116. Principios para identificar a diversas personas malvadas

(1) Las personas malvadas sienten un odio especial hacia la verdad. Nunca la aceptan, ni tampoco el juicio y castigo de Dios, y menos aún aceptan ser podadas y tratadas.

(2) No se puede razonar con las personas malvadas. Tienen habilidad para invertir el bien y el mal y sesgar los hechos, atacan y apuntan a otros, y emplean cualquier medio para lograr sus fines.

(3) Los malvados no tienen la menor conciencia o sentido, y no importa cuánto mal hagan o hasta qué punto perjudiquen a los demás, son completamente inconscientes, como los animales de sangre fría.

(4) Ninguna persona malvada lee las palabras de Dios ni comunica la verdad. Solo se centra en el estatus, la reputación y la ganancia personal, y solo habla por el bien de su propio estatus, reputación y ganancia.

Las palabras relevantes de Dios:

En la nación del gran dragón rojo, he llevado a cabo una etapa de una obra insondable para los seres humanos, haciendo que se mezan en el viento, después de lo cual muchos se alejan silenciosamente con el soplo del viento. En verdad, este es la “terreno” que estoy a punto de limpiar; es lo que anhelo y también es Mi plan. Porque muchos malvados han entrado con sigilo mientras estoy obrando, pero no tengo ninguna prisa por ahuyentarlos. Más bien, los dispersaré cuando sea el momento adecuado. Sólo después de eso seré la fuente de vida, permitiendo que los que verdaderamente me aman reciban de Mí el fruto de la higuera y la fragancia del lirio. En la tierra del polvo, donde Satanás reside temporalmente, no queda oro puro, sólo arena, y así, frente a estas circunstancias, llevo a cabo tal etapa de la obra. Debes saber que lo que Yo obtengo es oro puro y refinado, no arena. ¿Cómo pueden los malvados permanecer en Mi casa? ¿Cómo puedo permitir que los zorros sean parásitos en Mi paraíso? Empleo todos los métodos concebibles para ahuyentarlos. Antes de que Mi voluntad sea revelada, nadie sabe lo que voy a hacer. Aprovechando esta oportunidad, ahuyento a esos malvados y ellos se ven obligados a abandonar Mi presencia. Esto es lo que hago con los malvados, pero aún habrá un día en el que ellos harán el servicio por Mí.

Extracto de ‘Los siete truenos retumban: profetizan que el evangelio del reino se extenderá por todo el universo’ en “La Palabra manifestada en carne”

Ahora deseo, tan pronto como sea posible, formar un grupo de personas que sean conforme a Mi corazón; un grupo de personas que sean capaces de ser consideradas con Mis cargas. Sin embargo, no puedo abstenerme de limpiar y purificar Mi iglesia; la iglesia es Mi corazón. Yo desprecio a todas las personas malvadas que evitan que comáis y bebáis de Mi palabra. Esto se debe a que hay algunas personas que no me quieren de verdad. Estas personas están llenas de engaño, no se acercan a Mí con un corazón sincero; son malvadas, y obstaculizan la realización de Mi voluntad; no son personas que pongan en práctica la verdad. Estas personas están llenas de santurronería y arrogancia; son extremadamente ambiciosas; aman ser condescendientes, y, aunque es agradable escuchar lo que dicen, cuando nadie las ve, no practican la verdad. Todas estas personas malvadas serán apartadas y arrasadas; languidecerán en medio del desastre.

Extracto de ‘Capítulo 24’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”

Aquellos entre los hermanos y hermanas que siempre están dando rienda suelta a su negatividad son lacayos de Satanás y perturban a la iglesia. Tales personas deben ser expulsadas y eliminadas un día. En su creencia en Dios, si las personas no tienen un corazón reverente a Dios, si no tienen un corazón obediente a Dios, entonces no solo no podrán hacer ninguna obra para Él, sino que, por el contrario, se convertirán en quienes perturban Su obra y lo desafían. Creer en Dios, pero no obedecerlo ni venerarlo y, más bien, resistirse a Él, es la mayor desgracia para un creyente. Si los creyentes son tan casuales y desenfrenados en sus palabras y su conducta como lo son los incrédulos, entonces son todavía más malvados que los incrédulos; son demonios arquetípicos. Aquellos que dan rienda suelta a su conversación venenosa y maliciosa dentro de la iglesia, que difunden rumores, fomentan la desarmonía y forman grupitos entre los hermanos y hermanas deben ser expulsados de la iglesia. Sin embargo, como esta es una era diferente de la obra de Dios, estas personas son restringidas, pues enfrentan una segura eliminación. Todos los que han sido corrompidos por Satanás tienen un carácter corrupto. Algunos no tienen nada más que un carácter corrupto, mientras que otros son diferentes: no solo tienen un carácter satánico corrupto, sino que su naturaleza también es extremadamente maliciosa. No solo sus palabras y acciones revelan su carácter corrupto y satánico; además, estas personas son el auténtico diablo Satanás. Su comportamiento interrumpe y perturba la obra de Dios, perjudica la entrada a la vida de los hermanos y hermanas y daña la vida normal de la iglesia. Tarde o temprano, estos lobos con piel de oveja deben ser eliminados; debe adoptarse una actitud despiadada, una actitud de rechazo hacia estos lacayos de Satanás. Solo esto es estar del lado de Dios y aquellos que no lo hagan se están revolcando en el fango con Satanás. Las personas que genuinamente creen en Dios siempre lo tienen en su corazón y siempre llevan en su interior un corazón reverente a Dios, un corazón que ama a Dios. Aquellos que creen en Dios deben hacer las cosas con cautela y prudencia, y todo lo que hagan debe estar de acuerdo con los requisitos de Dios y ser capaz de satisfacer Su corazón. No deben ser obstinados y hacer lo que les plazca; eso no corresponde al decoro santo. Las personas no deben desbocarse y ondear el estandarte de Dios por todas partes al tiempo que van fanfarroneando y estafando por todos lados; este es el tipo de conducta más rebelde. Las familias tienen sus reglas; ¿acaso no ocurre con más razón en la casa de Dios? ¿No son los estándares todavía más estrictos? ¿No hay todavía más decretos administrativos? Las personas son libres de hacer lo que quieran, pero los decretos administrativos de Dios no pueden alterarse a voluntad. Dios es un Dios que no tolera las ofensas por parte de los humanos; Él es un Dios que condena a muerte a las personas. ¿Acaso las personas realmente no lo saben ya?

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

A los malvados les gustan las cosas malvadas, perversas, maliciosas; aman todo lo que está relacionado con las cosas negativas. Al mencionar las positivas, cuando se les dice que algo es beneficioso para la gente, que viene de Dios, no les gusta lo que oyen y pierden interés. Siendo así, no hay manera de que puedan salvarse. No importa lo elocuente que la verdad o lo auténtico que sea este camino, esto no despierta su interés, pero se entusiasman ante la mención de la comida, la bebida, la diversión, la promiscuidad, divertirse, apostar, robar y hurtar. Este es un carácter perverso y malvado, no existe bondad en sus corazones, y por lo tanto son incapaces de amar las cosas positivas. ¿Cómo consideran las cosas positivas en sus corazones? Con desprecio. Las desprecian y se burlan de ellas. A la mención de ser honestos, piensan para sí: “La gente honesta no hace más que sufrir. No voy a ser honesto. Eres un necio por ser honesto, mira lo difícil que te resulta cumplir con tu deber. Nunca has pensado en proporcionarte una salida, nunca has considerado tu salud. ¿Quién cuidará de ti cuando estés exhausto? No puedo permitirme acabar exhausto”. Algunos dicen: “Tenemos que proporcionarnos una salida; no podemos seguir trabajando a ciegas con el sudor de nuestra frente. Tenemos que preparar una salida, entonces podemos hacer un esfuerzo simbólico”. Hablar de su propia mentalidad les hace felices, pero cualquier mención de obediencia absoluta, de esforzarse fielmente y cumplir con su deber, les disgusta, son reacios a ella y hacen oídos sordos. ¿Acaso no son despiadadas estas personas? No hay nada más que maldad en sus corazones. Al mencionar la verdad y practicarla, si se infringen sus propios intereses, se vuelven reacios, no quieren oírla: “Hablas todo el día de la verdad, de los principios de la práctica y de ser honesto. ¿Acaso ser honesto te pone la comida en la mesa? ¿Puedo ganar dinero siendo honesto? Mintiendo puedo obtener beneficios”. ¿Qué lógica es esta? Es la “lógica del bandolero”. ¿No es ese un carácter perverso? ¿Son bondadosos los corazones de estas personas? (No). Tales personas no pueden obtener la verdad. Así, existe un objetivo en lo poco que se dedican, esfuerzan y a lo que renuncian. Lo han pensado bien: dedicarán una parte y recibirán diez a cambio. Solo eso les parece que merece la pena. ¿Qué clase de carácter es este? Es maldad y perversidad.

Extracto de ‘Sólo cuando te conoces a ti mismo puedes buscar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Un aspecto importante del carácter de los malvados es la malevolencia. Ante las exhortaciones o los recordatorios bienintencionados de cualquiera, o incluso en aquellas ocasiones en que la gente les señala algunos de sus defectos, la actitud de los malvados no es de gratitud, de aceptación humilde, sino de hostilidad y odio, y hasta puede que dé lugar a la venganza. Hay quienes tratan a un anticristo diciéndole: “Siempre has alardeado en el cumplimiento del deber durante este tiempo, y lo has estropeado totalmente. ¿Acaso eres digno de presentarte ante Dios? Cuando estabas cumpliendo con el deber, te has comportado desenfrenadamente y te has negado a actuar según los principios. ¿Por qué no has buscado la verdad? ¿Por qué no has actuado según los principios? ¿Por qué has ignorado a los hermanos y hermanas cuando te hablaban? ¿Por qué has seguido haciendo lo que has querido?”. Estos distintos “porqués”, estas palabras sumamente poco excepcionales, palabras que exponen su esencia, los sacan de quicio. Por ello, piensan para sus adentros: “¿Por qué? No hay ningún ‘porqué’: ¡hago lo que quiero! ¿Quién eres tú para tratarme?”. Aunque no digan estas cosas en voz alta, una ira vengativa y hostil surge en su corazón. ¿Y a qué da lugar esta ira? “¿Qué te da derecho a tratarme? ¿En qué te basas para decir que me he comportado desenfrenadamente? ¿Y qué si me comporto desenfrenadamente? ¿Qué puedes hacer tú? ¡Nadie se ha atrevido a decirme nada semejante en toda mi vida! Yo soy el único que tiene derecho a decir esas cosas a los demás; los demás no tienen derecho a decírmelas a mí. ¡Todavía no ha nacido quien pueda darme lecciones, quien sea digno de dármelas! ¿Y todavía pretendes dármelas tú?”. De esta manera surge la animadversión. Y una vez que esto sucede, dado el carácter malévolo de los anticristos, ¿se conformarán con dejarlo ahí? Nada de eso. A continuación, se pondrán a pensar para sus adentros: “¿Tiene poder en la iglesia esta persona que me ha tratado? Si me vengo de ella, ¿habrá quien la defienda? Si trato de ajustarle las cuentas, ¿me castigará la iglesia por ello? Ya lo tengo: no me vengaré directamente de él, haré algo que pase totalmente desapercibido, averiguaré cómo se llama, dónde está su casa, con quién vive. He de vengarme, no puedo dejarlo pasar. ¿Cómo voy a tolerar este tipo de maltrato? No creo en Dios para que me maltraten, para que me fastidie quien le dé la gana; vine para ser bendecido, para entrar en el reino de los cielos. La gente se alimenta de su reputación y debe tener el valor de luchar por su dignidad; si me acosas, si me tratas como a una basura, me aseguraré de que sufras las consecuencias. ¡A ver quién de los dos es más matón, quién puede vencer a quién!”. Unas simples palabras de verdad y honestidad enfurecen al anticristo, le provocan una animadversión tremenda, muchísimo resentimiento y hacen que mueva cielo y tierra para vengarse de esa persona. Naturalmente, no elige un único tipo de persona para vengarse, sino que está dispuesto a odiar a cualquiera que sea una amenaza para él, que pueda llegar a conocerlo, que comprenda la verdad, que sea capaz de desenmascarar su esencia y de tratarlo y podarlo, que tenga integridad para exponer los hechos y sepa exponerlos como realmente son. Hay incluso quien dice: “A quien me trate le daré duro. A aquel que me trate y pode, me robe mi parte de las bendiciones y haga que me expulsen de la casa de Dios, no lo dejaré en paz jamás. Así soy yo en el mundo secular: nadie se atreve a causarme problemas, ¡todavía no ha nacido quien se atreva a molestarme!”. Esa es su manera de denigrar cuando se enfrenta a la poda y el trato. Cuando denigra, no lo hace para intimidar a los demás ni para fanfarronear con tal de protegerse; es lo que realmente planea hacer. Por eso hay ciertos líderes y obreros que, cuando se encuentran con gente así, no se atreven a abordar a ella ni a provocarla; por el contrario, siempre la mantienen bajo su protección, de modo que estas personas se vuelven inflexibles, se obstinan en interrumpir y perturbar en la iglesia, y terminan controlando a los hermanos y hermanas. Así es como se produce el desastre. Incluso puede darse el extremo de que algunos anticristos, una vez que sus tácticas han sido desenmascaradas y denunciadas por los hermanos y hermanas, al enterarse se venguen de ellos entregándolos al gran dragón rojo, al gobierno. ¿Esto no es malevolencia? (Sí). Por lo tanto, es desde luego erróneo considerar a los anticristos y a los malhechores como hermanos y hermanas. Si careces de discernimiento y riegas y alimentas a los anticristos y malhechores como si lo fueran; si los promocionas, los utilizas en posiciones importantes e incluso les asignas tareas cruciales como si fueran hermanos y hermanas que buscan la verdad, entonces estás haciendo una gran maldad en tu liderazgo, participas en la maldad de los anticristos y debes ser eliminado.

Extracto de ‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (VIII)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

El grado de maldad de algunas personas es tal que le tienen un enorme odio a los demás, su relación con ellos es solo de aborrecimiento. Aunque los separes para los trabajos en reunión, siguen hallando la oportunidad de atacarse mutuamente, de enfrentarse, y hacen todo lo posible para trastornar a los hermanos y hermanas. En este caso, el principio dicta que tales personas sean purgadas de la iglesia. ¿Entonces son malvadas? Como es evidente por la gran hostilidad que tienen hacia los demás, nadie puede insultarlos, herirlos o lastimarlos, no se les puede hacer el menor daño, o de lo contrario se vengarán de ti y nunca lo dejarán pasar. En su humanidad no cabe la paciencia, la tolerancia o la aceptación. ¿En qué principio se basa su comportamiento? “Prefiero ofender yo a todo el mundo a que cualquiera me ofenda a mí”. Nadie tiene permitido insultarlos. ¿Es esa la lógica propia de los malvados? Esa es la lógica de los malvados. A nadie le está permitido ofenderlos. No tienes derecho alguno a hacerles daño, de lo contrario te convertirás en su enemigo, no te dejarán en paz ni lo dejarán pasar nunca: así es la gente malvada. En tales circunstancias, el individuo malvado debe ser eliminado tan rápida y prontamente como sea posible, antes de que cree un problema serio. No esperes a que empiecen a hacer cosas en la iglesia, no esperes a que causen trastornos entre los hermanos y hermanas.

Una vez que se ha determinado que alguien es malvado, ¿tiene sentido comunicar con él? Darles oportunidades a los malvados no sirve de nada, va en contra de los principios. ¿Y por qué es así? Debido a su esencia, nunca se van a arrepentir, la palabra “arrepentimiento” no está en su vocabulario. No importa cómo comuniques con ellos, no dejarán de lado sus inclinaciones, ideas e intereses. No pueden dejar pasar nada. Cuando se han aferrado a algo, nadie puede persuadirlos de que lo abandonen. Tarde o temprano, tomarán represalias contra cualquiera que se haya convertido en objeto de su odio. ¿Pueden arrepentirse estas personas? Son incapaces de arrepentirse, así que ¿acaso no es una tontería darles una oportunidad cuando ya se ha visto que son malvados?

Extracto de ‘Cómo identificar a los falsos líderes (14)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Cómo se llevan los anticristos y los malvados? En general, ríen y bromean juntos, se halagan entre sí y ganan los favores del otro. Los malvados se dirigen hacia donde estén los anticristos; siempre están juntos, como moscas que siguen el hedor. Cuando están juntos, no trabajan en serio; solo chismosean sobre quién habló mal de quién, quién arremetió contra los líderes o, si ven personas que les desagradan, pensarán cómo deshacerse de ellas. Solo hablan de cómo molestar a los demás. También discuten cómo oponerse a lo alto, cómo saber de antemano si alguien planea informar de un problema con ellos y qué hacer al respecto cuando lo sepan. De estas cuestiones habla este grupo de malvados. Cuando están juntos, nunca conversan sobre qué hermanos y hermanas podrían ser débiles o negativos, carecen de convicción al cumplir con su deber o han sido engañados por algo, y tampoco discuten sobre la mejor forma de ayudar y apoyar a esos hermanos y hermanas o en qué áreas podría mejorar la iglesia. Cuando están juntos, los anticristos no discuten formas y métodos para resolver estos problemas; no hablan de tales cuestiones. Solo chismosean sobre quién está a disgusto con ellos, quién amenaza su estatus, quién informará de un problema con ellos y quién está en contacto con lo alto. Tras discutir algo, los anticristos lo implementan en las iglesias y su intromisión en ellas las altera. Luego, todos entran en pánico, y, al final, los hermanos y hermanas empiezan a sospechar y a tener celos entre sí, se hacen trizas y se exponen unos a otros, y, así, se alcanzan los objetivos de los anticristos. Así lideran las iglesias los anticristos. Si los malvados hacen lo que les dicen, los anticristos los protegen. Si los malvados no obedecen, entonces, ellos serán los primeros en ser tratados. Si esos malvados siguen a los anticristos y pueden ser reclutados y atraídos, los anticristos convertirán a dichos malvados en cómplices e informantes que realizarán actos malvados por ellos. Colocarán a esos malvados entre los hermanos y hermanas para descubrir quién habla mal de ellos a sus espaldas, quién tiene quejas sobre ellos, quién tiene percepciones sobre las palabras de Dios y quiere discernir sobre ellas y sobre ciertas cosas que podrían exponerlos por lo que son realmente; quién, por debajo de ellos, planea informar sobre ellos, y quién a menudo quiere estar en contacto con lo alto. Vigilan estas cosas específicamente, y, cuando están juntos, discuten sobre contramedidas, deliberan acerca de a quién pueden expulsar cada día y luego lo hacen parecer oficial al someterlo a votación. Son las cosas que hacen los anticristos, así lideran las iglesias. En los lugares con anticristos y malvados, las iglesias apestan a podredumbre. A esto se llama que el diablo esté a cargo. ¿Puede salir algo bueno de que el diablo esté a cargo? Solo puede traer calamidad a los escogidos de Dios.

Extracto de ‘Confunden, atraen, amenazan y controlan a la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Cada iglesia tiene personas que le provocan problemas o que se inmiscuyen en la obra de Dios. Todas ellas son satanases que se han infiltrado en la casa de Dios disfrazadas. Este tipo de personas son buenas para actuar. Vienen delante de Mí con gran reverencia, inclinándose y haciendo chirridos, viviendo como perros sarnosos y dedicando “todo” lo que son a lograr sus propios objetivos, pero ante los hermanos y hermanas, muestran su lado feo. Cuando ven a personas que practican la verdad, las eliminan y las hacen a un lado; cuando ven a alguien más formidable que ellos, lo adulan y son serviles con él. Proliferan en la iglesia. Puede decirse que esos “bravucones locales”, esos “perros falderos”, existen en la mayoría de las iglesias. Se unen en sus actos diabólicos, se guiñan el ojo y se envían señales secretas, y ninguno de ellos practica la verdad. Quien tiene más veneno es el “demonio jefe”, y quien tiene el más alto prestigio los conduce y lleva su estandarte en alto. Estas personas alborotan la iglesia, esparciendo su negatividad, emitiendo muerte, haciendo lo que les place, diciendo lo que les place, y nadie se atreve a detenerlas. Rebosan del carácter de Satanás. Tan pronto como comienzan a causar disturbios, un aire de muerte entra en la iglesia. Aquellos que están dentro de la iglesia y practican la verdad son echados fuera, incapaces de darlo todo, mientras que los que perturban a la iglesia y esparcen la muerte hacen vandalismo en la iglesia y, lo que es peor, la mayoría de las personas los sigue. Tales iglesias son dirigidas por Satanás, lisa y llanamente, y el diablo es su rey. Si los congregantes no se levantan y rechazan a los demonios principales, entonces ellos también, tarde o temprano, se irán a la ruina. A partir de ahora, deben tomarse medidas contra tales iglesias. Si los que son capaces de practicar un poco de verdad no buscan hacerlo, entonces esa iglesia será eliminada. Si no hay nadie en una iglesia que esté dispuesto a practicar la verdad y nadie que pueda dar testimonio de Dios, entonces esa iglesia debe ser completamente aislada y se deben cortar sus conexiones con otras iglesias. A esto se le llama “muerte por sepultura”; eso es lo que significa expulsar a Satanás. Si en una iglesia hay varios bravucones y son seguidos por “pequeñas moscas” que carecen completamente de discernimiento, y si los congregantes, incluso después de haber visto la verdad, siguen siendo incapaces de rechazar las ataduras y la manipulación de estos bravucones, entonces todos estos tontos serán eliminados al final. Tal vez estas pequeñas moscas no hayan hecho nada terrible, pero son aún más astutas, aún más resbaladizas y evasivas y todos los que son como ellas serán eliminados. ¡No quedará ni uno! Aquellos que pertenecen a Satanás serán devueltos a Satanás, mientras que aquellos que pertenecen a Dios seguramente irán en busca de la verdad; esto está determinado por su naturaleza. ¡Que todos los que siguen a Satanás perezcan! No habrá piedad para estas personas. Que los que buscan la verdad sean provistos y que se complazcan en la palabra de Dios hasta que se sientan saciados. Dios es justo; Él no muestra favoritismo hacia nadie. Si eres un diablo, entonces eres incapaz de practicar la verdad; si eres alguien que busca la verdad, entonces es seguro que no serás llevado cautivo por Satanás. Esto está más allá de toda duda.

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas que no se esfuerzan por progresar siempre desean que otros sean tan negativos e indolentes como ellos mismos. Aquellos que no practican la verdad están celosos de aquellos que sí lo hacen y siempre tratan de engañar a aquellos que están confundidos y carecen de discernimiento. Las cosas que estas personas expresan pueden provocar que te degeneres, que resbales, que desarrolles un estado anormal y que te llenes de oscuridad. Provocan que te distancies de Dios y que valores la carne y seas indulgente contigo mismo. Las personas que no aman la verdad y que son superficiales con Dios no tienen autoconciencia y el carácter de tales personas seduce a los demás para que cometan pecados y desafíen a Dios. No practican la verdad y tampoco permiten que otros la practiquen. Atesoran el pecado y no se menosprecian a sí mismas. No se conocen a sí mismas y evitan que otros se conozcan a sí mismos; también impiden que otros anhelen la verdad. Aquellos a los que ellos engañan no pueden ver la luz. Caen en la oscuridad, no se conocen a sí mismos, no tienen claridad acerca de la verdad y se alejan cada vez más de Dios. No practican la verdad e impiden que otros la practiquen, y llevan a todas esas personas necias ante ellos. En lugar de decir que creen en Dios, sería mejor decir que creen en sus antepasados o que en lo que creen es en los ídolos de su corazón. Sería mejor que aquellas personas que dicen que siguen a Dios abrieran los ojos y miraran bien para ver exactamente en quién creen: ¿Realmente es en Dios en quien crees o en Satanás? Si sabes que no es en Dios en quien crees sino en tus propios ídolos, entonces sería mejor que no afirmaras que eres un creyente. Si realmente no sabes en quién crees, entonces, una vez más, sería mejor que no dijeras que eres un creyente. ¡Decirlo sería una blasfemia! Nadie te está obligando a creer en Dios. No digáis que creéis en Mí; ya que he oído bastante esa plática y no deseo volver a oírla, porque en lo que creéis es en los ídolos que están en vuestro corazón y en los bravucones locales que están entre vosotros. Aquellos que sacuden la cabeza cuando oyen la verdad, que sonríen cuando oyen hablar de la muerte son la simiente de Satanás, y son quienes serán eliminados. Muchos en la iglesia no tienen discernimiento. Cuando sucede algo engañoso, inesperadamente se ponen del lado de Satanás; incluso se ofenden cuando se les llama lacayos de Satanás. Aunque las personas podrían decir que no tienen discernimiento, siempre se ponen del lado donde no está la verdad, nunca se ponen de pie y defienden la verdad. ¿Acaso carecen verdaderamente de discernimiento? ¿Por qué se ponen inesperadamente del lado de Satanás? ¿Por qué nunca dicen una palabra que sea justa y razonable a favor de la verdad? ¿Ha surgido esta situación auténticamente como resultado de su confusión momentánea? Cuanto menos discernimiento tienen las personas, menos capaces son de ponerse del lado de la verdad. ¿Qué muestra esto? ¿Acaso no muestra que los que no tienen discernimiento aman el mal? ¿Acaso no muestra que son la simiente leal de Satanás? ¿Por qué siempre pueden ponerse del lado de Satanás y hablan su idioma? Todas sus palabras y acciones, la expresión en su rostro, todo ello es suficiente para probar que no son amantes de la verdad; más bien, son personas que detestan la verdad. Que puedan ponerse del lado de Satanás basta para probar que Satanás realmente ama a estos insignificantes demonios que pasan la vida luchando a favor de Satanás. ¿No son todos estos hechos sumamente claros? Si en verdad eres una persona que ama la verdad, entonces ¿por qué no tienes consideración por aquellos que practican la verdad y por qué sigues inmediatamente a aquellos que no practican la verdad en el instante en el que te dirigen la mirada? ¿Qué tipo de problema es este? No me importa si tienes discernimiento o no. No me importa cuán grande sea el precio que pagaste. No me importa cuán grandes sean tus fuerzas y no me importa si eres un bravucón local o un líder que enarbola la bandera. Si tus fuerzas son grandes, es sólo con la ayuda de la fuerza de Satanás. Si tu prestigio es alto, es simplemente porque hay demasiados a tu alrededor que no practican la verdad. Si no has sido expulsado es porque ahora no es el momento para la obra de expulsión; sino que es tiempo para la obra de eliminación. No hay prisa por expulsarte ahora. Simplemente estoy esperando el día en el que te castigaré después de que hayas sido eliminado. ¡Quienquiera que no practique la verdad será eliminado!

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas que auténticamente creen en Dios son aquellas que están dispuestas a poner en práctica la palabra de Dios y a practicar la verdad. Las personas que verdaderamente son capaces de permanecer firmes en su testimonio de Dios son, también, aquellas que están dispuestas a poner Su palabra en práctica y auténticamente pueden ponerse del lado de la verdad. Todas las personas que recurren a los engaños y a la injusticia carecen de la verdad y avergüenzan a Dios. Aquellas que provocan disputas en la iglesia son lacayos de Satanás, son la encarnación de Satanás. Esas personas son sumamente malvadas. Todas aquellas que carecen de discernimiento y son incapaces de ponerse de parte de la verdad albergan intenciones malignas y manchan la verdad. Más que eso, son los representantes arquetípicos de Satanás. Están más allá de la redención y, de manera natural, serán eliminadas. La familia de Dios no permite que aquellos que no practican la verdad permanezcan y tampoco que lo hagan aquellos que deliberadamente desmantelan a la iglesia. Sin embargo, este no es el momento de llevar a cabo la obra de expulsión; esas personas simplemente serán expuestas y eliminadas al final. No debe gastarse más obra inútil en estas personas; aquellos que pertenecen a Satanás son incapaces de ponerse del lado de la verdad, mientras que aquellos que buscan la verdad sí pueden hacerlo. Las personas que no practican la verdad no son dignas de escuchar el camino de la verdad ni de dar testimonio de ella. La verdad simplemente no es para sus oídos; más bien, está dirigida a quienes la practican. Antes de que se revele el fin de cada persona, aquellos que perturban a la iglesia e interrumpen la obra de Dios serán hechos a un lado por ahora y se les tratará después. Una vez que la obra esté completa, cada una de estas personas será expuesta y, luego, serán eliminadas. Por ahora, mientras se está proveyendo la verdad, serán ignoradas. Cuando toda la verdad se revele a la humanidad, esas personas deberán ser eliminadas; ese será el momento en el que todas las personas serán clasificadas según su especie. Los engaños insignificantes de quienes no tienen discernimiento los llevarán a su destrucción a manos de los malvados, serán alejados por ellos para no regresar jamás. Y ese es el trato que merecen, porque no aman la verdad, porque son incapaces de ponerse del lado de la verdad, porque siguen a las personas malvadas y están del lado de las personas malvadas y porque se confabulan con personas malvadas y desafían a Dios. Saben perfectamente que lo que esas personas malvadas irradian es maldad, pero endurecen su corazón y le dan la espalda a la verdad para seguirlas. ¿Acaso no están haciendo el mal estas personas que no practican la verdad, pero que hacen cosas destructivas y abominables? Aunque hay entre ellos quienes se visten como reyes y otros que los siguen, ¿no son iguales sus naturalezas que desafían a Dios? ¿Qué excusa pueden tener para afirmar que Dios no los salva? ¿Qué excusa pueden tener para decir que Dios no es justo? ¿No es su propio mal el que los está destruyendo? ¿No es su propia rebeldía la que los está arrastrando al infierno? Las personas que practican la verdad, al final, serán salvas y perfeccionadas a causa de la verdad. Al final, aquellos que no practican la verdad causan su propia destrucción a causa de la verdad. Estos son los fines que esperan a los que practican la verdad y a los que no la practican. Aconsejo a aquellos que no planean practicar la verdad que abandonen la iglesia tan pronto como sea posible para que no cometan aún más pecados. Cuando llegue el momento, será demasiado tarde para el arrepentimiento. En particular los que forman grupitos y crean división, y esos bravucones locales dentro de la iglesia deben irse cuanto antes. Estas personas, que tienen la naturaleza de lobos malvados, son incapaces de cambiar. Sería mejor que abandonaran la iglesia a la primera oportunidad para que nunca más perturben la vida normal de los hermanos y hermanas, y, así, eviten el castigo de Dios. Aquellos de vosotros que los han seguido harían bien en aprovechar esta oportunidad para reflexionar sobre vosotros mismos. ¿Dejaréis la iglesia junto con los malvados u os quedaréis y seguiréis obedientemente? Debéis considerar este asunto cuidadosamente. Os doy una oportunidad más para elegir y espero vuestra respuesta.

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

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