109. Principios para distinguir entre seguir a Dios y seguir a los humanos

(1) Afirmar que Cristo es la verdad, el camino y la vida, y buscar la verdad en todos los asuntos. Solo así puede alguien llegar a seguir a Dios en lugar de a los humanos.

(2) Comprender la diferencia entre la obra de Dios y la del hombre, y ser capaz de exponer la esencia del hombre. Solo así puede uno erradicar de raíz el problema de admirar a otros humanos.

(3) Es el arreglo de Dios y Su decreto administrativo que uno debe someterse al riego y al pastoreo del hombre usado por el Espíritu Santo. Eso no es lo mismo que admirar o seguir a un ser humano

(4) Entender la verdad de la encarnación, conocer la esencia divina de Cristo y ver las acciones de Dios en la carne. Solo así puede uno someterse y adorar al Dios práctico.

Las palabras relevantes de Dios:

¿Sabes lo que significa seguir a Dios? Sin visiones, ¿por qué senda caminarías? En la obra de hoy, si no tienes visiones no serás capaz de ser hecho completo en absoluto. ¿En quién crees? ¿Por qué crees en Él? ¿Por qué lo sigues? ¿Ves tu fe como si fuese un juego? ¿Estás manejando tu vida como una especie de juguete? El Dios de hoy es la mayor visión. ¿Cuánto conoces de Él? ¿Cuánto has visto de Él? Al ver al Dios de hoy, ¿es sólido el fundamento de tu creencia en Dios? ¿Piensas que mientras sigas de esta forma confusa alcanzarás la salvación? ¿Piensas que puedes pescar en agua turbia? ¿Es así de simple? ¿Cuántas de tus nociones respecto a lo que está declarando Dios hoy has dejado de lado? ¿Tienes una visión del Dios de hoy? ¿Dónde reside tu entendimiento del Dios de hoy? Siempre crees que puedes obtenerlo sólo con seguirlo o con verlo[a], y que nadie será capaz de deshacerse de ti. No asumas que seguir a Dios es un asunto tan fácil. La clave es que debes conocerlo, conocer Su obra, y tener la determinación de soportar el sufrimiento por Él, de sacrificar tu vida por Él, y de que Él te perfeccione. Esta es la visión que deberías tener. ¡No servirá que estés siempre pensando en disfrutar de la gracia! No supongas que Dios está ahí simplemente para el disfrute de las personas y para concederles la gracia. ¡Estarías equivocado! Si uno no puede arriesgar su vida ni abandonar toda posesión mundana para seguirlo, ¡desde luego no será capaz de seguir hasta el final! Debes tener visiones como fundamento. Si un día te golpea la desgracia, ¿qué deberías hacer? ¿Todavía serías capaz de seguirlo? No respondas a la ligera si serías capaz de seguir hasta el final. Más vale que primero abras bien los ojos para ver cuál es ahora el momento presente. Aunque ahora podáis ser como columnas del templo, llegará un tiempo en el que los gusanos las carcomerán todas, y provocarán que el templo se derrumbe, porque en la actualidad son muchas las visiones de las que carecéis. Sólo prestáis atención a vuestros propios pequeños mundos, y no conocéis la forma de búsqueda más fiable y adecuada. No prestáis atención a la visión de la obra de hoy ni guardáis estas cosas en vuestro corazón. ¿Habéis acaso considerado que un día vuestro Dios os pondrá en un lugar muy poco familiar? ¿Podéis imaginar lo que será de vosotros cuando un día os lo arrebate todo? ¿Tendríais entonces la misma energía que ahora? ¿Reaparecería vuestra fe? Al seguir a Dios debéis conocer esta mayor visión que es “Dios”: Este es el asunto más importante.

Extracto de ‘Debéis entender la obra, ¡no sigáis confundidos!’ en “La Palabra manifestada en carne”

De importancia primordial al seguir a Dios es que todo debe ser de acuerdo a las palabras actuales de Dios: Ya sea que estéis buscando la entrada a la vida o el cumplimiento de la voluntad de Dios, todo se debe centrar alrededor de las palabras actuales de Dios. Si lo que comunicas y en lo que buscas entrar no se centran alrededor de las palabras actuales de Dios, entonces eres un extraño a las palabras de Dios y estás completamente carente de la obra del Espíritu Santo. Lo que Dios quiere son personas que sigan Sus pisadas. No importa qué asombroso y puro sea lo que hayas entendido antes, Dios no lo quiere y si no puedes hacer a un lado esas cosas, entonces en el futuro serán un obstáculo tremendo para tu entrada. Todos los que pueden seguir la luz presente del Espíritu Santo son benditos. Las personas de épocas pasadas también siguieron las pisadas de Dios, pero no pudieron continuar hasta hoy; esta es la bendición de las personas de los últimos días. Los que pueden seguir la obra presente del Espíritu Santo y que pueden seguir las pisadas de Dios, de tal manera que sigan a Dios dondequiera que Él los guíe, estas son las personas a las que Dios bendice. Los que no siguen la obra presente del Espíritu Santo, no han entrado en la obra de las palabras de Dios y, no importa cuánto trabajen o cuán grande sea su sufrimiento o cuánto corran, nada de esto quiere decir algo para Dios y Él no los elogiará. En la actualidad, todos los que siguen las palabras actuales de Dios están en la corriente del Espíritu Santo; los que son extraños a las palabras actuales de Dios están fuera de la corriente del Espíritu Santo y a tales personas Dios no las elogia.

Extracto de ‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue Sus huellas’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Qué es exactamente la creencia en Dios? ¿Equivale la creencia en la religión a la creencia en Dios? Cuando la gente cree en la religión, sigue a Satanás. Solo cuando creen en Dios siguen a Dios, y solo aquellos que siguen a Dios creen de verdad en Él. ¿Es alguien que nunca aceptará las palabras de Dios como su vida una persona que cree en Dios? No importa cuántos años hayan pasado ante Dios o cuántos hayan estado en Su casa; si no creen en Dios, entonces Él no los reconoce. ¿Sobre qué base te reconoce Dios como uno de Sus seguidores? Que te reconozca uno de Sus seguidores depende de si actúas en todos los asuntos según Sus exigencias. Tu reconocimiento se produce de acuerdo con Sus palabras, no según cuántos cambios haya en tu comportamiento exterior ni cuánto tiempo pasas corriendo de aquí para allá por Él, sino según la senda que caminas y si buscas la verdad. Hay muchos que dicen que creen en Dios y pronuncian palabras de alabanza para Él, pero en sus corazones no aman las palabras pronunciadas por Dios ni están interesados en la verdad. En sus corazones siempre creen que solo si viven de acuerdo con las filosofías de Satanás y las diversas doctrinas del mundo exterior serán normales y podrán protegerse a sí mismos, que solo viviendo así darán valor a sus vidas en este mundo. ¿Es así alguien que cree en Dios y lo sigue? Si un famoso dicho de cualquier gran figura de renombre suena especialmente filosófico, lo tratas como la verdad, lo acatas como una máxima; pero en cuanto a las palabras de Dios, algunas parecen simples y directas y te harían sentirte como una persona honesta, que te ciñas escrupulosamente a tu puesto asignado y cumplas el deber de un ser creado, con firmeza. Eres incapaz de practicar estas palabras y no las tratas como la verdad. ¿Sigues a Dios? Puedes decir que has practicado Sus palabras, pero si Dios te presiona para que digas la verdad y te pregunta: “¿Qué has practicado? ¿Quién dijo las palabras que practicas? ¿Cuál es la base de los principios a los que te adhieres?”. Si esa base no son las palabras de Dios, entonces son las palabras de Satanás; lo que vives son las palabras de Satanás. Sin embargo, sigues diciendo que practicas la verdad y satisfaces a Dios, ¿acaso no es esto una blasfemia contra Él? Dios dice que la gente debe ser honesta, sin embargo, hay quienes no reflexionan sobre qué implica ser honesto, cómo deben practicar la honestidad o cuáles de las cosas que viven y revelan no son honestas y cuáles sí lo son. No contemplan la esencia de la verdad en las palabras de Dios, sino que al encontrarse un libro de los incrédulos y leerlo, dicen: “Estas son buenas palabras, incluso mejores que las de Dios. ‘Las personas leales siempre están cerca’, ¿no es eso lo mismo que dijo Dios? ¡Esta también es la verdad!”. Así que se atienen a esas palabras. ¿Qué es lo que viven cuando cumplen con estas palabras? ¿Son capaces de vivir la realidad de la verdad? ¿Existen muchas personas así? Adquieren un poco de conocimiento, leen unos pocos libros y adquieren un poco de perspectiva, y escuchan algún famoso refrán o dicho popular y lo tratan como la verdad. Actúan de acuerdo con estas palabras, y las aplican a sus deberes y a sus vidas de creencia en Dios, e incluso piensan que esto le satisface. ¿Acaso no es esto un juego de manos? ¿No es un engaño? ¡Es una blasfemia! Hay mucho de esto en la gente. Se atienen a las doctrinas populares que suenan bien y parecen correctas como si fueran la verdad. Dejan de lado las palabras de Dios, no les prestan atención y, no importa cuántas veces las lean, no se las toman a pecho ni las consideran la verdad. ¿Se trata de alguien que cree en Dios? ¿Acaso siguen a Dios? Tales personas creen en la religión, ¡siguen a Satanás! En sus corazones piensan que hay filosofía en las palabras dichas por Satanás, que esas palabras tienen un profundo significado, son sagradas, dichos sabios y, sin importar a qué más puedan renunciar, nunca serían capaces de dejarlas de lado. Para ellos sería como perder la vida o que les arrancaran el corazón. ¿Qué clase de persona es esta? Es una persona que sigue a Satanás.

Extracto de ‘La creencia en la religión nunca llevará a la salvación’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Cuando no tienen problemas, cuando todo les va bien, la mayoría de la gente siente que Dios es poderoso, justo y hermoso. Cuando Dios los pone a prueba, los trata, castiga y disciplina, cuando les pide que dejen de lado sus propios intereses, que le den la espalda a la carne y practiquen la verdad, cuando Dios obra en ellos y orquesta y reina sobre sus destinos y sus vidas, se rebelan y crean un distanciamiento entre ellos y Dios; crean un conflicto, un abismo entre ellos y Dios. En esos momentos, en sus corazones Dios no tiene la menor hermosura; no es en absoluto poderoso, pues lo que Él hace no cumple sus deseos. Dios los entristece, los perturba, les causa dolor y sufrimiento, les hace sentir inquietos. Por lo tanto, no se someten a Dios en absoluto, sino que se rebelan contra Él y lo rechazan. ¿Practican la verdad al hacer esto? ¿Están siguiendo el camino de Dios? ¿Siguen a Dios? No. Entonces, independientemente de lo numerosas que sean tus nociones e imaginaciones sobre la obra de Dios, de cómo actuaras previamente de acuerdo a tu propia voluntad y de que te rebelaras contra Él, si realmente buscas la verdad, aceptas el juicio y castigo de las palabras de Dios, aceptas ser podado y tratado por estas; y si, en todo lo que Él orquesta, eres capaz de seguir el camino de Dios, obedecer Sus palabras, buscar Su voluntad, practicar de acuerdo con ambas, ser capaz de buscar la sumisión y de dejar de lado tu propia voluntad, deseos, consideraciones, motivaciones y antagonismo hacia Él, ¡solo entonces estás siguiendo a Dios! Dices que sigues a Dios, pero todo lo que haces es según su propia voluntad. En todo lo que haces, tienes tus propios objetivos, tus propios planes; no lo dejas en manos de Dios. Entonces, ¿sigue Dios siendo tu Dios? Si Dios no es tu Dios, cuando dices que sigues a Dios, ¿acaso no son palabras vacías? ¿No son esas palabras un intento de engañar a la gente? Dices que sigues a Dios, pero todas tus acciones y comportamientos, tu perspectiva de vida, tus valores y la actitud y los principios con los que abordas y manejas los asuntos, vienen todos de Satanás; manejas todo esto según los principios y la lógica de Satanás. Entonces, ¿sigues a Dios?

[...] La forma más simple de describir la creencia en Dios es confiar en que hay un Dios y, sobre esta base, seguirlo, obedecerlo, aceptar Su dominio, orquestaciones y arreglos, escuchar Sus palabras, vivir y hacerlo todo de acuerdo con ellas, ser un verdadero ser creado, y temerlo y rechazar el mal; solo esto es la verdadera creencia en Dios. Esto es lo que significa seguir a Dios. Dices que sigues a Dios, pero en Tu corazón no aceptas las palabras de Dios ni Su dominio, orquestaciones y arreglos. Si siempre tienes nociones respecto a lo que hace Dios, y siempre lo malinterpretas y te quejas de ello; si siempre estás insatisfecho y mides y abordas lo que hace usando tus propias nociones e imaginaciones; si siempre tienes tu propio entendimiento, esto causará problemas. No estás experimentando la obra de Dios, y no tienes forma de seguirle de verdad. Eso no es creer en Dios.

Extracto de ‘La creencia en la religión nunca llevará a la salvación’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Pedro siguió a Jesús durante varios años y vio en Él muchas cosas que no había en otras personas. Después de seguirlo durante un año, Jesús escogió a Pedro de entre los doce discípulos. (Por supuesto, Jesús no habló de esto en voz alta y los demás no estaban conscientes de ello en absoluto). En la vida, Pedro se medía contra cada cosa que Jesús hacía. Principalmente, los mensajes que Jesús predicaba se grababan en su corazón. Estaba totalmente dedicado a Jesús y era fiel a Él, y nunca se quejó de Él. Como consecuencia, se convirtió en el fiel compañero de Jesús dondequiera que Él iba. Pedro observaba las enseñanzas de Jesús, Sus amables palabras, lo que Él comía, lo que vestía, dónde se hospedaba y cómo viajaba. Seguía el ejemplo de Jesús en cada aspecto. Jamás fue un santurrón, pero se deshizo de todas sus cosas obsoletas y siguió el ejemplo de Jesús en palabra y obra. Fue entonces cuando Pedro sintió que los cielos, la tierra y todas las cosas estaban en las manos del Todopoderoso y que, por esta razón, no tenía una opción personal. Pedro también asimiló todo lo que Jesús era y lo utilizó como un ejemplo. La vida de Jesús muestra que Él no era un santurrón en lo que hacía; en lugar de vanagloriarse de sí mismo, conmovía a las personas con amor. Varias cosas mostraban lo que Jesús era y, por esta razón, Pedro emulaba todo lo relacionado con Él.

Extracto de ‘Sobre la vida de Pedro’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

1. El hombre no debe magnificarse ni exaltarse. Debe adorar y exaltar a Dios.

[…]

7. En el trabajo y los asuntos de la iglesia, además de obedecer a Dios, debes seguir las instrucciones del hombre usado por el Espíritu Santo en todas las cosas. Incluso la más mínima infracción es inaceptable. Cumple de manera absoluta, y no analices lo correcto e incorrecto; lo que sea correcto e incorrecto no tiene nada que ver contigo. Solo preocúpate por la obediencia total.

8. Las personas que creen en Dios deben obedecerle y adorarle. No exaltes ni admires a ninguna persona; no pongas a Dios primero Dios, las pesonas a las que admiras en el segundo y en el tercero a ti. Ninguna persona debe tener un lugar en tu corazón y no debes considerar a las personas, particularmente a las que veneras, a la par de Dios o como Sus iguales. Esto es intolerable para Él.

Extracto de ‘Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino’ en “La Palabra manifestada en carne”

Simplemente observa a los líderes de cada denominación: son todos arrogantes y farisaicos e interpretan la Biblia fuera de contexto y según su propia imaginación. Todos confían en los dones y la erudición para hacer su obra. Si fueran incapaces de predicar nada, ¿les seguirían esas personas? Después de todo, poseen cierto conocimiento y pueden predicar sobre cierta doctrina o saben cómo convencer a los demás y cómo usar algunos artificios. Los usan para llevar a las personas ante ellos y engañarlas. Esas personas creen en Dios sólo de nombre, pero, en realidad, siguen a sus líderes. Si se encuentran con alguien que predica el camino verdadero, algunos de ellos dicen: “Tenemos que consultarle a nuestro líder respecto a nuestra creencia”. Su fe tiene que pasar por un ser humano. ¿No es esto un problema? ¿En qué se han convertido, pues, esos líderes? ¿Acaso no se han vuelto fariseos, falsos pastores, anticristos y obstáculos para que las personas acepten el camino verdadero? Esas personas son de la misma clase que Pablo. […]

En lo que se refiere a la creencia de las personas en Dios, ya sea que solieran seguir a otros o que no satisficieran la voluntad de Dios, al final deben venir ante Él durante esta etapa final. Si tienes como base haber pasado por esta etapa de la obra, pero continúas siguiendo a otros, serás imperdonable y terminarás igual que Pablo.

Extracto de ‘Sólo la búsqueda de la verdad es la verdadera creencia en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunas personas no se regocijan con la verdad, mucho menos con el juicio. En cambio, se regocijan en el poder y las riquezas; tales personas se llaman buscadores de poder. Buscan exclusivamente aquellas denominaciones que tienen influencia en el mundo y solo buscan a pastores y maestros que provienen de seminarios. A pesar de haber aceptado el camino de la verdad, se mantienen en parte escépticos y son incapaces de dedicarse plenamente, con todo su corazón y toda su mente, su boca habla de sacrificarse por Dios, pero sus ojos se mantienen enfocados en los grandes pastores y maestros, y Cristo es dejado de lado. Sus corazones están obsesionados con la fama, la fortuna y la gloria. Ellos no creen en absoluto que un hombre tan exiguo pueda ser capaz de conquistar a tantos, que uno tan corriente sea capaz de perfeccionar a la gente. Ellos no creen en absoluto que estos don nadie entre el polvo y el estiércol sean la gente elegida por Dios. Ellos creen que si tales personas fueran los objetos de la salvación de Dios, entonces el cielo y la tierra estarían volteados al revés y todos los hombres se reirían a mandíbula batiente. Ellos creen que si Dios ha elegido a tales don nadie para ser perfeccionados, entonces esos grandes hombres se convertirían en Dios mismo. Sus perspectivas están manchadas de incredulidad; ciertamente, más que incrédulos, son simplemente bestias absurdas. Y es que sólo valoran la posición, el prestigio y el poder, y sólo tienen en alta estima a los grandes grupos y denominaciones. No tienen la menor consideración hacia aquellos dirigidos por Cristo; simplemente son traidores que le han dado la espalda a Cristo, a la verdad y a la vida.

Lo que tú admiras no es la humildad de Cristo, sino a esos falsos pastores de destacada posición. No adoras la belleza ni la sabiduría de Cristo, sino a esos licenciosos que se revuelcan en la inmundicia del mundo. Te ríes del dolor de Cristo, que no tiene lugar donde reclinar Su cabeza, pero admiras a esos cadáveres que cazan ofrendas y viven en el libertinaje. No estás dispuesto a sufrir junto a Cristo, pero te lanzas con gusto a los brazos de esos anticristos insensatos a pesar de que sólo te suministren carne, palabras y control. Incluso ahora tu corazón sigue volviéndose hacia ellos, su reputación, su estatus, su influencia. Aun así, continúas teniendo una actitud por la que la obra de Cristo te resulta difícil de soportar y no estás dispuesto a aceptarla. Por esto es que te digo que no te falta fe para reconocer a Cristo. La razón por la que lo has seguido hasta el día de hoy es sólo porque no tenías otra opción. En tu corazón siempre se elevan muchas imágenes altivas; no puedes olvidar cada uno de sus palabras y obras, ni de sus palabras y manos influyentes. Ellos permanecen, dentro de vuestros corazones, por siempre supremos y por siempre héroes. Pero esto no es así para el Cristo de hoy. Él permanece por siempre insignificante en tu corazón y por siempre indigno de tu veneración. Porque Él es demasiado corriente, tiene muy poca influencia y está lejos de ser elevado.

En cualquier caso, Yo digo que todos los que no valoran la verdad son incrédulos y traidores de la verdad. Tales hombres nunca recibirán la aprobación de Cristo. ¿Has identificado ahora cuánta incredulidad hay dentro de ti y cuánta traición a Cristo tienes? Te exhorto: puesto que has elegido el camino de la verdad, entonces debes consagrarte de todo corazón; no seas ambivalente o poco entusiasta. Debes entender que Dios no pertenece al mundo ni a ninguna persona, sino a todos aquellos que en verdad creen en Él, a todos los que lo adoran y a todos aquellos que se consagran y que son fieles a Él.

Extracto de ‘¿Eres un verdadero creyente en Dios?’ en “La Palabra manifestada en carne”

Algunos son engañados con frecuencia por los que en apariencia son espirituales, nobles y elevados y grandes hombres. En lo que respecta a las personas que pueden hablar con elocuencia de letras y doctrinas, y cuyo discurso y acciones parecen dignos de admiración, quienes son engañados por ellos jamás han analizado la esencia de sus acciones, los principios subyacentes a sus hechos, o cuáles son sus objetivos. Además, tampoco han verificado si estas personas se someten verdaderamente a Dios, ni tampoco han determinado si de verdad temen a Dios y se apartan del mal. Nunca han discernido la esencia de la humanidad de estas personas. En su lugar, empezando por el primer momento de conocerlas, llegan poco a poco a admirarlas, venerarlas, y acaban convirtiéndose en sus ídolos. Asimismo, en la mente de algunos, los ídolos a los que adoran, y que creen que pueden abandonar a sus familias y sus trabajos, y que superficialmente parecen capaces de pagar el precio, son los que están satisfaciendo realmente a Dios y los que pueden lograr de verdad un buen final y buenos destinos. En su mente, estos ídolos son a los que Dios elogia. ¿Qué les induce a creer tal cosa? ¿Cuál es la esencia de esta cuestión? ¿A qué consecuencias puede llevar? Expongamos en primer lugar el tema de su esencia.

Básicamente, estos asuntos relativos a los puntos de vista de las personas, a sus métodos de práctica, los principios de práctica que deciden adoptar y en lo que tiende cada uno a centrarse no tienen nada que ver con las exigencias de Dios hacia la humanidad. Si se están centrando en asuntos superficiales o profundos, o en letras y doctrinas o realidad, las personas no se ciñen a lo que más deberían ajustarse ni saben lo que más deberían saber. Esto se debe a que la verdad no les gusta en absoluto. Por tanto, no están dispuestas a invertir tiempo y esfuerzo en la búsqueda y la puesta en práctica de principios de práctica encontrados en las declaraciones de Dios. Más bien prefieren utilizar atajos, resumir lo que entienden y lo que saben que es una buena práctica y un buen comportamiento. Para ellos, este resumen pasa a ser, pues, el objetivo a perseguir, lo que toman como la verdad a practicar. La consecuencia directa de esto es que las personas utilizan el buen comportamiento humano como sustituto de poner en práctica la verdad, algo que también satisface su deseo de congraciarse con Dios. Esto les proporciona un capital con el que lidiar con la verdad, que también utilizan para razonar con Dios y competir con Él. Al mismo tiempo, las personas también lo dejan a Él de lado sin escrúpulos, y colocan a los ídolos que admiran en Su lugar. Sólo existe una causa fundamental por la que estas personas llevan a cabo acciones tan ignorantes y tienen puntos de vista semejantes, al igual que opiniones y prácticas tan parciales, y hoy os hablaré de ello. La razón es que aunque las personas pueden seguir a Dios, orarle y leer Sus declaraciones cada día, no entienden realmente Su voluntad. Aquí está la raíz del problema. Si alguien entendiera el corazón de Dios y supiera lo que a Él le gusta, lo que Él detesta, lo que quiere, lo que rechaza, a qué clase de persona ama, qué clase de persona no le gusta, qué tipo de estándar usa cuando hace exigencias de la gente, y qué tipo de enfoque adopta para perfeccionarlos, entonces ¿puede esa persona seguir teniendo sus propias opiniones personales? ¿Pueden tales personas simplemente ir y adorar a otra? ¿Puede un ser humano corriente ser su ídolo? Las personas que entienden la voluntad de Dios poseen un punto de vista ligeramente más racional que ese. No van a idolatrar arbitrariamente a una persona corrupta y, mientras siguen el camino de poner en práctica la verdad, tampoco creerán que ceñirse ciegamente a unas simples reglas o principios equivale a poner en práctica la verdad.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Sería mejor que aquellas personas que dicen que siguen a Dios abrieran los ojos y miraran bien para ver exactamente en quién creen: ¿Realmente es en Dios en quien crees o en Satanás? Si sabes que no es en Dios en quien crees sino en tus propios ídolos, entonces sería mejor que no afirmaras que eres un creyente. Si realmente no sabes en quién crees, entonces, una vez más, sería mejor que no dijeras que eres un creyente. ¡Decirlo sería una blasfemia! Nadie te está obligando a creer en Dios. No digáis que creéis en Mí; ya que he oído bastante esa plática y no deseo volver a oírla, porque en lo que creéis es en los ídolos que están en vuestro corazón y en los bravucones locales que están entre vosotros. Aquellos que sacuden la cabeza cuando oyen la verdad, que sonríen cuando oyen hablar de la muerte son la simiente de Satanás, y son quienes serán eliminados. Muchos en la iglesia no tienen discernimiento: cuando sucede algo engañoso, inesperadamente se ponen del lado de Satanás; incluso se ofenden cuando se les llama lacayos de Satanás. Aunque las personas podrían decir que no tienen discernimiento, siempre se ponen del lado donde no está la verdad, nunca se ponen de pie y defienden la verdad. ¿Acaso no carecen verdaderamente de discernimiento? ¿Por qué se ponen inesperadamente del lado de Satanás? ¿Por qué nunca dicen una palabra que sea justa y razonable a favor de la verdad? ¿Ha surgido esta situación auténticamente como resultado de su confusión momentánea? Cuanto menos discernimiento tienen las personas, menos capaces son de ponerse del lado de la verdad. ¿Qué muestra esto? ¿Acaso no muestra que los que no tienen discernimiento aman el mal? ¿Acaso no muestra que son la simiente leal de Satanás? ¿Por qué siempre pueden ponerse del lado de Satanás y hablan su idioma? Todas sus palabras y acciones, la expresión en su rostro, todo ello es suficiente para probar que no son amantes de la verdad; más bien, son personas que detestan la verdad. Que puedan ponerse del lado de Satanás basta para probar que Satanás realmente ama a estos insignificantes demonios que pasan la vida luchando a favor de Satanás. ¿No son todos estos hechos sumamente claros? Si en verdad eres una persona que ama la verdad, entonces ¿por qué no tienes consideración por aquellos que practican la verdad y por qué sigues inmediatamente a aquellos que no practican la verdad en el instante en el que te dirigen la mirada? ¿Qué tipo de problema es este? No me importa si tienes discernimiento o no. No me importa cuán grande sea el precio que pagaste. No me importa cuán grandes sean tus fuerzas y no me importa si eres un bravucón local o un líder que enarbola la bandera. Si tus fuerzas son grandes, es sólo con la ayuda de la fuerza de Satanás. Si tu prestigio es alto, es simplemente porque hay demasiados a tu alrededor que no practican la verdad. Si no has sido expulsado es porque ahora no es el momento para la obra de expulsión; sino que es tiempo para la obra de eliminación. No hay prisa por expulsarte ahora. Simplemente estoy esperando el día en el que te castigaré después de que hayas sido eliminado. ¡Quienquiera que no practique la verdad será eliminado!

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Nota al pie:

a. El texto original no contiene la palabra “lo”.

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