4. Las diferencias esenciales entre el Dios encarnado y aquellos que son usados por Dios

Las palabras relevantes de Dios:

El Dios encarnado se llama Cristo y Cristo es la carne vestida con el Espíritu de Dios. Esta carne es diferente a cualquier hombre que es de la carne. La diferencia es porque Cristo no es de carne y hueso; Él es la personificación del Espíritu. Tiene tanto una humanidad normal como una divinidad completa. Su divinidad no la posee ningún hombre. Su humanidad normal sustenta todas Sus actividades normales en la carne, mientras que Su divinidad lleva a cabo la obra de Dios mismo. Sea Su humanidad o Su divinidad, ambas se someten a la voluntad del Padre celestial. La esencia de Cristo es el Espíritu, es decir, la divinidad. Por lo tanto, Su esencia es la de Dios mismo; esta esencia no interrumpirá Su propia obra y Él no podría hacer nada que destruyera Su propia obra ni tampoco pronunciaría ninguna palabra que fuera en contra de Su propia voluntad. Por lo tanto, el Dios encarnado nunca haría ninguna obra que interrumpiera Su propia gestión. Esto es lo que todas las personas deben entender.

Extracto de ‘La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial’ en “La Palabra manifestada en carne”

Al ser un hombre con la esencia de Dios, Él está por encima de todos los humanos creados y de cualquier hombre que pueda desarrollar la obra de Dios. Por tanto, entre todos los que tienen un caparazón humano como el suyo, entre todos los que poseen humanidad, solo Él es el Dios mismo encarnado, todos los demás son humanos creados. Aunque todos poseen humanidad, los humanos creados no tienen más que humanidad, mientras que Dios encarnado es diferente. En Su carne, no solo tiene humanidad sino que, más importante aún, también tiene divinidad. Su humanidad puede verse en la apariencia externa de Su carne y en Su vida cotidiana, pero Su divinidad es difícil de percibir. Como Su divinidad se expresa únicamente cuando Él tiene humanidad y no es tan sobrenatural como las personas lo imaginan, verla es extremadamente difícil para las personas. Incluso hoy es extremadamente difícil que la gente pueda comprender la verdadera esencia del Dios encarnado. Incluso después de haber hablado tanto sobre ello, supongo que sigue siendo un misterio para la mayoría de vosotros. De hecho, este asunto es muy simple: como Dios se hace carne, Su esencia es una combinación de humanidad y divinidad. Esta combinación se llama Dios mismo, Dios mismo en la tierra.

Extracto de ‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si cuando se hace carne, Dios hiciera únicamente la obra de la divinidad, y no hubiera personas conformes a Su corazón que obraran en conjunto con Él, entonces el hombre sería incapaz de entender la voluntad de Dios o de involucrarse con Él. Dios debe usar a personas normales que sean conformes a Su corazón para completar esta obra, para cuidar y pastorear a las iglesias, para que el nivel que los procesos cognitivos del hombre, su cerebro, es capaz de imaginar se pueda conseguir. En otras palabras, Dios usa a un pequeño número de personas que son conformes a Su corazón para “traducir” la obra que Él hace dentro de Su divinidad, de manera tal que pueda abrirse, transformar el lenguaje divino en lenguaje humano, para que todas las personas puedan comprenderlo y entenderlo. Si Él no lo hiciera así, nadie entendería el lenguaje divino de Dios, porque las personas conformes al corazón de Dios son, después de todo, una pequeña minoría, y la capacidad del hombre para comprender es débil. Es por eso que Dios elige este método sólo cuando obra en la carne encarnada. Si solo hubiera obra divina, no habría manera de que el hombre conociera a Dios o se involucrara con Él, porque el hombre no entiende el lenguaje de Dios. El hombre puede comprender este lenguaje solo a través de la acción de las personas conformes al corazón de Dios que aclaran Sus palabras. Sin embargo, si solamente tales personas trabajaran dentro de la humanidad, eso solo podría mantener la vida normal del hombre; no podría transformar el carácter de este. La obra de Dios no podría tener un nuevo punto de partida; solo estarían las mismas antiguas canciones, los mismos antiguos lugares comunes. Solo a través de la acción del Dios encarnado, que dice todo lo que se debe decir y hace todo lo que se debe hacer durante el período de Su encarnación, después de lo cual las personas obran y experimentan según Sus palabras, solo de este modo el carácter de su vida podrá cambiar y podrán fluir con el tiempo. Aquel que obra dentro de la divinidad representa a Dios, mientras que aquellos que obran dentro de la humanidad son personas usadas por Dios. Es decir, el Dios encarnado es esencialmente diferente de las personas usadas por Dios. El Dios encarnado puede hacer la obra de la divinidad, mientras que las personas usadas por Dios no pueden. Al principio de cada era, el Espíritu de Dios habla personalmente e inicia la nueva era para llevar al hombre a un nuevo comienzo. Cuando Él ha terminado de hablar, esto significa que la obra de Dios dentro de Su divinidad está completa. A partir de entonces, todas las personas siguen la guía de aquellos usados por Dios para entrar en su experiencia de vida.

Extracto de ‘La diferencia esencial entre el Dios encarnado y las personas usadas por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

La obra que lleva a cabo aquel a quien Dios usa es con el fin de cooperar con la obra de Cristo o del Espíritu Santo. Dios levanta a este hombre entre los hombres, él está ahí para liderar a todos los escogidos de Dios y Dios también lo levanta para hacer la obra de la cooperación humana. Con alguien así, que sea capaz de hacer la obra de la cooperación humana, se puede lograr, a través de él, más de las exigencias que Dios le hace al hombre y de la obra que el Espíritu Santo debe hacer entre los hombres. Otra manera de decirlo es esta: La meta de Dios al usar a este hombre es que todos los que siguen a Dios puedan entender mejor la voluntad de Dios y puedan alcanzar más de las exigencias de Dios. Como las personas no pueden entender directamente las palabras de Dios ni la voluntad de Dios, Dios ha levantado a alguien que es usado para que lleve a cabo esa obra. Esta persona que Dios usa también se puede describir como un medio a través del cual Dios guía a las personas, como el “traductor” que se comunica entre Dios y el hombre. Así, tal hombre es diferente a cualquiera de los que obran en la casa de Dios o que son Sus apóstoles. Como aquellos, se puede decir que es alguien que sirve a Dios, pero en la esencia de su obra y en el trasfondo de cómo Dios lo usa, difiere grandemente de los otros obreros y apóstoles. En términos de la esencia de su obra y del trasfondo de su uso, al hombre que Dios usa Él lo levanta; Dios lo prepara para la obra de Dios y él coopera en la obra de Dios mismo. Ninguna persona podría hacer su obra en su lugar, esta es la cooperación humana la que es indispensable junto a la obra divina. La obra que llevan a cabo otros obreros o apóstoles, mientras tanto, no es sino el medio de transporte e implementación de los muchos aspectos de los arreglos para las iglesias durante cada periodo, o bien la obra de alguna simple provisión de vida con el fin de mantener la vida de la iglesia. A estos obreros y apóstoles Dios no los designa, mucho menos se les puede calificar como los que son usados por el Espíritu Santo. Son seleccionados de entre las iglesias y, después de que han sido entrenados y cultivados por un tiempo, los que son aptos quedan, mientras que los que no son aptos son enviados de regreso al lugar de donde vinieron. Como estas personas son seleccionadas de entre las iglesias, algunos muestran quiénes realmente son después de volverse líderes y otros incluso hacen muchas cosas malas y terminan siendo eliminados. El hombre que Dios usa, por otro lado, es alguien que Dios ha preparado y que posee un cierto calibre y que tiene humanidad. El Espíritu Santo lo ha preparado y lo ha perfeccionado de antemano, y el Espíritu Santo lo guía por completo y, sobre todo cuando se trata de su obra, el Espíritu Santo lo dirige y le gobierna, como resultado de esto no hay desviación en la senda de guiar a los escogidos de Dios porque Dios ciertamente se hace responsable de Su propia obra y Dios hace Su propia obra en todo momento.

Extracto de ‘Acerca del uso que Dios hace del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando Dios viene a la tierra, solo hace Su obra dentro de la divinidad, que es lo que el Espíritu celestial le ha confiado al Dios encarnado. Cuando Él viene, va únicamente a hablar a lo largo de la tierra, para darle voz a Sus declaraciones por medios diferentes y desde perspectivas diferentes. Sus principales objetivos y principios de obra son proveer al hombre y enseñarle, y no se preocupa por cosas como las relaciones interpersonales o los detalles de las vidas de las personas. Su ministerio principal es hablar en nombre del Espíritu. Es decir, cuando el Espíritu de Dios aparece de manera tangible en la carne, Él sólo provee para la vida del hombre y libera la verdad. No se involucra Él mismo en la obra del hombre; es decir, no participa en la obra de la humanidad. Los seres humanos no pueden hacer la obra divina, y Dios no participa en la obra humana. En todos los años desde que Dios vino a esta tierra a hacer Su obra, siempre la ha hecho a través de las personas. Estas personas, sin embargo, no pueden considerarse el Dios encarnado, sino que son solo las que son usadas por Dios. Entretanto, el Dios de nuestros días puede hablar directamente desde la perspectiva de la divinidad, emitiendo la voz del Espíritu y obrando en nombre del Espíritu. Todos aquellos a los que Dios ha usado a través de los tiempos son, asimismo, ejemplos de la obra del Espíritu de Dios dentro de un cuerpo carnal, entonces ¿por qué no pueden ser llamados Dios? No obstante, el Dios de nuestros días es también el Espíritu de Dios que obra directamente en la carne, y Jesús también fue el Espíritu de Dios obrando en la carne; ambos son llamados Dios. Entonces, ¿cuál es la diferencia? Las personas que ha usado Dios a través de las eras han tenido la capacidad del pensamiento y el razonamiento normales. Todas han entendido los principios de la conducta humana. Han tenido nociones humanas normales, y han poseído todas las cosas que las personas normales deben poseer. La mayoría de ellas han tenido un talento excepcional e inteligencia innata. Al obrar sobre estas personas, el Espíritu de Dios aprovecha sus talentos, que son los dones que Dios les ha dado. El Espíritu de Dios pone sus talentos en funcionamiento, y usa sus fortalezas en el servicio de Dios. Sin embargo, la esencia de Dios está libre de ideas o pensamientos, no adulterada con intenciones humanas, e incluso carece de aquello que los humanos normales poseen. Es decir, Él ni siquiera es versado en los principios de la conducta humana. Esto es lo que sucede cuando el Dios de nuestros días viene a la tierra. Sus obras y Sus palabras no están adulteradas por intenciones ni pensamientos humanos, sino que son una manifestación directa de las intenciones del Espíritu, y obra directamente en nombre de Dios. Esto significa que el Espíritu habla directamente, es decir, la divinidad hace la obra, sin incorporar en lo más mínimo las intenciones del hombre. En otras palabras, el Dios encarnado personifica la divinidad directamente, no tiene pensamientos ni nociones humanos, y no tiene comprensión de los principios de la conducta humana. Si solo la divinidad obrara (es decir, si solo Dios mismo obrara), no habría ninguna manera de que la obra de Dios se llevara a cabo en la tierra. Entonces, cuando Dios viene a la tierra, debe tener un pequeño número de personas a las cuales Él usa para obrar dentro de la humanidad en conjunto con la obra que Dios hace en la divinidad. En otras palabras, usa la obra del hombre para sostener Su obra divina. Si no, no habría ninguna manera de que el hombre contactara directamente con la obra divina. Así es como sucedió con Jesús y Sus discípulos. Durante Su tiempo en el mundo, Jesús abolió las antiguas leyes y estableció nuevos mandamientos. También pronunció muchas palabras. Toda esta obra se realizó en la divinidad. Los otros, como Pedro, Pablo y Juan, basaron su obra posterior en las palabras de Jesús. Es decir, Dios inició Su obra en esa era, dirigiendo el comienzo de la Era de la Gracia; esto es, comenzó una nueva era aboliendo la antigua, y también cumpliendo las palabras “Dios es el Principio y el Fin”. En otras palabras, el hombre debe hacer la obra humana sobre la base de la obra divina. Una vez que Jesús dijo todo lo que debía decir y terminó Su obra en la tierra, dejó al hombre. Después de esto, todas las personas obraron conforme a los principios expresados en Sus palabras y practicaron conforme a las verdades de las que Él habló. Todas estas personas obraron para Jesús. Si Jesús solo hubiera hecho la obra, sin importar cuántas palabras hubiera pronunciado, las personas no habrían podido involucrarse con Sus palabras, porque estaba obrando en la divinidad y solo podía pronunciar palabras de divinidad, y no podría haber explicado las cosas hasta el punto en el que las personas normales pudieran entender Sus palabras. Y por eso Él tuvo que tener a los apóstoles y profetas que vinieron después de Él para complementar Su obra. Este es el principio de cómo el Dios encarnado hace Su obra: utilizando la carne encarnada para hablar y obrar de manera tal que pueda completar la obra de la divinidad, y luego usando a unas pocas personas, o quizás más, que sean conformes al corazón de Dios para complementar Su obra. Es decir, Dios utiliza a las personas conformes a Su corazón para llevar a cabo en la humanidad la obra de pastoreo y riego de modo que el pueblo elegido de Dios pueda entrar en la realidad-verdad.

Extracto de ‘La diferencia esencial entre el Dios encarnado y las personas usadas por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

En la Era de la Gracia, Juan allanó el camino para Jesús. Juan no podía llevar a cabo la obra de Dios mismo y simplemente cumplió con el deber del hombre. Aunque Juan fue el precursor del Señor, no podía representar a Dios; solo fue un hombre usado por el Espíritu Santo. Después de que Jesús fuese bautizado, el Espíritu Santo descendió sobre Él como una paloma. Fue entonces cuando empezó Su obra; es decir, comenzó a desempeñar el ministerio de Cristo. Por esta razón asumió la identidad de Dios: porque vino de Él. No importa cómo fue Su fe antes de esto —quizás hubiese sido débil en ocasiones o fuerte en otras— todo eso pertenecía a la vida humana normal que Él llevó antes de desempeñar Su ministerio. Tras ser bautizado (es decir, ungido), tuvo inmediatamente el poder y la gloria de Dios con Él, y, así, comenzó a desempeñar Su ministerio. Podía obrar señales y maravillas, realizar milagros, y tenía poder y autoridad, pues obraba directamente en el nombre de Dios mismo, llevaba a cabo la obra del Espíritu en Su lugar y expresaba Su voz; así pues, Él era Dios mismo. Esto es indiscutible. Juan era una persona que fue utilizada por el Espíritu Santo. Él no podía representar a Dios ni le era posible hacerlo. Si hubiera deseado hacerlo, el Espíritu Santo no lo habría permitido, porque él no podía llevar a cabo la obra que Dios mismo pretendía realizar. Quizás había mucho en él de la voluntad del hombre o algo anormal; bajo ninguna circunstancia podía representar directamente a Dios. Sus equivocaciones y errores lo representaban solo a él, pero su obra era representativa del Espíritu Santo. Sin embargo, no se puede afirmar que todo él representaba a Dios. ¿Podían su desviación y sus errores representar también a Dios? Equivocarse al representar al hombre es normal, pero si alguien se desvía en la representación de Dios, ¿no sería eso deshonrar a Dios? ¿No sería una blasfemia contra el Espíritu Santo? El Espíritu Santo no permite al hombre ocupar el lugar de Dios a la ligera, aunque otros lo exalten. Si él no es Dios, sería incapaz de mantenerse firme al final. ¡El Espíritu Santo no le permite al hombre representar a Dios como a él le plazca! Por ejemplo, el Espíritu Santo dio testimonio de Juan y también reveló que era Él quien allanaría el camino para Jesús, pero la obra realizada en él por el Espíritu Santo estaba bien dimensionada. Todo lo que se le pidió a Juan fue que allanase el camino para Jesús, que preparara el camino para Él. Es decir, el Espíritu Santo únicamente sostuvo su obra de abrir el camino y solo le permitió llevar a cabo dicha obra; no se le permitió realizar ninguna otra. Juan representaba a Elías y representaba al profeta que allanó el camino. El Espíritu Santo lo sostuvo en esto; durante el tiempo en el que su trabajo consistió en allanar el camino, el Espíritu Santo lo sostuvo. Sin embargo, si hubiera afirmado ser Dios mismo y si hubiera dicho que había venido a finalizar la obra de redención, el Espíritu Santo habría tenido que disciplinarlo. Por muy grande que fuera la obra de Juan, y aunque el Espíritu Santo la sostuviera, su obra tenía límites. Dado que el Espíritu Santo ciertamente sostuvo su obra, el poder que se le dio en ese momento se limitó a allanar el camino. No podía realizar otra obra en absoluto, porque solo fue Juan quien allanó el camino, no Jesús. Por tanto, el testimonio del Espíritu Santo es fundamental, pero la obra que Él le permite hacer al hombre es aún más crucial. ¿No se dio un gran testimonio de Juan en aquella época? ¿No fue grande su obra también? Pero la obra que él realizó no podía superar la de Jesús, porque él no era más que un hombre usado por el Espíritu Santo y no podía representar directamente a Dios; por lo tanto, la obra que llevó a cabo fue limitada. Después de que él terminó la obra de allanar el camino, el Espíritu Santo ya no sostuvo su testimonio, ninguna obra nueva siguió después de él y partió cuando la obra de Dios mismo comenzó.

Extracto de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

La palabra de Dios no puede hacerse pasar por la del hombre, y menos aún puede hacerse que la palabra del hombre sea la de Dios. Un hombre usado por Dios no es el Dios encarnado, y el Dios encarnado no es un hombre usado por Dios. En esto, hay una diferencia esencial. Tal vez después de leer estas palabras no las reconozcas como palabras de Dios, sino sólo como el esclarecimiento que el hombre ha obtenido. En ese caso, la ignorancia te ciega. ¿Cómo pueden ser las palabras de Dios lo mismo que el esclarecimiento que el hombre ha obtenido? Las palabras del Dios encarnado abren una nueva era, guían a toda la humanidad, revelan misterios y le muestran al ser humano la dirección que ha de tomar en la nueva era. El esclarecimiento obtenido por el hombre no es otra cosa que simples instrucciones para la práctica o el conocimiento. No puede guiar a toda la humanidad a una nueva era ni revelar los misterios de Dios mismo. A final de cuentas, Dios es Dios, y el hombre es el hombre. Dios tiene la esencia de Dios y el hombre la del hombre. Si este considera las palabras habladas por Dios como un simple esclarecimiento del Espíritu Santo y toma las de los apóstoles y profetas como palabras habladas personalmente por Dios, eso sería un error por parte del hombre.

Extracto de ‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”

La obra en la corriente del Espíritu Santo, ya sea la propia obra de Dios o la obra de las personas que están siendo usadas, es la obra del Espíritu Santo. La esencia de Dios mismo es el Espíritu, que se puede llamar el Espíritu Santo o el Espíritu siete veces intensificado. En definitiva, son el Espíritu de Dios, aunque este ha sido llamado de maneras distintas durante las diferentes eras. Su esencia sigue siendo una. Por lo tanto, la obra de Dios mismo es la obra del Espíritu Santo, mientras que la obra del Dios encarnado es nada menos que el Espíritu Santo obrando. La obra de las personas que son utilizadas también es la obra del Espíritu Santo. Aun así, la obra de Dios es la expresión completa del Espíritu Santo, que es absolutamente verdadera, mientras que la obra de las personas que están siendo usadas se mezcla con muchas cosas humanas y no es expresión directa del Espíritu Santo, mucho menos Su expresión completa. La obra del Espíritu Santo es variada y no está sujeta a condición alguna. La obra del Espíritu Santo varía en diferentes personas; manifiesta esencias diferentes de obrar y difiere en eras y países. Por supuesto, aunque el Espíritu Santo obra de muchas maneras diferentes y de acuerdo con muchos principios, no importa cómo se haga la obra o en qué clase de personas, su esencia siempre es diferente; toda la obra que Él hace en diferentes personas tiene principios, y toda puede representar la esencia de sus objetos. Esto se debe a que la obra del Espíritu Santo es bastante específica en su alcance y es bastante medida. La obra que se hace en la encarnación no es igual que la que se hace en las personas, y la obra también varía según el calibre de las personas en las que se conduce. La obra que se realiza en el que se hace carne no se hace en las personas, no es la misma obra. En pocas palabras, no importa cómo se haga, la obra llevada a cabo en los diferentes objetos nunca es la misma, y los principios por los cuales Él obra difieren de acuerdo a los estados y las naturalezas de las diferentes personas en las que obra. El Espíritu Santo obra en diferentes personas según su esencia inherente y no les hace demandas que excedan su esencia, ni tampoco hace obra en ellos que exceda su calibre inherente. De esta manera, la obra que el Espíritu Santo hace en el hombre les permite ver la esencia del objeto de esa obra. La esencia inherente del hombre no cambia; su calibre inherente es limitado. El Espíritu Santo usa a las personas u obra en ellas de acuerdo con las limitaciones del calibre para que puedan beneficiarse de ello. Cuando el Espíritu Santo obra en las personas que están siendo usadas, se desencadenan los talentos y el calibre inherente de esas personas, no se retienen. Su calibre inherente se ejercita para servir a la obra. Se puede decir que Él usa las partes de los hombres que se pueden usar en Su obra, con el fin de lograr los resultados en esa obra. En contraste, la obra que se hace en la carne expresa directamente la obra del Espíritu y no está adulterada por la mente y los pensamientos del hombre; tampoco los dones del hombre, su experiencia o su condición innata pueden alcanzarla.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Mi habla representa Mi ser, pero lo que Yo digo está más allá del alcance del hombre. Lo que digo no es lo que el hombre experimenta, ni es algo que el hombre pueda ver; tampoco es algo que el hombre pueda tocar, sino que es lo que Yo soy. Algunas personas solo reconocen que lo que comparto es lo que he experimentado, pero no reconocen que es la expresión directa del Espíritu. Por supuesto, lo que digo es lo que he experimentado. Soy Yo el que ha hecho la obra de gestión durante seis mil años. He experimentado todo desde el principio de la creación de la humanidad hasta ahora; ¿cómo no podría discutir acerca de eso? En cuanto a la naturaleza del hombre, la he visto con claridad; la observé hace mucho tiempo; ¿cómo no iba a poder hablar de ella con claridad? Ya que he visto la sustancia del hombre con claridad, estoy calificado para castigar al hombre y juzgarlo porque todo el hombre procede de Mí, pero Satanás lo ha corrompido. Por supuesto, también estoy calificado para evaluar la obra que he hecho. Aunque Mi carne no hace esta obra, es la expresión directa del Espíritu y esto es lo que tengo y lo que soy. Por lo tanto, estoy calificado para expresarlo y para hacer la obra que debo hacer. Lo que dicen las personas es lo que han experimentado. Es lo que han visto, lo que su mente puede alcanzar, y lo que sus sentidos pueden detectar. Eso es lo que pueden compartir. Las palabras que habló Dios encarnado son expresión directa del Espíritu, y expresan la obra que ha hecho el Espíritu, que la carne no ha experimentado ni visto, pero aun así expresa Su ser, porque la esencia de la carne es el Espíritu, y Él expresa la obra del Espíritu. Es obra que ya ha hecho el Espíritu, aunque la carne no es capaz de alcanzarla. Después de la encarnación, por medio de la expresión de la carne, Él permite a las personas conocer el ser de Dios y les permite ver el carácter de Dios y la obra que Él ha hecho. La obra del hombre otorga a las personas una mayor claridad en cuanto a qué deben entrar y qué deben entender; implica liderar a las personas para que entiendan y experimenten la verdad. La obra del hombre es sustentar a las personas; la obra de Dios es abrir nuevos caminos y nuevas eras para la humanidad y revelarles a las personas lo que los mortales no conocen, permitiéndoles conocer Su carácter. La obra de Dios consiste en guiar a toda la humanidad.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

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