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Provisión para la vida: Recopilación de sermones

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3. El verdadero significado del servicio y el deber de los obreros

El verdadero sentido del servicio es exaltar a Dios, dar testimonio de Él, y llevar a cabo Su voluntad. Es así de simple, pero llevar a cabo servicio sinceramente no es fácil. Todos esos líderes de iglesia fueron eliminados en el pasado porque no llevaron a cabo ese servicio y fueron despreciados y proscritos por Dios. Se exaltaron a sí mismos, dieron testimonio de sí mismos, establecieron firmemente su propia autoridad al hacer que otros los reconocieran y obedecieran, logrando el objetivo de actuar tiránicamente. Estas personas son pequeños hombres malos que han perdido su conciencia y razón. Por supuesto, a pesar de sí mismos, entienden los principios pero no actúan sobre ellos. Es obvio que su humanidad es demasiado mala. Si tuvieran la menor humanidad, no habrían llegado a ese desenlace final de ser eliminados después de haber experimentado tanta poda y trato. Exaltar verdaderamente a Dios y dar testimonio de Él permite al hombre adorar a Dios en lo más alto, someterse bajo Su dominio, colocar a Dios en la cabeza, permitir que Él sea glorificado, hacer que los hombres conozcan y adoren a Dios. Llevar a cabo la voluntad de Dios significa traer a los hombres ante Dios para que Él pueda obtenerlos completamente, y sólo al alcanzar este desenlace el servicio está en sintonía con la voluntad de Dios. En el pasado se comunicó frecuentemente que servicio a Dios significa llevar al hombre a conocer a Dios, y al aprovechar la oportunidad de exaltar a Dios, y dar testimonio de Él, el hombre es guiado ante Dios y es capaz de someterse a Él, y de conocerlo y amarlo. Si el servicio de alguien ha alcanzado este desenlace, entonces este servicio es apto, mientras el servicio de quienes no pueden alcanzar este desenlace no es apto. Si alguien se exalta a sí mismo y da testimonio de sí mismo en su servicio de forma que otros se están sometiendo a él y no conocen a Dios, él es un anticristo. Esto es absolutamente cierto, y es el estado de las cosas. Por consiguiente ha salido a la luz que el servicio de algunas personas es de esta clase. Ellas están siempre preocupadas por el estado de su prestigio personal, y si perciben que nadie les está dando mucha importancia o prestándoles mucha atención, están incómodas y consideran el asunto particularmente grave. Creen que si no pueden resolver este problema no tendrán formas de hacer su obra y por tanto exhiben una determinación que desafía a la muerte para traer a otros bajo su control y establecer su prestigio individual. Así es como se lleva a cabo la obra cuando el carácter del hombre no ha cambiado. Aunque desde fuera tratan a Dios con bastante bondad, su esencia sigue siendo desobediente. Para resolver la cuestión de la sumisión a Dios, uno necesita comenzar entendiendo la verdad y resolver la cuestión de cambiar su carácter. No debería resolver primero el problema de su propio prestigio ya que esto es demasiado egoísta. Es importante que sea considerado con los propósitos de Dios porque Él quiere obtener hombres, y es en Dios en quien el hombre cree. Él pide al hombre que lo exalte con el fin de resolver la cuestión de la sumisión del hombre a Dios, y del conocimiento de Dios por parte del hombre. No es con el fin de resolver la cuestión de si las personas te prestan o no atención. Algunas personas siempre se quejan, y preguntan por qué los demás no las escuchan. Primero, no han comprendido la esencia del problema. Segundo, como no conocen a Dios, no tienen la verdad. Tercero, en la forma en que abordan las cosas han perdido su razón y no tienen humanidad. Por tanto, nadie les presta atención. Si tu comunicación verdaderamente consigue logros con respecto a la vida de los demás, y ello les permite realmente conocer a Dios, someterse a Él, y tener una senda para practicar, entonces gustarás inmediatamente a los demás y ellos te respetarán, y estarán dispuestos a abrir su corazón para comunicar contigo, y hacer como tú dices. Esto es absoluto, y mi entendimiento es muy profundo.

Hay algunos cuya obra nunca tiene un resultado, y la razón de esto es que no pueden comprender la clave del problema, y esto está relacionado con el nivel de conocimiento de la verdad por parte del hombre. Los que llevan a cabo servicio a Dios sólo son capaces de resolver la clave de un problema siendo verdaderamente capaces de descubrir su esencia. Si siempre estás preocupado por cosas superficiales y eres incapaz de comprender la esencia de un problema, tu obra será totalmente inútil. Por ejemplo, algunas personas son incapaces de discernir lo que deberían exponer primero a los nuevos conversos. Yo digo que ante todo deberías exponer la verdad sobre las visiones para erradicar cualquier idea y afirmar al Dios práctico, sólo entonces será fuerte la creencia de un hombre en Dios, esta es la clave. ¿Qué deberías decir a los creyentes de mucho tiempo? Yo digo que deberías hablar específicamente de conocer la obra de Dios, hablar en particular sobre cambiar el carácter, resolver las dificultades relacionadas con la práctica de la verdad por el hombre, esta es la clave. Lo que el hombre que lleva a cabo servicio para Dios acomete está dirigido a los hombres, por lo que si él no puede descubrir los estados de los hombres, ¿cómo puede resolver los problemas de estos? Además, si quieres resolver los problemas de los hombres, tú mismo deberías tener experiencia primero, este es un requisito elemental. Por tanto, los que están en el liderazgo, para que su obra sea eficaz, deberían tener una experiencia profunda, y deben ser capaces de descubrir problemas. Si sólo predican doctrinas y carecen de la realidad, nadie será persuadido, y el objetivo de guiar a otros no se alcanzará.

Al haber experimentado varios años de la obra de Dios, yo estoy continuamente recapitulando mis experiencias y estoy prevenido por las lecciones de los que han perdido. En el proceso de llevar a cabo servicio piso con mucho cuidado e incluso tiemblo con temor, con miedo de llevar a las personas a descarriarse, ir contra los propósitos de Dios, y convertirme en un pecador a ser condenado a lo largo de los tiempos. Siempre tengo un principio en mente, y comprendo que este es de una importancia fundamental para acentuar el hablar de conocer a Dios, de practicar la verdad y hacer la obligación de uno. No debo apartarme de este principio central y si hablo de estos tres aspectos en particular, no puedo equivocarme. Yo no expongo esas cuestiones que se apartan del principio central y no tienen importancia. Cuando la obra central aún debe completarse, no tiene sentido hablar sobre cosas superfluas. Dios ha dirigido mi servicio a lo largo de estos varios años y es enteramente el resultado de la obra del Espíritu Santo lo que me ha iluminado cada vez más en mi interior para que yo tenga algún conocimiento de llevar a cabo el servicio a Dios.

Es perfectamente normal que sea difícil evitar encontrar el fracaso en el desempeño del servicio a Dios porque la naturaleza del hombre es ser desobediente, él actuará frecuentemente a pesar de sí mismo, con el resultado de que conoce la verdad pero no puede ponerla en práctica, o su experiencia es tan superficial que tiene un entendimiento distorsionado de la verdad, y por consiguiente lleva a otros a descarriarse. Yo identifico varios tipos de fracaso en el desempeño del servicio, y citaré algunos ejemplos para explicarlos. Un tipo de fracaso es desempeñar el servicio como un estratega de sillón, hacer todo lo que se pueda para equiparse con palabras y frases de la verdad, y disertar como un profesor en una clase de lengua. Él se ve hablando de una manera concreta y detallada, con el resultado de que después de hablar durante muchos años, las personas no tienen ni la menor parte de la verdad, y no puede verse ningún resultado en absoluto en el conocimiento de Dios o en el cambio de carácter. Este es uno de los tipos de servicio más confusos. Las personas que llevan a cabo servicio de esa manera no son en absoluto escasas, y casi todas las que no tienen una experiencia real llevan a cabo el servicio de esta forma. Recitan insustancialmente una doctrina tras otra, pero si consigues que expongan cosas relativas a la esencia de la verdad y combinen sus palabras con la realidad, están confundidas. Por tanto, cuando terminan de hablar siguen siendo incapaces de resolver cuestiones reales, quienes las han oído decir lo que parecían palabras excelentes en el momento quedan posteriormente sin senda que seguir, incapaces de practicar la verdad y sin signos de cambio en el carácter. Es como comer mucha comida basura; puedes saciarte en el momento pero después no has obtenido ninguna nutrición y estás bastante vacío. Ese servicio causa un daño enorme a otros, lo que dicen los que lo llevan a cabo es totalmente de estratega de sillón y destruirán absolutamente todo su ejército. Otro tipo de fracaso es llevar a cabo el servicio por puro trámite. Quien lo haga dirá a los que están debajo de él lo dicho por los de arriba. Si él tiene totalmente confuso lo que han dicho los de arriba, los que están debajo de él serán incapaces de entender. Por consiguiente se queja de su estatura y de que no se puede hacer nada porque carece de calibre en gran manera. No investiga el verdadero estado de las cosas; es incapaz de abordar sinceramente la verdad, y sólo trabaja incesantemente sin considerar si los resultados tienen algo de bueno. Puede decir algunas palabras sobre cualquier cuestión sin profundizar en ello. Esta clase de persona no parece entender lo que se denomina entrar en la realidad, y no entiende cómo lograr un resultado para su obra. Probablemente no sea de buen calibre, y esté confundido por naturaleza y no sea astuto, lo cual tiene que ver con su carácter natural. Por supuesto, desempeñar esta clase de servicio no está a la altura, me temo que no puede sostenerse y no puede mantener el statu quo. Hay otra clase de fracaso al que se llama desempeñar el servicio desde fuera. Quienes lo llevan a cabo sólo hacen cosas externas, hacen hincapié en cantar, danzar, tener todo tipo de reuniones, articular doctrinas y eslóganes, y además podar ciegamente a las personas mientras realizan una exhibición impresionante de su valentía y poder. Parecen ser extremadamente exitosos por fuera, moviéndose afanosamente, pero esto no se basa lo más mínimo en la realidad, y no puede describirse como conocimiento de Dios. No pueden comunicar la verdad en lo más mínimo, no pueden proveer en absoluto vida alguna, y no pueden resolver ningún problema real en absoluto. Yo pregunto a ese hombre: “¿Se ha revelado a sí mismo tu carácter arrogante?”. Él dice: “Si alguien no hace lo que digo, lo trato y podo con rabia”. Yo digo: “¿Has revelado tu verdadero ser?”. Él no emite ni un sonido. El servicio desempeñado por tales personas es incluso menos apto y realmente nauseabundo. Todo ello es un servicio acorde a las propias inclinaciones de uno, porque todos se han desviado del camino verdadero, y están desempeñando servicio que va en contra de los deseos de Dios. Aunque Dios los ha eliminado, sin embargo el olor rancio de esta clase de servicio sigue prevaleciendo. Independientemente de qué persona que lleva a cabo el servicio a Dios siga teniendo este olor en ella, es necesario que se ponga remedio a este librándose del hedor y siendo purificada. Por supuesto, el cambio en el carácter se alcanza después de la experiencia de llevar a cabo servicio y nadie ha cambiado completamente primero y ha seguido desempeñando servicio después. Sin embargo, conforme a la exigencia de Dios, deberíamos trabajar mientras estamos entrando y buscar entrar mientras trabajamos, y es una situación normal. No temas el fracaso, no temas desviarte, pero debes darte la vuelta a tiempo, corregirte a tiempo, recapitular las cosas constantemente, renovarte constantemente antes de poder ser hecho perfecto a través del servicio. Los que han sido noqueados no sólo han sido incapaces de servir sino que, más importante aun, han hecho muchas cosas malas, han dicho cosas que contradicen a Dios, y han sido eliminados porque se han convertido en quienes han hecho mucho mal y aquellos para quienes no hay forma de salvarse.

El servicio a Dios es lo que mejor puede revelar la naturaleza del hombre, la cual este puede desear ocultar pero que no puede encubrirse. Si un hombre tiene una posición las tentaciones son demasiado grandes. Estatus, riqueza, disfrute, atracción del sexo opuesto, todo ello está delante. Si la humanidad de un hombre es mala él sucumbirá en todo momento. Algunos hombres caen de una forma muy cruel. Los que tienen un poco de humanidad siguen siendo capaces de resistir las tentaciones. El servicio a Dios es lo mismo que entrar en un ring de artes marciales, sólo unos pocos se mantendrán firmes, y la mayoría de las personas caerán. Su fracaso nos enseña una enorme lección, y permite a las personas ver la desagradable imagen de aquellos para quienes no hay forma de salvarse porque su naturaleza es demasiado malvada, y qué lamentable es ser incapaz de mantenerse firme si uno no tiene la verdad.

El servicio a Dios es la obra más sagrada y más significativa que sólo pueden asumir quienes tienen humanidad y la verdad. Ellos no serán adecuados para la tarea si su experiencia no es suficientemente profunda y no son rigurosos con respecto a la verdad. Podemos decir que quienes no han experimentado la obra de Dios ni siquiera tienen cualificaciones suficientes. Sólo esas personas que han experimentado el ser perfeccionadas por Dios a través de Su juicio y castigo, Su poda y trato, no sólo tienen la verdad, sino que tienen corazones que temen a Dios; además, pueden hablar sobre la realidad, pueden proveer la verdad y la vida a las personas, pueden guiar a las personas al camino correcto de la fe en Dios, a entrar en la realidad, pueden hacer que las personas reciban la gracia salvadora de Dios. Sólo las personas que pueden lograr estos resultados pueden servir a Dios, y desempeñar el servicio que es acorde con Sus propósitos.

En su servicio, los que han sido hechos perfectos también deberían poseer un corazón que ama a Dios, ser capaces de mostrar consideración por los propósitos de Dios, apreciando el corazón de Dios como suyo, y deberían considerar: ¿Cómo puede satisfacer a Dios el servicio, qué resultado lograr que sea capaz de satisfacer a Dios, ha entrado en el camino correcto la experiencia vital de los hermanos y hermanas, cómo es el cambio de su carácter, se ha sometido uno absolutamente a Dios, cuán claramente saben sobre practicar la verdad, pueden los hermanos y hermanas cumplir sus obligaciones con devoción, pueden dar ellos testimonio de Dios, cuántas personas tienen conocimiento de Dios, cuántas personas tienen temor de Dios, cuántas pueden hablar de la realidad de la verdad, cuántas pueden dirigir la iglesia, qué personas tienen el valor para ser hechas perfectas, cómo deberían ser ellas cultivadas, se ha resuelto el problema de hablar palabras y doctrinas en la iglesia, es normal la vida de iglesia, ha conseguido resultados comer y beber la palabra de Dios, qué nivel se ha alcanzado en conocerse uno mismo, cúantas personas son capaces de comunicar su conocimiento de la palabra de Dios, cuántas personas hay dentro de cada iglesia con capacidades de recepción, cuál es la circunstancia de la mayoría de iglesias, son los que lideran la iglesia capaces de comer y beber la palabra de Dios, es práctica su comunicación, qué dificultades hay en la vida de la iglesia que siguen necesitando resolverse, quién puede resolver estas dificultades de la manera más apropiada, debería asignarse la tarea a otros o deberías manejarla tú mismo, qué obra deberías hacer, qué obra puede delegarse a otros, están claras todas estas cosas, tienes claro hasta qué punto pueden manejar otros la tarea, y qué harías tú si otros se ocupan de la tarea de una forma superficial? Todos los anteriores son problemas prácticos, y los que están sirviendo deberían conocerlos como la palma de su mano con el fin de ser capaces de completar su obra. Además, la obra de servicio también se divide en etapas. ¿Cuál es el concepto principal que ha salido a la luz en este período, en qué se centra? En el período siguiente, se han producido algunos cambios. ¿Cuál es el concepto principal, qué hay en su raíz? Debemos seguir de cerca las huellas de Dios, cada paso debe llegar a un resultado, debemos avanzar paso a paso. Si no estás centrado en los resultados, tu obra no es eficiente, y es lenta, sin sentido de urgencia es chapucera y ordinaria, por tanto deberías ser eliminado. Si las personas que sirven tienen realmente la capacidad, los que están debajo se moverán coordinados con ellas. Hay una atmósfera de tensión y armonía. Esta está llena de vitalidad y la vida de iglesia florece con cada día que pasa. No hay negatividad, no existe el quedarse atrás. La justicia se levanta y todos los miembros de la iglesia trabajan juntos. Estos están unidos en sus esfuerzos y todos pueden dar testimonio de Dios y sostenerlo en alto. Este es el mejor resultado. Si la iglesia sigue sin vida, y la mayoría de las personas están en un punto negativo, esto demuestra que tu dirección no marcó el camino. La vida de iglesia es como un carro y el líder es como el caballo que tira. Si este es capaz, podrá tirar del carro. Se mueve cuando debería moverse y corre cuando debería corer. Nadie puede pararlo. Cuando uno es realmente competente en el servicio a Dios, todas las dificultades pueden resolverse allí donde va, e independientemente de qué problemas tengan las personas él puede explicarlos en detalle y señalar el camino. Ello llena de deleite a las personas como si la carga fuera aliviada. Por muy difícil que sea la situación de un lugar, si él se queda allí durante algunos días y junta a las personas para algunas reuniones, el corazón de estas brillará entonces. Ellas se llenan de energía cuando la verdad es entendida y su negatividad se resuelve completamente. El conflicto de la carne se sofocará y la iglesia tomará la senda correcta. Una persona que sirve realmente a Dios puede descubrir las deficiencias de la gente, y sabe qué proveer a las diferentes personas, dónde empezar, y cómo resolver completamente los problemas. Independientemente de que sea un creyente nuevo o viejo, anciano o joven, que lidera o que sigue, él puede proveer plenamente para ellos. Todos los problemas de ellos pueden resolverse y él puede comunicar con toda la gente. Para los que sirven realmente a Dios, la comunicación de la verdad no tiene reglas y ellos no hacen esto de memoria. Hablarán desde cada lado y desde cada ángulo. Hablarán en diferentes lenguas y combinarán todo tipo de hechos. Personas de todas las clases entenderán y cosecharán los beneficios. Todos amarán entrar en contacto con quienes sirven verdaderamente a Dios, estarán dispuestos a abrir su corazón y comunicar con ellos, los respetarán, estarán dispuestos a entablar amistad con ellos y hablarán con ellos desde el corazón. Si todo el mundo tiene miedo y se esconde de ti, entonces estás en problemas. El búho que entra en la casa no es una buena señal. Aquellos cuyo corazón está alineado con la voluntad de Dios están siempre en la iglesia, caminando entre los objetos de su obra, viviendo y comiendo con las personas, hablando con las personas a lo largo de la noche. Cuando encomiendan obra a personas, las exhortan repetidamente. Tienen miedo de no hacerlo bien y nunca ignoran a la gente. Saben que abandonar el lugar de trabajo es un incumplimiento del deber. Los que abandonan los objetos de su obra son parásitos. ¿Es posible resolver todas las dificultades de la realidad sin entrar en contacto con los líderes del nivel de base que se coordinan contigo? ¿Puede hacerse sin experimentar profundamente la vida de iglesia en un nivel básico? ¿Puede haber algún resultado sin una comunicación franca? ¿Puedes parar de hacer tu trabajo cuando tu voz aún no está ronca? ¿Tienes cargas si no hay nada en tu mente? Si no has perdido peso, ¿estás trabajando duro realmente? ¿Pueden las personas que se satisfacen con buena comida mostrar consideración por los propósitos de Dios? ¿Están quienes prestan una gran atención a lo que comen y visten dando importancia al resultado de su obra? ¿Pueden hacer realmente un buen trabajo si sólo entran en contacto con algunas personas que están detrás de su corazón mientras evitan reunirse con las que no lo están? ¿No son parásitos que buscan una vida fácil, cómoda y disfrutable?

Quienes sirven realmente a Dios saben lo que les falta y siempre pueden equiparse y al mismo tiempo comunicar la verdad a otros, y aun más, se centran en entrar en la verdad ellos mismos y conocerse a sí mismos con más profundidad. Pueden guardarse de ser arrogantes, farisaicos y de exhibirse y también están dispuestos a abrir su corazón para permitir que otras personas conozcan sus debilidades y deficiencias. Por tanto su comunicación es sincera y auténtica, sin falsas pretensiones. Las personas tendrán convicción en ellos, los respetarán y obedecerán la verdad que ellos transmiten.

Quienes sirven realmente a Dios entienden la obra del Espíritu Santo y saben qué es de su propia experiencia y qué es del esclarecimiento del Espíritu Santo. Tienen temor de Dios y no son arrogantes ni jactanciosos. No miran con desprecio a los demás porque tienen la obra del Espíritu Santo, sino que son más considerados con los demás, se preocupan de ellos y les ayudan. Preferirían sufrir para que los demás puedan ser felices. Entienden las dificultades que sufren las personas y también entienden profundamente cuán doloroso es para una persona sin la verdad caer en las tinieblas. Entienden aun más los placeres de ser esclarecido por el Espíritu Santo y están dispuestos a compartir su esclarecimiento por el Espíritu Santo con los demás y compartir la felicidad con otros. No toman la obra del Espíritu Santo como un capital para disfrutar. Disfrutan de esta y pueden mostrar consideración por la voluntad de Dios. Están dispuestos a resolver las dificultades y el dolor de otras personas y a pasar a otros el deleite que obtienen de la obra del Espíritu Santo para satisfacer a Dios. Pueden cooperar proactivamente con la obra del Espíritu Santo, mostrar toda la consideración por la voluntad de Dios y renunciar al deleite con el fin de satisfacer a Dios. Rechazan la bendición del estatus, no buscan un trato especial, sirven a Dios de forma piadosa y respetuosa y llevan a cabo lealmente su obligación. Las personas que sirven a Dios de esta forma actúan en línea con la voluntad de Dios.

Para lograr un servicio que esté alineado con la voluntad de Dios, uno debe pasar primero por cambios en el carácter vital. Después de que este haya cambiado, uno empezará el servicio formal. Se necesitan algunos años de experiencia y sin la verdad, no habrá un buen resultado. Si las personas entienden realmente el verdadero sentido del servicio, sabrán cómo llevar bien a cabo su obligación. Ellas entienden profundamente que hacer la obligación de uno es dar a otros la verdad, el camino, y la vida que han obtenido de la obra de Dios y dar a la iglesia su experiencia, conocimiento de Dios y la luz revelada por el Espíritu Santo, de forma que otros puedan compartirlos, conseguir cambios en su carácter vital, llegar a conocer a Dios, obedecer a Dios, ser leales a Él y ser ganados por Él. Ellos no se equipan con el conocimiento de la verdad y enseñan a otros letras y doctrinas para mostrar cuán listos son. Hacer la obligación de uno es preocuparse, ayudar, ser considerado con y cuidar de otros por encima de uno mismo, pensar en los demás todo el tiempo, planeándolo todo para la iglesia, prefiriendo sufrir más con el fin de que más personas obtengan vida y se salven, pagar todos los costes para que las personas puedan entender la verdad y erogarse por Dios para satisfacer Su voluntad. No es enorgullecerse de uno mismo en base al estatus propio y aferrarse a los deleites de la carne y por mucho que los hermanos y hermanas sufran, sólo satisfacer el deseo propio de comer, beber y disfrutar más, mientras se abandonan los beneficios de los hermanos y hermanas. Algunas personas trabajan incluso según la preferencia y la codicia. Si alguien las recibe bien y obtiene su favor, hablarán con él. De lo contrario, se negarán a hacerlo. La persona más despreciable es la que se involucra en comerciar con su obra. Hacer la obligación de uno es alinear el corazón de uno con la voluntad de Dios —preocuparse por las preocupaciones de Dios, pensar en lo que Dios está pensando, interesarse por lo que interesa a Dios y poner en el primer lugar los intereses de la familia de Dios en todo momento. Es trabajar duro descuidando las comidas y el sueño de uno y hacer esfuerzos laboriosos, y llevar a cabo la obra que Dios ha encomendado a uno con el sentido de la responsabilidad de un maestro. No es esperar ser recompensado por un pequeño trabajo, o esperar deleite después de un poco de sufrimiento, o volverse orgulloso y engreído tras lograr algunos resultados, o disfrutar del estatus y actuar como un tirano. Quienes son leales al llevar a cabo su obligación se someten a las disposiciones de Dios, son leales y devotos y trabajan sin quejarse y abnegadamente como siervos de Dios, únicamente dispuestos a devolver el amor de Dios, servir a Dios dignamente con su vida. Ellos se consideran a sí mismos como nada más que un pedazo de polvo sin honor, e incluso menos aun dignos de disfrutar de la gracia de Dios, y están completamente a Su merced y no se quejan. No son hipócritas mezquinos y desvergonzados que aprecian su propia vida, esperan recibir una buena fortuna, y estar por encima de los demás y disfrutan de ser superiores a estos. Hacer la obligación de uno es ser considerado con la voluntad de Dios, mantenerse cerca de la carga de Dios, considerar a los hermanos y hermanas como sus propios padres, estar dispuesto a ser el siervo de todos, tener en mente la vida de los hermanos y hermanas, atreverse a asumir la responsabilidad, no deber a nadie, permitir que las personas obtengan todo lo que él ha obtenido, servir con su conciencia, y atreverse a aceptar la supervisión de todos. No es decir cosas agradables al oído pero no hacer después ninguna obra real, o disfrutar de la hospitalidad de los hermanos y hermanas pero seguir acosándolos, o pedir a las personas que hagan esto y aquello para cuidar bien de él, pero sermonear, podar y tratar a las personas en todo momento, o pedir a las personas que vengan y lo cuiden cuando esté enfermo y que lo acompañen cuando los necesite. Esa persona que hace de los demás sus siervos no está sirviendo a Dios en absoluto; en su lugar, se tiene en muy alta estima, da testimonio de sí misma, se exalta a sí misma, deja que las personas la traten como a Dios, y tiene mucho miedo de tener una mala reputación y de que las personas no estén convencidas. Refuerza vigorosamente lo ofensivo e incluso hace incansablemente que las personas la obedezcan y adoren, y se sienta en el lugar de Dios enseñando lecciones a las personas. Mira con desprecio a todos y hace todo lo que puede para crear su esfera de influencia, gestiona sus propios negocios para hacer que las personas lo pongan en el centro, atiendan a sus palabras, obedezcan sus disposiciones y dejen a Dios a un lado para adorarla. Después de haber obrado durante varios años, las personas que guía no tienen conocimiento de Dios. Todo lo contrario, todas tienen miedo de ella y la obedecen. Ella se ha convertido en un dios. ¿No es esto traer personas ante ella? Esta clase de persona es un atracador, un ladrón dentro de la familia y un anticristo.

La clave de si el servicio de una persona es o no exitoso es cómo cumple ella sus obligaciones. Hay dos principios que deben tenerse en cuenta al completar las obligaciones de uno: primero, debes tomar la posición de un ser creado, y poseer la conciencia y la razón que una persona normal debería tener, tratando el cumplimiento de las obligaciones como tu responsabilidad personal sagrada; segundo, con el fin de ser fiel, debes obtener una solicitud particular, garantizando que seas capaz de cumplir las tareas que deberías completar, con la valentía de cargar con la responsabilidad por Dios. Sólo puedes cumplir tus obligaciones si posees estos dos principios. En la obra que Él me encomienda, Dios nunca me supervisa ni me mete prisa. Yo la atiendo por mi cuenta porque es mi responsabilidad cumplir mis obligaciones. Si no las llevo a cabo, seré negligente y no seré capaz de vivir ante Dios, seré indigno de Él y estaré en deuda con mis hermanos y hermanas. ¿Cómo puedo permanecer entre los hombres? No merezco ser llamado hombre. ¿Como qué contamos las personas ante Dios? Somos como el polvo, tan indignos de esas gracias maravillosas que Él nos concede. El cumplimiento de nuestras obligaciones es una pequeña cantidad de reembolso, seguimos siendo indignos aunque demos toda nuestra vida a Dios, y nuestra lealtad total ni siquiera es digna de mención. Este debería ser el razonamiento de los que sirven a Dios.

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