51. Principios para abordar los propios fracasos y caídas

(1) Es necesario diseccionar y comprender los orígenes de los propios fracasos y caídas. Uno debe ver que las personas que tienen una naturaleza arrogante, absurdeces y prejuicios solo pueden fracasar y caer.

(2) Es necesario saber que en los fracasos y las caídas está la buena voluntad de Dios. Estas son las mejores oportunidades para conocerse a uno mismo, y a menudo nos llevar a dar un giro.

(3) En la búsqueda de la verdad, uno debe tener determinación. No hay que temer a los fracasos y a las caídas. Si uno es constantemente incapaz de aceptar o someterse a la verdad, no puede ser salvado.

(4) Uno debe extrapolar las lecciones de sus fracasos, y buscar la verdad para rectificar cualquier transgresión. Mientras uno se arrepienta de verdad, está destinado a que Dios lo salve.

Las palabras relevantes de Dios:

Dios hace que experimentes toda clase de tempestades, adversidades, dificultades y numerosos reveses y fracasos para que, en última instancia, mientras experimentas estas cosas, llegues a descubrir que todo lo que Dios dice es correcto y que tus creencias, nociones, imaginaciones, conocimientos, teorías filosóficas, filosofías, todo lo que has aprendido en el mundo y todo lo que te han enseñado tus padres, es incorrecto. Nada de eso puede llevarte por la senda correcta en la vida; nada de eso puede guiarte para comprender la verdad y presentarte delante de Dios, y la senda que sigues es la senda del fracaso. Esto es lo que Dios hará que comprendas al final. Para ti, esto es un proceso necesario y lo que debes obtener en el proceso de experimentar la salvación. Pero esto también entristece a Dios: como las personas son rebeldes y poseen actitudes corruptas, deben pasar por este proceso y experimentar estos reveses. Pero si alguien ama realmente la verdad, si en verdad está dispuesto a ser salvado por Dios, si está dispuesto a aceptar los diferentes métodos de salvación de Dios —por ejemplo, pruebas, disciplina, juicio y castigo—, si está decidido a sufrir de esta manera, si está dispuesto a pagar este precio, Dios, de hecho, no quiere que sufra tantas dificultades; no desea que experimente tantos reveses y fracasos. Pero la gente es demasiado rebelde. Desea tomar el mal camino; está dispuesta a sufrir estas dificultades. El ser humano es así, y Dios no tiene otra opción más que entregar a las personas a Satanás y ponerlas en diversas situaciones para que las templen constantemente para que obtengan todo tipo de experiencias y aprendan diferentes lecciones de estas situaciones, y reconozcan la esencia de todo tipo de cosas malas. Posteriormente, mirarán atrás y descubrirán que las palabras de Dios son la verdad, reconocerán que las palabras de Dios son la verdad, que solo Dios es la realidad de todas las cosas positivas, que Dios es el único que ama verdaderamente al hombre y que nadie es mejor ni más bondadoso con el hombre que Él. Al final, ¿hasta qué punto se templa a las personas? Hasta que dices: “He experimentado todo tipo de situaciones y no hay ninguna circunstancia, persona, asunto u objeto que pueda hacerme comprender la verdad, disfrutar la verdad, entrar en la realidad-verdad. Solo puedo practicar con obediencia siguiendo las palabras de Dios, permanecer obedientemente en el lugar del hombre, atenerme a la posición y a los deberes de un ser creado, aceptar con obediencia la soberanía y las disposiciones de Dios y presentarme delante del Creador sin reclamos ni elecciones, sin demandas ni deseos propios”. Una vez que han alcanzado este nivel, las personas se inclinan sinceramente ante Dios y Dios ya no necesita crear otras situaciones para que las experimenten. Así pues, ¿qué camino quieres seguir? En sus deseos internos, nadie quiere sufrir dificultades, nadie desea experimentar reveses, fracasos, adversidades, frustraciones y tempestades. Pero no hay otra forma. Todo lo que hay en el interior del hombre —su esencia-naturaleza, su rebeldía, sus pensamientos y perspectivas— es demasiado complejo; cada día, se mezcla, se entrelaza y se agita en tu interior. Entras un poco en la realidad-verdad, comprendes un poco de la verdad y te falta fuerza para vencer la esencia de tu carácter corrupto, tus nociones e imaginaciones. Por tanto, no te queda más opción que aceptar el otro enfoque: experimentar constantemente el fracaso y la frustración, caer constantemente, ser sacudido por las dificultades, revolcarte en la inmundicia, hasta que llegue un día en el que digas: “Estoy cansado, estoy harto; no quiero vivir así. No quiero pasar por estos fracasos; quiero presentarme delante del Creador con obediencia. Escucharé las palabras de Dios; haré lo que Él dice. Esta es la única senda correcta en la vida”. Hasta el día que admitas plenamente tu derrota, te presentarás delante de Dios. ¿Has aprendido algo sobre el carácter de Dios a partir de esto? ¿Cuál es la actitud de Dios hacia el hombre? Haga lo que haga, Dios quiere lo mejor para el hombre. No importa qué entorno disponga o qué te pida hacer, siempre desea que el resultado sea el mejor. Digamos que pasas por una situación en la que encuentras reveses y fracasos. Dios no quiere verte fracasar y, entonces, crees que estás acabado, que Satanás te ha atrapado. A partir de este momento, nunca podrás volver a levantarte y te hundirás en el abatimiento, y Dios no quiere eso. ¿Qué es lo que quiere Dios? Aunque hayas fracasado en este asunto, puedes buscar la verdad, encontrar la razón de tu fracaso. Aceptas que has fracasado y aprendes algo de ello, aprendes una lección, comprendes que esa forma de actuar fue un error, que la única forma correcta de actuar es hacerlo de acuerdo con las palabras de Dios. Te das cuenta: “Soy malo y tengo actitudes satánicas corruptas. Hay rebeldía en mí, estoy lejos de los justos de los que Dios habla y no poseo un corazón temeroso de Dios”. Comprendes un fenómeno, el meollo del asunto, y entiendes las cosas y creces a través de este revés y este fracaso. Eso es lo que Dios desea ver. ¿Qué significa “crecer”? Significa que Dios puede ganarte y que tú puedes alcanzar la salvación. Significa que puedes entrar en la realidad-verdad, que estás un paso más cerca de entrar en la senda del temor de Dios y de rechazo al mal. Eso es lo que Dios quiere ver. Dios obra con buena intención y todos Sus actos contienen Su amor oculto, que la gente a menudo no sabe apreciar. El hombre es estrecho de miras y mezquino y su corazón es tan estrecho como el ojo de una aguja; cuando Dios no lo reconoce o no tiene gracia o bendiciones para él, culpa a Dios. Sin embargo, Dios no discute con el hombre; dispone entornos que le permiten al hombre saber cómo obtener gracia y provecho, lo que significa la gracia para el hombre y lo que este puede sacar de ella. Supón que te gustara comer algo bueno que Dios dice que, en exceso, es malo para la salud. En vez de hacer caso, te empeñas en comerlo y Dios te permite decidirlo libremente. A resultas de ello, enfermas. Tras pasar por esto varias veces, consigues entender que las palabras de Dios tienen razón, que todo lo que Él dice es verdad y que debes practicar de acuerdo con Sus palabras. Esta es la senda correcta. Así pues, ¿en qué se convierten esos reveses, fracasos y aflicciones que las personas experimentan? Aprecias la meticulosa intención de Dios y también crees firmemente que las palabras de Dios son correctas; tu fe en Dios crece. Pero hay algo más: al experimentar ese período de fracaso, llegas a comprender la veracidad y la exactitud de las palabras de Dios, ves que las palabras de Dios son la verdad y comprendes el principio de practicar la verdad. Así pues, es bueno que las personas experimenten el fracaso; aunque también es algo doloroso, algo que las templa. Pero si, al final, ser templado de esa forma te hace regresar delante de Dios, aceptar Sus palabras y tomarlas como la verdad, entonces ese templado, esos reveses y esos fracasos no habrán sido en vano. Esto es lo que Dios desea ver.

Extracto de ‘Cómo discernir la esencia-naturaleza de Pablo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Cuando sufrís una pequeña limitación o dificultad es bueno para vosotros; si se os pusiera todo fácil, estaríais arruinados y entonces, ¿cómo podríais estar protegidos? Hoy, se os da protección, porque sois castigados, juzgados y maldecidos. Se os protege, porque habéis sufrido mucho. De no ser así, el hombre habría caído hace mucho en la depravación. Esto no es dificultaros las cosas intencionadamente; la naturaleza del hombre es difícil de cambiar y tiene que ser así para que el carácter de las personas sea cambiado. Hoy, ni siquiera poseéis la conciencia o la razón que tenía Pablo ni tenéis su conciencia de sí mismo. Siempre tenéis que ser presionados, y siempre tenéis que ser castigados y juzgados con el fin de despertar vuestro espíritu. El castigo y el juicio son lo mejor para vuestra vida. Y cuando sea necesario, también debe producirse el castigo de la llegada de los hechos a vosotros; solo entonces os someteréis del todo. Vuestra naturaleza es tal que sin castigo y maldición no estaríais dispuestos a bajar la cabeza ni a someteros. Sin los hechos ante vuestros ojos, no habría efecto. ¡Sois demasiado inferiores e inútiles en personalidad! Sin castigo y juicio, sería difícil que se os conquistara y sería duro vencer vuestra injusticia y desobediencia. Vuestra vieja naturaleza está muy profundamente arraigada. Si se os colocara sobre el trono, no tendríais idea de la altura del cielo y la profundidad de la tierra, y menos aún de adónde os dirigíais. Ni siquiera sabéis de dónde vinisteis, ¿cómo podríais conocer al Señor de la creación? Sin el oportuno castigo y las maldiciones de hoy, vuestro día habría llegado hace mucho. Eso por no decir nada de vuestro destino; ¿no correría un mayor peligro inminente? Sin este castigo y juicio oportunos, quién sabe lo arrogantes y lo depravados que os volveríais. Este castigo y juicio os han traído hasta hoy y han preservado vuestra existencia. Si se os siguiera “educando” usando estos mismos métodos que los de vuestro “padre”, ¡quién sabe a qué mundo entraríais! No tenéis la menor capacidad de autocontrol y autorreflexión. Para las personas como vosotros, si solo seguís y obedecéis sin causar ninguna interferencia o interrupción, Mis objetivos se cumplirán. ¿No haríais mejor en aceptar el castigo y el juicio de hoy? ¿Qué otras elecciones tenéis?

Extracto de ‘Práctica (6)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Haber fallado y caído varias veces no es algo malo, ni lo es quedar en evidencia. Ya sea que hayas sido tratado, podado o expuesto, debes recordar esto en todo momento: ser expuesto no significa que estés siendo condenado. Ser expuesto es algo bueno; es la mejor oportunidad para que te conozcas. Puede traer a tu experiencia de vida un cambio de marcha. Sin él, no tendrás ni la oportunidad, ni la condición ni el contexto para poder alcanzar un entendimiento de la verdad de tu corrupción. Si puedes llegar a conocer las cosas que hay dentro de ti, todos aquellos aspectos están profundamente ocultas en tu interior que son difíciles de reconocer y de desenterrar, entonces esto es algo bueno. Poder conocerte realmente es la mejor oportunidad para que enmiendes tus caminos y te conviertas en una nueva persona; es la mejor oportunidad de que obtengas nueva vida. Cuando realmente te conozcas, podrás ver que, cuando la verdad se convierte en la vida de alguien, es algo realmente precioso, y tendrás sed de la verdad y entrarás en la realidad. ¡Esto es algo verdaderamente grandioso! Si puedes aprovechar esta oportunidad y reflexionar sinceramente sobre ti mismo y obtener un conocimiento genuino de ti mismo cada vez que falles o caigas, entonces en medio de la negatividad y la debilidad, podrás levantarte. Cuando hayas cruzado este umbral, entonces podrás dar un gran paso adelante y entrar en la realidad-verdad.

Extracto de ‘Para ganar la verdad, debes aprender de las personas, los asuntos y las cosas que te rodean’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Se podría decir que tus muchas experiencias de fracaso, de debilidad, y los momentos de negatividad son pruebas de Dios para ti. Esto se debe a que todo procede de Dios, todas las cosas y todos los eventos están en Sus manos. Si fracasas, eres débil y tropiezas, todo se sustenta en Dios y Él lo tiene agarrado. Desde el lado de Dios, esto es una prueba para ti, y si no lo puedes reconocer, esto se convertirá en tentación. Existen dos clases de estados que las personas deberían reconocer: uno procede del Espíritu Santo, y el otro probablemente de Satanás. En un estado, el Espíritu Santo te ilumina y te permite conocerte, detestarte y arrepentirte, así como ser capaz de tener amor genuino por Dios, y de disponer tu corazón para satisfacerlo. El otro estado es que te conoces, pero eres negativo y débil. Podría decirse que esto es el refinamiento de Dios. Podría decirse también que es la tentación de Satanás. Si reconoces que esto es la salvación de Dios hacia ti y sientes que ahora estás increíblemente en deuda con Él, y si de ahora en adelante intentas compensarlo y no caes más en tal depravación; si pones tu esfuerzo en comer y beber Sus palabras, si siempre consideras que eres deficiente y que tienes un corazón que anhela, esta es la prueba de Dios. Después de que el sufrimiento haya terminado y una vez que avances de nuevo, Dios seguirá dirigiéndote, iluminándote, esclareciéndote, y nutriéndote. Pero si no lo reconoces y eres negativo, si te limitas a abandonarte hasta la desesperación, si piensas de esta forma, la tentación de Satanás habrá caído sobre ti.

Extracto de ‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”

Se ha dicho que “El que siga hasta el final, ése será salvo”, ¿pero es esto fácil de poner en práctica? No lo es, y algunas personas son incapaces de seguir hasta el final. Quizás, llegue el momento en que se encuentren con una prueba, una tentación o dolor, y caigan sin ser capaces de avanzar más. Todas las cosas que surgen cada día, sean grandes o pequeñas, que pueden sacudir tu determinación, ocupar tu corazón o restringir tu capacidad de cumplir con tu deber y tu progreso hacia delante requieren un tratamiento diligente; deben ser examinadas cuidadosamente, y se debe buscar su verdad. Todas estas cosas ocurren dentro del ámbito de la experiencia. Algunas personas abandonan cuando les sobreviene la negatividad, y son incapaces de volverse a poner de pie después de cada revés. Todas estas personas son necios que no aman la verdad y no la obtendrán aunque vivan toda una vida de fe. ¿Cómo podrían seguir hasta el final tales necios? Si te pasa lo mismo diez veces pero no ganas nada con ello, entonces eres una persona mediocre e inútil. Las personas astutas y las que tienen verdadero calibre y entienden los asuntos espirituales son buscadoras de la verdad; aunque le pase algo diez veces, en tal vez ocho de esos casos serán capaces de lograr alguna inspiración, aprender alguna lección, lograr algún esclarecimiento y hacer algún progreso. Cuando le acaecen las cosas a un necio diez veces, a uno que no entiende los asuntos espirituales, ni una sola va a beneficiar a su vida, lo va a cambiar o le hará entender su naturaleza; y ese será su fin. Caen cada vez que les ocurre algo, y cada vez que caen necesitan de alguien que los apoye y los persuada. Si no los apoyan o persuaden, no pueden levantarse. Si cada vez que ocurre, hay peligro de que caiga, y cada vez están en peligro de degenerarse, ¿no es este el final para ellos? ¿Existen otras razones para que estas personas inútiles sean salvadas? La salvación de Dios para la humanidad de aquellos que aman la verdad, de la parte de ellos con voluntad y determinación, y de la parte de ellos que es su anhelo por la verdad y justicia en su corazón. La determinación de una persona se refiere a la parte de ellos dentro de su corazón que anhela la justicia, la bondad y la verdad, y que posee conciencia. Dios salva esta parte de la gente, y a través de ella Él cambia su carácter corrupto para que puedan comprender y obtener la verdad, para que su corrupción pueda ser purificada y su carácter de vida pueda transformarse. Si no posees estas cosas en ti, no puedes ser salvado. Si dentro de ti no existe amor por la verdad y si no aspiras a la justicia y a la luz, si cuandoquiera que te encuentres con el mal no tienes la voluntad para desechar las cosas malignas ni la determinación para padecer dificultades; si, además, tu conciencia está adormecida, si tu capacidad de recibir la verdad también lo está, si no tienes sincronía con la verdad y los acontecimientos que surjan, y si no tienes discernimiento en todas las cosas y eres incapaz de manejar o resolver las cosas por tu cuenta, no hay forma de ser salvado. Tal persona no tiene nada por lo que se la pueda recomendar, nada con lo que merezca la pena obrar. Su conciencia está adormecida, su mente confusa, no ama la verdad ni anhela la justicia en el fondo de su corazón, y no responde por muy clara o transparentemente que hable Dios acerca de la verdad, como si estuviera muerta. ¿Acaso no han acabado las cosas para ellos? Una persona a la que le quede aliento puede salvarse mediante la respiración artificial, pero si la persona ya ha muerto y su alma ha partido, la respiración artificial será inútil. Si cuando te encuentras un problema te encoges y tratas de evitarlo, eso significa que no has dado testimonio; por tanto, nunca puedes ser salvado, y estás completamente acabado. Cuando tienes un problema, debes tener la cabeza fría y abordarlo correctamente, y necesitas hacer una elección. Debéis aprender a utilizar la verdad para resolver el problema. En momentos normales, ¿de qué sirve que entiendas algunas verdades? No es para llenarte la barriga, y no simplemente para darte algo de que hablar de ellas y nada más, ni están ahí para resolver los problemas de otros. Lo más importante, su utilidad es resolver tus propios problemas, tus propias dificultades, sólo después de solucionar tus propias dificultades podrás hacer lo propio con las de los demás. ¿Por qué se dice que Pedro es un fruto? Porque hay cosas de valor en él, cosas que merece la pena perfeccionar, estaba decidido a buscar la verdad y era de una voluntad firme; tenía razón, estaba dispuesto a sufrir dificultades, amaba la verdad en su corazón y no se dejó ir pasara lo que pasara. Todos estos son puntos fuertes. Si no tienes ninguno de estos puntos fuertes, eso implica problemas. Eres incapaz de experimentar y tener nada, y no puedes resolver las dificultades de otros. Esto se debe a que no sabes cómo entrar, estás confundido cuando te sobrevienen las cosas, te sientes angustiado, lloras, te vuelves negativo, huyes y, hagas lo que hagas, eres incapaz de manejarlas correctamente.

Extracto de ‘Las personas confundidas no pueden ser salvas’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

El hombre ha de conocer su carácter corrupto. Debe conocer su naturaleza, lo que ha hecho y la senda que ha tomado, o bien sus transgresiones y errores; debe analizarlos. Asimismo, el hombre ha de tener claro por qué es capaz de hacer cosas así y qué naturaleza tiene hacerlas. También debe comprender qué quiere exactamente Dios para el hombre. El hombre puede sentirse culpable, en deuda o enjuiciado por errores que haya cometido, pero ¿está bien que siempre esté atrapado en un estado negativo? ¿Es correcto este enfoque o que tenga esos pensamientos? ¿Concuerda eso con la verdad? ¿Concuerda con la voluntad de Dios? ¿Realmente ha surgido de esto tu estado? ¿Se ha corregido de veras? ¿O acaso ese asunto del pasado todavía afecta a tu práctica actual o a la senda por la que vas y las empaña? Si a menudo notas su efecto, esto indica que el asunto no está del todo resuelto en tu interior y que no has llegado a conocer su esencia o no has extraído de él la lección que deberías. No es solo un problema de no conocer a Dios, sino algo suscitado por la naturaleza o esencia del hombre. ¿Qué problema hay que considerar urgentemente ahora? El de cómo avanzar por la senda; ese es un capítulo cerrado. Dios trata las expresiones de corrupción del hombre en función de si, a la larga, el hombre es capaz de aceptar la verdad y corregir su corrupción. Además, la gente desciende de Satanás y su esencia-naturaleza es la misma tanto si ha ofendido el carácter de Dios como si no. Puede que hayas hecho algo que otra persona no haya tenido la oportunidad de hacer. Y como fuiste tú quien la hizo, debes estar seguro dentro de ti de la actitud que has de adoptar ante Dios, de las respuestas que debes dar ante Él y de lo que quiere. Cuando entiendas por completo estas cosas y las veas con toda claridad, busca como es debido y no te dejes influenciar ni cohibir por ese asunto; por el contrario, avanza como es debido por la senda: déjalo definitivamente atrás y cumple con el deber como tienes que hacerlo. Por un lado, cumplir con el deber ahora es una forma de expiar las transgresiones del pasado. Este es el lado negativo y, aunque no muy deseable, la mentalidad mínimamente aceptable que deberías tener. Por otro lado, has de ser proactivo y decir: “Con independencia de lo que hiciera en el pasado, ahora comprendo la voluntad de Dios y la verdad. Debo hacer todo lo posible por ofrecer todo aquello de lo que soy capaz y ofrecérselo a Dios. Debo cumplir correctamente con mis responsabilidades y con mi deber. Eso debe hacer un ser creado”. Debes entrar por el lado positivo. Tanto si tienes nociones acerca de Dios como si ofendes Su carácter al dejar tu corrupción al descubierto, has de hacer introspección y buscar la verdad. Aprende la lección y que no te influya ese asunto negativo del pasado. Déjalo definitivamente atrás.

Extracto de ‘Solo con la búsqueda de la verdad se pueden corregir las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunos individuos actúan según su propia voluntad. Vulneran los principios y únicamente admiten que son arrogantes, que cometieron un error solo porque no tienen la verdad. Para sus adentros, incluso se quejan: “Nadie más que yo se juega el cuello y, al final, me dejan tirado con la responsabilidad. Soy tonto. La próxima vez no haré lo mismo, jugarme el cuello. ¡Al que se juega el cuello se lo cortan!”. ¿Qué te parece esta actitud? ¿Es una actitud de arrepentimiento? (No). ¿De qué actitud se trata? Debido al error que cometen, se vuelven escurridizos y mentirosos; por así decir, de los escarmentados nacen los avisados. “Tengo suerte de que eso no acarreara un desastre. Si provocara un desastre, iría al infierno y sería aniquilado. He de tener más cuidado a partir de ahora”. No buscan la verdad, y abordan y tratan la cuestión con mezquindad y maquinaciones astutas. ¿Pueden recibir la verdad de esta manera? No, pues no saben arrepentirse. Lo primero que hay que hacer al arrepentirse es saber qué has hecho y comprender en qué has errado, la esencia del problema y el carácter que has revelado; reflexionar sobre estas cosas, aceptarlas y luego practicar de acuerdo con la verdad. Esta es la actitud del arrepentimiento. Si, por el contrario, consideras el asunto de una forma más escurridiza que antes, tus técnicas son más ingeniosas y ocultas y tienes más métodos para abordarlo, el problema no se resume en que seas mentiroso. Estás empleando medios solapados, tienes secretos que no sacarás a la luz y lo que estás haciendo es malvado. Dios te considera excesivamente difícil y malvado, una persona que admite superficialmente que ha errado y acepta el trato y la poda, pero no tiene la más mínima actitud de arrepentimiento. Esto se debe a que, tras el suceso o mientras este tiene lugar, en absoluto practicas de acuerdo con la verdad ni la buscas. Tu actitud consiste en emplear métodos, técnicas y filosofías de Satanás para resolver o soslayar el problema, para ponerle un pulcro envoltorio con el fin de que los demás no vean ni rastro del problema ni las dobleces del envoltorio; te acabas creyendo muy listo. Dios ve estas cosas, y no que realmente hayas reflexionado, te hayas arrepentido y hayas confesado tu pecado a la luz de lo que te ha sucedido, ni que después hayas buscado la verdad y hayas practicado de acuerdo con ella. Tu actitud no es de búsqueda o práctica de la verdad ni de sometimiento a la soberanía y las disposiciones de Dios, sino una actitud que emplea técnicas y métodos de Satanás para resolver tu problema. Das una falsa impresión a los demás, te resistes a que Dios te delate y te muestras desafiante y defensivo con respecto a las circunstancias que Dios ha instrumentado para ti. Esto quiere decir que tienes el corazón más cerrado que antes. Si estás más cerrado a Dios, ¿puedes seguir viviendo en la luz, con paz y gozo? Ya no: has rechazado la verdad y a Dios. ¿Es frecuente ese estado en la gente? “Me han tratado esta vez. La próxima he de tener más cuidado y ser más listo. La vida se basa en ser listo, y los que no lo son, son tontos”. Si siempre te guías y estimulas así, ¿llegarás alguna vez a algún lado? ¿Podrás recibir la verdad? Si te ocurre un problema y eres capaz de buscar la verdad, podrás comprender y aprender un aspecto de ella. ¿Qué se consigue al comprender la verdad? Cuando comprendes un aspecto de la verdad, comprendes un aspecto de la voluntad de Dios y por qué Dios te envió esta circunstancia, por qué te exigió algo semejante, por qué instrumentó unas circunstancias que te castigaron y disciplinaron, por qué te disciplinó con este asunto y por qué has caído, fracasado y quedado en evidencia en esta cuestión. Si entiendes estas cosas, serás capaz de buscar la verdad y alcanzarás la entrada en la vida. Si no las entiendes ni aceptas estos hechos, sino que te empeñas en oponerte y resistirte, en emplear tus propias técnicas de autoencubrimiento, en presentarte ante los demás y ante Dios con una falsa apariencia, nunca podrás recibir la verdad.

Extracto de ‘Solo con la búsqueda de la verdad se pueden corregir las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Debemos decidir que, independientemente de la gravedad de nuestras circunstancias, del tipo de dificultades que nos sucedan y de nuestro grado de debilidad o negatividad, no hemos de perder la fe en la transformación del carácter ni en las palabras pronunciadas por Dios. Dios le dio al hombre una promesa y el hombre debe tener determinación y perseverancia para recibir esta promesa. A Dios no le agradan los cobardes, sino los decididos. Puede que hayas revelado mucha corrupción, tomado muchos senderos torcidos, cometido numerosas transgresiones o desafiado anteriormente a Dios; por otra parte, es posible que en el corazón de algunas personas haya blasfemias, quejas o rebeldía hacia Dios, pero Él no se fija en estas cosas, sino en si algún día se transformarán. En la Biblia hay una historia sobre el regreso del hijo pródigo. ¿Por qué contó esa parábola el Señor Jesús? La voluntad de Dios de salvar a la humanidad es sincera. Le da a la gente oportunidades de arrepentimiento y de transformación. Durante este proceso, entiende a la gente y conoce a fondo sus debilidades y el alcance de su corrupción. Sabe que tropezará y fallará. Es como cuando los niños aprenden a andar: por muy fuerte que sea tu cuerpo, habrá momentos en que tropieces y otros en que caminarás a trompicones. Dios comprende a cada persona como una madre comprende a su hijo. Entiende las dificultades, las debilidades y, asimismo, las necesidades de cada persona; entiende, además, con qué problemas se topará la gente durante su entrada en la transformación del carácter, qué debilidades sufrirán, qué fracasos tendrán lugar; no hay nada que Dios comprenda mejor. Dios escruta así lo más hondo del corazón del hombre. Por muy débil que seas, mientras no renuncies al nombre de Dios, no lo abandones a Él y no te apartes de este camino, siempre tendrás la oportunidad de alcanzar la transformación del carácter. Que tengamos la oportunidad de alcanzar la transformación de nuestro carácter significa que tenemos esperanza de perdurar, y esto significa que tenemos esperanza de que Dios nos salve.

Extracto de ‘¿Qué son los cambios en el carácter y la senda que lleva a los cambios de carácter?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

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