5. Qué es una persona malvada y cómo se puede identificar a las diversas personas malvadas

Las palabras relevantes de Dios:

Aquellos entre los hermanos y hermanas que siempre están dando rienda suelta a su negatividad son lacayos de Satanás y perturban a la iglesia. Tales personas deben ser expulsadas y eliminadas un día. En su creencia en Dios, si las personas no tienen un corazón reverente a Dios, si no tienen un corazón obediente a Dios, entonces no solo no podrán hacer ninguna obra para Él, sino que, por el contrario, se convertirán en quienes perturban Su obra y lo desafían. Creer en Dios, pero no obedecerlo ni venerarlo y, más bien, resistirse a Él, es la mayor desgracia para un creyente. Si los creyentes son tan casuales y desenfrenados en sus palabras y su conducta como lo son los incrédulos, entonces son todavía más malvados que los incrédulos; son demonios arquetípicos. Aquellos que dan rienda suelta a su conversación venenosa y maliciosa dentro de la iglesia, que difunden rumores, fomentan la desarmonía y forman grupitos entre los hermanos y hermanas deben ser expulsados de la iglesia. Sin embargo, como esta es una era diferente de la obra de Dios, estas personas son restringidas, pues enfrentan una segura eliminación. Todos los que han sido corrompidos por Satanás tienen un carácter corrupto. Algunos no tienen nada más que un carácter corrupto, mientras que otros son diferentes: no solo su carácter ha sido corrompido por Satanás, sino que su naturaleza también es extremadamente maliciosa. No solo sus palabras y acciones revelan su carácter corrupto y satánico; además, estas personas son el auténtico diablo Satanás. Su comportamiento interrumpe y perturba la obra de Dios, perjudica la entrada a la vida de los hermanos y hermanas y daña la vida normal de la iglesia. Tarde o temprano, estos lobos con piel de oveja deben ser eliminados; debe adoptarse una actitud despiadada, una actitud de rechazo hacia estos lacayos de Satanás. Solo esto es estar del lado de Dios y aquellos que no lo hagan se están revolcando en el fango con Satanás.

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Tal vez en todos tus años de fe en Dios, nunca hayas maldecido a nadie ni cometido una mala acción, sin embargo, en tu relación con Cristo, no puedes decir la verdad, actuar honestamente u obedecer la palabra de Cristo. En ese caso, Yo digo que tú eres la persona más siniestra y malévola del mundo. Quizás eres excepcionalmente amable y dedicado a tus parientes, tus amigos, tu esposa (o esposo), tus hijos e hijas y tus padres, y nunca te aprovechas de nadie, pero si eres incapaz de ser compatible con Cristo, si eres incapaz de relacionarte en armonía con Él, entonces, aun si gastas todo lo que tienes ayudando a tus vecinos, o si le brindas a tu padre, a tu madre y a los miembros de tu casa un cuidado meticuloso, te diría que sigues siendo un ser malvado y, más aún, lleno de trucos astutos.

Extracto de ‘Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dios ha hecho toda esta obra, y la gente la ha experimentado y ha sido testigo con sus propios ojos de todos estos pasos de la obra de Dios. Se mire cómo se mire, la obra realizada por Dios y las palabras que Él dice son incuestionables para el hombre, y este no debe ponerlas en duda. Independientemente de lo normal y corriente que sea este cuerpo carnal, de lo poco notable que le parezca a la gente, deben aceptar las palabras de Dios como la verdad. Algunos dicen: “Como Tu carne es tan insignificante y ordinaria, como la persona que eres es tan incapaz de inspirar obediencia o admiración en nosotros, y no puedes sernos de mayor beneficio, debemos tratarte como a una persona corriente”. ¿Qué opináis de ese punto de vista? Otros dicen: “Debido a que algunas de las cosas que has hecho nos han dejado poco convencidos, nos han dado nociones y nos resultan incomprensibles, y porque has dicho algunas cosas que son inaceptables para nosotros, no puedes representar al Dios del cielo, y por eso debemos luchar contra ti hasta el final. Si nos pides que difundamos el evangelio, no lo haremos, si nos pides que cumplamos con nuestro deber, no lo haremos, y si nos pides que aceptemos Tus palabras como la vida y la verdad, tampoco lo haremos. Lucharemos hasta el final contra la persona que eres; a ver qué puedes hacernos Tú a nosotros”. En los corazones de estas personas que en absoluto aceptan la verdad, hay mil —diez mil— razones para negar la obra de Dios, para negar que las palabras de Dios son la verdad, para negar Su carne encarnada. Pero hay una cosa que puede que no tengan tan clara: da igual cuántas razones tengan, si no aceptan estas verdades, no se salvarán. Está bien que no aceptéis la persona que soy o la obra de Dios y no reconozcáis estas palabras de Dios, pero si no adoptáis estas palabras como la verdad y las ponéis en práctica, esto os digo con toda honestidad: nunca os salvaréis ni pasaréis jamás por la puerta del reino de los cielos. Porque si eludís estas palabras de Dios, estas verdades y a esta persona que obra, este Cristo, entonces da igual cuánta doctrina entendáis o cuánta obra hayáis hecho, no recibiréis nada; no sois más que un pedazo de basura. No importa bajo qué bandera cumpláis vuestro deber, bajo qué nombre creáis en Dios: no se os puede salvar. Y si no se os puede salvar, ¿qué bendiciones podéis recibir? Algunos compiten con el Dios del cielo, otros con el Dios de la tierra, algunos disputan las palabras de Dios y otros la verdad, pero nunca disputan su propio destino. ¿Acaso no es esto una vileza? Todos esos villanos son tan aborrecibles, tan malvados. Son todos unos incrédulos, oportunistas, sinvergüenzas, y esta es la esencia de los anticristos.

Extracto de ‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (VI)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Las personas el día de hoy no pueden desprenderse de las cosas de la carne; no pueden renunciar a los deleites de la carne, al mundo, al dinero o su carácter corrupto. La mayoría de la gente va tras sus búsquedas de un modo superficial. De hecho, estas personas no albergan para nada a Dios en su corazón; aún peor, no temen a Dios. No tienen a Dios en sus corazones y, por lo tanto, no pueden percibir todo lo que Él hace, y son aún más incapaces de creer las palabras que Él habla. Estas personas son demasiado carnales; están profundamente corrompidas y carecen de toda verdad. Lo que es más, no creen que Dios se pueda hacer carne. Cualquiera que no crea en Dios encarnado, es decir, cualquiera que no crea en el Dios visible o Su obra y Sus palabras y, en su lugar, adore al Dios invisible en el cielo, es una persona que no tiene a Dios en su corazón. Estas personas son rebeldes y se resisten a Dios. Carecen de humanidad y razón, por no hablar de la verdad. Además, para estas personas, el Dios visible y tangible con mayor razón no puede ser creído, sin embargo, consideran que el Dios invisible e intangible es el más creíble y también el más regocijante. Lo que ellos buscan no es la verdad de la realidad ni tampoco la verdadera esencia de la vida, mucho menos la voluntad de Dios. Más bien, buscan la emoción. Lo que quiera que sea que les permita conseguir más sus propios deseos, esto es, sin duda, lo que creen y lo que buscan. Solo creen en Dios con el fin de satisfacer sus propios deseos, no de buscar la verdad. ¿No son estas personas malhechoras? Confían demasiado en ellas mismas y no creen para nada que Dios en el cielo destruirá a tales “buenas personas” como ellas. En cambio, creen que Dios les permitirá permanecer y, más aun, las recompensará generosamente porque han hecho muchas cosas para Dios y han mostrado bastante “lealtad” hacia Él. Si también fueran a buscar al Dios visible, en cuanto sus deseos no se cumpliesen, devolverían el golpe contra Dios o montarían en cólera. Estas personas se muestran viles como “perros sucios” que siempre buscan satisfacer sus propios deseos; no son personas íntegras, que buscan la verdad. Tales personas son las llamadas personas malvadas que siguen a Cristo. Esas personas que no buscan la verdad no pueden creer la verdad y son las más incompetentes para percibir el resultado futuro de la humanidad porque no creen ninguna obra o palabra del Dios visible y esto incluye que no pueden creer en el destino futuro de la humanidad. Por lo tanto, aunque sigan al Dios visible, todavía hacen el mal y no buscan la verdad para nada, ni tampoco practican la verdad que Yo exijo. Esas personas que no creen que van a ser destruidas son, por el contrario, las mismas que van a ser destruidas. Todos ellos creen ser tan listos y creen que ellos mismos son los que practican la verdad. Piensan que su conducta malvada es la verdad y por lo tanto la atesoran. Estas personas malvadas confían mucho en sí mismas; toman la verdad como si fuera doctrina y toman como verdad sus actos malvados, pero al final solo pueden cosechar lo que han sembrado. Entre más las personas confíen en sí mismas y entre más arrogantes sean, más incapaces son de alcanzar la verdad; entre más las personas crean en el Dios en el cielo, más se resisten a Dios. Estas son las personas que van a ser castigadas.

Extracto de ‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”

A los malvados les gustan las cosas malvadas, perversas, maliciosas; aman todo lo que está relacionado con las cosas negativas. Al mencionar las positivas, cuando se les dice que algo es beneficioso para la gente, que viene de Dios, no les gusta lo que oyen y pierden interés. Siendo así, no hay manera de que puedan salvarse. No importa lo elocuente que la verdad o lo auténtico que sea este camino, esto no despierta su interés, pero se entusiasman ante la mención de la comida, la bebida, la diversión, la promiscuidad, divertirse, apostar, robar y hurtar. Este es un carácter perverso y malvado, no existe bondad en sus corazones, y por lo tanto son incapaces de amar las cosas positivas. ¿Cómo consideran las cosas positivas en sus corazones? Con desprecio. Las desprecian y se burlan de ellas. A la mención de ser honestos, piensan para sí: “La gente honesta no hace más que sufrir. No voy a ser honesto. Eres un necio por ser honesto, mira lo difícil que te resulta cumplir con tu deber. Nunca has pensado en proporcionarte una salida, nunca has considerado tu salud. ¿Quién cuidará de ti cuando estés exhausto? No puedo permitirme acabar exhausto”. Algunos dicen: “Tenemos que proporcionarnos una salida; no podemos seguir trabajando a ciegas con el sudor de nuestra frente. Tenemos que preparar una salida, entonces podemos hacer un esfuerzo simbólico”. Hablar de su propia mentalidad les hace felices, pero cualquier mención de obediencia absoluta, de esforzarse fielmente y cumplir con su deber, les disgusta, son reacios a ella y hacen oídos sordos. ¿Acaso no son despiadadas estas personas? No hay nada más que maldad en sus corazones. Al mencionar la verdad y practicarla, si se infringen sus propios intereses, se vuelven reacios, no quieren oírla: “Hablas todo el día de la verdad, de los principios de la práctica y de ser honesto. ¿Acaso ser honesto te pone la comida en la mesa? ¿Puedo ganar dinero siendo honesto? Mintiendo puedo obtener beneficios”. ¿Qué lógica es esta? Es la “lógica del bandolero”. ¿No es ese un carácter perverso? ¿Son bondadosos los corazones de estas personas? (No). Tales personas no pueden obtener la verdad. Así, existe un objetivo en lo poco que se dedican, esfuerzan y a lo que renuncian. Lo han pensado bien: dedicarán una parte y recibirán diez a cambio. Solo eso les parece que merece la pena. ¿Qué clase de carácter es este? Es maldad y perversidad.

Extracto de ‘Sólo cuando te conoces a ti mismo puedes buscar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Un aspecto importante del carácter de los malvados es la malevolencia. Ante las exhortaciones o los recordatorios bienintencionados de cualquiera, o incluso en aquellas ocasiones en que la gente les señala algunos de sus defectos, la actitud de los malvados no es de gratitud, de aceptación humilde, sino de hostilidad y odio, y hasta puede que dé lugar a la venganza. Hay quienes tratan a un anticristo diciéndole: “Siempre has alardeado en el cumplimiento del deber durante este tiempo, lo has estropeado totalmente. ¿Acaso eres digno de presentarte ante Dios? Durante el tiempo en que se suponía que debías cumplir con el deber, te has comportado desenfrenadamente y te has negado a actuar según los principios. ¿Por qué no has buscado la verdad? ¿Por qué no has actuado según los principios? ¿Por qué has ignorado a los hermanos y hermanas cuando te hablaban? ¿Por qué has seguido haciendo lo que has querido?”. Estos distintos “porqués”, estas palabras sumamente poco excepcionales, palabras que exponen su esencia, los sacan de quicio. Por ello, piensan para sus adentros: “¿Por qué? No hay ningún ‘porqué’: ¡hago lo que quiero! ¿Quién eres tú para tratarme?”. Aunque no digan estas cosas en voz alta, en su corazón nace una ira vengativa y hostil. ¿Y a qué da lugar esta ira? “¿Qué te da derecho a tratarme? ¿En qué te basas para decir que me he comportado desenfrenadamente? ¿Y qué si me comporto desenfrenadamente? ¿Qué puedes hacer tú? ¡Nadie se ha atrevido a decirme nada semejante en toda mi vida! Yo soy el único que tiene derecho a decir esas cosas a los demás; los demás no tienen derecho a decírmelas a mí. ¡Todavía no ha nacido quien pueda darme lecciones, quien sea digno de dármelas! ¿Y todavía pretendes dármelas tú?”. Así nace la animadversión. Y una vez que surge la animadversión, dado el carácter malévolo de los anticristos, ¿se conformarán con dejarlo ahí? Nada de eso. A continuación se pondrán a echar cuentas para sus adentros: “¿Tiene poder en la iglesia esta persona que me ha tratado? Si me vengo de ella, ¿habrá quien la defienda? Si trato de ajustarle las cuentas, ¿me castigará la iglesia por ello? Ya lo tengo: no me vengaré directamente sobre su persona, haré algo que pase totalmente desapercibido, averiguaré cómo se llama, dónde está su casa, con quién vive. He de vengarme, no puedo dejarlo pasar. ¿Cómo voy a tolerar este tipo de maltrato? No creo en Dios para que me maltraten, para que me fastidie quien le dé la gana; vine para ser bendecido, para entrar en el reino de los cielos. La gente se alimenta de la fuerza de su orgullo y debe tener el valor de luchar por su dignidad; si me acosas, si me tratas como basura, me aseguraré de que sufras las consecuencias. ¡A ver quién de los dos es más matón, quién puede vencer a quién!”. Unas simples palabras de verdad y honestidad enfurecen al anticristo, le provocan una animadversión tremenda, muchísimo resentimiento y hacen que mueva cielo y tierra para vengarse de esa persona. Naturalmente, no elige un único tipo de persona para vengarse, sino que está dispuesto a odiar a cualquiera que sea una amenaza para él, que pueda llegar a conocerlo, que comprenda la verdad, que sea capaz de desenmascarar su esencia y de tratarlo y podarlo, que tenga integridad para exponer los hechos y sepa exponerlos como realmente son. Hay incluso quien dice: “A quien me trate le daré duro. A aquel que me trate y pode, me robe mi parte de las bendiciones y haga que me echen de la casa de Dios, no lo dejaré en paz jamás. Así soy yo en el mundo secular: nadie se atreve a provocarme, ¡todavía no ha nacido quien se atreva a ello!”. Esa es su manera de denigrar cuando se enfrenta a la poda y el trato. Cuando denigra, no lo hace para intimidar a los demás ni para fanfarronear con tal de protegerse; es lo que realmente planea hacer. Por eso hay ciertos líderes y obreros que, cuando se encuentran con gente así, no se atreven a abordar a ella ni a provocarla; por el contrario, siempre la mantienen bajo su protección, de modo que estas personas se vuelven inflexibles, se obstinan en interrumpir y perturbar en la iglesia, y terminan controlando a los hermanos y hermanas. Así es como se produce el desastre. Incluso puede darse el extremo de que algunos anticristos, una vez que sus tácticas han sido desenmascaradas y denunciadas por los hermanos y hermanas, al enterarse se venguen de ellos entregándolos al gran dragón rojo, al gobierno. ¿Esto no es malevolencia? (Sí).

Extracto de ‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (VIII)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

¿Cómo se llevan los anticristos y los malvados? En general, ríen y bromean juntos, se halagan entre sí y ganan los favores del otro. Los malvados se dirigen hacia donde estén los anticristos; siempre están juntos, como moscas que siguen el hedor. Cuando están juntos, no trabajan en serio; solo chismosean sobre quién habló mal de quién, quién arremetió contra los líderes o, si ven personas que les desagradan, pensarán cómo deshacerse de ellas. Solo hablan de cómo molestar a los demás. También discuten cómo oponerse a lo alto, cómo saber de antemano si alguien planea informar de un problema con ellos y qué hacer al respecto cuando lo sepan. De estas cuestiones habla este grupo de malvados. Cuando están juntos, nunca conversan sobre qué hermanos y hermanas podrían ser débiles o negativos, carecen de convicción al cumplir con su deber o han sido engañados por algo, y tampoco discuten sobre la mejor forma de ayudar y apoyar a esos hermanos y hermanas o en qué áreas podría mejorar la iglesia. Cuando están juntos, los anticristos no discuten formas y métodos para resolver estos problemas; no hablan de tales cuestiones. Solo chismosean sobre quién está a disgusto con ellos, quién amenaza su estatus, quién informará de un problema con ellos y quién está en contacto con lo alto. Tras discutir algo, los anticristos lo implementan en las iglesias y su intromisión en ellas las altera. Luego, todos entran en pánico, y, al final, los hermanos y hermanas empiezan a sospechar y a tener celos entre sí, se hacen trizas y se exponen unos a otros, y, así, se alcanzan los objetivos de los anticristos. Así lideran las iglesias los anticristos. Si los malvados hacen lo que les dicen, los anticristos los protegen. Si los malvados no obedecen, entonces, ellos serán los primeros en ser tratados. Si esos malvados siguen a los anticristos y pueden ser reclutados y atraídos, los anticristos convertirán a dichos malvados en cómplices e informantes que realizarán actos malvados por ellos. Colocarán a esos malvados entre los hermanos y hermanas para descubrir quién habla mal de ellos a sus espaldas, quién tiene quejas sobre ellos, quién tiene percepciones sobre las palabras de Dios y quiere discernir sobre ellas y sobre ciertas cosas que podrían exponerlos por lo que son realmente; quién, por debajo de ellos, planea informar sobre ellos, y quién a menudo quiere estar en contacto con lo alto. Vigilan estas cosas específicamente, y, cuando están juntos, discuten sobre contramedidas, deliberan acerca de a quién pueden expulsar cada día y luego lo hacen parecer oficial al someterlo a votación. Son las cosas que hacen los anticristos, así lideran las iglesias. En los lugares con anticristos y malvados, las iglesias apestan a podredumbre. A esto se llama que el diablo esté a cargo. ¿Puede salir algo bueno de que el diablo esté a cargo? Solo puede traer calamidad a los escogidos de Dios.

Extracto de ‘Confunden, atraen, amenazan y controlan a la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Cada iglesia tiene personas que le provocan problemas o que se inmiscuyen en la obra de Dios. Todas ellas son satanases que se han infiltrado en la casa de Dios disfrazadas. Este tipo de personas son buenas para actuar. Vienen delante de Mí con gran reverencia, inclinándose y haciendo chirridos, viviendo como perros sarnosos y dedicando “todo” lo que son a lograr sus propios objetivos, pero ante los hermanos y hermanas, muestran su lado feo. Cuando ven a personas que practican la verdad, las eliminan y las hacen a un lado; cuando ven a alguien más formidable que ellos, lo adulan y son serviles con él. Proliferan en la iglesia. Puede decirse que esos “bravucones locales”, esos “perros falderos”, existen en la mayoría de las iglesias. Se unen en sus actos diabólicos, se guiñan el ojo y se envían señales secretas, y ninguno de ellos practica la verdad. Quien tiene más veneno es el “demonio jefe”, y quien tiene el más alto prestigio los conduce y lleva su estandarte en alto. Estas personas alborotan la iglesia, esparciendo su negatividad, emitiendo muerte, haciendo lo que les place, diciendo lo que les place, y nadie se atreve a detenerlas. Rebosan del carácter de Satanás. Tan pronto como comienzan a causar disturbios, un aire de muerte entra en la iglesia. Aquellos que están dentro de la iglesia y practican la verdad son echados fuera, incapaces de darlo todo, mientras que los que perturban a la iglesia y esparcen la muerte hacen vandalismo en la iglesia y, lo que es peor, la mayoría de las personas los sigue. Tales iglesias son dirigidas por Satanás, lisa y llanamente, y el diablo es su rey. Si los congregantes no se levantan y rechazan a los demonios principales, entonces ellos también, tarde o temprano, se irán a la ruina. A partir de ahora, deben tomarse medidas contra tales iglesias. Si los congregantes de una iglesia son capaces de practicar un poco de verdad, pero no buscan hacerlo, entonces esa iglesia será eliminada. Si no hay nadie en una iglesia que esté dispuesto a practicar la verdad y nadie que pueda dar testimonio de Dios, entonces esa iglesia debe ser completamente aislada y se deben cortar sus conexiones con otras iglesias. A esto se le llama “muerte por sepultura”; eso es lo que significa expulsar a Satanás. Si en una iglesia hay varios bravucones y son seguidos por “pequeñas moscas” que no pueden distinguir lo que son, y si los congregantes, incluso después de haber visto la verdad, siguen siendo incapaces de rechazar las ataduras y la manipulación de estos bravucones, entonces todos estos tontos serán eliminados al final. Tal vez estas pequeñas moscas no hayan hecho nada terrible, pero son aún más astutas, aún más resbaladizas y evasivas y todos los que son como ellas serán eliminados. ¡No quedará ni uno! Aquellos que pertenecen a Satanás serán devueltos a Satanás, mientras que aquellos que pertenecen a Dios seguramente irán en busca de la verdad; esto está determinado por su naturaleza. ¡Que todos los que siguen a Satanás perezcan! No habrá piedad para estas personas. Que los que buscan la verdad sean provistos y que se complazcan en la palabra de Dios hasta que se sientan saciados. Dios es justo; Él no muestra favoritismo hacia nadie. Si eres un diablo, entonces eres incapaz de practicar la verdad; si eres alguien que busca la verdad, entonces es seguro que no serás llevado cautivo por Satanás. Esto está más allá de toda duda.

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas que no se esfuerzan por progresar siempre desean que otros sean tan negativos e indolentes como ellos mismos. Aquellos que no practican la verdad están celosos de aquellos que sí lo hacen y siempre tratan de engañar a aquellos que están confundidos y carecen de discernimiento. Las cosas que estas personas expresan pueden provocar que te degeneres, que resbales, que desarrolles un estado anormal y que te llenes de oscuridad. Provocan que te distancies de Dios y que valores la carne y seas indulgente contigo mismo. Las personas que no aman la verdad y que son superficiales con Dios no tienen autoconciencia y el carácter de tales personas seduce a los demás para que cometan pecados y desafíen a Dios. No practican la verdad y tampoco permiten que otros la practiquen. Atesoran el pecado y no se menosprecian a sí mismas. No se conocen a sí mismas y evitan que otros se conozcan a sí mismos; también impiden que otros anhelen la verdad. Aquellos a los que ellos engañan no pueden ver la luz: caen en la oscuridad, no se conocen a sí mismos, no tienen claridad acerca de la verdad y se alejan cada vez más de Dios. No practican la verdad e impiden que otros la practiquen, y llevan a todas esas personas necias ante ellos. En lugar de decir que creen en Dios, sería mejor decir que creen en sus antepasados o que en lo que creen es en los ídolos de su corazón. Sería mejor que aquellas personas que dicen que siguen a Dios abrieran los ojos y miraran bien para ver exactamente en quién creen: ¿Realmente es en Dios en quien crees o en Satanás? Si sabes que no es en Dios en quien crees sino en tus propios ídolos, entonces sería mejor que no afirmaras que eres un creyente. Si realmente no sabes en quién crees, entonces, una vez más, sería mejor que no dijeras que eres un creyente. ¡Decirlo sería una blasfemia! Nadie te está obligando a creer en Dios. No digáis que creéis en Mí; ya que he oído bastante esa plática y no deseo volver a oírla, porque en lo que creéis es en los ídolos que están en vuestro corazón y en los bravucones locales que están entre vosotros. Aquellos que sacuden la cabeza cuando oyen la verdad, que sonríen cuando oyen hablar de la muerte son la simiente de Satanás, y son quienes serán eliminados. Muchos en la iglesia no tienen discernimiento: cuando sucede algo engañoso, inesperadamente se ponen del lado de Satanás; incluso se ofenden cuando se les llama lacayos de Satanás. Aunque las personas podrían decir que no tienen discernimiento, siempre se ponen del lado donde no está la verdad, nunca se ponen de pie y defienden la verdad. ¿Acaso no carecen verdaderamente de discernimiento? ¿Por qué se ponen inesperadamente del lado de Satanás? ¿Por qué nunca dicen una palabra que sea justa y razonable a favor de la verdad? ¿Ha surgido esta situación auténticamente como resultado de su confusión momentánea? Cuanto menos discernimiento tienen las personas, menos capaces son de ponerse del lado de la verdad. ¿Qué muestra esto? ¿Acaso no muestra que los que no tienen discernimiento aman el mal? ¿Acaso no muestra que son la simiente leal de Satanás? ¿Por qué siempre pueden ponerse del lado de Satanás y hablan su idioma? Todas sus palabras y acciones, la expresión en su rostro, todo ello es suficiente para probar que no son amantes de la verdad; más bien, son personas que detestan la verdad. Que puedan ponerse del lado de Satanás basta para probar que Satanás realmente ama a estos insignificantes demonios que pasan la vida luchando a favor de Satanás. ¿No son todos estos hechos sumamente claros? Si en verdad eres una persona que ama la verdad, entonces ¿por qué no tienes consideración por aquellos que practican la verdad y por qué sigues inmediatamente a aquellos que no practican la verdad en el instante en el que te dirigen la mirada? ¿Qué tipo de problema es este? No me importa si tienes discernimiento o no. No me importa cuán grande sea el precio que pagaste. No me importa cuán grandes sean tus fuerzas y no me importa si eres un bravucón local o un líder que enarbola la bandera. Si tus fuerzas son grandes, es sólo con la ayuda de la fuerza de Satanás. Si tu prestigio es alto, es simplemente porque hay demasiados a tu alrededor que no practican la verdad. Si no has sido expulsado es porque ahora no es el momento para la obra de expulsión; sino que es tiempo para la obra de eliminación. No hay prisa por expulsarte ahora. Simplemente estoy esperando el día en el que te castigaré después de que hayas sido eliminado. ¡Quienquiera que no practique la verdad será eliminado!

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

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