49. Principios de negarse a uno mismo y renunciar a la carne

(1) Sobre la base de las palabras de Dios, es necesario conocer la propia esencia corrupta, y dejar al descubierto la verdad de que la carne está controlada por la naturaleza satánica. De esta manera, uno puede aborrecer realmente la carne.

(2) Cuanto más imposible considera el hombre un asunto, y cuanto menos concuerda con sus nociones e imaginaciones, más debe buscar la verdad, negarse a sí mismo y someterse a Dios.

(3) No importa lo correctas que resulten ser las nociones, imaginaciones y sentimientos humanos, no son la verdad, y no importa lo poco que concuerden las palabras de Dios con las nociones humanas, Sus palabras son la verdad.

(4) Es necesario buscar el principio-verdad en todos los asuntos, renunciar a las propias convicciones y puntos de vista, además de a la carne. Solo así se puede practicar la verdad y tener semejanza humana.

Las palabras relevantes de Dios:

Si las personas pueden ver realmente con claridad la senda correcta de la vida humana, así como el propósito de la gestión de Dios de la humanidad, no atesorarían en su corazón su futuro y destino individuales. Ya no tendrían interés en servir a sus padres, que son peores que cerdos y perros. ¿El futuro y destino del hombre no son exactamente los “padres” de Pedro, así llamados en el presente? Son como la carne y sangre del hombre. ¿Cuál será el destino y el futuro de la carne? ¿Será ver a Dios mientras siga viva o que el alma se encuentre con Dios después de la muerte? ¿La carne acabará mañana en un gran horno de tribulaciones o en conflagración? ¿No se refieren estas preguntas a si la carne del hombre soportará desgracias o sufrirá las mayores noticias por las que cualquiera en esta corriente que tenga cerebro y sea sensato está más preocupado? (Aquí, soportar el sufrimiento se refiere a recibir bendiciones; quiere decir que las pruebas futuras son beneficiosas para el destino del hombre. Desgracia se refiere a ser incapaz de permanecer firme o ser engañado; o quiere decir que uno se va a encontrar con situaciones desafortunadas y va a perder la vida en medio de desastres, y que no hay ningún destino adecuado para el alma de uno). Aunque los humanos tienen buena razón, tal vez lo que piensan no se corresponde totalmente con lo que su razón debería estar equipada. Esto se debe a que todos están bastante confundidos y siguen las cosas a ciegas. Todos deberían comprender profundamente dónde deberían entrar y, en especial, deberían determinar a qué se debería entrar durante la tribulación (es decir, durante el refinamiento en el horno) además de aquello con lo que deberían estar equipados durante la prueba de fuego. No siempre sirvas a tus padres (que significa la carne) que son como cerdos y perros y son peores que las hormigas y los insectos. ¿Qué sentido tiene atormentarse por esto, pensar tanto y devanarse los sesos? La carne no te pertenece, pues está en manos de Dios, que no solo te controla sino que también controla a Satanás. (Esto significa que la carne pertenece originalmente a Satanás. Ya que Satanás también está en manos de Dios, solo se puede decir de esa manera. Esto es porque es más persuasivo decirlo de esa manera; sugiere que los hombres no están completamente bajo el campo de acción de Satanás sino que están en manos de Dios). Vives bajo el tormento de la carne, pero ¿la carne te pertenece? ¿Está bajo tu control? ¿Por qué devanarte los sesos por ello? ¿Por qué molestarte suplicando a Dios obsesivamente por tu pútrida carne, condenada, maldita y profanada hace tanto por espíritus inmundos? ¿Qué necesidad hay de molestarte manteniendo siempre a los cómplices de Satanás cerca de tu corazón? ¿No te preocupa que la carne pueda arruinar tu futuro real, tu maravillosa esperanza y el verdadero destino para tu vida?

Extracto de ‘El propósito de gestionar a la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si pudieras comprender el treinta por ciento de la obra de los últimos días (ese mero treinta por ciento significa comprender la obra del Espíritu Santo hoy, así como la obra de Dios sobre la palabra, en los últimos días), entonces no seguirías “sirviendo” o siendo “filial” a tu carne, que ha sido corrupta muchos años, como es hoy el caso. Debes ver claramente que los humanos ahora han avanzado a un estado sin precedentes y ya no seguirán rodando hacia delante, como las ruedas de la historia. Tu carne mohosa hace mucho que está cubierta de moscas, así que ¿cómo puede tener el poder de dar marcha atrás a las ruedas de la historia que Dios ha permitido que continúen hasta el día de hoy? ¿Cómo puede hacer que el reloj mudo de los últimos días vuelva a funcionar y lograr que sus manecillas se sigan moviendo en el sentido correcto? ¿Cómo puede volver a transformar el mundo que parece envuelto en densa niebla? ¿Puede tu carne revivir las montañas y los ríos? ¿Puede tu carne, que tiene solo una pequeña función, realmente restaurar la clase de mundo humano que has anhelado? ¿Puedes verdaderamente educar a tus descendientes para que se conviertan en “seres humanos”? ¿Ahora lo entiendes? ¿A qué pertenece tu carne exactamente? La intención original de Dios para salvar al hombre, para perfeccionar al hombre y para transformar al hombre no fue darte una hermosa patria o traer un reposo tranquilo a la carne del hombre; fue por el bien de Su gloria y Su testimonio, para el mejor disfrute de la humanidad en el futuro y para que pronto pudiera reposar. Aun así, no fue para tu carne, porque el hombre es el capital de la gestión de Dios, y la carne del hombre es simplemente un apéndice. (Un hombre es un objeto tanto con espíritu como con cuerpo, mientras que la carne es solo un elemento que se pudre. Esto quiere decir que la carne es una herramienta para usar en el plan de gestión). Deberías saber que el que Dios perfeccione, complete y gane a los hombres no trae nada sino espadas y golpes para su carne, además de sufrimiento sin fin, conflagración, juicio, castigo y maldiciones sin misericordia, y pruebas sin límite. Tal es la historia interna y la verdad sobre la obra de gestionar al hombre. Sin embargo, todas estas cosas están dirigidas contra la carne del hombre y todas las flechas de hostilidad se dirigen sin piedad hacia la carne del hombre (porque el hombre es inocente). Todo esto es por el bien de Su gloria y testimonio y para Su gestión. Esto se debe a que Su obra no es solamente por el bien de la humanidad, sino además por todo el plan y para cumplir Su voluntad original cuando Él creó a la humanidad. Por lo tanto, tal vez el noventa por ciento de las experiencias del hombre son sufrimientos y pruebas de fuego, y hay muy pocos, o incluso ninguno, de esos días dulces y felices que la carne del hombre ha anhelado. Más incapaz aún es el hombre de disfrutar momentos felices en la carne, pasando preciados momentos con Dios. La carne es inmunda así que lo que la carne del hombre ve o disfruta no es nada sino el castigo de Dios, que el hombre encuentra desfavorable, como si le faltara un sentido común. Esto es porque Dios manifestará Su carácter justo, el cual el hombre no prefiere, y Él no tolera las ofensas del hombre y desprecia a los enemigos. Dios abiertamente revela todo Su carácter a través de cualquier medio necesario, concluyendo así la obra de Su batalla de seis mil años con Satanás, ¡la obra de la salvación de toda la humanidad, y la destrucción del Satanás de la antigüedad!

Extracto de ‘El propósito de gestionar a la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Ocurre algo que requiere que soportes dificultades, momento en el cual debes entender cuál es la voluntad de Dios y cómo debes ser consciente de ella. No debes satisfacerte a ti mismo: primero ponte a un lado. Nada es más abyecto que la carne. Debes buscar satisfacer a Dios y cumplir con tu deber. Con tales pensamientos, Dios te traerá un esclarecimiento especial en relación al asunto, y tu corazón también encontrará alivio. Sea pequeño o grande, cuando te ocurre algo debes ponerte primero a un lado y considerar la carne como la más inferior de todas las cosas. Mientras más la satisfaces, más libertades se toma; si la satisfaces esta vez, la próxima pedirá más. Cuando esto tiene lugar, las personas llegan a amarla aún más. La carne siempre tiene deseos extravagantes, siempre pide que la satisfagas, y que la gratifiques en su interior, ya sea con lo que comes, con lo que vistes, perdiendo los estribos o complaciendo tu propia debilidad y pereza… Mientras más satisfaces la carne, mayores se vuelven sus deseos, y más disoluta se vuelve ella, hasta llegar al punto de albergar incluso las nociones más profundas, desobedecer a Dios, exaltarse y dudar de Su obra. Mientras más satisfaces la carne, mayores son sus debilidades; sentirás continuamente que nadie se compadece de tus debilidades, creerás que Dios ha ido demasiado lejos y dirás: “¿Cómo podría Dios ser tan duro? ¿Por qué no les da un respiro a las personas?”. Cuando los seres humanos satisfacen la carne y la valoran demasiado, acaban por arruinarse. Si amas realmente a Dios y no satisfaces la carne, verás que todo lo que Él hace es correcto y muy bueno, y que Su maldición de tu rebeldía y el juicio de tu impiedad son justificados. Habrá momentos en los que Dios te castigue y discipline y produzca un entorno para templarte, obligándote a venir delante de Él. Siempre sentirás que lo que Dios está haciendo es maravilloso. Por tanto, te parecerá que no hay tanto dolor y que Dios es maravilloso. Si complaces las debilidades de la carne y dices que Dios va demasiado lejos, siempre sentirás dolor, estarás deprimido, confundido respecto a toda Su obra, y parecerá que Él no se compadece en absoluto de las debilidades del hombre ni es consciente de sus dificultades. Por tanto, te sentirás siempre miserable y solo, como si hubieras sufrido una gran injusticia, y esta vez comenzarás a quejarte. Cuanto más complaces las debilidades de la carne de esta forma, más sentirás que Dios va demasiado lejos, hasta que las cosas empeorarán tanto que negarás Su obra, comenzarás a oponerte a Él y te llenarás de desobediencia. Así pues, debes rebelarte contra la carne y no complacerla: “Mi esposo (esposa), mis hijos, mis perspectivas, mi matrimonio, mi familia, ¡nada de eso importa! En mi corazón solo existe Dios y debo esforzarme lo más posible por satisfacer a Dios y no satisfacer la carne”. Debes tener esta determinación. Si siempre posees tal determinación, cuando pongas en práctica la verdad y te apartes a un lado, serás capaz de hacerlo con muy poco esfuerzo. Se dice que una vez hubo un campesino que vio una serpiente congelada en la carretera. La recogió y la sostuvo contra su pecho, y después de revivir esta lo mordió mortalmente. La carne del hombre es como la serpiente: su sustancia es hacer daño a su vida y cuando consigue completamente lo que quiere, la vida se pierde. La carne pertenece a Satanás. Dentro de ella hay deseos extravagantes, la carne solo piensa en sí misma, quiere disfrutar de comodidades, deleitarse en el ocio y regodearse en la pereza y la holgazanería. Una vez que la hayas satisfecho hasta un determinado punto, te terminará comiendo. Es decir, si la satisfaces una vez, la siguiente vez vendrá pidiendo más. La carne siempre tiene deseos extravagantes y nuevas exigencias y se aprovecha de que la complazcas para hacer que la valores aún más y vivas entre sus comodidades, y si no la vences, con el tiempo, acaba por arruinarte. Que puedas o no lograr vida ante Dios y cuál sea tu final definitivo, depende de cómo lleves a cabo tu rebelión contra la carne. Dios te ha salvado, escogido y predestinado, pero si hoy no estás dispuesto a satisfacerle, a poner en práctica la verdad, a rebelarte contra tu propia carne con un corazón que ame a Dios de verdad, te terminarás destruyendo, y sufrirás un dolor extremo. Si siempre complaces la carne, Satanás te devorará gradualmente y te dejará sin vida y sin el toque del Espíritu, hasta que llegue el día en que te encuentres totalmente en tinieblas en tu interior. Cuando vivas en la oscuridad, Satanás te habrá llevado cautivo; ya no tendrás más a Dios en tu corazón y en ese momento negarás Su existencia y lo abandonarás. Por tanto, si las personas desean amar a Dios, deben pagar el precio del dolor y soportar las dificultades. No hay necesidad de fervor y dificultades externos, ni de leer ni ir de aquí para allá, más bien deberían poner de lado las cosas que hay dentro de ellas: los pensamientos extravagantes, los intereses personales y sus propias consideraciones, nociones e intenciones. Esa es la voluntad de Dios.

Extracto de ‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

El tratamiento del carácter externo de las personas por parte de Dios es también una parte de Su obra; ocuparse de la humanidad externa, anormal, por ejemplo, o de sus estilos de vida y hábitos, sus maneras y costumbres, así como de sus prácticas externas y su fervor. Pero cuando Él pide que las personas pongan en práctica la verdad y cambien su carácter, se refiere, primordialmente, a las intenciones y las nociones en su interior. Tratar solamente con tu carácter externo no es difícil; es como pedirte que no comas las cosas que te gustan, lo cual es fácil. Sin embargo, no es fácil dejar lo que concierne a los conceptos en tu interior. Requiere que las personas se rebelen contra la carne, que paguen un precio y que sufran ante Dios. Esto es particularmente así en relación a las intenciones de las personas. Desde que las personas empezaron a creen en Dios, han albergado muchas intenciones incorrectas. Cuando no estás poniendo en práctica la verdad, sientes que todas tus intenciones son correctas, pero, cuando te ocurre algo, verás que hay muchas incorrectas dentro de ti. Así pues, cuando Dios hace perfectas a las personas, los hace que se den cuenta de que muchos conceptos que hay en ellas que están obstruyendo su conocimiento de Dios. Cuando reconoces que tus intenciones son erróneas, si eres capaz de dejar de practicar de acuerdo a tus conceptos e intenciones, de dar testimonio de Dios y de mantenerte firme en tu posición en todo lo que te acontece, esto demuestra que te has rebelado contra la carne. Cuando lo has hecho, se produce inevitablemente una batalla en tu interior. Satanás intentará y hará que las personas lo sigan, que sigan las nociones de la carne y defiendan los intereses de la carne, pero las palabras de Dios esclarecerán e iluminarán a las personas en su interior, y en ese momento está en ti seguir a Dios o a Satanás. Dios pide a las personas que pongan en práctica la verdad principalmente para ocuparse de las cosas de su interior, de sus pensamientos y sus nociones que no son según Su corazón. El Espíritu Santo toca a las personas en su corazón y las esclarece e ilumina. Por tanto, existe una batalla detrás de todo lo que acontece: cada vez que las personas ponen en práctica la verdad o el amor a Dios, se desencadena una gran batalla, y aunque todo pueda parecer estar bien con su carne, en lo profundo de sus corazones se estará desarrollando de hecho una batalla a vida o muerte. Solo después de esta intensa lucha, después de una gran cantidad de reflexión, puede decidirse la victoria o la derrota. Uno no sabe si reír o llorar. Como muchas de las intenciones internas de las personas son erróneas o como gran parte de la obra de Dios entra en conflicto con sus nociones, cuando las personas ponen en práctica la verdad, se libra una gran batalla entre bambalinas. Una vez puesta en práctica esta verdad, las personas derramarán detrás del escenario innumerables lágrimas de tristeza antes de decidirse por fin a satisfacer a Dios. Es gracias a esta batalla que las personas soportan el sufrimiento y el refinamiento; esto es sufrimiento real. Cuando la batalla llegue a ti, si eres capaz de ponerte verdaderamente en el lado de Dios, podrás satisfacerle. Mientras se practica la verdad, es inevitable sufrir por dentro; si, cuando pusieran en práctica la verdad, todo estuviese bien en su interior, no necesitarían que Dios los perfeccionase ni habría batalla alguna y no sufrirían. Es debido a que, en las personas, hay una gran cantidad de cosas no adecuadas para el uso de Dios y hay mucho del carácter rebelde de la carne que los seres humanos deben aprender de un modo más profundo la lección de rebelarse contra la carne. Esto es lo que Dios llama el sufrimiento que le pidió al hombre que pasara junto con Él. Cuando encuentres dificultades, date prisa y ora a Dios: “¡Oh, Dios! Deseo satisfacerte, deseo soportar la dificultad final para satisfacer Tu corazón e independientemente de lo grandes que sean los reveses que sufra, seguiré satisfaciéndote. Aunque tenga que entregar toda mi vida, ¡seguiré satisfaciéndote!”. Con esta determinación, cuando ores así, serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio.

Extracto de ‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

La búsqueda de la verdad exige perseverancia y determinación. Si no habéis satisfecho la voluntad de Dios esta vez, debéis ser capaces de aborreceros a vosotros mismos, y, en el fondo, tener la determinación silenciosa de alcanzar éxito la próxima vez. Si esa vez no fuerais conscientes de la carga de Dios, deberíais estar decididos a rebelaros contra la carne cuando os enfrentéis al mismo obstáculo en el futuro y decidir satisfacer la voluntad de Dios. Así es como os volvéis dignos de elogio. Algunas personas ni siquiera saben si sus propios pensamientos o ideas son correctos; ¡tales personas son necias! Si deseas someter a tu corazón y rebelarte contra la carne, primero debes saber si tus intenciones son correctas; solo entonces puedes someter a tu corazón. Si no sabes si tus intenciones son correctas, ¿puedes someter a tu corazón y rebelarte contra la carne? Aun si te rebelaras, lo harías de una manera confusa. Debes saber cómo rebelarte contra tus intenciones equivocadas; eso es lo que significa rebelarse contra la carne. Una vez que reconoces que tus intenciones, pensamientos e ideas están equivocados, debes dar la vuelta rápidamente y caminar por la senda correcta. Resuelve este asunto primero, y entrénate para lograr la entrada en este aspecto, porque tú sabes mejor que nadie si tus intenciones son correctas o no. Una vez que tus intenciones erróneas se corrijan y ahora estén a favor de Dios, habrás cumplido la meta de someter a tu corazón.

Extracto de ‘Sé consciente de la voluntad de Dios para alcanzar la perfección’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando te sucede algo que no tiene relación con tus nociones, eres capaz de seguir comiendo y bebiendo las palabras de Dios y cumpliendo con tu deber de manera normal. Pero cuando sucede algo que entra en conflicto con tus nociones y va más allá de ellas causando contradicciones, ¿cómo lo resuelves? ¿Das rienda suelta a tus nociones y las dejas seguir su curso o te ocupas de ellas, tratas de contenerlas y las abandonas? Hay algunas personas que tienen nociones cuando se encuentran con un problema, que no solo no las dejan de lado, sino que buscan a otros para difundirlas. Buscan una oportunidad para dar rienda suelta a estas nociones, para que otros también puedan tenerlas. Algunos intentan justificarse: “Decís que todo lo que Dios hace tiene sentido, pero hasta donde puedo decir, no hay ninguno en lo que ha sucedido. Esto está en conflicto con la verdad, y cuando me encuentro con tales cosas, ¡tengo que decir algo, tengo que defender la justicia!”. ¿Es apropiado ese comportamiento? ¿Qué debes hacer para seguir la senda correcta? Hay algunas personas con nociones que piensan las cosas y se dan cuenta de que su relación con Dios no es normal, que han surgido malentendidos respecto a Dios en su interior, y que tener tales nociones es un problema grave. Piensan que, si sus nociones no se resuelven, pueden correr gran peligro y llegar a oponerse, dudar e incluso darle la espalda a Dios. Por lo tanto, le oran a Dios, y dejan de lado sus nociones. Primero refutan sus propios puntos de vista erróneos, y luego buscan la verdad. Como consecuencia, con el paso del tiempo, aunque no hayan diseccionado completamente sus nociones, o las hayan dejado de lado por completo y las hayan resuelto, la verdad dirige sus pensamientos y su comportamiento desde el interior, y también los guía en el cumplimiento de su deber, por lo que este no se ve afectado. Puede ser que llegue un día en que algo les suceda y sus nociones se resuelvan. ¿No es esta la forma correcta de practicar? Algunas personas pueden estar algo descontentas con un arreglo o algo que haya hecho Dios por ellas, que haga surgir nociones en ellas, y luego se vuelven apáticos a la hora de cumplir con su deber y no lo hacen de manera correcta. Existen constantemente en una especie de estado negativo, con oposición, insatisfacción y resentimiento en sus corazones. ¿Es tal comportamiento correcto? ¿Son estas cosas fáciles de resolver? Digamos, por ejemplo, que te crees muy inteligente y te digo que eres insensato y no entiendes los asuntos espirituales. Te enfadas al oír esto y te vuelves hostil diciendo: “Nadie se atrevería a decir que no entiendo los asuntos espirituales. Es la primera vez que oigo tal cosa. No puedo aceptar estas palabras. ¿Podría liderar la iglesia si no comprendiera los asuntos espirituales? ¿Podría hacer una obra tan grande?”. Surge un conflicto, ¿no? Entonces, ¿qué hay que hacer? ¿Es fácil para las personas reflexionar sobre sí mismas cuando les ocurren tales cosas? ¿Qué tipo de personas son capaces de reflexionar sobre sí mismas? Las que aceptan y buscan la verdad. Primero, debes rebatirte a ti mismo. Aunque carezcas de un conocimiento exacto de ti mismo y no puedan percibir si tienes razón o no, o si tienes algún grado de ignorancia, en cuanto oigas a Dios decir que no eres un necio y no comprendes los asuntos espirituales, aunque no seas consciente de ello, esta es la definición de Dios con respecto a tu esencia-naturaleza, debes aceptar estas palabras como la verdad y aplicártelas a ti mismo, aunque pienses de forma diferente. Después, mientras obras y te relacionas con otros, al compararte con ellos, ves que no solo no entiendes los asuntos espirituales, sino que también eres muy ignorante. Al haber descubierto que tienes un problema grave, ¿no eres capaz de aceptar completamente lo que dijo Dios? Debes aceptar estas palabras. Primero debes aceptarlas como una regla, una definición o un concepto, y luego pensar en una forma de aplicártelo a ti mismo en tu vida real, pensar en un medio para conocerlo y experimentarlo. A medida que pase el tiempo, llegarás a tener la evaluación correcta de ti mismo. ¿Tendrás todavía malentendidos sobre Dios entonces? Cuando no haya desacuerdo entre ti y Dios en este asunto, ¿seguirás siendo capaz de objetar la evaluación de Dios sobre ti? La aceptarás y dejarás de desobedecer. Si eres capaz de aceptar la verdad y comprender plenamente este asunto, darás un paso adelante; si no la aceptas, permanecerás estancado donde estás y no progresarás de ninguna manera. ¿Es importante aceptar la verdad? (Sí). La gente debe dejar de lado sus nociones sobre Dios y no tener nada de hostilidad u oposición hacia Sus palabras; esta es la única actitud de aceptación de la verdad.

Extracto de ‘Solo si se corrigen las propias nociones es posible tomar el buen camino de la fe en Dios (1)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Cuando las personas hacen surgir malentendidos y nociones sobre Dios, primero deben reconocer que Dios es la verdad y ellos no la poseen, y que sin duda los que están equivocados son ellos. ¿Es esto una especie de formalidad? Si solo adoptas esta práctica como una formalidad, superficialmente, entonces ¿puedes llegar a conocer tus propios errores? Nunca. Se necesitan varios pasos. Primero, debes determinar si tus acciones concuerdan con los principios. Para empezar, no te fijes en tus intenciones; hay veces en que estas son correctas, pero los principios que practicas son erróneos. ¿Por qué digo que los principios que practicas son erróneos? Puede que hayas buscado, pero tal vez no comprendas en absoluto lo que son los principios; tal vez no hayas buscado en absoluto, hayas basado tus acciones únicamente en tus buenas intenciones y tu entusiasmo, en tu imaginación y experiencia, y por lo tanto hayas cometido un error. ¿Te lo puedes imaginar? Cometes un error cuando no puedes prever algo, ¿y acaso no quedas expuesto entonces? Una vez expuesto, si sigues compitiendo con Dios, entonces ¿en qué estás equivocado? Ese es tu error. Tu mayor error no fue que hicieras algo malo e infringieras los principios, causando así una pérdida u otras consecuencias, sino que, habiendo hecho algo malo, sigues insistiendo en no reconocer tu error; todavía te opones a Dios con tus nociones e imaginaciones, negando que Su obra sea correcta. Este fue tu mayor y más grave error. ¿Por qué tal estado en una persona es de oposición a Dios? Independientemente de que las personas reconozcan o no que todo lo que Dios hace y Su soberanía son correctos, y cuál es su significado, si no pueden reconocer primero que ellos mismos están equivocados, entonces su estado es de oposición a Dios. ¿Qué hay que hacer para rectificar este estado? Buscar la voluntad de Dios, como se ha mencionado, no es tan práctico para las personas. Algunos dicen: “Si buscar no es tan práctico, ¿significa eso que no es necesario y no hace falta buscar aquello que se puede buscar y comprender? Puedo saltarme ese paso”. ¿Bastará con eso? ¿Acaso no está muy lejos de la salvación el que actúa de esa manera? Tales personas hacen interpretaciones realmente sesgadas y erróneas. La búsqueda de la voluntad de Dios es una tarea un tanto circular para las personas; si desean tomar un atajo más realista, entonces deben empezar por renegar de sí mismos, hacerse a un lado, sabiendo que sus acciones son erróneas y no concuerdan con la verdad, y luego buscar los principios-verdad. Estos son los pasos. Pueden parecer simples, pero ponerlos en práctica presenta muchas dificultades, ya que los seres humanos tienen un carácter corrupto, así como todo tipo de imaginaciones y exigencias, y además tienen deseos; todo ello interfiere con que las personas renieguen de sí mismas y se abandonen a sí mismas. Estas cosas no son fáciles de hacer.

Extracto de ‘Solo si se corrigen las propias nociones es posible tomar el buen camino de la fe en Dios (3)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Un problema o estado siempre pueden ser resueltos con la verdad, no importa de qué tipo sean. Independientemente del tipo de problema que tengas, siempre y cuando aceptes la verdad y de teoría la conviertas en tu realidad y la practiques y entres en ella, entonces no importa qué tipo de persona seas, experimentarás una transformación y un crecimiento. Esto es absoluto; es definitivamente cierto. El énfasis está en los corazones de las personas y sus decisiones, y si, cuando se encuentran con un problema, le dan la espalda a Dios o le obedecen y se someten a Sus palabras. También se trata de si las personas eligen satisfacer sus apetencias físicas cuando se enfrentan a algo, o si pueden en cambio abandonar su carne y practicar la verdad, actuando de acuerdo con las palabras de Dios. El enfoque principal está en estas cosas. En cuanto a las personas que invariablemente eligen satisfacer su carne y sus apetencias y siguen sus gustos y deseos físicos, nunca pueden experimentar el significado o el valor de practicar la verdad. Por otro lado, las personas que pueden abandonar la carne, dejar de lado sus propios planes y deseos, que pueden practicar de acuerdo con la verdad y entrar en la realidad-verdad, pueden experimentar poco a poco lo que significa practicar la verdad, llegar a darse cuenta de la diversión y el disfrute de la práctica de esta, y pueden, paso a paso, obtener una idea del sentido de las palabras de Dios y cuál es el significado y el valor de la exigencia de Dios para que los seres humanos se comporten de esta manera. ¿Qué resultado conlleva que la gente haga esto? Disfrutan cada vez más de las cosas positivas y adquieren una capacidad cada vez más fuerte de discernir las negativas, hacia las que también sienten cada vez más odio, repugnancia y desdén. Una vez que la gente tenga estos estados y expresiones, su fe en Dios se hará más grande. Si practican así a menudo, odiarán su propia corrupción, maldad, arrogancia, egoísmo, desobediencia y oposición, y surgirá en ellos odio, repugnancia y antipatía por su esencia-naturaleza. Mientras tanto, también sentirán aversión por cualquier cosa negativa que les rodee y con la que entren en contacto. Darán origen a estos estados. Este es el efecto que se logra, por un lado, al conocerse a uno mismo. Por otra parte, mientras surge este odio y repugnancia, ¿qué cambios tienen lugar en la gente en sus actitudes hacia la verdad? Empiezan a anhelar ser capaces de tener la estatura y la fuerza de voluntad suficientes para practicarla, y esperan poder entrar en la realidad-verdad, satisfacer la voluntad de Dios y convertirse en un ser creado con conciencia, con sentido y con la realidad-verdad. También tienen sed de poder someterse a Dios, someterse a todos los ambientes que Dios ha dispuesto y abstenerse de rebelarse contra Él; desean poder satisfacer la voluntad de Dios.

Extracto de ‘Uno solo puede entrar en realidad-verdad si busca la verdad en todo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si el conocimiento que las personas tienen de sí mismas es demasiado superficial, les resultará imposible resolver los problemas y su carácter de vida simplemente no cambiará. Es necesario que alguien se conozca en un nivel profundo, lo que significa conocer la propia naturaleza: qué elementos se incluyen en esa naturaleza, cómo se originaron estas cosas y de dónde provinieron. Además, ¿eres realmente capaz de odiar estas cosas? ¿Has visto tu propia alma fea y tu naturaleza malvada? Si eres realmente capaz de ver la verdad sobre ti mismo, entonces comenzarás a aborrecerte. Cuando te aborreces, y luego practicas la palabra de Dios, podrás abandonar la carne y tener la fuerza para cumplir con la verdad sin dificultad. ¿Por qué muchas personas siguen sus preferencias carnales? Porque se consideran bastante buenas, sienten que sus acciones son correctas y justificadas, que no tienen fallas e incluso que están completamente en lo correcto. Por lo tanto, son capaces de actuar con la suposición de que la justicia está de su lado. Cuando alguien reconoce cuál es su verdadera naturaleza, cuán fea, despreciable y detestable es, entonces no está demasiado orgulloso de sí mismo ni es tan salvajemente arrogante ni está tan complacido consigo mismo como antes. Tal persona siente: “Debo ser serio y centrado y practicar algunas de las palabras de Dios. Si no, entonces no estaré a la altura del estándar de ser humano, y me avergonzaré de vivir en la presencia de Dios”. Entonces alguien realmente se ve a sí mismo como miserable, como verdaderamente insignificante. En este momento, a alguien se le hará fácil cumplir con la verdad y parecerá ser un poco como debería ser un humano. Sólo cuando las personas realmente se aborrecen pueden abandonar la carne. Si no se desprecian a sí mismas, serán incapaces de abandonar la carne. Odiarse a uno mismo verdaderamente comprende algunas cosas: primero, conocer la propia naturaleza; y segundo, verse a uno mismo como una persona dependiente y mísera, verse extremadamente pequeño e insignificante y ver la propia alma deplorable y sucia. Cuando alguien ve completamente lo que realmente es, y se logra este resultado, entonces realmente adquiere conocimiento de sí mismo y se puede decir que se ha llegado a conocer completamente. Sólo entonces puede alguien mismo odiarse, hasta el punto de maldecirse y sentir verdaderamente que Satanás lo ha corrompido profundamente; tanto que ni siquiera se parece a un ser humano. Entonces un día, cuando aparezca la amenaza de la muerte, esa persona pensará: “Este es el justo castigo de Dios. Dios es, ciertamente, justo; ¡en verdad yo debería morir!”. En este punto, él no albergará quejas y, mucho menos, culpará a Dios, simplemente, sentirá que es tan dependiente y despreciable, tan inmundo y tan corrupto, que debería ser eliminado por Dios, y que un alma así no es apta para vivir en la tierra. En este punto, esta persona no se resistirá a Dios y, mucho menos, lo traicionará. Si alguien no se conoce, y todavía se considera bastante bueno, entonces cuando la muerte llame, esta persona pensará: “Lo he hecho muy bien en mi fe. ¡Qué duro he buscado! He dado tanto, he sufrido tanto, pero finalmente Dios ahora me está pidiendo que muera. No sé dónde está la justicia de Dios. ¿Por qué me está pidiendo que muera? Si hasta una persona como yo tiene que morir, entonces ¿quién se salvará? ¿No llegará a su fin la raza humana?”. En primer lugar, esta persona tiene nociones acerca de Dios. En segundo lugar, esta persona se queja y no muestra ninguna sumisión en absoluto. Esto es igual que Pablo: cuando estaba a punto de morir, no se conocía, y para cuando el castigo de Dios estaba cerca, era demasiado tarde para arrepentirse.

Extracto de ‘Conocerse a uno mismo es principalmente conocer la naturaleza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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