164. Principios para llegar a conocer a Dios

(1) Es preciso conocer las tres etapas de la obra de Dios, entender el objetivo de Su plan de gestión y conocer la importancia de cada etapa de Su obra, así como los resultados que pretende lograr.

(2) Es preciso tener claro cómo corrompe Satanás a la humanidad, cómo la salva Dios y los resultados que pueden conseguir Su juicio y castigo.

(3) Es preciso saber a quiénes salva Dios, a quiénes ama, de quiénes abomina, a quiénes descarta y a quiénes perfecciona.

(4) Es preciso someterse al juicio y castigo de Dios, así como a Sus pruebas y Su refinación, y llegar a conocer Su carácter justo y Su santa esencia.

(5) Es preciso conocer la esencia divina de Cristo, estar en armonía con Él y ser capaz de practicar el enaltecimiento y el testimonio de Dios a partir de la verdad-palabra de Dios.

Las palabras relevantes de Dios:

Creer en Dios y conocerle es lo que el cielo dispone y la tierra acepta y, hoy, durante una era en la que el Dios encarnado está haciendo Su obra en persona, es un momento especialmente oportuno para conocer a Dios. Satisfacerle es algo que se consigue sobre el fundamento de entender Su voluntad y, para ello, es necesario tener cierto conocimiento de Dios. Este conocimiento de Dios es la visión que quien cree en Dios debe tener; es la base de la creencia del hombre en Dios. Si faltara este conocimiento, la creencia en Dios del hombre sería imprecisa, en medio de una teoría vacía. Aunque este tipo de persona esté decidida a seguir a Dios, no conseguirá nada. Todos aquellos que no logran nada por este camino son los que serán eliminados; son aprovechadores. Cualquiera que sea el paso de la obra de Dios que experimentes, debería acompañarte una poderosa visión. De otro modo, te resultaría difícil aceptar cada paso de la nueva obra, porque la nueva obra de Dios excede la capacidad del hombre para imaginarla, y está fuera de los límites de su concepción. Por tanto, sin un pastor que cuide al hombre, sin un pastor que comparta enseñanzas sobre las visiones, el ser humano es incapaz de aceptar esta nueva obra. Si el hombre no puede recibir las visiones, no podrá recibir la nueva obra de Dios, y si no puede obedecerla, entonces será incapaz de entender Su voluntad y por tanto su conocimiento de Dios no servirá de nada. Antes de que el hombre obedezca las palabras de Dios, debe conocerlas, es decir, comprender Su voluntad; solo así podrá llevarse a cabo la palabra de Dios con precisión y según Su voluntad. Todo aquel que busca la verdad debe poseer esto, y también es el proceso que todo el que procura conocer a Dios debe experimentar. El proceso de conocer las palabras de Dios es el de conocerle a Él, y también el de conocer Su obra. Por tanto, conocer las visiones no solo alude a conocer la humanidad del Dios encarnado, sino que también incluye conocer las palabras y la obra de Dios. De Sus palabras, las personas llegan a entender Su voluntad y, a partir de la obra de Dios, a conocer Su carácter y lo que Él es. Creer en Dios es el primer paso para conocerle. El proceso de avanzar desde la creencia inicial en Dios hasta llegar a una más profunda es el proceso de conocerle y de experimentar Su obra. Si te limitas a creer en Él por creer, y no lo haces para conocerle, no habrá realidad en tu creencia, que no podrá llegar a ser pura; de esto no cabe la menor duda. Si, durante el proceso por el cual experimenta la obra de Dios, el hombre llega progresivamente a conocerle, su carácter irá cambiando de igual modo y su creencia será cada vez más verdadera. De este modo, cuando el hombre logra el éxito en su creencia en Dios, le habrá ganado por completo. La razón por la que Dios llegó a tales extremos como hacerse carne por segunda vez y llevar a cabo Su obra de forma personal, es para que el hombre fuera capaz de conocerle y de verle. Conocer a Dios[a] es el efecto final que debe lograrse al final de Su obra; es el requisito final de Dios para la humanidad. La razón por la que hace esto es por el bien de Su testimonio final y para que el hombre pueda finalmente volverse a Él por completo. El ser humano solo puede llegar a amar a Dios conociéndolo, y para amarle debe conocerle. Independientemente de cómo lo busque, o de lo que procure ganar, debe ser capaz de obtener el conocimiento de Dios. Solo así puede satisfacer Su corazón. Solo conociendo a Dios puede el hombre creer de verdad en Él, venerarlo y obedecerle de verdad. Los que no conocen a Dios no le obedecerán nunca ni lo venerarán de verdad. Conocer a Dios incluye conocer Su carácter, entender Su voluntad y saber lo que Él es. A pesar de ello, cualquiera sea el aspecto de Dios que uno llegue a conocer, cada uno de ellos requiere que el hombre pague un precio y exige la voluntad de obedecer, sin la cual nadie sería capaz de seguir hasta el final. La obra de Dios es demasiado incompatible con los conceptos humanos. El carácter de Dios y lo que Él es, son cosas demasiado difíciles de conocer para el hombre, y todo lo que Dios dice y hace le resulta incomprensible por demás al ser humano. Si el hombre desea seguir a Dios, pero no está dispuesto a obedecerlo, no conseguirá nada.

Extracto de ‘Solo aquellos que conocen a Dios pueden dar testimonio de Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

La lección de conocer a Dios es más elevada que cualquiera de las ciencias naturales de la humanidad. Es una lección que solo puede aprender un número extremadamente pequeño de aquellos que buscan conocer a Dios, y no puede aprenderla cualquier persona talentosa. Por tanto, no debéis considerar el conocer a Dios y buscar la verdad como si fueran cosas que un simple niño puede lograr. Quizás hayas sido completamente exitoso en tu vida familiar, en tu carrera o en tu matrimonio, pero cuando se trata de la verdad y de la lección de conocer a Dios, no tienes nada que mostrar por ti mismo y no has conseguido nada. Se puede decir que poner la verdad en práctica es de gran dificultad para vosotros, y conocer a Dios es un problema aún mayor. Esta es vuestra dificultad y también es la dificultad que enfrenta toda la humanidad. Entre aquellos que han tenido algunos logros en la carrera de conocer a Dios, no hay casi nadie que esté a la altura. El hombre no sabe lo que significa conocer a Dios ni por qué es necesario conocerle ni qué grado se debe alcanzar para conocer a Dios. Esto es lo que confunde tanto a la humanidad, y es simplemente el mayor acertijo al que se enfrenta; nadie es capaz de responder a esta pregunta ni está dispuesto a hacerlo porque, hasta la fecha, nadie de toda la humanidad ha tenido éxito en el estudio de esta obra. Quizás, cuando a la humanidad se le dé a conocer el acertijo de estas tres etapas de la obra, aparecerá sucesivamente un grupo de personas talentosas que conozcan a Dios. Por supuesto, espero que este sea el caso; además, me encuentro en el proceso de llevar a cabo esta obra, y espero ver la aparición de más personas talentosas de ese tipo en un futuro cercano. Pasarán a ser quienes den testimonio de la realidad de estas tres etapas de la obra y, por supuesto, también serán los primeros en dar testimonio de las mismas. Pero nada sería más angustiante y lamentable que si estas personas talentosas no surgen el día en que la obra de Dios llegue a su fin o si solo hay una o dos personas así que han aceptado personalmente ser perfeccionadas por el Dios encarnado. Sin embargo, este es el peor de los casos. Cualquiera que sea el caso, sigo esperando que quienes buscan sinceramente puedan obtener esta bendición. Desde el principio de los tiempos, nunca ha habido una obra como esta ni ha existido un proyecto así en la historia del desarrollo humano. Si en verdad puedes llegar a ser uno de los primeros que conocen a Dios, ¿no sería el mayor honor entre todas las criaturas? ¿Elogiaría Dios más a cualquier criatura entre la humanidad? Semejante obra no es fácil de lograr, pero seguirá cosechando recompensas en última instancia. Independientemente de su género o nacionalidad, todos los que sean capaces de lograr tener conocimiento de Dios recibirán al final Su mayor honra, y serán los únicos que posean Su autoridad. Esta es la obra de hoy, y también es la obra del futuro; es la última y más elevada obra que debe cumplirse en 6000 años de obra, y es una forma de obrar que revela cada categoría de hombre. A través de la obra de hacer que el hombre conozca a Dios se revelan las diferentes clases de hombre: los que conocen a Dios son aptos para recibir Sus bendiciones y aceptar Sus promesas, mientras que quienes no lo conocen no son aptos para ello. Los que conocen a Dios son Sus íntimos y los que no conocen a Dios no pueden ser llamados así; los íntimos de Dios pueden recibir cualquiera de Sus bendiciones, pero los que no lo son no son dignos de ninguna de Sus obras. Ya sea por tribulaciones, refinamiento o juicio, todas estas cosas se producen en aras de permitir al hombre obtener, en última instancia, un conocimiento de Dios y para que pueda someterse a Él. Este es el único efecto que se conseguirá finalmente. Nada de las tres etapas de la obra se esconde, y esto es una ventaja para que el hombre conozca a Dios, y le ayuda a obtener un conocimiento más completo y exhaustivo de Él. Toda esta obra es beneficiosa para el hombre.

Extracto de ‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dios realiza la obra de juicio y castigo para que el hombre pueda conocerle, y por el bien de Su testimonio. Sin Su juicio sobre el carácter corrupto del ser humano, el hombre no podría conocer Su carácter justo que no permite ofensa, y no podría apartarse de su viejo conocimiento de Dios para adoptar el nuevo. Por el bien de Su testimonio y de Su gestión, Él hace pública Su totalidad, capacitando así al hombre para lograr el conocimiento de Dios, que su carácter sea transformado y que dé resonante testimonio de Él por medio de Su aparición pública. El cambio en el carácter del hombre se logra a través de distintos tipos de la obra de Dios; sin estos cambios en el carácter del hombre, este sería incapaz de dar testimonio de Dios y no podría ser conforme a Su corazón. El cambio en el carácter del hombre significa que se ha liberado de la atadura de Satanás y de la influencia de la oscuridad, y que se ha convertido de verdad en un modelo y una muestra de la obra de Dios, que ha llegado a ser un testigo suyo y alguien que es conforme a Su corazón. Hoy, el Dios encarnado ha venido a hacer Su obra en la tierra, y exige que el hombre logre conocerle, obedecerle, y dé testimonio de Él; que conozca Su obra práctica y normal, que obedezca todas Sus palabras y Su obra que no concuerdan con los conceptos del hombre, y dé testimonio de toda Su obra de salvación del hombre, y todos los hechos que Él hace para conquistar al hombre. Los que dan testimonio de Dios tienen que poseer un conocimiento de Él; solo este tipo de testimonio es preciso, práctico y el único que puede avergonzar a Satanás. Dios usa a aquellos que han llegado a conocerle pasando por Su juicio y Su castigo, por Su trato y Su poda, para que den testimonio de Él; Él usa a los que han sido corrompidos por Satanás para que den testimonio de Él; así también usa a aquellos cuyo carácter ha cambiado y que se han ganado, así, Sus bendiciones, para que den testimonio de Él. No necesita que el hombre lo alabe de palabra, ni necesita la alabanza y el testimonio de quienes son de la clase de Satanás, que no han sido salvados por Él. Solo aquellos que conocen a Dios son aptos para dar testimonio de Él y aquellos cuyo carácter ha sido transformado también lo son. Dios no permitirá que el hombre acarree vergüenza sobre Su nombre deliberadamente.

Extracto de ‘Solo aquellos que conocen a Dios pueden dar testimonio de Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

Entender la esencia de Dios y conocerla es de suma importancia para la entrada en la vida de las personas. Espero que no ignoréis esto ni lo veáis como un juego, porque conocer a Dios es el fundamento de la fe del hombre y la clave para que el hombre busque la verdad y alcance la salvación. Si las personas creen en Dios pero no lo conocen, si solo viven en las letras y doctrinas, nunca les será posible alcanzar la salvación, aunque actúen y vivan de acuerdo con el sentido superficial de la verdad. Es decir, si crees en Dios pero no lo conoces, entonces tu fe es en balde y no contiene nada de la realidad.

Extracto de ‘Dios mismo, el único V’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Qué significa conocer a Dios? Significa ser capaz de comprender Su alegría, rabia, tristeza y felicidad, y así conocer Su carácter, esto es conocer verdaderamente a Dios. Aseguras que lo has visto, pero no entiendes la alegría, la rabia, la tristeza y la felicidad de Dios y no entiendes Su carácter. Tampoco entiendes Su justicia ni Su misericordia y tampoco sabes lo que le gusta o lo que detesta. Esto no es tener conocimiento de Dios. Por tanto, alguna gente puede seguir a Dios, pero no son necesariamente capaces de creer en Él de verdad; ahí está la diferencia. Si conoces a Dios, lo entiendes y puedes comprender parte de Su voluntad, entonces puedes creer verdaderamente en Él, someterte verdaderamente a Él, amarlo verdaderamente y adorarlo verdaderamente. Si no entiendes estas cosas, entonces sólo eres un seguidor que corre de un lado a otro y se deja llevar por la corriente. No puede decirse que eso sea sumisión o adoración verdaderas. ¿Cómo surge la verdadera adoración? Sin excepción, todo el que conoce auténticamente a Dios lo adora y venera cuando lo ve; se ven obligados a postrarse y adorarle. Actualmente, mientras Dios encarnado está obrando, cuanto más entendimiento tengan las personas de Su carácter y de lo que Él tiene y es, más atesorarán estas cosas y más lo venerarán. Generalmente, mientras menos entendimiento tenga la gente, más descuidados son y, por tanto, tratan a Dios como humano. Si las personas realmente conocieran a Dios y lo vieran, temblarían de miedo. “El que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias”, ¿por qué dijo esto Juan? Aunque en el fondo no tenía un entendimiento muy profundo, él sabía que Dios es asombroso. ¿Cuántas personas son capaces hoy en día de venerar a Dios? Si no conocen Su carácter, entonces ¿cómo pueden venerar a Dios? Las personas no conocen la esencia de Cristo ni el carácter de Dios, son todavía menos capaces de adorar verdaderamente a Dios. Si ven únicamente la apariencia externa común y normal de Cristo y sin embargo no conocen Su esencia, entonces es fácil que traten a Cristo como si fuera un mero hombre común. Pueden adoptar una actitud irreverente hacia Él y engañarle, oponerse a Él, desobedecerle y pronunciar un juicio sobre Él. Pueden ser santurrones y no tomarse en serio Sus palabras, pueden incluso hacer que surjan nociones, condenas y blasfemias contra Dios. Para resolver estos asuntos, uno debe conocer la esencia y la divinidad de Cristo. Este es el principal aspecto de conocer a Dios; es en lo que todos los que creen en el Dios práctico deben entrar y deben lograr.

Extracto de ‘Cómo conocer a Dios encarnado’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué deberías saber acerca del Dios práctico? El Espíritu, la Persona y la Palabra forman el Dios mismo práctico, y este es el verdadero significado del Dios mismo práctico. Si sólo conoces la Persona, si conoces Sus hábitos y Su personalidad, pero no conoces la obra del Espíritu, lo que hace en la carne, y sólo prestas atención al Espíritu, a la Palabra, limitándote a orar delante de Él, pero no conoces la obra del Espíritu de Dios en el Dios práctico, eso demuestra que no le conoces. Conocerle implica saber y experimentar Sus palabras, así como comprender las normas y los principios de la obra del Espíritu Santo, y cómo obra el Espíritu de Dios en la carne. También implica saber que el Espíritu gobierna toda acción de Dios en la carne, y que las palabras que pronuncia son la expresión directa del Espíritu. Por tanto, para conocer al Dios práctico, es crucial saber cómo obra Él desde lo humano y desde lo divino; esto, a su vez, concierne a las expresiones del Espíritu, con las que todas las personas tienen contacto.

Extracto de ‘Deberías saber que el Dios práctico es Dios mismo’ en “La Palabra manifestada en carne”

El carácter de Dios es un tema que a todos parece muy abstracto, y es además algo difícil de aceptar, ya que Su carácter es diferente a la personalidad de un ser humano. Dios también tiene Sus propias emociones de alegría, ira, tristeza y felicidad, pero estas emociones son distintas a las de los hombres. Dios es lo que Él es, y tiene lo que Él tiene. Todo lo que Él expresa y revela es representación de Su esencia y de Su identidad. Lo que Él es y lo que Él tiene, así como Su esencia e identidad, son cosas que ningún hombre puede reemplazar. Su carácter abarca Su amor por la humanidad, Su solaz por la humanidad, Su odio por la humanidad, y aún más, una comprensión profunda por la humanidad. Sin embargo, la personalidad del hombre puede ser optimista, vivaz o insensible. El carácter de Dios es uno que pertenece al Soberano de los seres vivos y todas las cosas, al Señor de toda la creación. Su carácter representa honor, poder, nobleza, grandeza y, sobre todo, supremacía. Su carácter es símbolo de autoridad, símbolo de todo lo que es justo, símbolo de todo lo que es hermoso y bueno. Más que esto, es un símbolo de Aquel que no puede ser[b] vencido o invadido por la oscuridad ni por ninguna fuerza enemiga, así como un símbolo de Aquel que no puede ser ofendido (y que tampoco tolerará ser ofendido)[c] por ningún ser creado. Su carácter es símbolo de la mayor autoridad. No hay persona o personas que trastornen o puedan trastornar Su obra o Su carácter. Pero la personalidad del hombre no es más que un mero símbolo de su leve superioridad sobre la bestia. El hombre en sí mismo y por sí mismo no tiene ninguna autoridad, ninguna autonomía y ninguna destreza para trascender el yo, sino que en su esencia es alguien que se acobarda a merced de todo tipo de personas, sucesos y cosas. La alegría de Dios se debe a la existencia y surgimiento de la justicia y la luz, a la destrucción de la oscuridad y la maldad. Él se deleita en traer luz y buena vida a la humanidad; Su alegría es una alegría justa, un símbolo de la existencia de todo lo que es positivo, y, aún más, un símbolo de buenos auspicios. La ira de Dios se debe al daño que la existencia y la interferencia de la injusticia ocasiona a Su humanidad; se debe a la existencia de la maldad y la oscuridad, a la existencia de las cosas que ahuyentan la verdad, y aún más, se debe a la existencia de cosas que se oponen a lo que es bueno y hermoso. Su ira es un símbolo de que todas las cosas negativas ya no existen, y aún más, es un símbolo de Su santidad. Su tristeza se debe a la humanidad, en la que Él tiene esperanzas, pero esta ha caído en la oscuridad, porque la obra que Él hace en el hombre no alcanza Sus expectativas, y porque no toda la humanidad a la que Él ama tiene la capacidad de vivir en la luz. Él se entristece de la humanidad inocente, del hombre honesto pero ignorante, y del hombre que es bueno pero tiene carencias en sus propios puntos de vista. Su tristeza es símbolo de Su bondad y de Su misericordia, símbolo de belleza y benevolencia. Su felicidad, por supuesto, proviene de derrotar a Sus enemigos y de obtener la buena voluntad del hombre. Más que esto, surge a partir de la expulsión y destrucción de todas las fuerzas enemigas, y debido a que la humanidad recibe una vida buena y pacífica. La felicidad de Dios es diferente al gozo del hombre; más bien, es el sentimiento de producir buenos frutos, un sentimiento aún mayor que el gozo. Su felicidad es un símbolo de la liberación del sufrimiento de la humanidad desde esta hora, y un símbolo de la entrada de la humanidad a un mundo de luz. Todas las emociones de la humanidad, por otro lado, surgen en aras de su propio interés, no por la justicia, la luz o lo que es hermoso, y mucho menos por la gracia concedida por el Cielo. Las emociones de la humanidad son egoístas y pertenecen al mundo de la oscuridad. Estas no existen en aras de la voluntad de Dios, y mucho menos de Su plan, por lo que nunca puede hablarse de Dios y del hombre en el mismo contexto. Dios es por siempre supremo y para siempre honorable, mientras que el hombre es siempre bajo, siempre despreciable. Esto es porque Dios siempre está haciendo sacrificios y se entrega a la humanidad; sin embargo, el hombre siempre toma y se esfuerza sólo para sí mismo. Dios siempre se está esforzando por la supervivencia de la humanidad; no obstante, el hombre nunca contribuye en nada en aras de la luz o la justicia. Aun si el hombre se esfuerza por un tiempo, no puede resistir ni un solo golpe, pues el esfuerzo del hombre siempre es para su propio beneficio y no para el de otros. El hombre siempre es egoísta, mientras que Dios es por siempre desprendido. Dios es la fuente de todo lo justo, lo bueno y lo hermoso, mientras que el hombre es el que hereda y manifiesta toda la fealdad y maldad. Dios nunca alterará Su esencia de justicia y belleza, y sin embargo, el hombre es perfectamente capaz, en cualquier momento y en cualquier situación, de traicionar la justicia y alejarse de Dios.

Extracto de ‘Es muy importante comprender el carácter de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Llegar a conocer la esencia de Dios no es un asunto trivial. Debes comprender Su carácter. De esta manera, poco a poco y sin saberlo, llegarás a conocer la esencia de Dios. Cuando hayas tenido acceso a este conocimiento, te encontrarás dando un paso más hacia un estado más elevado y hermoso. Al final, llegarás a sentirte avergonzado de tu alma horrible, y aún más, sentirás que no hay un solo lugar en el cual esconderte de tu vergüenza. En ese momento, cada vez habrá menos cosas en tu conducta que ofendan el carácter de Dios, tu corazón estará cada vez más cerca del de Dios, y un amor por Él crecerá poco a poco en tu corazón. Esto es señal de que la humanidad está entrando a un estado hermoso. Pero hasta ahora vosotros no habéis obtenido esto. Conforme os movéis afanosamente de un lado a otro buscando el bien de vuestro destino, ¿quién tiene algo de interés en intentar conocer la esencia de Dios? Si esto continúa, transgrediréis sin querer los decretos administrativos, ya que comprendéis demasiado de poco el carácter de Dios. Por lo tanto, ¿lo que hacéis ahora no está poniendo acaso una base para vuestras ofensas contra el carácter de Dios? Que Yo os pida que comprendáis el carácter de Dios no es contrario a Mi obra. Pues si a menudo transgredís los decretos administrativos, entonces ¿quién de vosotros escapará del castigo? ¿Acaso Mi obra no habría sido entonces completamente en vano? Por consiguiente, sigo pidiendo que, además de escudriñar vuestra propia conducta, seáis cautelosos en los pasos que deis. Esta es la exigencia suprema que os hago, y espero que todos vosotros la consideréis con cuidado y la sopeséis con seriedad. Si llegare el día en que vuestras acciones provocaran en Mí una ira terrible, entonces os corresponderá únicamente a vosotros considerar las consecuencias y no habrá nadie más que soporte el castigo en vuestro lugar.

Extracto de ‘Es muy importante comprender el carácter de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las tres etapas de la obra son un registro de toda la obra de Dios; son un registro de Su salvación de la humanidad, y no son imaginarias. Si realmente deseáis buscar un conocimiento de la totalidad del carácter de Dios, entonces debéis conocer las tres etapas de la obra realizada por Él, y, además, no debéis omitir ninguna de ellas. Esto es lo mínimo que deben llevar a cabo los que buscan conocer a Dios. El hombre por sí mismo no puede inventarse un conocimiento verdadero de Dios. Esto no es algo que pueda imaginar por sí solo ni la consecuencia del favor especial del Espíritu Santo concedido a una sola persona. Más bien, es un conocimiento que viene después de que el hombre ha experimentado la obra de Dios, y es un conocimiento de Dios que solo viene después de haber experimentado los hechos de Su obra. Tal conocimiento no puede adquirirse fácilmente ni es algo que pueda enseñarse. Está totalmente relacionado con la experiencia personal. La salvación de la humanidad por parte de Dios está en el núcleo de estas tres etapas de la obra, pero en la obra de la salvación están incluidos varios métodos de obra y medios por los que se expresa el carácter de Dios. Esto es lo más difícil de identificar para el hombre y difícil de entender para él. La separación de las eras, los cambios en la obra de Dios, en la ubicación de la obra, en el destinatario de la misma, etcétera, todo esto está incluido en las tres etapas de la obra. En particular, la diferencia en la forma de obrar del Espíritu Santo, así como las alteraciones en el carácter, la imagen, el nombre, la identidad de Dios u otros cambios, forman, todos, parte de las tres etapas de la obra. Una etapa de la misma solo puede representar una parte y está limitada a cierto ámbito. No tiene relación con la separación de las eras o con los cambios en la obra de Dios; mucho menos, con los demás aspectos. Esta es una realidad clara y evidente. Las tres etapas de la obra son la totalidad de la obra de Dios en la salvación de la humanidad. El hombre debe conocer la obra de Dios y Su carácter en la obra de salvación, y, sin este hecho, tu conocimiento de Él no es sino palabras huecas, nada más que teorías dogmáticas. Tal conocimiento no puede convencer al hombre ni conquistarlo; está en conflicto con la realidad y no es la verdad. Puede ser muy abundante y agradable al oído, pero si entra en conflicto con el carácter inherente de Dios, Él no te perdonará. No solo no elogiará tu conocimiento, sino que también tomará represalias contra ti por ser un pecador que ha blasfemado contra Él. Las palabras acerca de conocer a Dios no se hablan a la ligera. Aunque puedas ser elocuente, pero insincero, y tener labia, y aunque tus palabras sean tan astutas que puedas decir que lo negro es blanco y que lo blanco es negro, sigues estando fuera de lugar cuando se trata de hablar del conocimiento de Dios. Él no es alguien a quien tú puedas juzgar precipitadamente o alabar fortuitamente o denigrar con indiferencia. Alabas a cualquiera, pero te resulta difícil encontrar las palabras correctas para describir la gracia suprema de Dios, y esto es de lo que cada perdedor llega a darse cuenta. Aunque existen muchos maestros del lenguaje capaces de describir a Dios, la precisión de lo que describen no es sino una centésima parte de la verdad que hablan las personas que le pertenecen a Dios; gente que, aunque solo posee un vocabulario limitado, tiene una experiencia abundante a la cual recurrir. Así pues, puede verse que el conocimiento de Dios radica en la precisión y la realidad y no en el uso ingenioso de palabras o de un vocabulario abundante y que el conocimiento del hombre y el conocimiento de Dios no tienen relación alguna.

Extracto de ‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Conocer a Dios debe lograrse a través de la lectura y la comprensión de Sus palabras. Algunas personas dicen: “Yo no he visto a Dios encarnado; así pues, ¿cómo debería conocer a Dios?”. De hecho, las palabras de Dios son una expresión de Su carácter. A partir de la palabra de Dios puedes ver Su amor y salvación hacia los seres humanos, además de Su método para salvarlos… Esto se debe a que Sus palabras las expresa Dios mismo, no las escriben los seres humanos. Han sido expresadas personalmente por Dios; Dios mismo está expresando Sus propias palabras y Su voz interior. ¿Por qué se las llama palabras de corazón? Porque se emiten desde lo más profundo y expresan Su carácter, Su voluntad, Sus pensamientos, Su amor por la humanidad, Su salvación de la humanidad y las expectativas que tiene de esta… Las declaraciones de Dios incluyen palabras severas y palabras amables y consideradas, además de algunas palabras reveladoras que no están alineadas con los deseos humanos. Si solo te fijas en las palabras reveladoras, te podría parecer que Dios es bastante estricto. Si solo te fijas en las palabras amables, te parecería que Dios no es muy autoritario. Por lo tanto, no debes sacarlas de contexto, sino verlo desde todos los ángulos. Algunas veces Dios habla desde una perspectiva amable y compasiva y entonces las personas ven Su amor por la humanidad; otras, Él habla desde una perspectiva muy estricta y entonces las personas ven el carácter de Dios que no tolerará ninguna ofensa. El hombre es deplorablemente sucio y no es digno de ver el rostro de Dios o de acudir ante Él. Que ahora las personas tengan permitido acudir ante Dios se debe meramente a Su gracia. La sabiduría de Dios puede verse a partir de la forma en la que Él obra y a partir del significado de Su obra. Las personas todavía pueden ver estas cosas en las palabras de Dios, incluso sin tener contacto directo con Él. Cuando alguien que tiene un auténtico entendimiento de Dios entra en contacto con Cristo, su encuentro con este se puede corresponder con su conocimiento existente de Dios, pero cuando alguien que únicamente tiene un entendimiento teórico se encuentra con Dios, no puede ver la correlación. Este aspecto de la verdad es el misterio más profundo; es difícil de desentrañar. Resume las palabras de Dios sobre el misterio de la encarnación, obsérvalas desde todos los ángulos y luego ora junto a otros, reflexiona y comunica más acerca de este aspecto de la verdad. Al hacerlo, podrás obtener el esclarecimiento del Espíritu Santo y llegar a entender. Porque los seres humanos no tienen oportunidad alguna de tener contacto directo con Dios, deben basarse en este tipo de experiencia para ir buscando su camino y entrar un poco cada vez para lograr tener un verdadero conocimiento de Dios.

Extracto de ‘Cómo conocer a Dios encarnado’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

El conocimiento de la autoridad y del poder de Dios, de Su propia identidad y de Su esencia no puede lograrse basándote en tu propia imaginación. Al no poder apoyarte en tu imaginación para conocer la autoridad divina, ¿de qué forma puedes lograr un verdadero conocimiento de ella? Se hace comiendo y bebiendo las palabras de Dios a través de la comunión y de la práctica de estas. Así tendrás una experiencia y una verificación graduales de Su autoridad y conseguirás un conocimiento progresivo y cada vez mayor de ella. Esta es la única forma de lograr el conocimiento de la autoridad de Dios; no hay atajos. Pediros que no imaginéis no es lo mismo que obligaros a que os sentéis pasivamente para esperar la destrucción, o que dejéis de hacer algo. No usar tu cerebro para pensar e imaginar significa dejar de utilizar la lógica para deducir, dejar de utilizar el conocimiento para analizar, dejar de usar la ciencia como base, y apreciar, verificar, y confirmar en su lugar que el Dios en el que tú crees tiene autoridad; confirmar que Él tiene soberanía sobre tu destino, y que Su poder demuestra en todo momento que Él es el verdadero Dios mismo, a través de Sus palabras, de la verdad, de todo lo que encuentras en la vida. Es la única forma en que cualquiera puede conseguir un entendimiento de Dios. Algunos dicen que desean hallar una forma simple de conseguir este objetivo, ¿pero puedes tú pensar así? Yo te lo digo, no necesitas pensar: ¡no hay otras formas! La única manera es saber y verificar de forma minuciosa y constante lo que Dios tiene y es, a través de cada palabra que Él expresa y de todo lo que Él hace. Esta es la única forma de conocer a Dios. Porque lo que Dios tiene y es, y todo lo referente a Él, no es algo hueco o vacío, sino que es real.

Extracto de ‘Dios mismo, el único I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las posesiones y el ser de Dios, Su esencia, Su carácter, todo ello ha sido dado a conocer en Sus palabras a la humanidad. Cuando el hombre experimente las palabras de Dios, en el proceso de ponerlas en práctica llegará a comprender el propósito subyacente a las palabras que Dios habla, a comprender la fuente y el trasfondo de Sus palabras, y a entender y apreciar el efecto deseado de dichas palabras. Para la humanidad, todas estas son cosas que el hombre debe experimentar, captar y lograr a fin de obtener la verdad y la vida, captar las intenciones de Dios, ser transformado en su carácter y ser capaz de obedecer la soberanía y las disposiciones de Dios. Cuando el hombre experimente, capte y logre estas cosas, obtendrá gradualmente un entendimiento de Dios y, en ese momento, también alcanzará diferentes grados de conocimiento sobre Él. Este entendimiento y este conocimiento no surgen de algo que el hombre haya imaginado o compuesto, sino, más bien, de lo que valora, experimenta, siente y confirma dentro de sí mismo. Solo después de valorar, experimentar, sentir y confirmar estas cosas adquiere contenido el conocimiento que el hombre tiene de Dios; solo el conocimiento que el hombre obtiene en este momento es exacto, práctico y preciso, y este proceso —de alcanzar un entendimiento y un conocimiento genuinos de Dios mediante la valoración, la experimentación, la sensación y la confirmación de Sus palabras— no es otro que la comunión verdadera entre el hombre y Dios. En medio de esta clase de comunión, el hombre llega a entender y comprender verdaderamente las intenciones de Dios, llega verdaderamente a comprender y conocer las posesiones y el ser de Dios, llega a comprender y conocer verdaderamente la esencia de Dios, llega a comprender y conocer gradualmente el carácter de Dios, llega a una certeza real y a una definición correcta de la realidad del dominio de Dios sobre toda la creación, y obtiene una orientación y un conocimiento esenciales de la identidad y la posición de Dios. En medio de este tipo de comunión, el hombre cambia paso a paso sus ideas sobre Dios; ya no imagina que sale de la nada ni da rienda suelta a sus propias sospechas sobre Él, ni lo malinterpreta, lo condena, lo juzga o duda de Él. Por tanto, el hombre tendrá menos disputas con Dios, menos conflictos con Él, y habrá menos ocasiones en las que se rebelará contra Él. Por el contrario, la preocupación del hombre por Dios y su obediencia a Él se incrementarán, y su reverencia por Dios se volverá más real y más profunda. En medio de esta comunión, el hombre no solo obtendrá la provisión de la verdad y el bautismo de vida, sino que obtendrá, al mismo tiempo, el verdadero conocimiento de Dios. En medio de esta comunión, el hombre no solo será transformado en su carácter y recibirá la salvación, sino que al mismo tiempo conseguirá la reverencia y la adoración verdaderas de un ser creado hacia Dios. Habiendo tenido esta clase de comunión, la fe del hombre en Dios ya no será una hoja de papel en blanco o una promesa ofrecida de labios para afuera o una forma de búsqueda e idolatría ciegas; solo con este tipo de comunión crecerá la vida del hombre, día tras día, hacia la madurez, y solo en ese momento se transformará gradualmente su carácter, y su fe en Dios, paso a paso, dejará de ser una creencia vaga e incierta y se convertirá en una obediencia y una preocupación genuinas, en una veneración real, y, en el proceso de seguir a Dios, el hombre avanzará gradualmente de una actitud pasiva a una activa, de lo negativo a lo positivo; solo con este tipo de comunión el hombre llegará a un entendimiento y una comprensión verdaderos de Dios, al conocimiento verdadero de Dios.

Extracto de ‘Conocer a Dios es la senda para temer a Dios y apartarse del mal’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si quieres conocer a Dios, conocerlo verdaderamente, entenderlo verdaderamente, entonces no te limites únicamente a las tres etapas de la obra de Dios ni a las historias de la obra que Él llevó a cabo en el pasado. Si tratas de conocerle así, entonces estás poniéndole límites, estás confinándolo. Estás viendo a Dios como algo muy pequeño. ¿Cómo afectaría a la gente hacerlo? Jamás serías capaz de conocer lo maravilloso de Dios y Su supremacía, ni Su poder y Su omnipotencia, ni el alcance de Su autoridad. Un entendimiento así tendría un impacto sobre tu capacidad de aceptar la verdad de que Dios es quien gobierna todas las cosas, así como tu conocimiento de Su verdadera identidad y estatus. En otras palabras, si tu entendimiento de Dios tiene un alcance limitado, lo que puedes recibir también es limitado. Por esta razón debes ampliar tu alcance y expandir tus horizontes. Debes buscar entender todo ello: el alcance de la obra de Dios, Su gestión, Su gobierno, y todas las cosas que Él gestiona y sobre las cuales rige. Es a través de esto que debes llegar a comprender las acciones de Dios. Con ese entendimiento, llegarás a sentir, sin darte cuenta, que Dios gobierna, gestiona y provee para todas las cosas entre ellas, y también sentirás verdaderamente que tú formas parte de todas las cosas y que eres un miembro de todas ellas. A medida que Dios provee para todas las cosas, también estás aceptando el gobierno y la provisión de Dios. Este es un hecho que nadie puede negar.

Extracto de ‘Dios mismo, el único VIII’ en “La Palabra manifestada en carne”

El grado de entendimiento de Dios que hay en el corazón de las personas determina la posición que Él tiene en él. Lo alto que sea el grado de conocimiento de Dios en su corazón determina la altura de Dios en ellos. Si el Dios que conoces es vacío y confuso, entonces el Dios en el que crees también lo es. El Dios que conoces es limitado dentro del ámbito de tu propia vida personal y no tiene nada que ver con Dios mismo. Por tanto, conocer las acciones prácticas de Dios, conocer la realidad de Dios y Su omnipotencia, la verdadera identidad de Dios mismo, lo que Él tiene y es, conocer las acciones que ha manifestado entre todas las cosas de Su creación, todo esto es muy importante para cada persona que busca el conocimiento de Dios. Todo esto tiene una relevancia directa sobre el hecho de que las personas puedan entrar en la realidad-verdad. Si limitas tu entendimiento de Dios a meras palabras, si lo limitas a tus propias y pequeñas experiencias, a lo que supones que es la gracia de Dios o a tus pequeños testimonios de Él, entonces digo que el Dios en el que tú crees no es, de ninguna manera, el Dios verdadero mismo. Es más, también puede decirse que el Dios en el que crees es un Dios imaginario, no el Dios verdadero. Esto se debe a que el Dios verdadero es el Único que domina sobre todo, que camina entre todas las cosas, que lo administra todo. Él es aquel que controla el destino de toda la humanidad y de todo lo que está en Sus manos. La obra y las acciones del Dios del que estoy hablando no están limitadas solamente a una pequeña parte de las personas. Esto es, no están limitadas solamente a las personas que lo siguen a Él en la actualidad. Sus obras se manifiestan en medio de todas las cosas, en la supervivencia de estas y en las leyes de cambio de todas las cosas.

Si no puedes ver o reconocer ninguna obra de Dios entre todas las cosas de Su creación, tampoco puedes dar testimonio de ninguna de ellas. Si no puedes dar ningún testimonio de Dios, si sigues hablando del pretendido y pequeño “Dios” que conoces, ese Dios que está limitado a tus propias ideas y que sólo existe dentro de los estrechos confines de tu mente, si sigues hablando de esa clase de Dios, entonces Dios nunca alabará tu fe. Cuando das testimonio de Dios, si sólo lo haces en términos de cómo disfrutas de Su gracia, cómo aceptas Su disciplina y Su castigo, y cómo disfrutas de Sus bendiciones en tu testimonio de Él, eso está lejos y no se acerca para nada a satisfacerle. Si quieres dar testimonio de Dios de una forma que concuerde con Su voluntad, dar testimonio del verdadero Dios mismo, entonces debes ver lo que Él tiene y es a partir de Sus acciones. Debes ver la autoridad de Dios en Su control de todas las cosas y ver la verdad de cómo provee Él para toda la humanidad. Si sólo reconoces que tu sustento diario y tus necesidades en la vida proceden de Dios, pero no ves la verdad de que Él ha tomado todas las cosas de Su creación para la provisión de toda la humanidad, y que, al gobernar sobre todas las cosas, Él dirige a toda la humanidad, nunca serás capaz de dar testimonio de Él. ¿Cuál es Mi propósito al decir todo esto? Es que no os lo toméis a la ligera, que no creáis erróneamente que estos temas de los que he hablado son irrelevantes para vuestra propia entrada a la vida y que no os toméis estos temas simplemente como un tipo de conocimiento o doctrina. Si escucháis lo que estoy diciendo con esa clase de actitud, no obtendréis nada. Perderéis esta gran oportunidad de conocer a Dios.

Extracto de ‘Dios mismo, el único IX’ en “La Palabra manifestada en carne”

Aunque el hombre pueda profundizar en su investigación de la ciencia y las leyes que gobiernan todas las cosas, esa investigación tiene un alcance limitado, mientras que Dios lo controla todo. Para el hombre, el control de Dios es infinito. Un hombre podría pasar toda su vida investigando el acto más pequeño de Dios y no alcanzaría ningún resultado real. Por esa razón, si solo empleas el conocimiento y lo que has aprendido para estudiar a Dios, nunca podrás conocerle ni entenderle. Pero si escoges el camino de buscar la verdad y buscar a Dios, y mirar a Dios desde la perspectiva de llegar a conocerlo, entonces, un día reconocerás que Sus acciones y Su sabiduría están en todas partes al mismo tiempo, y sabrás por qué Dios es llamado el Amo de todas las cosas y la fuente de vida de todas las cosas. Cuanto más obtengas tal conocimiento, más comprenderás por qué a Dios se le llama Amo de todas las cosas. Todas las cosas y todo, incluido tú, están recibiendo constantemente el flujo constante de la provisión de Dios. También podrás percibir con claridad que, en este mundo, y en medio de esta humanidad, no hay nadie además de Dios que pueda tener la capacidad y la esencia con las cuales Él gobierna, gestiona y mantiene la existencia de todas las cosas. Cuando llegues a este entendimiento, reconocerás verdaderamente que Dios es tu Dios. Cuando llegues a este punto, habrás aceptado realmente a Dios y le habrás permitido ser tu Dios y tu Amo. Cuando hayas obtenido ese entendimiento y tu vida haya alcanzado ese punto, Dios ya no te pondrá más a prueba ni te juzgará, ni te exigirá, porque comprenderás a Dios, conocerás Su corazón y habrás aceptado verdaderamente a Dios en tu corazón.

Extracto de ‘Dios mismo, el único VIII’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando las personas no comprenden a Dios y no conocen Su carácter, su corazón no puede abrirse jamás de veras a Él. Una vez hayan entendido a Dios, empezarán a apreciar y a saborear, con interés y fe, lo que hay en Su corazón. Cuando aprecias y saboreas lo que hay en el corazón de Dios, tu corazón se abre a Él gradualmente, poco a poco. Al hacerlo, sentirás lo vergonzosos y despreciables que eran tus intercambios con Dios, lo que le exigías a Dios y tus propios deseos extravagantes. Cuando tu corazón se abra de veras a Dios, verás que el Suyo es un mundo tan infinito y entrarás en una esfera que nunca antes has experimentado. Allí no hay engaño, no hay astucia, no hay oscuridad, ni maldad. Solo hay sinceridad y fidelidad; solo luz y rectitud; solo justicia y amabilidad. Está lleno de amor y cuidado, de compasión y tolerancia, y a través de él sientes la felicidad y el júbilo de estar vivo. Estas cosas son las que Dios te revela cuando le abres el corazón a Él. Ese mundo infinito está lleno de la sabiduría de Dios y de Su omnipotencia; de Su amor y de Su autoridad. Aquí puedes ver cada aspecto de lo que Dios tiene y es, de lo que le produce júbilo, de por qué se preocupa y se entristece, de por qué se enoja… Esto es lo que puede ver cada persona que abre su corazón y le permite entrar. Él solo puede entrar en tu corazón si se lo abres. Solo puedes ver lo que Dios tiene y es, y cuáles son Sus intenciones para ti si Él ha entrado en tu corazón. En ese momento descubrirás que todo lo que tiene que ver con Dios es muy precioso, que lo que Él tiene y es, es muy digno de valorar. Comparados con esto, las personas que te rodean, los objetos y los acontecimientos de tu vida y hasta tus seres queridos, tu pareja y las cosas que amas, apenas merecen ser mencionados. Son tan pequeños y precarios; sentirás que no habrá objeto material que pueda ser capaz de volver a atraerte ni ninguno que pueda volver a seducirte para que pagues un precio por él. En la humildad de Dios verás Su grandeza y Su supremacía. Además, en algo que Él haya hecho y que antes te había parecido bastante pequeño, verás Su infinita sabiduría y Su tolerancia, y contemplarás la paciencia, la indulgencia que tiene contigo y cómo te comprende. Esto engendrará en ti adoración hacia Él. En ese día, sentirás que la humanidad está viviendo en un mundo tan sucio que las personas que están a tu lado y las cosas que suceden en tu vida, y hasta aquellos a quienes amas, el amor de ellos por ti y su pretendida protección o su preocupación por ti ni siquiera son dignas de mencionar; solo Dios es tu amado y solo a Él es a quien más valoras. Cuando llegue el día, sé que habrá algunos que dirán: ¡El amor de Dios es tan grande y Su esencia tan santa! En Dios no hay astucia ni maldad, ni envidia, ni lucha, sino solo justicia y autenticidad, y los seres humanos deberían anhelar todo lo que Dios tiene y es. Tendrían que luchar por ello y aspirar a ello. ¿Sobre qué base se fundamenta la capacidad de la humanidad para lograr esto? Se apoya en el entendimiento que tienen del carácter de Dios y de Su esencia. Por tanto, entender el carácter de Dios y lo que Él tiene y es supone una lección de vida para cada persona; es un objetivo de vida a ser logrado por cada persona que se esfuerza por cambiar su carácter y por conocer a Dios.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas dicen frecuentemente que no es cosa fácil conocer a Dios. Sin embargo, Yo digo que conocer a Dios no es en absoluto un asunto difícil, porque Dios exhibe Sus hechos para que los vea el hombre. Dios nunca ha suspendido Su diálogo con la humanidad y nunca se ha ocultado del hombre ni se ha escondido. Sus pensamientos, ideas, palabras y hechos se revelan todos a la humanidad. Por tanto, mientras el hombre desee conocer a Dios, puede llegar a entenderlo y conocerlo a través de todo tipo de medios y métodos. La razón por la que el hombre piensa ciegamente que Dios lo ha evitado intencionadamente, que Dios se ha escondido intencionadamente de la humanidad, que Dios no tiene intención de permitir al hombre entenderlo y conocerlo, es porque no conoce quién es Dios ni desea entender a Dios. Aún más que eso, el hombre no se preocupa por los pensamientos, las palabras o los hechos del Creador… Hablando sinceramente, si una persona solo utiliza su tiempo libre para centrarse en entender las palabras o los hechos del Creador y si presta solo un poco de atención a los pensamientos del Creador y a la voz de Su corazón, no le será difícil darse cuenta de que los pensamientos, las palabras y los hechos del Creador son visibles y transparentes. De igual forma, hará falta poco esfuerzo para ser consciente de que el Creador está en medio del hombre en todo momento, que Él siempre está en conversación con el hombre y la totalidad de la creación, y que está llevando a cabo nuevos hechos cada día. Su esencia y Su carácter se expresan en Su diálogo con el hombre; Sus pensamientos e ideas se revelan completamente en Sus hechos; Él acompaña y observa a la humanidad en todo momento. Él habla tranquilamente a la humanidad y a toda la creación con Sus palabras silenciosas: “Estoy en los cielos y estoy en medio de Mi creación. Me mantengo vigilante; estoy esperando; estoy a tu lado…”. Sus manos son cálidas y fuertes; Sus pasos son ligeros; Su voz es suave y elegante; Su forma pasa y se vuelve, abrazando a toda la humanidad; Su rostro es bello y amable. Él nunca se ha ido, nunca ha desaparecido. Día y noche, Él es el compañero constante de la humanidad y nunca se irá de su lado.

Extracto de ‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”

“Temer a Dios y apartarse del mal” y conocer a Dios son cosas que están indivisiblemente conectadas por miles de hilos, y la conexión entre ellas es evidente en sí misma. Si uno desea conseguir apartarse del mal, debe sentir primero un temor real de Dios; si uno desea lograr tener un temor real de Dios, debe tener primero un conocimiento real de Dios; si uno desea conseguir el conocimiento de Dios, debe experimentar primero las palabras de Dios, entrar en la realidad de Sus palabras, experimentar Su reprensión y Su disciplina, Su castigo y juicio; si uno desea experimentar las palabras de Dios, primero debe encontrarse cara a cara con las palabras de Dios, encontrarse cara a cara con Dios, y pedirle que proporcione oportunidades para experimentar Sus palabras en la forma de todas las clases de entornos que impliquen a personas, acontecimientos y objetos; si uno desea encontrarse cara a cara con Dios y con Sus palabras, debe poseer primero un corazón sencillo y sincero, la actitud a aceptar la verdad, la voluntad de soportar el sufrimiento, la determinación y la valentía de apartarse del mal, y la aspiración de convertirse en un ser creado genuino… De esta forma, si avanzas paso a paso te acercarás cada vez más a Dios, tu corazón será cada vez más puro y tu vida y el valor de estar vivo, como consecuencia de llegar a conocer a Dios, estarán cada vez más llenos de sentido y serán cada vez más radiantes. Hasta que, un día, sentirás que el Creador ya no es un misterio, que nunca se ha escondido de ti, que nunca ha ocultado Su rostro de ti, que no está en absoluto lejos de ti, que ya no es Aquel al que anhelas constantemente en tus pensamientos, pero que no puedes alcanzar con tus sentimientos, que Él está real y verdaderamente montando guardia a tu izquierda y a tu derecha, proveyendo tu vida y controlando tu destino. Él no se encuentra en el lejano horizonte ni se ha escondido en lo alto en las nubes. Está justo a tu lado, presidiendo sobre la totalidad de ti. Él es todo lo que tienes y lo único que tienes. Ese Dios te permite amarlo desde el corazón, aferrarte a Él, tenerlo cerca, admirarlo, temer perderlo y no estar dispuesto a renunciar más a Él ni a desobedecerle, evitarlo o alejarlo de ti. Lo único que quieres es preocuparte por Él, obedecerle, retribuirle todo lo que te da y someterte a Su dominio. Ya no te niegas a que Él te guíe, te provea, te cuide y te guarde; ya no rechazas lo que Él te dicta y ordena. Lo único que quieres es seguirleestar en Su compañía, aceptarlo como tu única vida, como tu único Señor, como tu único Dios.

Extracto de ‘Conocer a Dios es la senda para temer a Dios y apartarse del mal’ en “La Palabra manifestada en carne”

Notas al pie:

a. El texto original dice “La obra de conocer a Dios”.

b. El texto original dice “es un símbolo de no poder ser”.

c. El texto original dice “así como un símbolo de no poder ser ofendido (y de no tolerar ser ofendido)”.

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