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¡Poner remedio a la “Guerra fría” hace que mi vida sea incluso más feliz!

Tian Yu

Cuando me casé, mi familia me aconsejó que “El caballo dispuesto recibe todas las cargas”, que después del matrimonio debía estar al frente para que no se aprovecharan de mí, para que mi vida fuera plena y feliz. Así que, después de mi casamiento, siempre quería estar al frente y se hacía todo lo que yo decía. Al principio, mi marido me consultaba todos los asuntos de nuestro hogar, grandes y pequeños. Pero conforme pasó el tiempo, a menudo no me consultaba, sino que hacía las cosas según su voluntad. A causa de esto, me sentía bastante infeliz. Sentía que él no me tomaba en serio. Pensaba: “Si las cosas continúan así, no tendré una posición sólida en esta familia”. Con el fin de poder estar al frente, yo me enojaba frecuentemente con mi marido y lo ignoraba hasta que él se ablandaba y me decía cosas bonitas, y las cosas sólo terminaban cuando yo estaba satisfecha.

Un año, durante el Festival de Primavera, mi marido me consultó si matábamos el cerdo que teníamos en casa. Yo le dije que lo cebaríamos algunos días más. En ese momento, él estaba totalmente de acuerdo conmigo. Sin embargo, yo no esperaba que el carnicero viniera la mañana siguiente. En ese momento, fingí que todo iba bien y lo saludé, hasta que mató al cerdo, pero entonces me quejé a mi marido de que no me hubiera consultado antes. Mi marido me explicó la razón por la que el carnicero había venido antes de tiempo, pero yo no podía escucharlo en absoluto. Independientemente de cómo lo explicara, yo lo ignoraba. Con el fin de ponerme de buen humor, vino deliberadamente a ayudarme cuando yo estaba trabajando, pero mantuve mi expresión desagradable. Al final, tuvo que irse con tristeza. Cuando lo vi irse con gesto de impotencia, también me sentí miserable. ¿Por qué estamos sufriendo así? ¿Por qué no he podido darle una salida sin avergonzarlo? Pero después pensé que seguimos teniendo mucho camino por delante. Si yo cediera fácilmente ahora, no me prestaría atención en absoluto. ¿Cómo podría estar yo al frente de la casa entonces? No, no puedo ceder tan fácilmente. Así pues, aunque yo realmente quería reconciliarme con mi marido y no quería seguir con nuestro estancamiento, me mantenía seria. Por mucho que se disculpara, no hablaba con él hasta que me lo suplicaba y me prometía que la vez siguiente definitivamente me consultaría. Sólo entonces condescendía en hablar con él.

Sin embargo, en la vida cotidiana, este tipo de cosas triviales eran demasiadas para contarlas. Debido a esto, raramente había felicidad y alegría en nuestra vida. La mayor parte del tiempo se pasaba librando una guerra fría. Al ver mi frío rostro cada día, mi hijo hablaban con mucho cuidado. Mi marido suspiraba y gemía, y yo me sentía ofendida. Pensaba que él no me entendía y que mi hijo no me obedecían, lo cual causaba que llorara a menudo a solas hasta medianoche… También sentía que esta vida de librar una guerra fría es demasiado miserable y agotadora, pero no podía controlar mi corazón.

En 2003, creí en Dios. A través de la comunicación de los hermanos y hermanas así como de la lectura de la palabra de Dios, me di cuenta de que estas cosas que estaba haciendo, como estar frecuentemente enojada con mi marido e ignorarlo a causa de mi estado de ánimo, eran el carácter corrupto de Satanás y el resultado del veneno de Satanás plantado profundamente en mi corazón. Si quería dejar de ser controlada por estos caracteres corruptos, tenía que lograr la transformación por medio de la lectura, experiencia y práctica de la palabra de Dios. Por tanto, leía con entusiasmo la palabra de Dios y participaba en la vida de iglesia, con la esperanza de que mi carácter corrupto pudiera ser transformado.

Una mañana, mi cuarto cuñado me dijo: “Hace algún tiempo, pedí prestado dinero a mi hermano (mi marido) y he venido a devolverlo hoy”. Al decir esto, me entregó el dinero. Cuando se marchó, pensé, con el dinero en la mano, que mi marido se había atrevido a prestarlo a otra persona sin consultármelo y me enojé inmediatamente. Sólo quería hacerlo entrar en razón de inmediato. Por la noche, cuando llegó a casa, le pregunté seriamente: “¿Ni siquiera te importo ya? Has prestado dinero a otra persona sin decírmelo siquiera. ¿Por quién me tomas en esta casa? ¿Soy invisible para ti? …”. Cada vez me enojaba más y por mucho que él se explicara, yo no lo escuchaba. El día siguiente, mi marido se me acercó y me habló. Lo fulminé con la mirada, lo ignoré y se sintió muy incómodo. Al ver su expresión incómoda, me sentí culpable. Pensé: “Esto no es realmente demasiado grave. Además, mi cuñado ya ha devuelto el dinero y estoy exagerando un poco al no ceder en absoluto. Además, soy una creyente en Dios. Dios nos pide que vivamos una humanidad normal, para tener la semejanza de un cristiano. Lo que estoy haciendo no tiene la semejanza de un cristiano. Sin embargo, cuando pensé que mi marido hacía cosas sin consultarme y que no se preocupaba por mí, me sentí frustrada. Pensé que si no lo dejaba sufrir un poco esta vez, me ignoraría cada vez más en el futuro. Así que, aunque me sentía miserable, seguí endureciendo mi corazón y no cedí.

Más adelante, vi que la palabra de Dios dice: “¡Humanidad cruel y brutal! La confabulación y la intriga, los empujones entre ellos, la lucha por la reputación y la fortuna, la masacre mutua, ¿cuándo se van a terminar? Dios ha hablado cientos de miles de palabras pero nadie ha entrado en razón. Actúan por el bien de sus familias, hijos e hijas, por sus carreras, porvenires, estatus, vanidad y dinero, por la ropa, la comida y la carne, ¿las acciones de quién son verdaderamente por el bien de Dios? Incluso entre aquellos cuyas acciones son por el bien de Dios, sólo hay unos cuantos que conocen a Dios. ¿Cuántos no actúan por el bien de sus propios intereses? ¿Cuántos no oprimen y discriminan a los demás con el propósito de mantener su propio estatus?” (de ‘Los malvados deben ser castigados’ en “La Palabra manifestada en carne”). ¿No está refiriéndose a mí la palabra de Dios? Recordé que, desde que empecé esta familia, siempre quise estar al frente y en el control. En cada situación, exigía que mi marido me escuchara. Cualquier cosa que él hiciera debía contar con mi aprobación. Si no hace lo que quiero que haga, lo trato con frialdad y soy escueta con él, usando un método de “guerra fría” para imponer mi autoridad y reprimirlo, de forma que se someta a mí y yo logre el objetivo de establecerme. Después de leer la palabra de Dios, adquirí algo de conocimiento y llegué a preguntarme: “¿No son esas mis expresiones de lucha por poder y posición con mi marido? ¿No estoy reprimiendo y rechazando a mi marido por el propósito de proteger mi propia posición?”. Obligo a mi marido a someterse a mí librando guerras frías simplemente para que él me escuche, de forma que yo pueda estar al frente de esta casa… Durante más de diez años, tuve frecuentes guerras frías con mi marido y somos miserables y estamos cansados, pero yo he sido la causante de todo. Estas son las consecuencias amargas ocasionadas por la lucha con mi marido por posición y poder con el fin de estar al frente. Si no hubiera luchado por mi posición, nunca habría tenido frecuentes guerras frías con él y nuestra vida familiar no sería así de dolorosa. ¡Todo esto es causado por mi búsqueda de posición y poder! La revelación en la palabra de Dios me permitió descubrir la raíz de las guerras frías en nuestra casa y me trajo una senda para practicar. Así pues, decidí cambiar mi búsqueda incorrecta y rebajarme para reconciliarme con mi marido.

Por la noche, cuando mi marido llegó a casa, quise tomar la iniciativa y hablarle, pero entonces pensé: “Si cedo así, ¿seguirá teniendo él un lugar para mí en su corazón en el futuro? ¿Me ignoraría aún más? Sin embargo, si no practico la verdad, siento que mi humanidad es demasiado mala y Dios se disgustaría… Después de darle vueltas una y otra vez al pensamiento, al final seguí ignorándolo. Como mi corazón se había endurecido y yo no practicaba la verdad, estaba muy atormentada por dentro, así que me presenté ante Dios y oré: “Dios, deseo practicar la verdad y liberarme de las ataduras de la influencia de Satanás, pero no puedo conseguir poner esto en práctica. Siempre estoy preocupada por mi posición en mi hogar. Dios, espero que me guíes y ayudes de forma que pueda practicar la verdad”. Después de orar, sentí que tenía un poco de confianza y deseo de practicar la verdad. Durante la cena, me armé de valor y dije a mi marido, avergonzada: “Esta vez es mi culpa. Ya me explicaste las cosas apropiadamente, pero sigo sin ceder…”. Después de escucharme, dejó escapar un largo suspiro y dijo: “Esto es tan sorprendente. Pensaba que esta guerra fría se estancaría durante mucho tiempo. No pensaba realmente que terminaría con tanta rapidez”. Al oír sus palabras, no pude parar de agradecer la guía de Dios en mi corazón, porque sin Su guía no podría haber practicado esto en absoluto.

He probado la dulzura de practicar la verdad, he visto la guía y bendición de Dios y he reconocido que Dios nos pide que vivamos una humanidad normal, que tengamos la conciencia y razón de los humanos normales, que nos comportemos conforme a la palabra de Dios y abandonemos nuestro propio deseo de estatus de forma que podamos quitarnos de encima las ataduras y el control de Satanás. Por tanto, decidí no dejar que la “guerra fría” familiar continuara. Cuando me encontraba con problemas, quería abandonar mi propio deseo de estatus y tomar la iniciativa para reconciliarme con mi marido. En mi relación subsiguiente con mi marido, empecé a practicar el llevar a cabo la palabra de Dios. A partir de ese momento, nuestra casa estuvo llena de risas y alegría.

Un día de enero de 2008, oí a mi marido al teléfono con alguien que le preguntaba sobre un préstamo. Le pregunté sobre ello despreocupadamente y tartamudeó: “Um, es del banco”. Al verlo tartamudear al hablar, le pregunté que hizo con el préstamo. Él dijo de forma un poco impaciente: “El pasado mes de julio hice un negocio con una persona y como no teníamos capital suficiente pedimos un préstamo… Deja de molestar con eso”. Cuando oí que él no quería que lo molestara con eso, la ira brotó en mí. Le dije: “¿Sigues tratándome como un miembro de esta familia? Ni siquiera me hablaste sobre una situación tan grave y cuando la descubrí me dijiste que no interfiriera. ¿Te sigo importando lo más mínimo?”. Al ver que me estaba enojando cada vez más, no dijo nada. Me enfadé tanto que lo ignoré otra vez. Al verme así, mi marido no me habló y simplemente volvió la cabeza y se fue. Me sentí enfadada en la silla y pensé: “¿No he hecho lo suficiente por esta casa? Me preocupo por todas las cosas en esta casa, grandes y pequeñas, y realmente me estás dejando de lado… Mientras estaba pensando, lágrimas de dolor empezaron a caerme por las mejillas. En este punto, me di cuenta de repente de que estaba viviendo en el engaño de Satanás, por lo que empecé a orar a Dios silenciosamente en mi corazón: “¡Dios! Ahora estoy viviendo de nuevo bajo la influencia de Satanás…”. Después de orar, me sentí un poco más tranquila. Abrí el libro de la palabra de Dios y vi que Dios dijo: “Tu corazón y tu espíritu han sido robados por el maligno. […] Has perdido todo lo que te pertenecía y todo lo que el Todopoderoso te había concedido. Has entrado en un mar infinito de amargura, sin tener fuerzas para ser rescatado, sin esperanzas de supervivencia, abandonado únicamente para luchar y para estar en ajetreos de aquí para allá… […] El maligno maneja tu corazón en todos tus asuntos y se convierte en tu vida. Ya no le temes, ya no lo evitas, ya no dudas de él. En vez de eso, lo tratas como al Dios en tu corazón. Comienzas a consagrarlo, a adorarlo, a ser inseparable como su sombra, y os comprometéis mutuamente el uno con el otro en la vida y en la muerte” (de ‘El suspiro del Todopoderoso’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Aquellos cuya creencia en Dios es siempre para su propio beneficio, que son santurrones y soberbios, los que presumen y protegen su propio estatus, son hombres que aman a Satanás, se oponen a la verdad, se resisten a Dios y pertenecen completamente a Satanás” (de ‘El suspiro del Todopoderoso’ en “La Palabra manifestada en carne”). La revelación y el juicio de las palabras de Dios me permitieron sentir profundamente que Dios estaba preocupado y afligido por mí, ya que yo no podía practicar la verdad ni abandonar a Satanás. En ese momento, recordé a Adán y Eva, a quienes Dios había creado en el principio. Originalmente, ellos escucharon la palabra de Dios y obedecieron a Dios, tenían el cuidado y la protección de Dios, y vivían felices en el Huerto del Edén. Más adelante, debido a que escucharon las mentiras de Satanás que los tentaron y confundieron, traicionaron a Dios, perdieron Su guía y bendición y cayeron en la corrupción y la aflicción de Satanás. Pensé en por qué vivía yo con tanto cansancio. ¿Por qué me enojaba siempre y tenía guerras frías con mi marido por cosas pequeñas de la casa? ¿No es por los venenos satánicos que mi familia me inculcó: “El caballo dispuesto recibe todas las cargas”, “Sólo mando yo” y “Encárgate de la casa” que me han controlado? Bajo el control de estos principios satánicos de vida y filosofía de vida, siempre quise una posición en la casa en la que se hiciera lo que yo dijera, siempre quería tener la ventaja, de forma que mi marido me escuchara en todos los asuntos. Si hubiera una sola cosa en la que no me escuchara o no me consultara, yo lo reprimiría a cada paso hasta que se sometiera a mí, lo que nos llevaría a vivir en el engaño de Satanás, me haría llorar, limpiarme las lágrimas y sentirme ofendida muy a menudo. Mi marido se quejaba y suspiraba, e incluso nuestro hijo hacía las cosas con cuidado cada día mientras interpretaba mi expresión… ¡He sido engañada por Satanás y estoy viviendo de forma tan miserable y agotadora! En ese punto, llegué a entender esto: las personas sólo tienen el cuidado y la protección de Dios y pueden vivir felizmente cuando viven en la palabra de Dios. Una vez que las personas abandonan la palabra de Dios y viven según la filosofía de vida y las reglas de vida de Satanás, no tienen el cuidado y la protección de Dios, y sólo pueden ser procesadas y pisoteadas por Satanás. Esta es la fuente de mi dolorosa vida. Al mismo tiempo, yo odiaba a Satanás en mi corazón, odiaba mi propia incompetencia. Ya tenía la palabra de Dios pero no la practicaba. En su lugar, me aferraba a las mentiras de Satanás y no renunciaba a ellas. ¿No es esto dar lugar a mi propio sufrimiento? Así pues, me decidí a descartar las mentiras de Satanás y vivir según la palabra de Dios de nuevo: “¿Qué testimonio se te pedirá que des? Vives en una tierra de inmundicia, pero eres capaz de volverte santo, y no ser más inmundo e impuro; vives bajo el dominio de Satanás, pero te despojas de su influencia, y él no te posee ni hostiga, y vives en las manos del Todopoderoso. Este es el testimonio y la prueba de la victoria en la batalla con Satanás” (de ‘La verdad interna de la obra de conquista (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Al ver la palabra de Dios, entendí que la voluntad de Dios es que yo pueda dar un testimonio por Dios ante Satanás. Aunque la filosofía de vida de Satanás así como el deseo de estatus siguen estando en mí, Dios ha establecido hoy esta situación para que yo pueda abandonar de manera práctica estos venenos satánicos y ser victorioso sobre la influencia oscura de Satanás por medio de la práctica de la palabra de Dios. Esto es dar testimonio de Dios de manera práctica. Tengo que mirar las cosas según la palabra de Dios y practicar Su palabra. No puedo dejar que Satanás me lleve de nuevo por la nariz. Cuando tenía un deseo de practicar la verdad, me sentía especialmente liberada en mi corazón y tenía la confianza y la fuerza para practicar la palabra de Dios.

Pronto, mi marido volvió y yo le pregunté rápidamente: “¿Tienes suficiente dinero? Sigo teniendo algo de dinero aquí, tómalo y úsalo”. Al oír esto, mi marido dijo feliz: “Has cambiado. No eres como antes, cuando tenía que someterme a ti para que cedieras”. Yo dije feliz: “¡Gracias a Dios! La palabra de Dios es la que me ha cambiado”.

Un día, yo estaba cocinando mientras tarareaba himnos de la palabra de Dios. Cuando la comida estaba preparada, llamé a mi hijo y a mi marido para comer. Al ver que yo estaba sonriendo, mi hijo dijo feliz: “En nuestra casa, cuando mamá está sonriendo, la casa está llena de felicidad”. Al oír esto, dije sonriendo: “Dios dio lugar a la felicidad de mamá. Sólo tenemos verdadera felicidad al vivir según la palabra de Dios”. Mi marido se metió en la conversación: “Ahora la cara de mamá brilla mucho y es menos sombría”. Al oír sus palabras, seguí dando gracias a Dios en mi corazón, porque Él dio lugar a la vida feliz que tenemos en casa ahora.

Al recordar estos años en los que he caminado junto a Dios, aunque solía sufrir intensamente la aflicción de venenos satánicos como “Encárgate de la casa,” “El caballo dispuesto recibe todas las cargas,” “Sólo mando yo”, que llenaron nuestra casa de tristeza y suspiros, ahora, gracias a la selección y la gracia de Dios, pude tener la suerte de volver ante Dios y experimentar el castigo y juicio de la palabra de Dios. Puedo distinguir entre cosas positivas y negativas, y tengo un nuevo entendimiento con respecto a qué es la vida verdadera. Gracias a la guía de la palabra de Dios, no sólo cambié mi falsa perspectiva anterior y encontré la dirección de vida y la meta correctas, también puedo discernir la esencia malvada de Satanás y puedo vivir mientras no confíe más en el veneno de Satanás, así como tener una vida feliz y alegre. ¡Ahora, puedo decir con orgullo adios a las “guerras frías” de la familia!

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