4. ¿Cómo se puede cumplir adecuadamente con el deber?

Las palabras relevantes de Dios:

En la expresión “desempeño adecuado del deber” se enfatiza el término “adecuado”. Así pues, ¿cómo debería definirse “adecuado”? En esto también hay una verdad que buscar. ¿Es adecuado limitarse a hacer un trabajo pasable? Para conocer los detalles concretos acerca de cómo entender y considerar el término “adecuado”, debes comprender muchas verdades y hablar más de la verdad. En el cumplimiento del deber debes entender la verdad y sus principios; solo entonces puedes alcanzar un desempeño adecuado del deber. ¿Por qué deben cumplir las personas con el deber? Una vez que creen en Dios y han aceptado Su comisión, las personas tienen parte de responsabilidad y obligación en el trabajo de la casa de Dios y en el lugar de Su obra y, a cambio, a consecuencia de esta responsabilidad y obligación, se han convertido en elemento de la obra de Dios: un elemento de los objetos de Su obra y de los objetos de Su salvación. Por tanto, hay una relación muy sustancial entre la salvación de la gente y su manera de cumplir con el deber, si sabe hacerlo bien y hacerlo adecuadamente. Dado que ya formas parte de la casa de Dios y has aceptado Su comisión, ahora tienes un deber. No te corresponde a ti decir cómo debes cumplir con este deber; eso le corresponde a Dios y lo dictan las normas de la verdad. Por consiguiente, la gente debe entender y tener claro cómo evalúa Dios las cosas; esto es algo que vale la pena buscar. En la obra de Dios, cada persona recibe un deber. Es decir, la gente recibe deberes que varían en función de sus dones, aptitudes, edades, situaciones y épocas. Sin importar qué deber te asignen ni en qué época o circunstancias lo recibas, un deber es solamente un deber; no es algo que gestione una persona. En última instancia, la norma que Dios te exige es que desempeñes adecuadamente tu deber. ¿Cómo se ha de explicar el término “adecuadamente”? Significa que debes cumplir con las exigencias de Dios y satisfacer a Él, Dios debe calificar de adecuado tu trabajo y darte Su aprobación; entonces habrás cumplido adecuadamente con el deber. Si Dios dice que tu trabajo es inadecuado, no has cumplido adecuadamente con el deber. Aunque puedas estar llevando a cabo tu deber y Él reconozca que lo has hecho, si no lo haces adecuadamente, ¿cuáles serán las consecuencias? En casos graves es posible que se esfumen y derrumben las esperanzas de salvación de la gente; en casos menos graves es posible que se le prive de su derecho a cumplir con el deber. Una vez privadas de esos derechos, algunas personas son apartadas, tras lo cual se ocupan de ellas y las organizan aparte. ¿Que se ocupen de ellas y las organicen aparte implica su expulsión? No necesariamente; Dios esperará a ver cómo actúan estas personas. Por lo tanto, es crucial la forma en que uno cumple con el deber. La gente debe tratarlo con prudencia, tomárselo en serio y considerarlo un asunto de gran importancia en su entrada en la vida y en lograr la salvación; no debe tratarlo de manera descuidada.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Todos los que creen en Dios deben entender Su voluntad. Solo aquellos que desempañan sus deberes apropiadamente pueden satisfacer a Dios, y el desempeño del deber será satisfactorio solo si se completan las tareas que Él les encomienda. Existen estándares para el cumplimiento de la comisión de Dios. El Señor Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. Amar a Dios es un aspecto de lo que Él requiere de las personas. En realidad, siempre que Dios les haya dado una comisión a las personas, estas crean en Él y cumplan con el deber, estos son los criterios que les exige: que actúen con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas. Si tú estás presente, pero tu corazón no —si la memoria y los pensamientos de tu mente están presentes, pero tu corazón no— y si logras las cosas gracias a tus habilidades, ¿estás cumpliendo con la comisión de Dios? Entonces, ¿qué criterio hay que satisfacer para cumplir con la comisión de Dios y llevar a cabo el deber leal y correctamente? Eso es llevar a cabo tu deber con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Si tratas de cumplir correctamente con el deber sin amar a Dios de corazón, no te saldrá bien. Si tu amor por Dios se vuelve cada vez más fuerte y más auténtico, entonces de forma natural podrás llevar a cabo tu deber con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

Extracto de ‘Aquello concreto en lo que las personas han confiado para vivir’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Sin importar el deber que cumplas, siempre debes buscar comprender la voluntad de Dios y entender cuáles son Sus requisitos relacionados con tu deber; sólo entonces podrás manejar los asuntos con base en los principios. Al desempeñar tu deber, definitivamente no puedes guiarte por tus preferencias personales y hacer únicamente lo que te gustaría hacer, aquello con lo que te sentirías feliz y cómodo haciendo o cualquier cosa que te haría ver bien. Si impones a Dios tus preferencias personales por la fuerza o si las practicas como si fueran la verdad, acatándolas como si fueran los principios-verdad, entonces eso no es cumplir con tu deber y cumplir con tu deber de esta forma no será recordado por Dios. Algunas personas no entienden la verdad y no saben lo que significa cumplir bien con su deber. Sienten que, como han puesto su corazón y su esfuerzo en ello, han renunciado a su carne y sufrido, entonces el cumplimiento de sus deberes debería estar a la altura de las normas, pero ¿por qué entonces Dios siempre está insatisfecho? ¿En dónde se han equivocado estas personas? Su error fue no buscar los requisitos de Dios y, en lugar de ello, actuar de acuerdo con sus propias ideas; trataron sus propios deseos, preferencias y motivos egoístas como la verdad y los trataron como si fueran lo que Dios amaba, como si fueran Sus estándares y requisitos. Veían como la verdad lo que creían que era correcto, bueno y hermoso; esto está mal. De hecho, aunque las personas puedan pensar a veces que algo es correcto y que va acorde con la verdad, eso no significa necesariamente que esté de acuerdo con la voluntad de Dios. Mientras más personas piensen que algo es correcto, más cautas deben ser y más deben buscar la verdad para ver si lo que están pensando cumple con los requisitos de Dios. Si resulta que eso va en contra de Sus requisitos, entonces estás equivocado al pensar que es correcto, no es más que un pensamiento humano y no necesariamente estará de acuerdo con la verdad, no importa lo correcto que pienses que sea. Tu determinación del bien y el mal debe basarse únicamente en las palabras de Dios, y no importa cuán correcto creas que es algo, a menos que haya una base para las palabras de Dios, debes descartarlo. ¿Qué es el deber? Es un encargo que Dios les ha hecho a las personas. Así pues, ¿cómo debes cumplir con tu deber? Actuando de acuerdo con los requisitos y estándares de Dios y basando tu conducta en los principios-verdad y no en los deseos humanos subjetivos. De esta manera, el cumplimiento de tus deberes estará a la altura de los estándares.

Extracto de ‘Solo si buscas los principios-verdad puedes desempeñar bien tu deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Al cumplir con el deber, debes analizarte siempre para ver si haces las cosas según los principios, si das la talla en su cumplimiento, si simplemente lo haces de manera superficial, si has tratado de eludir tus responsabilidades y si tienes algún problema en cuanto a tu actitud y forma de pensar. Una vez que hayas hecho introspección y te hayan quedado claras estas cosas, te será más fácil cumplir con el deber. Con independencia de lo que te encuentres al cumplir con el deber —negatividad y debilidad, o mal humor tras haber sido tratado—, debes tratarlo de forma adecuada, buscar la verdad y entender la voluntad de Dios. Al hacer estas cosas tendrás una senda de práctica. Si deseas cumplir bien con el deber, no debe afectarte tu estado de ánimo. Por más negativo o débil que estés, debes practicar la verdad en todo lo que hagas, con absoluto rigor y ateniéndote a los principios. Si lo haces, no solo otras personas te darán su aprobación, sino que también agradarás a Dios. Así serás una persona responsable que asume una carga; una persona buena de verdad, que realmente da la talla en el cumplimiento del deber y vive íntegramente a semejanza de una persona auténtica. Esas personas se purifican y logran la verdadera transformación cuando cumplen con el deber y se puede decir que son honestas a los ojos de Dios. Solamente los honestos son capaces de perseverar en la práctica de la verdad, de actuar con principios y dar la talla en el cumplimiento del deber. Los que actúan con principios cumplen meticulosamente con el deber cuando están de buen humor; no se limitan a trabajar de manera superficial ni se lucen con tanta arrogancia para que los tengan en gran estima. Sin embargo, cuando están de mal humor, realizan sus tareas cotidianas con la misma seriedad y responsabilidad y, aunque se encuentren con algo perjudicial para el cumplimiento de su deber, que los atosigue un poco o los interrumpa mientras lo ejecutan, siguen siendo capaces de sosegar el corazón ante Dios para orar, diciendo: “Por muy grande que sea el problema al que me enfrente, aunque se hunda el cielo, mientras Dios me permita seguir viviendo, estoy decidido a hacer todo lo posible por cumplir mi deber. Cada día que me permita vivir es un día en que me esforzaré por cumplir con el deber para ser digno de esta obligación que Dios me ha otorgado, así como de este aliento que ha soplado en mi cuerpo. Por muchas dificultades que tenga, lo dejaré todo de lado, ¡pues el cumplimiento del deber es de suma importancia!”. Aquellos a quienes no afecta ninguna persona, incidencia, cosa ni circunstancia, a quienes no controla ningún estado de ánimo ni situación externa y que priorizan los deberes y las comisiones que Dios les ha encomendado son las personas leales a Dios, que se someten sinceramente a Él. Esta clase de personas han logrado entrar en la vida y en la realidad-verdad. Esta es una de las manifestaciones más prácticas y auténticas de vivir la verdad.

Extracto de ‘La entrada en la vida debe comenzar con la experiencia de desempeñar el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Independientemente del tipo de tarea que estés realizando o de la habilidad profesional que estés estudiando, mejorarás en ello con el tiempo. Si sigues intentando mejorar, se te dará cada vez mejor. Si no te tomas nada en serio, entonces ni siquiera aquello que has aprendido te servirá de nada. Si ni siquiera te tomas en serio las cosas a las que puedes sacarle utilidad y no tienes ni idea de cómo van a resultar, y tampoco hay nadie que entienda para poder guiarte, entonces nunca progresarás y se desperdiciarán las habilidades que has aprendido. Al aprender cualquier cosa, es fácil aprender la teoría, pero no es tan fácil ponerla en práctica. Si quieres elevar la teoría a la práctica para luego ir aún más allá consiguiendo algo desde una base de práctica, aprovechando mejor tus fortalezas o implementando lo que has aprendido en la práctica y así lograr resultados, ¿qué debes hacer? Debes dedicarle más tiempo a estudiar habilidades profesionales y a buscar todo tipo de material sobre ellas; en todos sus aspectos, debes estudiar y buscar constantemente, reforzar sin cesar tus debilidades con las fortalezas de los demás, aprendiendo lo que debes y has de aprender de otros. De esta manera, tus habilidades profesionales mejorarán constantemente. Cuando los demás te dicen cómo hacer algo, debes tratar de comprender y reflexionar sobre ello. Si cuando alguien te dice algo, tú ya sabes lo que está diciendo y reconoces que es una buena manera de hacer las cosas, pero después lo piensas un poco y te dices a ti mismo: “Ya es suficiente”, ¿qué tipo de actitud tienes? Ya sea respecto a las habilidades y especialidades profesionales o a la búsqueda de la verdad en tu fe, esa es una mala actitud, una actitud superficial. ¿De qué tipo de carácter se trata? Es arrogancia, implica no amar las cosas positivas, es dureza. ¿Se manifiestan tales cosas en vosotros? (Sí). ¿Se manifiestan a menudo, ocasionalmente, o solo respecto a ciertos asuntos? (A menudo). Vuestra actitud respecto a reconocer este tipo de carácter es bastante sincera y honesta, pero el mero reconocimiento no es suficiente; si no hacéis nada más que reconocerlo, el cambio es imposible. Entonces, ¿cómo podéis cambiar? Cuando se revela un carácter arrogante en las personas y su actitud es superficial, indiferente y descuidada, deben asegurarse de acudir a Dios y orar inmediatamente, dejándose tratar y disciplinar por Dios, aceptando Su escrutinio y Su disciplina. Es más, deben reconocer cómo surge este aspecto de su carácter y cómo se puede cambiar. El objetivo del conocimiento es el cambio. Entonces, ¿cómo se puede lograr tal cambio? ¿Cuál debería ser el primer paso? Primero, la gente debe orar, presentarse ante Dios, aceptar Su escrutinio y Su disciplina, después de lo cual debe cooperar activamente. ¿Cómo deben cooperar? En el cumplimiento de su deber, en cuanto se vean pensando eso de “ya es suficiente”, deben corregirse a sí mismos y no pensar de esa manera. Cuando surge un carácter arrogante en vuestro corazón, debéis sentir el reproche; el reproche y el castigo de Dios; debéis dar un giro rápidamente: “Hace un momento me equivoqué. Una vez más, estaba a punto de revelar un carácter corrupto y satánico; de ser conducido por un carácter satánico; de dejar que Satanás tomara el control; de ser superficial. ¡Debería ser disciplinado!”. Si sientes un reproche, debes confesar tus pecados ante Dios y dar un giro. ¿Cómo debes confesar tus pecados? No hay necesidad de adoptar una actitud seria ni de arrodillarte, postrarte y orar a Dios. No es necesario hacerlo. Te comunicas con Dios en tu corazón, al decir: “Dios, me equivoqué, estaba a punto de volver a ser descuidado y superficial. Te ruego que me observes; no quiero que mi carácter corrupto me domine desde el interior ni me gobierne por completo. Quiero que Dios me ordene, y quiero practicar de acuerdo con la verdad. Te ruego que me observes”. Cuando oras así, cambiará tu estado interior. ¿Cuál es el objetivo de cambiar tu estado? El objetivo es permitirte que puedas dar un giro con éxito, permitirte ser leal, obediente y que aceptes el reproche y la disciplina de Dios sin compromiso. Así es como lograrás dar un giro. Cuando estés a punto de volver a ser superficial, cuando quieras tratar tu deber a la ligera una vez más, tendrás la capacidad de dar enseguida un giro a causa de la disciplina y el reproche de Dios, ¿y acaso no te salvarás así de tu propia negligencia? ¿No quedará redimida tu transgresión? ¿Esto es algo bueno o malo? Es algo bueno.

A veces, después de terminar una tarea, sientes el corazón algo inquieto. Un examen más detallado te permite ver que efectivamente hay un problema. Debes corregirlo, después de lo cual te tranquilizarás. Tu inquietud demuestra que existe un problema al que necesitas dedicar más tiempo y al que debes prestar más atención. Esa es una actitud seria y responsable para cumplir con el deber propio. Cuando una persona puede ser seria, responsable, dedicada y trabajadora, el trabajo se hará apropiadamente. A veces no tienes un corazón semejante y no puedes encontrar ni descubrir un error que está claro como el agua. Si tuvieras un corazón así, entonces, con el impulso y la guía del Espíritu Santo, serías capaz de identificar el problema. Pero si el Espíritu Santo te guiara y te otorgara esa conciencia, permitiéndote sentir que algo está mal, pero no tuvieras un corazón así, seguirías sin poder identificar el problema. Entonces, ¿qué muestra esto? Muestra que es muy importante que la gente coopere, e igual de importantes son sus corazones y donde dirigen sus pensamientos e intenciones. Dios escudriña a las personas, puede ver lo que tienen en sus corazones mientras cumplen con su deber y cuánta energía utilizan. Es crucial que las personas dediquen todo su corazón y todas sus fuerzas a lo que hacen. La cooperación es también un componente crucial. Solo si las personas se afanan en no arrepentirse de los deberes que han completado y las cosas que han hecho, en no estar en deuda con Dios, actuarán con todo su corazón y todas sus fuerzas. Si ahora no le dedicas todo tu corazón y todas tus fuerzas, entonces, si más adelante algo sale mal y hay consecuencias, ¿no será demasiado tarde para arrepentirse? Estarás siempre en deuda; ¡estarás manchado! Una mancha en el cumplimiento del deber es una transgresión. Por tanto, debes afanarte en hacer bien la parte que debes y tienes que hacer, con todo tu corazón y todas tus fuerzas. Esas cosas no deben hacerse de manera descuidada o superficial; no debes tener ningún remordimiento. De este modo, Dios recordará los deberes que desempeñes en ese momento. Las cosas que Dios recuerda son las buenas acciones. Entonces, ¿cuáles son las cosas que no se recuerdan? Las transgresiones. Puede que la gente no aceptara que son malas acciones si se las describiera así en la actualidad, pero si llega un día en que estas cosas tienen consecuencias graves y se convierten en una influencia negativa, entonces te parecerá que no son meras transgresiones de la conducta, sino malas acciones. Cuando te des cuenta de esto, te arrepentirás y pensarás: ¡Debería haber optado por tener una pizca de prevención! Con un poco más de consideración y esfuerzo, no tendría este problema. Nada limpiará esta mancha eterna de tu corazón, y causaría problemas si te dejara en deuda permanente. Así que, en la actualidad, cada vez que cumpláis con vuestro deber o aceptéis un encargo, debéis esforzaros por realizarlo con todas vuestras fuerzas y todo vuestro corazón. Debéis hacerlo de tal modo que os quedéis libres de culpa y arrepentimiento, que sea recordado por Dios y sea una buena acción. No actuéis de forma descuidada y superficial, con un ojo abierto y el otro cerrado; os arrepentiréis y no podréis enmendarlo. Constituirá una transgresión y, en última instancia, en vuestro corazón siempre habrá culpa, deuda y acusación. ¿Cuál de estos dos caminos es el mejor? ¿Cuál es el camino correcto? Desempeñar vuestro deber de todo corazón y con todas vuestras fuerzas, y preparar y acumular buenas acciones, sin arrepentiros. No permitáis que vuestras transgresiones se acumulen, no os arrepintáis de ellas ni os quedéis en deuda. ¿Qué pasa cuando una persona ha cometido demasiadas transgresiones? ¡Están acumulando la ira de Dios en Su presencia! Si no paras de transgredir y la ira de Dios hacia ti crece cada vez más, entonces, en última instancia serás castigado.

Extracto de ‘Cómo resolver el problema de ser descuidado y superficial a la hora de realizar tu deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunas personas siempre tienen miedo de que otras les roben el protagonismo y las superen, y que obtengan reconocimiento mientras ellas mismas son abandonadas. Esto lleva a que ataquen y excluyan a los demás. ¿Acaso no están celosas de las personas más capaces que ellas? ¿No es egoísta y despreciable este comportamiento? ¿Qué tipo de carácter es este? ¡Es malicioso! Pensar solo en uno mismo, satisfacer solo los deseos propios, sin mostrar consideración por los deberes de los demás y tener en cuenta solo los propios intereses y no los intereses de la casa de Dios: las personas así tienen mal carácter y Dios no las ama. Si realmente puedes ser considerado con la voluntad de Dios, entonces podrás tratar a otras personas de manera justa. Si recomiendas a alguien y esa persona se desarrolla en alguien con talento, y la casa de Dios gana una persona talentosa más, entonces ¿no habrás hecho bien tu trabajo? ¿No habrás sido leal al desempeñar tu deber? Esta es una buena obra ante Dios, y es el tipo de conciencia y razón que las personas deben poseer. Aquellas que son capaces de poner en práctica la verdad pueden aceptar el escrutinio de Dios cuando hacen las cosas. Cuando aceptas el escrutinio de Dios, tu corazón se corrige. Si solo haces las cosas para que otros las vean, y no aceptas el escrutinio de Dios, ¿sigue estando Dios en tu corazón? Las personas que son así no tienen reverencia hacia Dios. No siempre hagas las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres tu propio estatus, prestigio o reputación. Tampoco tengas en cuenta los intereses de la gente. Primero debes tener en cuenta los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu principal prioridad. Debes ser considerado con la voluntad de Dios y empezar por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has hecho todo lo posible para ser leal, por completar tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la casa de Dios. Debes meditar sobre estas cosas. Piensa en ellas con frecuencia y te será más fácil cumplir bien con el deber. Si tu calibre es bajo, cuando tu experiencia es superficial o cuando no eres experto en tu ocupación profesional, puede haber algunos errores o deficiencias en tu obra y los resultados pueden no ser muy buenos, pero habrás hecho todo lo posible. Cuando no estás pensando en tus propios deseos egoístas o considerando tus propios intereses en las cosas que haces, y en su lugar le estás dedicando una consideración constante a la obra de la casa de Dios, pensando en sus intereses, y llevando a cabo bien tu deber, entonces estarás acumulando buenas obras delante de Dios. La gente que hace estas buenas obras es la que posee la realidad-verdad y, por tanto, ha dado testimonio.

Extracto de ‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Para lograr un desempeño adecuado del deber, es preciso, en primer lugar, alcanzar una cooperación armónica en el desempeño. Algunos practican actualmente en esta dirección, lo que implica que, tras haber escuchado la verdad, han empezado a trabajar de acuerdo con este principio aunque no sepan poner en práctica la verdad por completo, al 100 %. En el intento pueden fracasar o debilitarse, extraviarse y cometer errores frecuentes, pero siguen una senda de esfuerzo por actuar de acuerdo con este principio. Por ejemplo, aunque a veces creas correcto tu modo de hacer algo, si te encuentras en una situación en la que eso no va a retrasar la tarea en cuestión, también puedes debatirlo con tus compañeros de trabajo o los miembros de tu equipo. El hecho de hablarlo hasta que tengas claro el asunto, hasta alcanzar una opinión consensuada de que haciéndolo de cierta manera se pueden conseguir los mejores resultados, no sobrepasa el ámbito de los principios, va en beneficio de la casa de Dios y puede optimizar la protección de los intereses de aquella. Aunque el resultado final pueda dejar a veces algo que desear, el modo, el rumbo y el objetivo de tu trabajo son correctos. ¿Cómo, entonces, contemplará esto Dios? ¿Cómo definirá este asunto? Dirá que cumples adecuadamente con este deber.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Para desempeñar adecuadamente el deber, da igual cuántos años lleves creyendo en Dios, cuánto hayas hecho en tu deber, cuánto hayas contribuido a la casa de Dios y cuánta experiencia tengas en el deber. Lo principal en lo que Dios se fija es la senda que toma una persona. En otras palabras, se fija en su actitud hacia la verdad y los principios y en el rumbo, origen e impulso que subyacen a sus actos. Dios se centra en estas cosas; son las que determinan la senda que sigues. Si a medida que cumples con el deber no se aprecia ninguna de estas cosas en ti y el origen de tu trabajo son tus propias ideas, tu impulso es el de proteger tus intereses y salvaguardar tu reputación y posición, tu modus operandi consiste en tomar decisiones, actuar en solitario y tener la última palabra sin debatir las cosas con los demás ni cooperar armónicamente nunca, y menos aún buscar la verdad, ¿cómo te contemplará Dios? Todavía no estás a la altura si cumples así con el deber; no has entrado en la senda de la búsqueda de la verdad, ya que, al realizar tu trabajo, no buscas el principio-verdad y actúas siempre como te da la gana. Por eso la mayoría no cumple satisfactoriamente con el deber. Contemplándolo ahora, ¿es difícil cumplir adecuadamente con el deber? En realidad, no; la gente solo debe ser capaz de tener una actitud humilde, un poco de sentido y una posición adecuada. Independientemente de la formación que creas tener, de los premios que hayas ganado o lo mucho que hayas conseguido, y por muy elevadas que consideres tu aptitud y tu jerarquía, debes empezar por dejar de lado todas estas cosas, pues no valen nada. Por muy grandes y buenas que sean, en la casa de Dios no pueden estar por encima de la verdad; no son la verdad ni pueden ocupar su lugar. Por eso digo que debes tener lo que se denomina sentido. Si dices: “Tengo mucho talento, una mente muy aguda y reflejos rápidos, aprendo enseguida y tengo excelente memoria”, y siempre utilizas estas cosas como tu capital, esto ocasionará problemas. Si consideras estas cosas la verdad o por encima de la verdad, te costará aceptarla y ponerla en práctica. A los altivos y arrogantes, que siempre actúan con superioridad, les cuesta más que a nadie aceptar la verdad y son los más propensos a caer. Si uno es capaz de corregir el problema de su arrogancia, se le hará fácil poner en práctica la verdad. Por lo tanto, primero has de dejar y negar aquellas cosas que a primera vista parecen agradables y elevadas y provocan envidia. No son la verdad; más bien pueden impedirte entrar en ella. Lo principal ahora es buscar la verdad, practicar de acuerdo con ella y cumplir adecuadamente con tu deber, pues el desempeño adecuado del deber es el único primer paso para acceder a la senda de entrada en la vida, lo que quiere decir que es un comienzo. En toda cuestión hay una cosa sumamente fundamental y básica, algo que te mete el pie en la puerta, y el adecuado cumplimiento del deber es una senda que te hará cruzar la puerta de la entrada en la vida. Si tu cumplimiento del deber no implica para nada esta “adecuación”, debes esforzarte. ¿Cómo debes esforzarte? No es que tengas que cambiar de carácter o abandonar tus talentos y puntos fuertes a nivel profesional; a medida que cumplas con el deber, puedes llevar contigo estos puntos fuertes y las cosas que hayas aprendido, al tiempo que buscas la verdad y actúas de acuerdo con el principio-verdad. Si alcanzas la entrada en la vida mientras llevas a cabo tu deber, puedes cumplir adecuadamente con él.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

En el transcurso del cumplimiento del deber, por el lado positivo de las cosas, puedes darle la consideración correcta al deber, sin renunciar a él sea cual sea la situación que afrontes. Aunque el resto deje de creer y de cumplir con el deber, tú todavía puedes seguir adelante sin darte por vencido. Es decir, eres capaz de no abandonar el deber en ningún momento, de perseverar y mantener la dedicación hasta el final; de esta manera, te habrás tomado realmente el deber como tal. Si eres capaz de lograr esto, básicamente has logrado un desempeño adecuado el deber. Este es el lado positivo de las cosas. Sin embargo, por el lado negativo de las cosas, para lograr esto la gente debe resistir todo tipo de tentaciones. Si, en el transcurso del cumplimiento del deber, una persona no ha podido resistir las tentaciones y ha abandonado y dado la espalda al deber, ¿es todavía posible que le concierna la salvación? Se habrá perdido toda esperanza para esa persona y será totalmente irrelevante que sea adecuada o no; la salvación no será de su incumbencia. Por tanto, uno ha de aferrarse al deber. Para ello, en primer lugar, la mayor dificultad a la que se enfrenta todo el mundo es si es posible mantenerse firme ante las tentaciones. ¿Qué tipos de tentaciones hay? El dinero, el estatus, las relaciones con el sexo opuesto, las emociones… ¿Qué más? Si algunos deberes implican asumir un poco de riesgo o incluso suponen un peligro para la vida, y si por llevarlos a cabo puedes terminar en la cárcel o muerto, ¿los llevarías a cabo igualmente? ¿Cómo lo harías? Todas esas cosas son tentaciones. ¿Son estas tentaciones fáciles de vencer o no? Todas ellas exigen que busques la verdad. En el transcurso de la búsqueda de la verdad, con todas estas tentaciones con las que te encuentras, debes ser capaz de ejercitar el discernimiento y adquirir conocimiento gradualmente. Reconoce su esencia, conoce su verdadero rostro, tu esencia y tus actitudes corruptas; llega a conocer tus debilidades e implora a Dios con frecuencia que te proteja y te haga capaz de resistir estas tentaciones. Si puedes resistirlas y aferrarte al deber en toda situación en que te encuentres sin darle la espalda ni huir, estarás a medio camino de la salvación. ¿Es fácil llegar a medio camino? A cada paso que das hay una posible trampa; la senda está llena de peligros. ¡No es fácil! Así pues, ¿hay personas que miran lo difícil que es y creen que la vida es, sencillamente, demasiado agotadora y que sería mejor seguir adelante y morir? Quieren bendiciones, pero no sufrir. ¿Qué clase de personas son esas? Unos cobardes inútiles. En lo que se refiere a cómo cumplir adecuadamente con el deber, cuál es la definición de adecuación, cuáles son los criterios de adecuación, los motivos de Dios para este nivel de adecuación y la relación entre el cumplimiento adecuado del deber y la entrada en la vida, la gente ha logrado entender estas cosas. Si tú puedes llegar a ser capaz de aferrarte al deber en todo momento o lugar sin renunciar a él, resistir todo tipo de tentaciones y después comprender y conocer las diversas verdades que exige Dios en las distintas situaciones que dispone para ti, entonces, para Dios, básicamente habrás alcanzado la adecuación. Hay tres ingredientes fundamentales para lograr el desempeño adecuado del deber: la actitud con que tratas tu deber, la capacidad de resistir toda clase de tentaciones durante su cumplimiento y la capacidad de entender toda verdad mientras lo desempeñas.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

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