3. ¿Qué es la oración de la ceremonia religiosa? ¿Puede recibir la aprobación de Dios?

Versículos bíblicos como referencia:

“Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres” (Mateo 6:5).

Las palabras relevantes de Dios:

La fe en Dios requiere de una vida espiritual normal, que es la base para experimentar las palabras de Dios y entrar en la realidad. ¿Equivale a una “vida espiritual normal” toda vuestra práctica actual de oraciones, acercarse a Dios, cantar himnos, alabanzas, meditación, y de reflexionar sobre las palabras de Dios? Ninguno de vosotros parece saberlo. Una vida espiritual normal no se limita a prácticas como orar, cantar himnos, participar en la vida de la iglesia y comer y beber de las palabras de Dios. Más bien, implica vivir una nueva y dinámica vida espiritual. Lo que importa no es cómo se practica, sino qué fruto da la práctica. La mayoría de la gente cree que una vida espiritual normal implica necesariamente orar, cantar himnos, comer y beber de las palabras de Dios o reflexionar sobre ellas, sin que importe que tales prácticas tengan algún efecto o conduzcan a un verdadero entendimiento. Estas personas se centran en seguir procedimientos superficiales sin preocuparse por los resultados; viven en los rituales religiosos, no dentro de la iglesia, y ni mucho menos son personas del reino. Al orar, cantar himnos, y comer y beber de las palabras de Dios solo siguen reglas, lo hacen por obligación y para estar al día con las tendencias, no por voluntad propia ni de corazón. Por mucho que estas personas oren o canten, sus esfuerzos no darán ningún fruto, ya que solo practican las reglas y los rituales de la religión, no las palabras de Dios. Se centran solo en darle importancia a cómo practican, y tratan las palabras de Dios como reglas a seguir. Estas personas no están poniendo en práctica las palabras de Dios, solo están satisfaciendo la carne y actuando para que otras personas las vean. Todas estas reglas y rituales religiosos tienen un origen humano; no provienen de Dios. Dios no sigue reglas ni está sujeto a ninguna ley. En su lugar, Él hace cosas nuevas cada día, y así logra una obra práctica. Lo mismo sucede con la gente de la Iglesia de las Tres Autonomías, que se limitan a prácticas como asistir a diario a los servicios matutinos, ofrecer oraciones por la tarde y oraciones de gratitud antes de las comidas, y a dar gracias por todo; hagan lo que hagan y por mucho tiempo que lo hagan, no tendrán la obra del Espíritu Santo. Cuando las personas viven entre reglas y anclan sus corazones a métodos de práctica, el Espíritu Santo no puede obrar, ya que sus corazones están ocupados por reglas y nociones humanas. Por lo tanto, Dios es incapaz de intervenir y obrar en ellas, y solo pueden seguir viviendo bajo el control de las leyes. Tales personas nunca podrán recibir el elogio de Dios.

Extracto de ‘Acerca de una vida espiritual normal’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Cuándo oráis todos vosotros? ¿Por qué cosas oráis? La mayoría ora cuando sufre. Dicen: “¡Oh, Dios! ¡Estoy tan angustiado! ¡Por favor, ayúdame!”. Esto es lo primero que dicen. ¿Está bien orar siempre por vuestro sufrimiento? (No). Si no es así, ¿por qué, entonces, oráis siempre de esta manera? Por el modo en que esos personajes oran en los guiones y artículos que escribís, así como en las películas y vídeos que grabáis, veo que vosotros mismos no sois capaces de orar ni sabéis cómo hacerlo. No tenéis ni idea de lo que la gente debe decir y hacer cuando se presenta ante Dios; solo sabéis abrir la boca cuando estáis sufriendo para decirle: “¡Oh, Dios! ¡Estoy sufriendo tanto! Me siento tan abatido. Por favor, ayúdame”. Si no sabéis orar, entonces, ¿qué problema conlleva esto? ¿Es un problema grave o leve? (Grave). Si no sabes orar, entonces hay una cosa que por lo menos se puede confirmar y es que no sabes confiar en Dios, buscarle o permitirle que te guíe cuando te ocurre algo; cuando te enfrentas a un problema no sabes qué necesitas que Dios haga por ti, cómo colaborar con Dios o qué tipo de actitud has de tener. No comprendéis estas cosas, no sois más que legos. Algunas personas, de principio a fin, y sea cual sea el tipo de problema que afronten, no oran de verdad; cuando se presentan ante Dios no confían en Él con sinceridad, ni buscan de corazón. Simplemente dicen: “Dios, estoy sufriendo. ¡Oh, Dios! Estoy sufriendo tanto”. Repiten esta frase hasta que la gente se harta y se siente hastiada cuando la oye. La mayoría de vosotros oráis así, ¿no es verdad? (Sí). ¡A través de las oraciones de la gente se puede ver lo lamentable que es su condición! Tú solo buscas a Dios cuando sufres, y cuando no sufres y no afrontas ningún problema, sientes que no lo necesitas y no quieres confiar en Él. Lo único que quieres es ser dueño de ti mismo. ¿No es esta tu condición? (Sí). ¿Cómo ora la mayoría cuando experimenta el juicio, el castigo, la poda y el trato de las palabras de Dios y cuando reconoce su propio carácter corrupto? Son todos de la misma clase y dicen: “Dios, estoy sufriendo. ¡Oh, Dios! Estoy sufriendo tanto”. ¿No os hacen sentir indignados estas palabras? (Sí). Cuando os presentáis ante Dios, ¿realmente necesitáis que os esclarezca con un poco de otra cosa? ¿Acaso no necesitáis fe y fuerza, o que Dios sea vuestro pilar, que, aún más, os esclarezca y os guíe para que caminéis bien por la senda hacia delante? ¿Acaso no necesitas Su disciplina y castigo? ¿No necesitas Su guía? ¿Solo lo necesitas para que alivie tu sufrimiento? La gente está verdaderamente marchita por dentro y su condición es deplorable. No saber cómo orar puede parecer un problema insignificante, pero en realidad, cuando estudias este pequeño problema y analizas su naturaleza, ves que no es insignificante en absoluto. Esto demuestra que tú, como persona, no tienes ningún tipo de vida en absoluto, y en lo poco de vida que sí tienes, te relacionas con Dios con muy poca frecuencia. Simplemente no has establecido el tipo de relación entre Dios y tú que debería existir entre Dios y Sus seguidores o entre los objetos de la creación y su Creador. Cuando te enfrentas a un problema, tomas decisiones según tus propias conjeturas, nociones, pensamientos, conocimiento, dones y talentos subjetivos y tus actitudes corruptas; no tienes nada que ver con Dios, y por eso, cuando acudes a Él nunca tienes nada que decirle. ¡Este es el penoso estado de las personas que creen en Dios! ¡Es una condición tan deplorable! Por dentro, las personas están marchitas y entumecidas; no sienten nada por estas cosas ni tienen ningún entendimiento de ellas. Cuando acuden a Dios no tienen nada que decir. Sea cual sea la situación en la que te encuentres, el apuro con el que te enfrentes, y por muchas dificultades que pases, si te quedas sin palabras ante Dios, ¿no se puede poner en duda tu fe? ¿No es este el rostro deplorable de las personas? Después de haber creído en Dios durante muchos años, todavía tienes que aprender a orar de nuevo, todavía no sabes cómo orar, y cuando surgen problemas, simplemente gritas lemas y tomas determinaciones o te quejas con Dios para expresar tus agravios, explicar cómo sufres o, de otro modo, racionalizas y te justificas en la confesión. No es de extrañar que hayáis tardado en entrar en la verdad.

Extracto de ‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (17)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

No hay nada que Dios desprecie más que las oraciones de las ceremonias religiosas. Dios solo acepta las oraciones sinceras. Si no tienes nada sincero que decir, calla; no hables siempre en falso ni jures sin pensar ante Dios para tratar de engañarlo hablándole de cuánto lo amas, de cuánta lealtad quieres tenerle. Si no puedes cumplir tus deseos, si careces de esta determinación y estatura, no ores así ante Dios en ninguna circunstancia. Eso es mofarse. Mofarse significa burlarse de alguien, jugar con él. Cuando la gente ora ante Dios con esta actitud, esto es, como mínimo, un engaño. En el peor de los casos, si lo haces a menudo, tienes un carácter totalmente despreciable. Si Dios te condenara, ¡lo llamaría blasfemia! La gente no tiene veneración por Dios, no sabe venerarlo, amarlo ni satisfacerlo. Si no tiene clara la verdad o su carácter es corrupto, Dios lo dejará pasar. Sin embargo, lleva ese carácter ante Dios y lo trata como tratan los incrédulos a los demás. Para colmo, se arrodillan solemnemente ante Él en oración, en la que emplean estas palabras para tratar de embaucarlo, y, cuando terminan, no solo no se reprochan nada, sino que tampoco tienen idea de la gravedad de sus actos. En tal caso, ¿está Dios con ellos? ¿Puede recibir esclarecimiento e iluminación alguien completamente desprovisto de la presencia de Dios? ¿Puede recibir el esclarecimiento de la verdad? (No). Así pues, tiene un problema. ¿Habéis orado muchas veces de esa manera? ¿Lo soléis hacer? Cuando la gente pasa demasiado tiempo en el mundo exterior, apesta al hedor de la sociedad, se agranda su naturaleza inescrupulosa y se impregna de venenos y modos de vida satánicos; de su boca salen palabras de falsedad y engaño, habla sin pensar o dice palabras que no contienen sino sus motivaciones y objetivos, y rara vez tiene las motivaciones adecuadas. Estos problemas son graves. Cuando la gente lleva estas filosofías y estos modos de vida satánicos ante Dios, ¿no ofende Su carácter? ¿Y qué consecuencia traerá esto? De manera superficial, estas oraciones son intentos de engañar y burlar a Dios, y son incompatibles con Su voluntad y requerimientos. Fundamentalmente hablando, esto lo causa la naturaleza humana; no es una revelación momentánea de corrupción.

Extracto de ‘Sólo cuando te conoces a ti mismo puedes buscar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

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