1. Qué es el verdadero autoconocimiento y qué se puede obtener de él

Las palabras relevantes de Dios:

Después de varios miles de años de corrupción, el hombre es insensible y torpe; se ha convertido en un demonio que se opone a Dios; tan es así que la rebeldía del hombre hacia Dios ha sido documentada en los libros de historia e incluso el hombre mismo es incapaz de dar una explicación completa de su comportamiento rebelde, porque el hombre ha sido profundamente corrompido por Satanás y se ha dejado engañar por Satanás al punto de que no sabe a dónde acudir. Todavía hoy, el hombre sigue traicionando a Dios: cuando el hombre ve a Dios, lo traiciona, y cuando no puede verlo, también lo traiciona. Hay incluso quienes, aun habiendo sido testigos de las maldiciones de Dios y de Su ira, lo traicionan. Y por eso digo que el razonamiento del hombre ha perdido su función original y que también la conciencia del hombre ha perdido su función original. El hombre que Yo veo es una bestia con traje humano, una serpiente venenosa, y no importa lo lastimoso que pretenda parecer ante Mis ojos, nunca seré misericordioso con él, porque el hombre no ha comprendido la diferencia entre lo negro y lo blanco o entre la verdad y lo que no es verdad. El razonamiento del hombre está en extremo entumecido, pero aun así sigue deseando obtener bendiciones; su humanidad es en extremo innoble, pero aun así sigue deseando poseer la soberanía de un rey. ¿De quién podría ser rey con un razonamiento como ese? ¿Cómo podría alguien con una humanidad como esa sentarse sobre un trono? ¡El hombre en verdad no tiene vergüenza! ¡Es un desgraciado engreído! A aquellos de vosotros que deseáis obtener bendiciones, os sugiero que primero encontréis un espejo y miréis vuestro propio horrible reflejo. ¿Posees lo que se requiere para ser un rey? ¿Acaso tienes el rostro de alguien que puede obtener bendiciones? No ha habido el más mínimo cambio en vuestro carácter ni habéis puesto ninguna verdad en práctica, pero aun así deseáis un maravilloso mañana. ¡Os estáis engañando a vosotros mismos! Nacido en una tierra tan inmunda, el hombre ha sido gravemente arruinado por la sociedad, influenciado por una ética feudal y educado en “institutos de educación superior”. Un pensamiento retrógrado, una moral corrupta, una visión mezquina de la vida, una filosofía despreciable para vivir, una existencia completamente inútil y un estilo de vida y costumbres depravados, todas estas cosas han penetrado fuertemente en el corazón del hombre, y han socavado y atacado severamente su conciencia. Como resultado, el hombre está cada vez más distante de Dios, y se opone cada vez más a Él. El carácter del hombre se vuelve más agresivo día tras día, y no hay una sola persona que voluntariamente renuncie a algo por Dios; ni una sola persona que voluntariamente obedezca a Dios, y, menos aún, una sola persona que busque voluntariamente la aparición de Dios. En vez de ello, bajo el campo de acción de Satanás, el hombre no hace más que buscar el placer, entregándose a la corrupción de la carne en la tierra del lodo. Incluso cuando escuchan la verdad, aquellos que viven en la oscuridad no consideran ponerla en práctica ni tampoco muestran interés en buscar a Dios, aun cuando hayan contemplado Su aparición. ¿Cómo podría una humanidad tan depravada tener alguna posibilidad de salvación? ¿Cómo podría una humanidad tan decadente vivir en la luz?

Extracto de ‘Tener un carácter inalterado es estar enemistado con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Conocerte a ti mismo es conocer cada una de tus palabras y acciones, cada uno de tus movimientos y actos; es conocer tu mente y tus pensamientos, motivaciones, nociones y fantasías; incluso supone conocer tus filosofías mundanas de vida y las diversas toxinas de Satanás que albergas, así como el conocimiento y la formación adquiridos en la enseñanza. Hay que analizar todas estas cosas. Aunque puede que una persona haya hecho un gran número de buenas obras desde que cree en Dios, tal vez aún le resulten opacas muchas cuestiones y ni mucho menos haya llegado a entender la verdad; sin embargo, por sus muchas buenas obras, ya cree haber conseguido vivir en las palabras de Dios, haberse sometido a Él y haber satisfecho realmente Su voluntad. Esto sucede porque, cuando no surgen circunstancias adversas, haces lo que te mandan; no tienes reparos en cumplir con ningún deber y no te opones. Cuando te mandan difundir el evangelio, es un sufrimiento que puedes soportar y no te quejas, y cuando te mandan correr de acá para allá o realizar un trabajo físico, lo haces. Con estas demostraciones te crees una persona que se somete a Dios y un auténtico buscador de la verdad. Ahora bien, si alguien te cuestionara más a fondo y te preguntara “¿Eres una persona honesta? ¿Eres una persona que se somete sinceramente a Dios? ¿Acaso una persona cuyo carácter se ha transformado?”, entonces, al cuestionarte así y, con ello, confrontarte con la verdad para escrutarte, se descubriría que tú —y se puede decir que absolutamente cualquiera— presentas deficiencias y nadie sabe practicar realmente de acuerdo con la verdad. Por consiguiente, una vez confrontadas con la verdad la causa de todas las acciones y obras del hombre, así como la esencia y naturaleza de sus actos, todas ellas son condenadas. ¿Por qué? Porque el hombre no se conoce; siempre cree en Dios a su manera, cumple con el deber a su manera y sirve a Dios a su manera. Además, se considera lleno de fe y razón y, a la postre, cree haber obtenido mucho. Sin saberlo, llega a creer que ya actúa de acuerdo con la voluntad de Dios, que la ha satisfecho completamente, que ya ha cumplido con Sus exigencias y obedece Su voluntad. Si esa es tu impresión o si en tus varios años de fe en Dios crees haber cosechado algunos frutos, con mayor razón deberías regresar ante Dios para hacer introspección. Deberías considerar la senda por la que has caminado durante cuatro años de fe y comprobar si todos tus actos y toda tu conducta ante Dios han ido completamente tras Su corazón, si lo que haces se opone a Dios, si lo que haces es capaz de satisfacer a Dios, y si lo que haces cumple las exigencias de Dios y puede estar por completo de acuerdo con Su voluntad. Deberías tener claras todas estas cosas.

Extracto de ‘Sólo reconociendo tus opiniones equivocadas puedes conocerte a ti mismo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Conocernos a nosotros mismos es llegar a saber cuáles de nuestras ideas y de nuestros puntos de vista se oponen a Dios, no son compatibles en absoluto con la verdad y no tienen la verdad. La arrogancia, la santurronería, las mentiras y la astucia del hombre, por ejemplo, son los aspectos que hay dentro de un carácter corrupto que la gente puede conocer fácilmente. Puedes llegar a tener cierto conocimiento de ellos con tan solo compartir la verdad unas cuantas veces, o compartirla a menudo, o cuando tus hermanos y hermanas señalan tu estado. Además, todo el mundo posee arrogancia y astucia, solo que en diversos grados. Sin embargo, las ideas y los puntos de vista de las personas no son fáciles de conocer. No son tan fáciles de conocer como la parte del carácter. Son cosas profundamente arraigadas. Por tanto, aunque tu comportamiento y tu conducta externa hayan conseguido un pequeño cambio, sigue habiendo muchas cosas en contra de Dios en tu pensamiento, tus nociones, tus puntos de vista, y la educación de la cultura tradicional que has recibido que están en contra de Dios y que aún no has extraído. Estas cosas son las cosas profundamente arraigadas que llevan a nuestra enemistad hacia Dios. Por lo tanto, cuando Dios haga algo que no se ajuste a tus nociones o difiera de lo que imaginas que hace, te resistirás y opondrás. No entenderás por qué ha actuado Dios así y, aunque sepas que hay verdad en todo lo que Dios hace y quieras someterte, no podrás. ¿Por qué no puedes someterte? ¿Por qué tanta resistencia y oposición? Porque en las ideas y opiniones del hombre hay cosas hostiles a Dios y hostiles a los principios por los que Él actúa y a Su esencia. Es difícil que el hombre conozca estas ideas y opiniones.

Extracto de ‘Sólo reconociendo tus opiniones equivocadas puedes conocerte a ti mismo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué has de hacer para conocerte a ti mismo? Primero debes saber qué carácter revelas de palabra y obra. A veces, arrogancia; en ocasiones, astucia, y otras veces, maldad. Asimismo, ante los problemas has de saber si tus motivaciones concuerdan o no con la voluntad de Dios o con la verdad. También debes saber si tu actitud hacia el deber consiste en sobrellevar una carga o ser devoto, y si tu esfuerzo por Dios es sincero o una transacción. Debes saber, además, si tienes unas exigencias extravagantes hacia Dios, si te sometes de corazón y si eres capaz de buscar la verdad frente a los ambientes, personas, acontecimientos y cosas instrumentados por Dios. Conoce, igualmente, si eres una persona que ama la verdad, qué clase de humanidad es la tuya, si tienes conciencia y razón, si vives en un estado de justificación y negociación ante los problemas o si eres capaz de buscar la verdad y renunciar a tus nociones y fantasías, ambiciones, deseos y planes, y si eres alguien que busca la verdad. Otro aspecto del autoconocimiento consiste en entender tu personalidad, en saber si eres una persona recta y si tienes conciencia y buen corazón. En tu forma de abordar todo tipo de ambientes, personas, acontecimientos y cosas puedes apreciar tu personalidad y llegar a saber si eres alguien que ama la verdad y tiene fe sincera en Dios. Mira también qué actitud tienes en asuntos directamente relacionados con Dios: cómo se hace referencia a Él, Sus nombres, Su encarnación… ¿Eres reverente y te sometes? ¿Qué más crees que has de hacer? (Conocer la dimensión de nuestra aptitud). (Entender nuestra perspectiva de la vida, nuestros valores y aquello por lo que vivimos. Saber cuál es nuestra búsqueda, por qué senda vamos). Todas estas son cosas que debe comprender la gente. En definitiva, el autoconocimiento en todos los aspectos es esencialmente esto: conocer tu aptitud, conocer tu personalidad, saber si amas la verdad o no, saber por qué senda vas y conocer tu perspectiva de la vida, tus valores y todas las actitudes que tienes hacia Dios. El autoconocimiento abarca todas estas cosas.

Extracto de ‘Cómo identificar a los falsos líderes (2)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si tu autoconocimiento solo implica el reconocimiento superfluo de cosas superficiales, si te limitas a decir que eres arrogante y santurrón, que te rebelas contra Dios y te opones a Él, entonces eso no es verdadero conocimiento, sino doctrina. Debes incorporar a esto los hechos: debes sacar a la luz las motivaciones que hay en tu interior para compartir y diseccionar en qué aspectos tienes puntos de vista falaces u opiniones erróneas. Solo esto es poseer conocimiento real. Debes centrarte en conocer tus motivaciones y el origen de tu esencia. No debes obtener la comprensión solo a partir de tus acciones; debes captar el quid de la cuestión y resolver la raíz del problema. Transcurrido un tiempo, debes reflexionar sobre ti mismo y recapitular sobre qué problemas has resuelto, cuáles siguen existiendo y cómo han de abordarse. También debes buscar la verdad. No debes dejar que los demás te guíen siempre; has de tener tu propia senda para entrar en la vida. Debes examinarte con frecuencia: qué cosas estás haciendo mal y se hallan en conflicto con la verdad, cuáles de tus palabras y motivaciones son erróneas, qué carácter estás revelando. Si así es como entras sistemáticamente, y además tienes estrictas exigencias hacia ti mismo, de manera lenta pero segura irás adquiriendo más comprensión en este sentido. En última instancia, atarás todos los cabos y verás que sencillamente no eres bueno. Cuando llegue el día en que realmente poseas ese conocimiento, ya no serás capaz de ser arrogante. ¿Qué es lo crucial en este momento? Después de la comunicación y la disección, la gente es consciente y sabe de estas cosas, pero todavía no se conoce a sí misma. Algunos dicen: “¿Cómo podría no conocerme a mí mismo? Soy consciente de los asuntos en los que revelo arrogancia”. Si tan consciente eres, entonces ¿cómo no percibes que tu carácter es arrogante? ¿Por qué hay momentos en los que buscas el progreso personal, en los que anhelas el estatus y la distinción? Eso significa que tu naturaleza arrogante no ha sido erradicada. Por lo tanto, el cambio debe empezar por las motivaciones, la visión y las opiniones que se esconden tras tus acciones. ¿Reconocéis que mucho de lo que la gente dice es mordaz y venenoso, que hay un elemento de arrogancia en su tono? Sus palabras transmiten motivaciones y opiniones propias, algo que puede percibirse en lo que dicen. Hay quienes tienen una determinada manera de hablar y de expresarse cuando no delatan arrogancia, pero su presentación cambia cuando la revelan: entonces asoma el feo rostro de Satanás. Todo el mundo alberga motivaciones. Por ejemplo, aquellos que son astutos siempre susurran y entrecierran los ojos al hablar; hay motivaciones contenidas en ello. Algunas personas hablan en voz baja, furtivamente; en sus palabras se esconden estratagemas, pero no revelan nada en su tono ni en su semblante. Tales personas son aún más traicioneras y es muy difícil salvarlas.

Extracto de ‘Cómo pasar a la nueva era’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Más o menos ya sabéis reconocer el carácter corrupto que reveláis: qué cosas corruptas seguís siendo capaces de revelar, qué cosas sois todavía capaces de hacer. Todo esto lo sabéis. Sin embargo, lo más difícil es ser capaces de controlaros. No sabéis cuándo haréis algo ni qué cosas graves podéis hacer. Tal vez haya cosas que pensabais que no haríais jamás o palabras que pensabais que no diríais nunca, pero en determinado momento o entorno sí las dijisteis o hicisteis. La gente no puede controlar estas cosas inesperadas. ¿Por qué? Porque no comprende a fondo su naturaleza y esencia; su conocimiento de ellas no es lo suficientemente profundo, por lo que le resulta muy agotador poner en práctica la verdad. Por ejemplo, hay quienes son bastante mentirosos, deshonestos de palabra y obra, pero si les preguntas en qué sentido es más grave su corrupción, responderán: “Soy un poco mentiroso”. Se limitarán a decir que son un poco mentirosos, pero no que su naturaleza es la mentira ni que son personas mentirosas. No contemplan su naturaleza con tanta profundidad ni como algo tan serio, ni tan a conciencia, como otras personas. Otros ven que estas personas son tremendamente mentirosas y torcidas, que cada una de sus palabras es un fraude, que sus palabras y actos nunca son honestos, pero que no se examinan muy a fondo por dentro. Cualquier conocimiento que tengan es meramente superficial. Cada vez que hablan y actúan, revelan algo de su naturaleza, pero no son conscientes de ello. Se creen honestas en lo que hacen y que lo hacen de acuerdo con la verdad. Es decir, las personas tienen un conocimiento superficial de su propia naturaleza, y hay una enorme discrepancia entre esto y las palabras de juicio y revelación de Dios. Esto no es un error en lo que Dios revela, sino más bien que la humanidad carece de un entendimiento profundo de su naturaleza. Las personas no poseen una comprensión fundamental o esencial de sí mismas, en cambio, se concentran y dedican su energía a sus actos y a las expresiones externas. Aunque alguien dijera algo de manera ocasional respecto a entenderse a sí mismo, no sería muy profundo. Nadie ha pensado jamás que sea esta clase de persona ni tenga esta clase de naturaleza por haber realizado este tipo de cosas o haber revelado algo. Dios ha revelado la naturaleza y la esencia de la humanidad, pero los humanos entienden que su forma de hacer las cosas y de hablar es errónea y defectuosa; por tanto, poner la verdad en práctica es una tarea extenuante para las personas. Ellas piensan que sus equivocaciones son meras manifestaciones momentáneas que se revelan descuidadamente en lugar de ser revelaciones de su naturaleza. Las personas que se piensan que este camino no puede ponerse en práctica, porque no son capaces de aceptar la verdad como tal ni tienen sed de ella; por consiguiente, cuando ponen la verdad en práctica, sólo siguen las normas de manera superficial. Las personas no consideran que su propia naturaleza sea demasiado corrupta, y creen que no son tan malas como para que deban ser destruidas o castigadas. Creen que no es tan grave mentir de vez en cuando y se consideran mucho mejores de lo que eran en el pasado; de hecho, sin embargo, están muy lejos de llegar al estándar, porque las personas sólo tienen algunas acciones que, en apariencia, no violan la verdad, si es que realmente no están poniendo la verdad en práctica.

Extracto de ‘Entender la naturaleza propia y poner la verdad en práctica’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Hoy día, la mayoría de las personas tiene un entendimiento muy superficial de sí mismas. No han llegado a distinguir en absoluto las cosas que forman parte de su naturaleza. Sólo tienen conocimiento de algunos de sus estados corruptos, de las cosas que probablemente van a hacer o de unos de sus defectos, y eso les hace creer que se conocen a sí mismos. Si, además, viven rigiéndose por unas cuantas normas, si se aseguran de no cometer equivocaciones en ciertos ámbitos y se las apañan para evitar cometer ciertas transgresiones, entonces consideran que poseen realidad en su creencia en Dios y asumen que serán salvadas. Esto es una imaginación completamente humana. Si te atienes a estas cosas, ¿de verdad llegarás a ser capaz de evitar cometer transgresión alguna? ¿Habrás logrado un verdadero cambio de carácter? ¿Estarás viviendo realmente a semejanza de un ser humano? ¿Puedes satisfacer auténticamente a Dios? ¡Desde luego que no, eso está claro! La creencia en Dios sólo funciona cuando uno tiene altos estándares y ha alcanzado la verdad y alguna transformación en el carácter de vida. Si el conocimiento que las personas tienen de sí mismas es demasiado superficial, les resultará imposible resolver los problemas y su carácter de vida simplemente no cambiará. Es necesario que alguien se conozca en un nivel profundo, lo que significa conocer la propia naturaleza: qué elementos se incluyen en esa naturaleza, cómo se originaron estas cosas y de dónde provinieron. Además, ¿eres realmente capaz de odiar estas cosas? ¿Has visto tu propia alma fea y tu naturaleza malvada? Si eres realmente capaz de ver la verdad sobre ti mismo, entonces comenzarás a aborrecerte. Cuando te aborreces, y luego practicas la palabra de Dios, podrás abandonar la carne y tener la fuerza para cumplir con la verdad sin dificultad. ¿Por qué muchas personas siguen sus preferencias carnales? Porque se consideran bastante buenas, sienten que sus acciones son correctas y justificadas, que no tienen fallas e incluso que están completamente en lo correcto. Por lo tanto, son capaces de actuar con la suposición de que la justicia está de su lado. Cuando alguien reconoce cuál es su verdadera naturaleza, cuán fea, despreciable y detestable es, entonces no está demasiado orgulloso de sí mismo ni es tan salvajemente arrogante ni está tan complacido consigo mismo como antes. Tal persona siente: “Debo ser serio y centrado y practicar algunas de las palabras de Dios. Si no, entonces no estaré a la altura del estándar de ser humano, y me avergonzaré de vivir en la presencia de Dios”. Entonces alguien realmente se ve a sí mismo como miserable, como verdaderamente insignificante. En este momento, a alguien se le hará fácil cumplir con la verdad y parecerá ser un poco como debería ser un humano. Sólo cuando las personas realmente se aborrecen pueden abandonar la carne. Si no se desprecian a sí mismas, serán incapaces de abandonar la carne. Odiarse a uno mismo verdaderamente comprende algunas cosas: primero, conocer la propia naturaleza; y segundo, verse a uno mismo como una persona dependiente y mísera, verse extremadamente pequeño e insignificante y ver la propia alma deplorable y sucia. Cuando alguien ve completamente lo que realmente es, y se logra este resultado, entonces realmente adquiere conocimiento de sí mismo y se puede decir que se ha llegado a conocer completamente. Sólo entonces puede alguien mismo odiarse, hasta el punto de maldecirse y sentir verdaderamente que Satanás lo ha corrompido profundamente; tanto que ni siquiera se parece a un ser humano. Entonces un día, cuando aparezca la amenaza de la muerte, esa persona pensará: “Este es el justo castigo de Dios. Dios es, ciertamente, justo; ¡en verdad yo debería morir!”. En este punto, él no albergará quejas y, mucho menos, culpará a Dios, simplemente, sentirá que es tan dependiente y despreciable, tan inmundo y tan corrupto, que debería ser eliminado por Dios, y que un alma así no es apta para vivir en la tierra. En este punto, esta persona no se resistirá a Dios y, mucho menos, lo traicionará. Si alguien no se conoce, y todavía se considera bastante bueno, entonces cuando la muerte llame, esta persona pensará: “Lo he hecho muy bien en mi fe. ¡Qué duro he buscado! He dado tanto, he sufrido tanto, pero finalmente Dios ahora me está pidiendo que muera. No sé dónde está la justicia de Dios. ¿Por qué me está pidiendo que muera? Si hasta una persona como yo tiene que morir, entonces ¿quién se salvará? ¿No llegará a su fin la raza humana?”. En primer lugar, esta persona tiene nociones acerca de Dios. En segundo lugar, esta persona se queja y no muestra ninguna sumisión en absoluto. Esto es igual que Pablo: cuando estaba a punto de morir, no se conocía, y para cuando el castigo de Dios estaba cerca, era demasiado tarde para arrepentirse.

Extracto de ‘Conocerse a uno mismo es principalmente conocer la naturaleza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Lo que Pedro buscó fue llegar a conocerse a sí mismo, y ver lo que se había revelado en él a través del refinamiento de las palabras de Dios y dentro de las diversas pruebas que Dios le suministró. Cuando de verdad llegó a entenderse a sí mismo, Pedro se dio cuenta de lo corruptos, lo inútiles y lo indignos de servir a Dios que son los humanos, y de que no merecen vivir delante de Él. Pedro se postró entonces ante Dios. Al final, pensó: “¡Conocer a Dios es lo más preciado! Sería una lástima que muriese sin conocerlo. Siento que conocer a Dios es lo más importante y lo más valioso que hay. Si el hombre no conoce a Dios, entonces no merece vivir y no tiene vida”. Para cuando la experiencia de Pedro había alcanzado este punto, él ya había llegado a saber su propia naturaleza y obtenido un conocimiento relativamente bueno de ella. Aunque quizá no habría sido capaz de explicarlo tan claramente como las personas de hoy, Pedro había llegado a este estado. Por consiguiente, buscar la vida y alcanzar la perfección por Dios requiere conocer la propia naturaleza a partir de las declaraciones de Dios, así como comprender los aspectos de la propia naturaleza y describirla en palabras, hablar clara y llanamente. Sólo esto es conocerte verdaderamente a ti mismo, y habrás alcanzado el resultado que Dios exige. Si tu conocimiento no ha llegado a este punto todavía, pero afirmas conocerte a ti mismo y haber ganado vida, ¿no es esto entonces una simple fanfarronada? No te conoces a ti mismo ni sabes lo que eres delante de Dios, si has cumplido de verdad con los estándares de un ser humano o cuántos elementos satánicos sigues teniendo en ti. Sigues sin tener claro a quién perteneces y ni siquiera tienes autoconocimiento; entonces, ¿cómo puedes tener razón frente a Dios? Cuando Pedro buscaba la vida, se centraba en conocerse a sí mismo y en transformar su carácter a lo largo de sus pruebas. Se esforzó por conocer a Dios y, al final, pensó: “Las personas deben buscar entender a Dios en vida; conocerlo es lo más crítico. Si no conozco a Dios, no podré descansar en paz cuando muera. Una vez que lo conozca, si Dios determina que yo muera, entonces sentiré que es lo más gratificante; no me quejaré en lo más mínimo y mi vida entera se habrá colmado”. Pedro no fue capaz de obtener este nivel de entendimiento ni alcanzar este punto inmediatamente después de empezar a creer en Dios; primero tuvo que pasar por multitud de grandes pruebas. Su experiencia tuvo que llegar a un cierto hito y tuvo que entenderse a sí mismo por completo antes de poder sentir el valor de conocer a Dios. Por tanto, la senda que Pedro tomó fue la de obtener la vida y ser perfeccionado; este era el aspecto en el que se centró su práctica específica principalmente.

Extracto de ‘Cómo caminar por la senda de Pedro’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Al juzgaros hoy así, ¿qué grado de comprensión tendréis al final? Diréis que aunque vuestro estatus no es alto, sin embargo habéis disfrutado la elevación de Dios. No tenéis estatus porque sois de baja cuna, pero ganáis estatus por la elevación de Dios; esto es algo que Él os concedió. Hoy sois capaces de recibir personalmente el adiestramiento de Dios, Su castigo y Su juicio. Esta es, más aún, Su elevación. Sois capaces de recibir personalmente Su purificación y Su ardor. Esto es el gran amor de Dios. A lo largo de las eras no ha habido una sola persona que haya recibido Su purificación y Su ardor ni que haya sido capaz de ser perfeccionada por Sus palabras. Dios os está hablando ahora cara a cara, purificándoos, revelando vuestra rebeldía interna; esa es ciertamente Su elevación. ¿Qué habilidades tienen las personas? Sean hijos de David o descendientes de Moab, en resumen, las personas son seres creados que no tienen nada de lo que puedan jactarse. Como sois criaturas de Dios, debéis llevar a cabo el deber de una criatura. No hay más requisitos para vosotros. Así es cómo oraréis: “¡Oh, Dios! Tenga estatus o no, ahora me entiendo a mí mismo. Si mi estatus es alto, se debe a Tu elevación; y si es bajo, se debe a Tu ordenación. Todo está en Tus manos. No tengo ninguna elección ni ninguna queja. Tú ordenaste que yo naciera en este país y entre esta gente, y lo único que debería hacer es ser absolutamente obediente bajo Tu dominio, porque todo está incluido en lo que Tú has ordenado. No pienso en el estatus; después de todo, solo soy una criatura. Si Tú me colocas en el abismo sin fondo, en el lago de fuego y azufre, no soy más que una criatura. Si Tú me usas, soy una criatura. Si Tú me perfeccionas, sigo siendo una criatura. Si Tú no me perfeccionas, te seguiré amando, pues no soy más que una criatura. No soy más que una criatura minúscula, creada por el Señor de la creación, tan solo una de entre todos los seres humanos creados. Fuiste Tú quien me creó, y ahora me has vuelto a colocar en Tus manos, para hacer conmigo Tu voluntad. Estoy dispuesta a ser Tu herramienta y Tu contraste, porque todo es lo que Tú has ordenado. Nadie puede cambiarlo. Todas las cosas y todos los acontecimientos están en Tus manos”. Cuando llegue el momento en que ya no pienses en el estatus, entonces te liberarás de él. Solo en ese momento serás capaz de buscar con confianza y valor, y sólo entonces, tu corazón podrá llegar a liberarse de cualquier restricción. Una vez que las personas hayan sido liberadas de estas cosas, entonces no tendrán más preocupaciones.

Extracto de ‘¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?’ en “La Palabra manifestada en carne”

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