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74. El amor de la salvación de Dios para la humanidad

Danyi    Provincia de Sichuan

Siento dentro de mi corazón un sentimiento de culpa cada vez que leo estas palabras de Dios: “El mayor problema del hombre es que sólo piensa en su destino y sus perspectivas, que los idolatra. El hombre busca a Dios por el bien de estas cosas; no le adora porque le ame. Por tanto, en la conquista del hombre, el egoísmo y la avaricia de este, así como las cosas que más obstruyen su adoración a Dios deben ser eliminados. Al hacerlo se conseguirán los efectos de la conquista del hombre. Como resultado, en los albores de esta es necesario purgar, en primer lugar, las ambiciones salvajes y las debilidades más dolorosas del ser humano y, a través de esto, revelar el amor del hombre hacia Dios y cambiar su conocimiento de la vida humana, su opinión de Dios y el significado de su existencia. De esta forma, el amor del hombre por Dios se purifica, y esto significa que su corazón está conquistado” (‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”). Sólo ha sido a causa del repetido juicio y castigo de Dios que finalmente recobré mis sentidos y reconocí que lo que Dios requiere es un amor firme y puro y que sea correcto y adecuado que todas las creaciones busquen amar a Dios y que pongan en práctica sus deberes. También me di cuenta de que cuando las personas ya no se encuentran restringidas por su destino futuro y pueden vivir para Dios, la obra de la conquista dará sus frutos para ellos. No obstante, cuando trabajaba como líder, no ponía mi empeño en buscar la verdad. Siempre me regía por pensamientos sobre mi destino futuro. Debido a esto, con frecuencia atravesaba un refinamiento hasta el punto en que me convertía en negativa, y esto no era solamente una pérdida dentro de mi propia vida, sino que también afectaba el trabajo en la casa de Dios. Sin embargo, Dios no trataba conmigo sobre la base de mis transgresiones. Me otorgó muchas oportunidades para que me arrepintiera. Hubo juicio y castigo así como los amargos refinamientos de las palabras, el sostén, el consuelo, el apoyo y el pastoreo de Sus palabras, el Espíritu Santo guiándome, alumbrándome e iluminando mi camino una y otra vez. Únicamente por todo esto pude, paso a paso, liberarme de la trampa de Satanás, no perder mi rumbo, y embarcarme en el camino correcto de mi vida. Cuando reflexiono sobre la salvación que Dios hizo en mí, el pasado resulta muy vívido.

Nací en una zona rural. Tuve tres hermanas, y porque mi padre tenía la idea tradicional de perpetuar la línea familiar, prefirió ser multado por tener más niños de lo que permitía la ley en lugar de no tener un hijo varón. Puesto que el tema de preferir a los varones que a las niñas es muy serio en el campo, todo hogar que no tenga un hijo varón es considerado como que ha cortado su linaje familiar. Esto era lo que más entristecía a mi padre, y mis padres discutían sobre esto con frecuencia. Hubo amenazas de divorcio varias veces y mi padre muchas veces rompía cosas. Yo siempre esperaba que llegara el día en que no pelearan más. Recuerdo una vez en que mi primo me gritó: “¡Tu apellido se ha perdido!”, debido a un asunto sin importancia. No decía nada cuando oía esas palabras que me provocaban dolor. A partir de ese momento, los venenos de Satanás de “¿Quién dice que las niñas no son tan buenas como los varones?”, “prestigio familiar” y “avanzar” ocuparon un lugar profundo en mi corazón. Tenía una ambición secreta: Soy la hija mayor de la familia, y lucharé por obtener el reconocimiento de mis padres. Algún día les demostraré que aunque no tengan un hijo varón, tener una hija mujer es aún mejor.

Era una alumna aplicada en la escuela primaria y participaba con entusiasmo en todo tipo de actividades escolares. Con frecuencia mis maestros me elogiaban y también gané varios premios. En mi clase era miembro de la comisión de arte, de la comisión de estudios, capitana de un equipo y miembro de la Liga de Jóvenes Comunistas. Cuando llegué a la escuela secundaria fui la representante de la clase de idioma chino y gané premios en las competencias de todos los años. En nuestro condado, se realizó un vídeo para cada Día del Maestro y la escuela organizó un programa de espectáculos. Mi maestra solicitó que yo participara en un papel protagónico. En ese momento ella tenía preferencia por mí y mis compañeros de clase sentían envidia. Cuando mi padre vio que aparecí en televisión, sonrió de oreja a oreja y se sintió muy orgulloso de mí. Cuando vi su gran sonrisa, me emocioné por haber obtenido su reconocimiento.

A fines de 1999, toda nuestra familia aceptó una nueva obra de Dios, y puesto que yo estaba dominada por pensamientos de ser bendecida, me fui de casa para poner en práctica mi deber. A fin de obtener la aprobación del líder y el apoyo de mis hermanos y hermanas, puse todo mi empeño en soportar las dificultades que enfrenté al poner en práctica mi deber, y haría todo lo que pudiera para realizar cualquier obra que me fuera requerida por la casa de Dios o dispuesta por el líder. En ese momento, era una de las personas más encumbradas entre mis compañeros de trabajo en la obra del evangelio, y cada proyecto mío daba sus frutos. Si bien mi comprensión de la verdad era superficial, cuando mis hermanos y hermanas tenían problemas en sus hogares, en el trabajo, o en la entrada de sus vidas, siempre apelaba a las palabras de Dios y hablaba con ellos. Mis hermanos y hermanas se llevaban bien conmigo y el líder me tenía gran estima. Gradualmente empecé a pensar que era un talento especial en la casa de Dios.

A principios de 2006, fui ascendida a líder regional, y cuando vi que el fruto del área de la que era responsable era un poco mejor que otras regiones, pensé: Aunque no haya realizado este tipo de deber, implemento cada proyecto con mayor rapidez que los demás y el resultado de mi obra también es mejor. El líder también quiere entrenarme. Si mis padres supieran que puedo realizar esta tarea, no sé cuán felices se sentirían. En particular, cuando fui a trabajar a mi lugar de origen, había siempre un sentimiento de regresar a casa con gloria, y yo esperaba ver a más hermanos y hermanas que me conocieran para poder saber que los deberes que yo realizaba estaban a ese nivel. Vivía en una condición de elogio propio, e incluso había cambiado mi manera de hablar. Había comenzado a centrarme en mi imagen ante los ojos de las demás personas. Para entonces, ya no me enfocaba en poner mi esfuerzo en la palabra de Dios y ya no buscaba entrar en la vida. En cambio, me concentré en la opinión que tenía el líder de mí y en su evaluación sobre mi persona, y en si las personas para las cuales trabajaba me apoyaban. Con el transcurso del tiempo, ya no podía resolver los asuntos de la iglesia o las desviaciones u omisiones en la obra de aquellos para los cuales trabajaba. Al reunirme con mis compañeros de trabajo ya no podía compartir ninguna comunión con ellos. Esto me resultó muy doloroso, y me sentía como un muerto viviente, que vivía en la oscuridad. Finalmente, no sólo no fui ascendida, sino que fui reemplazada. En ese momento me sentí muy dolida, y pensé: Si mis padres y los hermanos y las hermanas que me conocen se enteraran de que fui reemplazada, ¿qué pensarían de mí? No podré obtener prestigio familiar ni avanzar más. Parece que todo terminó y que no tengo futuro sobre el cual hablar. Me sentía desesperada y no estaba dispuesta a leer la palabra de Dios, a orar e incluso menos aún a ver o contactarme con mis hermanos y hermanas. La debilidad y la negatividad en mi corazón habían alcanzado un determinado punto. Posteriormente, vi las palabras de Dios: “En vuestra búsqueda tenéis demasiadas nociones individuales, esperanzas y futuros. La obra presente es para tratar con vuestro deseo de estatus y vuestros deseos extravagantes. Las esperanzas, el deseo de estatus y las nociones son, todos ellos, representaciones clásicas del carácter satánico. La razón de que estas cosas existan en el corazón de las personas se debe, por completo, a que el veneno de Satanás siempre está corroyendo los pensamientos de las personas, y éstas no son nunca capaces de sacudirse esas tentaciones satánicas. Viven en medio del pecado, sin embargo no creen que sea pecado, y siguen creyendo: ‘Creemos en Dios, así que Él debe conceder bendiciones sobre nosotros y disponerlo todo para nosotros de la forma adecuada. Creemos en Dios, así que debemos ser superiores a los demás, y tener más estatus y más futuro que cualquier otro. Dado que creemos en Dios, Él debe proporcionarnos bendiciones ilimitadas. De otro modo, no lo denominaríamos creer en Dios’” (‘¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Cada oración de estas palabras de revelación de Dios atravesó mi corazón. El hecho de que fui reemplazada fue el carácter justo de Dios llegando a mí, y fue tratar con la preocupación por el estado en mi corazón. Desde que era pequeña, los venenos de Satanás de “Quién dice que las niñas no son tan buenas como los varones”, “prestigio familiar” y “avanzar” han estado continuamente corrompiendo mis pensamientos hasta el punto en que mis opiniones sobre la creencia en Dios se habían convertido en insoportablemente feos. Sujetos a la dominación producida por este tipo de pensamientos, trabajé muy arduamente para poner en práctica mi deber, había estado corriendo afanosamente durante años, pero de hecho había querido usar a Dios para lograr mis propias metas de avanzar y obtener prestigio familiar. ¡Era tan despreciable! ¡Tan fea! Por medio de los hechos y del juicio de Sus palabras, Dios expuso que mis perspectivas internas sobre la búsqueda fueran precisamente las mismas que las de Satanás. Estaba en el camino del fracaso, y sin el juicio y castigo oportunos de Dios, hubiera continuado en este tipo de búsqueda y, finalmente, hubiera quedado hecha una ruina y hubiera tenido el mismo final que Pablo.

Pensé que habría algunos cambios después de haber conseguido este entendimiento, pero se produjo otra revelación en 2008 que me obligó a ver que un cambio de carácter no era tan sencillo como yo había pensado. No podía cambiar solamente de tener un pequeño entendimiento de mis opiniones sobre la búsqueda luego de atravesar algún refinamiento. Únicamente a través de un juicio y un castigo a largo plazo es posible el cambio. En ese momento se me asignó realizar el deber de regar para Dios en otra área. Cuando finalicé el encuentro con la hermana que estaba a cargo del trabajo, comencé a medir en mi corazón quiénes de nosotros éramos buenos para hablar, y cuál era mi rango. Presté particular atención a las opiniones y las actitudes de la hermana a cargo de la obra. Cuando vi que le estaba prestando atención a otra hermana, realmente me sentí dejada de lado. Cuando me envió a regar a los líderes y diáconos de la iglesia, pensé que era simplemente una pérdida de mis capacidades y sentí que ella no sabía cómo tratar a la gente. Por lo menos, podía regar a líderes y trabajadores del distrito. Por esta razón, me volví pesimista y desilusionada y perdí mi voluntad de seguir en la búsqueda. Estaba viviendo en una condición de negatividad. Aunque me había dado contra paredes varias veces, nunca pensé que sucedería esto. Luego, el carácter justo de Dios vino a mí y tuve una recurrencia de apendicitis, pero aun así no pude ablandar mi rígido corazón. Esto duró hasta que una vez, coloqué una botella con medicina para tratar la sequedad y las grietas de los pies detrás de la mesa de luz en el hogar de mi familia anfitriona. La niña de siete años de edad pensó que era algo rico y la bebió en secreto, y luego quedó postrada en el suelo, apretando su estómago por el dolor, y llorando. En ese momento tuve tanto miedo que no sabía qué hacer. Mi hermana de la familia que me acogió rápidamente llevó a la niña a la clínica de la comunidad para salvarla, y el médico dijo: “El estómago de la niña es muy delgado, pero no la llevaron al Hospital de Niños. ¿Quieren esperar a que muera?”. Mis piernas parecían no existir, y cuando pensé en lo que había dicho el doctor, me sentí profundamente inquieta. Ni siquiera sabía cómo había regresado a la casa después de la clínica. Pensé: Si la niña se muere, sus padres por cierto querrán saber qué sucedió… Cuanto más pensé en ello, más miedo sentí. Quería llorar pero las lágrimas no brotaban. Transcurría un segundo y un minuto por vez. No lograba calmarme. Estaba sufriendo. Recorrí las palabras de Dios y vi lo siguiente: “Creo que es mejor para nosotros encontrar la manera más simple de satisfacerlo, es decir, obedecer todos Sus arreglos y, si verdaderamente puedes lograr esto, serás perfeccionado. ¿No es esto algo fácil, disfrutable? […] En la obra de Dios hoy, Él no se enoja fácilmente, pero si las personas quieren interrumpir Su plan, Él puede cambiar Su semblante en un instante y cambiarlo de brillante a nublado. Por lo tanto, te aconsejo que te tranquilices y respetes los designios de Dios, le permitas hacerte completo. Esta es la única forma de ser una persona inteligente” (‘La senda… (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”). A partir de las palabras de Dios pude ver que el carácter de Dios no tolera las ofensas de las personas. Me di cuenta de que mis actos habían traído el descontento de Dios y despertado Su ira. Con el objeto de mostrarme el camino, Él me hizo saber cómo debía iniciar la búsqueda. Cuando estaba enferma y con dolor, no hacía ninguna introspección. Una vez más Dios usó el incidente de la pequeña que bebió el medicamento para castigarme, para hacerme sufrir, para hacer que pudiera dejar estas cosas de lado, para perseguir la verdad y obedecer las administraciones de Dios. Dios no podía soportar permitir que continuara ser engañada por Satanás, que luchara tanto y persiguiera la obtención de reputación y estatus. Este tipo de castigo, de juicio y de mi purificación fue Su último recurso, para que pudiera ver la profunda fosa del estatus en la que estaba atrapada. Varias experiencias de castigo no habían despertado mi corazón. Seguía sin poder escapar del control y la aflicción de la naturaleza satánica que había dentro de mí. En retrospectiva, cuando vine por primera vez a hacer la obra, tenía aires de ser sobresaliente, y al principio creía que sería ascendida para un propósito importante. No había imaginado siquiera que sería rebajada a un trabajo de un nivel tan inferior. Las personas que yo pensaba que no se comparaban conmigo eran hermanos y hermanas de riego en niveles de liderazgo por distritos, y algunos de ellos incluso fueron ascendidos cuando mis propias perspectivas parecían ser oscuras. Pensé: regresar a casa sería mejor que llevar a cabo mi deber aquí. Entonces, cuando me reuní con los líderes de la iglesia, empecé simplemente de manera mecánica. No asumí ninguna responsabilidad por sus vidas, y no cargué con ningún peso verdadero respecto de los diversos asuntos de la iglesia, sin mencionar el hecho de considerar la voluntad de Dios. En ese momento, cuando me vi enfrentada con las palabras de Dios que estaban tan llenas de compasión y amor, me sentí profundamente en deuda con Él. Los pensamientos de Dios son para las vidas de la humanidad, y Él ofrece todo para la humanidad. Esto significa rescatar por completo a la humanidad del ámbito de Satanás. Pero yo no estaba dispuesta a ofrecer nada en mi obra para Dios. La raíz del problema era que siempre fui esclava y estuve regida por el veneno de Satanás. Yo era como una niña ingenua que no comprendía las buenas intenciones de sus padres. Había perdido demasiadas oportunidades de ser perfeccionada por Dios. Sólo el hecho de tener un despertar una vez que las cosas habían llegado a ese punto, ¿no era demasiado tarde? Caí al suelo, llena de remordimiento y auto-reproche. “¡Ah, Dios! El juicio y el castigo que me ha llegado hoy es toda Tu justicia. Estoy dispuesta a obedecer. Si sigue existiendo una oportunidad, yo deseo cambiar, no correr más en virtud de mi destino futuro. Deseo ser sólo una pequeña creación en Tu mano, llevar a la práctica mi deber de riego tan bien como pueda hacerlo, y reconfortar Tu corazón”. Al terminar de orar, mi corazón se calmó. Estaba deseosa de entregarme a Dios por entero, y aún más dispuesta a entregar a esa niña pequeña enteramente a Dios. Al poco tiempo, oí el sonido de esa hermana en mi familia anfitriona abriendo la puerta, y la niñita gritando: “Tía, ¿me abrazarías?” Luego me dijo en voz baja: “Tía, debes mantener esto en secreto. ¡No puedes decirle a mi abuela que bebí tu agua!”. En ese momento mi corazón finalmente se liberó, al ver que Dios había maniobrado a quién sabe cuánta gente, cuántos eventos y objetos para salvarme de esta “piedra”. Sentí que era completamente indigna. A partir de ese momento, mis intenciones ya no fueron mi destino futuro. Simplemente tuve los pies sobre la tierra e hice lo más que pude para poner en práctica mi deber de riego para reconfortar el corazón de Dios. Ya no era meramente actuar de forma mecánica y cuando descubrí que había desviaciones u omisiones en los deberes de mis hermanos y hermanas, simplemente me comuniqué con ellos con paciencia, los ayudé y los apoyé. A través de mi comunión con mis hermanos y hermanas obtuve algo de verdad, y al mismo tiempo aprendí algunas lecciones de ellos. En esos momentos ya no creía que mis capacidades no servían para nada. Comprendí las buenas intenciones de Dios y que el hecho de poner en práctica este deber era lo que se necesitaba en mi vida. Fue Dios diseñando un entorno de acuerdo a mis deficiencias, compensándolas. ¡Le doy gracias a Dios! A partir de entonces, pude llevar a la práctica mi deber con tranquilidad. No me hubiera imaginado que en poco tiempo, el líder me hablara y me pidiera que regara a los líderes y a los obreros de los distritos de dos regiones. Entonces vi el carácter justo de Dios, que Él examina las profundidades del corazón del hombre y que está a cargo de todo. Lo que a Dios le gusta es una persona con los pies sobre la tierra que pone en práctica su deber. Agradezco a Dios por darme la oportunidad de realizar mi deber. Cuando me reuní con los líderes del distrito descubrí algunos problemas y trabajé diligentemente sobre ellos. También registré los asuntos que se descubrieron en cada reunión, qué problemas difundidos eran, cómo los resolví y qué problemas no había resuelto. Después de un período, creí que poner en práctica mi deber de esta manera era algo muy realista. Mi corazón estaba a gusto y tranquilo, y yo ya no estaba bajo el rigor del veneno de “avanzar”. Sentía como que estaba equipada con la verdad y que comprendía parte de ella en diversos aspectos, que podía entrar con mis hermanos y hermanos, que era una persona de perfil bajo. Comprendí que el hecho de poner en práctica mi deber como una creación es un principio inalterable, y que debía ser como un soldado, obedeciendo órdenes como mi deber sagrado, sin considerar ni planificar por mí misma, sino dándole en todo importancia a los intereses de la casa de Dios. Esto es lo que debe hacer una creación.

A fines de febrero de 2012, fui transferida a otra provincia para poner en práctica mi deber. En ese entonces mi corazón estaba muy tranquilo, y no me regodeaba como lo hacía en el pasado. Cuando acababa de partir para ocupar la posición, resultó ser el momento en que la casa de Dios estaba limpiando la iglesia. Se decía lo siguiente de los arreglos del trabajo: "El trabajo de limpiar cinco tipos de personas en la iglesia debe terminarse antes de la celebración del Día del Trabajo de 2012. Puesto que la obra de limpieza significa preparar el camino para expandir la obra del evangelio del reino, de ninguna manera debe impactar sobre la obra del evangelio” (de ‘Dios se glorifica únicamente por limpiar profundamente la iglesia y garantizar la suave expansión del evangelio del reino’ en “Anales de la Comunión y Arreglos de la Obra II”). Algunos líderes y obreros necesitaban ser reemplazados con urgencia. Cada aspecto de la obra era casi una paralización. Debido a la protección de Dios, no fui consumida por dificultades en esa época. Si bien estaba manejando a los líderes y los obreros, me encontraba organizando a las personas adecuadas para recolectar los materiales de quienes fueron despedidos y expulsados. Sin embargo, hacia fines del mes de marzo, vi que ni siquiera se había emitido una notificación para eximir a una persona. Realmente atravesé el refinamiento en mi corazón. Estaba llena de motivos y excusas. Pensé que simplemente estaba practicando el hecho de realizar esta tarea, que no tenía claro el concepto de la verdad y que ya no podría con mi trabajo de guiar este esfuerzo. Mientras recibía el refinamiento, la hermana a cargo de la obra me llamó para tratar conmigo. En ese momento estaba muy molesta y no quería aceptarla. Sentía que había ofendido mi corazón. Pensé: acabo de llegar aquí, sabes muy bien en qué consiste mi trabajo. He estado haciendo todo lo posible por colaborar, y tú no me reconfortas, sino que en cambio tratas conmigo. Así, vivía en medio del refinamiento y la palabra “reemplazada” me acosaba. Aunque yo hacía la tarea, había perdido mi confianza, y pensaba constantemente: Esta vez probablemente me reemplazarán porque en los arreglos de la obra dice que los líderes que no pueden realizar la tarea de despedir y expulsar a cinco tipos de personas serán reemplazados. Posteriormente, pensé en un himno de la palabra de Dios que solía cantar con frecuencia: “Entre mayor sea el refinamiento que Dios lleve a cabo, más pueden los corazones de las personas amar a Dios. El tormento en sus corazones es benéfico para sus vidas, son más capaces de estar en paz delante de Dios, su relación con Dios es más cercana y están más capacitados para ver el amor supremo de Dios y Su suprema salvación. Pedro experimentó el refinamiento cientos de veces y Job pasó por varias pruebas. Si vosotros queréis que Dios os perfeccione, también debéis pasar por el refinamiento cientos de veces; sólo si tenéis que pasar por este proceso, y tenéis que depender de este paso, podréis ser capaces de satisfacer la voluntad de Dios y de que Dios os perfeccione. El refinamiento es el mejor medio por el cual Dios hace perfectas a las personas; sólo el refinamiento y las pruebas amargas pueden suscitar el verdadero amor por Dios en los corazones de las personas. Sin las dificultades, las personas carecen del verdadero amor por Dios; si no son probadas en su interior ni son realmente sometidas al refinamiento, entonces sus corazones siempre estarán flotando en el mundo exterior. Después de haber sido refinado hasta cierto punto, verás tu propia debilidad y dificultades, verás cuánto te hace falta, no podrás vencer los muchos problemas con los que te encuentres, verás qué tan grande es tu desobediencia, y podrás realmente conocerte. sólo si tenéis que pasar por este proceso, y tenéis que depender de este paso, podréis ser capaces de satisfacer la voluntad de Dios y de que Dios os perfeccione” (‘El refinamiento es el mejor medio por el cual Dios hace perfectas a las personas’ en “Las ovejas de Dios oyen la voz de Dios”). A través de la guía de las palabras de Dios, reconocí que el refinamiento es la mejor manera de Dios de perfeccionar a las personas, y si mi hermana no hubiera tratado conmigo, mi corazón seguiría a la deriva. Puesto que mi pereza y mi servilismo eran demasiado fuertes, sólo a través de este tipo de entorno pude ser proactiva y salir de mis razones y excusas. Sólo a través de este tipo de refinamiento pude ver con claridad que no era nada y que tenía demasiados defectos, pero también se exponía que seguía estando sometida a la regla de pensamientos de mi destino futuro. A pesar del hecho de que había tenido varias experiencias de castigo en los últimos años, ya no deseaba ir en busca de ningún tipo de reputación o estatus sin valor alguno, y me había vuelto mucho más sincera por fuera, pero en la profundidad de mi alma, el veneno de Satanás seguía estando presente. Recordé las condiciones en las que estaba cuando acababa de venir aquí: me relataron que el líder anterior no había hecho una obra práctica, sino que sólo había hablado de doctrina, sin hacer el trabajo de limpiar la iglesia. Pensé para mis adentros: no puedo ser alguien que hable de doctrina y no haga un trabajo práctico. Debo hacer bien mi tarea, y eliminar por completo a esos cinco tipos de personas antes del Día del Trabajo para que la gente para la que trabajo vea que soy mejor que el líder anterior, y entonces la persona que está a cargo reconozca mis esfuerzos. Resultó que me esforcé y trabajé duro para lograr ese deseo. Dios es muy justo: Él tiene un profundo conocimiento de la inmundicia que hay en mi corazón. No estaba trabajando para estar al lado de Dios, o para mantener los intereses de la casa de Dios ni para proteger a mis hermanos y hermanas, sino que estaba realizando un ardid para establecerme. Los anticristos interrumpen y destruyen la obra de la casa de Dios, pero yo no pude expulsar estos demonios de Su casa ni reconfortar Su corazón. ¡De verdad merezco morir! En medio del sufrimiento y de la auto-recriminación, me postré en el suelo. “¡Ah Dios! Que yo hubiera podido poner en práctica este deber sería la mayor exaltación en Tu nombre, pero fui ingrata y no me importó Tu voluntad. Realmente soy despreciable. Hoy día, he probado Tu carácter justo, y aunque mis corrupciones siguen siendo cuantiosas, estoy dispuesta a aceptar que me perfecciones. Deseo que me purifiques dentro de este ámbito, y estoy dispuesta a hacer lo máximo posible para obrar contigo, y estoy aún más dispuesta a estar unida con mis hermanos y mis hermanas para deshacerme de todos los demonios del anticristo”. Luego de orar, leí un pasaje de las palabras de Dios: “Las personas creen en Dios con el propósito de buscar obtener bendiciones en el futuro. Todo el mundo tiene esta intención y esperanza. Sin embargo, la corrupción de la naturaleza humana debe resolverse por medio de pruebas. Debes ser refinado en aquellos aspectos en los que no das la talla, ésta es la disposición de Dios. Él crea un entorno para ti y te obliga a ser refinado allí para que conozcas tu propia corrupción. Finalmente alcanzas un punto en el que preferirías morir y renunciar a tus planes y deseos, y someterte a la soberanía y la organización de Dios. Por tanto, si las personas no pasan por varios años de refinamiento; si no tienen un determinado volumen de sufrimiento, no serán capaces de evitar la esclavitud de la corrupción de la carne en su pensamiento y en su corazón. Los aspectos en los que sigues sujeto a la esclavitud de Satanás, aquellos en los que tienes tus propios deseos, tus propias exigencias, son aquellos en los que deberías sufrir. Sólo en el sufrimiento pueden aprenderse las lecciones, y esto significa ser capaz de obtener la verdad y entender el propósito de Dios. En realidad, muchas verdades se entienden en la experiencia de pruebas dolorosas. Nadie dice que se conozca la intención de Dios, que se entiendan Su omnipotencia y Su sabiduría, que se aprecie el carácter justo de Dios en un entorno de comodidad o en circunstancias favorables. ¡Eso sería imposible!” (de ‘Cómo satisfacer a Dios en medio de las pruebas’ en “Registros de las Pláticas de Cristo”). A partir de las palabras de Dios, reconocí que mis preocupaciones respecto de mi destino futuro se habían convertido en el elemento más letal de mi naturaleza. Puesto que yo podía interrumpir la obra de la casa de Dios por ello, y seguir siendo regida por ello, Dios creó otra vez un ámbito para refinarme. Entonces, vi que las pruebas y los refinamientos eran todas administraciones de Dios, y que si yo no hubiera sido tratada y refinada durante estos pocos años, si no hubiera experimentado estos terribles entornos, las opiniones que existían en mi alma y en mi mente de las cosas de la carne no se habrían modificado. Luego de varias ocasiones de haber sido tratada y refinada, mis búsquedas finalmente atravesaron una transformación. Ya no deseaba creer en Dios para obtener bendiciones o para realizar transacciones con Dios, para darle tanta importancia a la reputación y al estatus o a mi destino futuro. También tuve una visión mucho más clara sobre la voluntad de Dios en cuanto a salvar a la humanidad.

Desde entonces, al llevar a la práctica mi deber, no me importa si soy reemplazada o si se ajustan mis deberes, mi corazón está mucho más calmo y ya no estoy tan preocupada como antes acerca de qué puedo ganar o perder. Simplemente pienso que es una responsabilidad o un deber más. Independientemente de qué deber se me asigne, deseo simplemente obedecer la voluntad de Dios y hacer aquello de lo que soy capaz. Los deberes que llevo a la práctica son todos ordenados por Dios, y deseo tener los pies sobre la tierra e ir en busca de la verdad, compensar mis transgresiones y deudas del pasado y seguir el ejemplo de Pedro en cuanto a vivir un amor práctico por Dios. Como dicen las palabras de Dios en el himno: “¡Oh Dios! Hemos pasado tiempo separados y tiempo juntos en compañía. No he hecho nada por Ti, sin embargo, Tú me amas más que a todo lo demás. Me he rebelado en repetidas ocasiones contra Ti y te he afligido repetidas veces. ¿Cómo puedo olvidar semejantes cosas? La obra que has hecho en mí y lo que me has confiado siempre lo tengo en mente, nunca lo olvido. Con la obra que has hecho en mí lo he intentado lo mejor que he podido. Tú sabes lo que puedo hacer y además sabes qué papel puedo desempeñar. Te dedicaré todo lo que tengo. Aunque Satanás me engañó tanto y en repetidas ocasiones me he rebelado contra Ti, creo que no me recuerdas por esas transgresiones, que no me tratas basado en ellas. Deseo dedicarte toda mi vida. No pido nada ni tampoco tengo otras esperanzas ni planes; sólo deseo actuar de acuerdo con Tu intención y hacer Tu voluntad. Beberé de Tu copa amarga. Estoy dispuesto a consagrar mi corazón y mi cuerpo y todo mi verdadero amor a Ti, colocarlos delante de Ti, ser completamente obediente a Ti y ser absolutamente considerado de Tu voluntad. No para la carne, no para la familia sino para Tu obra” (“Las oraciones de Pedro” en “Las ovejas de Dios oyen la voz de Dios”).

Ahora bien, he creído en Dios por más de catorce años. Debido a la gracia de Dios siempre llevé a la práctica mi deber en la casa de Dios. Se han producido muchos altibajos, ha habido risas, ha habido lágrimas de angustia, ha existido la alegría de comprender la voluntad de Dios y sentimientos de culpa por adeudarle a Dios. Más aún, ha existido el gozo y la paz de poner en práctica la verdad. Realmente he obtenido mucho. Experimenté la bondad del juicio y el castigo de Dios. ¡Es muy real! Sin Su juicio y Su castigo nunca hubiera pasado por los cambios que atravesé. De ahora en más, estoy dispuesta a aceptar más de los juicios y castigos de Dios, a aceptar más de las pruebas amargas que Dios dispone para mí de manera de purificarme, salvarme y perfeccionarme por parte de Dios por medio de Sus juicios y castigos. ¡A través de esto puedo vivir una vida significativa y valiosa!

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