3. Principios de meditación de las palabras de Dios

(1) Al leer las palabras de Dios no hay que centrarse simplemente en comprender el sentido literal. Se debe procurar comprender la voluntad de Dios y Sus exigencias al hombre en Sus palabras.

(2) Se han de leer las palabras de Dios en el marco de los estados humanos y los propios problemas, pues las palabras de Dios se dirigen precisamente a la corrupción y los defectos humanos.

(3) Es preciso mantenerse firme en la posición del hombre y meditar las palabras de Dios con una mentalidad de absoluto sometimiento al Creador. Solo así es posible recibir esclarecimiento de Dios.

(4) Es preciso creer que las palabras de Dios son la verdad y tener claro que el mayor defecto del hombre, en el fondo, es que no tiene la verdad. Solo así es posible buscarla y aceptarla.

Las palabras relevantes de Dios:

¿Qué es la palabra de Dios? Es la realidad de todas las cosas positivas; es la verdad, el camino y la vida que Dios otorga al hombre. Las palabras de Dios no son doctrinas, eslóganes o argumentos y tampoco son una especie de filosofía y conocimiento. Por el contrario, tienen que ver con la vida y la existencia del hombre, con su comportamiento y su carácter, con todo lo que el hombre revela y con las ideas y opiniones que se conciben en el corazón del hombre y existen en su mente. Si tu contemplación de las palabras de Dios está desvinculada de estas cosas y si tú estás desconectado de ellas mientras lees Sus palabras y escuchas los sermones y la enseñanza, entonces lo que podrás comprender será superficial y limitado. Debéis aprender a contemplar las palabras de Dios. Esto es crucial. Existen muchas formas de contemplar las palabras de Dios: puedes leerlas en silencio y orar en tu corazón, buscando esclarecimiento e iluminación por parte del Espíritu Santo; también puedes compartir y orar-leer en compañía de aquellos que buscan la verdad y, por supuesto, puedes integrar enseñanzas y sermones en tu contemplación para profundizar tu comprensión y apreciación de las palabras de Dios. Las formas son muchas y variadas. En resumen, si, al leer las palabras de Dios, una persona desea alcanzar un entendimiento de ellas y de la verdad, entonces es crucial que contemple y ore-lea las palabras de Dios. El propósito de orar-leer las palabras de Dios no es ser capaz de recitarlas y tampoco aprenderlas de memoria; más bien, consiste en obtener un entendimiento preciso de estas palabras después de haber orado-leído y de haberlas contemplado y conocer el significado de estas palabras pronunciadas por Dios, así como Su intención. Consiste en encontrar en ellas la senda en la cual una persona debe practicar y evitar recurrir al propio camino. Además, consiste en ser capaces de distinguir los distintos tipos de estados y personas que se revelan en las palabras de Dios, ser capaces de encontrar la senda precisa de práctica con la cual tratar a cada tipo de persona. Al mismo tiempo, consiste en evitar irse por el mal camino y poner un pie en la senda que Dios aborrece. Una vez que aprendes a orar-leer y a contemplar las palabras de Dios y una vez que lo haces con frecuencia, en ese momento las palabras de Dios pueden arraigarse en tu corazón y convertirse en tu vida.

Extracto de ‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (11)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Si quieres cumplir correctamente con el deber, antes debes comprender la verdad y esforzarte más por buscarla. Una parte crucial de la búsqueda de la verdad es aprender a meditar las palabras de Dios. El propósito de meditar las palabras de Dios es entender su verdadero significado: por medio de la búsqueda llegarás a conocer el significado de las declaraciones de Dios, de lo que exige y de cuál es Su voluntad en estas palabras; esto es lo que significa entender la realidad de la verdad. Una vez que entiendas la realidad de la verdad, podrás captar los principios de práctica y, del mismo modo, lograrás entrar en la realidad-verdad. Así, y sin darte cuenta, tendrás esclarecimiento en materias que antes no comprendías, recibirás nuevas revelaciones y estas, poco a poco, se volverán tu realidad.

Extracto de ‘La senda surge al meditar la verdad con frecuencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Si deseas buscar la verdad, si deseas entenderla y recibirla, debes aprender a sosegarte ante Dios y a meditar la verdad y las palabras de Dios. ¿Ha de seguirse algún formalismo para meditar la verdad? ¿Hay alguna norma? ¿Hay alguna limitación de tiempo? ¿Tienes que hacerlo en un lugar determinado? No, las palabras de Dios pueden meditarse en cualquier momento o lugar. Si pasarais menos tiempo en vuestros pensamientos y elucubraciones vacuos y lo emplearais en meditar la verdad, ¿cuánto tiempo dejaríais de perder a lo largo del día a consecuencia de ello? ¿Qué hace la gente cuando pierde el tiempo? Se pasa el día entero charlando y cotilleando, haciendo solamente lo que le interesa, dedicándose únicamente a frivolidades, pensando nada más que en las cosas inútiles del pasado e imaginando qué le deparará el futuro, dónde estará el reino futuro, dónde el infierno. ¿No son frivolidades estas cosas? Si dedicáis este tiempo a cosas positivas, si os sosegáis ante Dios, pasáis más tiempo meditando Sus palabras y hablando de la verdad, reflexionáis sobre cada uno de vuestros actos, se los presentáis a Dios para Su escrutinio y luego observáis si hay alguna cuestión importante que no habéis advertido ni identificado ―fijándoos, en concreto, en esos temas cruciales en los que más os rebeláis contra Dios y buscando Sus palabras correspondientes para resolverlos―, entonces poco a poco entraréis en la realidad-verdad.

¿Qué implica meditar las palabras de Dios? Implica sostener los supuestos términos y doctrinas espirituales que con tanta frecuencia proferís y los principios espirituales de práctica que soléis creer correctos, y orar leyendo: “Tengo clara la teoría de estas expresiones y esta terminología espirituales, comprendo adecuadamente su sentido literal, pero ¿y su realidad? ¿Cómo debo ponerlas en práctica?”. Así se meditan las palabras de Dios; empezad por este aspecto. Si, al creer en Dios, la gente no sabe meditar Sus palabras, le costará mucho entrar en la verdad y entenderla. Si la gente no entiende realmente la verdad, ¿puede entrar en la realidad-verdad? Si no puede entrar en la realidad-verdad, ¿puede recibir la verdad? Si la gente no puede recibir la verdad ni entrar en la realidad-verdad, ¿puede satisfacer la voluntad de Dios? Sería muy difícil. Piensa, por ejemplo, en las consabidas palabras “temer a Dios y evitar el mal”; debes meditarlas y decirte a ti mismo: “¿Qué es temer a Dios? Si digo algo equivocado, ¿eso es temer a Dios? Hablando así, ¿hago el mal o el bien? ¿Lo recuerda Dios? ¿Lo condena Dios? ¿Qué cosas son malvadas? ¿Se consideran malvadas mis ideas, motivaciones, reflexiones y opiniones, así como la inspiración y las causas de lo que digo y hago y las diversas actitudes que revelo? ¿Cuáles de ellas reciben la aprobación de Dios? ¿De cuáles abomina Dios? ¿Cuáles condena Dios? ¿En qué cuestiones tengo altas probabilidades de cometer un grave error?”. Todo esto es digno de consideración. ¿Soléis meditar la verdad? ¿Cuánto tiempo habéis perdido? ¿Sobre cuántas materias relativas a la verdad, a la fe en Dios, a la entrada en la vida, al temor de Dios y la evitación del mal habéis reflexionado? Cuando dé fruto vuestra meditación sobre las palabras de Dios o sobre materias relativas a la fe en Dios y la verdad, habréis alcanzado la entrada en la vida. Aún no sabéis meditar estas cosas hoy en día y no habéis alcanzado la entrada en la vida. Cuando alguien ha alcanzado la entrada en la vida y sabe meditar las palabras de Dios y los problemas, ha empezado a entrar en la realidad-verdad.

Extracto de ‘La senda surge al meditar la verdad con frecuencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Independientemente de qué aspecto de la realidad-verdad hayas oído, si te comparas con él, si implementas estas palabras a tu propia vida y las incorporas a tu propia práctica, entonces sin duda ganarás algo y estás destinado a cambiar. Si simplemente te tragas estas palabras y las memorizas en tu cerebro, no cambiarás nunca. Mientras escuchas los sermones, debes reflexionar así: “¿A qué tipo de estado se refieren estas palabras? ¿A qué aspectos de la esencia aluden? ¿En qué asuntos debería aplicar este aspecto de la verdad? Cuando hago algo relacionado con este aspecto de la verdad, ¿estoy practicando según esta? Y cuando la estoy poniendo en práctica ¿está mi estado al nivel de estas palabras? Si no, entonces ¿debo buscar, comunicar o esperar?” ¿Practicáis de esta manera en vuestra vida? Si no lo hacéis, no tenéis a Dios ni la verdad en vuestra vida. Vivís según las letras y las doctrinas o según vuestros propios intereses, vuestra confianza y entusiasmo. Los que no poseen la verdad como realidad son aquellos que no tienen realidad, y las personas que no tienen las palabras de Dios como su realidad es que no han entrado en ellas.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Llegar a un verdadero entendimiento del significado real de las palabras de Dios no es tarea fácil. No pienses de esta manera: “yo puedo interpretar el significado literal de las palabras de Dios y todos dicen que mi interpretación es buena y me dan el visto bueno, así que implica que entiendo las palabras de Dios”. Eso no es lo mismo que entender las palabras de Dios. Si has obtenido algo de luz a partir de las declaraciones de Dios y has obtenido una cierta percepción del verdadero significado de Sus palabras, y si puedes decir la intención tras ellas y qué efecto lograrán finalmente, entonces, una vez tengas un claro entendimiento de todas estas cosas, se puede considerar que tienes un cierto nivel de entendimiento de las palabras de Dios. Así pues, entender las palabras de Dios no es tan sencillo. Sólo porque puedas dar una bella explicación de su significado literal no significa que las entiendas. Independientemente de qué tanto puedas explicar su significado literal, tu explicación se sigue basando en la imaginación y la forma de pensar humana: ¡es inútil! ¿Cómo puedes entender las palabras de Dios? La clave es buscar la verdad en ellas; sólo de esa manera puedes entender de verdad lo que Él dice. Cuando Dios habla, es indudable que nunca lo hace con meras generalidades. Cada frase que declara contiene detalles que con seguridad se revelarán posteriormente en las palabras de Dios, y que pueden expresarse de una forma diferente. El hombre no puede comprender las formas en que Dios expresa la verdad. Las declaraciones de Dios son muy profundas y no se pueden comprender con la forma de pensar del hombre. Las personas pueden descubrir el significado completo de cada aspecto de la verdad siempre que hagan el esfuerzo; si haces esto, entonces, a medida que las experimentes, los detalles que permanezcan se rellenarán por completo cuando el Espíritu Santo te esclarezca, dándote así un entendimiento respecto a estas condiciones concretas.

Extracto de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

A modo de comparación, la humanidad de Pedro era parecida a la de los demás apóstoles y a la de sus hermanos y hermanas, pero destacaba en su ferviente búsqueda de la verdad; reflexionaba a conciencia acerca de todo lo que decía Jesús. Jesús le preguntó: “Simón Barjona, ¿me amas?”. Pedro respondió con sinceridad: “Solamente amo al Padre que está en el cielo, pero no he amado al Señor en la tierra”. Luego lo comprendió, y pensó: “Esto no es correcto; el Dios de la tierra es el Dios del cielo. ¿No es el mismo Dios así en el cielo como en la tierra? Si únicamente amo al Dios del cielo, mi amor no es verdadero; debo amar al Dios de la tierra, pues solo entonces será verdadero mi amor”. De este modo, Pedro llegó a entender verdadero significado de lo dicho por Jesús reflexionando sobre Sus palabras. Para amar a Dios y que este amor sea verdadero, hay que amar al Dios encarnado en la tierra. Amar a un Dios vago e invisible no es realista ni práctico, mientras que amar al Dios práctico y visible es la verdad. A partir de las palabras de Jesús, Pedro recibió la verdad y entendió la voluntad de Dios. Evidentemente, la fe de Pedro en Dios se había centrado exclusivamente en la búsqueda de la verdad; en última instancia, consiguió amar al Dios práctico, al Dios de la tierra. Pedro era especialmente concienzudo al buscar la verdad. Cada vez que Jesús le aconsejaba, reflexionaba concienzudamente acerca de Sus palabras. Puede que reflexionara sobre ellas durante meses, un año y hasta años antes de que el Espíritu Santo le diera esclarecimiento y entendiera el significado de las palabras de Dios; así, Pedro entró en la verdad y, posteriormente, su carácter de vida se transformó y renovó. Si una persona no busca la verdad, nunca la entenderá. Puedes enunciar las letras y doctrinas diez mil veces, pero no seguirán siendo nada más que letras y doctrinas. Dicen algunos: “Cristo es la verdad, el camino y la vida”. Aunque repitas estas palabras diez mil veces, seguirá siendo inútil; no entiendes su significado. ¿Por qué se dice que Cristo es la verdad, el camino y la vida? ¿Puedes expresar el conocimiento que has adquirido acerca de esto por experiencia? ¿Has entrado en la realidad de la verdad, del camino y de la vida? Dios ha declarado Sus palabras para que puedas experimentarlas y adquirir conocimiento; la mera manifestación de letras y doctrinas no sirve de nada. Solo podrás conocerte a ti mismo una vez que hayas entendido y entrado en las palabras de Dios. Si no las entiendes, no puedes conocerte. Solo eres capaz de discernir cuando tienes la verdad; sin ella, no sabes discernir. Solo comprendes del todo un asunto cuando tienes la verdad; sin ella, no lo puedes comprender. Solo puedes conocerte a ti mismo cuando tienes la verdad; sin ella, no puedes conocerte. Tu carácter solo puede transformarse cuando tienes la verdad; sin ella, no puede transformarse. Solo cuando tienes la verdad puedes servir de acuerdo con la voluntad de Dios; sin la verdad no puedes servir de acuerdo con la voluntad de Dios. Solo cuando tienes la verdad puedes adorar a Dios; sin ella, tu adoración no será más que una representación de ritos religiosos. Todas estas cosas dependen de que recibas la verdad de las palabras de Dios.

Extracto de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Si la gente no se esfuerza con la verdad, tarde o temprano caerá y luchará por mantenerse firme, ya que, cuando le sobrevengan pruebas, la solución no radicará en unas pocas letras y doctrinas. ¡Las letras y doctrinas no resuelven problemas reales! Es necesario que tengas clara cada verdad, que reflexiones habitualmente al respecto, para que la comprendas en tu interior y te la sepas de memoria; solo así sabrás qué hacer cuando te suceda algo. Ahora bien, ¿puedes aprender estas verdades si no reflexionas sobre ellas? Si no las meditas, por muchas que oigas o por más que sepas decir al respecto, nunca pasarás de su significado literal. Con frecuencia, estos significados literales te darán la falsa apariencia de que tu fe en Dios ya ha dado fruto y de que tu estatura es muy grande porque tienes pasión y energía; no obstante, en cuanto te suceda algo descubrirás que estos significados literales no garantizan que superes fácilmente cada prueba o evaluación. La gente suele estar confusa cuando le pasa algo, y piensa: “¿Qué hago ahora? Debo buscar rápidamente las palabras de Dios e identificar los diversos principios. ¿A qué aspecto de la verdad corresponde esto?”. En momentos así te darás cuenta de que te has dotado de muy pocas verdades, de que comprendes muy pocas realidades-verdad. A menudo la gente no descubre esto hasta que está en apuros. Cuando no lo está, siempre cree que ya se ha dotado de muchas verdades, que rebosa verdad. ¿De qué está rebosante? De letras y doctrinas, de superficialidades. Se equivoca al creer que rebosa verdad; cuando crees que rebosas verdad, estás en peligro. Sin embargo, cuando sientas que no eres nada, que hay mucho que no entiendes, podrás plantearte cómo entrar. Si siempre crees estar ya en posesión de la verdad, rebosante de ella, que tienes suficiente, que te conoces, amas a Dios y puedes hacerlo todo por Él, esta es una señal de peligro. Cuanto más lo crees, más se demuestra que no entiendes nada, que estás desprovisto de las realidades-verdad. Piénsalo detenidamente. Aprende a meditar la verdad; es una parte muy importante de la vida de quienes creen en Dios.

Extracto de ‘La senda surge al meditar la verdad con frecuencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

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