99. Principios para identificar las letras y doctrinas

(1) Las letras y doctrinas son por completo un producto de los análisis y explicaciones del hombre sobre las palabras de Dios. Son huecas e imprácticas, y se cuentan, en su totalidad, entre las nociones e imaginaciones humanas.

(2) Las letras y doctrinas surgen de la mente y los pensamientos del hombre. No equivalen en absoluto al esclarecimiento del Espíritu Santo, ni son capaces de conmover y aportar un beneficio a las personas.

(3) Las letras y doctrinas no son más que reglas y factores externos. Están desprovistas de la senda de práctica y sus principios, y, en lugar de llevar al hombre a la liberación, lo encadenan.

(4) Los que predican letras y doctrinas con frecuencia no se conocen en absoluto a sí mismos. No pueden practicar la verdad, y mucho menos llegar a actuar según los principios.

Las palabras relevantes de Dios:

La obra y la palabra de Dios tienen el propósito de provocar un cambio en vuestro carácter; Su meta no es meramente haceros entender o conocer Su obra y Su palabra. Eso no es suficiente. Eres una persona que tiene la capacidad de comprender, así que no debería resultaros difícil entender la palabra de Dios, porque la mayor parte de ella está escrita en un lenguaje humano y Él habla de una forma muy clara. Por ejemplo, eres perfectamente capaz de aprender lo que Dios quiere que comprendas y practiques; esto es algo que una persona normal que tiene la facultad de comprender debería poder hacer. En particular, las palabras que Dios dice en la etapa actual son especialmente claras y transparentes, y Él está señalando muchas cosas que las personas no han considerado, así como todo tipo de estados humanos. Sus palabras lo abarcan todo y son tan claras como la luz de la luna llena. Así que ahora las personas entienden muchos asuntos, pero todavía falta algo: que pongan en práctica Su palabra. Las personas deben experimentar todos los aspectos de la verdad en detalle, así como explorarla y buscarla con mayor detalle, en lugar de simplemente esperar a absorber cualquier cosa que esté disponible para ellas; de lo contrario, se convierten en poco más que parásitos. Conocen la palabra de Dios, pero no la ponen en práctica. Esta clase de persona no ama la verdad y, finalmente, será eliminada. Ser como un Pedro en la década de los noventa significa que cada uno de vosotros debéis practicar la palabra de Dios, tener una entrada auténtica en vuestras experiencias y obtener un esclarecimiento aún mayor en vuestra cooperación con Dios, lo cual será cada vez de mayor ayuda para vuestra propia vida. Si habéis leído mucho de la palabra de Dios, pero solo entendéis el significado del texto y carecéis de un conocimiento directo de esa palabra a través de vuestras experiencias prácticas, entonces no conocerás la palabra de Dios. En lo que a ti respecta, la palabra de Dios no es vida, sino, simplemente, letra muerta. Y si solo vives de acuerdo a la letra sin vida, entonces no puedes entender la esencia de la palabra de Dios ni entenderás Su voluntad. El significado espiritual de la palabra de Dios solo se te abrirá cuando experimentes Su palabra en tus experiencias reales, y es solo a través de la experiencia que puedes comprender el significado espiritual de muchas verdades y desentrañar los misterios de la palabra de Dios. Por muy clara que sea Su palabra, si no la pones en práctica todo lo que habrás comprendido son letras y doctrinas vacías, que se han convertido en leyes religiosas para ti. ¿No es esto, acaso, lo que hicieron los fariseos? Si practicáis y experimentáis la palabra de Dios, esta se vuelve práctica para vosotros; si no buscáis practicarla, entonces para vosotros es poco más que la leyenda del tercer cielo.

Extracto de ‘Una vez que entendéis la verdad, debéis ponerla en práctica’ en “La Palabra manifestada en carne”

Después de haber tenido tu propia experiencia, puedes hablar del conocimiento que debes tener acerca de las cosas que has experimentado. Además, también puedes distinguir entre aquellos cuyo conocimiento es real y práctico y aquellos cuyo conocimiento se basa en doctrina y es inútil. Entonces, que el conocimiento que profesas esté de acuerdo con la verdad depende en gran parte de si tienes experiencia práctica. Cuando hay verdad en tu experiencia, tu conocimiento será práctico y valioso. A través de tu experiencia también puedes obtener discernimiento y percepción, profundizar tu conocimiento y aumentar tu sabiduría y sentido común respecto a cómo debes conducirte. El conocimiento expresado del que hablan las personas que no poseen la verdad es doctrina, no importa lo noble que sea. Este tipo de persona puede ser muy inteligente cuando se trata de cuestiones de la carne pero no puede hacer distinciones cuando se trata de cuestiones espirituales. Esto se debe a que esas personas no tienen ninguna experiencia en asuntos espirituales. Son personas que no están esclarecidas sobre asuntos espirituales y no los entienden. Sea cual sea el conocimiento que expreses, en tanto que sea tu ser, entonces es tu experiencia personal, tu verdadero conocimiento. A lo que discuten las personas que solo hablan de doctrina —las personas que no poseen ni la verdad ni la realidad— se le puede llamar su ser, porque han llegado a su doctrina solo mediante la contemplación profunda y es el resultado de su profunda reflexión, pero solo es doctrina; ¡no es nada más que su imaginación!

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si una persona no busca la verdad, nunca la entenderá. Puedes enunciar las letras y doctrinas diez mil veces, pero no seguirán siendo nada más que letras y doctrinas. Dicen algunos: “Cristo es la verdad, el camino y la vida”. Aunque repitas estas palabras diez mil veces, seguirá siendo inútil; no entiendes su significado. ¿Por qué se dice que Cristo es la verdad, el camino y la vida? ¿Puedes expresar el conocimiento que has adquirido acerca de esto por experiencia? ¿Has entrado en la realidad de la verdad, del camino y de la vida? Dios ha declarado Sus palabras para que puedas experimentarlas y adquirir conocimiento; la mera manifestación de letras y doctrinas no sirve de nada. Solo podrás conocerte a ti mismo una vez que hayas entendido y entrado en las palabras de Dios. Si no las entiendes, no puedes conocerte. Solo eres capaz de discernir cuando tienes la verdad; sin ella, no sabes discernir. Solo comprendes del todo un asunto cuando tienes la verdad; sin ella, no lo puedes comprender. Solo puedes conocerte a ti mismo cuando tienes la verdad; sin ella, no puedes conocerte. Tu carácter solo puede transformarse cuando tienes la verdad; sin ella, no puede transformarse. Solo cuando tienes la verdad puedes servir de acuerdo con la voluntad de Dios; sin la verdad no puedes servir de acuerdo con la voluntad de Dios. Solo cuando tienes la verdad puedes adorar a Dios; sin ella, tu adoración no será más que una representación de ritos religiosos. Todas estas cosas dependen de que recibas la verdad de las palabras de Dios.

Extracto de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Solo entender la doctrina no sirve de nada; no puede producir cambio de vida. Comprender tan solo el significado literal de las palabras de Dios no equivale a comprender la verdad; estas cosas esenciales ilustradas en las palabras de Dios son la verdad. Cada línea de Sus declaraciones contiene la verdad, aunque es posible que las personas no las entiendan necesariamente. Por ejemplo, cuando Dios declara: “Debéis ser personas sinceras”. En esta afirmación hay verdad. Hay aún más verdad en Sus declaraciones, como: “Tenéis que llegar a ser personas que se someten ante Dios, que amen a Dios y que lo adoren”. “Tenéis que cumplir bien con vuestro deber como humanos”. Cada línea de las palabras de Dios contiene mucha verdad, y cuesta mucho explicar la esencia de cada declaración de verdad; solo cuando se ha alcanzado esta idea, se considerará que uno tiene entendimiento de la verdad. Si solo comprendes y explicas las palabras de Dios conforme a su sentido literal, esto no es comprender la verdad; simplemente estás alardeando con la doctrina.

Extracto de ‘Cómo caminar por la senda de Pedro’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunas personas trabajan y predican y, a pesar de que, en la superficie, parecen compartir las declaraciones de Dios, se limitan a hablar del significado literal de Sus palabras y, no se menciona nada de sustancia. Sus sermones son como enseñanzas de un libro de texto, están organizadas artículo por artículo, aspecto por aspecto y cuando han acabado, todos cantan alabanzas y dicen: “Esta persona posee la realidad. Ha predicado tan bien y con tanto detalle”. Después de que tales personas terminan de predicar, les dicen a los demás que recopilen sus sermones y se los envíen a todos. Al hacer esto, han llegado al punto de engañar a los demás y todo lo que predican son falacias. En la superficie parece que están predicando únicamente las palabras de Dios y que sus sermones se conforman a la verdad. Sin embargo, con un discernimiento más detenido verás que no son más que letras y doctrinas y un falso razonamiento junto con algunas imaginaciones y nociones humanas, así como algunas cosas que delimitan a Dios. ¿Acaso no constituye esta clase de predicación una interrupción a la obra de Dios? Este es un servicio que se opone a Dios.

Extracto de ‘Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Os habéis desviado al resumir la verdad; todo este resumen no ha generado más que reglas. Vuestro “resumen de la verdad” no tiene como objetivo que las personas obtengan vida ni que, a partir de la verdad, logren cambios en su carácter. Más bien, eso hace que las personas dominen cierto conocimiento y algunas doctrinas que provienen del núcleo de la verdad. Parece que han entendido el propósito subyacente a la obra de Dios, cuando, en realidad, sólo dominan algunas palabras y doctrinas. No entienden el significado intencional de la verdad, y no es distinto de estudiar teología o leer la Biblia. Tú recopilas esos libros o esos materiales y, así, las personas se vuelven poseedoras de este aspecto de la doctrina o aquel aspecto del conocimiento. Son expositores de doctrinas de primer nivel. Pero ¿qué ocurre cuando terminan de hablar? Son entonces incapaces de experimentar, no tienen entendimiento de la obra de Dios ni de sí mismas. Al final, lo único que habrán ganado son fórmulas y reglas y pueden hablar sobre esas pocas cosas, pero nada más. Si Dios hiciera algo nuevo, ¿podrías, con eso, estar a la altura de todas las doctrinas que conoces? Esas cosas tuyas son meras reglas y tú sólo estás haciendo que las personas estudien teología y no les estás permitiendo experimentar la palabra de Dios ni la verdad. Por tanto, esos libros que tú recopilas solo pueden llevar a otros a la teología y al conocimiento, a nuevas fórmulas y a reglas y convenciones. No pueden conducir a las personas delante de Dios ni permitirles comprender la verdad o la voluntad de Dios. Piensas que al plantear esas preguntas, una tras otra —mismas que tú luego respondes y para las cuales escribes bosquejos y resúmenes—, les resultarán fáciles de entender a los hermanos y las hermanas y tú piensas que, además de ser fáciles de recordar, estos asuntos son claros a simple vista, y que es una magnífica forma de hacer las cosas. Pero lo que las personas están entendiendo no es el verdadero significado intencional de la verdad y no está a la altura de la realidad: no son más que palabras y doctrinas. Por tanto, sería mejor que no hicieras estas cosas en absoluto. Hacer esto es llevar a las personas a entender y dominar el conocimiento. Llevas a otros a las doctrinas, a la religión, y haces que sigan a Dios y crean en Él dentro de las doctrinas religiosas. ¿Acaso no es eso ser igual que Pablo? Creéis que dominar el conocimiento de la verdad es particularmente importante y que también lo es aprender de memoria muchos pasajes de las palabras de Dios. Pero cómo entienden las personas la palabra de Dios no es importante en absoluto. Consideráis de suma importancia que la gente memorice muchas palabras de Dios, que recite muchas doctrinas y descubra numerosas fórmulas en las palabras de Dios. Por tanto, siempre queréis sistematizar esas cosas para que todos canten de la misma hoja de himnos, digan las mismas cosas y hablen de las mismas doctrinas, para que tengan el mismo conocimiento y cumplan las mismas reglas; este es vuestro objetivo. Que hagáis esto parece ser en aras de que las personas obtengan entendimiento, cuando, por el contrario, no tenéis ni idea de que esto está llevando a las personas en medio de reglas que están fuera de la verdad-palabra de Dios. Para permitir que las personas tengan un entendimiento real de la verdad debes vincularla con la realidad y con la obra y resolver problemas prácticos de acuerdo con la verdad-palabra de Dios. Sólo así pueden las personas entender la verdad y entrar en la realidad y sólo alcanzar ese resultado es realmente llevar a las personas delante de Dios. Si de lo único que hablas es de teorías espirituales, doctrinas y reglas; si sólo te empeñas en las palabras literales, todo lo que puedes lograr es que las personas digan las mismas cosas y sigan las reglas, pero no podrás guiar a las personas para que entiendan la verdad. En especial, no podrás hacer que las personas tengan un mejor entendimiento de sí mismas y logren el arrepentimiento y la transformación. Si poder hablar de teorías espirituales pudiera sustituir la entrada de las personas en la realidad-verdad, entonces no se os necesitaría para liderar las iglesias.

Extracto de ‘Sin la verdad se tiende a ofender a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Todos vosotros os habéis encontrado con frecuencia en este tipo de situación: en una reunión, os parece que no tenéis nada valioso que decir, así que os armáis de valor y soltáis algunas letras y doctrinas. Sabéis perfectamente que lo que decís es mera doctrina, pero lo decís de todas formas. Al final, incluso vosotros mismos sentís que esas palabras son insípidas, y al escucharlas, a los hermanos y hermanas también les parecen insulsas. Es así como sucede, ¿verdad? Si tenéis que forzaros a decir esas palabras, entonces, por un lado, el Espíritu Santo no está obrando en vosotros, y por otro, vuestras palabras no aportan ningún beneficio a los demás. Si no has experimentado la verdad, pero quieres hablar de ella, da igual lo que digas, no podrás penetrar en la verdad; todo lo que digas serán solo letras y doctrinas. Puedes creer que tienen algo de esclarecimiento, pero son solo doctrinas; no son la realidad-verdad, y por mucho que lo intenten, nadie que las escuche podrá captar nada real en ellas. Mientras escuchan, les puede parecer que lo que dices es bastante correcto, pero después lo olvidarán completamente. Si no hablas de tus estados reales, no podrás tocar el corazón de las personas; olvidarán lo que dices, aunque quieran recordarlo, y no podrás ayudarles. Si te encuentras en tal situación, en la que quieres hablar, pero sientes que no puedes hacerlo de una manera que penetre en la verdad, y solo tienes un poco de conocimiento doctrinal sin saber nada de las cosas esenciales, y si otros plantean preguntas de naturaleza esencial que eres incapaz de responder, entonces será mejor que no digas nada en absoluto. También hay ocasiones en que puede que estés discutiendo un tema en una reunión, y te parezca que estás bastante bien informado sobre ello y puedes comunicar algunas cosas reales. Sin embargo, todo el mundo entenderá de lo que estás hablando si lo tratas de una manera superficial, pero no tienes nada que decir a un nivel más profundo, ya que otros podrían no haber experimentado ciertas cosas, y puede que tú tampoco. En tal caso, no debes forzarte a seguir hablando; en cambio, puedes hacer que todo el mundo comunique sobre el tema. Si crees que es doctrina, entonces es inútil hablar de ella, pues no sirve para edificar a las personas. En tal situación, da igual lo que digas, el Espíritu Santo no realizará Su obra, y cuando igualmente trates de abrirte paso, puedes acabar diciendo cosas absurdas y retorcidas, y puedes llevar a la gente por mal camino.

Extracto de ‘¿Sabes qué es realmente la verdad?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Los que no entienden ni aman la verdad suelen considerarla una interpretación, una teoría. ¿Y qué es de ellos? Cuando se topan con un problema tras haber creído durante años en Dios, no lo ven como es realmente ni son capaces de someterse ni de buscar la verdad; cuando les habla la gente, responden con sus “famosas palabras sabias”: “Ahórratelo, lo entiendo todo. ¡Predicaba antes de que tú siquiera supieras caminar!”. Estas son sus famosas palabras. Si lo entienden todo, ¿por qué no saben manejar los problemas con que se topan? Si lo entiendes, ¿por qué no lo sabes poner en práctica? ¿Por qué te confunde este problema, por qué te quedas atascado en él? ¿Lo entiendes o no? Si lo entiendes, ¿por qué no puedes obedecer? Si lo entiendes, ¿por qué no lo aceptas? ¿Qué es lo primero que debería hacer la gente al entender la verdad? Obedecer y nada más. Algunos dicen: “Lo entiendo todo. No tiene que hablar nadie conmigo, no necesito ayuda de nadie”. Pueden prescindir de la ayuda de los demás, pero es una lástima que, cuando están débiles, la doctrina que comprenden sea totalmente inservible e incluso dejen de cumplir con el deber. Algunos ni siquiera quieren creer más en Dios. Se pasaron todos aquellos años predicando teorías teológicas, pero renuncian a la fe y se echan atrás a las primeras de cambio. ¿Demuestra esto que tienen estatura? (No). Y sin estatura no hay vida. Si tuvieras vida, ¿por qué no habrías de saber manejar ese problema menor con el que te topaste? ¿No tienes facilidad de palabra? Pues intenta convencerte a ti mismo; si ni siquiera puedes convencerte a ti mismo, ¿qué es lo que entiendes? ¿La verdad? La verdad puede solucionar los problemas reales de la gente y también su carácter corrupto. ¿Por qué las “verdades” que entiendes no pueden solucionar ni siquiera tus propias dificultades? Así pues, ¿qué es lo que entiendes? La doctrina.

Extracto de ‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (7)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Disponéis ahora de una senda para la resolución del problema de la predicación de letras y doctrinas? Para resolver ese problema, debes practicar la verdad; cuanto más lo hagas, cuanto más esfuerzo pongas en la verdad y en la práctica, menos letras y doctrinas habrá dentro de ti. ¿Cómo surge la realidad? Eso sucede durante el proceso de práctica de la verdad, a medida que la gente tiene todo tipo de experiencias, y da lugar a toda clase de estados. Hay un proceso de transformación de cómo se plantea la gente sus diversos estados, de los pensamientos y puntos de vista que tiene y de cómo busca la verdad para resolverlos. Este proceso es la realidad. Si no pasas por el proceso de practicar y experimentar las palabras de Dios, sino que simplemente las conoces y comprendes a los niveles literal y doctrinal, no tienes más que doctrina, dado que hay una diferencia entre tu comprensión literal y tu experiencia directa. ¿Cómo surge la doctrina? Cuando uno no practica, sino que simplemente entiende, analiza y explica el significado literal de las palabras de Dios y además las predica, surge la doctrina. ¿Puede convertirse la doctrina en realidad? Si no practicas la verdad, nunca la entenderás. La mera explicación literal será siempre doctrina. Ahora bien, si practicas, experimentas, percibes y aprendes, el conocimiento, los pensamientos, las ideas y la experiencia fruto de ello serán prácticos. La realidad se consigue con la práctica; sin la práctica, la realidad es siempre inexistente. ¿Alguno ha dicho: “No practico la verdad, pero, sin embargo, sé predicar sermones prácticos”? Puede que lo que prediques les suene correcto y bastante práctico a los demás en el momento, pero seguirán sin tener una senda de práctica después. Todo lo que comprendes continúa siendo, por tanto, doctrina. Si no pones en práctica las palabras de Dios ni tienes experiencia práctica o comprensión de la verdad, cuando surja en otra persona un estado que nunca te has planteado anteriormente, no sabrás resolverlo. Cuando uno no practica casi nunca la verdad, no la comprende nunca realmente. Solo si amplía su práctica de la verdad podrá comprenderla realmente, momento en el cual sabrá captar los principios de práctica de la verdad. Si no tienes experiencia de la verdad, es natural que solamente sepas predicar doctrina. Les dirás a los demás que se atengan a las normas como lo haces tú. Sin la realidad de la práctica y la experiencia, nunca sabrás predicar la realidad. Practicar la verdad no es lo mismo que estudiar. Estudiar supone, invariablemente, aplicarse a la palabra escrita; basta con limitarse a tomar notas, memorizar, analizar y escudriñar las palabras. La práctica de la verdad es exactamente lo contrario; uno debe confiar en la experiencia práctica para obtener resultados.

Extracto de ‘La senda para corregir el carácter corrupto’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Las exigencias de Dios para las personas no son tan altas. Si se esfuerzan siquiera un poco, serían capaces de recibir un “aprobado”. En realidad, entender, conocer y comprender la verdad es más complicado que practicarla. Conocer y comprender la verdad viene después de practicarla; estos son los pasos y el método mediante el cual obra el Espíritu Santo. ¿Cómo puedes no obedecerlo? ¿Podrás obtener la obra del Espíritu Santo si haces las cosas a tu manera? ¿Obra el Espíritu Santo como a ti te place o en base a tus deficiencias según las palabras de Dios? Si no ves esto con claridad, es inútil. ¿Por qué han invertido mucho esfuerzo la mayoría de las personas en leer las palabras de Dios, pero después sólo tienen conocimiento y no pueden decir nada sobre una senda real? ¿Piensas que poseer conocimiento equivale a poseer la verdad? ¿No es este un punto de vista confundido? Tú eres capaz de hablar de tanto conocimiento como arena hay en una playa, pero nada de eso contiene una senda verdadera. ¿Acaso no estás intentando engañar a las personas al hacer esto? ¿No estás armando un espectáculo vacío, sin sustancia que lo respalde? ¡Todo este comportamiento es perjudicial para las personas! Cuanta más alta la teoría y más desprovista está de la realidad, más incapaz es de llevar a las personas a la realidad; cuanta más alta la teoría, más te hace desafiar y oponerte a Dios. No trates las teorías más sublimes como un precioso tesoro; ¡son perniciosas y no sirven a ningún propósito! Tal vez algunas personas pueden hablar de las teorías más elevadas, pero estas teorías no contienen nada de la realidad porque estas personas no las han experimentado personalmente y, por lo tanto, no tienen ningún sendero para practicar. Tales personas son incapaces de llevar a otros por el camino correcto y solo harán que se descarríen. ¿No es esto perjudicial para las personas? Como mínimo, debes poder resolver los problemas actuales de las personas y permitirles lograr la entrada; solo esto cuenta como dedicación y solo entonces estarás calificado para obrar por Dios. No hables siempre palabras exageradas y fantasiosas y no uses un puñado de prácticas inadecuadas para obligar a otros a obedecerte. Hacerlo así no tendrá ningún efecto y sólo puede aumentar su confusión. Continuar de esta manera producirá mucha doctrina, lo que hará que la gente te abomine. Este es la deficiencia del hombre y realmente es insoportable. Así que, habla más de problemas que realmente existen. No trates las experiencias de otras personas como si fueran de tu propiedad ni las saques a relucir para que otros las admiren. Debéis buscar vuestra propia salida individual. Esto es lo que cada persona debería poner en práctica.

Extracto de ‘Enfócate más en la realidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

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