165. Principios de la salvación de la humanidad por parte de Dios en la medida de lo posible

(1) La humanidad está tan hondamente sumida en la corrupción que la noción o el malentendido más pequeño la hace proclive a traicionar a Dios. No obstante, siempre que haya un resquicio de esperanza, Dios no la abandonará.

(2) Mientras uno sea capaz de conocerse a sí mismo, de arrepentirse y transformarse, Dios no recordará sus transgresiones pasadas por muy grandes que sean.

(3) Durante la época en que Dios realiza Su obra mediante Sus palabras, no castiga a nadie a la ligera, sino que es tolerante en la medida de lo posible. Le da a la gente oportunidades de arrepentimiento.

(4) Aquellos a quienes salva Dios son buenas personas que creen sinceramente en Él. Detesta y maldice a los anticristos, a los malvados, a los demonios inmundos y a los espíritus malignos. Esos a los que detesta Dios perecerán sin duda alguna.

Las palabras relevantes de Dios:

El propósito de la obra de Dios en el hombre es permitirle cumplir la voluntad de Dios y se hace para traerle la salvación. Por lo tanto, durante el tiempo de Su salvación del hombre Él no hace la obra de castigarlo. Mientras trae la salvación al hombre, Dios no castiga el mal o recompensa el bien, ni tampoco revela los destinos de varias clases de personas. En cambio, sólo después de que la etapa final de Su obra esté completa, Él hará la obra de castigar el mal y recompensar el bien y sólo entonces revelará los finales de todas las diferentes clases de personas. Los que son castigados serán aquellos que realmente son incapaces de ser salvados, mientras que los que son salvados serán aquellos que han obtenido la salvación de Dios durante el tiempo de Su salvación del hombre. Mientras Dios hace la obra de salvación, todos los que puedan ser salvados lo serán en todo lo posible, sin descartar a ninguno de ellos, ya que el propósito de la obra de Dios es salvar al hombre. Todos aquellos que durante el tiempo de la salvación del hombre por parte de Dios no puedan alcanzar un cambio en su carácter, además de todos aquellos que no puedan someterse completamente a Dios, se convertirán en objetos de castigo. Esta etapa de la obra —la obra de las palabras— desbloqueará para el hombre todos los caminos y misterios que no entiende para que el hombre pueda entender la voluntad y las demandas de Dios hacia el hombre, para que pueda tener los requisitos previos para poner en práctica las palabras de Dios y lograr cambios en su carácter. Dios sólo usa palabras para hacer Su obra y no castiga a las personas por ser un poco rebeldes. Esto es porque ahora es el tiempo de la obra de salvación. Si cualquiera que actúa con rebeldía fuera castigado, entonces nadie tendría la oportunidad de ser salvado; todos serían castigados y caerían en el Hades. El propósito de las palabras que juzgan al hombre es permitirle conocerse y someterse a Dios, no es para castigar por medio de ese juicio. Durante el tiempo de la obra de las palabras, muchas personas expondrán su rebeldía y desafío, además de su desobediencia hacia el Dios encarnado. Sin embargo, Él no castigará a todas estas personas a consecuencia de ello; en lugar de eso, sólo descartará a los que son corruptos hasta la médula y que no pueden ser salvados. Él le dará su carne a Satanás y, en unos cuantos casos, pondrá fin a su carne. Los que hayan quedado continuarán siguiendo y experimentando el trato y la poda. Si, mientras siguen, esas personas todavía no son capaces de aceptar ser tratados y podados y se vuelven cada vez más degenerados, entonces habrán perdido su oportunidad de salvación. Todas las personas que se hayan sometido a la conquista de las palabras tendrán una amplia oportunidad para la salvación. La salvación de Dios de cada una de estas personas les mostrará Su máxima indulgencia. En otras palabras, se les mostrará la máxima tolerancia. Siempre que las personas se vuelvan de la senda equivocada, y siempre que se puedan arrepentir, Dios les dará oportunidades de obtener Su salvación. Cuando los humanos se rebelan contra Dios por primera vez, Él no tiene el deseo de hacerles morir, sino que hará todo lo posible por salvarlos. Si alguien realmente no tiene cabida en la salvación, entonces Dios lo descartará. La razón de que Dios sea lento para castigar a ciertas personas es que Él quiere salvar a todas las personas que pueden ser salvadas. Él las juzga, ilumina y guía sólo con palabras y no usa una vara para hacerlas morir. Emplear palabras para traer salvación a los seres humanos es el propósito y el significado de la etapa final de la obra.

Extracto de ‘Debes dejar de lado las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para traer la salvación al hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Algunos dicen: “Mi naturaleza no es buena, ¡así que dejaré que siga su curso! Si no puedo lograr el éxito en mi búsqueda, no hay nada que hacer al respecto”. Estas personas son extremadamente negativas; tanto que han perdido la esperanza por ellas mismas. Son irredimibles. ¿Te has esforzado tú? Si realmente lo has hecho y estás dispuesto a padecer dificultades, ¿por qué no puedes abandonar la carne? ¿No eres una persona con corazón y cabeza? ¿Cómo oras cada día? ¿No puedes buscar la verdad y ampararte en Dios? Para ti, dejar que la naturaleza siga su curso significa esperar pasivamente; no aspiras a colaborar de forma proactiva con Dios. Dejar que la naturaleza siga su curso es tanto como decir: “No tiene sentido que haga nada; Dios lo predestina todo”. ¿Es esta la verdadera voluntad de Dios? Si no lo es, ¿por qué no colaboras con Él? Algunas personas que han cometido una pequeña transgresión se preguntan: “¿Me ha desenmascarado y eliminado Dios? ¿Me abatirá?”. Esta vez Dios no ha venido a obrar para abatir a las personas, sino para salvarlas en la mayor medida posible. ¿Quién está totalmente libre del error? Si todos fueran abatidos, entonces ¿cómo podría ser “salvación”? Algunas transgresiones se cometen a propósito, mientras que otras se hacen de forma involuntaria. Si puedes cambiar después de reconocer las transgresiones que cometes de manera involuntaria; ¿te abatiría Dios antes de que cambiaras? ¿Así salva Dios a las personas? ¡No es así cómo obra Dios! Independientemente de que transgredas sin querer o guiado por una naturaleza rebelde, debes recordar que, después de haber cometido la transgresión, debes darte prisa, despertar a la realidad y seguir adelante, no importa qué situación surja, debes continuar avanzando. La obra que está haciendo Dios es la de la salvación, y Él no abate de manera casual a aquellos a los que quiere salvar. Independientemente del grado en que seas capaz de transformarte, aunque Dios finalmente te abatiera, sería ciertamente justo que lo hiciera y te lo haría entender a su debido tiempo. Por ahora os debéis preocupar de esforzaros por la verdad, de centraros en la entrada en la vida y de tratar de cumplir adecuadamente con el deber. ¡En esto no hay equivocación! En última instancia, independientemente de cómo te trate Dios, siempre es justo; no deberías poner esto en duda ni preocuparte. Aunque no puedas entender la justicia de Dios en este momento llegará un día en que quedarás convencido. Ciertamente Dios no es como un oficial del gobierno ni como el rey de los diablos. Si consideráis detenidamente este asunto, llegaréis a la conclusión de que la obra de Dios consiste en salvar a las personas y transformar su carácter. Como Su obra es la obra de transformación del carácter de las personas, si estas no revelan su corrupción, no se puede hacer nada y no se conseguirá nada. Si después de que hayas revelado tu corrupción no te arrepientes en lo más mínimo y sigues actuando de la misma manera, ofenderás el carácter de Dios. Él infligirá diferentes grados de retribución sobre el hombre y este pagará el precio por sus transgresiones. De vez en cuando te vuelves inconscientemente disoluto y Dios te lo señala, te poda y trata contigo. Si cambias para bien, Dios no te pedirá cuentas. Este es el proceso normal de la transformación del carácter; la verdadera importancia de la obra de salvación es evidente en este proceso. ¡Ésta es la clave! Toma, por ejemplo, los límites entre hombres y mujeres; hoy actúas siguiendo el impulso de tomar a alguien de la mano, pero, cuando llegas a casa, reflexionas: “¿No ha sido esa una conducta inmoral? ¿No ha sido pecado? ¿No deshonra a Dios vulnerar los límites entre hombres y mujeres? ¿Cómo he podido hacer algo así?”. Una vez entendido esto, te apresuras a presentarte ante Dios a orar: “¡Oh, Dios mío! He pecado de nuevo. Lo que he hecho está en conflicto con la verdad y desprecio mi carne corrupta”. Decides mantenerte claramente alejado de esos asuntos cuando surjan en el futuro para evitar incluso el roce de un dedo tuyo con uno de otra persona. ¿Esto no es una transformación? Si te has transformado de este modo, ¿te condenará igualmente Dios por tomar a alguien de la mano? Si tomaste a alguien de la mano y te parece incorrecto, pero no admites tu pecado ante Dios porque piensas que no fue nada vergonzoso y no te desprecias a ti mismo, no estás alerta ni decides abandonar la carne, en lo sucesivo no solo tomarás a una persona de la mano, sino que ¡la abrazarás! El asunto irá cada vez más en serio y te conducirá a pecar, por lo que Dios te condenará. Pecarás una y otra vez y será imposible que te salves. Si involuntariamente revelas una pequeña parte de un carácter corrupto y después eres capaz de arrepentirte sinceramente, abandonar la carne y poner en práctica la verdad, Dios no te condenará y todavía podrás salvarte. Dios obra para salvar a las personas y es inevitable que la naturaleza de estas se revele hasta cierto punto; sin embargo, tú debes centrarte en lograr el arrepentimiento y la transformación a tiempo. ¿No satisfaría esto la voluntad de Dios? Hay quienes no lo creen así y siempre miran a Dios con recelo. Esas personas sufrirán tarde o temprano.

Como he citado anteriormente, los acontecimientos del pasado pueden borrarse de golpe; es posible hacer que el futuro sustituya al pasado; la tolerancia de Dios es infinita como el mar. No obstante, también hay unos principios en estas palabras. No es que Dios borre cualquier pecado que hayas cometido por muy grande que sea. Toda la obra de Dios tiene principios. Tiempo atrás se estableció un decreto administrativo sobre esta cuestión: Dios perdona y absuelve todos los pecados que uno cometa antes de aceptar Su nombre, y hay un sistema que se ocupa de aquellos que continúan pecando ya dentro de la iglesia: a quien cometa un pecado venial se le da la oportunidad de arrepentirse, mientras que los reincidentes son expulsados. Dios siempre ha sido tolerante con la gente en la medida de lo posible dentro de Su obra, lo que evidencia que la obra de Dios es, en verdad, la de la salvación de las personas. Ahora bien, si en esta etapa final de Su obra cometes pecados imperdonables, entonces eres realmente irredimible y no puedes transformarte. Dios tiene un proceso de purificación y transformación del carácter de las personas. Durante la manifestación y transformación constantes de la naturaleza corrupta de la gente, Dios alcanza Su objetivo de salvación. Algunos piensan: “Como es mi naturaleza, la exhibiré todo lo que pueda y, una vez exhibida, la conoceré y pondré en práctica la verdad”. ¿Es necesario este proceso? Si verdaderamente eres de los que ponen en práctica la verdad y ves en ti mismo algunos de los diversos conflictos de los demás, harás por evitar las mismas conductas en ti. ¿No es esta una transformación indirecta? A veces se te ocurre hacer algo, pero antes te das cuenta de que está mal y lo dejas. ¿No te aboca también esto a la salvación? La práctica de cada verdad es un proceso. Cuando uno acaba de empezar a practicar, son imposibles la rigurosidad y la ausencia de errores, así como una práctica no contaminada por la propia voluntad. Quedan varios asuntos de los que te ocupas íntegramente según tu voluntad, pero, una vez tratado y podado, al final lograrás practicar exclusivamente de acuerdo con la voluntad y las palabras de Dios. Esto es la transformación.

Extracto de ‘La voluntad de Dios es salvar a las personas en la mayor medida posible’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Dios había despreciado al hombre, porque el hombre era hostil con Él; pero en Su corazón, Su cuidado, preocupación y misericordia por la humanidad permanecían inmutables. Incluso cuando destruyó a la humanidad, Su corazón permaneció inmutable. Cuando esta estaba llena de corrupción y hasta un punto doloroso le desobedeció a Dios, Él tuvo que destruirla por Su carácter y Su esencia, y de acuerdo con Sus principios. Pero por Su esencia, Dios siguió compadeciéndose de ella, y hasta quiso usar diversas formas para redimirla, a fin de que continuase viviendo. El hombre, sin embargo, se opuso a Dios, siguió desobedeciéndole y se negó a aceptar Su salvación, es decir, se negó a aceptar Sus buenas intenciones. No importa cómo lo llamó Dios, lo recordó, le proveyó, lo ayudó o toleró, el hombre no lo entendía ni lo apreciaba, ni le prestaba atención. En Su dolor, Dios no olvidó concederle al hombre Su máxima tolerancia, esperando que el hombre cambie de rumbo. Después de alcanzar Su límite, hizo lo que tuvo que hacer sin dudarlo. En otras palabras, hubo un período de tiempo y un proceso específicos desde el momento en que Dios planeó destruir la humanidad hasta el comienzo de Su obra de destrucción de la misma. Este proceso existió con el propósito de capacitar al hombre para que cambiase de rumbo, y esta fue la última oportunidad que Dios le dio al hombre. ¿Qué hizo Dios, pues, en este período anterior a la destrucción de la humanidad? Llevó a cabo una cantidad significativa de trabajo de recordatorio y de exhortación. Independientemente del dolor y del pesar que había en Su corazón, Él continuó prestando Su cuidado, Su preocupación y Su abundante misericordia en la humanidad. ¿Qué vemos a partir de esto? Indudablemente, que el amor de Dios por la humanidad es real y no algo que sólo se dice de boquilla. Es real, tangible y apreciable; no es fingido ni está adulterado, ni es engañoso o pretencioso. Dios nunca usa un engaño ni crea falsas imágenes para que las personas vean que es digno de ser amado. Nunca usa el falso testimonio para que las personas vean Su atractivo ni para alardear de Su hermosura y santidad. ¿No son dignos del amor del hombre estos aspectos del carácter de Dios? ¿No son dignos de adorar? ¿No son dignos de estimar? En este punto, quiero preguntaros: Después de oír estas palabras, ¿pensáis que la grandeza de Dios se reduce a simples palabras vacías en una hoja de papel? ¿Es el encanto de Dios meras palabras vacías? ¡No! ¡Sin duda no! La supremacía, la grandeza, la santidad, la tolerancia, el amor de Dios, etc., cada detalle de cada uno de los distintos aspectos del carácter y la esencia de Dios encuentran expresión práctica cada vez que Él lleva a cabo Su obra, están encarnados en Su voluntad hacia el hombre, y también son cumplidos y reflejados en cada persona. Independientemente de que lo hayas sentido antes o no, Dios está cuidando de cada persona de todas las maneras posibles, usando Su corazón sincero, Su sabiduría, y diversos métodos para calentar el corazón de cada persona, y despertar su espíritu. Este hecho es indiscutible.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

No quiero ver a nadie con la sensación de que Dios lo ha dejado a la intemperie, que Dios lo ha abandonado o le ha dado la espalda. Lo único que quiero es veros a todos en el camino de la búsqueda de la verdad y buscando entender a Dios, marchando osadamente hacia adelante con una determinación inquebrantable, sin ningún tipo de dudas o cargas. No importa qué errores hayas cometido, no importa lo lejos que te hayas desviado o lo gravemente que hayas transgredido, no dejes que se conviertan en cargas o en un exceso de equipaje que tengas que llevar contigo en tu búsqueda de entender a Dios. Continúa marchando hacia adelante. En todo momento, Dios tiene la salvación del hombre en Su corazón; eso nunca cambia. Esta es la parte más preciosa de la esencia de Dios.

Extracto de ‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”

Debemos decidir que, independientemente de la gravedad de nuestras circunstancias, del tipo de dificultades que nos sucedan y de nuestro grado de debilidad o negatividad, no hemos de perder la fe en la transformación del carácter ni en las palabras pronunciadas por Dios. Dios le dio al hombre una promesa y el hombre debe tener determinación y perseverancia para recibir esta promesa. A Dios no le agradan los cobardes, sino los decididos. Puede que hayas revelado mucha corrupción, tomado muchos senderos torcidos, cometido numerosas transgresiones o desafiado anteriormente a Dios; por otra parte, es posible que en el corazón de algunas personas haya blasfemias, quejas o rebeldía hacia Dios, pero Él no se fija en estas cosas, sino en si algún día se transformarán. En la Biblia hay una historia sobre el regreso del hijo pródigo. ¿Por qué contó esa parábola el Señor Jesús? La voluntad de Dios de salvar a la humanidad es sincera. Le da a la gente oportunidades de arrepentimiento y de transformación. Durante este proceso, entiende a la gente y conoce a fondo sus debilidades y el alcance de su corrupción. Sabe que tropezará y fallará. Es como cuando los niños aprenden a andar: por muy fuerte que sea tu cuerpo, habrá momentos en que tropieces y otros en que caminarás a trompicones. Dios comprende a cada persona como una madre comprende a su hijo. Entiende las dificultades, las debilidades y, asimismo, las necesidades de cada persona; entiende, además, con qué problemas se topará la gente durante su entrada en la transformación del carácter, qué debilidades sufrirán, qué fracasos tendrán lugar; no hay nada que Dios comprenda mejor. Dios escruta así lo más hondo del corazón del hombre. Por muy débil que seas, mientras no renuncies al nombre de Dios, no lo abandones a Él y no te apartes de este camino, siempre tendrás la oportunidad de alcanzar la transformación del carácter. Que tengamos la oportunidad de alcanzar la transformación de nuestro carácter significa que tenemos esperanza de perdurar, y esto significa que tenemos esperanza de que Dios nos salve.

Extracto de ‘¿Qué son los cambios en el carácter y la senda que lleva a los cambios de carácter?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

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