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Pregunta (5) No podemos discernir claramente qué son las trabas del Espíritu Santo cuando cumplimos deberes

La respuesta es la siguiente: Las trabas o la guía del Espíritu Santo no son sobrenaturales, así que cuando estés llevando a cabo tus asuntos no podrás ver nada a primera vista. Podrías sentir que algo es correcto, que es apropiado y que por tanto eso significa probablemente que el Espíritu Santo lo ha aprobado. Pero ese no siempre es el caso. Por ejemplo, cuando difundes el evangelio estableces habitualmente una fecha en la que vas a compartir el evangelio con la persona implicada. ¿Es incorrecto hacer eso? No lo parece exteriormente y no es algo trivial que estés haciendo ni algo que no esté de acuerdo con las verdades. Es la comisión de Dios, un deber que debes llevar a cabo, pero en ocasiones el momento simplemente no es el correcto y cuando vas allí ese día te encuentras trabas. En ocasiones eso ocurre porque no oraste primero, pues pensabas que podías hacerlo a tu manera. Pero siempre que hagas eso te sentirás incómodo, falto de entusiasmo y tu mente será un caos. En general, tomar tus propias decisiones y hacerlo a tu manera sin orar a Dios conduce a las trabas del Espíritu Santo, las cuales pueden manifestarse en la situación en la que estés. No se trata de si debe hacerse o no, no es que haya un problema con el asunto, es porque no oraste, no buscaste verdades y no comunicaste estando cerca de Dios. Delimitar, planear, organizar y hacer cualquier cosa como tú quieres lleva a menudo a que aparezcan las trabas del Espíritu Santo. Es como cuando decides cómo hacer algo y desde el principio oras, buscas verdades de Dios y buscas la guía del Espíritu Santo. Después de orar algunas veces, sientes que sabes cómo proceder y que sabes cuándo debes hacerlo. Y cuando oras de nuevo te sientes en paz y todo sale sin contratiempos. Eso se debe a que oraste desde el principio, a que organizaste e hiciste las cosas todo el tiempo hablando con Dios. Por tanto, no hubo contratiempos. ¿Por qué no hubo ningún contratiempo de esta forma? Algunas personas no entienden esto y preguntan: “Es una buena obra, es difundir el evangelio y está organizado exactamente de la misma forma que la situación exige, entonces ¿por qué sale a veces sin contratiempos pero otras no?”. ¿Hay verdades que podamos buscar aquí? Sí, las hay. Para que el Espíritu Santo nos guíe hay una lección crucial y es que tienes que obedecer a Dios, tienes que comprender las intenciones de Dios y hacer las cosas de acuerdo a la guía del Espíritu Santo. Esta es una lección que la mayoría de las personas no aprenden fácilmente. Después de que las personas hayan sido corrompidas por Satanás, ¿qué les gusta? Les gusta hacer lo que quieren y se vuelven imprudentes, obstinadas e incontroladas por naturaleza. ¿No es todo esto típico del carácter corrupto de las personas? Ahora bien, si Dios quiere cambiar esta clase de carácter, ¿cómo lo abordará? Lo hace dejando que aprendas cómo obedecer la guía del Espíritu Santo y cómo hacerlo todo a través de esta de forma que todo salga tan suave como la seda. Es como los campesinos de antaño que depositaban su fe en el Cielo cuando sembraban sus cultivos cada año. Desde la siembra hasta la siega confiaban en el Cielo y descubrían que cuanta más fe tenían mejor les ibann las cosas, pero que si dejaban de confiar en el Cielo los desastres los golpearían. Al final, llegaban a creer que el Anciano del Cielo era real y que Él controlaba todas las cosas. Creían que el Anciano del Cielo podía hacerlos ricos, darles una buena cosecha o que, si se enojaba, podía disponer las cosas de manera que por muchas semillas que sembraran en sus campos no obtendrían ninguna cosecha en absoluto. ¿No es este el efecto de la obra de Dios? El Espíritu Santo obra así sobre el pueblo escogido de Dios. Él está entrenándote, quiere que aprendas a obedecer, a confiar en Dios y no en ti mismo. Dime, ¿no es esta una lección de gran significado? Así es el entrenamiento y si haces algo o tratas de conseguir a alguien sin orar a Dios —sino que tomas tus propias decisiones y lo haces a tu manera confiando en tus propias imaginaciones, disposiciones, capacidades y fuerza— entonces será fácil que tus planes salgan mal y que acabes frustrado. ¿Qué nos enseñan el fracaso y la frustración? ¿Qué inspiración obtenemos de ellos? Nos enseñan cómo orar, cómo obedecer al Espíritu Santo, a seguir adelante cuando hay guía y a esperar cuando no la hay, aunque pensemos que estamos haciendo algo bueno. Ahora algunas personas preguntan cómo determinar que el Espíritu Santo nos está guiando. Estableces la fecha para hacer algo después de orar a Dios pero entonces te dices a ti mismo en tu corazón: “He dicho a Dios que quiero difundir el evangelio en esa fecha, pero si Él me lo impide debo obedecerle”. Por tanto, cuando oras y haces tus planes siempre mantienes un corazón obediente a Dios. Nunca debes tener la actitud de: “Ni el viento ni la marea van a evitar que yo haga esto. Nadie puede detenerme, ni siquiera Dios. No voy a escuchar ninguna verdad. Voy a hacer esto”. Nunca debes hacer las cosas con esta clase de actitud rebelde. Son dos actitudes diferentes, ¿no es así? En ambos casos hay oración y organización, pero la clave es si la persona tiene o no un corazón que obedece a Dios. Esa es la diferencia y aunque es pequeña lo determina todo. Es como cuando estás buscando pareja para casarte pero no has encontrado a nadie adecuado, ¿cómo estableces tus reglas básicas? ¿Podrás escuchar a tus padres? Podrías decir: “Antes de buscar a alguien escucharé a mis padres. Haré lo que ellos digan”. Pero entonces encuentras a tu media naranja y hay amor a primera vista. Quieres casarte con él o ella, pero tus padres no están de acuerdo. ¿Seguirás escuchándolos y abandonarás a u recién encontrado amor? Algunas personas podrían decir: “Estoy totalmente convencido de ello, pero mis padres no están de acuerdo así que tengo que renunciar a ello”. Ves cuán diferente es de alguien que diría: “Realmente me gusta él o ella. No voy a escuchar a mis padres si ellos se oponen a mí”. ¿No son dos situaciones diferentes? Son dos situaciones diferentes que representan dos caracteres diferentes. A simple vista parecen ser una misma cosa, pero que la obediencia esté o no presente en el corazón marca toda la diferencia. Algunas personas son bastante obedientes cuando las hacemos líderes, pero si no lo hacemos se vuelven rebeldes y empiezan a oponerse a la casa de Dios. Alguien que realmente tenga verdades pensaría: “Si me haces líder obedeceré y aunque no me hagas líder obedeceré. Si me haces líder de nuevo obedeceré y aunque no me hagas líder de nuevo obedeceré. Si me haces líder 3 veces y me despides 3 veces seguiré obedeciendo”. Aquí es donde puedes ver si alguien tiene obediencia y realidad. Por tanto, para saber si algo se está haciendo bajo la guía del Espíritu Santo debes ver si las personas implicadas son obedientes o no. Principalmente, Dios quiere purificarnos y para que eso ocurra debes ser obediente. No pienses que simplemente porque lo que estés haciendo sea correcto y porque estés erogándote por Dios puedes hacer las cosas a tu manera y no escuchar a nadie. No está bien que lo decidas todo por ti mismo porque eso demuestra que no obedeces. En ocasiones se pide a diferentes personas que lleven a cabo tareas bastante similares. Los que obedezcan no serán disciplinados generalmente, pero los que no obedezcan siempre serán disciplinados. Estas personas preguntan a menudo porque están siendo disciplinadas mientras que las demás no. Pero las demás tienen obediencia y es por eso que aunque no estén obrando apropiadamente y no puedan darse cuenta de ello, no están resistiéndose a Dios intencionadamente. Sin embargo, la forma en la que obran las personas insumisas demuestra que hay resistencia a Dios en su corazón a pesar de hacerlo apropiadamente y que pueden caminar por la senda de los anticristos. ¿Puedes ver la gran diferencia aquí? Por tanto, ¿cómo debes orar cuando estés cumpliendo tus deberes bajo la guía del Espíritu Santo? Debes orar así: “Dios, esta obra es un deber que debo cumplir y estoy dispuesto a hacerlo, pero si Tú me lo impides, si no quieres que yo lo haga, entonces me detendré inmediatamente”. Y cuando hayas terminado de orar lleva a cabo la obra. ¿Qué pensáis de esta oración? Muestra sumisión, ¿verdad? Pero si oras así: “Dios, he decidido llevar a cabo esta tarea hoy ya que es un deber que debo cumplir. Voy a hacerlo ahora. Es algo correcto, así que nadie tiene derecho a impedírmelo”, ¿cuál es el problema aquí? El problema es que no hay sentido de la sumisión. El Espíritu Santo no está entrenando de esta manera para que sepamos que tenemos que parar si Él quiere que lo hagamos aunque lo que estemos realizando sea correcto. Tienes que orar y ponerte a hacer algo con un corazón que sea obediente a Dios. Dios no intenta gestionarnos sino que simplemente observa para ver cómo hacemos algunas cosas y con qué clase de intención. Cuando oramos, Él podría no poner obstáculos en nuestro camino, pero después salimos o nos metemos en un vehículo y siempre sale mal. Quizás empezamos a sentirnos enfermos o en condiciones que simplemente no son buenas. Quizás ocurre un accidente o desastre. ¿Cuál es el problema aquí? ¿Es fácil de determinar? Sí, lo es, porque en unas ocasiones es una traba y en otras es una prueba. Por tanto, ¿cómo determinamos cuándo es una traba y cúando es una prueba? Tenemos que orar para ver si sentimos paz en nuestro corazón antes de salir. Cuando nunca estés seguro, ora así: “Dios, hemos venido aquí hoy a cumplir nuestros deberes, pero nos hemos encontrado con algunas dificultades y no sabemos cuál es Tu intención. Aunque no sabemos qué quieres vamos a intentarlo y a proceder igualmente”. Eso es lo que los no creyentes llaman cruzar el río sintiendo las rocas en el agua. Pero si tuvieras un corazón sumiso a Dios dirías esto: “Dios, si no estás de acuerdo, por favor dispón las cosas para impedirnos hacerlo. Haznos saber Tu intención para que podamos obedecerte”. Esto es orar con la actitud correcta. Cuando sigas adelante y hagas cosas, Dios asumirá la responsabilidad. Esta es la forma de comprender las intenciones de Dios. Por ejemplo, si estás planeando difundir el evangelio debes orar así a Dios: “Dios, ¿es acorde a Tu intención mi plan de difundir el evangelio? Difundir el evangelio es realmente algo bueno pero no sé si Tú has dispuesto que eso ocurra en este momento y bajo esta circunstancia. No sé si es apropiado hacerlo. Si no es Tu intención, por favor impídeme que lo haga”. Después de orar, si te sientes en paz ve y hazlo. Haz lo que tengas que hacer y sigue avanzando. Pero si tienes la sensación continua de que va a ocurrir algo malo y sientes incomodidad espiritual o incluso empiezas a temblar de miedo, entonces el problema debe ser que hay trabas y debes orar lo antes posible. ¿Cómo debes orar? Así: “Dios, me siento inquieto y esa debe ser Tu intención. Si es realmente Tu intención me iré a casa. Si me siento en paz cuando llegue a casa eso demuestra que Tú has permitido que esto ocurra. Así que me voy a casa ahora, pero te obedeceré”. Si oras así, renuncias a lo que ibas a hacer, te vas a casa sin ningún problema y sientes paz cuando llegas allí, ¿pensáis que había trabas? Sí, las había, porque Dios no quería que salieras. Y todo esto se averiguó por medio de la oración. Algunas personas preguntan si esto es correcto o no. No debe importarnos si es o no correcto; simplemente debemos obedecer a Dios y buscar siempre la guía del Espíritu Santo. Siempre debemos orar, tener un corazón sumiso a Dios e ir donde nos lleve el sentimiento. Alguien podría intentar hacerte ir porque no crea que no puede hacerse. Pero probablemente no se hará o algo malo ocurrirá y entonces puedes estar seguro de que Dios ha puesto obstáculos en tu camino. Es como si planearas salir en tu vehículo hoy pero no tuviste buenos sueños anoche y cuando estás a punto de irte de la casa empiezas a estremecerte de miedo, tus pestañas empiezan a temblar y te sientes muy inquieto. Dime, ¿es eso un augurio? Parece ser un mal augurio, así que oras a Dios: “Dios, ¿por qué estoy tan inquieto? ¿Es que no quieres que yo vaya hoy? Si no voy por favor haz que me sienta aliviado”. Sin duda alguna, no vas y te sientes en paz, lo cual demuestra que el hecho de que no fueras estaba siguiendo la guía del Espíritu Santo. Así es como aprendemos a obedecer: no consideramos si hacer algo es o no correcto ni cuántas veces de 10 lo hacemos bien. En su lugar, siempre que nos encontramos con reveses simplemente mantenemos una sumisión a Dios en nuestro corazón. Como mínimo, esto te entrenará para que te conviertas en alguien que obedece la guía del Espíritu Santo. Esto tiene como mínimo este efecto, ¿verdad? En cuanto a algunos acontecimientos no puedes razonar, no puedes pensar en términos de correcto o erróneo porque Dios está usando ese acontecimiento para lograr un resultado en ti, el cual es hacerte sumiso, eliminar tu propia voluntad para que cuides al máximo el corazón de Dios, de forma que puedas tener un corazón que sea uno con el de Dios. ¿No es este el Espíritu Santo perfeccionando a las personas? Perfeccionar la transformación en el carácter vital es algo que tiene mucho más valor que otras cosas que haces, realmente tiene un significado tremendo. Aunque hagas muchas cosas, si estas no te entrenan apropiadamente no aprenderás la sumisión, no seguirás la guía de Dios y no tendrás un corazón que sea uno con el de Dios. Serás rebelde, obstinado e imprudente y saldrás perdiendo mucho porque no podrás ser usado. No serás perfeccionado y seguirás teniendo el carácter natural e inalterado de Satanás. Por tanto esa es la razón por la que en muchas ocasiones el Espíritu Santo actúa como lo hace, guiándonos, entrenándonos, organizando nuestra vida. Sin embargo, algunas personas son curiosas y quieren explorar qué ocurre si desobedecen. Dicen: “Estoy decidido a hacer esto y a ver si puedo hacerlo bien. Quiero ver cómo me detiene Dios”. Bien, pueden seguir adelante e intentarlo, pero la clave es si aprendes o no la sumisión. Muchas cosas no tienen que ver con comprobar si pueden o no lograrse buenos resultados sino con usar el asunto en cuestión para entrenarte en la entrada en la vida y con entender verdades para lograr resultados. Esto es mucho más significativo

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