166. Principios para gozar de la gracia de Dios

(1) Por mucha que sea la gracia de que se goce, hay que aprender a estar pendiente de la voluntad de Dios. Se ha de hacer todo lo posible por cumplir correctamente con el deber y responder al amor de Dios.

(2) Al gozar de la gracia de Dios hay que comprender Sus exigencias al hombre, conocer Su amor y aprender a dar testimonio de Él. Esto es lo único que concuerda con Su voluntad.

(3) Que Dios otorgue la gracia al hombre es manifestación de Su amor, pero Sus propósitos son salvar a la humanidad de la influencia de Satanás y que la gente viva con semejanza humana.

(4) No hay que conformarse con el simple gozo de la gracia de Dios. Es preciso buscar la verdad y el conocimiento de Dios. Lo que más lo complace es que lleguemos a ser perfeccionados por Él.

Las palabras relevantes de Dios:

En el estado actual de la obra de Dios en estos, los últimos días, Él ya no otorga gracia más y bendiciones al hombre como hacía antes, y tampoco persuade al hombre para que siga adelante. Durante esta etapa de la obra, ¿qué ha visto el hombre de todos los aspectos de la obra de Dios que ha experimentado? El hombre ha contemplado el amor de Dios y Su juicio y Su castigo. Durante ese periodo de tiempo, Dios provee, respalda, esclarece y guía al hombre, para que poco a poco llegue a conocer Sus intenciones, las palabras que pronuncia y la verdad que Él le confiere. Cuando el hombre es débil, cuando está desanimado y no tiene dónde acudir, Dios usará Sus palabras para consolarlo, aconsejarlo y alentarlo, de manera que la pequeña estatura del hombre pueda fortalecerse progresivamente, ascender en positividad y que esté dispuesto a colaborar con Dios. Sin embargo, cuando el hombre le desobedece o se resiste a Él, o cuando revela su propia corrupción, Dios no mostrará misericordia alguna al castigar y disciplinar al hombre. No obstante, Dios mostrará tolerancia y paciencia hacia la necedad, la ignorancia, la debilidad y la inmadurez del hombre. De esta forma, a través de toda la obra que Dios hace por el hombre, este madura y crece poco a poco, y llega a conocer las intenciones de Dios, llega a conocer ciertas verdades, llega a saber qué cosas son las positivas y cuáles las negativas, a saber qué es el mal y la oscuridad. Dios no toma el único camino de siempre castigar y disciplinar al hombre, pero tampoco muestra siempre tolerancia y paciencia. Más bien provee para cada persona de formas distintas en sus etapas diferentes, y según su estatura y su calibre diferentes. Hace muchas cosas por el hombre y a un precio elevado; el hombre no percibe nada de estas cosas ni de ese precio, pero, en la práctica, todo lo que Él lleva a cabo se realiza realmente en cada persona individual. El amor de Dios es práctico: por medio de la gracia de Dios, el hombre evita un desastre tras otro, y mientras tanto Dios muestra tolerancia una y otra vez por las debilidades del hombre. El juicio y el castigo divinos permiten que las personas lleguen a conocer gradualmente la corrupción y la esencia satánica de la humanidad. Lo que Dios provee, Su esclarecimiento y Su guía del hombre, todo permite que el ser humano conozca más y más la esencia de la verdad y que sepa cada vez más lo que el hombre necesita, qué camino debería tomar, para qué debería vivir, el valor y el significado de su vida y cómo recorrer la senda que tiene por delante. Todas estas cosas que Dios hace son inseparables de Su único propósito original. ¿Cuál es, pues, este propósito? ¿Por qué usa Dios estos métodos de llevar a cabo Su obra sobre el hombre? ¿Qué resultado quiere Él lograr? En otras palabras, ¿qué quiere Él ver en el ser humano? ¿Qué quiere conseguir de él? Lo que Dios quiere ver es que el corazón del hombre pueda revivir. Estos métodos que Él usa para obrar sobre el ser humano son un continuo esfuerzo para despertar el corazón del hombre, su espíritu, para permitirle al hombre entender de dónde viene, quién lo está guiando, respaldando, proveyendo para él, y quién le ha permitido vivir hasta el momento presente; son un medio para hacer entender al hombre quién es el Creador, a quién debería adorar, por qué tipo de senda debería caminar y de qué manera debería venir delante de Dios. Son un medio para revivir poco a poco el corazón del hombre, para que este conozca el corazón de Dios, lo entienda y comprenda el gran cuidado y pensamiento que hay detrás de Su obra para salvarle. Cuando el corazón del hombre ha revivido, ya no desea vivir con un carácter degenerado y corrupto, en lugar de eso desea buscar la verdad para satisfacer a Dios. Cuando el corazón del hombre ha despertado, entonces es capaz de arrancarse por completo del lado de Satanás. Ya no volverá a ser perjudicado por este ni controlado, ni engañado. En su lugar, el hombre puede colaborar proactivamente en la obra de Dios y en Sus palabras para satisfacer el corazón de Dios, alcanzando así el temer a Dios y apartarse del mal. Este es el propósito original de Su obra.

Extracto de ‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”

El hombre vive en medio de la carne, lo que quiere decir que vive en un infierno humano, y sin el juicio y el castigo de Dios, el hombre es tan inmundo como Satanás. ¿Cómo puede el hombre ser santo? Pedro creía que el castigo y el juicio de Dios eran la mejor protección del hombre y la mayor gracia. Sólo a través del castigo y el juicio de Dios el hombre podía ser despertado, y odiar la carne y odiar a Satanás. La disciplina estricta de Dios libera al hombre de la influencia de Satanás; lo libera de su propio y pequeño mundo, y le permite vivir en la luz de la presencia de Dios. ¡No hay mejor salvación que el castigo y el juicio! Pedro oró: “¡Oh Dios! Siempre que me castigues y me juzgues, sabré que no me has abandonado. Aunque no me des gozo y paz, y me hagas vivir en sufrimiento, y me inflijas reprensiones sin número, mientras que no me dejes mi corazón estará tranquilo. Hoy, Tu castigo y juicio se han vuelto mi mejor protección y mi mayor bendición. La gracia que me das me protege. La gracia que me otorgas hoy es una manifestación de Tu justo carácter, y es castigo y juicio; más aún, es una prueba y, más que eso, es una vida de sufrimiento”. Pedro pudo hacer a un lado los placeres de la carne y buscar un amor más profundo y una protección mayor debido a que había ganado del castigo y del juicio de Dios gracia en demasía. En su vida, si el hombre quiere ser limpiado y lograr cambios en su carácter, si quiere vivir una vida que tenga sentido y cumplir su deber como criatura, entonces debe aceptar el castigo y el juicio de Dios, y no debe dejar que se aparten de él la disciplina de Dios ni los golpes de Dios, para que se pueda liberar de la manipulación y la influencia de Satanás, y pueda vivir en la luz de Dios. Sabes que el castigo y el juicio de Dios son la luz, y la luz de la salvación del hombre, y que no hay mejor bendición, gracia o protección para el hombre.

Extracto de ‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”

Hoy el hombre ve que únicamente con la gracia, el amor y la misericordia de Dios no es capaz de conocerse a sí mismo verdaderamente y mucho menos puede conocer la esencia del hombre. Solo por medio del refinamiento y del juicio de Dios, y durante el proceso de refinamiento mismo puede el hombre conocer sus deficiencias y saber que no tiene nada. De esta manera, el amor del hombre por Dios se construye sobre el fundamento del refinamiento y el juicio de Dios. Si solo disfrutas la gracia de Dios, tener una vida familiar tranquila o con bendiciones materiales, entonces no has ganado a Dios y tu creencia en Él no se puede considerar satisfactoria. Dios ya ha llevado a cabo una etapa de la obra de la gracia en la carne y le ha otorgado al hombre bendiciones materiales, pero el hombre no puede ser perfeccionado sólo con la gracia, el amor y la misericordia. En las experiencias del hombre, este encuentra algo del amor de Dios y ve el amor y la misericordia de Dios, pero después de experimentar por un periodo de tiempo, ve que la gracia de Dios y Su amor y misericordia no pueden hacer perfecto al hombre, no pueden revelar lo que está corrupto dentro del hombre y no pueden librar al hombre de su carácter corrupto o hacer perfecto su amor y su fe. La obra de la gracia de Dios fue la obra de un periodo y el hombre no puede depender del disfrute de la gracia de Dios para conocer a Dios.

Extracto de ‘Sólo al experimentar pruebas dolorosas puedes conocer el encanto de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Los que no tienen la más mínima obediencia a Dios, que sólo reconocen Su nombre y tienen cierta idea de Su bondad y hermosura, pero que no mantienen el ritmo de los pasos del Espíritu Santo, y no obedecen la obra y las palabras presentes del Espíritu Santo, esas personas viven en medio de la gracia de Dios y Dios ni las ganará ni las perfeccionará. Dios hace perfectas a las personas por medio de su obediencia, por medio de su comer, beber y disfrutar las palabras de Dios y por medio del sufrimiento y refinamiento en sus vidas. Sólo por medio de una fe como esta el carácter de las personas puede cambiar, y sólo entonces pueden poseer el conocimiento verdadero de Dios. No estar satisfechos con vivir en medio de la gracia de Dios, anhelar de un modo activo la verdad, buscar la verdad y ser ganados por Dios, esto es lo que quiere decir obedecer conscientemente a Dios y esta es precisamente la clase de fe que Él quiere. Las personas que no hacen nada más que disfrutar la gracia de Dios no pueden ser perfeccionadas o cambiadas, y su obediencia, su piedad, su amor y su paciencia, todo es superficial. Las que sólo disfrutan la gracia de Dios no pueden conocer a Dios realmente, e incluso cuando conocen a Dios, su conocimiento es superficial, y dicen cosas como que “Dios ama al hombre” o que “Dios es compasivo con el hombre”. Esto no representa la vida del hombre y no demuestra que las personas conozcan verdaderamente a Dios.

Extracto de ‘Deberías obedecer a Dios al creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Que Dios sea capaz de obrar en los llamados “hombres enfermos de Asia Oriental” es Su gran poder. Es Su humildad y Su escondimiento. Independientemente de Sus duras palabras o Su castigo hacia nosotros, debemos elogiarlo desde el fondo de nuestro corazón por Su humildad y amarlo hasta el final por esto. Las personas que han sido atadas por Satanás durante varios miles de años han seguido viviendo bajo su influencia y no se la han quitado de encima. Han seguido andando a tientas y luchando amargamente. En el pasado solían quemar incienso e inclinarse ante Satanás y lo consagraban y estaban fuertemente atadas a enredos familiares y seculares, así como a interacciones sociales. Eran incapaces de quitárselos de encima. En esta clase de sociedad despiadada, ¿dónde puede alguien encontrar una vida significativa? Lo que la gente narra es una vida de sufrimiento y, afortunadamente, Dios ha salvado a estas personas inocentes, poniendo nuestra vida bajo Su cuidado y protección para que esta sea gozosa y ya no esté llena de preocupaciones. Hasta ahora hemos seguido viviendo bajo Su gracia. ¿No es esto la bendición de Dios? ¿Cómo puede alguien tener el valor de hacer demandas extravagantes a Dios? ¿Acaso nos ha dado Él tan poco? ¿Todavía no estás satisfecho? Pienso que ha llegado el momento de que retribuyamos el amor de Dios. Quizá podamos sufrir una gran cantidad de ridiculización, difamación y persecución porque seguimos la senda de la creencia en Dios, pero creo que esto es algo significativo. Es un asunto de gloria, no de vergüenza, y sin importar lo que pase, son muchas las bendiciones que disfrutamos. En incontables momentos de decepción, las palabras de Dios han traído consuelo y, antes de que nos demos cuenta, la tristeza se ha convertido en gozo. En incontables momentos de necesidad, Dios ha traído bendiciones y hemos sido provistos por medio de Sus palabras. En incontables momentos de enfermedad, las palabras de Dios han traído vida: hemos sido liberados del peligro y hemos pasado del peligro a la seguridad. Ya has disfrutado de muchas cosas como estas sin darte cuenta de ello. ¿No recuerdas nada de esto?

Extracto de ‘La senda… (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

A medida que crecen las personas, la mirada de Satanás está fijada en cada uno de ellas, como el tigre que observa detenidamente a su presa. Sin embargo, al hacer Su obra, Dios nunca ha estado sujeto a ninguna limitación procedente de personas, sucesos o cosas, de espacio ni de tiempo; hace lo que debería y lo que debe. En el proceso de maduración, tal vez te encuentres con muchas cosas que no te gustan, como enfermedad y frustración. Sin embargo, al caminar por esta senda, tu vida y tu futuro están estrictamente bajo el cuidado de Dios. Él te proporciona una garantía genuina que te durará toda la vida, Él está justo a tu lado, protegiéndote y cuidándote. Tú, sin saberlo, vas creciendo. Empiezas a entrar en contacto con las cosas nuevas y empiezas a conocer este mundo y a esta humanidad. Todo es fresco y nuevo para ti. Hay cosas que te gusta hacer. Vives en tu propia humanidad, en tu propio espacio y no tienes ni la más mínima percepción sobre la existencia de Dios. Sin embargo, Él te observa en cada paso del camino mientras maduras, y te observa en cada zancada que das hacia adelante. Incluso cuando estás aprendiendo conocimiento o estudiando la ciencia, Dios no se ha apartado de tu lado nunca, ni un solo paso. En esto eres exactamente igual a otras personas, en el transcurso de conocer el mundo e involucrarte en él, has establecido tus propios ideales, tienes tus propios hobbies, tus propios intereses y albergas nobles ambiciones. Con frecuencia meditas en tu propio futuro, maquinando a menudo el bosquejo de cómo debería verse tu futuro. Pero, independientemente de lo que suceda a lo largo del camino, Dios lo ve suceder todo con claridad. Tal vez tú mismo hayas olvidado tu propio pasado, pero para Dios, no hay quien pueda entenderte mejor que Él. Vives bajo la mirada de Dios, creciendo, madurando. Durante este periodo, la tarea más importante de Dios es algo que nadie puede percibir jamás, algo que nadie sabe. Ciertamente, Dios no se lo cuenta a nadie. Entonces, ¿qué es esto tan crucial? Se puede afirmar que es la garantía de que Dios salvará a la persona. Esto significa que si Dios quiere salvarla, debe hacerlo. Esta tarea es vitalmente importante tanto para el hombre como para Dios. ¿Sabéis qué es esto? Parecería que no tuvierais ningún sentimiento al respecto ni ningún concepto de ello, así que os lo diré. Desde el momento en que naciste, hasta el momento presente, Dios ha llevado a cabo mucha obra en ti, pero Él no te entrega una cuenta detallada de cada cosa que ha hecho. Dios no te ha permitido saberlo ni te lo ha dicho. Sin embargo, para la humanidad, todo lo que Él hace es importante. En lo que concierne a Dios, es algo que debe hacer. En Su corazón hay algo importante que necesita hacer y que sobrepasa por mucho a cualquiera de estas cosas. Pues es que, desde el momento en que nace una persona hasta el día de hoy, Dios debe garantizar su seguridad. Cuando escuchas estas palabras, vosotros podéis sentiros como si no entendierais por completo. Quizás os preguntéis: “¿Es esta seguridad tan importante?”. ¿Cuál es, pues, el significado literal de “seguridad”? Tal vez entendáis que significa paz o que nunca experimentaréis desastre o calamidad, que viviréis bien, que llevaréis una vida normal. Pero en vuestro corazón, debéis saber que no es tan simple. ¿Qué es exactamente esto de lo que os he estado hablando, que Dios tiene que hacer? ¿Qué significa seguridad para Dios? ¿Es realmente una garantía del significado normal de “seguridad”? No. Entonces, ¿qué es esto que Dios hace? Esta “seguridad” significa que no serás devorado por Satanás. ¿Es esto importante? No ser devorado por Satanás, ¿concierne, pues, esto a tu seguridad o no? Sí, esto tiene que ver con tu seguridad personal, y no puede haber nada más importante. Una vez que has sido devorado por Satanás, tu alma y tu carne ya no le pertenecen a Dios. Él ya no te salvará. Abandonará a las almas y a las personas que han sido devoradas por Satanás. Por tanto, afirmo que lo más importante que Dios tiene que hacer es garantizar esta seguridad tuya, para garantizar que no serás devorado por Satanás. Esto es muy importante, ¿no es así? ¿Por qué no podéis, pues, responder? ¡Parecería que no sois capaces de sentir la gran bondad de Dios!

Extracto de ‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”

Durante la vida de Job, a lo largo de varias décadas anteriores, había observado los hechos de Jehová y obtenido Sus bendiciones, que le hacían sentirse enormemente incómodo y endeudado. Creía no haber hecho nada por Dios, y sin embargo le habían legado grandes bendiciones y había disfrutado de mucha gracia. Por esta razón, oraba con frecuencia en su corazón, esperando ser capaz de corresponderle a Dios, de tener la oportunidad de dar testimonio de Sus hechos y grandeza, de que Dios pusiera a prueba su obediencia y, además, de que su fe pudiera purificarse, hasta que ambas cosas obtuviesen la aprobación de Dios. Entonces, cuando la prueba cayó sobre Job, creyó que Dios había oído sus oraciones. Job valoró esta oportunidad más que cualquier otra cosa, y por eso no se atrevió a tratarla con ligereza, porque se podría materializar el mayor deseo de toda su vida. La llegada de esta oportunidad significaba que su obediencia y su temor de Dios podían ponerse a prueba, y ser purificados. Además, significaba que Job tenía la oportunidad de obtener la aprobación de Dios, y acercarse más a Él. Durante la prueba, esa fe y esa búsqueda le permitieron ser más perfecto, y obtener un entendimiento mayor de Su voluntad. Job también se volvió más agradecido por las bendiciones y las gracias divinas, derramó una mayor alabanza sobre los hechos de Dios en su corazón, era más temeroso y reverente de Él, y anhelaba más Su encanto, Su grandeza, y Su santidad. En este momento, aunque a los ojos de Dios Job seguía siendo alguien que le temía y se apartaba del mal, en relación a sus experiencias, su fe y su conocimiento habían avanzado a pasos de gigante: su fe había aumentado, su obediencia se había afianzado, y su temor de Dios se había vuelto más profundo. Aunque esta prueba transformó el espíritu y la vida de Job, la transformación no satisfizo a Job ni hizo más lento su progreso. Al mismo tiempo que calculaba lo que había ganado con esta prueba, y consideraba sus propias deficiencias, oró tranquilamente, esperando la llegada de la prueba siguiente, porque anhelaba que su fe, su obediencia y su temor de Dios se elevaran durante la siguiente prueba de Dios.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”

En su corazón, Job creía profundamente que Dios le había concedido todo lo que poseía, que no era el producto de su propio trabajo. Por tanto, él no consideró estas bendiciones como algo que se debía capitalizar, sino que fijó los principios de su supervivencia en aferrarse con todas sus fuerzas a la forma debería hacerse. Apreciaba las bendiciones de Dios, y daba gracias por ellas, pero no estaba enamorado de ellas ni buscaba más. Esa era su actitud hacia la propiedad. Tampoco hizo nada para obtener bendiciones ni se preocupó o apenó por la ausencia o la pérdida de las bendiciones de Dios; tampoco fue alocado o delirantemente feliz por estas ni ignoró el camino de Dios, ni olvidó Su gracia por las bendiciones de las que disfrutaba con frecuencia.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”

Abraham ofreció a Isaac, ¿qué habéis ofrecido vosotros? Job lo ofreció todo, ¿qué habéis ofrecido vosotros? Muchas personas han dado su vida, han entregado sus cabezas y derramado su sangre con el fin de buscar el camino verdadero. ¿Habéis pagado ese precio? En comparación, no sois en absoluto aptos para disfrutar de una gracia tan grande. ¿Os ofende decir hoy que sois descendientes de Moab? No os tengáis en tan alta estima. No tienes nada de lo que jactarte. Una salvación y una gracia tan grandes se os dan gratuitamente. No habéis sacrificado nada; sin embargo, disfrutáis de la gracia libremente. ¿No os sentís avergonzados? ¿Es este camino verdadero algo que buscasteis y encontrasteis por vosotros mismos? ¿No fue el Espíritu Santo quien os obligó a aceptarlo? Nunca habéis tenido un corazón que busca y, mucho menos, un corazón que busca y anhela la verdad. Solamente habéis estado sentados y disfrutándolo; habéis obtenido esta verdad sin hacer el menor esfuerzo. ¿Qué derecho tenéis de quejaros? ¿Piensas que eres de lo más valioso? En comparación con quienes sacrificaron su vida, y derramaron su sangre, ¿de qué os tenéis que quejar? ¡Destruiros ahora mismo sería correcto y natural! No tenéis otra opción más que obedecer y seguir. ¡Simplemente no sois dignos! La mayoría de entre vosotros fuisteis llamados, pero si el entorno no os hubiera obligado o no hubierais sido llamados, os habríais negado por completo a salir. ¿Quién está dispuesto a aceptar tal desistimiento? ¿Quién está dispuesto a abandonar los placeres de la carne? ¡Todos sois personas que se divierten avariciosamente en las comodidades, y buscan una vida de lujo! Habéis obtenido bendiciones tan grandes, ¿qué más tenéis que decir? ¿Qué quejas tenéis? Se os ha permitido disfrutar de las mayores bendiciones y la mayor gracia en el cielo, y hoy se os revela la obra que nunca se había hecho en la tierra. ¿No es esto una bendición? Sois castigados de esta manera hoy porque os habéis resistido a Dios y os habéis rebelado contra Él. Debido a este castigo, habéis visto la misericordia y el amor de Dios y, más aún, habéis visto Su justicia y Su santidad. Debido a este castigo y a la inmundicia de la humanidad, habéis visto el gran poder de Dios, Su santidad y Su grandeza. ¿No es esta la más rara de las verdades? ¿No es esta una vida con sentido? ¡La obra que Dios hace está llena de sentido! Así pues, cuanto más baja es vuestra posición, más muestra que sois elevados por Dios, y más demuestra el gran valor de Su obra en vosotros hoy. ¡Es, sencillamente, un tesoro incalculable que no puede conseguirse en ningún otro lugar! A lo largo de las eras nadie ha disfrutado de una salvación tan grande. Que vuestra posición sea inferior muestra cuán grande es la salvación de Dios, y que Él es fiel a la humanidad; Él salva, no destruye.

Extracto de ‘La relevancia de salvar a los descendientes de Moab’ en “La Palabra manifestada en carne”

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