49. Principios de negarse a uno mismo y renunciar a la carne

(1) Sobre la base de las palabras de Dios, es necesario conocer la propia esencia corrupta, y dejar al descubierto la verdad de que la carne está controlada por la naturaleza satánica. De esta manera, uno puede aborrecer realmente la carne.

(2) Cuanto más imposible considera el hombre un asunto, y cuanto menos concuerda con sus nociones e imaginaciones, más debe buscar la verdad, negarse a sí mismo y someterse a Dios.

(3) No importa lo correctas que resulten ser las nociones, imaginaciones y sentimientos humanos, no son la verdad, y no importa lo poco que concuerden las palabras de Dios con las nociones humanas, Sus palabras son la verdad.

(4) Es necesario buscar la verdad, el principio en todos los asuntos, renunciar a las propias convicciones y puntos de vista, además de a la carne. Solo así se puede practicar la verdad y tener semejanza humana.

Las palabras relevantes de Dios:

Dios mismo es la vida y la verdad, Su vida y verdad coexisten. Los que no pueden obtener la verdad nunca obtendrán la vida. Sin la guía, el apoyo y la provisión de la verdad, solo recibirás letras, doctrinas y, por encima de todo, la muerte. La vida de Dios siempre está presente, Su verdad y vida coexisten. Si no puedes encontrar la fuente de la verdad, entonces no obtendrás el alimento de la vida; si no puedes obtener la provisión de vida, entonces, seguramente no tienes la verdad, y así, aparte de las imaginaciones y las nociones, la totalidad de tu cuerpo no será nada más que carne, tu apestosa carne. Debes saber que las palabras de los libros no cuentan como vida, los registros de la historia no se pueden consagrar como la verdad, y las normas del pasado no pueden servir como un registro de palabras que Dios pronuncia en el presente. Sólo lo que Dios expresa cuando viene a la tierra y vive entre los hombres es la verdad, la vida, la voluntad de Dios y Su manera actual de obrar.

Extracto de ‘Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”

Deberíamos saber todos que Satanás ha corrompido al hombre, que es de carne. La naturaleza de la humanidad es oponerse a Dios. La humanidad no puede estar a la par con Dios, y mucho menos puede ofrecer consejo para la obra de Dios. Respecto a cómo guía Él al hombre, esta es la obra de Dios mismo. Es adecuado que el hombre se someta, sin profesar esta o aquella opinión, pues no es más que polvo. Puesto que es nuestra intención buscar a Dios, no deberíamos superponer nuestras nociones en Su obra para la consideración de Dios, todavía menos debemos emplear al máximo nuestro carácter corrupto para deliberadamente oponernos a la obra de Dios. ¿No nos convertiría esto en anticristos? ¿Cómo podrían esas personas creer en Dios? Puesto que creemos que existe Dios, y puesto que deseamos satisfacerlo y verlo, deberíamos buscar el camino de la verdad, y un camino compatible con Él. No deberíamos permanecer en una oposición terca hacia Dios. ¿Qué bien podría salir de tales acciones?

Extracto de ‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”

Muchos tienen una mala sensación acerca de la segunda encarnación de Dios, ya que las personas encuentran difícil creer que Dios se haría carne para hacer la obra de juicio. Sin embargo, debo decirte que la obra de Dios a menudo excede en gran medida las expectativas del hombre y es difícil que las mentes de los humanos la acepten. Pues las personas son simplemente gusanos sobre la tierra, mientras que Dios es el Supremo que llena el universo; la mente del hombre es como un foso de agua fétida que sólo cría gusanos, mientras que cada etapa de la obra dirigida por los pensamientos de Dios es la síntesis de la sabiduría de Dios. Las personas desean constantemente contender con Dios, a lo que Yo digo que resulta evidente quién es el que saldrá perdiendo al final. Os exhorto a que no os creáis más valiosos que el oro. Si otros pueden aceptar el juicio de Dios, ¿por qué tú no? ¿Cómo de alto estás respecto a los demás? Si otros pueden inclinar sus cabezas ante la verdad, ¿por qué no puedes hacerlo tú también?

Extracto de ‘Cristo hace la obra de juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

¡Abandonad vuestras opiniones de lo que es “imposible”! Cuanto más crea la gente que algo es imposible, es más factible que ocurra, porque la sabiduría de Dios se eleva más alto que los cielos, los pensamientos de Dios son más altos que los pensamientos del hombre, y la obra de Dios trasciende los límites del pensamiento y las nociones del hombre. Cuanto más imposible sea algo, más verdad se puede buscar en ello; cuanto más lejos de las nociones y la imaginación del hombre resida algo, más contiene la voluntad de Dios.

Extracto de ‘La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era’ en “La Palabra manifestada en carne”

Ocurre algo que requiere que soportes dificultades, momento en el cual debes entender cuál es la voluntad de Dios y cómo debes ser consciente de Su voluntad. No debes satisfacerte a ti mismo: primero ponte a un lado. Nada es más abyecto que la carne. Debes buscar satisfacer a Dios y cumplir con tu deber. Con tales pensamientos, Dios te traerá un esclarecimiento especial en este asunto, y tu corazón también encontrará alivio. Sea pequeño o grande, cuando te ocurre algo debes ponerte primero a un lado y considerar la carne como la más inferior de todas las cosas. Mientras más la satisfaces, más libertades se toma; si la satisfaces esta vez, la próxima pedirá más. Cuando esto tiene lugar, las personas llegan a amarla aún más. La carne siempre tiene deseos extravagantes, siempre pide que la satisfagas, y que la gratifiques en su interior, con las cosas que comes, con lo que vistes, perdiendo los estribos, o complaciendo a tu propia debilidad y pereza… Mientras más satisfaces a la carne, mayores se vuelven sus deseos, y más disoluta se vuelve ella, hasta llegar al punto de albergar incluso las nociones más profundas, desobedecer a Dios, exaltarse y dudar de la obra de Dios. Mientras más satisfaces a la carne, mayores son sus debilidades; sentirás continuamente que nadie se compadece de tus debilidades, creerás que Dios ha ido demasiado lejos, y dirás: “¿Cómo podría Dios ser tan duro? ¿Por qué no les da un respiro a las personas?”. Cuando los seres humanos satisfacen la carne y la valoran demasiado, acaban por arruinarse. Si amas realmente a Dios, y no satisfaces a la carne, verás que todo lo que Él hace es correcto y muy bueno, y que Su maldición de tu rebeldía y el juicio de tu impiedad son justificados. Habrá momentos en los que Dios te castigue y discipline, y produzca un entorno para templarte, obligándote a venir delante de Él. Siempre sentirás que lo que Dios está haciendo es maravilloso. Por tanto, te parecerá que no hay tanto dolor, y que Dios es maravilloso. Si complaces las debilidades de la carne y dices que Dios va demasiado lejos, siempre sentirás dolor, estarás deprimido, confundido respecto a toda la obra de Dios, y parecerá que Él no se compadece en absoluto de las debilidades del hombre ni es consciente de sus dificultades. Por tanto, te sentirás siempre miserable y solo, como si hubieras sufrido una gran injusticia, y esta vez comenzarás a quejarte. Cuanto más complaces las debilidades de la carne de esta forma, más sentirás que Dios va demasiado lejos, hasta que las cosas empeoran tanto que niegas Su obra, comienzas a oponerte a Él, y te llenas de desobediencia. Así pues, debes rebelarte contra la carne y no complacerla: “Mi esposo (esposa), mis hijos, mis perspectivas, mi matrimonio, mi familia, ¡nada de eso importa! En mi corazón sólo existe Dios y debo hacer mi mejor esfuerzo por satisfacer a Dios y no satisfacer a la carne”. Debes tener esta determinación. Si siempre posees tal determinación, cuando pongas en práctica la verdad, y te apartes a un lado, serás capaz de hacerlo con muy poco esfuerzo. Se dice que una vez hubo un campesino que vio una serpiente congelada en la carretera. La recogió y la sostuvo contra su pecho, y después de revivir esta le mordió mortalmente. La carne del hombre es como la serpiente: su esencia es hacer daño a su vida, y cuando consigue completamente lo que quiere, tu vida se pierde. La carne pertenece a Satanás. Dentro de ella hay deseos extravagantes, sólo piensa en sí misma, quiere disfrutar de comodidades, deleitarse en el ocio, y regodearse en la pereza y la holgazanería. Una vez que la hayas satisfecho hasta un determinado punto, te comerá finalmente. Es decir, si la satisfaces esta vez, la próxima vez vendrá pidiendo más. Siempre tiene deseos extravagantes y nuevas exigencias, y se aprovecha de que la complazcas para hacer que la valores aún más y vivas entre sus comodidades, y si no la vences, acabas por arruinarte finalmente. Que puedas o no obtener vida delante de Dios, y cuál sea tu final definitivo, depende de cómo lleves a cabo tu rebelión contra la carne. Dios te ha salvado, escogido y predestinado, pero si hoy no estás dispuesto a satisfacerle, a poner en práctica la verdad, a rebelarte contra tu propia carne con un corazón que le ame a Dios de verdad, te destruirás finalmente, y sufrirás un dolor extremo. Si siempre complaces a la carne, Satanás te devorará gradualmente, y te dejará sin vida o sin el toque del Espíritu, hasta que llegue el día en que te encuentres totalmente en tinieblas en tu interior. Cuando vivas en la oscuridad, Satanás te habrá llevado cautivo; ya no tendrás más a Dios en tu corazón y en ese momento negarás Su existencia y lo abandonarás. Por tanto, si las personas desean amar a Dios, deben pagar el precio del dolor y soportar las dificultades. No hay necesidad de fervor y dificultades externos, de leer y corretear más, más bien deberían poner de lado las cosas que hay dentro de ellos: los pensamientos extravagantes, los intereses personales, y sus propias consideraciones, nociones e intenciones. Esa es la voluntad de Dios.

Extracto de ‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

El tratamiento del carácter externo de las personas por parte de Dios es también una parte de Su obra; ocuparse de la humanidad externa, anormal, por ejemplo, o de sus estilos de vida y hábitos, sus maneras y costumbres, así como de sus prácticas externas y su fervor. Pero cuando Él pide que las personas pongan en práctica la verdad y cambien su carácter, lo que primordialmente está siendo tratado son las intenciones y las nociones en su interior. Tratar solamente con tu carácter externo no es difícil; es como pedirte que no comas las cosas que te gustan, lo cual es fácil. Sin embargo, no es fácil dejar lo que concierne a los conceptos en tu interior. Requiere que las personas se rebelen contra la carne, que pagues un precio, y que sufras delante de Dios. Esto es particularmente así con las intenciones de las personas. Desde que las personas empezaron a creen en Dios, han albergado muchas intenciones incorrectas. Cuando no estás poniendo en práctica la verdad, sientes que todas tus intenciones son correctas, pero, cuando te ocurra algo, verás que hay muchas incorrectas dentro de ti. Así pues, cuando Dios hace perfectas a las personas, provoca que se den cuenta de los muchos conceptos que hay en ellas y que están obstruyendo su conocimiento de Dios. Cuando reconoces que tus intenciones son erróneas, si eres capaz de dejar de practicar de acuerdo a tus conceptos e intenciones, de dar testimonio de Dios y de mantenerte firme en tu posición en todo lo que te acontece, esto demuestra que te has rebelado contra la carne. Cuando lo has hecho, se produce inevitablemente una batalla en tu interior. Satanás intentará y hará que las personas lo sigan, que sigan las nociones de la carne y defiendan los intereses de la carne, pero las palabras de Dios esclarecerán e iluminarán a las personas en su interior, y en ese momento está en ti seguir a Dios o a Satanás. Dios pide a las personas que pongan en práctica la verdad principalmente para ocuparse de las cosas de su interior, de sus pensamientos y sus nociones que no son según Su corazón. El Espíritu Santo toca a las personas en su corazón y las esclarece e ilumina. Por tanto, existe una batalla detrás de todo lo que acontece: cada vez que las personas ponen en práctica la verdad, o el amor a Dios, se desencadena una gran batalla, y aunque todo pueda parecer estar bien con su carne, en lo profundo de sus corazones se estará desarrollando de hecho una batalla a vida o muerte. Sólo después de esta intensa lucha, después de una tremenda cantidad de reflexión, puede decidirse la victoria o la derrota. Uno no sabe si reír o llorar. Como muchas de las intenciones internas de las personas son erróneas, o como gran parte de la obra de Dios entra en conflicto con sus nociones, cuando las personas ponen en práctica la verdad, se libra una gran batalla entre bambalinas. Una vez puesta en práctica esta verdad, las personas derramarán detrás del escenario innumerables lágrimas de tristeza antes de decidirse por fin a satisfacer a Dios. Es gracias a esta batalla que las personas soportan el sufrimiento y el refinamiento; esto es sufrimiento real. Cuando la batalla llegue a ti, si eres capaz de ponerte verdaderamente en el lado de Dios, podrás satisfacerle. Mientras se practica la verdad, es inevitable sufrir por dentro; si, cuando pusieran en práctica la verdad, todo estuviese bien en su interior, no necesitarían que Dios los perfeccionase ni habría batalla, y no sufrirían. Por la gran cantidad de cosas no adecuadas en las personas para el uso de Dios, y como hay mucho del carácter rebelde de la carne, los seres humanos deben aprender de un modo más profundo la lección de rebelarse contra la carne. Esto es lo que Dios llama el sufrimiento que le pidió al hombre que pasara junto con Él. Cuando encuentres dificultades, date prisa y ora a Dios: “¡Oh Dios! Deseo satisfacerte, deseo soportar la dificultad final para satisfacer Tu corazón, e independientemente de lo grandes que sean los reveses que sufra, seguiré satisfaciéndote. Aunque tenga que entregar toda mi vida, ¡seguiré satisfaciéndote!”. Con esta determinación, cuando ores así serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio.

Extracto de ‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si deseas someter a tu corazón y rebelarte contra la carne, primero debes saber si tus intenciones son correctas; solo entonces puedes someter a tu corazón. Si no sabes si tus intenciones son correctas, ¿puedes someter a tu corazón y rebelarte contra la carne? Aun si te rebelaras, lo harías de una manera confusa. Debes saber cómo rebelarte contra tus intenciones equivocadas; eso es lo que significa rebelarse contra la carne. Una vez que reconoces que tus intenciones, pensamientos e ideas están equivocados, debes dar la vuelta rápidamente y caminar por la senda correcta. Resuelve este asunto primero, y entrénate para lograr la entrada en este aspecto, porque tú sabes mejor que nadie si tus intenciones son correctas o no. Una vez que tus intenciones erróneas se corrijan y ahora estén a favor de Dios, habrás cumplido la meta de someter a tu corazón.

Extracto de ‘Sé consciente de la voluntad de Dios para alcanzar la perfección’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando te sucede algo que no tiene relación con tus nociones, eres capaz de seguir comiendo y bebiendo las palabras de Dios y cumpliendo con tu deber de manera normal. Pero cuando sucede algo que entra en conflicto con tus nociones y es incongruente con ellas, ¿cómo lo resuelves? ¿Das rienda suelta a tus nociones y las dejas seguir su curso o te ocupas de ellas, tratas de contenerlas y las abandonas? Hay algunas personas con nociones que no solo no las dejan de lado, sino que buscan a otros para difundirlas. Buscan una oportunidad para dar rienda suelta a estas nociones, e intentan justificarse: “Decís que todo lo que Dios hace tiene sentido, pero hasta donde puedo decir, no hay ninguno en lo que ha sucedido. Esto está en conflicto con la verdad, y cuando me encuentro con tales cosas, ¡tengo que decir algo, tengo que defender la justicia!”. ¿Es apropiado ese comportamiento? ¿Qué debes hacer para seguir la senda correcta? Hay algunas personas con nociones que piensan las cosas y se dan cuenta de que su relación con Dios no es normal, que han surgido malentendidos respecto a Dios en su interior, y que tener tales nociones es un problema grave. Piensan que, si sus nociones no se resuelven, pueden correr gran peligro y llegar a oponerse, dudar e incluso darle la espalda a Dios. Por lo tanto, le oran a Dios, y dejan de lado sus nociones. Primero refutan sus propios puntos de vista erróneos, y luego buscan la verdad. Como consecuencia, con el paso del tiempo, aunque no hayan diseccionado completamente sus nociones, o las hayan dejado de lado por completo y las hayan resuelto, la verdad dirige sus pensamientos y su comportamiento desde el interior, y también los guía en el cumplimiento de su deber, por lo que este no se ve afectado. Puede ser que llegue un día en que algo les suceda y sus nociones se resuelvan. ¿No es esta la forma correcta de practicar? Algunas personas pueden estar algo descontentas con un arreglo o algo que haya hecho Dios por ellas, que haga surgir nociones en ellas, y luego se vuelven apáticos a la hora de cumplir con su deber y no lo hacen de manera correcta. Existen constantemente en una especie de estado negativo, con oposición, insatisfacción y resentimiento en sus corazones. ¿Es tal comportamiento correcto? ¿Son estas cosas fáciles de resolver? Digamos, por ejemplo, que te crees muy inteligente y te digo que no entiendes los asuntos espirituales. Te enfadas al oír esto y te vuelves hostil diciendo: “Nadie se atrevería a decir que no entiendo los asuntos espirituales. Es la primera vez que oigo tal cosa. No puedo aceptar estas palabras. ¿Podría liderar la iglesia si no comprendiera los asuntos espirituales? ¿Podría hacer una obra tan grande?”. Hay un conflicto entre tu propia evaluación de ti mismo y lo que Dios dice de ti, así que, ¿qué hay que hacer? ¿Es fácil para las personas reflexionar sobre sí mismas cuando les ocurren tales cosas? ¿Qué tipo de personas son capaces de reflexionar sobre sí mismas? Las que aceptan y buscan la verdad. Primero, debes rebatirte a ti mismo. Aunque carezcas de un conocimiento exacto de ti mismo y no seas capaz de evaluarte con precisión, en cuanto oigas a Dios decir que no comprendes los asuntos espirituales, lo cual es la definición de Dios con respecto a tu naturaleza y esencia, debes aceptar estas palabras como la verdad y aplicártelas a ti mismo, aunque pienses de forma diferente. Después, mientras obras y te relacionas con otros, al compararte con ellos, ves que no solo no entiendes los asuntos espirituales, sino que también eres muy ignorante. Al haber descubierto que tienes un problema grave, ¿no eres capaz de aceptar completamente lo que dijo Dios? Debes aceptar todo lo que Dios dice. Primero debes aceptarlo desde la perspectiva de una regla, definición o concepto, y luego pensar en una forma de aplicártelo a ti mismo en tu vida real, pensar en un medio para conocerlo y experimentarlo. Cuando experimentes así, a medida que pase el tiempo, llegarás a tener la evaluación correcta de ti mismo, y ¿tendrás todavía malentendidos sobre Dios entonces? Cuando no haya desacuerdo entre ti y Dios en este asunto, ¿seguirás siendo capaz de objetar la evaluación de Dios sobre ti? La aceptarás y dejarás de desobedecer. Si eres capaz de aceptar la verdad y comprender plenamente este asunto, darás un paso adelante; si no lo aceptas, permanecerás estancado donde estás y no progresarás de ninguna manera.

Extracto de ‘Solo si se corrigen las propias nociones es posible tomar el buen camino de la fe en Dios (1)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunos nunca buscan la verdad mientras cumplen con el deber. Simplemente hacen lo que les place, actuando con terquedad de acuerdo con sus fantasías y siempre arbitrarios e imprudentes. ¿Qué supone ser “arbitrario e imprudente”? Supone actuar ante un problema como creas conveniente, sin reflexionar y despreocupado de lo que diga el resto. Nadie puede llegar a ti ni cambiarte de idea, así que nadie te puede influir lo más mínimo; te mantienes firme, no escuchas a los demás ni siquiera cuando lo que dicen tiene lógica y crees que tu manera es la correcta. Aunque lo sea, ¿no deberías prestar atención a las sugerencias ajenas? Si no lo haces, dirán que eres terco. ¿Cómo de terco? Tan terco que ni diez bueyes podrían tirar de ti: absolutamente terco, arrogante y extremadamente arbitrario, de los que no ven la verdad hasta que los mira a la cara. De puro terco, ¿no eres arbitrario? Haces lo que quieres, lo que piensas hacer, y no escuchas a nadie. Si alguien te dijera que algo de lo que haces no concuerda con la verdad, contestarías: “Lo haré tanto si concuerda con la verdad como si no. Si no concuerda con la verdad, te daré tal o cual motivo o justificación. Haré que me escuches. Estoy empeñado en ello”. Puede que otros digan que lo que haces es disruptivo, que acarreará graves consecuencias, que va en detrimento de los intereses de la casa de Dios, pero no los escuchas, sino que insistes en tu razonamiento: “Esto es lo que hago, te guste o no. Quiero hacerlo así. Tú te equivocas totalmente y yo tengo plena justificación”. Tal vez, en efecto, tengas justificación y lo que hagas no acarree graves consecuencias, pero ¿qué actitud estás revelando? (La arrogancia). Una naturaleza arrogante te hace arbitrario. Cuando la gente tiene este carácter arbitrario, ¿no es proclive a ser arbitraria e imprudente? Entonces, ¿cómo corriges tu arbitrariedad e imprudencia? Cuando tienes una idea, la cuentas, dices lo que piensas y crees al respecto y luego se lo comunicas a todo el mundo. En primer lugar, puedes aclarar tu punto de vista y buscar la verdad; este es el primer paso que pones en práctica para superar este carácter arbitrario e imprudente. El segundo paso se produce cuando otros expresan opiniones contrarias, ¿qué práctica puedes adoptar para evitar ser arbitrario e imprudente? Primero debes tener una actitud de humildad, dejar de lado lo que crees correcto y permitir que todos hablen. Aunque creas que lo que dices es correcto, no debes seguir insistiendo en ello. Esa, para empezar, es una suerte de paso adelante; demuestra una actitud de búsqueda de la verdad, abnegación y satisfacción de la voluntad de Dios. Una vez que tienes esta actitud, a la vez que no te apegas a tu propia opinión, oras. Como no distingues el bien del mal, dejas que Dios te revele y diga qué es lo mejor y lo más adecuado que puedes hacer. Mientras todos comparten juntos, el Espíritu Santo les otorga esclarecimiento. Dios da esclarecimiento a las personas de acuerdo con un procedimiento que, a veces, simplemente hace balance de tu actitud. Si tu actitud es de autoafirmación inflexible, Dios te ocultará Su rostro y se aislará de ti; te dejará en evidencia y se asegurará de que te topes contra un muro. Si, por el contrario, tu actitud es correcta —ni empeñada en tener razón, ni mojigata, arbitraria e imprudente, sino una actitud de búsqueda y aceptación de la verdad—, cuando hables con el grupo y el Espíritu Santo empiece a obrar entre vosotros, quizá te guíe hacia el conocimiento a través de las palabras de otra persona. A veces, cuando el Espíritu Santo da esclarecimiento a una persona, eso te lleva a entender el quid de la cuestión con tan solo unas pocas palabras o frases. En ese instante te das cuenta de que todo aquello a lo que te aferras está equivocado y justo entonces comprendes la forma más correcta de actuar. A esas alturas, ¿ha evitado la persona hacer el mal, ir por la senda equivocada y cargar con las consecuencias de un error? ¿Cómo se logra eso? Se logra con un corazón que obedezca y busque. Una vez que puedas conseguirlo, a la larga actuarás correctamente y habrás satisfecho la voluntad de Dios.

Extracto de La comunión de Dios

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