3. ¿Cuáles son las diferencias entre hacer el propio deber y hacer un servicio?

Las palabras relevantes de Dios:

Sean cuales sean los talentos, dones o capacidades de una persona, si únicamente actúa y se esfuerza por cumplir con el deber y en todo lo que hace se apoya en sus fantasías, nociones o instintos a medida que se esfuerza, nunca busca la voluntad de Dios, no tiene ningún concepto ni necesidad interior que diga “Debo poner en práctica la verdad. Voy a cumplir con el deber”, y su único incentivo es hacer bien su trabajo y terminar sus tareas, entonces, ¿esa persona no vive totalmente de sus dones, talentos, habilidades y capacidades? ¿Hay muchas personas así? En su fe solo piensan en esforzarse y en pregonar su trabajo y sus capacidades. En concreto, cuando la casa de Dios le asigna a la gente trabajos generales, la mayoría adopta ese enfoque a la hora de llevarlos a cabo. Lo único que hacen es esforzarse. A veces usan la boca para decir algo; otras veces utilizan las manos y la fuerza física; en otras ocasiones, las piernas para correr de aquí para allá. ¿Por qué se dice que vivir en dependencia de estas cosas supone emplear la propia fuerza en vez de poner en práctica la verdad? Cuando alguien ha aceptado una tarea que le ha encomendado la casa de Dios, no piensa más que en cómo terminarla lo antes posible para poder dar cuenta a sus líderes y recibir su elogio. Tal vez trace un plan paso a paso y parezca bastante serio, pero se centra exclusivamente en terminar la tarea para que los demás lo vean o, mientras la está haciendo, establece sus propios criterios de evaluación del desempeño, basados en cómo puede actuar para alcanzar la felicidad, la satisfacción y el nivel de perfección al que aspira. Independientemente de los criterios que establezca para sí mismo, si es ajeno a la verdad y no la busca o, en lugar de entender y confirmar lo que Dios le pide antes de actuar, actúa a ciegas, desconcertado, entonces lo que está haciendo es un mero esfuerzo. Está actuando según sus deseos, en virtud de su mente o de sus dones, o en función de la fortaleza de sus habilidades o capacidades. ¿Qué consecuencia tiene actuar así? Puede que hayas terminado la tarea, nadie le haya puesto reparos y te sientas muy satisfecho, pero, al llevarla a cabo, primero no comprendiste la voluntad de Dios, y luego no actuaste con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas; no pusiste todo tu corazón en ella. Si hubieras buscado los principios-verdad y la voluntad de Dios, habrías cumplido con el 90 % de la tarea y, además, habrías podido entrar en la realidad-verdad y entendido correctamente que lo que estabas haciendo concordaba con la voluntad de Dios. Ahora bien, si actuaste descuidadamente y a tontas y a locas, pese a que terminaste la tarea no sabrías para tus adentros lo bien que la hiciste. No tendrías un punto de referencia ni sabrías si estaba de acuerdo con la voluntad de Dios o con la verdad. Por tanto, bastan tres palabras para describir el desempeño del deber en semejante estado: tu propio esfuerzo.

Todos los que creen en Dios deben entender Su voluntad. Solo aquellos que desempañan sus deberes apropiadamente pueden satisfacer a Dios, y el desempeño del deber será satisfactorio solo si se completan las tareas que Él les encomienda. Existen estándares para el cumplimiento de la comisión de Dios. El Señor Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. Amar a Dios es un aspecto de lo que Él requiere de las personas. En realidad, siempre que Dios les haya dado una comisión a las personas, estas crean en Él y cumplan con el deber, estos son los criterios que les exige: que actúen con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas. Si tú estás presente, pero tu corazón no —si la memoria y los pensamientos de tu mente están presentes, pero tu corazón no— y si logras las cosas gracias a tus habilidades, ¿estás cumpliendo con la comisión de Dios? Entonces, ¿qué criterio hay que satisfacer para cumplir con la comisión de Dios y llevar a cabo el deber leal y correctamente? Eso es llevar a cabo tu deber con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Si tratas de cumplir correctamente con el deber sin amar a Dios de corazón, no te saldrá bien. Si tu amor por Dios se vuelve cada vez más fuerte y más auténtico, entonces de forma natural podrás llevar a cabo tu deber con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

Extracto de ‘Aquello concreto en lo que las personas han confiado para vivir’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La mayoría cumple con el deber con esta mentalidad: “Si alguien me guía, yo lo sigo. Lo seguiré allá donde me lleve y haré lo que me pida”. Responsabilizarse, preocuparse o prestar especial atención, por otro lado, son cosas inalcanzables para ellos y precios que no están dispuestos a pagar. Participan del esfuerzo físico, pero no de la responsabilidad. Esto no es cumplir realmente con el deber. Se debe aprender a volcarse de corazón en el deber; si se tiene corazón, hay que saber utilizarlo. Si una persona no utiliza nunca el corazón, demuestra que no tiene, ¡y las personas sin corazón no pueden alcanzar la verdad! ¿Por qué no pueden alcanzar la verdad? No saben cómo presentarse ante Dios; no saben volcarse de corazón para percibir el esclarecimiento y la guía de Dios, ni cómo volcarse de corazón en la contemplación, en buscar la verdad ni en buscar, entender y mostrar consideración por la voluntad de Dios. ¿Experimentáis esos estados en los que podéis sosegaros a menudo ante Dios e, independientemente de lo que surja y de vuestro deber, sois capaces de presentaros con frecuencia ante Él, reflexionar de corazón sobre Sus palabras y volcaros de corazón tanto en buscar la verdad como en reflexionar sobre cómo debéis llevar a cabo el deber? ¿Os sucede muchas veces? Para volcaros de corazón en el deber y ser capaces de asumir la responsabilidad hay que sufrir y pagar un precio; no basta simplemente con hablar de ello. Si no os volcáis de corazón en el deber, sino que siempre queréis hacer esfuerzos físicos, es indudable que no cumpliréis correctamente con él. Actuaréis por simple inercia y nada más, y no sabréis lo bien que habéis cumplido con el deber. Si te vuelcas de corazón en él, poco a poco llegarás a entender la verdad; si no lo haces, no será así. Cuando te vuelcas de corazón en el cumplimiento del deber y la búsqueda de la verdad, poco a poco puedes entender la voluntad de Dios, descubrir tu corrupción y tus defectos y dominar tus diversos estados. Si no te analizas de corazón y solo te centras en hacer esfuerzos externos, no podrás descubrir los distintos estados que surgen en tu corazón y todas tus reacciones a los diferentes ambientes externos; si no te analizas de corazón, te será difícil resolver los problemas de tu corazón. Por lo tanto, debes alabar y adorar a Dios con tu corazón y tu honestidad. Para adorar a Dios con tu corazón y tu honestidad, debes tener un corazón tranquilo y sincero; en lo más profundo de él debes saber buscar la voluntad de Dios y la verdad, y reflexionar acerca de cómo cumplir correctamente con el deber, qué partes de este no entiendes todavía y cómo llevarlo a cabo mejor. Solo si piensas a menudo en estas cosas dentro de tu corazón podrás ganar la verdad. Si estas cosas no son aquellas sobre las que sueles reflexionar dentro de tu corazón y este, en cambio, está lleno de cosas de la mente o externas, ocupado con cosas que no tienen nada que ver con adorar a Dios con tu corazón y tu honestidad, absolutamente nada que ver, ¿puedes ganar la verdad? ¿Tienes relación con Dios?

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Hacer servicio significa hacer lo que quieras, por lo menos siempre y cuando no ofenda el carácter de Dios. Mientras nadie investigue tus acciones y lo que hagas sea pasable, con eso es suficiente. No te preocupas por los cambios de carácter, por hacer las cosas según los principios-verdad, por satisfacer la voluntad de Dios, y menos aún por cómo someterte a las orquestaciones y arreglos de Dios o hacer bien tu deber y rendir cuentas de este a Dios. No prestas atención a ninguna de esas cosas, y esto es lo que se llama hacer servicio; es dedicar todo tu esfuerzo y trabajar como un esclavo, de la mañana a la noche. Si le preguntas a una persona así: “Todos estos años de duro y amargo trabajo en los que te has implicado, ¿de qué han servido?”, entonces te responderá: “Pues para poder ganar bendiciones”. Si se les pregunta si su carácter ha tenido algún cambio como resultado de todos los años que han creído en Dios, si han llegado a estar seguros de la existencia de Dios, si tienen algún grado de comprensión o experiencia verdadera de las orquestaciones y arreglos del Creador, la respuesta a todo esto será un “no” categórico, y no serán capaces de hablar de ninguna de estas cosas. Cuando no ha habido mejora o avance en ninguno de los indicadores relacionados con los cambios de carácter, tal persona simplemente hace servicio constantemente. Supongamos que una persona presta servicio durante muchos años y, sin darse cuenta, llega a comprender que posee un carácter corrupto, se rebela a menudo contra Dios, se queja, es incapaz de obedecerle, está profundamente corrompida, no importa cómo Dios le pida que se someta a Él, es incapaz de hacerlo. Intenta contenerse, pero no funciona, ni tampoco funciona maldecirse a sí misma o hacer juramentos. Al final, descubre que: “El hombre tiene en realidad un carácter corrupto, y por eso es capaz de rebelarse contra Dios. Cuando algo sucede, la gente siempre alberga sus propios deseos e investiga las orquestaciones y arreglos de Dios. Aunque están dispuestos a esforzarse, en el momento en que algo involucra a su carácter y sus salvajes ambiciones y anhelos, sus intenciones y deseos, son incapaces de renunciar a ellos o dejarlos ir. Siempre quieren hacer las cosas de manera que les satisfagan. ¡Así soy yo, y soy muy complicado de manejar! ¿Qué se le va a hacer?”. Si han comenzado a reflexionar sobre estas cosas, entonces ya tienen una pequeña comprensión de los modos humanos. Si en algún momento las personas que se dedican a hacer servicio son capaces de asumir la verdadera obra, son capaces de centrar sus mentes en los cambios de carácter, comprender que en realidad también tienen un carácter corrupto, que también son arrogantes e incapaces de someterse a Dios, y que de nada les servirá continuar de esa manera; cuando llegue el momento en que sean capaces de pensar en tales cosas, entonces habrán empezado a virar y quedan esperanzas de que su carácter pueda cambiar y lleguen a alcanzar la salvación. Imaginemos que alguien nunca piensa tales cosas y lo único que sabe hacer es trabajar, pensando que basta con terminar la tarea que tenga entre manos para completar la comisión de Dios, y que una vez que haya terminado de esforzarse habrá cumplido adecuadamente su deber, sin pensar nunca en los requisitos de Dios, en cuál es la verdad, o en si puede ser considerado como alguien que obedece a Dios, nunca reflexionan sobre estas cosas. ¿Puede alguien que aborda el deber de tal manera alcanzar la salvación? La respuesta es no. No han puesto el pie en el camino de la salvación ni en el camino correcto de la creencia en Dios, ni han establecido relaciones normales con Dios, y aun así se esfuerzan y se comprometen a servir en la casa de Dios. Esta clase de persona hace servicio en la casa de Dios, y Él los cuida y protege, pero no planea salvarlos ni tratarlos, así como tampoco los poda, los juzga ni los castiga o los somete a pruebas o refinamiento; solo les permite obtener ciertas bendiciones en esta vida, y nada más. Si llega un momento en que estas personas saben reflexionar sobre estas cosas y entender los sermones que oyen, se darán cuenta: “Así que, esto es lo que significa creer en Dios. Entonces, debo buscar la salvación. Si no lo hago, y en su lugar me conformo con prestar servicio, entonces eso no tendrá nada que ver con creer en Dios”. Luego reflexionan: “¿Qué aspectos poseo de un carácter corrupto? ¿Qué es exactamente ese carácter corrupto? ¡Pase lo que pase, primero debo someterme a Dios!”. Tales cosas tienen relación con la verdad y con los cambios de carácter, y existe esperanza para ellos.

Extracto de ‘Solo si buscas los principios-verdad puedes desempeñar bien tu deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Vuestra actitud hacia vuestro deber es “veré lo poco que puedo hacer, de lo que puedo librarme”; arrastráis los pies sin que os preocupe qué larga sea la demora que causáis. Sin embargo, si os tomarais las cosas en serio, lograríais hacerlas en muy poco tiempo. Hay algunas cosas que no sabéis hacer, así que yo os doy instrucciones precisas. No tenéis que pensar; simplemente tenéis que escuchar y poneros a hacerlas; sin embargo, hasta eso fuera de vuestro alcance. ¿Dónde está vuestra lealtad? ¡No se ve por ningún lado! Solo habláis y no tenéis corazón. Aun cuando vuestro corazón comprende, no hacéis nada. ¡Una persona así no ama la verdad! Si podéis verlo con vuestros ojos y sentirlo en vuestro corazón, pero, aun así, no hacéis nada, entonces ¿para qué tenéis corazón? Vuestra pizca de conciencia no gobierna vuestras acciones, no dirige vuestros pensamientos; así pues, ¿de qué sirve? No cuenta para nada; es un simple adorno. ¡La fe del hombre es verdaderamente patética! ¿Y qué tiene de patética? Aun cuando el hombre comprende la verdad, no la pone en práctica. Aun cuando comprende perfectamente el problema, no asume responsabilidad al respecto; él sabe que es su responsabilidad, pero no se vuelca en ello. Si no asumes las responsabilidades que están a tu alcance, ¿qué valor tienen esas pequeñas responsabilidades que asumes? ¿Qué efecto tienen? Simplemente estáis haciendo un esfuerzo simbólico, hablando por hablar. No os volcáis en ello y, mucho menos, toda vuestra energía. Esto no es llevar a cabo vuestro deber con un estándar aceptable; no hay lealtad involucrada; simplemente estáis viviendo por el sudor de vuestra frente, arreglándooslas como seguidor de Dios. ¿Tiene alguna importancia una fe como esta? Tal fe es muy insignificante: ¿qué valor tiene? Cuando lleváis a cabo vuestro deber, debéis pagar un precio. Debéis tomarlo en serio. ¿Qué significa tomarlo en serio? No quiere decir poner un poco de esfuerzo o sufrir algún tormento físico. La clave es que Dios está en vuestro corazón y lleváis una carga en él. Debéis sopesar en vuestro corazón la importancia de vuestro deber y, luego, llevar esta carga y esta responsabilidad en todo lo que hacéis y volcaros en ello. Debes hacerte digno de la misión que Dios te ha encomendado, así como de todo lo que Dios ha hecho por ti y de las esperanzas que Él tiene para ti. Solo si lo haces de este modo estás siendo serio. No tiene caso que hagas las cosas mecánicamente; puedes engañar a las personas, pero no puedes engañar a Dios. Si no hay un precio real y no hay lealtad cuando lleváis a cabo vuestro deber, entonces no está a la altura. Si no os tomáis vuestra fe en Dios y el desempeño de vuestro deber en serio, si siempre hacéis las cosas mecánicamente y sois superficiales en vuestras acciones, como un no creyente que trabaja para su jefe; si solo hacéis un esfuerzo simbólico y salís del paso cada día según se presenten las cosas; si ignoráis el desorden cuando lo veis, si veis algo derramado y no lo limpiáis y si desestimáis indiscriminadamente todo lo que no es para vuestro beneficio, entonces, ¿no es esto un problema? ¿Cómo podría alguien así ser miembro de la casa de Dios? Tales personas son ajenas; no son de la casa de Dios. En tu corazón tienes claro si estás siendo leal, si estás siendo serio cuando llevas a cabo tu deber, y Dios también lleva la cuenta. Así pues, ¿alguna vez habéis tomado en serio el desempeño de vuestro deber? ¿Alguna vez os lo habéis tomado a pecho? ¿Lo habéis tratado como vuestra responsabilidad, como vuestra obligación? ¿Os habéis responsabilizado de ello? ¿Alguna vez os habéis manifestado al descubrir un problema a la hora de realizar vuestro deber? Si jamás os habéis manifestado después de descubrir un problema y tampoco habéis pensado en hacerlo; si sois reacios a preocuparos por tales cosas y pensáis que entre menos problemas tengáis, mejor; si ese es el principio que adoptáis frente a ellos, entonces no estáis realizando vuestro deber; estáis viviendo por el sudor de vuestra frente, estáis haciendo servicio. Los hacedores de servicio no pertenecen a la casa de Dios. Son empleados; después de terminar su trabajo toman su dinero y se van, y cada uno se va por su lado y se convierte en un extraño para el otro. Esa es su relación con la casa de Dios. Los miembros de la casa de Dios son diferentes: son muy diligentes en todo en la casa de Dios, asumen la responsabilidad, sus ojos ven lo que necesita hacerse en la casa de Dios y tienen en su mente esas tareas, recuerdan todo lo que piensan y ven, sienten que llevan una carga, tienen un sentido de responsabilidad; estos son los miembros de la casa de Dios. ¿Habéis llegado a este punto? (No). Entonces, todavía tenéis un largo camino por recorrer, ¡así que debéis seguir buscando! Si no te consideras a ti mismo como un miembro de la casa de Dios y te descartas a ti mismo, entonces ¿cómo te ve Dios? Dios no te trata como una persona ajena; eres tú quien se coloca lejos de Su puerta. Así pues, hablando objetivamente, ¿qué tipo de persona eras exactamente? No estás en Su casa. ¿Tiene esto algo que ver con lo que Dios dice o determina? Eres tú quien ha colocado tu propósito y tu posición fuera de la casa de Dios. ¿A quién más hay que culpar?

Extracto de ‘Realizar bien el deber requiere, por lo menos, conciencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunas personas, sin importar el problema al que se puedan enfrentar cuando llevan a cabo sus deberes, no buscan la verdad y siempre actúan de acuerdo con sus propios pensamientos, nociones, imaginaciones y deseos. Están satisfaciendo constantemente sus propios deseos egoístas y su carácter corrupto siempre controla sus acciones. Aunque pueden llevar a cabo el deber que les ha sido asignado, no obtienen ninguna verdad. Así pues, ¿en qué confían estas personas en la realización de sus deberes? No confían ni en la verdad ni en Dios. El trozo de verdad que entienden no ha tomado la soberanía en su corazón: confían en sus propios dones y capacidades, en el conocimiento que han adquirido y en sus talentos, así como en su propia fuerza de voluntad o en sus buenas intenciones, para llevar a cabo estos deberes. Esta es una diferente clase de naturaleza, ¿verdad? Aunque puedas a veces apoyarte en tu naturalidad, tus imaginaciones, tus nociones, tu conocimiento y tu aprendizaje para cumplir con tu deber, en las cosas que haces no se presentan problemas de principios. A simple vista, parece como si no hubieras tomado la senda equivocada, pero hay algo que no puedes pasar por alto: a lo largo del proceso de realizar tu deber, si tus nociones, imaginaciones y deseos personales nunca cambian y nunca son reemplazados con la verdad; y si tus acciones y tus actos nunca se realizan con los principios-verdad, entonces ¿cuál será el resultado final? Te convertirás en un hacedor de servicio. Esto es precisamente lo que estaba escrito en la Biblia: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:22-23). ¿Por qué llama Dios a estas personas que realizan esfuerzo y rinden servicio “los que practicáis la iniquidad”? Hay un aspecto del que podemos estar seguros, y es que, independientemente de los deberes o la obra que hagan estas personas, sus motivaciones, ímpetus, intenciones y pensamientos surgen enteramente de sus deseos egoístas, se basan completamente en sus propias ideas e intereses personales, y estas consideraciones y planes giran totalmente en torno a su reputación, estatus, vanidad y sus perspectivas de futuro. En el fondo no poseen la verdad ni actúan de acuerdo con los principios-verdad. Así, ¿qué es crucial para que ahora busquéis? (Deberíamos buscar la verdad y cumplir con nuestros deberes de acuerdo con la voluntad y los requerimientos de Dios). ¿Qué deberíais hacer en concreto al cumplir con vuestros deberes según los requerimientos de Dios? Con respecto a las intenciones e ideas que tienes cuando haces algo, debes aprender cómo discernir si están de acuerdo con la verdad o no, así como si tus intenciones e ideas están orientadas hacia cumplir vuestros propios deseos egoístas o hacia los intereses de la casa de Dios. Si tus intenciones ideas están de acuerdo con la verdad, entonces puedes hacer tu deber en línea con tu pensamiento; sin embargo, si no están de acuerdo con la verdad, entonces debes darte la vuelta rápidamente y abandonar ese camino. Ese camino no es correcto y no puedes practicar de esa manera; si continúas caminando por esa senda, entonces acabarás cometiendo maldad.

Extracto de ‘Cómo experimentar las palabras de Dios en los propios deberes’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La obra de Pedro fue el cumplimiento del deber de una criatura de Dios. Él no obró en el rol de apóstol, sino en que obró mientras buscaba el amor por Dios. El curso de la obra de Pablo también contenía su búsqueda personal, pero esta sólo era por el bien de sus esperanzas para el futuro y su deseo de un buen destino. Él no aceptó el refinamiento durante su obra ni tampoco aceptó poda ni trato. Él creía que mientras la obra que él llevaba a cabo satisficiera el deseo de Dios y que mientras todo lo que hacía agradara a Dios, finalmente le esperaría una recompensa. No hubo experiencias personales en su obra; todo fue por causa de la obra y no se llevó a cabo en medio de su búsqueda de un cambio. Todo en su obra fue una transacción, no contenía nada sobre el deber ni la sumisión de una criatura de Dios. Durante el transcurso de su obra, no se produjeron cambios en el viejo carácter de Pablo. Su obra fue, sencillamente, de servicio a los demás, y él fue incapaz de producir cambios en su carácter. Pablo llevó a cabo su obra de forma directa sin haber sido perfeccionado ni tratado y su motivación era la recompensa. Pedro fue diferente: era alguien que se había sometido a la poda, el trato y el refinamiento. El objetivo y la motivación de su obra fueron fundamentalmente diferentes a los de Pablo. Aunque Pedro no realizó una gran cantidad de obra, su carácter sufrió muchos cambios y lo que buscaba era la verdad y un cambio real. No llevaba a cabo su obra tan solo por el bien de la obra misma. Aunque Pablo realizó mucha obra, fue toda del Espíritu Santo y, aunque él colaboró en esta, no la experimentó. Que Pedro obrase menos únicamente se debió a que el Espíritu Santo no realizó tanta obra a través de él. La cantidad de obra que ambos realizaron no determinó su perfeccionamiento; la búsqueda de uno fue para recibir recompensas y la del otro fue para lograr un amor supremo a Dios y cumplir con su deber como criatura de Dios, hasta el punto de poder vivir una imagen hermosa que satisficiera el deseo de Dios. Externamente eran diferentes, y también lo eran sus esencias. No puedes determinar cuál de ellos fue perfeccionado en función de la cantidad de obra que realizaron. Pedro buscó vivir la imagen de alguien que ama a Dios, ser alguien que obedecía a Dios, ser alguien que aceptaba el trato y la poda y ser alguien que cumplía con su deber como criatura de Dios. Él fue capaz de entregarse a Dios, de poner todo su ser en Sus manos y de obedecerlo hasta la muerte. Eso fue lo que él decidió hacer y, además, fue lo que logró. Esta es la razón fundamental por la que su fin fue diferente al de Pablo finalmente. La obra que el Espíritu Santo llevó a cabo en Pedro fue la de perfeccionarlo y la obra que el Espíritu Santo realizó en Pablo fue la de usarlo. Esto se debe a que sus naturalezas y sus opiniones respecto a la búsqueda no eran las mismas. Ambos tenían la obra del Espíritu Santo. Pedro aplicó esta obra en sí mismo y también la proveyó a otros; Pablo, entretanto, sólo proveyó la totalidad de la obra del Espíritu Santo a otros y no obtuvo nada de la misma para sí mismo. De esta forma, después de haber experimentado la obra del Espíritu Santo durante tantos años, los cambios en Pablo fueron casi inexistentes. Él siguió prácticamente en su estado natural y continuó siendo el Pablo de antes. Simplemente ocurrió que después de haber soportado las dificultades de muchos años de obra, había aprendido cómo “obrar” y a resistir, pero su vieja naturaleza —su naturaleza altamente competitiva y mercenaria— siguió siendo la misma. Después de haber obrado durante tantos años, no conocía su carácter corrupto ni se había librado de su viejo carácter, algo que seguía siendo claramente visible en su obra. En él sólo había más experiencia de obrar, pero esa poca experiencia fue incapaz de cambiarlo por sí sola y no pudo alterar sus opiniones sobre la existencia o la importancia de su búsqueda. Aunque obró muchos años para Cristo y nunca más persiguió al Señor Jesús, en su corazón no hubo cambio alguno en su conocimiento de Dios. Significa que él no obró con el fin de entregarse a Dios, sino que más bien se vio obligado a hacerlo en aras de su destino futuro. Y es que, al principio, persiguió a Cristo y no se sometió a Él; inherentemente él era un rebelde que se opuso deliberadamente a Cristo y alguien sin conocimiento de la obra del Espíritu Santo. Cuando su obra estaba casi concluida, seguía sin conocer la obra del Espíritu Santo y se limitaba a actuar por su propia cuenta según su propio carácter, sin prestar la más mínima atención a la voluntad del Espíritu Santo. Así pues, su naturaleza estaba enemistada con Cristo y no obedecía a la verdad. ¿Cómo podría ser salvado alguien como él, abandonado por la obra del Espíritu Santo, que no conocía la obra del Espíritu Santo y que, además, se oponía a Cristo? Si una persona puede o no ser salvada no depende de cuánta obra realice ni de cuánto se entregue, vienen lugar de eso, lo determina si conoce o no la obra del Espíritu Santo, si puede poner en práctica la verdad o no y si sus opiniones respecto a la búsqueda están en conformidad con la verdad.

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

Pedro fue perfeccionado por medio de la experiencia del trato y del refinamiento. Él dijo: “Debo satisfacer el deseo de Dios en todo momento. En todo lo que hago sólo busco satisfacer el deseo de Dios y, aunque sea castigado o juzgado, sigo sintiéndome feliz de hacerlo”. Pedro entregó su todo a Dios, y su obra, sus palabras y toda su vida fueron para amar a Dios. Él era una persona que buscaba la santidad y, cuanto más experimentaba, mayor era su amor por Dios en lo profundo de su corazón. Mientras que Pablo sólo llevó a cabo una obra externa y, aunque trabajó duro, sus esfuerzos eran en aras de realizar su obra adecuadamente y obtener así una recompensa. De haber sabido que no recibiría recompensa, habría abandonado su obra. Pedro se preocupaba por el amor verdadero en su corazón, por lo que era práctico y podía lograrse. No le preocupaba recibir una recompensa, sino si su carácter podía cambiar. Pablo se preocupaba de trabajar siempre más duro, por el trabajo exterior y por la devoción, y por las doctrinas que las personas normales no experimentaban. No le importaban los cambios en su interior ni el amor verdadero por Dios. Las experiencias de Pedro fueron con el fin de lograr amor y conocimiento verdaderos de Dios. Sus experiencias tenían la finalidad de lograr una relación más estrecha con Dios y tener un vivir práctico. La obra de Pablo se realizó por lo que Jesús le confió y con el fin de obtener aquello que anhelaba, pero esto no guardaba relación con el conocimiento de sí mismo y de Dios. Su obra fue únicamente en aras de escapar del castigo y del juicio. Pedro buscaba el amor puro y Pablo, la corona de justicia. Pedro experimentó muchos años de la obra del Espíritu Santo y tenía un conocimiento práctico de Cristo, así como un profundo conocimiento de sí mismo. Por tanto, su amor a Dios era puro. Muchos años de refinamiento habían elevado su conocimiento de Jesús y de la vida, y su amor era un amor incondicional, era un amor espontáneo y él no pedía nada a cambio ni esperaba beneficio alguno. Pablo obró por muchos años, pero no poseía un gran conocimiento de Cristo y su conocimiento de sí mismo era lastimosamente pequeño. Él simplemente no sentía amor por Cristo, y su obra y su recorrido tenían como fin obtener los laureles finales. Él buscaba la mejor corona, no el amor más puro. No buscaba de forma activa, sino pasiva; no estaba cumpliendo con su deber, sino que se vio obligado en su búsqueda tras haber sido capturado por la obra del Espíritu Santo. Así pues, su búsqueda no demuestra que fuera una criatura calificada de Dios; Pedro era una criatura calificada de Dios que cumplía con su deber. La gente piensa que todos aquellos que hacen una contribución a Dios deben recibir una recompensa y cuanto mayor sea la contribución, más se da por hecho que deben recibir el favor de Dios. La esencia del punto de vista del hombre es transaccional y él no busca activamente cumplir con su deber como criatura de Dios. Para Él, cuánto más busquen las personas un amor verdadero y una obediencia total a Dios, lo que también significa procurar cumplir con sus deberes como criaturas de Dios, más capaces serán de obtener Su aprobación. El punto de vista de Dios es exigir que las personas recuperen su deber y su estatus originales. El hombre es una criatura de Dios y, por tanto, no debe excederse haciéndole exigencias a Dios y debe limitarse a cumplir con su deber como criatura de Dios. Los destinos de Pablo y Pedro se midieron en función de la capacidad de cada uno para cumplir con su deber como criaturas de Dios, y no según el tamaño de su contribución; sus destinos se determinaron en función de lo que buscaron desde el principio y no según la cantidad de obra que llevaron a cabo ni según la estimación que otras personas hacían de ellos. Por tanto, buscar activamente cumplir con el propio deber como criatura de Dios es la senda hacia el éxito; buscar la senda del amor verdadero a Dios es la senda más correcta; buscar cambios en el viejo carácter propio y buscar el amor puro a Dios, es la senda hacia el éxito. Esa senda hacia el éxito es la senda de la recuperación del deber original y de la apariencia original de una criatura de Dios. Es la senda de la recuperación y también el objetivo de toda la obra de Dios de principio a fin. Si la búsqueda del hombre está manchada con exigencias personales extravagantes y anhelos irracionales, entonces el efecto que se obtenga no será el cambio en el carácter del hombre. Esto entra en conflicto con la obra de recuperación. Indudablemente, no es una obra del Espíritu Santo, y esto demuestra que Dios no aprueba este tipo de búsqueda. ¿Qué importancia tiene una búsqueda que Dios no ha aprobado?

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

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