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Pregunta 6: El Señor Jesús fue el Dios encarnado y nadie puede negar esto. Ahora dais testimonio de que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús que ha regresado en la carne, pero los pastores y ancianos religiosos dicen que en quien vosotros creéis es sólo una persona, dicen que habéis sido engañados, y nosotros no podemos comprender esto. En el principio, cuando el Señor Jesús se hizo carne y vino a llevar a cabo la obra de redención, los fariseos judíos también dijeron que el Señor Jesús era sólo un hombre, diciendo que cualquiera que creyera en Él estaba siendo engañado. Por lo tanto, nos gustaría buscar a este aspecto de la verdad acerca de la encarnación. ¿Qué exactamente es la encarnación? Y ¿cuál es la esencia de la encarnación? Por favor habladnos esto.

Respuesta:

Vuestra creencia de que el Señor Jesús es la encarnación de Dios no es falsa. Pero ¿por qué creéis en el Señor Jesús? ¿De verdad pensáis que el Señor Jesús es Dios? Creéis en el Señor Jesús por lo que está escrito en la Biblia y por la obra del Espíritu Santo. Pero, digáis lo que digáis, no habéis visto al Señor Jesús cara a cara, ¿de verdad os atrevéis a decir que lo conocéis? Con vuestra fe en el Señor, tan sólo os hacéis eco de las palabras de Pedro, quien dijo que el Señor Jesús era Cristo, el Hijo de Dios vivo, pero ¿creéis que el Señor Jesús es la manifestación de Dios, que es Dios mismo? ¿Os atrevéis a decir que entendéis la esencia divina del Señor Jesús? ¿Os atrevéis a asegurar que, si el Señor Jesús regresara y expresara la verdad, reconoceríais Su voz? Vuestra fe en el Señor Jesús se reduce a creer en estas tres palabras: “el Señor Jesús”. Sólo creéis en Su nombre. ¡No comprendéis la esencia divina del Señor Jesús! Si la comprendéis, ¿por qué no podéis distinguir la voz del Espíritu de Dios? ¿Por qué no admitís que la verdad expresada por Dios Todopoderoso proviene de Dios y que es la voz y la palabra del Espíritu Santo? Por lo que he visto hoy, el modo en que rechazáis la voz de Dios y negáis la verdad que Él expresa, ¡estoy seguro de que no conocéis a Dios encarnado! Si hubierais nacido hace dos mil años, en la era en la que el Señor Jesús predicó y llevó a cabo Su obra, seguro que os habríais unido a los sumos sacerdotes, los escribas y los fariseos del pueblo judío para condenar al Señor Jesús. ¿No es así? Los sumos sacerdotes, los escribas y los fariseos del pueblo judío habían creído durante muchos años en el único Dios, pero ¿por qué no reconocieron al Señor Jesús? ¿Por qué lo crucificaron? ¿Qué problema hubo? ¿Por qué los pastores y ancianos del mundo religioso en los últimos días no oyen la voz del Espíritu Santo? ¿Por qué siguen condenando la obra del juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días? Por favor pensad en esto: ¿No es un anticristo aquel que cree en Dios pero no admite Su encarnación? Los líderes judíos se opusieron y condenaron al Señor Jesús, Dios encarnado. Todos ellos eran unos anticristos revelados por la obra de Dios. En cuanto a los pastores y ancianos del mundo religioso en los últimos días que se oponen y condenan a Dios Todopoderoso encarnado, ¿no son ellos también unos anticristos dejados en evidencia por la obra de Dios? Todos podemos ver claramente que la mayoría de los pastores y ancianos del mundo religioso se opone a la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y la condena; ellos observan la obra de Dios Todopoderoso sin verla de verdad, oyen Sus palabras sin escucharlas de verdad. Dios Todopoderoso ha expresado todas las verdades que purifican y salvan a la humanidad. Él ha conquistado, salvado y formado un grupo de vencedores. ¡El evangelio del reino se está difundiendo por el mundo, esto es inevitable! ¿Es posible que los pastores y líderes del mundo religioso no vean la realidad de la obra de Dios? ¿Cómo pueden seguir diciendo algo tan ridículo como que “Creer en Dios Todopoderoso es creer en un ser humano”? ¿Qué problema hay aquí? Esto sólo demuestra que existen muchas personas que creen en el Dios ambiguo de las alturas, pero que pocos conocen a Dios encarnado. Sí. ¿Por qué condenó el Señor Jesús a los fariseos que se oponían a Él? ¡Porque sólo creían en el Dios ambiguo de las alturas, pero condenaban y se oponían a Dios encarnado! ¿No es así?

Los sumos sacerdotes, escribas y fariseos veían claramente la autoridad y el poder de las palabras y de la obra del Señor Jesús. Entonces, ¿cómo podían descaradamente oponerse al Señor Jesús, condenarlo y blasfemar contra Él? Decían que Él expulsaba a los demonios por medio de Belcebú, príncipe de los demonios, y que quería engañar a los hombres, y hasta lo crucificaron vivo; ¿qué demuestra esto? ¿No hicieron todo eso porque veían al Señor Jesús como un ser humano normal? Como decían ellos: “¿No es un nazareno, el hijo de un carpintero?”. Según el concepto que tenían los fariseos, ¡la carne de Dios encarnado debía tener cualidades sobrenaturales! Debía ser alto y fornido, tener porte heroico y una presencia imponente. Sus palabras debían ser estremecedoras y ensordecedoras y suscitar temor en el corazón del hombre para que nadie se atreviera a acercarse a Él. De lo contrario, ¡no podría considerarse Dios! En verdad no entendían nada de la encarnación ni buscaban la verdad en la palabra y la obra del Señor Jesús para encontrar el carácter de Dios y todo lo que Dios tiene y es. Consideraban al Señor Jesús un hombre corriente, y lo juzgaban y blasfemaban contra Él basándose en sus fantasías y nociones. Esto demuestra que, aunque creyeran en Dios, no lo conocían e incluso se oponían a Él. Ahora los pastores y ancianos del mundo religioso dicen que Aquel en quien creemos es sólo un ser humano. ¡En nada se diferencia esto del modo en que los sumos sacerdotes, los escribas y los fariseos judíos condenaron a los seguidores del Señor Jesús! Como veis, la mayoría de los pastores y ancianos del mundo religioso son como los fariseos hipócritas de antaño: Todos ellos creen en Dios y al mismo tiempo se oponen a Él. ¡Son unos canallas que sólo reconocen al Dios ambiguo de las alturas y reniegan del mismísimo Cristo!¿Con qué derecho condenan a quienes aceptan y obedecen a Cristo? ¿Qué opináis?

de “Respuestas a preguntas del guión cinematográfico”

En cuanto a la pregunta: ¿qué es la encarnación y qué es Cristo? se puede decir que es un misterio de la verdad que no comprendemos creyentes. Aunque durante miles de años, los creyentes han sabido que el Señor Jesús era Dios encarnado, nadie comprende la encarnación ni su verdadera esencia. Sólo hasta que Dios Todopoderoso de los últimos días ha llegado, se ha revelado al hombre este aspecto del misterio de la verdad. Veamos cómo lo dice Dios Todopoderoso: Dios Todopoderoso dice: “El significado de la encarnación es que Dios aparece en la carne y Él viene a obrar en medio del hombre de Su creación bajo una imagen de carne. Por tanto, para que Dios se encarne, primero debe ser carne, una carne con una humanidad normal; esto, como mínimo, debe ser verdad. De hecho, la implicación de la encarnación de Dios es que Él vive y obra en la carne; Dios se hace carne en Su misma esencia, se hace hombre (‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El Dios encarnado se llama Cristo y Cristo es la carne que se viste con el Espíritu de Dios. Esta carne es diferente de cualquier hombre que es de la carne. La diferencia es porque Cristo no es de carne y sangre, sino que es la personificación del Espíritu. Tiene tanto una humanidad normal como una divinidad completa. Su divinidad no la posee ningún hombre. Su humanidad normal sustenta todas Sus actividades normales en la carne mientras que Su divinidad lleva a cabo la obra de Dios mismo” (‘La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El Cristo con humanidad normal es una carne en la que el Espíritu se materializa, que posee una humanidad, un sentido y un pensamiento normales. “Materializarse” significa que Dios se hace hombre, que el Espíritu se hace carne; dicho claramente, es cuando Dios mismo habita en la carne con una humanidad normal y expresa Su obra divina a través de ella. Esto es lo que significa materializarse o encarnarse” (‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Al ser un hombre con la esencia de Dios, Él está por encima de cualquiera de los humanos creados y de cualquier hombre que pueda desarrollar la obra de Dios. Por tanto, entre todos los que tienen un caparazón humano como el suyo, entre todos los que poseen humanidad, sólo Él es el Dios mismo encarnado, todos los demás son humanos creados. Aunque todos poseen humanidad, los humanos creados no son sino humanos, mientras que Dios encarnado es diferente. En Su carne, no sólo tiene humanidad sino que, más importante aún, también tiene divinidad. Su humanidad puede verse en la apariencia externa de Su carne y en Su vida cotidiana, pero Su divinidad es difícil de percibir. Como Su divinidad se expresa únicamente cuando Él tiene humanidad y no es tan sobrenatural como las personas lo imaginan, verla es extremadamente difícil para las personas […] Como Dios se hace carne, Su esencia es una combinación de humanidad y divinidad. Esta combinación se llama Dios mismo, Dios mismo en la tierra” (‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

A partir de las palabras de Dios Todopoderoso vemos que la encarnación es el Espíritu de Dios revestido de carne; o sea, el Espíritu de Dios se materializa en la carne con una humanidad y un pensamiento normales, y así se convierte en una persona normal y corriente, que obra y habla entre los hombres. Esta carne tiene una humanidad normal, pero también posee plena divinidad. Aunque en apariencia Su carne parezca normal y corriente, Él puede asumir la obra de Dios, expresar la voz de Dios y guiar y salvar a la humanidad. Esto es porque tiene plena divinidad. La plena divinidad significa que todo lo que posee el Espíritu de Dios –el carácter inherente de Dios–, la esencia santa y justa de Dios, todo lo que Dios tiene y es, Su omnipotencia y sabiduría, y Su autoridad y poder, todo esto se ha materializado en la carne. Esta carne es Cristo, el Dios práctico que ha venido a la tierra para obrar y salvar a la humanidad. En apariencia, Cristo es un Hijo del Hombre normal y corriente, pero es sustancialmente distinto de nosotros, los seres humanos creados. El hombre creado sólo tiene humanidad, no posee ni el menor rastro de esencia divina. Cristo, sin embargo, no sólo posee una humanidad normal, sino que, sobre todo, tiene plena divinidad. Así pues, Él tiene la esencia de Dios, puede representarlo plenamente, expresar todas las verdades como Dios mismo, expresar el carácter de Dios y todo lo que Dios tiene y es, y otorgarnos la verdad, el camino y la vida. Ningún hombre creado puede realizar tales proezas. Cristo obra y habla, expresa el carácter de Dios y todo lo que Dios tiene y es en Su carne. No importa de qué forma expresa la palabra de Dios y realiza la obra de Dios, Él siempre lo hace mediante la humanidad normal. Él tiene una carne normal, no tiene nada de sobrenatural. Esto demuestra que Dios se ha hecho carne, que se ha convertido en un ser humano corriente. Esta carne normal y corriente ha cumplido los hechos de “La Palabra manifestada en carne”. Es el Dios práctico encarnado. Cristo tiene plena divinidad y por ello puede representar a Dios, expresar la verdad y salvar a la humanidad. Gracias a que Cristo tiene plena divinidad, Él puede expresar directamente la palabra de Dios, no sólo enviarla o pasarla. Él puede expresar la verdad en cualquier momento y lugar, proveyendo, regando y pastoreando al hombre, guiando a toda la humanidad. Únicamente debido a que Cristo tiene plena divinidad y posee la identidad y esencia de Dios podemos decir que Él es la encarnación de Dios, el propio Dios práctico.

El mayor misterio de la encarnación poco tiene que ver con que la carne de Dios sea de excelsa estatura o sea como la del hombre común. Más bien, tiene que ver con el hecho de que esta carne normal oculta Su plena divinidad. Ninguno de nosotros puede descubrir ni ver esta divinidad oculta. Al igual que cuando el Señor Jesús vino a realizar Su obra, si en aquel entonces nadie hubiera oído Su voz ni experimentado Su palabra y obra, nadie habría reconocido que el Señor Jesús era Cristo, Hijo de Dios. Así pues, la encarnación de Dios es la mejor manera en la que Él puede descender en secreto entre nosotros, los seres humanos. Cuando vino el Señor Jesús, ninguno de nosotros podía distinguir, por Su aspecto exterior, que Él era Cristo, Dios encarnado, ni ver la divinidad oculta en Su humanidad. Sólo después de que el Señor Jesús hubiera expresado la verdad y realizado la obra de redención de la humanidad, algunos descubrieron que Su palabra tenía autoridad y poder, y fue entonces cuando empezaron a seguirlo. Sólo cuando el Señor Jesús se apareció tras haber resucitado la humanidad comprendió que Él era el Cristo encarnado, la aparición de Dios. Si Él no hubiera expresado la verdad ni realizado Su obra, nadie lo habría seguido; si no hubiera dado testimonio de que Él era Cristo, la aparición de Dios, nadie lo habría reconocido. En las nociones y imaginaciones del hombre, cree que si Él realmente es Dios encarnado, Su carne debería tener cualidades sobrenaturales: debería ser sobrehumano, de excelsa estatura, fuerte y con una presencia imponente y, no sólo hablar con autoridad y poder, sino también obrar señales y prodigios allá donde fuera; así debería ser Dios encarnado. Si Su apariencia exterior es corriente, como la de cualquier otro hombre normal, y tiene una humanidad normal, entonces, seguro que Él no es la encarnación de Dios. Recordemos. Cuando el Señor Jesús se encarnó para hablar y obrar, aunque Él expresaba la verdad y la voz de Dios, los sumos sacerdotes, los escribas y los fariseos del pueblo judío no lo reconocieron. Cuando oían que los discípulos daban testimonio del Señor Jesús, incluso decían: ¿No es este el hijo de José? ¿No es Nazareno? ¿Por qué hablaban los sumos sacerdotes, los escribas y los fariseos así sobre Él? Porque el Señor Jesús tenía una humanidad normal en apariencia. Era una persona normal y corriente y no tenía una presencia excelsa ni imponente, y por ello, no lo aceptaron. De hecho, dado que Él es la encarnación, necesariamente tiene que tener una humanidad normal, tiene que demostrar a nosotros que la carne de la que se reviste el propio Dios es carne normal y corriente; Él parece un ser humano normal. Si Dios se revistiera de carne sobrehumana y no de una persona con humanidad normal, se perdería completamente el significado de la encarnación. Así pues, Cristo debe tener una humanidad normal. Sólo así se puede demostrar que Él es la Palabra hecha carne.

Leamos unos pasajes de la palabra de Dios Todopoderoso: “El significado de la encarnación es que un hombre ordinario y normal lleve a cabo la obra de Dios mismo; es decir, que Dios lleva a cabo Su obra divina en la humanidad y vence de este modo a Satanás […] puede expresar la obra divina. Si durante Su primera venida Dios no hubiera tenido una humanidad normal antes de los veintinueve años de edad, si al nacer Él hubiera podido obrar milagros, si nada más aprender a hablar Él hubiera podido hablar el lenguaje del cielo, si al momento en que puso Su pie sobre la tierra por primera vez Él hubiera podido comprender todos los asuntos mundanos, discernir todos los pensamientos y las intenciones de cada persona, entonces no se le habría podido haber llamado un hombre normal y Su carne no podría haberse llamado carne humana. Si este hubiera sido el caso con Cristo, entonces el sentido y la esencia de la encarnación de Dios se habrían perdido. Que poseyera una humanidad normal demuestra que Él era Dios encarnado en la carne; que pasase por un proceso de crecimiento humano normal demuestra aún más que Él era una carne normal y, además, Su obra es prueba suficiente de que Él era la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios hecho carne. Dios se hace carne por las necesidades de la obra; en otras palabras, esta etapa de la obra debe hacerse en la carne, en una humanidad normal. Este es el requisito previo para que el Verbo se haga carne, para que la Palabra aparezca en la carne, y es la verdadera historia detrás de las dos encarnaciones de Dios” (‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Si el Dios encarnado hubiera comenzado Su ministerio formal desde el momento de Su nacimiento, realizando señales sobrenaturales y maravillas, entonces Él no tendría una esencia corpórea. Por tanto, Su humanidad existe por el bien de Su esencia corpórea; no puede haber carne sin humanidad y una persona sin humanidad no es un ser humano. De esta forma, la humanidad de la carne de Dios es una propiedad intrínseca de la carne encarnada de Dios. Decir que cuando Dios se hace carne es totalmente divino, no es en absoluto humano, es una blasfemia, porque esta es una postura imposible de adoptar y que viola el principio de la encarnación […]

[…] La humanidad de Dios encarnado existe para mantener la obra divina normal en la carne; Su pensamiento humano normal sustenta Su humanidad normal y Sus actividades corporales normales. Se podría decir que Su pensamiento humano normal existe con el fin de sustentar toda la obra de Dios en la carne. Si esta carne no poseyera una mente humana normal, entonces Dios no podría obrar en la carne y lo que Él debe hacer en la carne no se cumpliría jamás […] Así pues, el Dios encarnado debe poseer una mente humana normal, debe poseer una humanidad normal, porque Él debe desempeñar Su obra en la humanidad con una mente normal. Esta es la esencia de la obra del Dios encarnado, la propia esencia del Dios encarnado (‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En las palabras de Dios Todopoderoso vemos claramente que Dios encarnado debe tener una humanidad normal, de lo contrario, no podría ser la encarnación de Dios. El aspecto externo de Dios encarnado es el de un hombre normal y corriente y Su humanidad no tiene nada de sobrenatural. Así pues, si evaluamos a Cristo según nuestras nociones y fantasías, nunca lo reconoceremos ni aceptaremos. Como mucho tan sólo reconoceremos que es un profeta enviado por Dios o alguien a quien Dios utiliza. Si de verdad queremos conocer a Cristo, debemos estudiar Sus palabras y Su obra para ver si lo que Él expresa es la voz del propio Dios, si las palabras que expresa son manifestaciones del carácter de Dios y de todo lo que Dios tiene y es, y para ver si Su obra y la verdad que expresa pueden salvar a la humanidad. Sólo entonces podemos conocer, aceptar y obedecer a Cristo. Si no buscamos la verdad ni investigamos la obra de Dios, aunque oigamos las palabras de Cristo y veamos la realidad de Su obra, seguiremos sin conocer a Cristo. Aunque estemos con Cristo de la mañana a la noche, aún lo consideraremos un hombre corriente y, de ese modo, nos opondremos a Él y lo condenaremos. En realidad, para reconocer y aceptar a Cristo, lo único que debemos hacer es reconocer la voz de Dios y aceptar que Él realiza la obra de Dios. Pero para conocer la esencia divina de Cristo y, por consiguiente, alcanzar la verdadera obediencia a Cristo y amar al Dios práctico, debemos descubrir la verdad en las palabras y la obra de Cristo, ver el carácter de Dios y todo lo que Dios tiene y es, ver la esencia santa, la omnipotencia y la sabiduría de Dios, ver que Dios es maravilloso y agradecer Sus sinceras intenciones. Sólo así podremos obedecer de verdad a Cristo y adorar de corazón al Dios práctico.

Todos los creyentes sabemos que el modo en que predicó el Señor Jesús, la palabra que expresó, los misterios del reino de los cielos que reveló y las exigencias que impuso a nosotros, los seres humanos eran toda la verdad, la propia voz de Dios, y que todo ello era la manifestación del carácter de vida de Dios y de todo lo que Dios tiene y es. Los milagros que obró: sanar enfermos, expulsar a los demonios, calmar el viento y el mar, dar de comer a cinco mil personas con cinco panes y dos peces y resucitar a los muertos, eran todos manifestaciones de la autoridad y el poder de Dios. Aquellos que, en aquel tiempo, buscaban la verdad, como Pedro, Juan, Mateo y Natanael, reconocieron por la palabra y la obra del Señor Jesús que Él era el Mesías prometido, y por eso lo siguieron y recibieron Su salvación. En cambio, los judíos fariseos, pese a oír los sermones del Señor Jesús y verlo obrar milagros, lo seguían viendo como una persona corriente, sin poder ni prestigio, y por eso se atrevieron descaradamente a oponerse a Él y a condenarlo sin el menor temor. Al final cometieron el mayor de los pecados al crucificar al Señor Jesús. ¡La lección de los fariseos merece una profunda reflexión! Esto expone claramente su naturaleza de anticristos que odian la verdad y aborrecen a Dios, y revela la estupidez y la ignorancia de la humanidad pervertida. En la actualidad, Dios Todopoderoso encarnado realiza la obra del propio Dios en una humanidad normal, igual que lo hizo el Señor Jesús. Dios Todopoderoso expresa todas las verdades que necesita la humanidad pervertida para salvarse, y lleva a cabo la obra del juicio comenzando por la casa de Dios en los últimos días. No solamente juzga y expone la naturaleza satánica de la humanidad pervertida y la verdad de su perversión, también ha revelado todos los misterios del plan de gestión de Dios de seis mil años para salvar a la humanidad; ha señalado el camino que puede liberar del pecado a la humanidad para que alcance la santidad y sea salvada por Dios; ha revelado el carácter justo inherente a Dios, todo lo que Él tiene y es, y Su autoridad y poder únicos… La palabra y la obra de Dios Todopoderoso son manifestación absoluta de la identidad y la esencia del propio Dios. Hoy en día, todos los que siguen a Dios Todopoderoso han oído la voz de Dios en la palabra y la obra de Dios Todopoderoso, han visto la manifestación de la palabra de Dios en la carne y se han presentado ante el trono de Dios Todopoderoso, recibiendo la purificación y la perfección de Dios. Aquellos del mundo religioso que aún niegan a Dios Todopoderoso, se oponen a Él y lo condenan han cometido el mismo error que los judíos fariseos: han considerado a Cristo de los últimos días, Dios Todopoderoso, como una persona corriente sin preocuparse lo más mínimo por buscar y estudiar todas las verdades que ha expresado Dios Todopoderoso y, en consecuencia, han crucificado a Dios de nuevo y han ofendido Su carácter. Como vemos, si nosotros nos aferramos a nuestras nociones y fantasías sin buscar ni estudiar las verdades que expresa Cristo, no podremos reconocer la voz de Dios expresada por Cristo, no podremos aceptar ni obedecer la obra de Cristo y nunca recibirá la salvación de Dios en los últimos días. Si no comprendemos la verdad de la encarnación, no podremos aceptar ni obedecer la obra de Dios, condenaremos a Cristo y nos opondremos a Dios y, probablemente, también recibiremos el castigo y la maldición de Dios. Así pues, en nuestra fe, para obtener la salvación de Dios, es sumamente importante que busquemos la verdad ¡y comprendamos el misterio de la encarnación!

de “Preguntas y respuestas clásicas sobre el Evangelio del Reino”

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