89. Principios de la coordinación en el servicio

(1) Es preciso tratar a los demás de manera justa. Se puede practicar la coordinación con cualquiera que no sea una persona malvada o absurda, o un espíritu maligno. Tratar a los demás con amor es un principio fundamental.

(2) Es necesario aprender a someterse a la verdad. Se debe aceptar y obedecer a quien habla según la verdad, y se debe buscar la verdad para resolver los problemas, da igual quién los tenga.

(3) Es necesario aprender a reflexionar y conocerse a uno mismo. En primer lugar, es preciso rectificar la arrogancia y santurronería, la obstinación y perversidad, y tus preferencias carnales. Solo así puede uno llevarse bien con los demás.

(4) Es necesario mantener el principio de salvaguardar la obra de la casa de Dios. Si hay un problema de coordinación, se debe ayudar al otro con amor; si el problema es lo suficientemente grave como para que la coordinación sea imposible, esta puede entonces ser anulada.

Las palabras relevantes de Dios:

Si quieres cumplir adecuadamente con tus deberes y satisfacer la voluntad de Dios, primero debes aprender a trabajar en armonía con los demás. Al coordinarte con tus hermanos y hermanas, debes considerar lo siguiente: ¿Qué es la armonía? ¿Es armoniosa la forma en que les hablo? ¿Me conducen mis pensamientos a la armonía con ellos? ¿Me conduce mi forma de hacer las cosas a la armonía con ellos? Plantéate cómo estar en armonía. A veces, estar en armonía implica paciencia y tolerancia, pero también mantenerse firme y defender los principios; no significa conciliar las diferencias sin importar los principios, tratar de ser “el bueno” o seguir la vía de la moderación. En especial, no significa congraciarse con alguien. Estos son los principios. Una vez que los hayas comprendido, sin darte cuenta actuarás según la voluntad de Dios y, además, vivirás la realidad de la verdad; así podrás alcanzar la unidad con tus hermanos y hermanas. Al relacionarse entre sí, cuando las personas se apoyan en filosofías de vida, en sus nociones, ideas, deseos y egoísmo, y en sus capacidades, dones, especializaciones e inteligencia, son totalmente incapaces de alcanzar la unidad ante Dios. Puesto que viven y hacen las cosas a partir de un carácter satánico corrupto, no son capaces de unificarse. ¿Qué consecuencia última tiene esto? Que Dios no obra en ellos. Dado que Dios no obra en ellos y continúan apoyándose en sus escasas habilidades, su inteligencia, sus especializaciones y los poquitos conocimientos y habilidades que han adquirido, es muy difícil que sean utilizados al máximo en la casa de Dios y actúen según Su voluntad, ya que, si Dios no obra en ti, nunca podrás comprender los principios relativos a la práctica de la verdad ni a cómo hacer las cosas; es decir, nunca podrás comprender la esencia ni la causa de los principios subyacentes al deber que estés cumpliendo ni podrás saber cómo actuar en armonía con la voluntad de Dios o qué hacer para alegrarlo. Tampoco podrás saber cómo actuar en consonancia con los principios de la verdad. No podrás comprender estas cosas esenciales; no tienes ni idea. Tus confusos intentos de cumplir con el deber están destinados a fracasar y ten por seguro que Dios te despreciará.

Extracto de ‘La coordinación armoniosa’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Dios levanta a los menesterosos del polvo; los humildes deben ser elevados. Yo usaré Mi sabiduría en todas sus formas para gobernar la iglesia universal, a todas las naciones y pueblos, para que estén todos en Mí, y para que todos vosotros en la iglesia podáis someteros a Mí. Los que no obedecieron antes ahora deben ser obedientes ante Mí, y someterse a los otros y ser pacientes los unos con los otros; vuestras vidas deben estar interconectadas y debéis amaros los unos a los otros, beneficiándoos de las fortalezas de unos y otros para compensar vuestras propias debilidades, sirviendo en coordinación. De esta forma, la iglesia se edificará, y Satanás no tendrá oportunidad que explotar. Solo entonces, Mi plan de gestión no habrá fracasado. Permitid que os haga otro recordatorio aquí. No permitas que los malentendidos surjan en ti, porque tal y cual persona es de determinada manera, o porque actuó de una manera u otra, y que, como resultado, te vuelvas degenerado en tu condición espiritual. Tal como Yo lo veo, esto no es apropiado y es una cosa inútil. ¿No es Dios aquel en quien crees? No es una persona cualquiera. Las funciones no son las mismas. Hay un cuerpo. Cada cual cumple con su obligación, cada uno en su lugar y haciendo su mejor esfuerzo, por cada chispa hay un destello de luz, y buscando la madurez en la vida. Así estaré satisfecho.

Extracto de ‘Capítulo 21’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”

Si quieres pelear la buena batalla por la verdad, entonces, antes que nada, no debes darle a Satanás ninguna oportunidad de obrar, para hacer esto habrás que pensar unánimemente y ser capaz de hacer las cosas coordinadamente, renunciar a tus propias nociones, opiniones, puntos de vista y maneras de hacer las cosas, tranquilizar tu corazón dentro de Mí, centrarte en la voz del Espíritu Santo, estar atento a la obra del Espíritu Santo y experimentar las palabras de Dios en detalle. Debes tener solo una intención, y es que se haga Mi voluntad. No debes tener otra intención más allá de esto. Debes mirarme con todo tu corazón, observar con atención Mis acciones y la forma en que hago las cosas, y no ser negligente en absoluto. Tu espíritu debe ser agudo y tus ojos deben estar abiertos. Comúnmente, cuando se trata de aquellos cuyas intenciones y objetivos no son correctos, así como aquellos que aman ser vistos por otros, aquellos que están ansiosos por hacer cosas, los que son propensos a causar interrupciones, los que son buenos escupiendo doctrina religiosa, los que son lacayos de Satanás, etc., cuando estas personas se levantan, se convierten en dificultades para la iglesia y hacen que el comer y beber de las palabras de Dios por parte de los hermanos y hermanas no llegue a nada. Cuando te encuentres este tipo de personas hacer su actuación, expúlsalas inmediatamente. Si no cambian a pesar de las repetidas amonestaciones entonces sufrirán pérdidas. Si aquellos que persisten obstinadamente haciendo lo suyo intentan defenderse y tratan de encubrir sus pecados, la iglesia debe sacarlos inmediatamente y no darles espacio para maniobrar. No perdéis mucho intentando salvar poco; fija tu vista en el panorama completo.

Extracto de ‘Capítulo 17’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando os estáis coordinando con otros para cumplir con vuestros deberes, ¿podéis abriros a opiniones diferentes? ¿Podéis aceptar lo que dicen los demás? (Siempre solía aferrarme a mis propias ideas, pero tras ser expuesto en situaciones arregladas por Dios, noté que, cuando todos nos reuníamos y discutíamos las cosas, normalmente dábamos en el clavo, y muchas veces era mi propia perspectiva personal la que estaba equivocada o era corta de miras. Llegué a apreciar lo importante que es trabajar en armonía con los demás). ¿Y qué habéis aprendido de esto? ¿Creéis que hay alguien perfecto? Por muy fuerte, capaz e ingeniosa que sea la gente, no es perfecta. La gente debe reconocerlo, es así. Esta es también la actitud más acertada para cualquiera que contemple de forma correcta sus puntos fuertes y méritos o sus defectos; esta es la racionalidad que debe tener la gente. Con esa racionalidad podrás abordar adecuadamente tus puntos fuertes y débiles, así como los de los demás, lo que te permitirá trabajar armónicamente con ellos. Si te provees de este aspecto de la verdad y eres capaz de entrar en su realidad, podrás llevarte armónicamente con tus hermanos y hermanas, al utilizar los respectivos puntos fuertes para compensar cualquier debilidad que tengas. Así, independientemente de cuál sea tu deber o actividad, siempre mejorarás en ello y tendrás la bendición de Dios. Si siempre crees que eres muy bueno y los demás son peores comparados contigo, si siempre quieres tener la última palabra, entonces esto va a ser problemático. Alguien puede decir algo correcto, pero piensas: “Aunque lo que ha dicho es correcto, si estoy de acuerdo con él, ¿qué pensarán los demás de mí? ¿No significará eso que no soy tan bueno como él? No puedo estar de acuerdo con él. Tendré que encontrar la manera de evitar que los demás sepan que sigo su consejo, y hacerles creer que lo hago a mi manera; entonces tendrán una elevada opinión de mí”. Si así es como tratas siempre a los demás, ¿llamarías a eso una cooperación armoniosa? ¿Cuáles serán los efectos secundarios? Con el paso del tiempo, todos te tendrán calado. Dirán que eres demasiado astuto, que no actúas de acuerdo con la verdad y eres deshonesto. Todo el mundo te detestará, y será muy posible que te abandonen. ¿Cómo considera Dios a alguien al que todos abandonan? Dios también lo detesta. ¿Por qué detesta a este tipo de persona? Los esfuerzos de tal persona para cumplir con su deber pueden ser honestos, pero ¿qué clase de enfoque es este? Dios lo detesta. El carácter que esa persona ha revelado ante Dios, todo lo que hay en su corazón y en su mente, y todas sus intenciones son repugnantes para Dios; Él las encuentra repugnantes y malvadas. Usar métodos y trucos extremadamente indeseables para lograr sus propios objetivos y ganar la admiración de los demás es el tipo de comportamiento que Dios detesta.

Extracto de ‘Solo al practicar la verdad se puede poseer una humanidad normal’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Qué es la coordinación armoniosa? Tú haz lo tuyo y yo haré lo mío; tú termina lo tuyo y yo terminaré lo mío. Cada cual hace lo suyo y no hay un acuerdo tácito entre nosotros; no nos comunicamos ni hablamos. No hemos alcanzado ninguna clase de entendimiento mutuo. Sencillamente, en el fondo sabemos esto: “Yo cumplo con mi deber y tú cumples con el tuyo; tú llevas a cabo el tuyo y yo llevo a cabo el mío. Lo que hagas tú no es asunto mío y lo que haga yo no es asunto tuyo. No nos metemos el uno con el otro y no nos molestamos ni nos influimos". ¿Eso es coordinación armoniosa? A primera vista podría parecer que no hay conflictos ni quejas entre dos personas así; parece que no se meten la una con la otra ni se controlan ni se cohíben. Sin embargo, espiritualmente no hay coordinación armoniosa entre ellas; no tienen ningún acuerdo tácito ni se preocupan la una por la otra. Lo que ocurre es que cada cual pone empeño en lo suyo y se esfuerza individualmente, sin coordinación . ¿Es esta una buena manera de hacer las cosas? No lo es. Parece que ninguno dirige, escucha ni guía al otro, y no se ayudan. Pueden parecer racionales, pero dentro de cada uno hay un carácter corrupto. ¿Sabéis de qué carácter se trata? Se trata de que ambos compiten por estar al frente y carecen por completo de amor, preocupación y voluntad de ayudar a los demás. No hay coordinación armoniosa con esta manera de ser. Sin coordinación con los demás, peleas una batalla en solitario y muchas de las cosas que hagas no serán tan perfectas ni completas. Esta no es la clase de estado que Dios quiere ver en los seres humanos; no le hace feliz.

Extracto de ‘La coordinación armoniosa’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Lo que os exijo hoy —que trabajéis juntos en armonía— es similar al servicio que Jehová exigía a los israelitas: de no ser así, simplemente dejar de hacer servicio. Dado que sois personas que servís a Dios directamente, como mínimo debéis ser capaces de demostrar lealtad y sumisión en el servicio y también de aprender lecciones de manera práctica. Especialmente aquellos que trabajáis en la iglesia, ¿alguno de vuestros hermanos y hermanas subordinados se atrevería a vérselas con vosotros? ¿Se atrevería alguien a deciros vuestros errores a la cara? Estáis muy por encima de los demás; ¡reináis como monarcas! Ni siquiera estudiáis ni os adentráis en este tipo de lecciones prácticas, ¡pero seguís hablando de servir a Dios! En la actualidad se te pide que dirijas varias iglesias, pero no solo no te das por vencido, sino que incluso te aferras a tus nociones y opiniones y afirmas cosas como: “Creo que esto debe hacerse de esta manera, ya que Dios ha dicho que no debemos estar cohibidos por otros y que hoy en día no debemos someternos ciegamente”. Por lo tanto, cada uno se aferra a su opinión y no os obedecéis unos a otros. Aunque tenéis claro que vuestro servicio se encuentra en un callejón sin salida, pese a ello decís: “A mi parecer, mi camino no está totalmente equivocado. En cualquier caso, cada uno de nosotros defiende una cosa: tú hablas de lo tuyo y yo hablo de lo mío; tú compartes tus perspectivas y yo hablo de mi entrada”. Nunca os responsabilizáis de las muchas cosas que hay que tratar o, sencillamente, cada cual se conforma con desahogar sus opiniones y proteger con prudencia su estatus, reputación e imagen. Ninguno está dispuesto a humillarse y ninguna de las partes tomará la iniciativa de entregarse a subsanar los defectos de los demás para que la vida evolucione más deprisa. Cuando coordináis juntos, deberíais aprender a buscar la verdad. Podéis decir: “No tengo un claro entendimiento de este aspecto de la verdad. ¿Qué experiencia tienes tú con ello?”. O podéis decir: “Tú tienes más experiencia que yo en este aspecto; ¿podrías guiarme, por favor?”. ¿No sería esa una buena manera de ocuparse de ello? Habéis oído multitud de sermones y tenéis algo de experiencia con hacer servicio. Si no aprendéis unos de otros, os ayudáis y subsanáis los defectos de los demás cuando hacéis obra en las iglesias, entonces, ¿cómo vais a aprender ninguna lección? Cada vez que afrontéis algo, debéis hablar unos con otros para que vuestras vidas se beneficien. Además, deberíais hablar detenidamente de todo tipo de cosas antes de tomar decisiones. Ese es el único modo de responsabilizarse de la iglesia, en vez de limitarse a actuar sin interés. Tras visitar todas las iglesias, debéis reuniros a hablar de todos los asuntos que descubráis y de cualquier problema de trabajo, y luego comunicar el esclarecimiento y la iluminación que hayáis recibido; esta es una práctica de servicio indispensable. Debéis conseguir una cooperación armoniosa a efectos de la obra de Dios, para beneficio de la iglesia y para estimular a vuestros hermanos y hermanas. Debéis coordinaros con otros, corrigiéndoos mutuamente y alcanzando un mejor resultado de trabajo, con el fin de atender a la voluntad de Dios. Esta es la verdadera cooperación y solo aquellos que se dediquen a ella lograrán la verdadera entrada. Mientras cooperas, puede que algunas de tus palabras sean inadecuadas, pero no importa. Háblalo después y hazte una idea clara; no lo descuides. Cuando lo hayas hablado, podrás subsanar los defectos de tus hermanos o hermanas. Esta manera de profundizar cada vez más en tu trabajo es lo que te permitirá lograr mejores resultados. Cada uno de vosotros, como personas que sirven a Dios, debe ser capaz de defender los intereses de la iglesia en todo lo que haga, en lugar de tener en cuenta únicamente sus propios intereses. Es inaceptable actuar en solitario, desestabilizándoos unos a otros constantemente. ¡Las personas que se comportan así no son aptas para servir a Dios! Esas personas tienen un carácter horrendo; no les queda ni un ápice de calidad humana. ¡Son cien por cien Satanás! ¡Son bestias! Todavía siguen ocurriendo esas cosas entre vosotros; incluso llegáis a atacaros al hablar, buscando pretextos a propósito mientras se os enciende el rostro al discutir algún asunto trivial, sin nadie dispuesto a hacerse a un lado, y con todos ocultando lo que piensan a los demás mientras miran fijamente a la otra parte y están siempre en guardia. ¿Es este tipo de carácter propio del servicio a Dios? ¿Es posible que un trabajo como el vuestro provea algo a vuestros hermanos y hermanas? Tú no solo no sabes guiar a la gente hacia una trayectoria vital correcta, sino que, de hecho, infundes tus actitudes corruptas en tus hermanos y hermanas. ¿No estás perjudicando a terceros? Tu conciencia es horrible ¡y está podrida por dentro! No entras en la realidad ni pones en práctica la verdad. Además, exhibes descaradamente tu naturaleza diabólica ante los demás. Sencillamente, ¡no conoces la vergüenza! Se te han encomendado estos hermanos y hermanas, pero los estás llevando al infierno. ¿No eres de esas personas cuya conciencia se ha podrido? ¡No tienes absolutamente ninguna vergüenza!

Extracto de ‘Servid como lo hacían los israelitas’ en “La Palabra manifestada en carne”

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