122. Principios para ser una persona honesta

(1) Al formarse para ser una persona honesta, es necesario confiar en Dios. Entregarle tu corazón y aceptar Su escrutinio. Solo así se puede, con el tiempo, desechar las mentiras y engaños;

(2) Es necesario aceptar la verdad y reflexionar sobre cada una de tus palabras y actos. Analizar el origen y la esencia de la corrupción que revelas, y llegar a conocerse realmente a uno mismo;

(3) Es necesario investigar en qué asuntos tiene uno arrebatos de contar mentiras y albergar engaños. Atrévete a analizarte y a exponerte, a disculparte con los demás y a enmendarte.

(4) El discurso y las acciones de uno deben basarse en las palabras de Dios. Ora a Dios, renuncia a tus preferencias e intenciones carnales, y habla y actúa de acuerdo con la verdad el principio;

(5) Es necesario ser fiel a las comisiones de Dios; cumplir bien con tu deber según Sus requerimientos, y no ser descuidado y superficial ni falso y engañoso, sino honesto y digno de confianza tanto en la palabra como en la acción.

Las palabras relevantes de Dios:

Debéis saber que a Dios le gustan los que son honestos. En esencia, Dios es fiel, y por lo tanto siempre se puede confiar en Sus palabras. Más aún, Sus acciones son intachables e incuestionables, razón por la cual a Dios le gustan aquellos que son absolutamente honestos con Él. Honestidad significa dar tu corazón a Dios; ser auténtico y abierto con Dios en todas las cosas, nunca esconderle los hechos, no tratar de engañar a aquellos por encima y por debajo de ti, y no hacer cosas solo para ganaros el favor de Dios. En pocas palabras, ser honesto es ser puro en tus acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre. Lo que hablo es muy simple, pero es doblemente arduo para vosotros. Mucha gente preferiría ser condenada al infierno que hablar y actuar con honestidad. No es de extrañar que Yo tenga otro trato reservado para aquellos que son deshonestos. Por supuesto, sé muy bien lo difícil que es para vosotros ser honestos. Como todos sois tan inteligentes, tan buenos para juzgar a la gente con vuestra mezquina vara de medir, esto hace Mi obra mucho más simple. Y puesto que cada uno de vosotros alberga secretos en su corazón, entonces os enviaré uno por uno al desastre para ser “instruidos” por el fuego, para que a partir de ese momento creáis a muerte en Mis palabras. Por último, arrancaré de vuestra boca las palabras “Dios es un Dios fiel”, tras lo cual os golpearéis el pecho y os lamentaréis, diciendo: “¡Tortuoso es el corazón del hombre!”. ¿Cuál será vuestro estado de ánimo en ese momento? Me imagino que no seréis tan triunfantes como sois ahora y que, mucho menos, seréis tan “profundos y abstrusos”. En presencia de Dios, algunas personas son mojigatas y decentes, se esfuerzan por ser “bien educados”, pero sacan los colmillos y blanden sus garras en presencia del Espíritu. ¿Contaríais a esas personas en las filas de los honestos? Si eres un hipócrita, alguien con habilidad para las “relaciones interpersonales”, entonces Yo te digo que definitivamente eres alguien que intenta jugar con Dios. Si tus palabras están llenas de excusas y justificaciones que nada valen, entonces Yo te digo que eres alguien muy poco dispuesto a practicar la verdad. Si tienes muchas confidencias que eres reacio a compartir, si eres tan reticente a dejar al descubierto tus secretos, tus dificultades, ante los demás para buscar el camino de la luz, entonces digo que eres alguien que no logrará la salvación fácilmente ni saldrá de las tinieblas con facilidad. Si buscar el camino de la verdad te causa placer, entonces eres alguien que vive siempre en la luz. Si te sientes muy contento de ser un hacedor de servicio en la casa de Dios, trabajando de forma diligente y concienzuda en la oscuridad, siempre dando y nunca quitando, entonces Yo te digo que eres un santo leal, porque no buscas ninguna recompensa y estás simplemente siendo una persona honesta. Si estás dispuesto a ser franco, si estás dispuesto a esforzarte al máximo, si eres capaz de sacrificar tu vida por Dios y mantenerte firme en tu testimonio, si eres honesto hasta el punto en que solo sabes satisfacer a Dios y no considerarte o tomar las cosas para ti mismo, entonces Yo digo que tales personas son las que se alimentan en la luz y vivirán para siempre en el reino.

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

Valoro en gran manera a aquellos que no sospechan de los demás y también me gustan mucho los que aceptan de buena gana la verdad; a estas dos clases de personas les muestro gran cuidado, porque ante Mis ojos, son personas sinceras. Si eres muy deshonesto, entonces tendrás un corazón precavido y pensamientos de sospecha respecto a todo y a todos y por esta razón, tu fe en Mí estará edificada sobre un cimiento de sospecha. Esta clase de fe es una que jamás podría reconocer. Al faltarte la fe verdadera, estarás incluso más lejos del verdadero amor. Y si puedes dudar de Dios y especular sobre Él a voluntad, entonces sin duda eres la persona más engañosa de todas. Especulas si Dios puede ser como el hombre: imperdonablemente pecaminoso, de temperamento mezquino, carente de imparcialidad y de razón, falto de un sentido de justicia, entregado a tácticas despiadadas, traicioneras y arteras, y que se deleita en el mal y la oscuridad y ese tipo de cosas. ¿Acaso el hombre no tiene tales pensamientos porque no conoce a Dios en lo más mínimo? ¡Esta forma de fe no se diferencia del pecado! Es más, hay incluso quienes creen que los que me agradan son precisamente los más aduladores y lisonjeros, y que todo aquel que carezca de estas habilidades no será bienvenido y perderá su lugar en la casa de Dios. ¿Es este el único conocimiento que habéis cosechado en todos estos años? ¿Es esto lo que habéis obtenido? Y vuestro conocimiento de Mí no termina en estas malas interpretaciones; peor aún es vuestra blasfemia contra el Espíritu de Dios y la calumnia sobre el cielo. Por eso afirmo que esta fe como la de vosotros sólo hará que os alejéis cada vez más de Mí y que os opongáis cada vez más a Mí.

Extracto de ‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas deben abordar tanto el deber como a Dios con un corazón honesto; esa es la sabiduría más elevada. ¿Qué actitud debe tener la gente para tratar a Dios con un corazón honesto? La gente debe esforzarse por Dios en su deber sin cuestionar si eso le traerá desastres o bendiciones, sin poner condiciones y sometiéndose a las orquestaciones de Dios; una persona así posee un corazón honesto. ¿Poseen un corazón honesto los que siempre dudan, los que siempre ponen condiciones y se dedican a investigar sin cesar? ¿Qué reside dentro del corazón de una persona semejante? Dentro de ese corazón hay engaño y maldad, y siempre se están dedicando a la investigación. Cuando sucede algo que afecta sus intereses personales, reflexionan: “¿En qué pensaba Dios cuando me hizo esto y dispuso esta situación para mí? ¿Es algo que les ha sucedido a otras personas? Cuando termine de pasar por esto, ¿cuáles serán las consecuencias?”. Investigan tales cuestiones, investigan lo que pueden ganar o perder, si el asunto en cuestión les causará un desastre o una bendición. Una vez empiezan a investigar estas cuestiones, ¿son capaces de practicar la verdad? ¿Son capaces de obedecer a Dios? (No). Cuando empiezan con un deber, investigan y preguntan: “¿Sufriré si cumplo con este deber? ¿Habré de pasar mucho tiempo fuera, podré comer y descansar con regularidad? ¿Y con qué clase de gente entraré en contacto?”. Aunque en la superficie aceptan ese deber, en su corazón albergan el engaño y están constantemente investigando tales cosas. De hecho, todas estas cosas que investigan se relacionan con sus intereses personales; no consideran los intereses de la casa de Dios, solo los propios. Si solo consideran sus propios intereses, no les es fácil practicar la verdad y no tienen una verdadera obediencia a Dios. ¿Qué pasa al final con muchas de estas personas que se dedican a este tipo de investigación? Algunos se rebelan contra Dios; es decir, hacen cosas llenas de emociones negativas, se mantienen alerta mientras obran. ¿Qué tipo de carácter despierta estas emociones? El engaño y la maldad. Al llegar al extremo de ser malvados, ¡estas personas se están enfrentando a Dios! Al estar investigando constantemente, su atención queda dividida, ¿pueden cumplir entonces correctamente el deber en este estado? No adoran a Dios con honestidad y con su espíritu, no tienen un corazón honesto y, mientras cumplen con el deber, siempre son cautos y se contienen. ¿Qué es lo que resulta de esto? Dios no obra sobre ellos, hagan lo que hagan son incapaces de hallar los principios, y todo lo que hacen les sale siempre mal. ¿Por qué les salen siempre mal las cosas? A veces no se trata de que Dios los exponga, sino de que se arruinan a sí mismos. No tienen en cuenta la obra ni los intereses de la casa de Dios; siempre están tramando por su cuenta y haciendo planes en aras de su prestigio y estatus. No paran de hacer tales cosas y luego acaban por desviarse. Entre hacer planes en aras de sus propios intereses y perspectivas de futuro o ser considerados con la obra de la casa de Dios y los intereses de esta, ¿es el mismo el resultado de sus acciones? No, desde luego que no lo es. Están expuestos, y este comportamiento no constituye el cumplimiento del deber; la esencia y la naturaleza de las acciones de esta persona han cambiado.

Extracto de ‘Solo buscando los principios de la verdad puede uno desempeñar bien su deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Por qué se involucran las personas en el engaño? Lo hacen para conseguir sus propias metas y alcanzar los objetivos que desean y así, adoptan ciertos métodos. Una vez dan esos pasos, demuestran que no son justas ni honestas, sino que son deshonestas. En esas ocasiones se revelan la insidia y la astucia de las personas o su malicia y su bajeza. Con estas cosas dentro de ellas, las personas sienten que resulta especialmente difícil ser honesto; sin estas cosas, te parecería que ser honesto es fácil. Los mayores obstáculos para la honestidad son la insidia, el engaño, la malicia y las motivaciones innobles de las personas.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Todos los que no viven su vida con sinceridad, que se comportan de una manera delante de los demás, pero de otra a sus espaldas, los que dan la apariencia de humildad, paciencia y amor, aunque su esencia sea insidiosa, astuta y sin lealtad a Dios, tales hombres son los representantes típicos de quienes viven bajo la influencia de las tinieblas. Son la estirpe de la serpiente. Aquellos que solo creen en Dios por su propio beneficio, que son santurrones y soberbios, que presumen y protegen su propio estatus, son personas que aman a Satanás y se oponen a la verdad. Estas personas se resisten a Dios y pertenecen completamente a Satanás. Los que no están atentos a las cargas de Dios, que no sirven a Dios incondicionalmente, que están siempre preocupados con sus propios intereses y los de su familia, que son incapaces de abandonarlo todo y erogar para Dios, y que nunca viven conforme a Sus palabras, están viviendo fuera de Sus palabras. Tales personas no recibirán la alabanza de Dios.

Extracto de ‘Escapa de la influencia de las tinieblas y Dios te ganará’ en “La Palabra manifestada en carne”

Que Dios les pida a las personas que sean honestas demuestra que verdaderamente aborrece a los astutos, y que no le gustan las personas astutas. El hecho de que no le gusten las personas astutas significa que le desagradan sus acciones, su carácter y sus motivaciones; es decir, a Él no le gusta la forma en la que hacen las cosas. Por tanto, si queremos agradarle a Dios, primero debemos cambiar nuestras acciones y el modo de nuestra existencia. Previamente nos basábamos en mentiras y pretensiones para vivir entre las personas, usándolas como nuestro capital y base existencial, la vida y el fundamento por el que nos conducíamos. Eso era algo que Dios despreciaba. Entre los no creyentes del mundo, si no sabes cómo ser manipulador o deshonesto podría resultarte difícil mantener una postura firme. Solo podrías decir mentiras, participar en engaños y utilizar métodos intrigantes e insidiosos para protegerte y camuflarte con el fin de obtener una mejor vida. En la casa de Dios, ocurre precisamente lo opuesto: mientras más deshonesto eres y más empleas manipulaciones sofisticadas para fingir y encubrirte, menos capaz eres de mantener una postura firme y más te desprecia y rechaza Dios. Dios ha predestinado que solo las personas honestas puedan formar parte del reino de los cielos. Si no eres honesto y si en tu vida, tu práctica no está dirigida a ser honesto y no revelas tu verdadero rostro, entonces jamás tendrás oportunidad alguna de obtener la obra de Dios o Sus elogios.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Como una persona honesta, primero debes desnudar tu corazón de modo que todos puedan mirarlo, ver todo lo que estás pensando y atisbar tu verdadero rostro; no debes tratar de disfrazarte ni encubrirte para verte bien. Solo entonces confiarán las personas en ti y te considerarán honesto. Esta es la práctica más fundamental y es el prerrequisito para ser una persona honesta. Siempre estás fingiendo, aparentando santidad, virtud, grandeza y cualidades morales elevadas. No permites que nadie vea tu corrupción y tus defectos. Presentas una falsa imagen de ti a las personas, para que crean que eres recto, noble, abnegado, imparcial y desinteresado. Esto es engaño. No te pongas un disfraz y no te encubras; más bien, ponte al descubierto y desnuda tu corazón para que los demás lo vean. Si puedes abrir tu corazón para que otros lo vean, y puedes exponer todos tus pensamientos y planes, tanto positivos y negativos—, entonces ¿no estarás siendo honesto? Si puedes desnudarte para que otros te vean, entonces Dios también te verá y dirá: “Te has desnudado para que otros vean y, por tanto, no cabe duda de que también eres honesto delante de Mí”. Si solo te desnudas delante de Dios, fuera de la vista de los demás, y siempre finges ser noble y virtuoso, o justo y desinteresado cuando estás en su compañía, entonces ¿qué pensará y dirá Dios? Dirá: “Eres auténticamente deshonesto; eres totalmente hipócrita y mezquino y no eres una persona honesta”. Así pues, Dios te condenará. Si deseas ser una persona honesta, entonces, independientemente de lo que hagas delante de Dios o de otros, deberías poder abrirte y exponerte. ¿Es esto fácil de lograr? Requiere tiempo; requiere una batalla interna, y debemos practicar constantemente. Poco a poco, nuestro corazón se abrirá y podremos exponernos.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Al practicar para ser una persona honesta, primero has de aprender a abrir tu corazón a Dios y orar todos los días para contarle lo que hay en tu corazón. Supón que hoy has dicho alguna mentira; aún no lo sabe nadie ni te has armado de valor para sincerarte con todos. Como mínimo, has de llevar inmediatamente ante Dios los errores, mentiras y embustes que has escudriñado y descubierto en tu conducta hoy, confesar tus pecados y decir: “Oh, Dios mío, otra vez he mentido. Lo hice por tal o cual cosa. Te ruego que me disciplines”. Si tienes semejante actitud, Dios te aceptará y lo recordará. Tal vez te resulte muy agotador y laborioso corregir el defecto o la actitud corrupta de mentir, pero no temas: Dios está contigo y te guiará y ayudará para que superes esta dificultad recurrente dándote valor para no mentir o para reconocer que has mentido; para reconocer qué mentiras has dicho, por qué mentiste y cuáles eran tus intenciones y objetivos; para reconocer que no eres honesto y eres mentiroso; además, te dará valor para atravesar esta barrera y escapar de la jaula de Satanás, lejos de su control. Así, poco a poco lograrás vivir en la luz, guiado y bendecido por Dios. Cuando hayas atravesado esta barrera de las limitaciones carnales y puedas someterte a la verdad, serás libre y estarás liberado. Cuando vivas de este modo, no solo agradarás a la gente, sino también a Dios. Aunque a veces todavía puedas cometer malas acciones, aunque a veces todavía seas capaz de mentir y aunque a veces todavía tengas tus propias intenciones, motivaciones egoístas y acciones e ideas egoístas y despreciables, puedes aceptar el escrutinio de Dios y revelar tu corazón, tu estado real y tu carácter corrupto ante Él, con lo que tendrás una senda correcta de práctica. Si tu senda de práctica es correcta y también lo es su rumbo, tu porvenir será hermoso y prometedor. De esta manera vivirás con un corazón tranquilo; tu espíritu recibirá sustento y te sentirás reforzado y gozoso. Si no puedes atravesar esta barrera de las limitaciones carnales, siempre estás atado a emociones y filosofías satánicas y tu discurso y acciones son siempre furtivos y secretos, nunca a plena luz del día, eres de los que viven en el campo de acción de Satanás. Cuando entiendes la verdad y eres capaz de atravesar la barrera de las limitaciones carnales, vas adquiriendo semejanza humana. Hablas y actúas de forma franca y directa y enseñas a los demás cualquier punto de vista o idea que tengas o cualquier cosa que hayas hecho mal para que todos lo vean claro; en última instancia, dirán que eres una persona sincera. ¿Qué es una persona sincera? Alguien que no miente, es sumamente honesto al hablar y cuyas palabras todos consideran ciertas. Aunque mienta inconscientemente o diga algo equivocado, todo el mundo es capaz de perdonarlo porque sabe que lo hace inconscientemente. Una vez consciente de ello, volverá para disculparse y corregirse. Esto es una persona sincera. A todo el mundo le cae bien esta clase de persona y puede confiar en ella. Si alcanzas este grado y te ganas la confianza de Dios y de los demás, no habrá sido tarea fácil: esta es la máxima dignidad que puede tener una persona y esta es la única clase de personas que se respetan a sí mismas.

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Hoy en día, la mayoría de las personas tienen demasiado temor a presentar sus acciones delante de Dios; aunque puedes engañar a Su carne, no puedes engañar a Su Espíritu. Cualquier asunto que no pueda resistir el escrutinio de Dios está en conflicto con la verdad y debe hacerse a un lado; no hacerlo así es cometer un pecado contra Dios. Así pues, debes poner tu corazón delante de Dios en todo momento: cuando oras, cuando hablas y te comunicas con tus hermanos y hermanas, y cuando llevas a cabo tu deber y te dedicas a tus asuntos. Cuando cumples con tus funciones, Dios está contigo y, siempre que tu intención sea correcta y sea para la obra de la casa de Dios, Él aceptará todo lo que hagas; debes dedicarte sinceramente a cumplir con tus funciones. Si, cuando oras, tienes amor por Dios en tu corazón y buscas el cuidado, la protección y el escrutinio de Dios, si todo esto es tu intención, tus oraciones serán eficaces. Por ejemplo, si, cuando oras en las reuniones, abres tu corazón y oras a Dios, y le dices lo que hay en tu corazón sin falsedades, entonces con toda seguridad tus oraciones serán eficaces.

Extracto de ‘Dios perfecciona a quienes son conforme a Su corazón’ en “La Palabra manifestada en carne”

Hoy, todos aquellos que no pueden aceptar el escrutinio de Dios no pueden recibir Su aprobación, y aquellos que no conocen a Dios encarnado no pueden ser perfeccionados. Mira todo lo que haces y ve si puede ser llevado delante de Dios. Si no puedes llevar delante de Dios todo lo que haces, esto muestra que eres un hacedor de maldad. ¿Pueden los hacedores de maldad ser perfeccionados? Todo lo que haces —cada acción, cada intención y cada reacción— debe ser llevado delante de Dios. Incluso tu vida espiritual diaria —tus oraciones, tu cercanía con Dios, cómo comes y bebes las palabras de Dios, tu comunicación con tus hermanos y hermanas y tu vida dentro de la iglesia, además de tu servicio en colaboración— puede ser llevado delante de Dios para Su escrutinio. Es esta práctica la que te ayudará a crecer en la vida. El proceso de aceptar el escrutinio de Dios es el proceso de la purificación. Cuanto más puedas aceptar el escrutinio de Dios, más eres purificado y más estás de acuerdo con la voluntad de Dios, de modo que no serás atraído hacia el libertinaje y tu corazón vivirá en Su presencia. Cuanto más aceptes Su escrutinio, mayor es la humillación de Satanás y tu capacidad de abandonar la carne. Así pues, la aceptación del escrutinio de Dios es una senda de práctica que las personas deben seguir. No importa lo que hagas, incluso cuando tienes comunión con tus hermanos y hermanas, si llevas tus actos delante de Dios y tienes como meta obedecer a Dios mismo; esto hará que tu práctica sea mucho más correcta. Solo si llevas todo lo que haces delante de Dios y aceptas Su escrutinio, puedes ser alguien que vive en la presencia de Dios.

Extracto de ‘Dios perfecciona a quienes son conforme a Su corazón’ en “La Palabra manifestada en carne”

Con independencia de lo que te encuentres al cumplir con el deber ─negatividad y debilidad, o mal humor tras haber sido tratado─, debes tratarlo de forma adecuada, buscar la verdad y entender la voluntad de Dios. Al hacer estas cosas tendrás una senda de práctica. Si deseas cumplir bien con el deber, no debe afectarte tu estado de ánimo. Por más negativo o débil que estés, debes practicar la verdad en todo lo que hagas, con absoluto rigor y ateniéndote a los principios. Si lo haces, no solo otras personas te darán su aprobación, sino que también agradarás a Dios. Así serás una persona responsable que asume una carga; una persona buena de verdad, que realmente da la talla en el cumplimiento del deber y vive íntegramente a semejanza de una persona auténtica. Esas personas se purifican y logran la verdadera transformación cuando cumplen con el deber y se puede decir que son honestas a los ojos de Dios. Solamente los honestos son capaces de perseverar en la práctica de la verdad, de actuar con principios y dar la talla en el cumplimiento del deber. Los que actúan con principios cumplen meticulosamente con el deber cuando están de buen humor; no se limitan a trabajar de manera superficial ni se lucen con tanta arrogancia para que los tengan en gran estima. Sin embargo, cuando están de mal humor, realizan sus tareas cotidianas con la misma seriedad y responsabilidad y, aunque se encuentren con algo perjudicial para el cumplimiento de su deber, que los atosigue un poco o los interrumpa mientras lo ejecutan, siguen siendo capaces de sosegar el corazón ante Dios para orar, diciendo: “Por muy grande que sea el problema al que me enfrente, aunque se hunda el cielo, mientras Dios me permita seguir viviendo, estoy decidido a hacer todo lo posible por cumplir mi deber. Cada día que me permita vivir es un día en que me esforzaré por cumplir con el deber para ser digno de esta obligación que Dios me ha otorgado, así como de este aliento que ha soplado en mi cuerpo. Por muchas dificultades que tenga, lo dejaré todo de lado, ¡pues el cumplimiento del deber es de suma importancia!”. Aquellos a quienes no afecta ninguna persona, incidencia, cosa ni circunstancia, a quienes no controla ningún estado de ánimo ni situación externa y que priorizan los deberes y las comisiones que Dios les ha encomendado son las personas leales a Dios, que se someten sinceramente a Él. Esta clase de personas han logrado entrar en la vida y en la realidad de la verdad. Esta es una de las manifestaciones más prácticas y auténticas de vivir la verdad.

Extracto de ‘La entrada en la vida debe comenzar con la experiencia de desempeñar el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Deberías saber si existe verdadera fe y lealtad dentro de ti, si tienes un registro de sufrimiento por Dios, y si te has sometido enteramente a Él. Si careces de estas cosas, entonces dentro de ti sigue existiendo desobediencia, engaño, codicia y descontento. Debido a que tu corazón dista mucho de ser honesto, nunca has recibido el reconocimiento favorable de Dios y nunca has vivido en la luz. Cómo resulte el destino de uno al final depende de si tiene un corazón honesto y rojo como la sangre, y de si tiene un alma pura. Si eres alguien muy deshonesto, alguien con un corazón malicioso y un alma sucia, entonces seguramente terminarás en el lugar donde el hombre es castigado, como está escrito en el registro de tu destino. Si afirmas que eres muy honesto y, no obstante, nunca consigues actuar de acuerdo con la verdad o pronunciar una palabra de verdad, entonces, ¿sigues esperando que Dios te recompense? ¿Todavía esperas que Dios te considere como la niña de Sus ojos? ¿Acaso no es absurdo este pensamiento? Engañas a Dios en todas las cosas, así que, ¿cómo podría la casa de Dios dar cabida a alguien como tú, cuyas manos no están limpias?

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

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