101. Cómo identificar si alguien tiene calibre

(1) Determinar cómo es capaz de entender las palabras de Dios, y si es capaz de comprender la verdad mediante la síntesis de su propio estado y problemas prácticos, y así encontrar los principios de práctica.

(2) Determinar si su autoconocimiento es práctico, real y específico. Los de bajo calibre solo hablarán de doctrina hueca y no pueden entrar en la realidad.

(3) Comprobar si es capaz de trabajar. Los de buen calibre pueden entender los principios correctos de práctica basándose en la verdad, y resolver todo tipo de problemas.

(4) Comprobar su capacidad para discernir, si puede identificar a cada tipo de persona según el principio-verdad, y si puede ver el fondo de cada tipo de evento y dinámica social.

Las palabras relevantes de Dios:

¿Cómo medimos el calibre de la gente? La forma más precisa de hacerlo es basarse en su grado de entendimiento de la verdad. Algunas personas pueden aprender alguna habilidad muy rápidamente, pero cuando oyen la verdad se confunden y se duermen, las desconcierta, no captan ni entienden nada de lo que oyen; ese es el mal calibre. Cuando les dices a algunas personas que son de mal calibre, se muestran en desacuerdo. Piensan que tener una buena educación y saber cosas significa que son de buen calibre. ¿Una buena educación demuestra un alto calibre? No. El calibre de las personas se mide según su grado de entendimiento de las palabras de Dios y la verdad. Esa es la forma más estándar y precisa de hacerlo. No sirve de nada intentar medir el calibre de alguien por cualquier otro medio. Algunas personas son de palabra fácil e ingenio rápido, les resulta fácil llevarse bien con los demás, pero cuando leen las palabras de Dios y escuchan los sermones no entienden nada. Cuando hablan de su experiencia y testimonio, se muestran como meros aficionados, y a cualquiera le parece que no tienen comprensión espiritual. No son personas de buen calibre. Entonces, ¿serían estas personas competentes para encargarse de algún asunto externo para la casa de Dios? Encargarse de cosas para la casa de Dios o, en otras palabras, cumplir con el deber propio. Cumplir con el deber implica la verdad, la obra de Dios y los principios de conducta y las formas y métodos por los cuales uno trata a todo tipo de personas; y todos estos asuntos determinan si el desempeño del deber de alguien es efectivo o no y si es adecuado. ¿No tienen que ver con la verdad estos asuntos de cumplir el deber propio? Si implican la verdad, pero no la entiendes y confías en tus artimañas y maquinaciones mezquinas, ¿podrás cumplir este deber adecuadamente? ¿Podrás hacerlo de acuerdo con la voluntad de Dios? No. Incluso si hacen bien algunas cosas, eso puede deberse a que lo que hacen no involucra la verdad, y es puramente una cosa externa. Si se les pide que se encarguen de algo de acuerdo con los principios y se produce una situación inesperada, no saben qué hacer. Creen que deberían ser capaces de encargarse basándose en sus propias experiencias, pero esto causa perturbaciones e interrupciones; estropea las cosas. ¿Acaso no hay algo incorrecto aquí? ¿Y cuál es la causa? Esto es porque su comprensión no es pura, no entienden la verdad y no han captado los principios. Cuando se encuentran con algo que involucra la verdad o los principios, no saben qué hacer; aparecen sus propias ideas humanas y terminan perjudicando la obra y los intereses de la casa de Dios, y caen en desgracia. ¿Funcionan las experiencias y los métodos humanos? (No). Entonces, ¿de qué presumen? Estas personas ignorantes, sin comprensión espiritual y carentes de calibre para comprender la verdad, siguen alardeando así: “No es cierto que no entienda la verdad respecto a este asunto; la entiendo en el fondo. Es solo que no he reflexionado mucho sobre el asunto antes de actuar. Si me hubiera esforzado más y lo hubiera analizado en detalle, habría hecho un buen trabajo. Antes utilizaba estos métodos para manejar cosas parecidas en el mundo secular. Sin embargo, la casa de Dios me prohibió usarlos, así que no supe qué hacer y lo hice de esa manera. Por lo tanto, es normal que haya cometido algunos errores”. ¿Poseen esas personas conocimiento de sí mismas? (No). ¿Por qué no se conocen a sí mismas? ¿Tiene esto algo que ver con la verdad? ¿No es parecida esta falta de conocimiento a la reacción de Pablo tras oponerse al Señor Jesús? Estas personas no se conocen a sí mismas, y en lugar de buscar la verdad sobre el asunto, buscan formas de remediarlo y encubrirlo. Creen que simplemente han cometido una equivocación, un mero error o un fallo de comportamiento, y que esto no tiene nada que ver con la verdad y no tiene como causa una falta de entendimiento de la verdad. Este es un ejemplo de ser de bajo calibre. Cuando a las personas así les sucede algo, encuentran algún fenómeno externo al que culpar, o lo atribuyen a su propio comportamiento, creyendo simplemente que se han equivocado y nada más. En ningún momento entienden que deben buscar la verdad y llegar a conocerse a sí mismos. No importa qué faltas se les señalen, tampoco lo que se revele en su interior o se les comunique, siguen sin reconocer qué principios-verdad han infringido ni cuáles son las verdades que deben poner en práctica. Son totalmente incapaces de comprender la verdad. Esto es lo que significa ser de mal calibre. Da igual lo claramente que comuniques la verdad, siguen sin darse cuenta de qué es la verdad, siguen usando sus propias razones y excusas para encubrirla, para negarla y no admitir que tienen un carácter corrupto. Es decir, no importa cuántos errores cometan, cuántas actitudes corruptas revelen o cuántos estados conectados con este carácter corrupto causen, siguen sin darse cuenta de que se trata de su carácter corrupto, no se dan cuenta de cuál es su esencia ni de cómo deben entender este asunto, cómo deben buscar la verdad y qué aspecto de la verdad deben obtener. No saben nada de esto, sus almas están entumecidas, y no tienen el menor sentido de estas cosas. En esto consiste el bajo calibre.

Extracto de ‘Comprender la verdad es crucial para cumplir adecuadamente el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué se manifiesta en la gente de buen calibre? Independientemente de cuánto tiempo hayan creído en Dios, cuando escuchan un sermón pueden diferenciar entre lo que están escuchando en ese momento y lo que se dijo en la Biblia; este sermón es más profundo, más detallado. Después, comienzan a aplicarlo en su vida real. Por ejemplo, Dios dice que seamos honestos. Al principio, no hacen más que aferrarse a esta regla, dicen lo que hay en su corazón. Pero poco a poco, mientras escuchan los sermones, destilan continuamente cosas de sus propias experiencias de la vida real hasta que finalmente, a partir de lo que padecen y experimentan, se dan cuenta de en qué consiste y cuál es la realidad de este aspecto de la verdad, es decir, ser honesto. Son capaces de aplicar a sus vidas reales las palabras que dice Dios y las verdades tratadas en los sermones, las convierten en su realidad y usan estas experiencias reales para ir profundizando. Es decir, son capaces de darse cuenta de la verdad contenida en las palabras de Dios y en los sermones que escuchan, y tal verdad no es una doctrina vacía, no es una interpretación o teoría, sino que se relaciona con las dificultades que encuentran en sus vidas reales y en los estados que revelan. Son capaces de examinar estos estados, compararlos con lo que es revelado por Dios, y luego practicar de acuerdo con las palabras de Dios. Este es un buen calibre. ¿Cuál es la principal manifestación del buen calibre? Cuando escuchan sermones, son capaces de entender lo que se dice y cuál es la relación entre estas palabras y sus propios estados reales, qué papel desempeñan estas palabras en ellos, y son capaces de enfrentarse a tales palabras. Además, en su vida real, son capaces de captar los principios de la práctica y aplicarlos a cada dificultad o problema con el que se topan. Esto es lo que significa ser perspicaz. Solo las personas con tal perspicacia tienen realmente buen calibre.

Extracto de ‘Comprender la verdad es crucial para cumplir adecuadamente el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

A la hora de medir si el calibre de una persona es bueno o malo, hay que tener en cuenta su actitud en lo cotidiano o si, cuando le suceden cosas, es capaz de captar la voluntad y la actitud de Dios; también los principios que debe seguir, la posición que debe tomar y la actitud que debe tener. Si eres capaz de captar todas estas cosas, entonces tienes calibre. Si lo que captas no tiene nada que ver con todo lo que Dios dispone para ti en tu vida real, entonces no tienes calibre o eres de un calibre bajo. ¿Cómo alcanzaron Pedro y Job la verdadera estatura, y al final ganaron lo que ganaron y cosecharon lo que cosecharon de su fe en Dios? No disfrutaron de lo que vosotros hacéis ahora; siempre tenéis a alguien que provee para vosotros, que os apoya, que os ayuda, siempre hay alguien que hace las comprobaciones finales por vosotros. La mayoría de verdades que entendieron las obtuvieron de las cosas de las que se dieron cuenta, de lo que habían experimentado, de lo que habían ido descubriendo y experimentando poco a poco en su vida diaria. Eso es ser de alto calibre. Cuando la gente no posee tal calibre y no tiene esta actitud hacia la verdad y la salvación, entonces son incapaces de obtener la verdad.

Extracto de ‘Comprender la verdad es crucial para cumplir adecuadamente el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué se manifiesta en la gente de calibre corriente? Oír un sermón una vez no deja ninguna huella en ellos. Cuando les suceden cosas, siguen sin saber cómo manejarlas o qué hacer. Lo único que hacen es decir doctrina vacía y aferrarse a las reglas. Oír dos veces un sermón sí les deja alguna huella, pero cuando les suceden cosas, no saben qué hacer, siguen aferrándose a las reglas y dicen letras y usan la doctrina para sermonear a la gente y hacer su obra. Después de escuchar sermones durante muchos años, se han equipado con cada vez más doctrina. Antes solo hablaban dos o tres minutos sobre algunas experiencias y conocimientos basados en la doctrina antes de quedarse sin nada que decir. Con el paso de los años, son capaces de hablar durante veinte o treinta minutos, pero siguen sin entender qué es la verdad o qué es la realidad. Piensan que la doctrina de la que hablan es la verdad. No escuchan nada de lo que dicen otros sobre la realidad o sobre las experiencias, el conocimiento y el camino conectado a la realidad-verdad. Piensan que la verdad y la doctrina son una misma cosa. Es decir, no importa cuántos sermones oigan, no se dan cuenta de las verdades relacionadas con los cambios en su carácter o en su propia esencia-naturaleza dentro de estos sermones. Después de eso, en sus vidas reales, más allá de aferrarse a las reglas y la ceremonia, más allá de ir constantemente a las asambleas, hablar sobre doctrinas con la gente y trabajar un poco en el cumplimiento de su deber, en general no entran ni profundizan en las verdades relacionadas con los cambios de carácter, con el conocimiento de sus propias actitudes corruptas ni con la entrada en la vida. Este es un ejemplo de tener un calibre corriente. La gente de calibre corriente no puede avanzar más. Hay algunas personas que llevan creyendo veinte o treinta años en Dios y solo hablan de doctrina. Esto es ser de calibre común.

Extracto de ‘Comprender la verdad es crucial para cumplir adecuadamente el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué se manifiesta en las personas de bajo calibre? Después de escuchar sermones durante años, piensan que son todos iguales, que son siempre lo mismo. Ni siquiera escuchan el hilo de doctrina, y menos aún la verdad. Por mucho que se esfuerzan en escuchar en los sermones, o aunque lleven muchos años oyéndolos, siguen sin entenderlos. Son incapaces de desentrañar qué es la verdad y lo que significa conocerse a sí mismo. Ya sea nuevo o profundo el contenido que oigan, ya sean palabras y obra nuevas del Espíritu Santo, lo único que oyen son las cosas simples. Además, es todo lo que pueden recordar; no son capaces de recordar nada más. Y como su calibre es tal que no pueden entender tantas cosas, ¿cómo pueden lograr la realidad-verdad? Por este motivo a menudo repiten lo que dice la gente religiosa: “Creo en el Señor desde que estaba en el vientre de mi madre, fui bautizado y purificado hace mucho”. Eso es lo que siguen diciendo los que han aceptado la nueva obra de Dios durante unos años. ¿Acaso no son de bajo calibre? Otros afirman: “Decís que no me conozco a mí mismo: sois vosotros los que no os conocéis a vosotros mismos. He sido santo desde hace mucho”. No hace falta decir que las personas que hacen tales declaraciones son del peor calibre. ¿Qué sermones puedes predicarle a esa gente? No importa cuántos sermones oigan, siguen sin entender qué es la verdad, qué es practicarla, no pueden comprender tales conceptos, les superan. Cuando les suceden cosas, simplemente se atienen a esas pocas reglas, oran, buscan a Dios, dependen de Dios, no lo rechazan, no se mezclan con los incrédulos y se aíslan del mundo secular; básicamente, no van más allá de tales formalidades de la fe religiosa. Por mucho que escuchen acerca de las palabras y la obra de Dios, y por muchos sermones acerca de la verdad oigan, no pueden convencerse. Si les preguntas qué se requiere del hombre durante esta etapa de la obra de Dios, no saben decirte, y solo pueden hablar de alguna doctrina simple. Esto demuestra que carecen demasiado de calibre; no pueden comprender las palabras de Dios.

Extracto de ‘Comprender la verdad es crucial para cumplir adecuadamente el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Sin importar con qué problema se encuentre, grande o pequeño, lo primero que haría una persona de mente normal sería pensárselo bien y emitir un juicio. En este juicio hay una actitud, así como un plan específico sobre qué hacer y cómo abordar y gestionar este asunto. Esa clase de planes son los que debe crear la mente de la gente normal; se puede considerar que aquellos capaces de crear dichos planes tienen un intelecto normal. Si ante un problema, sea grande o pequeño, no tienen nada concreto en mente, si su intelecto es incapaz de crear un plan específico y lo único que tienen son simples consignas basadas en la teoría, las cuales emplean en sustitución de un enfoque o plan con el que gestionar este problema, ¿tienen esas personas capacidad de pensar o reflexionar? (No). La gente sin capacidad de pensar tiene poca aptitud. […] ¿Y cómo se manifiesta la ausencia de intelecto de la humanidad normal? Cuando alguien se encuentra con un problema, tanto si no lo esperaba como si antes era consciente de él, no puede pensar profundamente en ello ni emitir un juicio, por lo que, naturalmente, no tendrá un plan para gestionar el problema ni capacidad de resolverlo. Es evidente. En apariencia, este tipo de persona dice lo correcto, repite las consignas adecuadas, predica la doctrina correcta y sabe levantar el ánimo de la gente. Parece tener capacidad de liderazgo, pero cuando tiene que intervenir en algo concreto, carece de habilidades de resolución de problemas: es tosca, imprudente e incapaz de pensar en ningún problema, y solo sabe repetir consignas y predicar doctrina. Esta gente es incapaz de evaluar las consecuencias de tal asunto, si este persiste o la gravedad de la situación, y tampoco es capaz de juzgar de forma precisa por qué sucede algo. Es incapaz de poner las cosas en orden. La gente así es poco apta. Del mismo modo, si, después de recibir la organización del trabajo, un líder u obrero simplemente hace una lectura rápida y un mundo de sus solas palabras y da una interpretación de ella —y si, pese a reunir a las personas correspondientes para compartir el acuerdo de trabajo y transmitírselo también a sus subordinados, sigue ignorando cómo facilitar orientación y unos preparativos concretos para los requisitos específicos, los principios, los elementos destacados, las situaciones especiales y demás asuntos respecto a la organización del trabajo y tampoco tiene planes ni ideas al respecto—, entonces no tiene habilidades de resolución de problemas y sí poca aptitud.

Extracto de ‘Cómo identificar a los falsos líderes (10)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Diríais que Pablo tenía calibre? ¿A qué clase pertenecía el calibre de Pablo? (Era muy bueno). Habéis oído muchos sermones, pero aún no notáis la diferencia. ¿Podría considerarse que el calibre de Pablo era bueno? (No, era malo). ¿Por qué era malo el calibre de Pablo? (No se conocía a sí mismo y poseía poca comprensión de las palabras de Dios). Era porque no entendía la verdad. En ese momento, él también había escuchado los sermones del Señor Jesús, y durante el período en que obró, por supuesto, existía la obra del Espíritu Santo. Entonces, ¿cómo es que seguía sin entender nada de la verdad tras hacer toda esa obra, escribir todas esas epístolas y caminar entre todas esas iglesias? Lo único que decía era doctrina. Era alguien de poco calibre. Es más, Pablo persiguió al Señor Jesús y a Sus discípulos, después de lo cual el Señor Jesús se le apareció y lo derribó. Sin embargo, después de vivir un suceso tan trascendental, ¿qué enfoque le dio y cómo lo entendió? Pensó: “El Señor Jesús me ha derribado, he pecado, así que debo esforzarme más en la obra para compensarlo, y una vez que mis méritos hayan equilibrado mis deméritos, seré recompensado”. ¿Se conocía a sí mismo? No. No decía que su oposición al Señor Jesús se debía a su naturaleza maliciosa, su naturaleza de anticristo; no poseía tal conocimiento de sí mismo. ¿Y cómo plasmó este evento en sus epístolas? ¿Cuál era su opinión al respecto? Creía que Dios lo había llamado con una gran luz, y que Dios comenzaría a hacer un gran uso de él. Al no tener el más mínimo conocimiento de sí mismo, creía que esta era la prueba más poderosa de que sería recompensado y coronado, y el mayor capital que podría utilizar para obtener recompensas y una corona. Además, sentía que había una “espina” en lo profundo de su ser: su anterior desafío al Señor Jesús. ¿Y cómo lo afrontó? Sintió que era uno de los grandes errores de su vida, y que ponía en riesgo su viaje al cielo y su corona. En su corazón, siempre estuvo intranquilo. “¿Cómo puedo compensar este atroz error? ¿Cómo puedo compensarlo para que no afecte a mis perspectivas y a mi coronación? Debo hacer más de la obra del Señor, pagar un precio mayor, escribir más epístolas, y pasar más tiempo de un lado a otro, luchando contra Satanás y dando un hermoso testimonio”. Así es como lo enfocó. No sentía el menor arrepentimiento, y tampoco tenía conocimiento de sí mismo; carecía de todo eso. Tal era el calibre de Pablo. En parte por su humanidad y por lo que buscaba, y en parte por su calibre, no podía captar tales cosas ni se daba cuenta de lo siguiente: “Esta es la naturaleza del hombre, que es demasiado malvada. La naturaleza del hombre es la naturaleza de Satanás y del anticristo, y el hombre debe recibir la redención de Dios. Esta es la raíz de la necesidad de redención de Dios por parte del hombre. Entonces, ¿cómo debe el hombre presentarse ante Dios para aceptar Su redención?”. Nunca dijo tales cosas. No tenía conocimiento de su desafío en absoluto, y lo único en lo que pensaba era cómo compensarlo, cómo hacer que no fuera una transgresión, cómo obtener suficientes méritos para redimir sus pecados y expiar sus fechorías a través de un buen servicio, y en última instancia, recibir la corona y la recompensa que esperaba. Nunca entendió la verdad o la voluntad de Dios en nada de lo que le sucedió: es alguien del más bajo calibre.

Extracto de ‘Comprender la verdad es crucial para cumplir adecuadamente el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Pedro tenía buen calibre, pero sus circunstancias eran diferentes a las de Pablo: sus padres me persiguieron, eran demonios que habían sido poseídos por Satanás, como consecuencia, no le enseñaron a Pedro nada sobre Dios. Pedro era inteligente, talentoso y mimado por sus padres desde la infancia. Sin embargo, ya como adulto, se convirtió en su enemigo, porque él nunca dejó de buscar conocerme y, posteriormente, les dio la espalda. Esto sucedió porque, por encima de todo, él creía que el cielo y la tierra y todas las cosas están en las manos del Todopoderoso, y que todas las cosas positivas provienen de Dios y surgen directamente de Él sin ser procesadas por Satanás. El ejemplo contrario de los padres de Pedro le dio a este un mayor conocimiento de Mi bondad amorosa y Mi misericordia, y se intensificó, así, su deseo de buscarme. Él se enfocó no solo en comer y beber Mis palabras, sino, más aún, en captar Mi voluntad, y siempre estuvo alerta en su corazón. Como consecuencia, él siempre fue sensible en su espíritu y, por ende, fue conforme a Mi propio corazón en todo lo que hizo. Mantuvo una atención constante en los fracasos de las personas del pasado con el fin de incentivarse a sí mismo, profundamente temeroso de quedar atrapado en el fracaso. También se concentró en asimilar la fe y el amor de todos aquellos que habían amado a Dios a lo largo de las eras. De este modo —no solo en los aspectos negativos, sino, mucho más importante, en los aspectos positivos—, creció más rápido, tanto, que su conocimiento se volvió el más grande de todos en Mi presencia. Así pues, no es difícil imaginar cómo puso en Mis manos todo lo que tenía; cómo, incluso, renunció a tomar decisiones sobre la comida, la ropa y el sueño y sobre dónde vivir y, en cambio, disfrutó de Mis riquezas para satisfacerme en todas las cosas. Lo sometí a incontables pruebas —pruebas que, naturalmente, lo dejaron medio muerto—, pero, en medio de estos cientos de pruebas, jamás perdió la fe en Mí ni se sintió desilusionado de Mí. Incluso cuando dije que lo había abandonado, no se desanimó y siguió amándome de una manera práctica y de acuerdo con los principios de práctica del pasado. Le dije que Yo no lo elogiaría aunque me amara; que, al final, lo arrojaría a las manos de Satanás. Pero en medio de tales pruebas, pruebas que no vinieron sobre su carne, sino que consistían en palabras, él continuó orando a Mí y dijo: “¡Oh, Dios! Entre los cielos y la tierra y todas las cosas, ¿hay algún ser humano, alguna criatura o alguna cosa que no esté en Tus manos, las manos del Todopoderoso? Cuando eres misericordioso conmigo, mi corazón se regocija enormemente en Tu misericordia. Cuando me juzgas, aunque yo pueda ser indigno, tengo una mayor percepción de lo insondable de Tus obras, porque estás lleno de autoridad y sabiduría. Aunque mi carne sufra penurias, mi espíritu se consuela. ¿Cómo podría no alabar Tu sabiduría y Tus obras? Incluso si muriese después de conocerte, ¿cómo podría no hacerlo gustoso y feliz? ¡Todopoderoso! ¿En verdad no quieres permitir que yo te vea? ¿En verdad no soy apto para recibir Tu juicio? ¿Podría ser que haya algo en mí que no desees ver?”. Aunque Pedro no fue capaz de captar con exactitud Mi voluntad durante tales pruebas, era evidente que se sentía orgulloso y honrado de ser usado por Mí (aunque él recibió Mi juicio para que la humanidad pudiese ver Mi majestad y Mi ira) y que no se sintió angustiado por estas pruebas. Debido a su lealtad hacia Mí y a Mis bendiciones hacia él, fue un ejemplo y un modelo para el hombre durante miles de años. ¿No es esto, precisamente, lo que deberíais emular?

Extracto de ‘Capítulo 6’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

Cada persona es distinta. La diferencia radica en su aptitud y en su actitud hacia la verdad. Los amantes de la verdad con buena aptitud enseguida entran en la realidad-verdad y pueden recibir la vida. Los que tienen una aptitud corriente son tercos y están aturdidos; su entrada en la verdad es paulatina, como también lo es su progreso en la vida. Las personas de poca aptitud no solo son ignorantes, tozudas y arrogantes; también llevan el aturdimiento y la torpeza escritos en la cara, su espíritu está aturdido y tardan en comprender la verdad. Esas personas están desprovistas de vida, pues no entienden la verdad y no hacen más que hablar de doctrina, gritar consignas y atenerse a las normas. Si no entienden la verdad, no pueden entrar en la realidad-verdad, ¿y acaso hay vida dentro de aquellos que no pueden entrar en la realidad-verdad? (No). Cuando les sucede algo a las personas desprovistas de vida, actúan a ciegas, nunca dan en el clavo, se muestran lastimeras e indefensas, no saben qué hacer. A lo largo de los años he oído constantemente decir a las personas que no saben qué hacer cuando les sucede algo. ¿Cómo puede seguir siendo así tras haber escuchado tantos sermones? Y si me fijo en ellas, se demuestra que realmente no saben qué hacer; llevan el aturdimiento y la torpeza escritos en la cara. Algunos dicen: “¿Por qué estoy adormecido? Soy muy sensible a lo que pasa en el mundo: sé usar programas informáticos, teléfonos móviles y aparatos electrónicos, y vosotros, no. ¿Cómo podéis tener tan poca aptitud?”. No obstante, su escasa inteligencia no es más que una habilidad; no se considera aptitud. Cuando oyen un sermón o les sucede algo relacionado con la verdad, estas personas quedan en evidencia: su espíritu está terriblemente entumecido. ¿Hasta qué punto? Hace años que creen en Dios, pero aún no saben si se salvarán ni tienen claro qué tipo de persona son. Si les preguntas qué opinan de su aptitud, dirán que es algo inferior a la de una persona con buena aptitud, pero mucho mejor que la de la gente de aptitud corriente. Así de escasa es su aptitud. ¿No es esto un poco absurdo? En cualquier caso, si algo afecta a la verdad o a un principio, no entienden nada de lo que oyen, y eso es tener poca aptitud.

Extracto de ‘Comprender la verdad es crucial para cumplir adecuadamente el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Ya sea entendiendo un aspecto de la verdad o aprendiendo una profesión, las personas de buen calibre son capaces de captar los principios en su interior, llegar a la raíz de las cosas, e identificar la realidad y la esencia para que, en todo lo que hacen, en cada obra que realizan, tomen las decisiones correctas y determinen los criterios y principios adecuados. Esto es el buen calibre. La gente de buen calibre es capaz de hacer las comprobaciones finales en las diversas labores de la casa de Dios. Aquellos de calibre corriente o bajo son incapaces de tal labor. No se trata en absoluto de que la casa de Dios favorezca a algunas personas o menosprecie a otras, sino de que muchas personas son incapaces de realizar esta obra debido a su calibre. Y la raíz de por qué no pueden hacer las comprobaciones finales es que no entienden la verdad. La razón por la que no entienden la verdad es porque su calibre es demasiado corriente, o incluso bajo. La verdad les supera, y son incapaces de entenderla cuando la oyen. Algunas personas pueden no entender la verdad porque no escuchan atentamente, o puede que sean jóvenes y aún no hayan echado raíces en su fe en Dios y no les interese mucho. Sin embargo, la razón principal no es esta, sino que su calibre no está a la altura. Para las personas de menor calibre, no importa cuál sea su deber o cuánto tiempo lleven haciendo obra, da igual cómo trates de enseñarles o cuántos sermones oigan, siguen sin comprender, demoran su obra, lo desordenan todo y no consiguen nada.

Extracto de ‘Comprender la verdad es crucial para cumplir adecuadamente el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Para conocerse a uno mismo conviene entender qué son la buena aptitud y la ineptitud y tener claras la aptitud y la esencia-naturaleza propias. Cuando la gente sabe cuál es su condición, comete menos errores. Cuando se conoce bien, deja de ser arrogante y su conducta es más concienzuda y diligente. No conocerse a uno mismo puede ocasionar muchos problemas. Hay personas de aptitud corriente que se creen de gran aptitud. Creen tener dotes de mando; para sus adentros están impacientes por ser líderes, por dirigir el equipo, pero nunca las eligen. ¿Y esto no las inquieta? Cuando la gente se inquieta por esas cosas y está nerviosa, no cumple correctamente con el deber y es susceptible de cometer tonterías que dan vergüenza, cosas insensatas que Dios desprecia. Por lo tanto, antes de nada, debe abordar por medio del autoconocimiento estas revelaciones fundamentales de su carácter corrupto: la arrogancia, la insensatez, creer siempre que tiene buena aptitud, que es mejor que los demás, que debe aleccionarlos, etc. Una vez resueltos estos problemas, serás constante en el correcto cumplimiento del deber, tendrás una conducta más adecuada, no te estorbarán pensamientos y comportamientos como la agresividad, el engreimiento, la altivez externos y el hecho de creerte especial, y serás mucho más maduro. Como poco, tendrás el comportamiento digno y recto de un santo, y esa es la única manera en la que podrás presentarte ante Dios.

Extracto de ‘Comprender la verdad es crucial para cumplir adecuadamente el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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