115. Principios para identificar a los incrédulos

(1) El que constantemente tiene una actitud de duda hacia la encarnación, las palabras y la obra de Dios, y cuya fe en Él se basa meramente en nociones e imaginaciones, es un incrédulo.

(2) El que no lee las palabras de Dios, no escucha los sermones y la comunicación, y no cumple con el deber de manera voluntaria, sino que se queja constantemente, esparciendo la negatividad, es un incrédulo.

(3) El que no busca la verdad ni la acepta cuando se enfrenta a un asunto, sino que trata siempre de penetrar en los temas y en las personas implicadas y sigue las reglas a rajatabla, es un incrédulo.

(4) El que no acepta ser juzgado o castigado, podado o tratado, y no tiene un corazón de reverencia hacia Dios ni se somete a Él en lo más mínimo, es un incrédulo.

Las palabras relevantes de Dios:

Como crees en Dios, debes poner tu fe en todas Sus palabras y en toda Su obra. Es decir, como crees en Dios, debes obedecerle. Si no puedes hacerlo, entonces no importa si crees en Dios o no. Si has creído en Él muchos años, pero nunca le has obedecido y no aceptas todas Sus palabras, y, en cambio, le pides que se someta a ti y actúe según tus propias nociones, entonces eres el más rebelde de todos; eres un incrédulo. ¿Cómo podría una persona así obedecer la obra y las palabras de Dios, que no se ajustan a las nociones del hombre?

Extracto de ‘Los que obedecen a Dios con un corazón sincero, con seguridad serán ganados por Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas que creen verdaderamente en Dios tienen un sentido de la conciencia, confían en que las palabras de Dios son la verdad, que todo lo que Dios hace es correcto y de beneficio para el hombre. Si hacen algo incorrecto y violan la verdad, tienen una sensación de reproche, de estar en deuda, y una profunda angustia en su corazón, y en lo que se refiere a aquellos que no creen verdaderamente en Dios, hagamos a un lado la pregunta de si tienen un sentido de la conciencia, y hablemos primero de su actitud hacia la existencia de Dios y Sus palabras. Para comenzar, ¿qué opinan de la existencia de Dios? “Decís que Dios existe, pero ¿dónde está Él? Yo no lo veo. Yo no sé si Dios existe o no. Quienes creen en Él dicen que sí existe y aquellos que no creen dicen que no”. Ese es su punto de vista. No obstante, si reflexionan más, piensan: “Todas estas personas creen en Él y dan testimonio de Él, así que, tal vez, Dios existe. Espero que así sea; si Dios existe, habré sacado ventaja y habré sido bendecido. Habré hecho la apuesta correcta”. Ellos solo vienen de paseo, lanzan los dados y corren el riesgo. No piensan que vaya a costarles nada. Su actitud y su punto de vista en relación con la existencia de Dios es la siguiente: “¿Existe Dios o no? No lo sé. ¿Dónde está exactamente? No tengo ni idea. Muchas personas dan testimonio, pero ¿es cierto o falso? Tampoco lo sé”. En su mente hay preguntas en relación con todo esto; no pueden estar seguros, así que son escépticos. Y con tanto escepticismo e incertidumbre, ¿cuál es la actitud que tienen hacia las palabras de Dios cuando Él habla y expresa la verdad? ¿Toman las palabras de Dios como la verdad? A veces, pueden escucharlas por curiosidad, para reflexionar sobre ellas durante un tiempo y, después de hacerlo, piensan: “¿Son estas palabras la verdad? Supuestamente contienen poder y autoridad. ¿Por qué yo no lo escucho y tampoco tengo ninguna percepción al respecto? Aparentemente, pueden cambiar a las personas; entonces, ¿por qué no me han cambiado a mí? Sigo amando comer y dormir. Sigo teniendo el mismo mal carácter de siempre y no me he vuelto más capaz de hacer nada. Sigo teniendo miedo cuando el gran dragón rojo lleva a cabo su persecución. ¡No me he vuelto un superhumano! Supuestamente, las palabras de Dios son la realidad de todas las cosas positivas. ¿Qué es una cosa positiva? Es pedirles a las personas que sean buenas y honestas. Las personas que son honestas son tontas. A las personas se les pide que teman a Dios y rechacen el mal. Eso significa que, cuando haces el mal, tienes que refrenarte, debes ponerte restricciones y no hacer cosas malas; ¿cuántas personas pueden hacer eso? La naturaleza del hombre es hacer cosas malas, ser egoísta. Cada hombre para sí mismo y sálvese quien pueda. Nadie en este mundo piensa en otro que no sea él mismo. Tu destino está en tus manos; depende de ti si te esfuerzas por alcanzar la felicidad. Si todos practicaran las palabras de Dios, temieran a Dios y rechazaran el mal, ¿acaso las personas del mundo no se convertirían en monjes y monjas ascetas? ¿Qué tendría de divertida la vida?”. ¿No es esta su actitud hacia la verdad en lo profundo de su corazón? “Si las personas no se esfuerzan y luchan por sí mismas, si no viven para la riqueza y el reconocimiento, entonces ¿qué significado tendría la vida?”. Tal es el punto de vista de esas personas, de los incrédulos. Esta es la actitud de los incrédulos hacia la verdad. En su corazón, no saben qué es la verdad; las palabras de Dios no equivalen a la verdad y la verdad no equivale a la vida. ¿Qué consideran que es la verdad en lo profundo de su corazón? Algo que puede hacer que sean sobrenaturales, que puede darles poderes y hacerlos dotados, algo que tiene un beneficio físico para ellos, que puede hacer que su vida sea más feliz, que puede darles el mayor beneficio: esa es la verdad. Piensan: estas palabras de Dios son demasiado ordinarias; son simples trivialidades, no son dignas de mención. Pedir que las personas sean honestas, que teman a Dios y rechacen el mal, que se liberen de su carácter corrupto, eso es demasiado difícil. ¡Nadie puede hacerlo! Las personas no viven en un vacío; tienen multitud de deseos y emociones. Nadie puede vivir estas palabras. Los incrédulos no creen que las palabras de Dios son la verdad; no creen que las palabras de Dios son la vida y, mucho menos, que las palabras de Dios pueden cambiar el destino de la humanidad o que Sus palabras pueden cambiar el carácter corrupto de las personas y permitirles deshacerse de su carácter corrupto. Esa es su actitud hacia las palabras de Dios. Y, así, en lo profundo de su corazón, jamás han aceptado que las palabras de Dios son la verdad y tampoco las aceptan como la verdad. En resumen, no aceptan las palabras de Dios como su vida, como la guía y el propósito de su existencia y su conducta. ¿Pueden aquellos que no aceptan que las palabras de Dios son la verdad creer en la existencia de Dios? ¿Verdaderamente creen en la existencia de Dios? (No). ¿Pueden quienes no creen en la existencia de Dios creer que también hay verdad en este mundo? ¿Pueden aquellos que no creen en la existencia de la verdad creer que la humanidad puede ser salva? (No). Si no creen nada de eso, ¿pueden creer en el hecho de la encarnación de Dios? ¿Pueden creer en el plan de gestión de Dios? (No). Son incrédulos, de pies a cabeza.

Extracto de ‘Realizar bien el deber requiere, por lo menos, conciencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Hay algunas personas cuya fe nunca ha sido reconocida en el corazón de Dios. En otras palabras, Él no las reconoce como seguidores suyos porque no elogia sus creencias. En el caso de estas personas, independientemente de cuántos años hayan seguido a Dios, sus ideas y puntos de vista nunca han cambiado. Son como los incrédulos, que se apegan a los principios, las maneras de hacer las cosas, las leyes de supervivencia y la fe de los incrédulos. Nunca han aceptado la palabra de Dios como su vida ni han creído que Su palabra sea la verdad ni han tenido la intención de aceptar Su salvación y nunca lo han reconocido como su Dios. Consideran que creer en Dios es una especie de pasatiempo de aficionado y tratan a Dios como un mero sustento espiritual, por lo que no piensan que merezca la pena probar y entender Su carácter o Su esencia. Se podría decir que nada de lo que corresponde al Dios verdadero tiene que ver con estas personas; no están interesadas ni se molestan en prestar atención. Esto se debe a que, en lo profundo de su corazón, una voz intensa les dice siempre: “Dios es invisible e intocable, y no existe”. Creen que intentar entender a esta clase de Dios no merece sus esfuerzos, y que, si lo hacen, se engañarían a sí mismos. Creen que al reconocer a Dios solamente de palabra, sin adoptar ninguna postura real y sin emprender una acción real, están siendo muy listos. ¿Cómo ve Dios a estas personas? Las ve como incrédulas. Algunos preguntan: “¿Pueden leer los incrédulos la palabra de Dios? ¿Pueden cumplir con sus deberes? ¿Pueden pronunciar las palabras ‘Viviré para Dios’?”. Lo que los seres humanos ven con frecuencia son lo que demuestran las personas en un nivel superficial; no ven su esencia. Sin embargo, Dios no mira estas demostraciones superficiales; Él sólo ve su esencia interior. Así pues, esta es la clase de actitud y definición que Dios tiene hacia estas personas.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Por encima de todo, hay algo que debes entender en tu fe en Dios: creer en Dios no significa únicamente creer en el nombre de Dios, y ni mucho menos tener fe en el Dios vago de tu imaginación. En cambio, has de creer que Dios es real, debes creer en la esencia de Dios, en Su carácter y en lo que tiene y es; debes creer que Dios gobierna el destino de la humanidad y gobierna el tuyo. Entonces, ¿qué se considera fe? Por un lado, ¿no debería cooperar la gente en ella y ponerla en práctica? Por ejemplo, a algunos les molesta una situación que les ocurre y les provoca una leve turbación espiritual, y piensan para sus adentros: “Fulanito tiene la culpa de lo que me ha pasado. Si él no fuera tan quisquilloso, yo no habría sentido tanta vergüenza”. Buscan excusas y acaban culpando a otro, lo que los tranquiliza, y luego piensan que el problema se ha resuelto, que la dificultad ha terminado. ¿Qué piensas de este método de resolución de problemas? ¿Puede recibir la verdad una persona que practique así? ¿Muestra una actitud de obediencia a Dios? ¿Con qué perspectiva, y por qué medios, cree esa clase de personas en Dios? ¿Han aplicado las palabras “Dios gobierna el destino de la humanidad, todas las cosas y todos los acontecimientos están en Sus manos” a su vida cotidiana? Cuando analizan el problema utilizando la mente del hombre, cuando abordan el asunto empleando medios humanos, ¿creen en la soberanía de Dios, se someten a la soberanía de Dios y a lo que Él dispone sobre las personas, los asuntos y las cosas? (No). En primer lugar, no se someten; en segundo lugar, cometen un error aún más grave: son incapaces de aceptar de parte de Dios la situación y las personas, los asuntos y las cosas que Él dispone para ellos; no van más allá de lo superficial. Solamente se fijan en la apariencia externa de la situación, que antes analizan con su mente humana y tratan de resolver con métodos humanos. ¿No es este un gran error? (Sí). ¿Por qué? No creen que Dios lo gobierne todo. Piensan para sus adentros: “¿Dios lo gobierna todo? ¿Puede gobernar Dios sobre tantas cosas? Eso es aplicar la doctrina a pies juntillas. Lo que me ha pasado a mí es distinto, ¡es una excepción!”. Esto es una excepción, aquello es una excepción. Bajo su punto de vista, todo es una excepción, no hay una sola cosa gobernada por Dios, todo nace del hombre. ¿Esto es fe en Dios? ¿Refleja la esencia de la fe en Dios? No creen que Dios pueda regir sobre todas las cosas o que Dios pueda acomodar todas las cosas, todos los eventos y todas las situaciones. No pueden aceptar estas cosas de Dios. Sienten que todas esas situaciones ocurren simplemente al azar, que son provocadas por las acciones humanas y no dispuestas por Dios. Así pues, ¿cuál es la esencia de su creencia? ¡Son incrédulos! La perspectiva de los incrédulos consiste en nunca aceptar una sola cosa proveniente de Dios, sino más bien emplear perspectivas, formas de pensar y métodos humanos para pensar mucho y devanarse los sesos para lidiar con cualquier cosa a las que se enfrentan. Esto es lo que hace un incrédulo. Cuando os tropecéis con este tipo de personas en el futuro, debéis desarrollar cierto discernimiento en relación con ellas. A los incrédulos se les da bien utilizar el cerebro para sugerir ideas cuando surgen problemas; estudian constantemente el asunto en cuestión, tratan de resolverlo con métodos humanos y les encanta hablar razonablemente y regirse por las filosofías de Satanás o por la ley. No creen que las palabras de Dios sean la verdad, y ni mucho menos que Dios gobierne todas las cosas o que todo sea obra de Dios. Jamás han aceptado de Dios ningún tipo de situación que Él haya dispuesto ni nada que haya ocurrido a su alrededor. Generalmente insisten en que creen que el destino de la humanidad está en las manos de Dios y que están dispuestas a someterse a Su dominio y Sus arreglos. No obstante, eso no es lo que creen cuando se encuentran con un problema, no es así como entienden las cosas y nunca obedecen de esa manera. Así es un incrédulo.

Extracto de ‘El carácter corrupto solo se puede corregir al buscar la verdad y confiar en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

En su creencia en Dios, si las personas no tienen un corazón reverente a Dios, si no tienen un corazón obediente a Dios, entonces no solo no podrán hacer ninguna obra para Él, sino que, por el contrario, se convertirán en quienes perturban Su obra y lo desafían. Creer en Dios, pero no obedecerlo ni venerarlo y, más bien, resistirse a Él, es la mayor desgracia para un creyente. Si los creyentes son tan casuales y desenfrenados en sus palabras y su conducta como lo son los incrédulos, entonces son todavía más malvados que los incrédulos; son demonios arquetípicos.

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si en su creencia en Dios las personas no viven frecuentemente ante Él, entonces no serán capaces de tener ninguna reverencia a Dios y, por ello, serán incapaces de rehuir el mal. Estas cosas están conectadas. Si a menudo vives ante Dios en el fondo, serás mantenido a raya y temerás a Él en muchas cosas. No irás demasiado lejos ni harás nada disoluto, ni harás nada que sea detestado por Dios y no pronunciarás palabras insensatas. Si aceptas el escrutinio de Dios y Su disciplina, evitarás hacer muchas cosas malvadas. De esta forma, ¿acaso no habrás rehuido el mal? Si, en tu creencia en Dios, a menudo te encuentras en un estado de desconcierto, sin saber si Él está en tu corazón, sin saber lo que deseas hacer en el fondo, y si no eres capaz de estar en paz delante de Dios y no oras o no buscas la verdad cuando algo te ocurre, si a menudo actúas de acuerdo con tu propia voluntad, vives de acuerdo con tu carácter satánico y revelas tu carácter arrogante, y si no aceptas el escrutinio de Dios o Su disciplina y no te sometes, entonces las personas así en el fondo siempre vivirán delante de Satanás y estarán controladas por Satanás y su carácter satánico. Por tanto, tales personas no tienen la más mínima reverencia por Dios. Simplemente son incapaces de rechazar el mal y, aún si no hacen cosas malvadas, todo lo que piensan sigue siendo malvado y no está conectado con la verdad y va en contra de esta. Entonces, en esencia ¿esas personas no tienen conexión con Dios? Aunque son gobernadas por Él, nunca han rendido cuentas ante Dios; nunca han tratado a Dios como tal, nunca lo han tratado como el Creador que rige sobre ellos; nunca han reconocido que Dios es su Dios y su Señor, y nunca han considerado adorarlo con todas sus ganas. Tales personas no entienden lo que significa temer a Dios y piensan que tienen el derecho de hacer el mal. Dicen: “Haré lo que me plazca. Me haré cargo de mis propios asuntos; no le incumbe a nadie más”. Al mismo tiempo, consideran la fe en Dios como una especie de mantra, como una forma de ceremonia. ¿Acaso esto no los hace incrédulos? ¡Son incrédulos! ¿Y cómo llama Dios a estas personas en Su corazón? Todo lo que piensan a lo largo del día es malvado. Son los degenerados de la casa de Dios, y Él no reconoce a esas personas como miembros de Su casa.

Extracto de ‘Solo si se vive constantemente ante Dios se puede caminar por la senda hacia la salvación’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Cuando surgen cosas, algunas personas siempre critican a los demás y a las circunstancias. Este es un gran problema. Siempre piensan que los demás son duros con ellas o que les dificultan las cosas a propósito, o encuentran defectos en otras personas. ¿Esta perspectiva no es sesgada? No hacen ningún esfuerzo con la verdad y siempre están tratando de guardar las apariencias y buscando la justificación enfrente de los demás o entre ellos, y siempre quieren usar métodos humanos para arreglar las cosas. Este es el mayor obstáculo para la entrada a la vida. Si actúas de esta manera, si practicas de esta manera y crees en Dios de esta manera, nunca serás capaz de alcanzar la verdad, ya que nunca vienes delante de Dios. Nunca vienes delante de Dios para aceptar todas las cosas que Él te plantea, nunca aplicas la verdad para resolverlas. En cambio, siempre quieres usar métodos humanos para resolverlas. A los ojos de Dios, estás demasiado lejos de Él y no solo tu corazón se ha alejado demasiado de Él, sino que nada de tu ser vive en Su presencia. Así es como Dios ve a aquellos que critican a los demás y a las circunstancias. Algunas personas que tienen el don de conversar y tienen rapidez de reflejos, piensan: “Soy una persona que tiene labia y cuando estoy alrededor de otras personas, todas me envidian y me admiran. Me exaltan y, en general, me obedecen.” ¿Es de alguna utilidad esto? Tu prestigio entre otras personas se establece, pero cuando estás delante de Dios, Él siempre te ignora. Él dice que eres un incrédulo y que eres hostil hacia la verdad. Te conduces entre los demás con gran habilidad, puedes tratar con cualquiera, eres muy capaz para manejar asuntos y puedes llevarte bien con cualquiera. Pero al final, con semejante valoración de parte de Dios, estarás acabado. No tendrás un buen final y tu destino estará sellado. Dios dirá: “Este es un incrédulo, que ondea la bandera de la fe en Dios con el fin de obtener las bendiciones. Esta persona es hostil hacia la verdad. Nunca ha hecho ningún esfuerzo con la verdad y nunca la ha aceptado.” ¿Qué pensáis de esta clase de valoración? ¿Es algo que queréis? Desde luego que no. Tal vez a algunas personas no les importa y dicen: “Qué me importa. De cualquier manera no podemos ver a Dios. El problema más tangible que tenemos es llevarnos bien con las personas a nuestro alrededor. Si no hacemos que estas relaciones funcionen será difícil llevarse bien en el grupo. Como mínimo, tenemos que familiarizarnos con estas personas y mantener una buena relación. Cualquier otra cosa puede esperar.” ¿Estas personas siguen siendo creyentes en Dios? (No). Uno debe vivir delante de Dios con frecuencia y debe venir delante de Dios para buscar la verdad en todo momento y con todos los asuntos para que al final Dios diga: “Tú eres alguien que ama la verdad. Dios está complacido contigo y eres precioso para Él. Dios ha visto tu corazón y tu comportamiento.” ¿Qué piensas de esta valoración? Solo tales personas pueden lograr la aprobación de Dios.

Extracto de ‘Si no puedes vivir siempre delante de Dios, eres un incrédulo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Muchas personas no entienden la verdad y tampoco la buscan. ¿Cómo consideran su deber? Lo consideran como un trabajo, una afición o un interés. No lo tratan como una tarea o misión que Dios les ha encomendado, ni como una responsabilidad que deben asumir, y mucho menos buscan comprender la verdad y la voluntad de Dios en el cumplimiento de su deber. Y así, hay algunos que, cuando se topan con una pequeña dificultad mientras realizan su deber, cambian de opinión y empiezan a pensar en cómo escapar de él. Cuando se encuentran con una dificultad o un contratiempo, retroceden, y, de nuevo, son propensos a tratar de librarse del asunto. En lugar de buscar la verdad, piensan en cómo huir. Son como tortugas: en cuanto algo sucede, se esconden en su caparazón y solo vuelven a salir cuando todo ha terminado. Hay muchas personas así. En particular, hay algunos que, cuando se les pide que se encarguen de un deber, no piensan en cómo realizarlo leal y correctamente o cómo completar bien tal tarea. En cambio, piensan en cómo eludir y descargarse de la responsabilidad, evitar que se les trate, en cómo ausentarse completamente de un problema o fracaso cuando este se produce. Lo primero en lo que piensan es en su propia ruta de escape; sus propias preferencias y predilecciones van antes que nada, no piensan en cómo pueden cumplir con su deber y hacerlo con lealtad. ¿Pueden estas personas obtener la verdad? No dedican ningún esfuerzo a la verdad. Nunca están satisfechos con nada: hoy quieren hacer esto, mañana quieren hacer aquello. El deber de cualquiera les parece mejor que el que están cumpliendo ellos, y todos los demás deberes les parecen más fáciles. Simplemente no dedican ningún esfuerzo a la verdad. Cuando tienen tales pensamientos no reflexionan sobre cuál es el problema ni lo resuelven. Solo se centran en las prácticas externas, se fijan en quién acapara el protagonismo, quién ha sido reconocido por lo Alto o tiene contacto con Él, quién no necesita ser tratado cuando obra. Estas son las únicas cosas en las que piensan. ¿Diríais que las personas que solo piensan en estas cosas son capaces de cumplir fielmente con su deber? Eso nunca ocurrirá. Entonces, ¿qué clase de personas son las que cumplen con su deber de esta manera? ¿Buscan la verdad? En primer lugar, si algo está claro es que este tipo de personas no busca la verdad. Lo único que buscan es congraciarse con la casa de Dios, disfrutar de algunas bendiciones, hacerse un nombre, hacerse notar y que les vean, lo cual no es diferente a estar en sociedad. En relación con la esencia, ¿qué clase de personas son? Son incrédulos. Los incrédulos llevan a cabo su deber en la casa de Dios como si estuvieran trabajando en el mundo. Lo que valoran es a quién ascienden, a quién se nombra jefe de grupo, a quién líder de la iglesia, a quién se designa para un puesto, quién tiene el aprecio de todos en el trabajo, es enaltecido y tenido en alta estima; igual que en una empresa, donde lo que la gente valora es a quién ascienden, quién consigue un aumento, quién tiene el aprecio de sus superiores y quién confianza con los líderes. ¿Acaso no es lo mismo ir en pos de esas cosas en la casa de Dios y valorarlas todos los días que lo que hacen los incrédulos? Una persona así es un incrédulo estándar, que no busca la verdad, no aspira a comprenderla en el desempeño del deber y no puede ser lo leal que debería.

Extracto de ‘Querrían que se les obedeciera solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Algunas personas no se regocijan en la verdad y, mucho menos, con el juicio. En cambio, se regocijan en el poder y las riquezas; a tales personas se les llama buscadores de poder. Buscan exclusivamente las denominaciones que tienen influencia en el mundo y solo buscan a pastores y maestros que provienen de seminarios. A pesar de haber aceptado el camino de la verdad, son, en parte, escépticos, e incapaces de entregar todo su corazón y toda su mente, y su boca habla de sacrificarse por Dios, pero sus ojos se enfocan en los grandes pastores y maestros, y no le prestan atención a Cristo. Su corazón está obsesionado con la fama, la fortuna y la gloria. Piensan que no es posible que una persona tan pequeña pueda ser capaz de conquistar a tantos, que alguien tan común y corriente sea capaz de perfeccionar al hombre. Ellos no creen en absoluto que estos “don nadie” que están entre el polvo y el estiércol sean el pueblo escogido por Dios. Ellos creen que si tales personas fueran los objetos de la salvación de Dios, el cielo y la tierra estarían de cabeza y todos los hombres se reirían a mandíbula batiente. Ellos creen que si Dios eligió a tales “don nadie” para ser perfeccionados, entonces esos grandes hombres se convertirían en Dios mismo. Sus perspectivas están manchadas de incredulidad; ciertamente, más que incrédulos, son simplemente bestias absurdas. Y es que solo valoran la posición, el prestigio y el poder, y solo tienen en alta estima a los grandes grupos y denominaciones. No tienen la menor consideración hacia quienes son dirigidos por Cristo; simplemente son traidores que le han dado la espalda a Cristo, a la verdad y a la vida.

Lo que tú admiras no es la humildad de Cristo, sino a esos falsos pastores de destacada posición. No adoras la belleza ni la sabiduría de Cristo, sino a esos licenciosos que se regodean en la inmundicia del mundo. Te ríes del dolor de Cristo, que no tiene lugar donde reclinar Su cabeza, pero admiras a esos cadáveres que cazan ofrendas y viven en el libertinaje. No estás dispuesto a sufrir junto a Cristo, pero te lanzas con gusto a los brazos de esos anticristos insensatos a pesar de que solo te suministran carne, palabras y control. Incluso ahora tu corazón sigue volviéndose a ellos, a su reputación, su estatus, su influencia. Aun así, continúas teniendo una actitud por la cual la obra de Cristo te resulta difícil de soportar y no estás dispuesto a aceptarla. Por eso te digo que no te falta fe para reconocer a Cristo. La razón por la que lo has seguido hasta el día de hoy es solo porque no tenías otra opción. En tu corazón siempre se elevan muchas imágenes altivas; no puedes olvidar cada una de sus palabras y obras ni sus palabras influyentes ni sus manos. En vuestro corazón, ellos son supremos por siempre y son héroes por siempre. Pero esto no es así para el Cristo de hoy. Él permanece por siempre insignificante en tu corazón y por siempre indigno de tu veneración. Porque Él es demasiado ordinario, tiene muy poca influencia y está lejos de ser elevado.

En cualquier caso, Yo digo que todos los que no valoran la verdad son incrédulos y traidores de la verdad. Tales hombres nunca recibirán la aprobación de Cristo. ¿Has identificado ahora cuánta incredulidad hay dentro de ti y cuánta traición a Cristo tienes? Te exhorto: puesto que has elegido el camino de la verdad, debes consagrarte totalmente; no seas ambivalente o poco entusiasta. Debes entender que Dios no pertenece al mundo ni a ninguna persona, sino a todos aquellos que creen verdaderamente en Él, a todos los que lo adoran y a todos aquellos que se consagran a Él y le son fieles.

Extracto de ‘¿Eres un verdadero creyente en Dios?’ en “La Palabra manifestada en carne”

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