8. ¿Puede el conocimiento cambiar tu destino?

Por Danyi, Japón

Nací en el seno de una familia de granjeros. La gente nos miraba por encima del hombro porque éramos pobres y, de niña, a menudo era rechazada y tratada con frialdad. Cuando empecé la escuela, siempre oía a la maestra decir: “Ser un erudito es estar en la cumbre de la sociedad” “El conocimiento puede cambiar tu destino” Así que me prometí que estudiaría mucho, iría a la universidad y haría que todos aquellos que nos menospreciaban vieran de lo que era capaz una campesina como yo. Consideraba que el conocimiento lo era todo, que era la llave con la que acceder a nuestro destino. Nunca pensé que esta noción traería semejante dolor a mi familia.

Me presenté al examen de acceso a la universidad en los noventa. Me levantaba pronto y me acostaba tarde mientras estudiaba día y noche para prepararme. A veces hasta me saltaba las comidas. Como siempre era una de las mejores estudiantes, mis maestros ponían mucho interés en mi educación. Y yo tenía mucha confianza en que lo iba a conseguir. Pero, contra todo pronóstico, suspendí el examen. Esto me sumió en la desesperación. No podía soportar la idea de pasar el resto de mi vida en ese pueblo. Pero, dada la avanzada edad de mis padres y nuestros pocos recursos, debía enfrentarme a la realidad. Tuve que renunciar a volver a presentarme al examen y me puse a trabajar. Pasado un tiempo, acepté un empleo en una empresa de diseño. Todos los días hacía horas extra y el salario era muy bajo. Mientras tanto, todos los que tenían una formación y títulos trabajaban poco, percibían un salario mucho más alto y tenían mejores opciones de ser ascendidos. Todo indicaba que tener conocimientos y títulos le ganaba a uno estatus y respeto, lo que me hizo adorar el conocimiento todavía más. Pero el saber que la universidad para mí no era una opción me hacía sentirme resentida e impotente.

En 2001, tuve una hija y deposité en ella todos mis sueños incumplidos de ir a la universidad. Cuando todavía era muy joven, le dije que la única forma de conseguir un futuro mejor era estudiar mucho e ir a una buena universidad. Nuestra economía era muy limitada, pero, para asegurarme de que tuviera una buena educación, le pagué clases particulares, le compré libros de texto y descargué material de estudio de internet. También le preparé minuciosamente un programa de estudio. Le decía lo que tenía que hacer después de la escuela, cuánto tiempo tenía que pasar con los deberes, cuánto tiempo debía pasar leyendo… Le llené la agenda hasta arriba. Para garantizar que aprendiera a concentrarse en el estudio, le prohibí ir al baño hasta que hubiera estudiado una hora. Cuando estudiaba, yo solía supervisarla todo el tiempo, a veces hasta medianoche. Con este método de enseñanza tan intenso, sus notas mejoraron un poco. Pero, al tiempo, recibí una llamada inesperada de su maestro. Me dijo: “Últimamente, su hija se distrae en clase. No juega con los otros niños durante el recreo y sus notas están bajando, pero no sabemos por qué”. Yo no quería creérmelo. Experimenté una oleada de resentimiento hacia mi hija y pensé: “Me he esforzado muchísimo por ti y me he esmerado en ayudarte a estudiar. ¿Cómo puedes decepcionarme de esta forma? ¡Me voy a ocupar de ti cuando vuelvas!”. Cuando llegó a casa, le eché una buena bronca. Ella estaba muy afectada y me dijo que la presionaba demasiado. Lloró y se encerró en su habitación y yo no conseguía hacer que saliera. Me sentí impotente. Me derrumbé en el sofá llorando y pensé: “¿Cómo puede no entender toda la consideración que he tenido con ella?”. Tras esto, en lo que tocaba a su educación, me sentía entre la espada y la pared. Si era estricta con ella, temía que se estresase y ¿quién sabe cómo podía reaccionar? Pero si no lo era, sus notas bajarían y no podría entrar a la universidad. ¿Cómo podía asegurarme de que tuviera un gran futuro? Este quebradero de cabeza no me permitía comer ni dormir. Un día, me acordé de mi madre y de cómo compartía conmigo el evangelio de Dios Todopoderoso de los últimos días. A menudo me decía: “Cuando te enfrentes a dificultades, puedes orar a Dios y Él te mostrará el camino”. Así pues, oré y le conté a Dios mi problema. Comencé a leer la palabra de Dios Todopoderoso y me uní a la vida de la iglesia.

Una vez, me encontré en la calle con una hermana. Nos pusimos a charlar y terminé compartiendo con ella mi frustración sobre la educación de mi hija. Ella me contestó: “Educar a nuestros hijos, darles cultura y mostrarles el camino correcto son las cosas que todo padre debería hacer. Todos queremos que nuestros hijos vayan a la universidad y destaquen. Te entiendo perfectamente. Pero que esto llegue a ocurrir o no no está en nuestras manos. Nuestro destino está en manos de Dios. Nuestro aspecto, nuestro trabajo, nuestro matrimonio, nuestra educación, nuestra economía y cuánto viviremos… Todo esto fue determinado por Dios incluso antes de que naciéramos. Nadie puede cambiar nada de todo esto”. “Con nuestros hijos e hijas ocurre lo mismo. Su aspecto, su carácter, su senda en la vida y su suerte no los pueden cambiar las enseñanzas de sus padres. Algunos padres son muy intelectuales, inteligentes y capaces, pero sus hijos resultan necios, incompetentes y no logran nada en la vida. Otros padres son muy incultos y ordinarios y, en cambio, sus hijos son listos, con talento y destacan. Esto nos enseña que, hagamos lo que hagamos, no podemos cambiar el destino. Como se suele decir: ‘El destino del hombre lo determina el Cielo’. Debemos cumplir con la responsabilidad de educar a nuestros hijos. Pero no hay que olvidar: ‘Haz lo que puedas y deja que Dios haga el resto’. De esta forma, no te atormentarás tanto”. Sabía que lo que me estaba diciendo era verdad. Antes de irse, menciono dos pasajes de la palabra de Dios Todopoderoso y me dijo que debería leerlos.

Dios Todopoderoso dice: “Desde el momento en el que llegas llorando a este mundo, comienzas a cumplir tu deber. Al desempeñar tu papel en el plan de Dios y en Su ordenación, comienzas tu viaje de vida. Sean cuales sean tus antecedentes y sea cual sea el viaje que tengas por delante, nadie puede escapar de las orquestaciones y disposiciones del Cielo y nadie tiene el control de su propio destino, pues solo Aquel que gobierna sobre todas las cosas es capaz de llevar a cabo semejante obra” (‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Estas saben que están indefensas y desesperanzadas en esta vida, que no tendrán otra oportunidad, ni otra esperanza, de destacar sobre los demás, y que no tienen elección sino aceptar sus destinos. Y, por tanto, proyectan todas sus esperanzas, sus deseos e ideales no realizados en la siguiente generación, esperando que sus descendientes puedan ayudarles a lograr sus sueños y materializar sus deseos; que sus hijas e hijos traigan gloria al apellido, sean importantes, ricos o famosos. En resumen, quieren ver aumentar las fortunas de sus hijos. Los planes y las fantasías de las personas son perfectos; ¿no saben que el número de hijos que tienen, el aspecto de sus hijos, sus capacidades, etc., no es algo que ellos puedan decidir, que ni un poco de los destinos de sus hijos está en sus manos? Los humanos no son señores de su propio destino, pero esperan cambiar los destinos de la generación más joven; no tienen poder para escapar de sus propios destinos, pero intentan controlar los de sus hijos e hijas. ¿No están sobrevalorándose? ¿No es esto insensatez e ignorancia humanas?” (‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me llegaron al corazón. Cuando era joven, siempre trabajé duro para cumplir mi sueño de ir a la universidad. Pero, a pesar de mis esfuerzos, fracasé. Cuando nació mi hija, ese sentimiento se empezó a agitar otra vez. Me parecía una segunda oportunidad. Deposité todas las esperanzas que había tenido en mi vida en mi hija. Quería que aprendiera, que destacase, que tuviera un gran futuro por delante, para que ella viviera mis sueños por mí. Pero, a pesar de mis esfuerzos, las cosas no salían como yo quería. Mi hija siempre había sido una chica sensata, bien educada y con buenas notas. Estas solo empezaron a bajar cuando yo me puse a presionarla. Sus notas y la senda que siguiera en la vida estaban fuera de mi control. Estaban en manos de Dios. No podía controlar mi propio destino y mucho menos el de mi hija. Había sido arrogante y me había sobreestimado. Darme cuenta de esto fue un alivio.

Tras eso, dejé de organizarle la agenda a mi hija, como había venido haciendo, y dejé de exigirle tanto. Un tiempo después, cuando fui a la escuela, su maestro me dijo: “Su hija es lista y tiene mucho potencial. Seguro que conseguirá entrar en un buen instituto con unas pocas clases particulares. Así, acceder a la universidad no será un problema para ella”. Lo que me dijo hizo vacilar mi actitud. No me importaba que mi hija fuera la primera de la clase o no, pero siempre había querido que fuera a la universidad. De otro modo, afrontaría demasiadas presiones más adelante en su vida y nunca encontraría estabilidad en la sociedad. Me di cuenta de que mi marido empezó a empujarla a estudiar con la intención de que fuera la primera de su clase. Cuando sacaba buenas notas, la premiaba. Si eran malas, la castigaba. Yo no estaba de acuerdo con él, pero no me opuse. Incluso llegué a pensar que, si su método funcionaba y ella llegaba a ser excelente, esto sería un honor para nuestros ancestros. Pero, poco a poco, descubrí que, bajo semejante presión, nuestra hija se estaba volviendo antisocial. Se encerraba en su cuarto y no nos hablaba y siempre se enfadaba conmigo. Una vez, mi marido la regañó por no aprenderse el I Ching. Ella se enfadó tanto que salió corriendo de casa y dio un portazo. La estuvimos buscando, pero no pudimos encontrarla en ningún lado. Nos aterraba pensar en lo que le podía haber pasado y todo tipo de cosas nos pasaron por la cabeza: “¿Acabará atropellándola un coche? ¿Va a hacer alguna estupidez?”. Al final, para mi alivio, volvió a casa por la noche. Por aquella época, vi en las noticias algo que me dejó con el corazón en un puño. Un estudiante de secundaria se había suicidado por la presión académica. Fui a buscar más información en internet y lo que encontré era terrorífico. Hay muchos estudiantes que desarrollan problemas psicológicos por culpa de la presión académica. Algunos se vuelven antisociales o pierden capacidad de concentración y algunos llegan incluso a suicidarse. Tuve sudores fríos y esa noche no pude dormir.

Al día siguiente, me preocupaba qué le iba a decir a mi hija, sabiendo que cualquier palabra inadecuada podía hacerle huir de casa o algo peor. Durante muchos días, estuve con los nervios de punta. Una vez más, debía examinar mi postura respecto a la educación de mi hija. Siempre había adorado la educación y confiado en que adquirir conocimientos e ir a la universidad abrían la puerta a un futuro mejor. Pero ahora mi hija se estaba derrumbando por culpa del estrés. No sabía qué hacer ni cómo habíamos llegado a esto. Me pregunté por qué en la vida hay que sufrir tanto. Un día, durante mi práctica devocional, vi dos vídeos de lecturas de la palabra de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Desde que la humanidad inventó las ciencias sociales, la ciencia y el conocimiento ocuparon su mente. Después, estas pasaron a ser herramientas para gobernar a la humanidad, y ya no hay espacio suficiente para que el hombre adore a Dios ni hay condiciones favorables para Su adoración. La posición de Dios se ha hundido aún más abajo en el corazón del hombre. Sin Dios en su corazón, el mundo interior del hombre es oscuro, desesperanzado y vacío. En consecuencia, muchos científicos sociales, historiadores y políticos han saltado a la palestra para expresar teorías de ciencias sociales, la teoría de la evolución humana y otras que contradicen la verdad de que Dios creó al hombre, para llenar los corazones y las mentes de la humanidad. Así, cada vez son menos los que creen que Dios lo creó todo, y son más los que creen en la teoría de la evolución. Más y más personas tratan los relatos de la obra de Dios y Sus palabras durante la era del Antiguo Testamento como mitos y leyendas. En sus corazones, las personas se vuelven indiferentes a la dignidad y a la grandeza de Dios, al principio de que Él existe y que domina todas las cosas. La supervivencia de la humanidad y el destino de países y naciones ya no son importantes para estas personas, y el hombre vive en un mundo vacío, que se preocupa solo por comer, beber y buscar el placer…” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Satanás usa el conocimiento como cebo. Escuchad con atención: el conocimiento es solo una especie de cebo. Se insta a las personas a estudiar mucho y mejorarse a sí mismas día tras día, a armarse de conocimiento y tenerlo como arma, y luego usarlo para abrir la puerta a la ciencia; en otras palabras, cuanto más conocimiento obtengas, más comprenderás. Satanás les dice todo esto a las personas; les indica que fomenten ideales nobles mientras adquieren conocimiento, y les instruye para que tengan ambiciones y aspiraciones. Sin que el hombre se dé cuenta, Satanás transmite muchos mensajes como este, haciendo que las personas sientan inconscientemente que esas cosas son correctas o beneficiosas. Sin saberlo, las personas ponen un pie en este camino, guiadas en su avance por sus propios ideales y ambiciones. […] Seducidos por Satanás, recorren sin saberlo el camino que él ha preparado para ellos. Al recorrer este camino se ven obligados a aceptar las normas de vida de Satanás. Sin darse cuenta en absoluto, desarrollan sus propias normas por las que vivir, pero estas no son más que las reglas que Satanás ha infundido a la fuerza en ellos. Durante el proceso de aprendizaje, Satanás hace que fomenten sus propios objetivos y determinen sus propias metas en la vida, sus normas de vida y la dirección en su vida, a la vez que inculca en ellos las cosas de Satanás, usando historias, biografías y todos los medios posibles para tentar a las personas poco a poco hasta que muerden el anzuelo” (‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Satanás corrompe a las personas mediante la educación y la influencia de gobiernos nacionales, de los famosos y los grandes. Sus palabras demoníacas se han convertido en la naturaleza-vida del hombre. ‘Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda’ es un conocido dicho satánico que ha sido infundido en todos y que se ha convertido en la vida del hombre. Hay otras palabras de la filosofía de vida que también son así. Satanás utiliza la cultura tradicional refinada de cada nación para educar a las personas, provocando que la humanidad caiga y sea envuelta en un abismo infinito de destrucción, y al final Dios destruye a las personas porque sirven a Satanás y se resisten a Dios” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”).

La palabra de Dios indica la fuente de todo sufrimiento humano. Estamos empapados del veneno de Satanás a través de la educación del gobierno, de la influencia de los famosos y de la cultura tradicional, como por ejemplo “El conocimiento puede cambiar tu destino”, “Uno tiene su destino en sus propias manos” y “Ser un erudito es estar en la cumbre de la sociedad”. Todo esto nos empuja a buscar el conocimiento, a pensar que el conocimiento lo es todo, para poder destacar del resto y tener una buena vida. Comenzamos a perseguir y adorar el conocimiento, negando la existencia y la soberanía de Dios. Nos resistimos a Dios y lo rechazamos, y así Dios está ausente en nuestro corazón. Perdemos Su cuidado y su protección y Su sustento para la vida. Nos quedamos vacíos y degenerados. Mucha gente tiene conocimiento, renombre y el respeto de los demás, pero sus vidas están vacías y son dolorosas. Muchos altos funcionarios son inteligentes y tienen títulos, pero, en su lucha por el dinero, el poder y la posición, se engañan, se acusan y se asesinan los unos a los otros. Algunos se suicidan o son asesinados. La inteligencia y el estatus de una persona no tienen ningún impacto en su destino o en su final. “Uno tiene su destino en sus propias manos” y “El conocimiento puede cambiar tu destino” son mentiras de Satanás, ideadas para engañar y corromper a la gente. Dios creó al hombre. La humanidad necesita la salvación de Dios y Su sustento para la vida. Para llegar a buen término, la humanidad solo necesita adorar a Dios y someterse a Su soberanía. La gente rechaza y abandona a Dios, creyendo que el conocimiento cambiará su destino. Al final, se resisten a Dios y perecen. Tal y como dijo Dios: “Si te apoyas en tu conocimiento y capacidad en relación a tus proyectos, siempre serás un fracaso y serás alguien sin las bendiciones de Dios” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). ¡Yo era exactamente así! Antes de creer en Dios, yo me regía por principios satánicos como “El conocimiento puede cambiar tu destino” y “Ser un erudito es estar en la cumbre de la sociedad”. No escatimé esfuerzos en mis estudios para acceder a la universidad y sobresalir. Cuando mis sueños se hicieron añicos, creí que ya no tenía nada a lo que aspirar, que la vida no tenía sentido. Cuando tuve a mi hija, le impuse estos principios satánicos, la sometí a esa presión. Al final, por culpa de este ambiente opresivo, se volvió testaruda, frágil, antisocial y colérica. Ella no podía contarme lo que pensaba y nuestra relación como madre e hija se volvió hostil. Estaba viviendo según los principios de Satanás para la supervivencia, y no solo me estaba consumiendo yo sino que estaba obligando a mi hija a sufrir estos problemas y estaba arruinando su vida. Esto se debe al daño causado por Satanás. Sabía que, si seguía viviendo de acuerdo con los principios de Satanás, pretendiendo cambiar el destino de mi hija mediante el conocimiento y las habilidades, solo la estaba abocando al fracaso. Es entonces cuando lo comprendí: El destino de mi hija y sus perspectivas de futuro no se deciden por ir a la universidad. Adorar a Dios es el único camino para un futuro favorable. Como padres, debemos enseñar a nuestros hijos fundamentándonos en la verdad de la palabra de Dios, y debemos guiarlos por la senda correcta en la vida. Es nuestra responsabilidad hacia ellos.

Los siguientes días, dejé de empujar a mi hija a estudiar y a ser la primera de su clase. Dejé que las cosas siguieran su curso. Por la noche, leía con ella la palabra de Dios y le explicaba cómo Dios había creado el cielo y la tierra y todas las cosas, cómo Satanás corrompe a las personas, cómo Dios nos salva y demás. Cuando mi hija se enfrentaba a un problema, sabía que tenía que orar a Dios y confiar en Él. Poco a poco, se volvió más sensata y empezó a sonreír más a menudo. Sus notas mejoraron incluso más que antes y nuestra relación se hizo más armoniosa. Un día, leí este pasaje de la palabra de Dios: “Primero empezaremos hablando del aspecto más superficial del conocimiento. ¿Pueden corromper a las personas la gramática y las palabras en las lenguas? ¿Pueden corromper las palabras a las personas? (No). Las palabras no corrompen a las personas; son una herramienta que las personas usan para hablar y también son una herramienta con la cual las personas se comunican con Dios, sin mencionar que en la actualidad, el lenguaje y las palabras son el medio con el que Dios se comunica con las personas. Son herramientas y son una necesidad. Uno más uno igual a dos, y dos multiplicado por dos igual a cuatro; ¿no es esto conocimiento? ¿Pero puede esto corromperte? Esto es conocimiento común, un patrón fijo, y por eso no puede corromper a las personas. ¿Qué tipo de conocimiento lo hace entonces? El conocimiento que corrompe es el que se mezcla con los puntos de vista y los pensamientos de Satanás. Este busca inocular estos puntos de vista y pensamientos en la humanidad por medio del conocimiento. Por ejemplo, en un artículo, no tienen nada de malo las palabras escritas en sí. El problema serían los puntos de vista y el propósito del autor cuando escribió el artículo, así como el contenido de sus pensamientos. Estas son cosas del espíritu y pueden corromper a las personas” (‘Dios mismo, el único V’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me proporcionaron cierta comprensión sobre tener conocimiento. El conocimiento práctico es algo positivo que todos deberíamos tener, porque mejora nuestro calibre. Deberíamos abordarlo de forma adecuada. El conocimiento de la escritura y de la música son buenos. Un poco de conocimiento científico también es bueno, como por ejemplo aprender sobre maquinaria, química, física, y también la medicina y cocinar. Necesitamos todas estas herramientas para sobrevivir y deberíamos comprenderlas bien. Pero el conocimiento no es la verdad. No puede cambiar a una persona o ser su vida. No debería adorarse sin pensar. No importa cuánto aprenda la gente, si no vive de acuerdo a la verdad, nunca escapará a la corrupción de Satanás. Sus vidas serán dolorosas y estarán vacías y, cuando lleguen los grandes desastres, perecerán. Antes nunca comprendía la verdad y no sabía cómo abordar el conocimiento. Me había envenenado Satanás y creía que buscar el conocimiento cambiaría mi destino y me haría destacar. Cuando mis sueños se hicieron añicos, deposité todas mis esperanzas en mi hija. Dediqué todo mi tiempo, dinero y energía a sus estudios para empujarla a llegar a la universidad. Pero ella se volvió cada vez más antisocial y casi huyó de casa. Satanás me había herido profundamente, es cierto, pero había hecho más daño a mi hija. Toda nuestra familia había sufrido por la falacia satánica de que “El conocimiento puede cambiar tu destino”. Las palabras de Dios Todopoderoso me mostraron que Satanás se vale del conocimiento para engañar y corromper a la gente. El conocimiento no es la verdad. Ni puede cambiarnos ni salvarnos. Solo Dios es la verdad y solo las palabras de Dios pueden salvarnos. Ahora comprendía que guiar a mi hija para que creyera en Dios, estudiara Su palabra y buscara la verdad es la única senda correcta en la vida.

Un día, mi hija me contó que otros alumnos discutían y se peleaban, fumaban y bebían y tenían citas en público. La escuela hizo la vista gorda con este comportamiento y sus padres tenían las manos atadas. Cuando pregunté a mi hija que qué pensaba, me dijo: “Yo creo en Dios. Yo no hago esas cosas porque a Dios no le gustan”. Me conmovió mucho. Si no la hubiera llevado hacia Dios y no le hubiera hecho leer la palabra de Dios para comprender la verdad, quizá hubiera seguido la misma senda equivocada que esos otros niños. Fue la palabra de Dios Todopoderoso lo que me cambió, lo que me liberó de las cadenas del conocimiento y me ayudó a guiar a mi hija por la senda correcta. De todo corazón, ¡doy gracias a Dios Todopoderoso por Su protección y salvación!

Anterior: 7. El despertar de una esclava del dinero

Siguiente: 9. Las palabras de Dios me sacaron de mi tragedia conyugal

Los desastres son frecuentes. ¿Quieres saber cómo recibir al Señor antes de los grandes? Contáctanos ahora y exploremos juntos para encontrar el camino.

Contenido relacionado

76. Purificado a través de pruebas

Recordé este pasaje de la palabra de Dios: “Confía en Dios para resolver las dificultades que hay dentro de ti, deshazte de tu carácter caído, conoce tu verdadero estado y lo que debes hacer, y comunica más cosas que no entiendas. Es imperativo que llegues a conocerte. Primero trata tu enfermedad. Vive y actúa por Mis palabras por medio de comer y beber más y de descifrarlas”.

49. Una forma de vivir maravillosa

Dios dijo: “Por fuera, parece que estás poniendo en práctica la verdad, pero en realidad, la naturaleza de tus acciones no muestra que lo estés haciendo. Muchas personas tienen ciertas conductas externas, y creen: ‘Yo estoy poniendo en práctica la verdad […]’. Pero Dios dice: ‘No reconozco que estés poniendo en práctica la verdad’”.

66. Cómo cambié mi yo arrogante

Por Jingwei, Estados UnidosDios Todopoderoso dice: “Cada paso de la obra de Dios —ya sean las palabras ásperas o el juicio o el castigo—...

Ajustes

  • Texto
  • Temas

Colores lisos

Temas

Fuente

Tamaño de fuente

Interlineado

Interlineado

Ancho de página

Índice

Buscar

  • Buscar en este texto
  • Buscar en este libro