2. ¿Por qué no puede el hombre obedecer a Dios?

Las palabras relevantes de Dios:

La fuente de oposición y rebeldía del hombre contra Dios es el haber sido corrompido por Satanás. Debido a la corrupción de Satanás, la conciencia del hombre se ha insensibilizado; se ha vuelto inmoral, sus pensamientos son degenerados, y ha desarrollado una actitud mental retrógrada. Antes de ser corrompido por Satanás, el hombre de manera natural seguía a Dios y obedecía Sus palabras después de escucharlas. Por naturaleza tenía un razonamiento y una conciencia sólidos y una humanidad normal. Después de haber sido corrompido por Satanás, el razonamiento, la conciencia y la humanidad originales del hombre se fueron insensibilizando y fueron mermados por Satanás. Debido a ello, el hombre ha perdido su obediencia y amor a Dios. El razonamiento del hombre se ha vuelto aberrante, su carácter se ha vuelto como el de un animal y su rebeldía hacia Dios es cada vez más frecuente y grave. Sin embargo, el hombre todavía no conoce ni reconoce esto, y meramente se opone y se rebela a ciegas. El carácter del hombre se revela en las expresiones de su razonamiento, su percepción y su conciencia; debido a que su razonamiento y su percepción son endebles, y su conciencia se ha vuelto sumamente insensible, su carácter se rebela contra Dios. Si el razonamiento y la percepción del hombre no pueden cambiar, entonces los cambios en su carácter son imposibles de lograr, como también lo es ajustarse a la voluntad de Dios. Si el razonamiento del hombre es endeble, entonces no puede servir a Dios y no es apto para ser usado por Él. Un “razonamiento normal” se refiere a ser obediente y fiel a Dios, anhelar a Dios, ser incondicional hacia Él y tener una conciencia hacia Él. Se refiere a ser de un solo corazón y una sola alma con Dios y a no oponerse a Él deliberadamente. Tener un razonamiento aberrante no es así. Desde que el hombre fue corrompido por Satanás ha inventado nociones acerca de Dios y no ha sido leal hacia Dios ni lo ha anhelado, por no hablar de que no tiene una conciencia hacia Dios. El hombre se opone deliberadamente a Dios y lo juzga; es más, le lanza improperios a Sus espaldas. El hombre juzga a Dios a Sus espaldas con el conocimiento claro de que es Dios; el hombre no tiene intención de obedecer a Dios, y se limita a hacerle exigencias y solicitudes ciegas. Tales personas —la gente que tiene un razonamiento aberrante— son incapaces de conocer su propio y despreciable comportamiento o de lamentar su rebeldía. Si la gente fuese capaz de conocerse a sí misma, entonces recuperaría un poco de su razonamiento; cuanto más rebeldes contra Dios sean las personas que no se conocen a sí mismas todavía, menos sensatas serán.

Extracto de ‘Tener un carácter inalterado es estar enemistado con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si no puedes aceptar la nueva luz de Dios, y no puedes entender todo lo que Dios hace hoy, y no lo buscas o bien dudas de ello, lo juzgas o lo estudias y lo analizas, entonces es que no tienes la menor intención de obedecer a Dios. Si, cuando la luz del aquí y ahora aparezca, todavía atesoras la luz de ayer y te opones a la nueva obra de Dios, entonces no eres más que un absurdo, uno de los que están en contra de Dios de manera deliberada. El elemento clave para obedecer a Dios es apreciar la nueva luz y ser capaz de aceptarla y ponerla en práctica. Solo esto es la verdadera obediencia. Los que carecen de la voluntad de anhelar a Dios son incapaces de someterse intencionadamente a Él, y solo se pueden oponer a Dios como resultado de su satisfacción con el estado actual de las cosas. Que el hombre no pueda obedecer a Dios se debe a que lo posee lo que antes fue. Las cosas que vinieron antes les han dado a las personas todo tipo de nociones e imaginaciones acerca de Dios, y estas se han convertido en la imagen de Dios que tienen en su mente. Por lo tanto, en lo que creen es en sus propias nociones y en los estándares de su propia imaginación. Si mides al Dios que hace una obra real a día de hoy contra el Dios de tu propia imaginación, entonces tu fe proviene de Satanás y está manchada con tus propias preferencias; Dios no quiere esta clase de fe. Independientemente de lo elevadas que sean sus credenciales e independientemente de su entrega, incluso si han dedicado toda una vida de esfuerzos a Su obra y se han martirizado, Dios no aprueba a nadie que tenga una fe como esta. Él solo les concede un poco de gracia y les permite disfrutarla por un tiempo. Personas como estas no pueden poner en práctica la verdad. El Espíritu Santo no obra en su interior y Dios las eliminará a cada una de ellas, una por una. Sean viejos o jóvenes, los que no obedecen a Dios en su fe y tienen las intenciones equivocadas son los que se oponen e interrumpen, y Dios eliminará indiscutiblemente a esas personas.

Extracto de ‘Debes obedecer a Dios al creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

A la hora de determinar si las personas pueden obedecer a Dios o no, el aspecto clave a considerar es si desean algo extravagante de Dios y si tienen o no motivaciones ocultas. Si las personas siempre están haciéndole peticiones a Dios, eso demuestra que no le son obedientes. Te suceda lo que te suceda, si no puedes recibirlo de Dios, si no puedes buscar la verdad, si siempre hablas desde tu razonamiento subjetivo y siempre sientes que solo tú tienes la razón e, incluso, eres igualmente capaz de dudar de Dios, tendrás problemas. Esas personas son las más arrogantes y rebeldes hacia Dios. La gente que siempre le exige a Dios nunca puede obedecerlo de verdad. Si le haces peticiones a Dios, esto prueba que estás haciendo un trato con Él, que estás eligiendo tus propios pensamientos y actuando según tus propios pensamientos. En este sentido, traicionas a Dios y no tienes obediencia. No tiene sentido ponerle exigencias a Dios; si creyeras de verdad en Él y que Él es realmente Dios, no te atreverías a ponerle exigencias ni estarías cualificado para hacerlo, fueran estas razonables o no. Si tu fe es verdadera, y crees que Él es Dios, no tendrás otra elección que adorarlo y obedecerle. Hoy las personas no solo tienen una opción, sino que incluso exigen que Dios actúe de acuerdo con sus propios pensamientos. Escogen sus propios pensamientos y piden que Dios actúe de acuerdo con estos, y ellos no se exigen a sí mismos actuar de acuerdo con los pensamientos de Dios. Así pues, no hay una fe verdadera dentro de ellas ni tampoco ninguna esencia en su fe. Cuando eres capaz de ponerle menos exigencias a Dios, tu verdadera fe y obediencia aumentarán, y tu sentido de la razón también se volverá comparativamente normal. Ocurre a menudo que, cuanto más inclinadas estén las personas a razonar, y más justificación dan, más difíciles son de tratar. No sólo ponen muchas exigencias, sino que también se toman el brazo cuando se les da un dedo. Cuando están satisfechas en un ámbito, presentan exigencias en otro; tienen que estar satisfechas en todos los ámbitos y, de no ser así, empiezan a quejarse, y se dan a sí mismas por perdidas. Más adelante se sienten en deuda y arrepentidas, lloran lágrimas amargas, y quieren morir. ¿De qué sirve esto? ¿Puede resolver esto el problema? Así pues, antes de que ocurra algo, debes examinar tu propia naturaleza, las cosas que hay en ella, qué te gusta, y qué deseas conseguir con tus exigencias. Algunas personas, que creen poseer alguna medida de calibre y talento, siempre quieren ser líderes, y elevarse por encima de otros; por tanto, exigen a Dios que las use. Y si Dios no las usa, dicen: “Dios, ¿por qué no me favoreces? Haz un gran uso de mí; garantizo que me entregaré por Ti”. ¿Son correctas tales motivaciones? Es una cosa buena entregaré por Dios, pero su disposición a hacerlo está en segundo lugar; lo que les gusta en su corazón es el estatus; en eso se centran. Si de verdad eres capaz de obedecer, seguirás a Dios con un solo corazón y una mente, independientemente de que Él te use o no, y serás capaz de entregarte por Él tengas o no algún estatus. Sólo entonces poseerás sentido y serás alguien que obedece.

Extracto de ‘Las personas le ponen demasiadas exigencias a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La arrogancia es la raíz del carácter corrupto del hombre. Cuanto más arrogante es la gente, más propensa es a oponerse a Dios. ¿Hasta dónde llega la gravedad de este problema? Las personas de carácter arrogante no solo consideran a todas las demás inferiores a ellas, sino que lo peor es que incluso son condescendientes con Dios. Aunque algunas personas, por fuera, parezcan creer en Dios y seguirlo, no lo tratan en modo alguno como a Dios. Siempre creen poseer la verdad y tienen buen concepto de sí mismas. Esta es la esencia y la raíz del carácter arrogante, y proviene de Satanás. Por consiguiente, hay que resolver el problema de la arrogancia. Creerse mejor que los demás es un asunto trivial. La cuestión fundamental es que el propio carácter arrogante impide someterse a Dios, a Su gobierno y Sus disposiciones; alguien así siempre se siente inclinado a competir con Dios por el poder sobre los demás. Esta clase de persona no venera a Dios lo más mínimo, por no hablar de que ni lo ama ni se somete a Él. Las personas que son arrogantes y engreídas, especialmente las que son tan arrogantes que han perdido la razón, no pueden someterse a Dios al creer en Él e, incluso, se exaltan y dan testimonio de sí mismas. Estas personas son las que más se resisten a Dios. Si las personas desean llegar al punto en que veneren a Dios, primero deben resolver su carácter arrogante. Cuanto más minuciosamente resuelvas tu carácter arrogante, más veneración tendrás por Dios, y solo entonces podrás someterte a Él y serás capaz de obtener la verdad y conocerle.

Extracto de La comunión de Dios

¿Cómo suelen actuar las personas especialmente dogmáticas? Primero deciden, conciben proyectos y planes, e incluso emplean métodos humanos para planificar y elaborar meticulosamente estrategias y realizar tareas preliminares. ¿Qué piensan y cuál es su estado? Tienen un plan y un objetivo absolutos. Y en materia de veneración y sumisión a Dios, ¿en qué estado se hallan? Cuando las personas se vuelven demasiado dogmáticas, se olvidan de Dios y de su sumisión a Dios. Cuando el incidente ya ha pasado, se han topado contra un muro o no han tenido éxito en lo que estaban intentando es cuando se dan cuenta de que no se sometieron a Dios ni le oraron. Esto demuestra que Dios no está presente en sus corazones y que siempre hacen lo que les da la gana. Por lo tanto, independientemente de si estás realizando el trabajo de la casa de Dios, cumpliendo con el deber u ocupándote de asuntos externos o privados en la vida, debes conservar en tu corazón los principios de acción. Hay un estado que debes tener. ¿Cuál? “Pase lo que pase, antes de que suceda, he de pensar dentro de mí: ‘Debo orar. Debo someterme a Dios y Su gobierno. Todo es instrumentación de Dios. Ante cualquier suceso debo buscar la intención de Dios. Debo tener esta actitud; no puedo hacer planes por mi cuenta’”. Cuando la gente vive las cosas de este modo durante un largo período de tiempo, inconscientemente empieza a ver el gobierno de Dios en muchas cosas. Si siempre tienes proyectos, planes, esperanzas, motivaciones egoístas y deseos propios, inconscientemente no serás capaz de ver lo que hace Dios. La mayor parte del tiempo, Dios estará oculto de ti. ¿No te gusta hacer estas cosas? ¿No tienes planes? Tienes inteligencia, formación y conocimiento; eres capaz y tienes medios, sabes hacer cosas por ti mismo, estás bien tú solo, no necesitas a Dios. Por eso dice Dios: “Adelante, hazlo tú. Que te salga bien o no es responsabilidad tuya; no hace falta que me siga preocupando por ti”. Cuando la gente nunca es capaz de experimentar el gobierno de Dios, de ver Su mano, de sentir el esclarecimiento o la iluminación del Espíritu Santo ni de percibir la guía de Dios, ¿qué le sucede a la larga? Le sobrevienen consecuencias de todo tipo. ¿Cuáles? Cuando las personas actúan así durante mucho tiempo, se crea una especie de inercia. Cada vez que afrontan algo, primero consideran cómo ocuparse de ello por sí mismas; piensan, en primer lugar, en sus objetivos, intenciones y planes y en si el suceso las beneficiará o no. Lo habitual es que emprendan directamente esa senda. “Si puede beneficiarme, lo haré; si no puede beneficiarme, no lo haré”. Así piensan y actúan. Con el tiempo, ¿cómo trata Dios a esas personas? Dios les hace oídos sordos; las deja de lado.

Extracto de ‘Los principios de práctica relativos a la sumisión a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La sumisión es la lección más difícil de aprender. Cuando algo concuerda con tus nociones, lo aceptas y te sometes a ello; te sientes muy bien y piensas que coincide con tu gusto cuando te concede una ventaja. Una vez que empiezas a someterte, todo empieza a ir bien para ti; en el fondo, te sientes firme, en paz, sin culpa, feliz y alegre. Sin embargo, ser sumiso cuando las cosas no se ajustan a tus nociones es tan difícil de tragar como la arena; es molesto, angustioso y doloroso. Tienes tus razones, pero no puedes expresarlas, y tienes que mantener escondidas tus emociones. Te sientes completamente agraviado, pero no tienes a nadie a quien contárselo. “Entonces, ¿qué debo hacer? Lo que Él dijo es cierto. Su posición es más alta que la mía. Entonces, ¿cómo no le voy a escuchar? Más me vale aceptarlo. Tengo que ser más cuidadoso la próxima vez y no salirme más del tiesto. Salirse del tiesto no trae nada nuevo. El que da un paso adelante es tratado. No volveré a dar otro paso; dejaré que las cosas procedan naturalmente, y mantendré un perfil tan bajo como sea posible. Someterse no es fácil. ¡Es tan difícil! La llama de mi entusiasmo ha sido apagada por un cubo de agua fría. No puedes culparme por esto; empecé con total inocencia y apertura, pero luego no pararon de tratarme. No quiero ser más esta clase de persona; comportarme así es agotador. De ahora en adelante me limitaré a dar un paso atrás y no revelaré a nadie cómo me siento por dentro ni se lo diré a nadie que me pregunte; simplemente me lo guardaré todo”. ¿Qué clase de actitud es esta? Se trata simplemente de ir de un extremo al otro. ¿Cuál es el objetivo final de hacer que una persona aprenda a ser sumisa? Da igual cuántas injusticias hayas sufrido, cuánto sudor y esfuerzo hayas dedicado o cuánto se haya dañado tu reputación, vanidad y honor, tales cosas son, de hecho, secundarias; lo más importante es darle la vuelta a tu estado. ¿A qué estado? Tanto si la gente se halla en un estado en el que comete errores como si se encuentra en uno en el que no los comete, generalmente alberga una especie de dureza y rebeldía en lo más profundo del corazón. Además, hay en su interior cierto pensamiento lógico humano que dice: “Mientras mis actos e intenciones sean buenos, no debes tratarme y está bien que no me someta”. No señala si lo que ha hecho respeta la verdad ni qué consecuencias conlleva. Cree lo siguiente: “Mientras tenga buen corazón, y no intenciones maliciosas, deberías aceptarme”. Este es un razonamiento humano, ¿no? Es un razonamiento humano y no hay sometimiento. Tú consideras tu razonamiento como la verdad y la verdad como superflua. Piensas que solamente aquello que esté de acuerdo con tu razonamiento es la verdad y que lo que esté reñido con él no lo es. El que piensa así es tremendamente absurdo, arrogante y mojigato. ¿Qué estados pueden ayudar a corregir las lecciones de sometimiento? Para alcanzar el sometimiento, ¿necesita la gente un determinado nivel de racionalidad? Independientemente de si hemos hecho bien o mal en un asunto, mientras Dios esté insatisfecho, hemos de escucharlo y tener por norma Sus palabras. Esto sería racional, ¿no? Este es el sentido que deben tener los seres humanos, lo primero de que deben dotarse. No deberíamos tener en cuenta cuánto hemos sufrido, cuáles eran nuestras intenciones y nuestros propósitos ni cuáles nuestros motivos en ese momento. Puesto que Dios no está satisfecho y no hemos cumplido con Sus exigencias, y dado que Él es la verdad, debemos escucharlo y no tratar de razonar ni discutir con Él. Si tienes dicha racionalidad, podrás someterte; es decir, si, con independencia de tus circunstancias, no te rebelas contra Dios, no rechazas Sus exigencias sobre ti y no analizas si estas son acertadas o no, se corregirán tu estado humano de dureza y rebeldía y tu propensión a salirte con la tuya razonando. ¿No alberga todo el mundo estos estados? Surgen a menudo en las personas, que piensan: “Mientras mi camino concuerde con el pensamiento lógico, el tuyo no debería ser el correcto, así que es razonable y justo que no te obedezca”. Este es un estado habitual de la gente, pero, si te dotas de este tipo de racionalidad, podrás resolverlo en parte de manera eficaz.

Extracto de ‘Los cinco estados necesarios para ir por el camino correcto en la fe propia’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Como crees en Dios, debes poner tu fe en todas Sus palabras y en toda Su obra. Es decir, como crees en Dios, debes obedecerle. Si no puedes hacerlo, entonces no importa si crees en Dios o no. Si has creído en Él muchos años, pero nunca le has obedecido y no aceptas todas Sus palabras, y, en cambio, le pides que se someta a ti y actúe según tus propias nociones, entonces eres el más rebelde de todos; eres un incrédulo. ¿Cómo podría una persona así obedecer la obra y las palabras de Dios, que no se ajustan a las nociones del hombre? Los más rebeldes de todos son los que intencionalmente desafían a Dios y se le resisten. Ellos son Sus enemigos y los anticristos. Su actitud siempre es de hostilidad hacia la nueva obra de Dios; nunca tienen la mínima disposición de someterse y jamás se han sometido o humillado de buen grado. Se exaltan a sí mismos ante los demás y nunca se someten a nadie. Delante de Dios, consideran que son los mejores para predicar la palabra y los más hábiles para obrar en los demás. Nunca desechan los “tesoros” que poseen, sino que los tratan como herencias familiares a las que adorar y las usan para predicar a los demás y sermonear a los necios que los idolatran. De hecho, hay una cierta cantidad de personas de este tipo en la iglesia. Se podría decir que son “héroes indómitos”, que, generación tras generación, residen temporalmente en la casa de Dios. Consideran que predicar la palabra (doctrina) es su tarea suprema. Año tras año y generación tras generación, se dedican vehementemente a hacer que su deber “sagrado e inquebrantable” se cumpla. Nadie se atreve a tocarlos; ni una sola persona se atreve a reprenderlos abiertamente. Se convierten en “reyes” en la casa de Dios y causan estragos mientras oprimen a los demás, era tras era. Este grupo de demonios busca unirse y derribar Mi obra; ¿cómo puedo permitir que estos demonios vivientes existan delante de Mis ojos? Ni siquiera quienes obedecen a medias pueden seguir hasta el final, ¡cuánto menos estos tiranos que no tienen ni una pizca de obediencia en su corazón!

Extracto de ‘Los que obedecen a Dios con un corazón sincero, con seguridad serán ganados por Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

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