143. Principios para abordar la enfermedad

(1) La humanidad ha sido corrompida tan profundamente por Satanás que la enfermedad se ha convertido en la norma habitual para esta. Se debe extraer de esas enfermedades una lección sobre cómo resolver la corrupción, sin quejarse ni culpar a Dios.

(2) No se contrae una enfermedad grave por casualidad; al enfermar, hay que presentarse ante Dios y examinar si se ha cometido alguna transgresión, y confesárselo en arrepentimiento.

(3) La presencia de la enfermedad es el amor de Dios. Uno debe buscar la verdad y someterse a Dios e, incluso estando enfermo, debe cumplir bien con el deber y permanecer fiel hasta el final. Solo así se obtiene la aprobación de Dios.

(4) Cuando se tiene una enfermedad, es decisión del que la sufre buscar atención médica o confiar solo en la fe. Lo más importante es poder conocerse a uno mismo y purificar la propia corrupción, lo que asegura la conformidad con la voluntad de Dios.

Las palabras relevantes de Dios:

¿Cuál es la fuente del sufrimiento del nacimiento, la muerte, la enfermedad y la vejez que los humanos soportan durante toda su vida? ¿Qué causó que comenzaran las personas a tener estas cosas? Los humanos no las tenían cuando fueron creados en el principio, ¿verdad? Entonces, ¿de dónde vinieron estas cosas? Surgieron después de que los humanos fueran tentados por Satanás y su carne se volviera degenerada. El dolor de la carne humana, sus aflicciones y su vacío, así como las extremadamente miserables desdichas del mundo humano solo sobrevinieron después de que Satanás hubiese corrompido a la humanidad. Después de que los humanos fuesen corrompidos por Satanás, este empezó a atormentarlos. El resultado fue que se volvieron cada vez más degenerados. Las enfermedades de la humanidad se volvieron más y más graves, y su sufrimiento se fue agravando. Cada vez más la gente sentía el vacío y la tragedia del mundo humano, así como la incapacidad de seguir viviendo en él, y sentía cada vez menos esperanza para el mundo. Así, Satanás hizo caer este sufrimiento sobre la humanidad.

Extracto de ‘El significado de que Dios pruebe el dolor mundano’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Sufrir una enfermedad es una adversidad para las personas, porque algunas dolencias pueden poner en riesgo su vida en cualquier momento. De hecho, si las personas tienen verdadera fe en Dios, lo primero que les conviene saber es que la duración de su vida está en Sus manos. Cuando Dios provoca que las personas padezcan una enfermedad, eso es lo que les parece a ellas, una enfermedad, pero, en realidad, lo que se les ha concedido es gracia, no enfermedad. Lo primero que deben hacer es reconocer y estar seguras de este hecho, y tomarlo en serio. Cuando las personas sufren una enfermedad, pueden acudir a menudo delante de Dios y asegurarse de hacer lo que deben, con prudencia y precaución, y cumplir su deber con mayor cuidado y diligencia que los demás. En lo que respecta a las personas, esto es una protección, no unos grilletes. Es la forma negativa de manejar las cosas. Además, la duración de la vida de todos ha sido predeterminada por Dios. Si una enfermedad parece terminal, pero desde el punto de vista de Dios aún no ha llegado tu hora y tu misión aún no está completa, entonces Él no te llevará. Si no estás destinado a morir, entonces, aunque no ores, no te cuides, no te tomes tu condición en serio ni la veas como un asunto lo bastante grave como para buscar tratamiento, no puedes morir. Si Dios te ha confiado un encargo y tu misión no está completa, entonces no te permitirá morir, sino que te mantendrá con vida hasta el último momento. ¿Tienes fe en esto? Si no la tienes, orarás constantemente, con cautela, diciendo: “¡Dios! Tengo que completar mi misión. ¡Quiero pasar mis últimos días con total devoción hacia Ti para no acabar arrepintiéndome de nada!”. Pondrás a menudo esas excusas y usarás esos métodos en un intento por llegar a un acuerdo con Dios. En realidad, no importa que intentes regatear para obtener más tiempo o que no te tomes tu enfermedad en serio; desde el punto de vista de Dios, mientras puedas cumplir con tus deberes y seas útil, y mientras Él quiera usarte y esté decidido a hacerlo, si no estás destinado a morir, no puedes hacerlo, pues Dios determinó la duración de tu vida antes de crear el mundo. ¿Tienes fe en esto? Si lo reconoces solo como una cuestión de doctrina, entonces tu plan de acción no será más que eso: un plan de acción; si reconoces, en lo profundo de tu corazón, que Dios hará esto, entonces se producirán muchos cambios en cómo haces las cosas y en cómo practicas. Por supuesto, enfermas o no, todas las personas deben vivir su vida con algo de sentido común en lo que se refiere a mantener su salud. Si enfermas, también debes contar con cierto conocimiento general sobre cómo tratar tu enfermedad. Esto es algo que la gente debería hacer por su cuenta. Sin embargo, tratar una enfermedad de esta manera no debe ser para desafiar el tiempo de vida que Dios te ha fijado ni tampoco debes hacerlo para asegurar que puedas vivir fuera del tiempo de vida que Él ha dispuesto para ti. ¿Qué significa esto? Se puede expresar de la siguiente forma: desde una perspectiva pasiva, si no te tomas en serio tu enfermedad, si no cumples tu deber como debes, si no descansas un poco más que los demás y si no has aplazado tu deber, ¿empeorará tu enfermedad? No, ni te conducirá a la muerte, la cual depende de lo que haga Dios. En otras palabras, si en opinión de Dios tu tiempo de vida predestinado no ha terminado, entonces, aunque enfermes, Él no permitirá que mueras. Si tu enfermedad no es terminal pero ha llegado tu hora, entonces Dios te llevará cuando quiera. ¿Acaso no queda esto a total merced del capricho de Dios? ¡Queda a merced de su predeterminación! Así es como debes considerar este asunto. Podrías colaborar yendo al médico, tomando alguna medicina, cuidando tu salud y haciendo ejercicio, pero, en el fondo, debes entender que la vida de una persona está en manos de Dios, y que su duración está predeterminada por Él. Nadie puede trascender lo que Dios ha predeterminado. Si no posees ni siquiera esta pequeña medida de entendimiento, entonces no tienes verdadera fe ni crees realmente en Dios.

Extracto de ‘Solo al buscar la verdad se pueden conocer las obras de Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Cómo se debe experimentar el comienzo de una enfermedad? Debes acudir ante Dios para orar y tratar de captar Su voluntad, y examinar qué hiciste mal o qué actitudes corruptas hay dentro de ti que eres incapaz de resolver. No puedes resolver tus actitudes corruptas sin dolor. La gente debe ser atemperada mediante el dolor; solo entonces dejarán de ser disolutos y vivirán ante Dios en todo momento. Cuando se enfrentan al sufrimiento, las personas siempre oran. No piensan en comida, ropa o diversión; oran en su corazón y examinan si han hecho algo malo durante este tiempo. La mayoría de las veces, cuando les sobreviene una enfermedad grave o inusual y esta les causa un gran dolor, esto no es algo que les suceda por accidente; tanto si estás enfermo como si estás sano, la voluntad de Dios está detrás de todo. Normalmente, cuando obra el Espíritu Santo sientes que todo está bien. Cuando gozas de buena salud, eres capaz de buscar a Dios, pero al comenzar las dificultades ya no puedes buscarlo o no sabes cómo hacerlo. Simplemente vives en medio de la enfermedad, pensando solo en cómo curarte para superarla más rápidamente. En esos momentos envidias a los que no están enfermos y deseas escapar de esa enfermedad en cuanto puedas, te hallas en un estado de ánimo negativo y hostil. A veces, la gente piensa para sí: “¿Ha causado esta enfermedad mi propia estupidez o está la voluntad de Dios detrás de ella?”. Algunas enfermedades son normales, como cuando te resfrías, sufres unos sofocos excesivos o tienes gripe. Pero en lo referente a cualquier enfermedad grave, cuando te sobreviene de la nada, la vida se vuelve insoportable; ese tipo de sensación o enfermedad no ocurre por accidente. Al inicio de la enfermedad o el dolor, ¿le oras a Dios y lo buscas? ¿Y acaso el Espíritu Santo meramente te ilumina y esclarece? Esa no es la única forma en que Él obra. ¿Cómo prueba Dios a las personas? ¿Acaso no las prueba haciéndoles padecer dolor? Donde hay pruebas, hay dolor, ¿cómo podría la gente sufrir sin pruebas? ¿Y cómo podría la gente cambiar sin sufrir? Cuando las pruebas van acompañadas de dolor, esa es la obra del Espíritu Santo. A veces Dios causa dolor a las personas, o de lo contrario no serían conscientes de la altura del cielo o de las profundidades de la tierra, y se volverían insolentes. En algunos asuntos, el mero hecho de confiar en la comunicación de la verdad no resolverá el problema. Otras personas te señalan tu problema, y tú mismo eres consciente de él, pero te resulta imposible cambiar. No importa cuánto confíes en tu fuerza de voluntad para ejercer autocontrol, quizás que incluso llegues a darte una bofetada en la cara y a golpearte en la cabeza, eso sigue sin resolver el problema, porque tu naturaleza sigue existiendo dentro de ti. Esta cosa está viva, es como los pensamientos vivos del hombre, y puede aparecer en cualquier momento. Entonces, ¿qué puedes hacer si es imposible de resolver? Las personas han de ser refinadas mediante ciertas enfermedades, y cuando han sido refinadas, hay quienes no pueden soportar el tormento y empiezan a orar y a buscar. Antes de enfermar, eres disoluto e insolente, pero la enfermedad hace que tu comportamiento sea bueno. ¿Podrías seguir siendo insolente? Cuando cada una de tus palabras es débil, ¿podrías seguir sermoneando a la gente, podrías seguir siendo arrogante? En esos momentos, no pides nada, solo que el dolor termine, y no piensas en qué comer, qué vestir, qué disfrutar. La mayoría de vosotros no habéis experimentado todavía tal sensación. Cuando lo hagáis, lo entenderéis.

Extracto de ‘Mira todas las cosas a través de los ojos de la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Dios Todopoderoso, la Cabeza de todas las cosas, ejerce Su poder real desde Su trono. Él gobierna sobre el universo y sobre todas las cosas y nos está guiando en toda la tierra. Estaremos cerca de Él en todo momento, y vendremos delante de Él en quietud; sin perder nunca ni un solo momento, y con lecciones que aprender en cada instante. Todo, desde el ambiente que nos rodea hasta las personas, asuntos y cosas, existe con el permiso de Su trono. No dejes, bajo ninguna circunstancia, que surjan quejas en tu corazón, o Dios no concederá Su gracia sobre ti. Cuando la enfermedad llega, esto es el amor de Dios, y ciertamente alberga dentro Sus buenas intenciones. Aunque tu cuerpo padezca un poco de sufrimiento, no consideres las ideas de Satanás. Alaba a Dios en medio de la enfermedad y disfruta a Dios en medio de tu alabanza. No flaquees ante la enfermedad, sigue buscando una y otra vez y nunca te rindas, y Dios te iluminará con Su luz. ¿Cómo era la fe de Job? ¡Dios Todopoderoso es un médico omnipotente! Vivir en la enfermedad es estar enfermo, pero vivir en el espíritu es estar sano. Mientras tengas aliento, Dios no te dejará morir.

Dentro de nosotros tenemos la vida resucitada de Cristo. Indiscutiblemente, nos falta fe en la presencia de Dios: ojalá que Dios ponga la verdadera fe dentro de nosotros. ¡La palabra de Dios es verdaderamente dulce! ¡La palabra de Dios es medicina potente! ¡Avergüenza a los diablos y a Satanás! Comprender la palabra de Dios nos da apoyo. ¡Su palabra actúa rápidamente para salvar nuestros corazones! Disipa todas las cosas y pone todo en paz. La fe es como un puente de un solo tronco: aquellos que se aferran miserablemente a la vida tendrán dificultades para cruzarlo, pero aquellos que están dispuestos a sacrificarse pueden pasar con paso seguro y sin preocupación. Si el hombre alberga pensamientos asustadizos y de temor es porque Satanás lo ha engañado por miedo a que crucemos el puente de la fe para entrar en Dios. Satanás está intentando por todos los medios posibles enviarnos sus pensamientos. Debemos orar en todo momento para que Dios nos ilumine con Su luz, y siempre debemos confiar en Dios para purgar el veneno de Satanás que hay dentro de nosotros, practicar en nuestro espíritu en todo instante cómo acercarnos a Dios y dejar que Dios domine todo nuestro ser.

de ‘Capítulo 6’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”

A veces Dios te pone en ciertas situaciones, o utiliza a ciertas personas para tratarte, para hacerte sentir molesto, para enseñarte una lección; esa es la obra que hace Dios en la actualidad, es un aspecto de ella. Otro aspecto es que Dios causa dolor en tu carne. Es como cuando Pablo siempre decía que tenía una espina en la carne. ¿De qué espina estaba hablando? Era una enfermedad. Pablo conocía muy bien el motivo de su enfermedad: se debía a su carácter, a su naturaleza. Sin esa espina, si no estuviera afectado por la enfermedad, entonces en cualquier momento, en cualquier lugar, habría sido capaz de tratar de fundar su propio reino, pero cuando se sentía enfermo, se quedaba sin energías para hacerlo. Y así, la enfermedad es muy a menudo un “paraguas protector” para la gente. Si no estuvieras enfermo, si te encontraras en buena forma, quizás continuarías cometiendo algún mal o haciendo algún daño. Cuando eres insolente y disoluto, eres propenso a volverte irrazonable, y cuando causes problemas, lo lamentarás y lo que suceda ya no dependerá de ti. Una pequeña enfermedad es, por tanto, algo bueno que protege a la gente. Puede ser que te vuelvas capaz de resolver las dificultades de otras personas y que puedas también resolver los problemas con tu propio intelecto. Si tu enfermedad no mejora, entonces no hay nada que puedas hacer al respecto. Cuando enfermas, no depende de ti. Cuando enfermas y no mejoras hagas lo que hagas, entonces mereces ese dolor, así que no intentes escapar de él. Debes orar, buscar y someterte, y debes buscar las intenciones de Dios: “¡Oh, Dios! Sé que soy corrupto, que mi naturaleza es mala, que soy propenso a hacer cosas que se rebelan contra Ti y se oponen a Ti, cosas que te causan dolor y daño, así que es bueno que me hayas concedido esta enfermedad. Debo someterme a ella. Pero te pido que me esclarezcas, que me permitas conocer Tu voluntad y me hagas entender lo que cambiarías y perfeccionarías en mí. Solo te pido que me guíes, que me permitas entender la dirección de la senda de la vida humana, que me permitas entender esta verdad”. Debes buscar y orar. No te confundas pensando: “No es nada. Desde luego, no he ofendido a Dios”. No saques conclusiones tan a la ligera. Si Dios está realmente en tu corazón, entonces no dejarás escapar lo que te suceda. Orarás y buscarás, captarás la voluntad de Dios en todo lo que pase, y cuando Dios vea lo obediente que eres, aliviará poco a poco tu dolor.

Extracto de ‘Mira todas las cosas a través de los ojos de la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Pase lo que pase, debes presentarte ante Dios, es lo correcto. Debes hacer introspección sin demorar por ello el cumplimiento del deber. No te limites a hacer introspección sin cumplir nunca con el deber, eso estaría mal. Sea cual sea la prueba que te sobrevenga, debes considerarla una carga que te da Dios. Digamos que algunas personas padecen graves enfermedades y un sufrimiento insoportable; algunas incluso se enfrentan a la muerte. ¿Cómo deberían plantearse esta situación? En muchos casos, las pruebas de Dios son cargas que les da a las personas. Por muy grande que sea la carga que Dios te haya dado, ese es el peso que debes asumir, pues Dios te comprende y sabe que lo soportarás. La carga que Dios te ha dado no superará tu estatura ni los límites de tu resistencia, por lo que no hay duda de que podrás soportarla. Sea cual sea el tipo de carga, la clase de prueba, que Dios te dé, recuerda: tanto si comprendes la voluntad de Dios como si no, recibas o no esclarecimiento e iluminación del Espíritu Santo al orar, tanto si esta prueba es que Dios te está disciplinando como si te está advirtiendo, da igual que no lo entiendas. Mientras no dejes de cumplir con el deber que has de llevar a cabo y seas capaz de acatarlo fielmente, Dios estará satisfecho y te mantendrás firme en el testimonio. En vista de que padecen una enfermedad grave y van a morir, algunos piensan para sí: “Empecé a creer en Dios para evitar la muerte, pero resulta que, incluso después de cumplir con el deber todos estos años, Él va a permitir que muera. Debería seguir adelante con mis asuntos y olvidarme de cumplir con el deber”. ¿Qué actitud es esta? Has cumplido con el deber todos estos años, has escuchado todos estos sermones y, pese a ello, no has comprendido la verdad. Una prueba te derriba, te pone de rodillas, te deja al descubierto. ¿Son esas personas dignas del cuidado de Dios? No tienen lealtad alguna. Entonces, ¿cómo se conoce el deber que han llevado a cabo todos estos años? Se conoce como “prestación de servicio” y no han hecho sino esforzarse. Si, en tu fe en Dios y tu búsqueda de la verdad, eres capaz de decir: “Ante cualquier enfermedad o acontecimiento desagradable que Dios permita que me suceda, haga Dios lo que haga, debo obedecer y mantenerme en mi sitio como un ser creado. Ante todo, he de poner en práctica este aspecto de la verdad, la obediencia, aplicarlo y vivir la realidad de la obediencia a Dios. Además, no debo dejar de lado la comisión de Dios para mí ni el deber que he de llevar a cabo. Debo cumplir con el deber hasta mi último aliento”, ¿esto no es dar testimonio? Con esta determinación y este estado, ¿puedes quejarte igualmente de Dios? No. En ese momento debes pensar para tus adentros: “Dios me da este aliento, me ha provisto todos estos años, me ha quitado mucho dolor, me ha otorgado abundante gracia y muchas verdades. He comprendido un gran número de verdades y misterios que la gente de varias generaciones no ha comprendido. ¡He recibido tanto de Dios que debo corresponderlo! Antes tenía muy poca estatura, no entendía nada y todo lo que hacía hería a Dios. Puede que más adelante no tenga otra oportunidad de corresponder a Dios. Me quede el tiempo que me quede, debo ofrecer a Dios la poca fuerza que tengo y hacer lo que pueda por Él para que vea que todos estos años en que me ha provisto no han sido en vano, sino que han dado fruto. Quiero reconfortar a Dios y no herirlo ni decepcionarlo más”. ¿Qué te parece pensar así? No pienses en cómo salvarte o escapar, en plan: “¿Cuándo se curará esta enfermedad? Cuando se cure, haré todo lo posible por cumplir con el deber y ser leal. ¿Cómo puedo ser leal estando enfermo? ¿Cómo puedo cumplir con el deber de un ser creado?”. Mientras te quede aliento, ¿no puedes cumplir con el deber? Mientras te quede aliento, ¿eres capaz de no avergonzar a Dios? Mientras te quede aliento, mientras tengas la mente lúcida, ¿eres capaz de no quejarte de Dios? Es fácil decir “sí” ahora, pero no será tan fácil cuando te suceda realmente. Por eso debéis buscar la verdad, esforzaros con ella a menudo y pasar más tiempo reflexionando: “¿Cómo puedo satisfacer la voluntad de Dios? ¿Cómo puedo corresponder Su amor? ¿Cómo puedo cumplir con el deber de un ser creado?”. ¿Qué es un ser creado? ¿Es escuchar las palabras de Dios la única responsabilidad de un ser creado? No; lo es vivir las palabras de Dios. Dios te ha otorgado gran parte de la verdad, del camino y de la vida para que puedas vivir estas cosas y dar testimonio de Él. Eso ha de hacer un ser creado.

Extracto de ‘La senda surge al meditar la verdad con frecuencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

En cuanto presentan una ligera enfermedad, algunas personas se devanan los sesos y utilizan todo tipo de métodos para tratarla, pero hagan lo que hagan, no pueden curarse. Cuanto más se tratan la enfermedad, más grave se vuelve. Simplemente no van delante de Dios para buscar la causa exacta de su enfermedad ni para descubrir la raíz de la misma, sino que piensan por su cuenta cómo tratarla. En consecuencia, a pesar de todos los métodos que han usado, su enfermedad continúa, hasta que, una vez han dejado de intentar curarla, desaparece de repente sin que se den cuenta. A otra persona se le podría presentar una enfermedad aparentemente sin importancia y decir: “No es nada; no necesito que me examinen. Me limitaré a poner mi confianza en Dios”. Y, entonces, un día, caen muertos de repente. ¿Por qué sucede esto? Porque, en opinión de Dios, la misión de esta persona en la tierra se ha completado, así que Dios se la lleva. Hay quienes mueren sin haber caído enfermos y también otros que no mueren aunque tienen una enfermedad grave, e, incluso, son capaces de vivir otros diez o veinte años. Todo esto depende de lo que Dios ha predeterminado. Si reconoces esta circunstancia, entonces tienes auténtica fe en Dios. Si, con el tiempo, tu enfermedad empeora y necesitas tomar un poco de medicina para tenerla bajo control, entonces tómala con normalidad y haz algo de ejercicio; relájate y trata tu situación con calma. ¿Qué piensas de esta actitud? Este es el tipo de actitud que disfrutan las personas que tienen verdadera fe en Dios. No tomas medicamentos ni recibes inyecciones, no haces ejercicio ni cuidas tu salud, pero sigues estando muy preocupado y oras constantemente. Dices: “Dios, debo esforzarme al máximo para cumplir con mi deber. Aún no he completado mi misión. Tengo un deseo y estoy decidido; solo Tú puedes permitirme vivir hasta el último momento, y solo Tú puedes cumplir mi deseo. No puedo morir; si muero, no podré cumplir mi deber como ser creado. Quiero cumplir el deber de un ser creado; quiero glorificarte y alabarte hasta el final. Quiero presenciar tu día de gloria”. A nivel superficial, tu rechazo a tomar medicinas o a recibir inyecciones puede hacerte parecer muy fuerte y lleno de fe en Dios, pero tu fe es en realidad más pequeña que un grano de mostaza: estás aterrorizado y no tienes confianza en Dios. ¿Qué es lo que ocurrió? ¿Cómo llegaste al punto de no tener auténtica fe en Dios? Los humanos no comprenden en absoluto la actitud, los principios y los métodos con los que el Creador considera a los seres creados; la gente confía en sus propias y miserables sospechas, nociones e imaginaciones para adivinar lo que Dios va a hacer. Si Dios va a permitir que vivas, estarás bien, sin importar lo grave que sea tu enfermedad; si no va a permitirte vivir, entonces has de morir, y debes hacerlo, aunque no estés enfermo en absoluto. El auténtico conocimiento y la verdadera fe consisten en saber esto. Entonces, ¿acaso Dios hace que la gente enferme al azar? No es al azar; es una manera de refinar su fe. Es el sufrimiento que la gente debe soportar. Si Él hace que enfermes, no trates de escapar de ello; si Él no te enferma, tampoco se lo pidas. Todo está en manos del Creador, y las personas deben aprender a dejar que la naturaleza siga su curso. ¿Qué es la naturaleza? Nada en la naturaleza es aleatorio; todo viene de Dios. Esa es la verdad. Entre los que sufren la misma enfermedad, algunos mueren y otros viven; todo fue predeterminado por Dios. Si logras vivir, eso demuestra que aún no has completado la misión que Dios te encomendó. Debes trabajar duro para completarla y valorar este tiempo; no lo desperdicies. Esto es así. Si estás enfermo, no intentes escapar de la enfermedad, y, si no lo estás, no pidas estarlo. En cualquier caso, no puedes conseguir lo que quieres con solo pedirlo ni puedes escapar de algo solo por quererlo. Nadie puede cambiar lo que Dios ha decidido hacer.

Extracto de ‘Solo al buscar la verdad se pueden conocer las obras de Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Algunas personas oran en cuanto caen enfermas, pero al ver que no mejoran cuando terminan de orar, simplemente viven en la enfermedad, quejándose constantemente, diciendo: “Creo en Dios, pero Él no me ha hecho mejorar. Me paso el día enfermo…”. Y cuando han terminado de quejarse, mueren. Si Dios elimina tu carne y te arroja al Hades, entonces todo ha terminado para ti, ya no te queda ninguna posibilidad de salvación. Si mueres y vas al infierno, tu alma se pierde. ¿Acaso tendrás otra oportunidad si la obra de salvación llega a su etapa final y tú aún no has sido salvado? ¡No tendrás más oportunidades! Si pereces durante la obra de salvación de Dios, tu destino ya habrá sido fijado. No morirás de la enfermedad de la vejez; la tuya no será una muerte normal, sino que morirás por castigo. ¡Y aquellos que mueren por castigo ya no tienen ninguna posibilidad de salvación y podrían ser castigados en cualquier lugar! ¿Acaso no ha sido Pablo castigado en el Hades todo este tiempo? ¡Han pasado dos mil años y sigue siendo castigado allí! Si cometes pecados deliberadamente, ¡tu castigo será aún más severo!

Algunas personas dicen: “Siento que la obra del Espíritu Santo ha estado ausente de mí durante algún tiempo. Siempre me estoy enfermando y sintiéndome mal, y siempre tengo que enfrentarme a situaciones difíciles”. Esto es correcto. A veces el Espíritu Santo obra de una manera y a veces de otra; unas veces te esclarece usando la comunicación para permitirte entender ciertas verdades, y otras hace uso de situaciones para ilustrarte, situaciones en las que eres probado, atemperado y formado para que así puedas crecer. Algunas enfermedades, sin embargo, son obra del hombre. Ocurren porque no sabes cómo cuidar de ti mismo ni de tu salud, en cuyo caso debes estar más atento. Pero independientemente de si la enfermedad es causada por el hombre o concedida por el Espíritu Santo, siempre se trata de la gracia especial de Dios hacia ti, todo es para que puedas aprender una lección, y por tanto debes agradecérselo a Dios y no quejarte. ¡Cada queja es una mancha en ti, un pecado que no puede limpiarse! Cuando te quejas una vez, ¿cuánto tiempo te lleva cambiar de estado? Cuando te vuelves un poco negativo, puedes tardar un mes en volver a estar bien; cuando te quejas y dices ciertas cosas negativas, puede que no vuelvas a estar bien ni siquiera pasado un año, y el Espíritu Santo cesará Su obra. Quejarse es una cuestión grave. Se te hace aún más difícil ganar la obra del Espíritu Santo. Hace falta mucho esfuerzo en la oración para ganar un poco de la obra del Espíritu Santo, y no es tarea fácil cambiar tu mentalidad por completo; eso solo puede resolverse buscando la verdad.

Extracto de ‘Mira todas las cosas a través de los ojos de la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Nadie tiene una vida exenta de sufrimiento. Para algunas personas guarda relación con la familia; para otras, con el trabajo; para otras, con el matrimonio, y para otras, con una enfermedad física. Todo el mundo sufre. Algunos dicen: “¿Por qué tiene que sufrir la gente? Qué bien estaría vivir siempre felices y en paz. ¿No podemos evitar sufrir?”. No, todo el mundo ha de sufrir. El sufrimiento hace que cada persona experimente las innumerables sensaciones de la vida física, sean positivas, negativas, activas o pasivas; el sufrimiento te da distintas sensaciones y apreciaciones que para ti son experiencias de vida. Si a partir de ellas eres capaz de buscar la verdad y la voluntad de Dios, te acercarás cada vez más a los objetivos que Él te ha dado. Ese es un aspecto y, además, pretende aportar más experiencia a la gente. Otro aspecto es la responsabilidad que Dios da al hombre. ¿Qué responsabilidad? Someterse a este sufrimiento. Debes soportarlo. Si lo soportas, eso es un testimonio. Ante la enfermedad, algunos temen que se enteren otras personas, creen que es algo vergonzoso, cuando en realidad no es nada de lo que haya que avergonzarse. Como cualquier persona normal, si en plena enfermedad eres capaz de aceptar los diversos tipos de sufrimiento que Dios dispone para ti e igualmente eres capaz de llevar a cabo normalmente tu deber, de cumplir con normalidad con las comisiones que Dios te da, eso es un testimonio, algo que humilla y derrota a Satanás. Entonces, todo ser creado y toda persona han de aceptar cualquier sufrimiento y someterse a él. Así has de entenderlo: está en consonancia con la voluntad de Dios y es Su propósito. Es lo que Dios dispone para cada ser creado. Que te ponga en estas situaciones y condiciones equivale a darte una responsabilidad, una obligación y una comisión, por lo que debes aceptarlas. ¿No es esta la verdad? Siempre que venga de Dios, siempre que Él te lo exija, es la verdad. ¿Por qué se dice que es la verdad? Porque si aceptas estas palabras como verdad, cuando te encuentres con un problema, ellas podrán corregir tus nociones y tu rebeldía, te permitirán pasar sin tropiezos por este problema, dar testimonio y no ir en contra de la voluntad de Dios ni rebelarte contra Él. Si eres capaz de someterte a las condiciones y situaciones en que te pone Dios, entenderás la verdad, y si eres capaz de dar dicho testimonio, humillarás a Satanás.

Extracto de ‘Solo si se corrigen las propias nociones es posible tomar el buen camino de la fe en Dios (1)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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