89. Principios de la coordinación en el servicio

(1) Es preciso tratar a los demás de manera justa. Se puede practicar la coordinación con cualquiera que no sea una persona malvada o absurda, o un espíritu maligno. Tratar a los demás con amor es un principio fundamental.

(2) Es necesario aprender a someterse a la verdad. Se debe aceptar y obedecer a quien habla según la verdad, y se debe buscar la verdad para resolver los problemas, da igual quién los tenga.

(3) Es necesario aprender a reflexionar y conocerse a uno mismo. En primer lugar, es preciso rectificar la arrogancia y santurronería, la obstinación y perversidad, y tus preferencias carnales. Solo así puede uno llevarse bien con los demás.

(4) Es necesario mantener el principio de salvaguardar la obra de la casa de Dios. Si hay un problema de coordinación, se debe ayudar al otro con amor; si el problema es lo suficientemente grave como para que la coordinación sea imposible, esta puede entonces ser anulada.

Las palabras relevantes de Dios:

Hoy en día, muchas personas no reparan en qué lecciones hay que aprender al coordinarse con otras. He descubierto que muchos no aprendéis ninguna lección al coordinaros con los demás; la mayoría se aferra a sus puntos de vista. En el trabajo en la iglesia, tú haces una observación, otro hace la suya y no guardan relación entre ellas; en realidad no cooperáis en absoluto. Todos estáis muy concentrados nada más que en comunicar vuestras ideas o en liberar vuestras “cargas” internas sin buscar la vida en lo más mínimo. Parece que simplemente trabajas sin interés, creyendo siempre que debes seguir tu propia senda independientemente de lo que digan o hagan otros; piensas que debes enseñar a medida que te guíe el Espíritu Santo, sean cuales sean las circunstancias de los demás. No sois capaces de descubrir las fortalezas de los demás ni de examinaros a vosotros mismos. Vuestra aceptación de las cosas es verdaderamente pervertida y errada. Puede afirmarse que todavía demostráis mucha santurronería, como si hubierais recaído en esa antigua enfermedad. No os comunicáis de manera que lleguéis a abriros del todo, por ejemplo, acerca del resultado que habéis conseguido trabajando en ciertas iglesias o sobre la situación reciente de tu estado interno, etc.; simplemente nunca comunicáis esas cosas. No os interesan nada prácticas tales como las de descartar vuestras propias nociones o renunciar a vosotros mismos. Los líderes y colaboradores únicamente piensan en cómo impedir que sus hermanos y hermanas sean negativos y en cómo darles la capacidad de seguir con dinamismo. Sin embargo, todos pensáis que seguir con dinamismo es suficiente de por sí y, fundamentalmente, no entendéis lo que significa conoceros y renunciar a vosotros mismos, y mucho menos comprendéis lo que significa servir coordinadamente con otros. Solo pensáis en tener voluntad para retribuir el amor de Dios, de tener voluntad para vivir a la manera de Pedro. Aparte de estas cosas, no pensáis en nada más. Tú incluso dices que, hagan lo que hagan los demás, no te someterás a ciegas y que, sean como sean otras personas, aspirarás a ser perfeccionado por Dios y eso bastará. El caso, no obstante, es que tu voluntad no ha encontrado ninguna expresión concreta en la realidad. ¿No son todas estas cosas el tipo de conducta que exhibís vosotros en la actualidad? Cada uno se aferra a su idea y todos deseáis ser perfeccionados. Veo que habéis servido mucho tiempo sin haber progresado demasiado; en concreto, ¡en esta lección de trabajar juntos en armonía no habéis logrado absolutamente nada! Cuando tú entras en las iglesias, te comunicas a tu modo y otros, al suyo. Rara vez se produce una coordinación armoniosa, lo que es aún más cierto entre los subordinados que te siguen. Es decir, rara vez alguno de vosotros entiende qué es servir a Dios o cómo hay que servirlo. Estáis confundidos y consideráis estas lecciones insignificantes. Incluso hay muchas personas que no solo no practican este aspecto de la verdad, sino que, además, actúan mal a sabiendas. Hasta aquellos que han servido muchos años riñen y conspiran unos contra otros y son celosos y competitivos; cada uno va a lo suyo y no cooperan en absoluto. ¿No representan todas estas cosas la estatura real que tenéis? Vosotros, que servís juntos a diario, sois como los israelitas, que servían directamente a Dios en el templo todos los días. ¿Cómo puede ser que vosotros, que servís a Dios, no tengáis ni idea de cómo coordinar ni de cómo servir?

Extracto de ‘Servid como lo hacían los israelitas’ en “La Palabra manifestada en carne”

Lo que os exijo hoy —que trabajéis juntos en armonía— es similar al servicio que Jehová exigía a los israelitas: de no ser así, simplemente dejar de hacer servicio. Dado que sois personas que servís a Dios directamente, como mínimo debéis ser capaces de demostrar lealtad y sumisión en el servicio y también de aprender lecciones de manera práctica. Especialmente aquellos que trabajáis en la iglesia, ¿alguno de vuestros hermanos y hermanas subordinados se atrevería a vérselas con vosotros? ¿Se atrevería alguien a deciros vuestros errores a la cara? Estáis muy por encima de los demás; ¡reináis como monarcas! Ni siquiera estudiáis ni os adentráis en este tipo de lecciones prácticas, ¡pero seguís hablando de servir a Dios! En la actualidad se te pide que dirijas varias iglesias, pero no solo no te das por vencido, sino que incluso te aferras a tus nociones y opiniones y afirmas cosas como: “Creo que esto debe hacerse de esta manera, ya que Dios ha dicho que no debemos estar cohibidos por otros y que hoy en día no debemos someternos ciegamente”. Por lo tanto, cada uno se aferra a su opinión y no os obedecéis unos a otros. Aunque tenéis claro que vuestro servicio se encuentra en un callejón sin salida, pese a ello decís: “A mi parecer, mi camino no está totalmente equivocado. En cualquier caso, cada uno de nosotros defiende una cosa: tú hablas de lo tuyo y yo hablo de lo mío; tú compartes tus perspectivas y yo hablo de mi entrada”. Nunca os responsabilizáis de las muchas cosas que hay que tratar o, sencillamente, cada cual se conforma con desahogar sus opiniones y proteger con prudencia su estatus, reputación e imagen. Ninguno está dispuesto a humillarse y ninguna de las partes tomará la iniciativa de entregarse a subsanar los defectos de los demás para que la vida evolucione más deprisa. Cuando coordináis juntos, deberíais aprender a buscar la verdad. Podéis decir: “No tengo un claro entendimiento de este aspecto de la verdad. ¿Qué experiencia tienes tú con ello?”. O podéis decir: “Tú tienes más experiencia que yo en este aspecto; ¿podrías guiarme, por favor?”. ¿No sería esa una buena manera de ocuparse de ello? Habéis oído multitud de sermones y tenéis algo de experiencia con hacer servicio. Si no aprendéis unos de otros, os ayudáis y subsanáis los defectos de los demás cuando hacéis obra en las iglesias, entonces, ¿cómo vais a aprender ninguna lección? Cada vez que afrontéis algo, debéis hablar unos con otros para que vuestras vidas se beneficien. Además, deberíais hablar detenidamente de todo tipo de cosas antes de tomar decisiones. Ese es el único modo de responsabilizarse de la iglesia, en vez de limitarse a actuar sin interés. Tras visitar todas las iglesias, debéis reuniros a hablar de todos los asuntos que descubráis y de cualquier problema de trabajo, y luego comunicar el esclarecimiento y la iluminación que hayáis recibido; esta es una práctica de servicio indispensable. Debéis conseguir una cooperación armoniosa a efectos de la obra de Dios, para beneficio de la iglesia y para estimular a vuestros hermanos y hermanas. Debéis coordinaros con otros, corrigiéndoos mutuamente y alcanzando un mejor resultado de trabajo, con el fin de atender a la voluntad de Dios. Esta es la verdadera cooperación y solo aquellos que se dediquen a ella lograrán la verdadera entrada. Mientras cooperas, puede que algunas de tus palabras sean inadecuadas, pero no importa. Háblalo después y hazte una idea clara; no lo descuides. Cuando lo hayas hablado, podrás subsanar los defectos de tus hermanos o hermanas. Esta manera de profundizar cada vez más en tu trabajo es lo que te permitirá lograr mejores resultados. Cada uno de vosotros, como personas que sirven a Dios, debe ser capaz de defender los intereses de la iglesia en todo lo que haga, en lugar de tener en cuenta únicamente sus propios intereses. Es inaceptable actuar en solitario, desestabilizándoos unos a otros. ¡Las personas que se comportan así no son aptas para servir a Dios! Esas personas tienen un carácter horrendo; no les queda ni un ápice de calidad humana. ¡Son cien por cien Satanás! ¡Son bestias! Todavía siguen ocurriendo esas cosas entre vosotros; incluso llegáis a atacaros al hablar, buscando pretextos a propósito mientras se os enciende el rostro al discutir algún asunto trivial, sin nadie dispuesto a hacerse a un lado, y con todos ocultando lo que piensan a los demás mientras miran fijamente a la otra parte y están siempre en guardia. ¿Es este tipo de carácter propio del servicio a Dios? ¿Es posible que un trabajo como el vuestro provea algo a vuestros hermanos y hermanas? Tú no solo no sabes guiar a la gente hacia una trayectoria vital correcta, sino que, de hecho, infundes tus actitudes corruptas en tus hermanos y hermanas. ¿No estás perjudicando a terceros? Tu conciencia es horrible ¡y está podrida por dentro! No entras en la realidad ni pones en práctica la verdad. Además, exhibes descaradamente tu naturaleza diabólica ante los demás. Sencillamente, ¡no conoces la vergüenza! Se te han encomendado estos hermanos y hermanas, pero los estás llevando al infierno. ¿No eres de esas personas cuya conciencia se ha podrido? ¡No tienes absolutamente ninguna vergüenza!

Extracto de ‘Servid como lo hacían los israelitas’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si quieres cumplir adecuadamente con tus deberes y satisfacer la voluntad de Dios, primero debes aprender a trabajar en armonía con los demás. Al coordinarte con tus hermanos y hermanas, debes considerar lo siguiente: ¿Qué es la armonía? ¿Es armoniosa la forma en que les hablo? ¿Me conducen mis pensamientos a la armonía con ellos? ¿Me conduce mi forma de hacer las cosas a la armonía con ellos? Plantéate cómo estar en armonía. A veces, estar en armonía implica paciencia y tolerancia, pero también mantenerse firme y defender los principios; no significa conciliar las diferencias sin importar los principios, tratar de ser “el bueno” o seguir la vía de la moderación. En especial, no significa congraciarse con alguien. Estos son los principios. Una vez que los hayas comprendido, sin darte cuenta actuarás según la voluntad de Dios y, además, vivirás la realidad de la verdad. Al relacionarse entre sí, cuando las personas se apoyan en filosofías de vida, en sus nociones, ideas, deseos y egoísmo, y en sus capacidades, dones, especializaciones e inteligencia, son totalmente incapaces de alcanzar la unidad ante Dios. Puesto que viven y hacen las cosas a partir de un carácter satánico corrupto, no son capaces de unificarse. ¿Qué consecuencia última tiene esto? Que Dios no obra en ellos. Dado que Dios no obra en ellos y continúan apoyándose en sus escasas habilidades, su inteligencia, sus especializaciones y los poquitos conocimientos y habilidades que han adquirido, es muy difícil que sean utilizados al máximo en la casa de Dios y actúen según Su voluntad. Esto se debe a que, si Dios no obra en ti, nunca podrás comprender los principios relativos a la práctica de la verdad ni a cómo hacer las cosas; es decir, nunca podrás comprender la esencia ni la causa de los principios subyacentes al deber que estés cumpliendo ni podrás saber cómo actuar en armonía con la voluntad de Dios o qué hacer para alegrarlo. Tampoco podrás saber cómo actuar en consonancia con los principios-verdad. No podrás comprender estas cosas esenciales; no tienes ni idea. Tus confusos intentos de cumplir con el deber están destinados a fracasar y ten por seguro que Dios te despreciará.

Extracto de ‘La coordinación armoniosa’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué es la coordinación armoniosa? Tú haz lo tuyo y yo haré lo mío; tú termina lo tuyo y yo terminaré lo mío. Cada cual hace lo suyo y no hay un acuerdo tácito entre nosotros; no nos comunicamos ni hablamos. No hemos alcanzado ninguna clase de entendimiento mutuo. Sencillamente, en el fondo sabemos esto: “Yo cumplo con mi deber y tú cumples con el tuyo; tú llevas a cabo el tuyo y yo llevo a cabo el mío. Lo que hagas tú no es asunto mío y lo que haga yo no es asunto tuyo. No nos metemos el uno con el otro y no nos molestamos ni nos influimos”. ¿Eso es coordinación armoniosa? A primera vista podría parecer que no hay conflictos ni quejas entre dos personas así; parece que no se meten la una con la otra ni se controlan ni se cohíben. Sin embargo, espiritualmente no hay coordinación armoniosa entre ellas; no tienen ningún acuerdo tácito ni se preocupan la una por la otra. Lo que ocurre es que cada cual pone empeño en lo suyo y se esfuerza individualmente, sin coordinación. ¿Es esta una buena manera de hacer las cosas? No lo es. Parece que ninguno dirige, escucha ni guía al otro, y no se ayudan. Pueden parecer racionales, pero dentro de cada uno hay un carácter corrupto. ¿Sabéis de qué carácter se trata? Se trata de que ambos compiten por estar al frente y carecen por completo de amor, preocupación y voluntad de ayudar a los demás. No hay coordinación armoniosa con esta manera de ser. Sin coordinación con los demás, peleas una batalla en solitario y muchas de las cosas que hagas no serán tan perfectas ni completas. Esta no es la clase de estado que Dios quiere ver en los seres humanos; no le hace feliz.

Extracto de ‘La coordinación armoniosa’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué han de hacer las personas para ser útiles cuando obran juntas? Compensar e indicar los defectos de los demás, vigilarse mutuamente, buscar y consultar unos con otros. Indicarse las cosas forma parte de obrar junto a otros. Alguien podría decir: “Lo estás haciendo mal, no estás buscando la verdad. ¿Cómo puedes llevar tanta prisa en lo que dices y en cómo manejas esto?”. Y al oírlo dirán: “¡Oh, no! Es una suerte que señales eso, si no lo hubieras hecho, podría haber causado un desastre”. ¿Y qué hay de vigilarnos mutuamente? Cada persona tiene momentos para cometer errores, para ser superficial, para no considerar los intereses de la casa de Dios, para portarse mal o ser desobediente. Cuando ves a alguien alardeando, protegiendo su propio estatus y reputación y sin considerar los intereses de la casa de Dios, en esos momentos debes dar un paso al frente, comunicar con ellos, y también tomártelo como una advertencia para ti mismo. ¿No es esto lo que significa vigilar a los demás? ¿De qué sirve vigilarlos? Es para proteger los intereses de la casa de Dios y evitar que la gente se pierda.

Extracto de ‘Querrían que se les obedeciera solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

La cooperación implica pedir ayuda y consejos a los demás, buscar asesoramiento en otros y ser capaz de buscar los principios-verdad cuando haya un problema. Todo esto se ha comunicado claramente; lo que suceda después se reduce a cómo lo practiques. Si siempre te sientes por encima de los demás y tratas tu misión como un puesto oficial, si siempre tomas rutas alternativas, urdes planes propios y haces gestiones por tu cuenta, eso generará problemas. Si siempre actúas así y no quieres cooperar con nadie, si no quieres repartir tu autoridad con otros, perder el protagonismo ni que te arrebaten la aureola de la cabeza, si lo quieres todo solo para ti, entonces vas por el camino equivocado. Sin embargo, si buscas a menudo la verdad y practicas el dejar de lado esas cosas, y si puedes tomar la iniciativa de cooperar con los demás, abres con frecuencia tu corazón a consultar y buscar consejo en ellos, y si puedes aceptar sugerencias y escuchar atentamente los pensamientos y palabras de otros, entonces estás yendo por la senda correcta, en la dirección adecuada. Bájate de tu pedestal y deja de lado tu título. No le des importancia a esas cosas, no las consideres relevantes y no las veas como una marca de estatus, como un laurel en la cabeza. Cree de corazón que eres igual a los demás; aprende a ponerte al mismo nivel que ellos e incluso a ser capaz de rebajarte a pedirles su opinión. Ten la capacidad de escuchar con seriedad, cuidado y atención lo que otros tienen que decir. De este modo, fomentarás una cooperación pacífica entre tú y los demás. ¿Qué función tiene entonces la cooperación pacífica? En realidad sirve de mucho. Gracias a ella, puedes beneficiarte de cosas que otros han percibido antes que tú, de cosas que otros han entendido y tú todavía no, y puedes descubrir las fortalezas y virtudes de los demás. Y hay algo más: en cuanto a los aspectos en los que consideras que los demás son necios, estúpidos o inferiores a ti, cuando escuchas las sugerencias de los demás, o cuando abren su corazón para hablarte, te das cuenta, sin saberlo, de que nadie es sencillo, de que todo el mundo, sea quien sea, tiene algunos pensamientos importantes. Esto te impide creerte inteligente o sentirte superior. Te impide vivir siempre en un estado de narcisismo y admiración hacia ti mismo. Es una manera de protegerte, ¿no crees?

Extracto de ‘Querrían que se les obedeciera solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

A veces, al cooperar en el cumplimiento de un deber, dos personas porfían por una cuestión de principios. Tienen distintos puntos de vista y han llegado a opiniones distintas. ¿Qué se puede hacer en ese caso? ¿Ocurre con frecuencia? Es un fenómeno normal provocado por diferencias de mentalidad, aptitud, percepción, edad y experiencia de las personas. Es imposible que haya exactamente lo mismo en la mente de dos personas, por lo que el que estas puedan llegar a discrepar en sus opiniones y puntos de vista es un fenómeno muy común y un suceso muy normal. No te hagas un lío con ello. Lo más importante cuando se plantea un problema semejante es cómo has de cooperar y tratar de alcanzar la unidad ante Dios y una opinión unánime. ¿Cuál es el objetivo de tener una opinión unánime? El de buscar los principios de la verdad al respecto y no actuar en función de los propósitos propios o ajenos, sino buscar juntos los propósitos de Dios. Esta es la senda hacia la cooperación armoniosa. Solo cuando busques los propósitos de Dios y los principios que Él exige podrás alcanzar la unidad. En caso contrario, si se hiciera a tu manera, la otra persona no quedaría satisfecha. Si las cosas se hicieran a su manera, serías tú el disgustado y frustrado. No lo ves claro y no puedes dejarlo pasar. “¿Es adecuado hacer las cosas de esta manera? ¿Es lo apropiado?”. No te sientes a gusto por dentro, y te parece que si no luchas por ello, no podrás justificar nada ante Dios, pero si lo haces, sentirás: “¿Es esto dar un paso al frente en mi propio beneficio? ¿Acaso se trata de luchar por mi propia imagen, por mi propio estatus?”. De cualquier modo, sientes que no es lo adecuado. Ni esto ni aquello te da buenas sensaciones. ¿Podrá lograrse entonces la unidad? Debes buscar la verdad en ese tipo de situación. Has de buscar el principio y el estándar que Dios requiere. Una vez encuentres el estándar que Dios requiere, comunica con esa persona. Después de escucharte, dice: “Sí, mi opinión era equivocada”. Tú lo meditas y piensas: “La mía tampoco era tan buena. Era un poco errónea, un poco superficial. Su idea era mejor y se acercaba al estándar que Dios exige. Si se le añade algo y se ajusta un poco, básicamente está bien. Dejaré de lado mi opinión y obedeceré. Deberíamos avanzar basándonos en su idea, y en el futuro debería aprender algunas cosas de él, de ese método suyo”. ¿No se te ha mostrado favor entonces? Él cedió un poco, y ganaste con ello, ¿verdad? Disfrutaste de algo ya dispuesto de antemano. Esa es la gracia de Dios, y se te ha mostrado favor. ¿Crees que en realidad solo se te muestra favor cuando eres esclarecido por el Espíritu Santo? Alguien tiene una opinión o comparte un poco de luz contigo en la comunicación; algo se pone en práctica y se hace de acuerdo con su principio, lo ves y piensas que no es malo. ¿Acaso no es eso ganar algo? Sí. La cooperación entre hermanos y hermanas es, en sí misma, un proceso de compensación de los puntos débiles de uno con los puntos fuertes de otro. Tú compensas las deficiencias de otros con tus puntos fuertes y viceversa. Esto es lo que significa compensar los puntos débiles de uno con los fuertes de otros y cooperar en armonía. Solo cuando la gente coopera en armonía es posible que Dios la bendiga y, cuanto más experimenta uno esto, más sentido de la práctica posee, la senda se ilumina aún más y está más tranquilo que nunca. Si siempre estás de uñas con los demás, que no te convencen y nunca quieren escucharte; si tratas de preservar la dignidad de los demás, pero ellos no hacen lo mismo por ti, lo que te parece insoportable; si los acorralas por algo que han dicho, lo tienen presente y la próxima vez que surja un problema te hacen lo mismo a ti, ¿se puede denominar lo que estás haciendo compensación de los puntos débiles del otro con tus puntos fuertes y cooperación en armonía? Se denomina disputa y vivir en función de tu mal genio y tus actitudes corruptas. Dios no lo bendecirá, pues no le agrada.

Extracto de ‘La coordinación armoniosa’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Cuando os estáis coordinando con otros para cumplir con vuestros deberes, ¿podéis abriros a opiniones diferentes? ¿Podéis aceptar lo que dicen los demás? (Siempre solía aferrarme a mis propias ideas, pero tras ser expuesto en situaciones arregladas por Dios, noté que, cuando todos nos reuníamos y discutíamos las cosas, normalmente dábamos en el clavo, y muchas veces era mi propia perspectiva personal la que estaba equivocada o era corta de miras. Llegué a apreciar lo importante que es trabajar en armonía con los demás). ¿Y qué habéis aprendido de esto? ¿Creéis que hay alguien perfecto? Por muy fuerte, capaz e ingeniosa que sea la gente, no es perfecta. La gente debe reconocerlo, es así. Esta es también la actitud más acertada para cualquiera que contemple de forma correcta sus puntos fuertes y méritos o sus defectos; esta es la racionalidad que debe tener la gente. Con esa racionalidad podrás abordar adecuadamente tus puntos fuertes y débiles, así como los de los demás, lo que te permitirá trabajar armónicamente con ellos. Si te provees de este aspecto de la verdad y eres capaz de entrar en este aspecto de la realidad-verdad, podrás llevarte armónicamente con tus hermanos y hermanas, al utilizar los respectivos puntos fuertes para compensar cualquier debilidad que tengas. Así, independientemente de cuál sea tu deber o actividad, siempre mejorarás en ello y tendrás la bendición de Dios. Si siempre crees que eres muy bueno y los demás son peores comparados contigo, si siempre quieres tener la última palabra, entonces esto va a ser problemático. Alguien puede decir algo correcto, pero piensas: “Aunque lo que ha dicho es correcto, si estoy de acuerdo con él, ¿qué pensarán los demás de mí? ¿No significará eso que no soy tan bueno como él? No puedo estar de acuerdo con él. Tendré que encontrar la manera de evitar que los demás sepan que sigo su consejo, y hacerles creer que lo hago a mi manera; entonces tendrán una elevada opinión de mí”. Si así es como tratas siempre a los demás, ¿llamarías a eso una cooperación armoniosa? ¿Cuáles serán los efectos secundarios? Con el paso del tiempo, todos te tendrán calado. Dirán que eres demasiado astuto, que no actúas de acuerdo con la verdad y eres deshonesto. Todo el mundo te detestará, y será muy posible que te abandonen. ¿Cómo considera Dios a alguien al que todos abandonan? Dios también lo detesta. ¿Por qué detesta a este tipo de persona? Los esfuerzos de tal persona para cumplir con su deber pueden ser honestos, pero ¿qué clase de enfoque es este? Dios lo detesta. El carácter que esa persona ha revelado ante Dios, todo lo que hay en su corazón y en su mente, y todas sus intenciones son repugnantes para Dios; Él las encuentra repugnantes y malvadas. Usar métodos y trucos extremadamente indeseables para lograr sus propios objetivos y ganar la admiración de los demás es el tipo de comportamiento que Dios detesta.

Extracto de ‘Solo al practicar la verdad se puede poseer una humanidad normal’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué deber puedes cumplir? El de hacer todo lo que puedas. Si tienes un poco de calibre, entonces di lo que piensas. Y si destacas en una profesión, da buen uso a tus puntos fuertes. Si tienes una capacidad de comprensión relativamente desarrollada, expresa tus ideas. Eso es lo que significa la cooperación pacífica, y de esta manera puedes cumplir con tu deber. Si siempre tratas de encargarte de todo, de sobresalir entre los demás sin permitirles a ellos hacer lo mismo, eso no es cumplir con tu deber. A eso se le llama dominación, dar la nota, y es un comportamiento propio de Satanás. Incluso si alguien tiene una habilidad, un don o una destreza especial, no puede encargarse solo de todo el trabajo y completarlo por su cuenta. Todo el mundo debe aprender a cooperar pacíficamente. ¿Qué principio hay detrás de esto? Mientras dediques todas tus energías, aportes tu lealtad y contribuyas en todo lo que seas capaz, estarás cumpliendo con tu deber. Cumplir con tu deber no significa que tengas que cargarte a la espalda todo lo posible, ni que acabes exhausto y agotado, y mucho menos arrinconado. Debes aprender a cooperar pacíficamente, a cumplir con todo lo que puedas, a cumplir con tu responsabilidad, y a dedicar todas tus energías. Esto es lo que se considera cumplir con tu deber. Implica hacer lo que te sea posible. Con cumplir y contribuir con lo que puedas ya es suficiente. No seas una persona detestable ni actúes siempre de forma autocrática, sin compartir lo que cosechas. No andes buscando siempre eclipsar a los demás. Si siempre quieres sonar grandilocuente soltando cosas como: “Decís que debemos hacerlo de una manera, pero yo insisto en que lo hagamos de otra”, ¿acaso estás cumpliendo con tu deber? Esto causa molestias y perjudica a los demás. ¿Acaso causar molestias y menoscabar a los demás es el comportamiento de alguien con una humanidad normal? Eso es desempeñar el papel de Satanás, y no es cumplir con tu deber. Por lo tanto, cuando causas molestias o actúas de manera destructiva o autocrática, da igual el esfuerzo que hagas, no será celebrado por Dios. La energía que aportes puede parecer insignificante y poco visible, pero puede haber un momento en el que digas algo que beneficie a todos, o en el que algo que hagas permita a todos cooperar pacíficamente, y todos puedan actuar juntos, en una misma dirección, estando unidos en sus opiniones y puntos de vista. Aunque nadie recuerde que esto es obra tuya, y tú no sientas que te has esforzado mucho, Dios verá que eres una persona que practica la verdad, una persona que actúa según los principios. Dios reconocerá que lo has hecho. A eso se le llama cumplir con tu deber. ¿Tiene algo de difícil cumplir con tu deber? En realidad, es fácil: basta con no causar molestias ni actuar de forma autocrática. Debes recordarlo: cumplir con tu deber no es una cuestión de acometer tus propios empeños o tu propia gestión. Este trabajo es la obra de Dios, y tú solo aportas las energías que tengas. Participas en una parte de la obra de gestión de Dios, o desempeñas un pequeño papel en un apartado minúsculo. Tal es la responsabilidad que asumes y tal es tu papel. No se trata de tu trabajo personal, así que debes comunicar con todos cualquier asunto grande o pequeño que surja. Si no tienes a nadie a tu lado, ¿qué haces? Debes buscar y orar a Dios, buscar los principios. Esta es la senda de práctica. Si todo el mundo está a tu lado, y siempre quieres hacer las cosas a tu manera, ¿qué tipo de comportamiento es ese? Haces planes por tu cuenta, sin informar sobre tus opiniones ni discutirlas con nadie; no las compartes ni las abres a los demás, sino que las mantienes ocultas en tu corazón. Cuando llega el momento de actuar, siempre quieres asombrar a los demás con tus magníficos logros, darles a todos una gran sorpresa para que te tengan en alta estima. ¿Es eso cumplir con tu deber? Es emprender tu propia gestión, gestionar tu propia posición, reforzar tu propio poder e influencia. Si no, ¿por qué no le dices a nadie lo que estás haciendo? Si este trabajo no es solo tuyo, ¿a qué viene actuar sin discutirlo con nadie y tomar decisiones por tu cuenta? ¿Por qué actuar en secreto, moviéndote en las sombras para que nadie lo sepa? ¿Por qué intentar siempre que la gente te haga caso solo a ti? Está claro que consideras este trabajo como tu obra personal. Eres el jefe y todos los demás son obreros: todos trabajan para ti. ¿Acaso no es eso un problema? ¿Acaso lo que revela este tipo de persona no es el carácter propio de Satanás?

Extracto de ‘El correcto cumplimiento del deber requiere de una cooperación armoniosa’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

En el cumplimiento del deber, debes formarte para trabajar en armonía con tus hermanos y hermanas, compartir abiertamente con ellos, poner todo sobre la mesa, comunicar abierta, pública y honestamente, y hablar con claridad. Entonces, todos se reparten la obra y cooperan, trabajando juntos en armonía. Si hay algo que aún no se entiende, entonces todos deben reunirse y comunicar más. Los que entienden deben comunicar su comprensión sin vacilar, y cualquiera que haya obtenido la luz del esclarecimiento debe apresurarse a hablar de ella con el resto. Si, mientras los demás cumplen con el deber, eres capaz de ofrecerles más ayuda y apoyo, entonces no debes escatimar esfuerzos para hacerlo, sin la menor reserva. ¿Cómo suelen pensar las chicas despreciables? “Esto lo sé, pero no te lo voy a contar”. “Si no me lo dices tú, entonces no te lo digo yo”. Así es como piensan las chicas despreciables, tan mezquinas y temerosas de que otros sean mejores que ellas. Ese no es el tipo de pensamiento que alguien con una humanidad normal debería poseer. No es una humanidad normal o algo positivo; es un carácter corrupto. Todas estas cosas egoístas, mezquinas, engañosas, oscuras, sucias y vergonzosas no son positivas; son negativas. Por lo tanto, debéis aprender a dejar ir estas cosas. No debéis permitir que os controlen, os limiten o dominen; tenéis que superarlas y esforzaros por ser alguien en posesión de la verdad y que vive en la luz. La honestidad, la honestidad, la sinceridad, la capacidad de ser tolerante, sosegado, paciente y humilde; aprender a apreciar a los demás, a encontrar la alegría al ayudar a los demás, hacer buenas obras y tener un buen corazón; todas estas son cosas positivas. En cuanto a las negativas, una vez que descubres que tienes esos pensamientos o ideas o que te encuentras en tales estados, debes aprender a abandonarlas y a renunciar a ellas. Si no lo haces, entonces te controlarán, y una vez que te tengan bajo su control, serás capaz de hacer cosas de ese tipo, y entonces serás siempre una marioneta, esclavizado y controlado por tu carácter satánico corrupto; nunca obtendrás la verdad. Las personas que desean obtener la verdad deben primero reconocer qué carácter corrupto poseen, cómo lo expresan, cuáles son sus pensamientos, cuáles son sus ideas, y en qué estados que no concuerden con la verdad se encuentran. Deben sacar a la luz estas cosas negativas y pasivas y reconocerlas, y luego resolverlas una por una aprendiendo a abandonarlas, dejarlas atrás y renunciar a ellas. Deben aprender a usar la verdad en la forma en que tratan a los demás cuando abordan el deber y cada cosa que sucede en su vida, y deben aprender a hablar y actuar de acuerdo con la verdad. De esta manera, poco a poco, las personas llegarán a poseer semejanza humana; mejorarán cada vez más en el cumplimiento del deber, y todos obrarán más armoniosamente juntos y estarán cada vez más unidos.

Extracto de ‘Cómo experimentar las palabras de Dios en los propios deberes’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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