122. Principios para ser una persona honesta

(1) Al formarse para ser una persona honesta, es necesario confiar en Dios. Entregarle tu corazón y aceptar Su escrutinio. Solo así se puede, con el tiempo, desechar las mentiras y engaños.

(2) Es necesario aceptar la verdad y reflexionar sobre cada una de tus palabras y actos. Analizar el origen y la esencia de la corrupción que revelas, y llegar a conocerse realmente a uno mismo.

(3) Es necesario investigar en qué asuntos tiene uno arrebatos de contar mentiras y albergar engaños. Atrévete a analizarte y a exponerte, a disculparte con los demás y a enmendarte.

(4) El discurso y las acciones de uno deben basarse en las palabras de Dios. Ora a Dios, renuncia a tus preferencias e intenciones carnales, y habla y actúa de acuerdo con el principio-verdad.

(5) Es necesario ser fiel a las comisiones de Dios; cumplir bien con tu deber según Sus requerimientos, y no ser descuidado y superficial ni falso y engañoso, sino honesto y digno de confianza tanto en la palabra como en la acción.

Las palabras relevantes de Dios:

Debéis saber que a Dios le gustan los que son honestos. En esencia, Dios es fiel, y por lo tanto siempre se puede confiar en Sus palabras. Más aún, Sus acciones son intachables e incuestionables, razón por la cual a Dios le gustan aquellos que son absolutamente honestos con Él. Honestidad significa dar tu corazón a Dios; ser auténtico y abierto con Dios en todas las cosas, nunca esconderle los hechos, no tratar de engañar a aquellos por encima y por debajo de ti, y no hacer cosas solo para ganaros el favor de Dios. En pocas palabras, ser honesto es ser puro en tus acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre. Lo que hablo es muy simple, pero es doblemente arduo para vosotros. Mucha gente preferiría ser condenada al infierno que hablar y actuar con honestidad. No es de extrañar que Yo tenga otro trato reservado para aquellos que son deshonestos. Por supuesto, sé muy bien lo difícil que es para vosotros ser honestos. Como todos sois tan inteligentes, tan buenos para juzgar a la gente con vuestra mezquina vara de medir, esto hace Mi obra mucho más simple. Y puesto que cada uno de vosotros alberga secretos en su corazón, entonces os enviaré uno por uno al desastre para ser “instruidos” por el fuego, para que a partir de ese momento creáis a muerte en Mis palabras. Por último, arrancaré de vuestra boca las palabras “Dios es un Dios fiel”, tras lo cual os golpearéis el pecho y os lamentaréis, diciendo: “¡Tortuoso es el corazón del hombre!”. ¿Cuál será vuestro estado de ánimo en ese momento? Me imagino que no seréis tan triunfantes como sois ahora y que, mucho menos, seréis tan “profundos y abstrusos”. En presencia de Dios, algunas personas son mojigatas y decentes, se esfuerzan por ser “bien educados”, pero sacan los colmillos y blanden sus garras en presencia del Espíritu. ¿Contaríais a esas personas en las filas de los honestos? Si eres un hipócrita, alguien con habilidad para las “relaciones interpersonales”, entonces Yo te digo que definitivamente eres alguien que intenta jugar con Dios. Si tus palabras están llenas de excusas y justificaciones que nada valen, entonces Yo te digo que eres alguien muy poco dispuesto a practicar la verdad. Si tienes muchas confidencias que eres reacio a compartir, si eres tan reticente a dejar al descubierto tus secretos, tus dificultades, ante los demás para buscar el camino de la luz, entonces digo que eres alguien que no logrará la salvación fácilmente ni saldrá de las tinieblas. Si buscar el camino de la verdad te causa placer, entonces eres alguien que vive siempre en la luz. Si te sientes muy contento de ser un hacedor de servicio en la casa de Dios, trabajando de forma diligente y concienzuda en la oscuridad, siempre dando y nunca quitando, entonces Yo te digo que eres un santo leal, porque no buscas ninguna recompensa y estás simplemente siendo una persona honesta. Si estás dispuesto a ser franco, si estás dispuesto a esforzarte al máximo, si eres capaz de sacrificar tu vida por Dios y mantenerte firme en tu testimonio, si eres honesto hasta el punto en que solo sabes satisfacer a Dios y no considerarte o tomar las cosas para ti mismo, entonces Yo digo que tales personas son las que se alimentan en la luz y vivirán para siempre en el reino. Deberías saber si existe verdadera fe y lealtad dentro de ti, si tienes un registro de sufrimiento por Dios, y si te has sometido enteramente a Él. Si careces de estas cosas, entonces dentro de ti sigue existiendo desobediencia, engaño, codicia y descontento. Debido a que tu corazón dista mucho de ser honesto, nunca has recibido el reconocimiento favorable de Dios y nunca has vivido en la luz. Cómo resulte el destino de uno al final depende de si tiene un corazón honesto y rojo como la sangre, y de si tiene un alma pura. Si eres alguien muy deshonesto, alguien con un corazón malicioso y un alma sucia, entonces seguramente terminarás en el lugar donde el hombre es castigado, como está escrito en el registro de tu destino. Si afirmas que eres muy honesto y, no obstante, nunca consigues actuar de acuerdo con la verdad o pronunciar una palabra de verdad, entonces, ¿sigues esperando que Dios te recompense? ¿Todavía esperas que Dios te considere como la niña de Sus ojos? ¿Acaso no es absurdo este pensamiento? Engañas a Dios en todas las cosas, así que, ¿cómo podría la casa de Dios dar cabida a alguien como tú, cuyas manos no están limpias?

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

Valoro en gran manera a aquellos que no sospechan de los demás y me gustan los que aceptan de buena gana la verdad; a estas dos clases de personas les muestro gran cuidado, porque ante Mis ojos, son personas sinceras. Si eres muy deshonesto, entonces te protegerás y sospecharás de todas las personas y asuntos y por esta razón, tu fe en Mí estará edificada sobre un cimiento de sospecha. Esta clase de fe es una que jamás podría reconocer. Al faltarte la fe verdadera, estarás incluso más lejos del verdadero amor. Y si puedes dudar de Dios y especular sobre Él a voluntad, entonces sin duda eres la persona más engañosa de todas. Especulas si Dios puede ser como el hombre: imperdonablemente pecaminoso, de temperamento mezquino, carente de imparcialidad y de razón, falto de un sentido de justicia, entregado a tácticas despiadadas, traicioneras y arteras, y que se deleita en el mal y la oscuridad y ese tipo de cosas. ¿Acaso el hombre no tiene tales pensamientos porque no conoce a Dios en lo más mínimo? ¡Esta forma de fe no se diferencia del pecado! Es más, hay incluso quienes creen que los que me agradan son precisamente los más aduladores y lisonjeros, y que todo aquel que carezca de estas habilidades no será bienvenido y perderá su lugar en la casa de Dios. ¿Es este el único conocimiento que habéis cosechado en todos estos años? ¿Es esto lo que habéis obtenido? Y vuestro conocimiento de Mí no termina en estas malas interpretaciones; peor aún es vuestra blasfemia contra el Espíritu de Dios y la calumnia sobre el cielo. Por eso afirmo que esta fe como la vuestra solo hará que os alejéis cada vez más de Mí y que os opongáis cada vez más a Mí.

Extracto de ‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Que Dios les pida a las personas que sean honestas demuestra que verdaderamente aborrece a los astutos, y que no le gustan las personas astutas. El hecho de que no le gusten las personas astutas significa que le desagradan sus acciones, su carácter y sus motivaciones; es decir, a Él no le gusta la forma en la que hacen las cosas. Por tanto, si queremos agradarle a Dios, primero debemos cambiar nuestras acciones y el modo de nuestra existencia. Previamente nos basábamos en mentiras y pretensiones para vivir entre las personas, usándolas como nuestro capital y base existencial, la vida y el fundamento por el que nos conducíamos. Eso era algo que Dios despreciaba. Entre los no creyentes del mundo, si no sabes cómo ser manipulador o deshonesto podría resultarte difícil mantener una postura firme. Solo podrías decir mentiras, participar en engaños y utilizar métodos intrigantes e insidiosos para protegerte y camuflarte con el fin de obtener una mejor vida. En la casa de Dios, ocurre precisamente lo opuesto: mientras más deshonesto eres y más empleas manipulaciones sofisticadas para fingir y encubrirte, menos capaz eres de mantener una postura firme y más te desprecia y rechaza Dios. Dios ha predestinado que solo las personas honestas puedan formar parte del reino de los cielos. Si no eres honesto y si en tu vida, tu práctica no está dirigida a ser honesto y no revelas tu verdadero rostro, entonces jamás tendrás oportunidad alguna de obtener la obra de Dios o Sus elogios.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Solo si la gente procura ser honesta puede saber lo hondamente corrompida que está y si tiene o no semejanza humana; solo al practicar la honestidad puede darse cuenta de cuántas mentiras dice y de lo profundamente ocultas que están su falsedad y su deshonestidad. Solo al experimentar la práctica de la honestidad puede llegar a conocer poco a poco la verdad de su propia corrupción y reconocer su esencia-naturaleza, momento en que se puede purificar constantemente su carácter corrupto. Solo durante la purificación constante de su carácter corrupto será cuando podrá recibir la gente la verdad. Tomaos vuestro tiempo para experimentar estas palabras. Dios no hace perfectos a quienes son deshonestos. Si tu corazón no es honesto, si tú no eres una persona honesta, Dios jamás te ganará. Asimismo, tú tampoco obtendrás nunca la verdad y serás incapaz de ganar a Dios. Si no puedes ganar a Dios y no comprendes la verdad, ¿qué significa esto? Significa que eres hostil a Dios, que eres incompatible con Él y que Él no es tu Dios. Y si Dios no es tu Dios, no puedes alcanzar la salvación. Si no puedes alcanzar la salvación, serás, por siempre, un enemigo acérrimo de Dios y tu resultado estará determinado. Por lo tanto, si la gente desea salvarse, debe empezar por ser honesta. Hay una señal que marca a aquellos a quienes Dios conquistará al final. ¿Sabéis cuál es? Está escrito en el Apocalipsis, en la Biblia: “En su boca no fue hallado engaño; están sin mancha”. ¿De quiénes se trata? Son los perfeccionados y conquistados por Dios, los salvos. ¿Cómo los describe Dios? ¿Cuáles son las características y manifestaciones de sus actos? (Están sin mancha. No mienten). Todos deberíais conocer y comprender qué significa no mentir: significa ser honesto. ¿Qué significa estar sin mancha? ¿Cómo define Dios a alguien sin mancha? Aquellos sin mancha son capaces de temer a Dios y evitar el mal; son aquellos capaces de acatar el camino de Dios. Dichas personas son perfectas a los ojos de Dios; están sin mancha.

Extracto de ‘Seis indicadores de crecimiento vital’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Cuáles son las expresiones de una persona honesta? El quid de la cuestión es practicar la verdad en todas las cosas. Si dices que eres honesto, pero siempre colocas las palabras de Dios en el fondo de tu mente y haces lo que te parece, ¿acaso es esa la expresión de una persona honesta? Dices: “Mi calibre es bajo, pero tengo por dentro soy honesto”. Sin embargo, cuando te llega un deber te da miedo sufrir o que, si no lo puedes cumplir bien, tendrás que cargar con la responsabilidad y por eso pones excusas para evadirlo y recomiendas a otros para que lo hagan. ¿Es esta la expresión de una persona honesta? Claramente, no lo es. ¿Cómo, entonces, debería comportarse una persona honesta? Debe aceptar y obedecer y, luego, dedicarse completamente a realizar sus deberes de la mejor manera posible, esforzándose por cumplir la voluntad de Dios. Esto se expresa de diferentes maneras. Una de ellas es que debes aceptar tu deber con honestidad, no pensar en ninguna otra cosa y no ser indeciso. No conspires por tu propio bien. Esta es una expresión de honestidad. Otra manera es utilizar toda tu fuerza y todo tu corazón para ello. Dices: “Esto es todo lo que puedo hacer; pondré todo en juego y me dedicaré completamente a Dios”. ¿No es esta una expresión de honestidad? Dedicas todo lo que tienes y todo lo que puedes hacer: esta es una expresión de honestidad. Si no estás dispuesto a ofrecer todo cuanto tienes, si lo mantienes oculto y en secreto, si actúas de manera escurridiza, eludes tu deber y haces que otro lo haga porque temes tener que soportar las consecuencias de no hacer un buen trabajo, ¿acaso eso es ser honesto? No. Ser una persona honesta, por lo tanto, no es simplemente una cuestión de tener un deseo. Si no lo pones en práctica cuando las cosas te suceden, entonces no eres una persona honesta. Cuando te encuentras con problemas, debes practicar la verdad y tener expresiones prácticas. Esta es la única manera de ser una persona honesta, y solo estas son las expresiones de un corazón honesto. Algunas personas sienten que, para ser una persona honesta, basta con decir la verdad y no contar mentiras. ¿Es realmente tan estrecha la definición de ser honesto? En absoluto. Debes revelar tu corazón y dárselo a Dios; esta es la actitud que una persona honesta debe tener. Por lo tanto, la honestidad es muy valiosa. ¿Cuál es la implicación aquí? Es que este corazón es capaz de controlar tu comportamiento y tus estados. Este corazón es muy preciado. Si tienes este tipo de honestidad, entonces debes vivir en este tipo de estado, exhibir este tipo de comportamiento y tener este tipo de gasto.

Extracto de ‘Las personas solo pueden ser verdaderamente felices si son honestas’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Las personas deben abordar tanto el deber como a Dios con un corazón honesto; eso es temer a Dios. ¿Qué actitud debe tener la gente para tratar a Dios con un corazón honesto? La gente debe esforzarse por Dios en su deber sin cuestionar si eso le traerá desastres o bendiciones, sin poner condiciones y sometiéndose a las orquestaciones de Dios; una persona así posee un corazón honesto. ¿Poseen un corazón honesto los que siempre dudan, los que siempre ponen condiciones y se dedican a investigar sin cesar? ¿Qué reside dentro del corazón de una persona semejante? Dentro de ese corazón hay engaño y maldad, y siempre se están dedicando a la investigación. Cuando sucede algo que afecta sus intereses personales, reflexionan: “¿En qué pensaba Dios cuando me hizo esto y dispuso esta situación para mí? ¿Es algo que les ha sucedido a otras personas? Cuando termine de pasar por esto, ¿cuáles serán las consecuencias?”. Investigan tales cuestiones, investigan lo que pueden ganar o perder, si el asunto en cuestión les causará un desastre o una bendición. Una vez empiezan a investigar estas cuestiones, ¿son capaces de practicar la verdad? ¿Son capaces de obedecer a Dios? Cuando empiezan con un deber, investigan y preguntan: “¿Sufriré si cumplo con este deber? ¿Habré de pasar mucho tiempo fuera? ¿Podré comer y descansar con regularidad? ¿Y con qué clase de gente entraré en contacto?”. Aunque en la superficie aceptan ese deber, en su corazón albergan el engaño y están constantemente investigando tales cosas. De hecho, todas estas cosas que investigan se relacionan con sus intereses personales; no consideran los intereses de la casa de Dios, solo los propios. Si solo consideran sus propios intereses, no les es fácil practicar la verdad y no tienen una verdadera obediencia a Dios. ¿Qué pasa al final con muchas de estas personas que se dedican a este tipo de investigación? Algunos se rebelan contra Dios; es decir, hacen cosas llenas de emociones negativas, se mantienen alerta mientras obran. ¿Qué tipo de carácter despierta estas emociones? El engaño y la maldad. Al llegar al extremo de ser malvados, ¡estas personas se están enfrentando a Dios! Al estar investigando constantemente, su atención queda dividida, ¿pueden cumplir entonces correctamente el deber en este estado? No adoran a Dios con honestidad y con su espíritu, no tienen un corazón honesto y, mientras cumplen con el deber, siempre son cautos y se contienen. ¿Qué es lo que resulta de esto? Dios no obra sobre ellos, hagan lo que hagan son incapaces de hallar los principios, y todo lo que hacen les sale siempre mal. ¿Por qué les salen siempre mal las cosas? A veces no se trata de que Dios los exponga, sino de que se arruinan a sí mismos. No tienen en cuenta la obra ni los intereses de la casa de Dios; siempre están tramando por su cuenta y haciendo planes en aras de su prestigio y estatus. No paran de hacer tales cosas y luego acaban por desviarse. Entre hacer planes en aras de sus propios intereses y perspectivas de futuro o ser considerados con la obra de la casa de Dios y los intereses de esta, ¿es el mismo el resultado de sus acciones? No, desde luego que no lo es. Están expuestos, y este comportamiento no constituye el cumplimiento del deber; la esencia y la naturaleza de las acciones de esta persona han cambiado.

Extracto de ‘Solo si buscas los principios-verdad puedes desempeñar bien tu deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Al practicar para ser una persona honesta, primero has de aprender a abrir tu corazón a Dios y orar todos los días para contarle lo que hay en tu corazón. Supón que hoy has dicho alguna mentira; aún no lo sabe nadie ni te has armado de valor para sincerarte con todos. Como mínimo, has de llevar inmediatamente ante Dios los errores, mentiras y embustes que has escudriñado y descubierto en tu conducta hoy, confesar tus pecados y decir: “Oh, Dios mío, otra vez he mentido. Lo hice por tal o cual cosa. Te ruego que me disciplines”. Si tienes semejante actitud, Dios te aceptará y lo recordará. Tal vez te resulte muy agotador y laborioso corregir el defecto o la actitud corrupta de mentir, pero no temas: Dios está contigo y te guiará y ayudará para que superes esta dificultad recurrente dándote valor para no mentir o para reconocer que has mentido; para reconocer qué mentiras has dicho, por qué mentiste y cuáles eran tus intenciones y objetivos; para reconocer que no eres honesto y eres mentiroso; además, te dará valor para atravesar esta barrera y escapar de la jaula de Satanás, lejos de su control. Así, poco a poco lograrás vivir en la luz, guiado y bendecido por Dios. Cuando hayas atravesado esta barrera de las limitaciones carnales y puedas someterte a la verdad, serás libre y estarás liberado. Cuando vivas de este modo, no solo agradarás a la gente, sino también a Dios. Aunque a veces todavía puedas cometer malas acciones, aunque a veces todavía seas capaz de mentir y aunque a veces todavía tengas tus propias intenciones, motivaciones egoístas y acciones e ideas egoístas y despreciables, puedes aceptar el escrutinio de Dios y revelar tu corazón, tu estado real y tu carácter corrupto ante Él, con lo que tendrás una senda correcta de práctica. Si tu senda de práctica es correcta y también lo es su rumbo, tu porvenir será hermoso y prometedor. De esta manera vivirás con un corazón tranquilo; tu espíritu recibirá sustento y te sentirás reforzado y gozoso. Si no puedes atravesar esta barrera de las limitaciones carnales, siempre estás atado a emociones y filosofías satánicas y tu discurso y acciones son siempre furtivos y secretos, nunca a plena luz del día, eres de los que viven en el campo de acción de Satanás. Cuando entiendes la verdad y eres capaz de atravesar la barrera de las limitaciones carnales, vas adquiriendo semejanza humana. Hablas y actúas de forma franca y directa y enseñas a los demás cualquier punto de vista o idea que tengas o cualquier cosa que hayas hecho mal para que todos lo vean claro; en última instancia, dirán que eres una persona sincera. ¿Qué es una persona sincera? Alguien que no miente, es sumamente honesto al hablar y cuyas palabras todos consideran ciertas. Aunque mienta inconscientemente o diga algo equivocado, todo el mundo es capaz de perdonarlo porque sabe que lo hace inconscientemente. Una vez consciente de ello, volverá para disculparse y corregirse. Esto es una persona sincera. A todo el mundo le cae bien esta clase de persona y puede confiar en ella. Si alcanzas este grado y te ganas la confianza de Dios y de los demás, no habrá sido tarea fácil: esta es la máxima dignidad que puede tener una persona y esta es la única clase de personas que se respetan a sí mismas.

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Como una persona honesta, primero debes desnudar tu corazón de modo que todos puedan mirarlo, ver todo lo que estás pensando y atisbar tu verdadero rostro; no debes tratar de disfrazarte ni encubrirte para verte bien. Solo entonces confiarán las personas en ti y te considerarán honesto. Esta es la práctica más fundamental y es el prerrequisito para ser una persona honesta. Siempre estás fingiendo, aparentando santidad, virtud, grandeza y cualidades morales elevadas. No permites que nadie vea tu corrupción y tus defectos. Presentas una falsa imagen de ti a las personas, para que crean que eres recto, noble, abnegado, imparcial y desinteresado. Esto es engaño. No te pongas un disfraz y no te encubras; más bien, ponte al descubierto y desnuda tu corazón para que los demás lo vean. Si puedes abrir tu corazón para que otros lo vean, y puedes exponer todos tus pensamientos y planes, tanto positivos y negativos, entonces ¿no estarás siendo honesto? Si puedes desnudarte para que otros te vean, entonces Dios también te verá y dirá: “Te has desnudado para que otros vean y, por tanto, no cabe duda de que también eres honesto delante de Mí”. Si solo te desnudas delante de Dios, fuera de la vista de los demás, y siempre finges ser noble y virtuoso, o justo y desinteresado cuando estás en su compañía, entonces ¿qué pensará y dirá Dios? Dirá: “Eres auténticamente deshonesto; eres totalmente hipócrita y mezquino y no eres una persona honesta”. Así pues, Dios te condenará. Si deseas ser una persona honesta, entonces, independientemente de lo que hagas delante de Dios o de otros, deberías poder abrirte y exponerte. ¿Es esto fácil de lograr? Requiere tiempo; requiere una batalla interna, y debemos practicar constantemente. Poco a poco, nuestro corazón se abrirá y podremos exponernos.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Hoy en día, la mayoría de las personas tienen demasiado temor a presentar sus acciones delante de Dios; aunque puedes engañar a Su carne, no puedes engañar a Su Espíritu. Cualquier asunto que no pueda resistir el escrutinio de Dios está en conflicto con la verdad y debe hacerse a un lado; no hacerlo así es cometer un pecado contra Dios. Así pues, debes poner tu corazón delante de Dios en todo momento: cuando oras, cuando hablas y te comunicas con tus hermanos y hermanas, y cuando llevas a cabo tu deber y te dedicas a tus asuntos. Cuando cumples con tus funciones, Dios está contigo y, siempre que tu intención sea correcta y sea para la obra de la casa de Dios, Él aceptará todo lo que hagas; debes dedicarte sinceramente a cumplir con tus funciones. Si, cuando oras, tienes amor por Dios en tu corazón y buscas el cuidado, la protección y el escrutinio de Dios, si todo esto es tu intención, tus oraciones serán eficaces. Por ejemplo, si, cuando oras en las reuniones, abres tu corazón y oras a Dios, y le dices lo que hay en tu corazón sin falsedades, entonces con toda seguridad tus oraciones serán eficaces.

Extracto de ‘Dios perfecciona a quienes son conforme a Su corazón’ en “La Palabra manifestada en carne”

Hoy, todos aquellos que no pueden aceptar el escrutinio de Dios no pueden recibir Su aprobación, y aquellos que no conocen a Dios encarnado no pueden ser perfeccionados. Mira todo lo que haces y ve si puede ser llevado delante de Dios. Si no puedes llevar delante de Dios todo lo que haces, esto muestra que eres un hacedor de maldad. ¿Pueden los hacedores de maldad ser perfeccionados? Todo lo que haces —cada acción, cada intención y cada reacción— debe ser llevado delante de Dios. Incluso tu vida espiritual diaria —tus oraciones, tu cercanía con Dios, cómo comes y bebes las palabras de Dios, tu comunicación con tus hermanos y hermanas y tu vida dentro de la iglesia, además de tu servicio en colaboración— puede ser llevado delante de Dios para Su escrutinio. Es esta práctica la que te ayudará a crecer en la vida. El proceso de aceptar el escrutinio de Dios es el proceso de la purificación. Cuanto más puedas aceptar el escrutinio de Dios, más eres purificado y más estás de acuerdo con la voluntad de Dios, de modo que no serás atraído hacia el libertinaje y tu corazón vivirá en Su presencia. Cuanto más aceptes Su escrutinio, mayor es la humillación de Satanás y tu capacidad de abandonar la carne. Así pues, la aceptación del escrutinio de Dios es una senda de práctica que las personas deben seguir. No importa lo que hagas, incluso cuando tienes comunión con tus hermanos y hermanas, si llevas tus actos delante de Dios y tienes como meta obedecer a Dios mismo; esto hará que tu práctica sea mucho más correcta. Solo si llevas todo lo que haces delante de Dios y aceptas Su escrutinio, puedes ser alguien que vive en la presencia de Dios.

Extracto de ‘Dios perfecciona a quienes son conforme a Su corazón’ en “La Palabra manifestada en carne”

Ser una persona honesta tiene múltiples facetas, por lo cual está relacionado con la conducta de uno en muchas cosas diferentes. No es tan sencillo como contestar “sí” o “no” cuando alguien te hace una pregunta. Sea cual sea el asunto que afrontes, tanto si se trata de algo que Dios te ha encomendado directamente o del deber que has de cumplir, o ya sea algo que alguien te ha dicho, y sin importar la forma en que te comportas o en que manejas los asuntos, debes abordarlo siempre con un corazón honesto. ¿Cómo se ha de practicar el enfoque hacia las cosas con un corazón honesto? Di lo que piensas y habla con honestidad; no uses la jerga oficial, no digas falsedades que suenen agradables, halagadoras o hipócritas, mejor di las palabras que tienes en tu corazón y expresa los verdaderos pensamientos y opiniones que guardas dentro de él; eso es lo que se supone que hacen las personas honestas. Si nunca dices o divulgas lo que piensas de corazón, sino que por tu boca salen otras cosas distintas, no es así como se comporta una persona honesta. Digamos, por ejemplo, que no has cumplido bien con un deber. Alguien te pregunta qué ha pasado, y dices: “Quería hacer bien mi deber, pero no lo hice, por tal o cual razón”. En realidad, en tu corazón sabes que has sido descuidado, pero no hablas abierta y honestamente, escurres el bulto o buscas todo tipo de razones que ocultan la realidad. ¿Es eso ser una persona honesta? Decir esto te permite salir del paso, pero no has sacado a la luz lo que hay dentro de ti para poder resolverlo, y tu corazón se sentirá mal por ello. Si esto se arraiga en tu corazón, es un asunto preocupante. Debes hablar abierta y honestamente: “He sido algo negligente en el cumplimiento de este deber y no me lo he tomado en serio. Trabajo mucho durante un tiempo y luego aflojo un poco. Cuando estoy de buen humor, puedo pagar algo del precio, pero cuando no lo estoy, aminoro mis esfuerzos, me torno reacio a pagar el precio, me vuelvo ocioso y anhelo las comodidades físicas, así que no logro nada en el cumplimiento de mi deber. Estos últimos días he dado un giro y me esfuerzo por ser cada vez mejor en mis deberes, para mejorar mi eficiencia y trabajar más rápido”. ¿Se puede saber cuál de estas dos respuestas es honesta? ¿Qué decís vosotros? Está claro que la primera respuesta es un “ataque preventivo” de alguien que, por miedo a ser tratado, por miedo a que los demás descubran que hay un problema, investiguen y lo hallen responsable, busca excusas preventivas para encubrir la verdad y sofocar las acusaciones; escurren el bulto para no ser tratados. Este es el origen de su mentira. La segunda respuesta es la de alguien que dice la verdad y, aunque es lógico que se le trate y deba asumir la responsabilidad, sin duda es la verdad. Así es el estado normal de la gente: aunque no digas nada, la gente lo sabrá. No has elegido callar ni has elegido justificarte o defenderte, sino que has hablado directamente. Esto demuestra que tienes una actitud honesta y que buscas el cambio, en lugar de aferrarte rígida y obstinadamente a tus propias excusas para ocultar la verdad o para engañar a los demás. ¿Qué senda es la correcta? ¿Cuál es el camino que practican las personas honestas? Ser abierto y exponerse, hablar con honestidad, dar cuenta de su estado real y del problema real: así es como practica la gente honesta, y es correcto practicar así.

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Al relacionarte con los demás, primero debes hacer que perciban tu corazón veraz y tu sinceridad. Si al hablar, establecer contacto y trabajar con los demás, las palabras de alguien son superficiales, grandilocuentes, chistosas, aduladoras, irresponsables e imaginarias, o si simplemente habla para buscar el favor del otro, entonces sus palabras carecen de toda credibilidad y no tienen la menor sinceridad. Es su modo de relacionarse con los demás, sean quienes sean. ¿Una persona así tiene un corazón honesto? No es una persona honesta. Supón que alguien tiene un defecto y te dice sincera y honradamente: “Dime por qué, exactamente, soy tan negativo. ¡Es que no lo entiendo!”. Y supón que en realidad comprendes su problema para tus adentros, pero no se lo dices, sino que contestas: “No es nada. Yo también suelo volverme negativo”. Estas palabras son de gran consuelo para quien las oye, pero ¿es sincera tu actitud? No. Eres superficial hacia la otra persona; con tal de hacerle sentir cómoda y darle consuelo, has evitado hablarle honestamente. En realidad no la estás ayudando a poder superar la negatividad. Por intentar consolarla y asegurarte de que no exista ningún distanciamiento o conflicto entre vosotros, te has limitado a hacer lo mínimo exigible, y eso no es ser una persona honesta. Entonces, ¿qué debe hacer una persona honesta en este tipo de situaciones? Decirle lo que has visto e identificado: “Te diré lo que he visto y experimentado. Tú decides si tengo o no razón en lo que digo. Si no la tengo, no tienes que aceptarlo. Si la tengo, espero que lo hagas. Si digo algo que te resulte duro de escuchar y te duela, espero que sepas aceptarlo de parte de Dios. Tengo la intención y el objetivo de ayudarte. Veo claro el problema: te han herido en tu orgullo personal. Nadie alimenta tu ego y piensas que los demás te menosprecian, que te atacan y nunca te han ofendido tanto. No lo soportas y te vuelves negativo. ¿Qué opinas? ¿Se trata de esto realmente?”. Al oír esto, creen que, efectivamente, así es. Esto es lo que piensas en realidad, pero, si no eres honesto, no lo dices. Dirás: “A menudo también yo me vuelvo negativo”, y cuando la otra persona oye que todo el mundo se vuelve negativo, lo considera normal y, al final, no supera la negatividad. Si eres una persona honesta y la ayudas con una actitud y un corazón honestos, puedes ayudarla a comprender la verdad y a olvidar la negatividad.

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Cuáles son los principios que deberían regir la relación de la gente con Cristo? ¿Qué principios debe respetar en cuanto a la adulación, a sus intentos por congraciarse y a la elección de términos que tengan un efecto grato? Sé sincero y no te preocupes por adular ni por congraciarte. No hay necesidad de lisonjas, simplemente sé sincero. En concreto, ¿cómo hay que poner esto en práctica? Para ser sincero, antes debes dejar de lado tus deseos personales. En vez de centrarte en la forma en que Dios te trata, di lo que tengas en el corazón y no medites ni tengas en cuenta las consecuencias de tus palabras; di lo que estés pensando, deja de lado tus motivaciones y no decir cosas solo para lograr algún objetivo. Cuando tienes demasiadas intenciones personales, siempre calculas la manera en la que hablas. “Debería decir esto y no aquello, debo tener cuidado con lo que digo, tengo que lograr mi objetivo”; ¿hay motivaciones personales en esto? En tu mente, ya has dado mil vueltas antes de que las palabras salgan de tu boca, ya has elaborado mucho lo que ibas a decir y lo has filtrado muchas veces en tu cabeza. Al salir de tu boca, estas palabras transmiten las engañosas tramas de Satanás. Es decir, las palabras que salen de tu boca albergan motivaciones y objetivos personales; esas palabras no son auténticas ni salen del corazón. Esto no es ser sincero. ¿Cómo se denomina a esto? Se denomina albergar malas intenciones. Aparte, puede que observes constantemente las expresiones de la cara y los ojos mientras hablas y solo sigas hablando si Su expresión es favorable. Cuando detectas una expresión desfavorable, te aguantas las palabras. En cuanto ves que no le gusta lo que oye, dejas de hablar. En cuanto parece indiferente y que no quiere darse por enterado, piensas para tus adentros: “¿Qué puedo decir que te interese y haga que me prestes atención? ¿Cómo puedo hacer que pienses que soy bueno? ¿Cómo puedo agradarte? ¿Cómo puedo cambiar la impresión que tienes de mí? ¿Qué puedo decir para que estés contento y no me trates? ¿Qué puedo decir para que no te enteres de la verdadera situación? ¿Cómo puedo eludir un tema que te desagrada? Diré lo que sea preciso para conseguir todo esto”. ¿A esto se le llama ser sincero? (No). Algunos piensan: “Si no estás al tanto de esto, no informaré de ello. Mejor espero a que otro lo haga y será entonces cuando hable de ello como todos los demás. Así te enteras por mí de que es cierto, mientras que, si soy el primero en informar, puede que me traten. Al que asoma la cabeza se la cortan y no quiero ser esa persona. Desde luego, no seré el primero en dar la cara”. ¿Eso es ser sincero? Supón que te enteras de una información verdadera sobre alguien y eres el único que lo sabe; los demás, no, siguen pensando que es buena persona, y Cristo también desconoce esta información. En estas circunstancias, ¿se lo contarías a Cristo con plena sinceridad? Si lo tapas, lo ocultas y no dices nada al respecto, no lo revelas, y si solo das la cara para hablar cuando se demuestra cómo es realmente esa persona y la relevan del puesto o la purgan de la casa de Dios, ¿eso es ser sincero? Sin importar a quién dejen en evidencia por un problema ni de qué otro problema informen, tú siempre eres el último en hablar. ¿Esto es ser sincero? Supón que alguien te cae mal personalmente o que alguien te guarda rencor. Puede que esa persona no sea necesariamente mala ni haya cometido ninguna mala acción, pero la odias y quieres hundirla, hacerla parecer tonta, por lo que piensas en la manera de decir algo malo de ella y buscas la ocasión. Aunque solamente hables sin sacar conclusiones definitivas sobre esta persona, tus motivaciones se hacen evidentes en cada punto de tu descripción del asunto. Intentas tratarla utilizando la mano de lo alto. A primera vista puede parecer que hablas de hechos reales, pero están viciados por tus motivaciones personales; eso no es ser sincero.

Extracto de ‘Desprecian la verdad, desacatan públicamente los principios e ignoran las disposiciones de la casa de Dios (II)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

La honestidad es la capacidad de ser recto y sincero. Significa estar plenamente abierto de corazón y espíritu a Dios, sin nada que esconder ni de lo que esconderse. El corazón de esta clase de personas se entrega a Dios y se muestra por completo a Él. Es decir, todo cuanto son se lo dan a Dios. Si Dios dice que son malas, lo admiten. Si Dios dice que son arrogantes y santurronas, lo admiten y aceptan completamente. ¿Pueden admitirlo y ya está? Todavía han de arrepentirse, esforzarse por alcanzar el principio-verdad, rectificar los errores de los que aprendan y buscar la causa de sus fallos. Después, para cuando quieran darse cuenta, habrán corregido todas sus conductas erróneas y cada vez serán más atenuadas sus maneras de engañar, de defraudar, de seguir el camino fácil y de descuidar las cosas. Cuanto más tiempo viven así, más francas y sinceras se vuelven y más se acercan a la meta de ser personas honestas. Esto es vivir en la luz. ¡Toda esta gloria es para Dios! Es Dios quien hace que la gente viva en la luz; la gente no tiene nada de lo que jactarse. Cuando la gente vive en la luz, entiende todas las verdades, tiene un corazón temeroso de Dios, sabe buscar la verdad en cada asunto que afronta y vive con semejanza humana. Aunque no se les pueda denominar buenas personas del todo, a ojos de Dios tienen cierta semejanza humana y ya no son quisquillosas ni conflictivas ni están en peligro de rebelarse contra Dios o rechazarlo. Aunque no tengan una comprensión muy profunda de la verdad, son capaces de obedecer, y cuando se les asigna una tarea o un deber, tienen la capacidad de poner todo su corazón y toda su mente y de hacerlo lo mejor que sepan. Son dignas de confianza y no le suponen ninguna preocupación a Dios: estas personas viven en la luz. ¿Los que viven en la luz son capaces de aceptar el escrutinio de Dios? ¿Podrían seguir ocultándole su corazón? ¿Utilizan, sin embargo, algún pequeño truco? ¿Tienen algún secreto? (No). Su corazón está abierto de par en par a Dios. Es decir, no ocultan nada en absoluto, no hay nada que les avergüence decir ni nada por lo que deban agachar la cabeza de la vergüenza. Le entregan todo a Dios y Dios lo conoce todo. Cuando la gente es capaz de lograr esto, vive alegre, con facilidad y libertad.

Extracto de ‘Las personas solo pueden ser verdaderamente felices si son honestas’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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