127. Principios para ayudar amorosamente a los demás

(1) Es necesario discernir entre las diversas clases de personas sobre la base de las palabras de Dios. Interactuar amorosamente con las buenas personas que tienen auténtica fe en Dios; tratarse con sinceridad y ayudarse mutuamente;

(2) Quien ayuda a los demás con amor no debe hacerlo por un motivo oculto o para obtener algo a cambio, sino que debe hacerlo únicamente para practicar la verdad, cumplir bien con sus deberes y llevar a los demás ante Dios;

(3) Cuando las personas se ayudan entre sí, deben comprender las dificultades de los demás y buscar la verdad para resolver los problemas de los demás de la manera que consideren apropiada y aceptable;

(4) Se debe tratar a los demás con justicia basándose en las palabras de Dios. No se deben usar nociones e imaginaciones para estereotipar a los demás, ni condenarlos en base a sus transgresiones.

Las palabras relevantes de Dios:

En cuanto a si alguien es bueno o malo y cómo debería ser tratado, las personas deben tener sus propios principios de comportamiento; no obstante, en lo que se refiere a qué suerte correrá esa persona —si terminará siendo castigada por Dios o si terminará siendo juzgada y castigada— ese es asunto de Dios. Las personas no deben interferir; Dios no te permitiría tomar la iniciativa en Su nombre. Cómo tratar a esa persona es asunto de Dios. Siempre que Dios no haya decidido cuál será la suerte de esa persona, que no la haya expulsado y no la haya castigado y esté siendo salva, tú debes ayudarla con paciencia y por amor; no debes esperar decidir el destino de tal persona y tampoco debes utilizar medios humanos para aplicarle mano dura o castigarla. Puedes tratar y podar a ese tipo de persona o puedes abrir tu corazón y participar en una comunicación sincera para ayudarla. Sin embargo, si contemplas castigar, excluir e incriminar a estas personas, estarás en problemas. ¿Estaría eso en consonancia con la verdad? Tener esos pensamientos sería el resultado de tener la sangre caliente; esos pensamientos vienen de Satanás y se originan en el resentimiento humano, así como en los celos humanos y la aversión. Semejante conducta no se ajusta a la verdad. Esto es algo que traería retribución sobre vosotros y no se ajusta a la voluntad de Dios.

Extracto de ‘Los cinco estados necesarios para ir por el camino correcto en la fe propia’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Necesitas tener un entendimiento de los múltiples estados en los que las personas estarán cuando el Espíritu Santo lleve a cabo obra en ellos. En particular, quienes se coordinan para servir a Dios deben tener una comprensión mucho mejor de los múltiples estados ocasionados por la obra que el Espíritu Santo lleva a cabo en las personas. Si únicamente hablas de muchas experiencias o formas de lograr la entrada, eso demuestra que tu experiencia es demasiado parcial. Si no conoces tu verdadero estado y no comprendes el principio-verdad, no es posible que logres un cambio de carácter. Si no conoces los principios de la obra del Espíritu Santo ni comprendes el fruto que produce, será difícil que que puedas discernir la obra de los espíritus malignos. Debes poner al descubierto la obra de los espíritus malignos, así como las nociones del hombre, y penetrar directamente en el meollo del asunto; también debes señalar muchas de las desviaciones que ocurren en la práctica de las personas y los problemas que podrían tener en su fe en Dios, de modo que puedan reconocerlos. Como mínimo, no debes hacer que se sientan negativas o pasivas. Sin embargo, debes entender las dificultades que existen de un modo objetivo para la mayoría de las personas, no debes ser irracional ni “intentar enseñar a cantar a un cerdo”; esa conducta es insensata. Para resolver las muchas dificultades que experimentan las personas, primero debes comprender la dinámica de la obra del Espíritu Santo; debes comprender cómo el Espíritu Santo lleva a cabo obra en diferentes personas; debes tener un entendimiento de las dificultades que enfrentan las personas y de sus deficiencias, y debes distinguir los asuntos clave del problema y llegar a su origen, sin desviarte ni cometer ningún error. Solo esta clase de persona está calificada para coordinarse en servicio a Dios.

Extracto de ‘Con qué debería estar equipado un pastor adecuado’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si tienes buena relación con un hermano o hermana y te pide que le señales lo que le pasa, ¿cómo debes hacerlo? Esto tiene que ver con cómo te plantees el asunto. ¿Te lo planteas desde la práctica de la verdad o utilizas filosofías de vida? Si dices: “Todo se te da bien y eres mejor que yo. Eres capaz de soportar las dificultades y tienes aptitud. No tienes que ser negativo. Con lo bueno que eres, ¿por qué ser humilde?”. —si te resulta evidente que hay cosas malas en él, pero no dices claramente cuáles para no dañar la paz entre los dos—, entonces estás utilizando una filosofía de vida. Quien adopte otro planteamiento respecto a ese asunto dirá: “Mi estatura actual es pequeña y no entiendo a fondo tus problemas. Cuando los entienda, ya te contaré”. ¿Esto no es tratar de engañar a los demás? ¿De verdad no entiende nada de nada a fondo? ¿No piensa nada de nada acerca del problema? Piensa cosas; sencillamente, no las dice por miedo a ofender. No te comenta nada y te deja sin que puedas captar el asunto mientras te hace creer que eres estupendo. Tal vez algún día fracases, caigas y se ría a tus espaldas. Cuando suceda, parecerá mejor en comparación contigo; así te toma el pelo. ¿No es mala esa persona? De estos dos planteamientos, ¿cuál es preferible? Ambos son repugnantes; ninguno es preferible. Algunas personas afirman saber decir la verdad. Dicen: “Eres una persona mala y malvada. A simple vista sé que no te salvarás”. Aunque dichas personas hablan con honestidad y así lo creen para sus adentros, sus palabras insinúan segundas intenciones: “Si digo esto, seguro que no serás arrogante ni altanero”. Este planteamiento es erróneo, ya que no tiene en cuenta los sentimientos del otro ni las consecuencias. ¿Qué opinas del carácter de esta clase de personas? ¿Practican la verdad? No, actuar de este modo podría provocar que el otro se volviera negativo o se tambaleara. Bloquearía brutalmente la senda por la que va. Hay que tener en cuenta todas estas cosas. Este planteamiento tampoco es bueno; lleva aparejado un carácter. No se habla ni se actúa desde la racionalidad de la humanidad normal ni es una conducta que esté de acuerdo con el principio-verdad.

Entonces, según el principio-verdad, ¿cómo debes plantearte este asunto? ¿Qué actuación concuerda con la verdad? ¿Cuántos principios son de aplicación? Debes comprender rigurosamente los principios. En primer lugar, no hagas tropezar a los demás. Antes debes considerar sus debilidades y qué manera de hablar con ellos no les hará tropezar. Esto es lo mínimo que debe tenerse en cuenta. Luego debes considerar el lado positivo de las cosas, lo que podrías hacer para ayudar a la otra persona. Ayudarla tiene por objeto facilitarle que comprenda la voluntad de Dios, llevarla ante Él y hacer que deje atrás unas circunstancias tan difíciles y reciba la verdad como tú lo has hecho. Esta es la mejor clase de persona con el corazón más bondadoso; es la práctica de la verdad. Primero, no hagas que tropiece. Segundo, sé capaz de ayudarla. Tercero, facilítale que reciba la verdad. Debes captar estos tres principios. Ahora bien, en concreto, ¿cómo se ejecutan? ¿Entiendes realmente la dificultad del otro? ¿No es este un problema añadido? Asimismo, debes pensar: “¿Cuál es el origen de su problema? ¿Le puedo ayudar? Si no puedo y hablo arbitraria e imprudentemente, a lo mejor le señalo la senda equivocada. Además, ¿hasta qué punto comprende la verdad esta persona y qué aptitud tiene? ¿Es terca? ¿Entiende las cuestiones espirituales? ¿Puede aceptar la verdad? ¿La busca? Si ve que soy mejor que ella y sigo hablándole, ¿surgirá en ella la envidia o la negatividad?”. Hay que tener en cuenta todas estas cuestiones; es humano. Así pues, ante este problema, primero has de considerar estas cosas para después ir a hablarle a la persona con mentalidad positiva y proactiva y, mientras lo haces, orar y buscar el modo de ayudarla, de atenerte a estos principios y de facilitarle que deje atrás su dificultad y se vea beneficiada. ¿Es fácil de hacer? Exige sinceridad. Si uno cree que basta solamente con pensar lo mínimo y decir: “Lee las palabras de Dios y ama a Dios. Tienes que corresponder Su amor. ¿Qué tiene eso de difícil? ¿Por qué estás negativo?”, lo que hace es actuar sin convicción y tratar a los demás sin sinceridad. Esa gente es falsa, cruel en el fondo y carente de empatía y amor hacia el prójimo. Si de verdad tienes conciencia, debes pensar detenidamente y meditar así: “En vista de cómo me ha preguntado, debe de estar en un aprieto. Normalmente busca con gran fervor y es muy positivo en el cumplimiento del deber. Si esta dificultad realmente le hace tropezar o lo vuelve negativo y afecta a su deber, eso no será beneficioso para él ni para la casa de Dios. ¿Cómo debo ayudarlo para que su problema se resuelva?”. Lo meditas, encuentras dentro de ti una salida y sabes qué hacer, y entonces le hablas. A veces, lo primero que compartas no será del todo claro, pues también tú estás meditando, buscando y orando y todavía no entiendes el asunto a fondo. Debes tomarte el tiempo necesario para pensar en las palabras adecuadas que has de decir y en cómo decir estas cosas para edificar a la otra persona y que no haya posibilidad de que se vuelva negativa, de modo que halle la senda hacia adelante. Todas estas cosas requieren una profunda reflexión y que hagas el esfuerzo de meditarlas detenidamente. Así pues, medita detenidamente, no dejes de orar, y las palabras que digas al principio quizás no tengan mucha estructura, pero, a medida que hables, lo que quieras decir estará cada vez más definido y claro, y cuando entiendas el asunto a fondo, también lo hará la otra persona. Conforme resuelves el problema, actúas de acuerdo con el principio-verdad y también tú podrás aprender un aspecto de la verdad y edificarte al tiempo que ayudas a otro. Este es el trato especial de Dios al hombre cuando este practica la verdad y el favor especial en el que Dios tiene al hombre.

Extracto de ‘Solo con la búsqueda de la verdad se pueden corregir las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Fragmentos de sermones y comunicaciones para referencia:

¿Cuáles son los principios de actuación de alguien con auténtica humanidad, es decir, de una persona que posee la realidad-verdad? En primer lugar, sabe tratar a la mayoría de los escogidos de Dios con amor, los conozca o no. Solo cuando estás completamente seguro de que alguien es inicuo, una persona a la que no le gusta la verdad y que nunca puede cambiar, puedes tratar a esa persona con prudencia en vez de con amor. Si no estás absolutamente seguro de que sea una persona inicua, a la que no le gusta la verdad y completamente desesperanzada, debes tratarla con amor. ¿Qué es el amor? El amor es la práctica de ayudar, regar, proveer y apoyar a las personas basada en la verdad y en consonancia con las palabras de Dios. Consiste, además, en resolver las dificultades y los problemas de la gente según la verdad, lo que engloba podarla, tratarla y delatar y analizar con firmeza a quienes hayan cometido transgresiones, hayan manifestado una conducta desaforada o interrumpan la obra de Dios. Siempre y cuando sea para ayudar a las personas y guiarlas para que entren en la realidad de la verdad, tanto si les hablas delicadamente como si las podas y tratas con dureza, todo esto se encuadra en el amor. Si hablas según la palabra-verdad de Dios, de modo que la gente lo acepte incondicionalmente y vea que no tienes malicia y eres justo e imparcial, se convencerá de lo que le digas. Ahora bien, debes tener principios a la hora de tratar con la gente. No puedes relevar, eliminar ni expulsar tranquilamente a nadie sin antes podarlo y tratarlo tras descubrir sus transgresiones; eso sería inaceptable. Puedes ser severo al podar y tratar a la gente, pero en ese supuesto hay que darle cierto margen de maniobra. No se puede tener la mano tan dura como para matar a la gente a palos; debes darle la oportunidad de arrepentirse, tratarla justamente y permitirle comprobar que Dios salva a las personas en la medida de lo posible. No obstante, si algunos utilizan la expresión "Dios salva a las personas en la medida de lo posible" como excusa para mantener a esos demonios irredimibles y a Satanás en la casa de Dios, eso es un truco de Satanás. Con estas palabras quieren conseguir el objetivo de mantener a Satanás en la casa de Dios para que ocasione perturbaciones en su labor. Por lo tanto, el principio de ayudar al prójimo con amor debe aplicarse a aquellos que puedan salvarse, pero no a esas personas irredimibles a las que, en cambio, se puede tratar de acuerdo con los decretos administrativos y principios de la iglesia, además de con prudencia. Esta es la manera de ocuparse de los asuntos con principios.

Extracto de “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida”

Al amarnos unos a otros también debemos dominar principios. Cuando otras personas necesiten ayuda y comunicación, debemos ayudarlas según su estatura y según su estado. Debemos considerar qué forma es apropiada y efectiva y qué forma de ayudar a las personas es apropiada, de manera que puedan aceptarla. Entonces podemos proveer nuestra ayuda de esa manera. Si la otra persona ha hecho algo incorrecto y no puede aceptar ninguna de tus comunicaciones sobre ello, entonces debes detener tu comunicación. Ora por la persona. Si ella ha hablado inapropiadamente, puedes corregirla, pero también tienes que basarte en su situación; si es capaz de aceptar tu crítica constructiva, puedes señalarle directamente las cosas para que sea consciente de sus problemas. Sin embargo, si le cuesta aceptar tu crítica, no debes decirle directamente que está equivocada, sino empezar por aplicar cierta prudencia. En general, que la otra parte pueda o no aceptarlo es la base de todo. Si existe una forma de que pueda aceptarlo y de que se logre un buen resultado, hazlo de esa manera. Si no puedes ayudar, lograr un buen resultado ni hay beneficio, no continúes sin un plan. Lo más importante es no arruinar la relación. Si esta se desmorona y los dos os irritáis fácilmente, entonces se vuelve muy difícil llevar a cabo esta obra. Primero, protege la relación de esta forma. Después, ora a Dios y comunica la verdad para ayudar a la otra persona a aceptar un poco más, y después haz mejoras paso a paso.

Extracto de “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida”

Aquellos que son líderes y obreros deben resolver los problemas de sus hermanos y hermanas de acuerdo a la estatura de estos últimos, prestando atención a los métodos que usan. Solo así podrán alcanzar el objetivo de ayudar a sus hermanos y hermanas; solo así su obra podrá ser eficaz. Cuando queda patente que un hermano o hermana dice algo que no es un asunto grave ni supone resistirse o juzgar a Dios, hay algunos líderes y obreros que los etiquetan diciendo: eso ha sido tal o cual por vuestra parte, y es rebeldía contra Dios y se opone a Él. ¿Ayuda esto a sus hermanos y hermanas? ¿No es esta una forma de perseguirlos, castigarlos y etiquetarlos? Esta no es la manera de servir a los hermanos y hermanas. Si descubres entre alguno de tus hermanos y hermanas algo que no está de acuerdo con la verdad, no juzgues ni señales sus faltas a ciegas antes de que haya surgido una oportunidad adecuada. No insistas en el asunto. Relaciónate con ellos con normalidad hasta que llegue el momento oportuno de resolver el asunto mediante la comunicación. Por ejemplo, digamos que descubres que alguien ha dicho o hecho algo malo. Podrías empezar por reflexionar y sopesar la verdad. ¿En qué sentido estuvo mal lo que dijeron o hicieron? Considera qué aspecto de la verdad infringió, qué aspecto del veneno de Satanás lo controló. Luego, compara contigo mismo, y mira tú tienes el mismo problema. Comienza por examinarte a ti mismo. Si descubres una corrupción similar en ti, resuelve primero tu propio problema. Por consiguiente, tendrás experiencia y testimonio. Después de que hayas tenido esta experiencia y te conozcas verdaderamente a ti mismo, y después de que hayas cambiado, entonces acude a tu hermano o hermana y comparte con ellos con calma. Lleva tu experiencia real a tu comunicación. Al escucharla, tus hermanos y hermanas también podrán reflexionar sobre sí mismos y ver su propia corrupción, y sus problemas también se resolverán. Esta es una buena manera de ayudar a la gente. La mayoría de las personas son de pequeña estatura, no entienden gran parte de la verdad y no son capaces de discernir, así que, cuando descubras un problema en alguien no insistas en ello sin cesar. Resuelve tus propios problemas primero y, una vez resueltos, ve y busca la oportunidad de emplear este método, el método de hablar sobre tu testimonio. Da testimonio de cómo llegaste a comprender este aspecto de la verdad, cómo reconociste el aspecto de la corrupción revelada, y cómo fuiste capaz de distinguir y ver más allá de este aspecto del veneno de Satanás. Después de oír esto, puedes ayudar a otros mediante tus experiencias y pueden encontrar el camino de la práctica. De esta manera, no solo no dañas a los demás o influyes en su búsqueda, sino que también resuelves sus problemas. Esto es bueno. Si hay alguien que comete verdaderos actos de destrucción o perturbación contra la obra de la casa de Dios, ejerciendo una grave influencia en la entrada en la vida de sus hermanos y hermanas, en semejante situación puedes encontrar una oportunidad inmediata de compartir con ellos. Sin embargo, cuando se comunica, el método que se emplea debe ser correcto, ya que la corrupción se revela en todas las personas y especialmente en los recién llegados a la fe, cuya estatura es baja. Debemos tratarlos con paciencia y adoptar un enfoque indirecto en nuestra comunicación con ellos. Habla de tus propias revelaciones significativas de corrupción, y de cómo las descubriste y reconociste después, de tal modo que ellos también puedan llegar a tal entendimiento. Hagas lo que hagas, no destaques sus defectos, exponiéndolos, condenándolos y etiquetándolos. Si haces eso, les será difícil aceptarlo. Por lo tanto, cuando comuniques la verdad para ayudar a los demás, debes prestar atención a la manera en que lo haces, ya que hay personas cuya estatura es bastante baja. Debes tratar a las personas de pequeña estatura con métodos que se ajusten a ellas. Cuando su estatura haya crecido, puedes hablarles más directamente o con algo más de severidad. Este enfoque evita que tropiecen. En resumen, para ayudar y servir a la gente, y especialmente para guiar a los hermanos y hermanas que son nuevos en la fe, debes ser consciente de tus modos y actuar con amor. Si actuáis con amor y sois conscientes de vuestra manera de actuar, vuestros hermanos y hermanas podrán aceptar lo que les digáis; si vuestra convivencia con los demás no tiene amor, vuestra mentalidad es de desprecio y burla y les echáis la culpa, se desanimarán y no seguirán sin convencerse. Querrán discutir contigo o incluso exponer a su vez tus propios problemas. Esto es problemático. Así que, cuando descubras qué aspecto de la corrupción tienen tus hermanos y hermanas y quieras ayudarlos, primero ora por ellos. Cuando hayas terminado de orar, rectifica tu propia mentalidad, corrige tu forma de pensar, y luego ve a compartir con ellos. Esta es una buena manera de resolver las cosas. No es bueno tener la mentalidad equivocada. Si te consideras un líder o un obrero con derecho a criticar o culpar a tus hermanos y hermanas, hablando siempre desde tu posición, tus hermanos y hermanas encontrarán tus palabras difíciles de aceptar y no será fácil ayudar a otros a resolver sus problemas.

Extracto de “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida”

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