10. Principios del silencio ante Dios

(1) Se debe comer y beber de las palabras de Dios a diario. Además, se ha de orar a Dios, meditar Sus palabras y tratar de comprender Su voluntad para que al corazón le resulte sencillo guardar silencio ante Él.

(2) Se ha de aprender a buscar la verdad en todas las cosas, a discernir y a actuar correctamente de acuerdo con las palabras de Dios. Solo así es posible vivir ante Él en todas las cosas.

(3) Se ha de hacer introspección diariamente y, si se revela la propia corrupción o la persona es podada y tratada, esta ha de procurar utilizar la verdad para abordar el problema basándose en las palabras de Dios.

(4) Cuando no se tenga nada que hacer, se debe aprender a cantar himnos de alabanza a Dios para que lleguen al corazón y la persona piense en el amor de Dios. Como es lógico, Dios vendrá a ella.

Las palabras relevantes de Dios:

(Un capítulo selecto de la Palabra de Dios)

Acerca de acallar el corazón delante de Dios

Acallar el corazón en presencia de Dios es el paso más crucial para entrar en las palabras de Dios. Es una lección en la que todas las personas tienen la necesidad urgente de entrar en este momento. Las sendas de entrada para acallar el corazón delante de Dios son las siguientes:

1. Retira tu corazón de los asuntos externos. Quédate tranquilo ante Dios y concentra toda tu atención a orar a Dios.

2. Con tu corazón tranquilo delante de Dios, come, bebe y disfruta de las palabras de Dios.

3. Medita sobre el amor de Dios y contémplalo y reflexiona sobre la obra de Dios en tu corazón.

Primero empieza con el aspecto de la oración. Ora con toda tu atención y a una hora fija. Independientemente de lo apurado que estés de tiempo, de cuánto trabajo tengas o de lo que sobrevenga, ora cada día como algo normal y come y bebe las palabras de Dios como de costumbre. Mientras comas y bebas las palabras de Dios, no importa cuáles sean los entornos, sentirás gran placer en tu espíritu y no te molestarán las personas, los acontecimientos ni las cosas de alrededor. Cuando contemplas normalmente a Dios en tu corazón, lo que ocurre fuera no te puede molestar. Esto es lo que significa poseer estatura. Primero empieza con la oración: orar en silencio delante de Dios es lo más productivo. Después de ello, come y bebe las palabras de Dios, busca la luz en ellas mediante la reflexión, halla el camino a la práctica, conoce el propósito por el cual Dios declara Sus palabras, y compréndelas sin desviación. En general, debería ser normal que te acerques a Dios en tu corazón, contemples Su amor, y reflexiones sobre Sus palabras, sin ser perturbado por las cosas externas. Cuando tu corazón haya alcanzado cierto grado de paz, serás capaz de meditar en silencio, y contemplar dentro de ti mismo el amor de Dios, y acercarte de verdad a Él, independientemente del entorno en el que estés, hasta que hayas alcanzado finalmente el punto en el que la alabanza brota de tu corazón, y es incluso mejor que la oración. Entonces poseerás una cierta estatura. Si puedes alcanzar el estado antes descrito, esto será la prueba de que tu corazón está verdaderamente en paz ante Dios. Esta es la primera lección básica. Solo cuando las personas están en paz delante de Dios, el Espíritu Santo puede tocarlas y las puede esclarecer e iluminar, y solo entonces pueden tener comunión verdadera con Dios y pueden entender la voluntad de Dios y la guía del Espíritu Santo. Entonces, habrán entrado en el camino correcto en sus vidas espirituales. Cuando su aprendizaje para vivir ante Dios haya alcanzado cierta profundidad, y cuando sean capaces de abandonarse a sí mismos, para despreciarse a sí mismos y vivir en las palabras de Dios, entonces su corazón estará en paz ante Dios. Ser capaz de despreciarse a uno mismo, maldecirse y abandonarse a sí mismo es el efecto que consigue la obra de Dios, y las personas no pueden hacerlo por su propia cuenta. Por consiguiente, la práctica de acallar el corazón delante de Dios es una lección en la que las personas deberían entrar de inmediato. Algunas personas no solo son incapaces normalmente de estar tranquilas ante Dios, sino que además no pueden acallar su corazón delante de Dios incluso cuando oran. ¡Esto está demasiado por debajo de los criterios de Dios! Si tu corazón no puede estar tranquilo delante de Dios, ¿puedes ser movido por el Espíritu Santo? Si no puedes estar tranquilo delante de Dios, puedes acabar estando distraído cuando llega alguien o cuando los demás están hablando, y tu mente puede alejarse cuando otros están haciendo cosas, en cuyo caso no vives en la presencia de Dios. Si tu corazón está verdaderamente en paz delante de Dios, no te molestará nada de lo que esté ocurriendo en el mundo exterior, ni estarás ocupado con cualquier persona, evento o cosa. Si tienes entrada a esto, entonces esos estados negativos y todas las cosas negativas, las nociones humanas, las filosofías de vida, las relaciones anormales entre las personas y las ideas y los pensamientos, etc., desaparecerán de manera natural. Al estar siempre meditando en las palabras de Dios, al acercarse siempre tu corazón a Él, y estar siempre ocupado con Sus palabras actuales, esas cosas negativas desaparecerán de ti sin que te des cuenta. Cuando las cosas nuevas y positivas te ocupen, las viejas cosas negativas no tendrán lugar, así que no les prestes atención. No es necesario que hagas esfuerzos para controlarlas. Deberías concentrarte en estar en paz delante de Dios, comer, beber y disfrutar las palabras de Dios tanto como puedas, cantar himnos de alabanza a Dios todo lo que puedas y dejar que Él tenga la oportunidad de obrar en ti, porque ahora Dios quiere perfeccionar personalmente a las personas, quiere ganar tu corazón, Su Espíritu conmueve tu corazón y, si sigues la guía del Espíritu Santo, llegas a vivir en presencia de Dios y satisfarás a Dios. Si prestas atención a vivir en las palabras de Dios y a entablar más conversaciones sobre la verdad para obtener el esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo, entonces esas nociones religiosas y tu santurronería y la prepotencia desaparecerán todas, y sabrás cómo gastare por Dios, y cómo amarlo y satisfacerlo. Y sin darte cuenta, esas cosas que eran ajenas a Dios se disiparán por completo de tu conciencia.

Reflexionar sobre las palabras de Dios, y orar sobre ellas al tiempo que se comen y se beben Sus actuales palabras es el primer paso para estar en paz delante de Dios. Si de verdad puedes estar en paz delante de Dios, entonces el esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo estarán contigo. Toda vida espiritual se logra al estar en paz en la presencia de Dios. Al orar, debes estar en paz ante Él, y solo entonces te podrá mover el Espíritu Santo. Cuando estás en paz delante de Dios cuando comes y bebes Sus palabras, puedes ser esclarecido e iluminado, y puedes alcanzar verdadero conocimiento de las palabras de Dios. Cuando, en tus actividades habituales de meditación y comunión, y de acercarse a Dios de corazón, llegas a estar en paz en la presencia de Dios, podrás disfrutar de una cercanía genuina con Él, tener un entendimiento genuino de Su amor y de Su obra, y mostrar consideración y afecto verdaderos por Sus intenciones. Cuanto más capaz seas normalmente de estar en paz delante de Dios, más esclarecido podrás ser, y más capaz de entender tu propio carácter corrupto, de qué careces, a qué deberías entrar, qué función debes ejercer, y dónde están tus defectos. Todo esto se logra al estar en paz en la presencia de Dios. Si, al estar en paz delante de Dios, alcanzas de verdad profundidad, podrás ser capaz de entender ciertos misterios del espíritu, comprender lo que Dios desea llevar a cabo en ti hoy, captar más profundamente Sus palabras, la esencia, la sustancia y el ser de ellas, y ver la senda de práctica de manera más clara y precisa. Si no alcanzas suficiente profundidad al estar en paz en tu espíritu, el Espíritu Santo solo te moverá un poco, te sentirás fortalecido por dentro y cierto grado de placer y paz, pero no podrás entender nada más profundo. He dicho antes que, si uno no usa toda la fuerza, le resultará difícil escuchar Mi voz o contemplar Mi rostro. Esto se refiere a alcanzar profundidad en la paz delante de Dios y a hacer esfuerzos superficiales. Una persona que de verdad puede estar en paz en presencia de Dios es capaz de liberarse de todas las ataduras mundanas y lograr posesión por Dios. Todas las personas incapaces de estar en paz en presencia de Dios son, sin lugar a duda, disolutas y desenfrenadas. Todos los que son capaces de estar en paz ante de Dios son los piadosos delante de Él, que anhelan a Dios. Solo los que están en paz ante Dios y dan valor a la vida, a hablar en comunión en el espíritu, tienen sed de las palabras de Dios y persiguen la verdad. Los que no valoran estar en paz delante de Dios, y no lo practican, son personas vanas y superficiales atadas al mundo y sin vida; aunque afirmen creer en Dios, solo lo hacen de labios para afuera. Aquellos a los que Dios perfecciona y completa en última instancia son personas que pueden estar en paz en Su presencia. Por tanto, los que están en paz delante de Dios son personas agraciadas con grandes bendiciones. Las personas que durante el día dedican poco tiempo a comer y beber las palabras de Dios, que están completamente preocupadas por los asuntos externos, y que valoran poco entrar en la vida, son todas unas hipócritas sin perspectiva de crecimiento en el futuro. Los que pueden estar en paz delante de Dios y pueden tener una comunión genuina con Él, son Su pueblo.

Para acudir ante Dios y aceptar Sus palabras como tu vida propia, debes estar primero en paz delante de Dios. Solo cuando estás en paz ante Dios, Él te esclarecerá y te dará conocimiento. Cuanta más paz tengan las personas delante de Él, más capaces serán de recibir Su esclarecimiento y Su iluminación. Todo esto requiere que las personas tengan piedad y fe. Solo así pueden ser perfeccionadas. La lección fundamental para entrar en la vida espiritual es estar en paz en presencia de Dios. Solo si estás en paz en presencia de Dios, tu entrenamiento espiritual será efectivo. Si tu corazón no puede estar en paz ante Dios, no podrás recibir la obra del Espíritu Santo. Si tu corazón está en paz delante de Dios, independientemente de lo que estés haciendo, eres alguien que vive en presencia de Dios. Si tu corazón está en paz delante de Dios y se acerca a Él, no importa lo que estés haciendo, esto demuestra que eres una persona que está en paz delante de Dios. Si, cuando hablas con los demás, o cuando caminas, eres capaz de afirmar: “Mi corazón se está acercando a Dios, no está centrado en las cosas externas, y puedo estar en paz delante de Dios”, entonces eres una persona que está en paz delante de Dios. No te involucres en cosas que puedan atraer tu corazón a asuntos externos o con personas que puedan separar tu corazón de Dios. Deja a un lado cualquier cosa que pueda distraer tu corazón de estar cerca de Dios, o mantente alejado de ellas. Esto es más beneficioso para tu vida. Ahora es precisamente el momento para la gran obra del Espíritu Santo, la hora en que Dios está perfeccionando personalmente a las personas. Si, en este momento, no puedes estar en paz delante de Dios, entonces no eres alguien que regresará ante Su trono. Si persigues otras cosas en vez de a Dios, no habrá manera de que seas perfeccionado por Él. Los que pueden escuchar tales declaraciones de Dios, pero no pueden estar en paz ante Él en el presente, son personas que no aman la verdad ni a Dios. Si no quieres ofrecerte en este momento, ¿a qué esperas? Ofrecerse a sí mismo es acallar el corazón ante Dios. Esta sería una ofrenda sincera. Quienquiera que ofrezca su corazón a Dios de verdad, ahora puede ser ciertamente completado por Dios. Nada, sea lo que sea, puede perturbarte, sea para podarte o tratarte, o sea que te encuentres con la frustración o con el fracaso; tu corazón debería estar siempre en paz delante de Dios. Independientemente de cómo te traten las personas, tu corazón debería estar en paz ante Dios. Independientemente de a qué circunstancias te enfrentes, sean adversidades, sufrimientos o persecución, o diferentes pruebas, tu corazón debería estar siempre en paz ante Dios. Esta es la senda de ser perfeccionado. Solo si estás verdaderamente en paz delante de Dios, Sus palabras actuales estarán claras. Entonces puedes practicar de un modo más correcto y sin desviación la iluminación y el esclarecimiento del Espíritu Santo, entender con mayor claridad las intenciones de Dios, que proporcionarán una dirección más clara a tu servicio, comprender con mayor precisión el movimiento y la guía del Espíritu Santo y tener la certeza de vivir bajo Su guía. Estos son los efectos que se logran al estar en verdadera paz delante de Dios. Cuando las personas no tienen claras las palabras de Dios, no tienen senda para practicar, no pueden entender las intenciones de Dios o carecen de principios de práctica; esto se debe a que sus corazones no están en paz delante de Dios. El propósito de estar en paz delante de Él consiste en ser serio y pragmático, buscar la corrección y la transparencia en las palabras de Dios, y en última instancia llegar a comprender la verdad y conocer a Dios.

Si tu corazón no está a menudo en paz delante de Dios, Él no tiene manera de perfeccionarte. No tener determinación equivale a no tener corazón, y las personas sin corazón no pueden estar en paz delante de Dios. Estas personas no saben cuánta obra realiza Dios ni lo mucho que Él habla, ni tampoco saben cómo ponerlo en práctica. ¿Acaso no son personas sin corazón? ¿Pueden las personas sin corazón estar en paz delante de Dios? Dios no tiene ninguna forma de perfeccionar a personas sin corazón, no son diferentes a las bestias de carga. Dios ha hablado con tanta claridad y transparencia, pero tu corazón sigue sin moverse y sigues sin estar en paz delante de Dios. ¿No eres un salvaje estúpido? Algunas personas se desvían al practicar el estar en paz en presencia de Dios. Cuando es hora de cocinar, no cocinan, y cuando es tiempo de hacer tareas, no las hacen, sino que siguen orando y meditando. Estar en paz delante de Dios no significa no cocinar, no hacer tareas o no vivir la vida, sino ser capaz de acallar el corazón propio delante de Dios en todas las circunstancias normales y tener sitio para Dios en el corazón. Cuando oras, debes arrodillarte de forma adecuada ante Dios para orar; cuando haces las tareas o preparas comida, acalla el corazón delante de Dios, medita sobre Sus palabras o canta himnos. Independientemente de la situación en la que te encuentres, debes tener tu propia forma de práctica, debes hacer todo lo posible para acercarte a Dios y debes intentar con todas tus fuerzas acallar tu corazón ante Dios. Cuando las circunstancias lo permiten, ora con resolución; cuando no lo permiten, acércate a Dios en tu corazón mientras haces la tarea que te ocupa. Cuando comas y bebas las palabras de Dios, come y bebe Sus palabras; cuando puedas orar, entonces ora; cuando puedas contemplar a Dios, entonces contémplale; haz todo lo posible para entrenarte de acuerdo con tu propio entorno. Algunas personas pueden estar en paz delante de Dios cuando no pasa nada, pero tan pronto como sucede algo, su mente se distrae. Esto no es estar en paz delante de Dios. El camino correcto a la experiencia es este: en ninguna circunstancia, el corazón propio debe dejar a Dios ni sentirse perturbado por las personas, los eventos ni las cosas de afuera, y solo entonces esta es una persona que está en paz verdaderamente delante de Dios. Algunas personas afirman que, cuando oran en las asambleas, su corazón puede estar en paz delante de Dios, pero, cuando están en comunión con otros, no pueden estar en paz delante de Él y sus pensamientos se distraen. Esto no es estar en paz delante de Dios. Hoy en día, la mayoría de las personas están en esta condición, sus corazones son incapaces de estar siempre en paz delante de Dios. Así que debéis esforzaros más en ejercitaros en este ámbito, en entrar paso a paso en el camino correcto de la experiencia vital y en embarcaros en el camino de ser perfeccionados por Dios.

de “La Palabra manifestada en carne”

Si queréis tener vuestro corazón realmente en paz ante Él, entonces debéis hacer la obra de cooperación consciente. Es decir, cada uno de vosotros debe dedicar un tiempo para vuestras devociones, un momento en el que apartáis a todas las personas, asuntos u objetos, calmáis vuestro corazón y guardáis silencio ante Dios. Todo el mundo debería tomar notas devocionales, registrar su conocimiento de la palabra de Dios y cómo se les conmueve el espíritu, independientemente de que sea profundo o superficial, todos deben acallar sus corazones ante Dios de manera consciente. Si puedes dedicar una o dos horas cada día a una vida espiritual verdadera, tu vida durante ese día se sentirá enriquecida y tu corazón será brillante y claro. Si vives esta clase de vida espiritual a diario, entonces tu corazón podrá volver a estar más en posesión de Dios, tu espíritu se volverá cada vez más fuerte, tu condición mejorará constantemente, podrás recorrer mejor la senda por la que guía el Espíritu Santo, y Dios te concederá más bendiciones. El propósito de vuestra vida espiritual es obtener conscientemente la presencia del Espíritu Santo. No consiste en observar reglas o celebrar rituales religiosos, sino en actuar verdaderamente en sintonía con Dios y disciplinar realmente vuestro cuerpo. Esto es lo que el hombre debe hacer; así que debéis hacerlo esforzándoos al máximo. Cuanto mejor sea tu cooperación y cuanto más esfuerzo pongas en ello, más podrá tu corazón volver a Dios y mejor podrás aquietarlo ante Él. Llegado cierto punto, Dios ganará por completo tu corazón. Nadie podrá influir en tu corazón ni capturarlo, y pertenecerás completamente a Dios.

Extracto de ‘Una vida espiritual normal guía a las personas por el camino correcto’ en “La Palabra manifestada en carne”

Se puede aprender de la experiencia que uno de los problemas más importantes es tranquilizar el corazón ante Dios. Es un problema que tiene que ver con la vida espiritual de las personas y su avance en su vida. Sólo si tu corazón está en paz delante de Dios, tu búsqueda de la verdad y de los cambios en tu carácter dará fruto. Como te presentas delante de Dios llevando una carga, y siempre sientes que tienes todo tipo de carencias, hay muchas verdades que tienes que saber, mucha realidad que tienes que experimentar y le debes prestar atención completa a la voluntad de Dios, estas cosas siempre están en tu mente. Es como si estuvieran presionándote con tal fuerza que no te dejaran respirar, y por eso te sientes apesadumbrado (aunque no te halles en un estado negativo). Sólo esta clase de personas son aptas para aceptar el esclarecimiento de las palabras de Dios y que el Espíritu de Dios las toque. Es por su carga, porque se sienten apesadumbrados y, se puede decir, por el precio que han pagado y el tormento que han sufrido ante Dios, que reciben el esclarecimiento y la iluminación de Dios. Porque Dios no le da a nadie un tratamiento especial. Él siempre es justo en Su forma de tratar a las personas, pero tampoco provee a la gente de forma arbitraria o incondicional. Este es un aspecto de Su justo carácter. En la vida real, la mayoría de las personas aún tienen que alcanzar este ámbito. Como mínimo, sus corazones se tienen que volver completamente a Dios y por eso todavía no ha habido ningún gran cambio en su carácter de vida. Esto se debe a que sólo viven en la gracia de Dios y todavía han de ganar la obra del Espíritu Santo. Los criterios que las personas deben cumplir para ser usadas por Dios son los siguientes: volver Su corazón hacia Dios, llevar la carga de las palabras de Dios, sentir un anhelo del corazón y tomar la resolución de buscar la verdad. Sólo las personas como estas pueden ganar la obra del Espíritu Santo y ser esclarecidas e iluminadas con mayor frecuencia. Desde fuera, las personas a las que usa Dios parecen irracionales y no tener relaciones normales con los demás, aunque hablan con propiedad, nunca con descuido, y siempre son capaces de mantener un corazón tranquilo ante Dios. Este es exactamente el tipo de persona que es suficiente para ser usada por el Espíritu Santo. Esta persona “irracional” de la que habla Dios parece no tener relaciones normales con los demás, y no presta la debida atención al amor o a las prácticas exteriores, pero cuando comunica asuntos espirituales es capaz de abrir su corazón y proveer desinteresadamente a los demás de la iluminación y el esclarecimiento que ha adquirido de su experiencia real ante Dios. Así es como expresan su amor por Dios y satisfacen Su voluntad. Cuando los demás los calumnian y ridiculizan, son capaces de evitar ser controlados por personas, asuntos o cosas externas, y a pesar de ello pueden permanecer tranquilos ante Dios. Una persona así parece tener sus propias ideas. Independientemente de lo que hagan otros, su corazón nunca abandona a Dios. Cuando los demás están conversando con alegría y con humor, su corazón sigue estando ante Dios, contemplando la palabra de Dios y orando en silencio a Dios en su corazón, buscando los designios de Dios. Nunca dan importancia a mantener relaciones normales con otras personas. Tal persona parece no tener una filosofía de vida. Por fuera es vivaz, amable e inocente, pero también posee un sentido de la calma. Esta es la semejanza del tipo de persona que usa Dios. Cosas como la filosofía de vivir o la “razón normal” simplemente no funcionan en este tipo de persona; se trata de alguien que ha dedicado todo su corazón a la palabra de Dios, y parece tener sólo a Dios en su corazón. Este es el tipo de persona a la que Dios se refiere como una persona “sin razón”, y es precisamente este tipo de persona la que es usada por Dios. La marca de una persona que está siendo usada por Dios es que, no importa cuándo o dónde, su corazón está siempre delante de Dios, y no importa lo disolutos que puedan ser los demás, lo mucho que se entreguen a la lujuria y la carne, el corazón de esta persona nunca abandona a Dios, y no sigue a la multitud. Sólo este tipo de persona es adecuada para que la use Dios, y son los únicos a los que perfecciona el Espíritu Santo. Si no sois capaces de lograr estas cosas, entonces no sois aptos para ser ganados por Dios y ser perfeccionados por el Espíritu Santo.

Extracto de ‘Es muy importante establecer una relación normal con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

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