90. Principios para ser líder de la Iglesia

(1) Es necesario guiar al pueblo escogido de Dios mientras aprenden a comer y beber las palabras de Dios, a comunicar la verdad, y a usar la verdad para resolver los problemas, llegando a actuar de acuerdo con los principios.

(2) Es necesario salvaguardar la obra de Dios. Proteger al pueblo escogido de Dios del engaño y la perturbación de los anticristos, las personas malvadas, los espíritus malignos y toda clase de fuerzas satánicas.

(3) Es necesario coordinar armoniosamente con los obreros. En todo momento, se ha de ser fiel a la comisión de Dios, ser capaz de dejar de lado los intereses carnales, y no ocuparse de los propios asuntos.

(4) Es necesario comprender la obra esencial de liderazgo. Uno nunca debe hacer cosas que no estén relacionadas con la verdad, y mucho menos interferir en los asuntos del pueblo escogido de Dios.

Las palabras relevantes de Dios:

Como líderes y hacedores de obra en la iglesia, si queréis guiar al pueblo escogido de Dios a la realidad de la verdad y servir como testigos de Dios, lo más importante que debéis tener es un entendimiento más profundo del propósito de Dios en la salvación de las personas y el propósito de Su obra. Debes entender la voluntad de Dios y Sus diversas exigencias a las personas. Debes ser práctico en tus esfuerzos; practica tan sólo aquello que entiendes y comunica sólo sobre lo que conoces. No te jactes, no exageres y no hagas observaciones irresponsables. Si exageras, las personas te detestarán y te sentirás reprobado después; sencillamente, esto es demasiado inadecuado. Cuando provees la verdad a otros, no tienes necesariamente que tratarlos o regañarlos con el fin de que alcancen la verdad. Si tú mismo no tienes la verdad, y solo tratas y regañas a los demás, te temerán, pero eso no significa que entiendan la verdad. En alguna obra administrativa, está bien que trates a otros, los podes y los disciplines hasta cierto grado. Pero si no puedes proveer la verdad, sólo sabes ser autoritario y reprender a otros, tu corrupción y tu fealdad se revelarán. Con el paso del tiempo, conforme las personas no puedan obtener de ti provisión de vida ni cosas prácticas, acabarán detestándote y sintiendo repulsión hacia ti. Los que carecen de discernimiento aprenderán cosas negativas de ti; aprenderán a tratar a otros y a podarlos, a enfadarse y a perder los estribos. ¿No equivale esto a guiar a otros hacia la senda de Pablo, hacia la senda que va a la perdición? ¿No es eso una fechoría? Tu obra debería centrarse en comunicar la verdad y proveer vida a las personas. Si lo único que haces es tratar y reprender ciegamente a otros, ¿cómo llegarán a entender la verdad? Conforme pase el tiempo, las personas verán quién eres realmente, y te abandonarán. ¿Cómo puedes esperar traer a otros delante de Dios de esta forma? ¿Cómo se realiza así la obra? Perderás a todo el mundo si sigues obrando de esta manera. ¿Qué obra esperas cumplir en cualquier caso? Algunos líderes no tienen capacidad para comunicar la verdad para resolver los problemas. Por el contrario, tratan a los demás sin reflexionar y hacen alarde de su poder para que los demás lleguen a tenerles miedo y a obedecerlos; esas personas forman parte de los falsos líderes y los anticristos. Aquellos cuyo carácter no se ha transformado son incapaces de llevar a cabo la obra de la iglesia y de servir a Dios.

Extracto de ‘Solo aquellos con la realidad de la verdad pueden liderar’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Los que pueden liderar las iglesias, proveer de vida a las personas, y ser apóstoles para ellas, deben tener experiencias reales, deben tener un entendimiento correcto de las cosas espirituales, una apreciación correcta y experiencia de la verdad. Solo esas personas son aptas para ser obreros o apóstoles que lideran las iglesias. De otro modo, solo podrán seguir como inferiores, pero no podrán liderar y mucho menos ser apóstoles capaces de proveer de vida a las personas. Esto es así porque la función de los apóstoles no es ir de un lado para otro o pelear; es hacer la obra de ministrar la vida y liderar a otros para que transformen sus actitudes. A aquellos que desempeñan esta función se les encomienda cargar con una gran responsabilidad, una de la que no puede encargarse cualquiera. Esta clase de obra solo la pueden emprender los que tienen un ser vital; es decir, los que tienen experiencia de la verdad. No la puede emprender cualquiera que pueda abandonar, que pueda ir de un lado a otro o que esté dispuesto a esforzarse; las personas que no tienen experiencia de la verdad, que no han sido podadas o juzgadas, no son capaces de hacer este tipo de obra. Las personas sin experiencia, que no tienen realidad, no son capaces de ver la realidad con claridad porque ellas mismas carecen de esa clase de ser. Así, no solo es que este tipo de persona no sea capaz de llevar a cabo la obra de liderazgo, sino que, si siguen careciendo de verdad durante un largo periodo, se convertirán en objeto de eliminación.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Por ejemplo, si te han elegido líder de la iglesia, tu deber es liderar la iglesia. Si lo consideras tu deber, ¿cómo debes llevarlo a cabo? (En consonancia con las exigencias de Dios). Trabajar en consonancia con las exigencias de Dios es una manera general de expresarlo. ¿Cuáles son los detalles concretos? Para empezar, has de saber que esto es un deber, no un cargo. Ocasionarás problemas si crees haber tomado posesión de un cargo. Sin embargo, si dices: “Me han elegido líder de la iglesia, así que he de estar una categoría por debajo de los demás; todos estáis por encima de mí y sois más que yo”, esta es también una actitud incorrecta; si no entiendes la verdad, no te servirá ninguna máscara. Por el contrario, debes comprenderla adecuadamente. En primer lugar, debes saber que este deber es muy importante. Una iglesia tiene decenas de miembros, y debes pensar en cómo llevarlos ante Dios y facilitar que la mayoría entienda la verdad y entre en la realidad de esta. Además, debes procurar que los débiles y pasivos dejen de serlo y puedan cumplir activamente con el deber; en cuanto a todos aquellos capaces de cumplir con el deber, has de lograr que lo hagan y rindan al máximo. Hazles entender las verdades relacionadas con el cumplimiento del deber para que no sean descuidados al llevarlo a cabo, cumplan correctamente con él y puedan tener una relación normal con Dios. También hay quienes provocan incidentes y molestias o quienes creen en Dios desde hace muchos años, pero tienen una humanidad malvada; de estos, se tratará a los que haya que tratar y se purgará a los que haya que purgar. Se dispondrá lo que sea oportuno para cada persona según su tipo. Es importante, asimismo, promover a los pocos que haya en la iglesia con una humanidad relativamente buena, con cierta aptitud y capaces de asumir la responsabilidad de un aspecto del trabajo. Estas son cosas que hay que hacer para cumplir con los deberes de un líder, ¿no es cierto? Una vez que aceptes este deber, ¿puedes cumplir adecuadamente con él sin pensar en estas cosas? (No). Una vez que aceptes este deber, debes aclarar uno por uno estos asuntos: 1) Promover el talento. 2) Hacer que la entrada de todos tus hermanos y hermanas en la vida llegue a la normalidad y, basándote en tu comprensión de la verdad y los sermones que hayas escuchado, procurar que todos entren en la realidad de estas verdades; este es el aspecto de la entrada en la vida. 3) Lograr que la mayoría de aquellos capaces de cumplir con el deber lo hagan realmente y asegurarte de que no lo hagan de manera descuidada, sino que dé resultados. 4) El tratamiento y los límites oportunos a quienes provoquen incidentes y molestias. 5) Saber discernir a toda clase de personas, lo que sigue siendo necesario. Por ejemplo, la negatividad y debilidad de algunas personas son temporales; no puedes tratarlas y manejarlas de una manera general como lo harías con la negatividad y debilidad crónicas. Debes sacar el máximo partido de cada persona, aprovechando plenamente sus capacidades individuales y asignándole deberes adecuados a ella en función de lo que sepa hacer, de la calidad de su aptitud, de su edad y del tiempo que lleve creyendo en Dios. Debes ingeniar un plan a medida para cada tipo de persona y variarlo de una persona a otra para que puedan cumplir con su deber en la casa de Dios y ejercer sus funciones en la medida de lo posible. Si piensas en estas cosas, se ha originado tu carga, por lo que siempre debes prestar atención y ser observador. ¿Para observar qué? No significa mirar quién es atractivo y pasar más tiempo relacionándote con esa persona, ni mirar quién es feo y rechazar a esa persona, y menos aún significa mirar quién te desafía y castigarlo. Antes bien, supone fijarse en qué exige Dios a cada tipo de persona y hacer que cada una ocupe su lugar. Primeramente, tómate un momento para organizar mentalmente a estas personas de la iglesia; organiza a las de buena aptitud en un tipo y a las de poca aptitud en otro. Crea distintas categorías para las que puedan dedicarse al deber a jornada completa, a jornada parcial o nada en absoluto, y establece una categoría para aquellas que son siempre disruptivas, siempre negativas, y difunden rumores constantes. Después has de meditar y orar con frecuencia y relacionarte con estas personas. Transcurrido un tiempo, te habrás hecho una idea de los diversos estados y grados de estatura de cada tipo de persona. Esto se origina a partir de una carga, ¿no? ¿No es esta la actitud correcta hacia tu deber? Una vez que tengas dicha actitud correcta y se haya originado tu carga, podrás hacer bien tu trabajo.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Los líderes de la iglesia deben ser capaces de guiar a todos los hermanos y hermanas para que sepan cómo comer y beber las palabras de Dios. Esta es la responsabilidad de cada líder de la iglesia. Ya sean jóvenes o viejos, todos deben considerar que comer y beber las palabras de Dios es de gran importancia y deben tener Sus palabras en su corazón. Entrar en esta realidad significa entrar en la Era del Reino. Hoy, la mayoría de las personas sienten que no pueden vivir sin comer y beber las palabras de Dios, y sienten que Sus palabras son nuevas, independientemente del momento. Esto significa que están comenzando a entrar en el camino correcto. Dios usa las palabras para llevar a cabo Su obra y proveer al hombre. Cuando todos anhelen las palabras de Dios y tengan sed de ellas, la humanidad entrará en el mundo de Sus palabras.

Dios ha hablado mucho. ¿Qué tanto has llegado a conocer? ¿Qué tanto has entrado en ello? Si un líder de la iglesia no ha guiado a sus hermanos y hermanas a la realidad de las palabras de Dios, ¡entonces habrá sido negligente en su deber y habrá fracasado en cumplir sus responsabilidades! Ya sea que tu entendimiento sea profundo o superficial, e independientemente de qué tan grande sea tu entendimiento, debes saber cómo comer y beber Sus palabras; debes prestar gran atención a Sus palabras y comprender la importancia y la necesidad de comerlas y beberlas.

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Necesitas tener un entendimiento de los múltiples estados en los que las personas estarán cuando el Espíritu Santo lleve a cabo obra en ellos. En particular, quienes se coordinan para servir a Dios deben tener una comprensión mucho mejor de los múltiples estados ocasionados por la obra que el Espíritu Santo lleva a cabo en las personas. Si únicamente hablas de muchas experiencias o formas de lograr la entrada, eso demuestra que tu experiencia es demasiado parcial. Si no conoces tu verdadero estado y no comprendes los principios de la verdad, no es posible que logres un cambio de carácter. Si no conoces los principios de la obra del Espíritu Santo ni comprendes el fruto que produce, será difícil que que puedas discernir la obra de los espíritus malignos. Debes poner al descubierto la obra de los espíritus malignos, así como las nociones del hombre, y penetrar directamente en el meollo del asunto; también debes señalar muchas de las desviaciones que ocurren en la práctica de las personas y los problemas que podrían tener en su fe en Dios, de modo que puedan reconocerlos. Como mínimo, no debes hacer que se sientan negativas o pasivas. Sin embargo, debes entender las dificultades que existen de un modo objetivo para la mayoría de las personas, no debes ser irracional ni “intentar enseñar a cantar a un cerdo”; esa conducta es insensata. Para resolver las muchas dificultades que experimentan las personas, primero debes comprender la dinámica de la obra del Espíritu Santo; debes comprender cómo el Espíritu Santo lleva a cabo obra en diferentes personas; debes tener un entendimiento de las dificultades que enfrentan las personas y de sus deficiencias, y debes distinguir los asuntos clave del problema y llegar a su origen, sin desviarte ni cometer ningún error. Solo esta clase de persona está calificada para coordinarse en servicio a Dios.

Que seas o no capaz de comprender los asuntos clave y ver claramente muchas cosas depende de tus experiencias individuales. La manera en la que experimentas es, también, la manera en la que guías a los demás. Si entiendes letras y doctrinas, llevarás a los demás a entender letras y doctrinas. La forma en la que experimentas la realidad de las palabras de Dios es la forma en la que guiarás a otros para que logren entrar en la realidad de las declaraciones de Dios. Si eres capaz de comprender muchas verdades y obtener una percepción clara de muchas cosas a partir de las palabras de Dios, entonces eres capaz de guiar a los demás para que también entiendan muchas verdades, y aquellos a quienes guíes tendrán un entendimiento claro de las visiones. Si te enfocas en comprender sentimientos sobrenaturales, aquellos a los que guíes harán lo mismo. Si descuidas la práctica, y, en cambio, pones énfasis en la discusión, aquellos a los que guíes también se enfocarán en la discusión y no practicarán en absoluto ni lograrán transformación alguna en su carácter; solo serán entusiastas de manera superficial, sin haber puesto en práctica ninguna verdad. Todas las personas proveen a los demás con lo que ellas poseen. La clase de persona que alguien es determina la senda a la que guía a los demás, así como el tipo de persona a la que guía. Para ser verdaderamente apto para ser usado por Dios, no solo debes tener una aspiración, sino que también necesitas una gran cantidad de esclarecimiento por parte de Dios, la guía de Sus palabras, la experiencia de ser tratado por Él y el refinamiento de Sus palabras. Con esto como base, en tiempos normales debéis prestar atención a vuestras observaciones, pensamientos, reflexiones y conclusiones, y participar en la absorción o eliminación, según corresponda. Todas estas son sendas para vuestra entrada en la realidad, y cada una de ellas es indispensable. Esta es la forma en la que Dios obra. Si entras en este método a través del cual Dios obra, todos los días puedes tener oportunidades para que Él te perfeccione. Y, en cualquier momento, independientemente de si tu entorno es duro o favorable, de si estás siendo probado o tentado, de si estás trabajando o no, y de si estás viviendo la vida como un individuo o como parte de un colectivo, siempre encontrarás oportunidades para ser perfeccionado por Dios, sin perder jamás ni una sola de ellas. Serás capaz de descubrirlas todas y, de esta forma, habrás encontrado el secreto para experimentar las palabras de Dios.

de ‘Con qué debería estar equipado un pastor adecuado’ en “La Palabra manifestada en carne”

Lo que os exijo hoy —que trabajéis juntos en armonía— es similar al servicio que Jehová exigía a los israelitas: de no ser así, simplemente dejar de hacer servicio. Dado que sois personas que servís a Dios directamente, como mínimo debéis ser capaces de demostrar lealtad y sumisión en el servicio y también de aprender lecciones de manera práctica. Especialmente aquellos que trabajáis en la iglesia, ¿alguno de vuestros hermanos y hermanas subordinados se atrevería a vérselas con vosotros? ¿Se atrevería alguien a deciros vuestros errores a la cara? Estáis muy por encima de los demás; ¡reináis como monarcas! Ni siquiera estudiáis ni os adentráis en este tipo de lecciones prácticas, ¡pero seguís hablando de servir a Dios! En la actualidad se te pide que dirijas varias iglesias, pero no solo no te das por vencido, sino que incluso te aferras a tus nociones y opiniones y afirmas cosas como: “Creo que esto debe hacerse de esta manera, ya que Dios ha dicho que no debemos estar cohibidos por otros y que hoy en día no debemos someternos ciegamente”. Por lo tanto, cada uno se aferra a su opinión y no os obedecéis unos a otros. Aunque tenéis claro que vuestro servicio se encuentra en un callejón sin salida, pese a ello decís: “A mi parecer, mi camino no está totalmente equivocado. En cualquier caso, cada uno de nosotros defiende una cosa: tú hablas de lo tuyo y yo hablo de lo mío; tú compartes tus perspectivas y yo hablo de mi entrada”. Nunca os responsabilizáis de las muchas cosas que hay que tratar o, sencillamente, cada cual se conforma con desahogar sus opiniones y proteger con prudencia su estatus, reputación e imagen. Ninguno está dispuesto a humillarse y ninguna de las partes tomará la iniciativa de entregarse a subsanar los defectos de los demás para que la vida evolucione más deprisa. Cuando coordináis juntos, deberíais aprender a buscar la verdad. Podéis decir: “No tengo un claro entendimiento de este aspecto de la verdad. ¿Qué experiencia tienes tú con ello?”. O podéis decir: “Tú tienes más experiencia que yo en este aspecto; ¿podrías guiarme, por favor?”. ¿No sería esa una buena manera de ocuparse de ello? Habéis oído multitud de sermones y tenéis algo de experiencia con hacer servicio. Si no aprendéis unos de otros, os ayudáis y subsanáis los defectos de los demás cuando hacéis obra en las iglesias, entonces, ¿cómo vais a aprender ninguna lección? Cada vez que afrontéis algo, debéis hablar unos con otros para que vuestras vidas se beneficien. Además, deberíais hablar detenidamente de todo tipo de cosas antes de tomar decisiones. Ese es el único modo de responsabilizarse de la iglesia, en vez de limitarse a actuar sin interés. Tras visitar todas las iglesias, debéis reuniros a hablar de todos los asuntos que descubráis y de cualquier problema de trabajo, y luego comunicar el esclarecimiento y la iluminación que hayáis recibido; esta es una práctica de servicio indispensable. Debéis conseguir una cooperación armoniosa a efectos de la obra de Dios, para beneficio de la iglesia y para estimular a vuestros hermanos y hermanas. Debéis coordinaros con otros, corrigiéndoos mutuamente y alcanzando un mejor resultado de trabajo, con el fin de atender a la voluntad de Dios. Esta es la verdadera cooperación y solo aquellos que se dediquen a ella lograrán la verdadera entrada. Mientras cooperas, puede que algunas de tus palabras sean inadecuadas, pero no importa. Háblalo después y hazte una idea clara; no lo descuides. Cuando lo hayas hablado, podrás subsanar los defectos de tus hermanos o hermanas. Esta manera de profundizar cada vez más en tu trabajo es lo que te permitirá lograr mejores resultados. Cada uno de vosotros, como personas que sirven a Dios, debe ser capaz de defender los intereses de la iglesia en todo lo que haga, en lugar de tener en cuenta únicamente sus propios intereses. Es inaceptable actuar en solitario, desestabilizándoos unos a otros constantemente. ¡Las personas que se comportan así no son aptas para servir a Dios!

Extracto de ‘Servid como lo hacían los israelitas’ en “La Palabra manifestada en carne”

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