdaderamente lo que Dios tiene y es, cuando haya visto Su supremacía y haya llegado a conocer realmente la obra de Dios; además, cuando su carácter anterior se haya transformado, entonces habrá desechado completamente su carácter rebelde que se opone a Dios. Puede decirse que todos se han opuesto alguna vez a Dios y se han rebelado alguna vez contra Él. Sin embargo, si obedeces de buen grado al Dios encarnado y a partir de entonces satisfaces Su corazón con tu lealtad, practicas la verdad que deberías, cumples tu deber como deberías y sigues las normas que deberías, entonces eres alguien dispuesto a dejar de lado su rebeldía para satisfacer a Dios y alguien que puede ser perfeccionado por Él. Si te niegas obstinadamente a darte cuenta de tus errores y no tienes intención de arrepentirte, si persistes en tu conducta rebelde sin la más mínima intención de colaborar con Dios y satisfacerlo, entonces una persona tan obstinada e incorregible como tú será castigada sin duda y nunca será perfeccionada por Dios. Como tal, eres Su enemigo hoy, mañana lo seguirás siendo y pasado mañana también; siempre serás un oponente y el enemigo de Dios. En ese caso, ¿cómo iba Dios a dejarte ir? Está en la naturaleza del hombre oponerse a Él, pero el hombre no debe buscar deliberadamente el “secreto” de la oposición a Dios solo porque cambiar su naturaleza es una tarea insalvable. De ser ese el caso, mejor sería que te alejaras antes de que sea demasiado tarde, no sea que tu castigo en el futuro sea más duro, y que tu naturaleza salvaje emerja y se vuelva ingobernable hasta que Dios acabe con tu cuerpo carnal al final.

Extracto de ‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

Anterior: 2. Cómo se puede alcanzar el conocimiento de Dios

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