108. Principios para distinguir entre la humanidad normal y un carácter corrupto

1) Determinar si alguien es concienzudo y sensato de palabra y obra; si tiene principios en sus interacciones con los demás; si es capaz de tener tolerancia y paciencia, de tratar a los demás con justicia.

(2) Comprobar si ama las cosas positivas, así como la verdad; si busca la verdad cuando surge algún asunto; si anhela la luz y camina por la senda correcta de la vida.

(3) Determinar si, cuando afronta el juicio y castigo, o es podado y tratado, puede aceptar tales cosas de Dios; si puede aceptar y someterse a la verdad y llegar a conocerse a sí mismo a través de la introspección.

4) Determinar si, en el cumplimiento del deber, dice la verdad y actúa de manera práctica, como una persona honesta, o si es descuidado y superficial, maquinador y fraudulento, e intenta timar a Dios.

Las palabras relevantes de Dios:

La fuente de oposición y rebeldía del hombre contra Dios es el haber sido corrompido por Satanás. Debido a la corrupción de Satanás, la conciencia del hombre se ha insensibilizado, se ha vuelto inmoral, sus pensamientos se han degenerado, y ha desarrollado una actitud mental retrógrada. Antes de ser corrompido por Satanás, el hombre de manera natural seguía a Dios y obedecía Sus palabras después de escucharlas. Por naturaleza tenía buen sentido y buena conciencia, y tenía una humanidad normal. Después de haber sido corrompido por Satanás, el sentido, la conciencia y la humanidad originales del hombre se embotaron y fueron mermados por Satanás. Debido a ello, el hombre ha perdido su obediencia y amor a Dios. El sentido del hombre se ha vuelto aberrante, su carácter se ha vuelto como el de un animal, y su rebeldía hacia Dios es cada vez más frecuente y grave. Sin embargo, el hombre todavía no conoce ni reconoce esto, y meramente se opone y se rebela a ciegas. El carácter del hombre está revelado en las expresiones de su sentido, de su percepción y de su conciencia; debido a que su sentido y su percepción se han enfermado, y su conciencia se ha vuelto supremamente insensible, su carácter se ha revelado contra Dios. Si el sentido y la percepción del hombre no pueden cambiar, entonces los cambios en su carácter son imposibles de lograr, como también lo sería conformarse a la voluntad de Dios. Si el sentido del hombre es endeble, entonces no puede servir a Dios y no es apto para ser usado por Dios. Un “sentido normal” se refiere a ser obediente y fiel a Dios, anhelar a Dios, ser absoluto para con Él y tener una conciencia hacia Dios. Se refiere a ser de un solo corazón y mente hacia Dios, y a no oponerse a Dios deliberadamente. Tener un sentido aberrante no es así. Desde que el hombre fue corrompido por Satanás se ha inventado nociones acerca de Dios, y no ha sido leal ni ha anhelado a Dios, y menos si se habla de una conciencia hacia Dios. El hombre deliberadamente se opone a Dios y lo juzga, y, aún más, le lanza invectivas a Sus espaldas. El hombre juzga a Dios a Sus espaldas con un conocimiento claro de que es Dios; el hombre no tiene intención de obedecer a Dios, y se limita a hacerle exigencias y solicitudes ciegas. Tales personas —la gente que tiene un sentido aberrante— son incapaces de conocer su propio y despreciable comportamiento, o de lamentar su rebeldía. Si la gente fuese capaz de conocerse a sí misma, entonces recuperaría un poco de su sentido; cuanto más rebeldes contra Dios sean las personas que no se conocen a sí mismas todavía, menos sensatas serán.

Extracto de ‘Tener un carácter inalterable es estar en enemistad con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

La revelación del carácter corrupto del hombre tiene su fuente en nada más que su conciencia embotada, su naturaleza malévola, y su sentido endeble; si la conciencia y el sentido del hombre pueden volver a ser normales, entonces él se volvería apto para ser usado ante Dios. Es simplemente debido a que la conciencia del hombre ha estado siempre insensibilizada, y como el sentido del hombre, que nunca ha sido bueno, se está haciendo cada vez más torpe, lo que ha provocado que el hombre se haya vuelto cada vez más rebelde hacia Dios, hasta el punto, incluso, de clavar a Jesús en la cruz, y de negarse a que Dios encarnado de los últimos días entre en su casa, y condena la carne de Dios, y ve la carne de Dios como precaria. Si el hombre tuviese al menos un poquito de humanidad, no sería tan cruel en su trato de la carne del Dios encarnado; si tuviese al menos un poco de sentido, no sería tan despiadado en su trato de la carne de Dios encarnado; si tuviese un poco de conciencia, no “agradecería” al Dios encarnado de esta manera. El hombre vive en la era de Dios hecho carne, sin embargo, es incapaz de dar gracias a Dios por haberle dado una oportunidad tan buena, y en vez de ello, maldice la venida de Dios, o ignora por completo el hecho de la encarnación de Dios, y se muestra aparentemente en contra de ella y hastiado de ello. Independientemente de cómo el hombre trate la venida de Dios, Él, en resumen, siempre ha seguido adelante pacientemente con Su obra, a pesar de que el hombre no haya sido en lo más mínimo acogedor hacia Él, y le hace solicitudes ciegas. El carácter del hombre se ha vuelto extremadamente vicioso, su sentido ha crecido de forma sumamente apática, y su conciencia ha sido aplastada por completo por el maligno, por lo que hace ya tiempo que dejó de ser la conciencia original del hombre. El hombre no sólo es ingrato con un Dios encarnado que le otorga tanta vida y gracia a la humanidad, sino que incluso se ha resentido con Dios por haberle dado la verdad; es debido a que el hombre no tiene el menor interés en la verdad, que se ha vuelto resentido con Dios. No solo es el hombre incapaz de dar su vida por Dios encarnado, sino que también trata de obtener favores de Él, y reclama un interés que es decenas de veces mayor que lo que el hombre ha dado a Dios. Las personas que poseen este tipo de conciencia y sentido consideran que no es para tanto y todavía creen que han invertido demasiado de ellas mismas en Dios, y que Él les ha dado demasiado poco. Hay personas que, habiéndome dado un tazón con agua, extienden las manos para pedirme el equivalente a dos tazones de leche; o me han dado una habitación por una noche, piden que les pague por varias noches. Con una humanidad como esta, y una conciencia así, ¿cómo podéis vosotros aún desear obtener la vida? ¡Qué desgraciados y despreciables sois! Este tipo de humanidad y conciencia en el hombre es lo que hace que Dios encarnado deambule por la tierra, sin conseguir lugar donde encontrar refugio. Aquellos que en verdad poseen conciencia y humanidad, deben adorar y servir de todo corazón a Dios encarnado, no por la cantidad de obra que Él haya hecho, sino aun si Él no hubiese realizado obra alguna. Esto es lo que deben hacer aquellos de sano sentido, y es el deber del hombre. La mayoría de las personas hablan incluso de poner condiciones para su servicio a Dios: no les importa si Él es Dios o un hombre, y solo hablan de sus propias condiciones, y solo buscan satisfacer sus propios deseos. Cuando cocináis para Mí, exigís una cuota por concepto de servicio; cuando corréis para Mí, pedís honorarios de corredor; cuando trabajáis para Mí, demandáis honorarios por vuestro trabajo; cuando laváis Mi ropa vosotros demandáis tarifas de lavandería; cuando proveéis para la iglesia demandáis retribución por los costos incurridos; cuando habláis, demandáis pagos de conferencista; cuando distribuís libros, demandáis comisiones por su distribución; y cuando escribís, demandáis honorarios de escritor. Aquellos con quienes he tratado, incluso me han exigido una recompensa, mientras que aquellos que han sido enviados a su casa, exigen reparaciones por los daños a su nombre; aquellos que no están casados exigen una dote, o una compensación por su juventud perdida; los que matan un pollo piden honorarios de carnicero; los que fríen alimentos demandan honorarios de fritura; los que hacen la sopa también exigen un pago por ello… Esta es vuestra noble y poderosa humanidad, y estas son las medidas dictadas por vuestra tibia conciencia. ¿Dónde está vuestro sentido? ¿Dónde está vuestra humanidad?

Extracto de ‘Tener un carácter inalterable es estar en enemistad con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

En el carácter de las personas normales no hay deshonestidad ni engaño, las personas tienen una relación normal entre ellas, no están solas y sus vidas no son ni mediocres ni decadentes. Así, también, Dios es exaltado entre todos, Sus palabras se propagan entre los hombres, las personas viven en paz unas con otras y bajo el cuidado y protección de Dios, la tierra está llena de armonía, sin la interferencia de Satanás, y la gloria de Dios tiene la máxima importancia entre los hombres. Tales personas son como ángeles; puros, animados, sin quejarse nunca de Dios y dedicando todos sus esfuerzos solamente a la gloria de Dios en la tierra.

Extracto de ‘Capítulo 16’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

¿Qué aspectos abarca la condición humana normal? Introspección, sentido, conciencia y carácter. Si eres capaz de alcanzar la normalidad en cada uno de estos aspectos, tu humanidad estará a la altura. Debes tener la semejanza propia de un ser humano normal, parecer creyente en Dios. No tienes que lograr demasiado ni actuar con diplomacia; solamente tienes que ser un ser humano normal, con un sentido normal propio de las personas, para poder comprender las cosas y, al menos, parecer un ser humano normal. Eso será suficiente. Todo lo que te exijo hoy está dentro de los límites de tu capacidad, no es pedir peras al olmo. No llevaré a cabo en ti palabras ni obras inútiles. Deberás corregir toda la perversidad manifestada o revelada en tu vida. Satanás os ha corrompido y estáis rebosantes de su veneno. Todo lo que te pido es que corrijas este corrupto carácter satánico. No te estoy pidiendo que te conviertas en una figura de alto nivel ni en una persona famosa o importante. Eso no tiene sentido. La obra que realizo en vosotros tiene en cuenta lo que es inherente a vosotros. Lo que pido a la gente tiene sus límites. Si a la gente de hoy se le pidiera comportarse como los representantes del gobierno ─que practicara su tono de voz, estudiara la manera de hablar de los altos funcionarios o ensayara el tono y las formas de los ensayistas y novelistas─, esto serviría de nada, no es posible hacerlo. Dado vuestro calibre, al menos deberíais ser capaces de hablar con sabiduría y tacto y explicar las cosas de manera clara y comprensible. Eso es todo lo que necesitáis para cumplir con Mis exigencias. Si, como poco, conseguís introspección y sentido, con eso valdrá. Lo más importante ahora mismo es que rechacéis vuestro corrupto carácter satánico. Debes rechazar la perversidad que se manifiesta en ti. Si no, ¿cómo puedes hablar del sentido y la introspección supremos? Mucha gente, en vista del cambio de era, carecen de humildad o paciencia y bien podrían no tener tampoco amor ni santo decoro. ¡Qué absurdas! ¿Tienen tan siquiera un ápice de humanidad normal? ¿Tienen algún testimonio del que puedan hablar? Carecen por completo de introspección y sentido. Por supuesto, es preciso corregir algunos aspectos de la práctica de las personas desviadas y equivocadas: por ejemplo, se tienen que transformar sus rígidas vidas espirituales anteriores y su apariencia de torpes e imbéciles. La transformación no implica dejar que te vuelvas licencioso ni que te entregues a la carne diciendo lo que quieras. No debes hablar más de la cuenta. El discurso y comportamiento normales del ser humano suponen hablar con coherencia, decir “sí” cuando quieres decir “sí”, y “no” cuando quieres decir “no”. Cíñete a los hechos y di lo correcto. No engañes ni mientas. Tienes que entender los límites a los que puede llegar una persona normal en la transformación de su carácter. Si no, no podrás entrar en la realidad.

Extracto de ‘Elevar el calibre es en aras de recibir la salvación de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Debéis saber que a Dios le gustan los que son honestos. En esencia, Dios es fiel, y por lo tanto siempre se puede confiar en Sus palabras. Más aún, Sus acciones son intachables e incuestionables, razón por la cual a Dios le gustan aquellos que son absolutamente honestos con Él. Honestidad significa dar tu corazón a Dios; ser auténtico y abierto con Dios en todas las cosas, nunca esconderle los hechos, no tratar de engañar a aquellos por encima y por debajo de ti, y no hacer cosas solo para ganaros el favor de Dios. En pocas palabras, ser honesto es ser puro en tus acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre. […] Si te sientes muy contento de ser un hacedor de servicio en la casa de Dios, trabajando de forma diligente y concienzuda en la oscuridad, siempre dando y nunca quitando, entonces Yo te digo que eres un santo leal, porque no buscas ninguna recompensa y estás simplemente siendo una persona honesta. Si estás dispuesto a ser franco, si estás dispuesto a esforzarte al máximo, si eres capaz de sacrificar tu vida por Dios y mantenerte firme en tu testimonio, si eres honesto hasta el punto en que solo sabes satisfacer a Dios y no considerarte o tomar las cosas para ti mismo, entonces Yo digo que tales personas son las que se alimentan en la luz y vivirán para siempre en el reino.

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

Los que tienen la verdad son aquellos que, en su experiencia real, saben mantenerse firmes en su testimonio, mantenerse firmes en su posición, permanecer del lado de Dios sin retroceder jamás y tener una relación adecuada con las personas que aman a Dios, las cuales, ante lo que les sucede, son capaces de obedecer totalmente a Dios y obedecerlo hasta la muerte. Tu práctica y tus revelaciones en la vida real son testimonio de Dios, lo que vive el hombre y testimonio de Dios, y este es el auténtico goce del amor de Dios; a estas alturas de tu experiencia habrás obtenido las consecuencias correspondientes. Tienes una vida real y los demás admiran cada uno de tus actos. Tu vestimenta y apariencia externa son corrientes, pero vives con suma devoción y, cuando transmites las palabras de Dios, Él te guía y da esclarecimiento. Sabes expresar la voluntad de Dios con tus palabras y transmitir la realidad, y entiendes bien el servicio en espíritu. Eres sincero en tu discurso, digno y recto, nada conflictivo, decoroso, capaz de obedecer las disposiciones de Dios y de mantenerte firme en el testimonio ante lo que te suceda, y estás sereno frente a lo que sea. Este tipo de persona ha comprobado de verdad el amor de Dios. Algunas personas son todavía jóvenes, pero se comportan como las de mediana edad; son maduras, poseen la verdad y son admiradas por los demás: son las personas que tienen el testimonio y son manifestación de Dios.

Extracto de ‘Quienes aman a Dios vivirán por siempre en Su luz’ en “La Palabra manifestada en carne”

Siempre deseáis ver a Cristo, pero Yo os exhorto a que no os tengáis en tan alta estima; todo el mundo puede ver a Cristo, pero Yo digo que nadie es apto para ver a Cristo. Debido a que la naturaleza del hombre está llena de maldad, arrogancia y rebeldía, en el momento en el que veas a Cristo, tu naturaleza te destruirá y te condenará a muerte. Tal vez tu relación con un hermano (o una hermana) no muestre mucho sobre ti, pero no es tan simple cuando te relacionas con Cristo. En cualquier momento, tus conceptos pueden echar raíces, tu arrogancia puede comenzar a germinar y tu rebeldía puede comenzar a dar frutos. ¿Cómo puedes tú, con esa clase de humanidad, ser apto para relacionarte con Cristo? ¿Eres verdaderamente capaz de tratarlo como Dios en cada momento de cada día? ¿Tendrás verdaderamente la realidad de la sumisión a Dios? Adoráis al Dios excelso dentro de vuestro corazón como Jehová, al tiempo que consideráis al Cristo visible como un hombre. ¡Vuestro sentido es muy inferior y vuestra humanidad es demasiado vil! Sois incapaces de considerar a Cristo siempre como Dios; solo ocasionalmente, cuando os apetece, os aferráis a Él y lo adoráis como Dios. Es por eso que os digo que no sois creyentes de Dios, sino una pandilla de cómplices que lucha contra Cristo. Hasta los hombres que son bondadosos con otros son recompensados; sin embargo, Cristo, que ha hecho tal obra entre vosotros, no ha recibido ni el amor del hombre ni su recompensa y sumisión. ¿Acaso no es eso algo sumamente desgarrador?

Extracto de ‘Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Tal vez algunos crean que, si la relación con Dios es tan peligrosa, quizá sea más sabio mantener a Dios a distancia. ¿Qué pueden obtener las personas como estas? ¿Pueden ser leales a Dios? Ciertamente, la relación con Dios es muy difícil, pero eso se debe a que el hombre está corrompido y no a que Dios no pueda relacionarse con él. Sería mejor que dedicarais más esfuerzo a la verdad de conocer el ser. ¿Por qué no habéis encontrado el favor de Dios? ¿Por qué vuestro carácter es abominable para Él? ¿Por qué vuestro discurso despierta Su odio? Tan pronto como demostráis un poco de lealtad, os elogiáis a vosotros mismos y exigís una recompensa por una pequeña contribución; despreciáis a los demás cuando habéis mostrado una pizca de obediencia y desdeñáis a Dios después de llevar a cabo alguna tarea insignificante. Por recibir a Dios, pides dinero, regalos y halagos. Te duele el corazón cuando das una o dos monedas; cuando das diez, deseas bendiciones y ser tratado con distinción. Resulta extremadamente ofensivo hablar u oír hablar de una humanidad como la vuestra. ¿Hay algo digno de alabanza en vuestras palabras y acciones? Quienes cumplen su deber y quienes no; quienes lideran y quienes siguen; quienes reciben a Dios y quienes no; quienes donan y quienes no; quienes predican y quienes reciben la palabra, etcétera: todos esos hombres se alaban a sí mismos. ¿Acaso no os parece esto risible? Aunque sabéis perfectamente que creéis en Dios, no podéis ser compatibles con Él. Aunque sois plenamente conscientes de que no tenéis ningún mérito, de cualquier modo persistís en alardear. ¿Acaso no sentís que vuestro sentido se ha deteriorado al punto de ya no tener autocontrol? Con un sentido como este, ¿cómo podéis ser aptos para relacionaros con Dios? ¿Acaso no tenéis miedo por vosotros mismos en este momento crítico? Vuestro carácter ya se ha deteriorado hasta el punto en que sois incapaces de ser compatibles con Dios. Siendo esto así, ¿no es risible vuestra fe? ¿No es absurda vuestra fe? ¿Cómo vas a enfrentarte a tu futuro? ¿Cómo vas a elegir la senda por la cual habrás de caminar?

Extracto de ‘Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas no se exigen mucho a sí mismas, pero exigen mucho de Dios. Le piden que les muestre especial amabilidad y que sea paciente y tolerante con ellas, las valore, provea para ellas, les sonría, y las cuide de muchas maneras. Esperan que Él no sea estricto con ellas en absoluto ni que haga algo que las moleste ni siquiera un poco, y sólo están satisfechas si Él les habla dulcemente todos los días. ¡Los humanos carecen tanto de razón! Las personas no tienen claro dónde deberían permanecer, qué deberían hacer, qué deberían lograr, qué puntos de vista deberían tener, en qué posición deberían estar para servir a Dios y cuál es la ubicación adecuada donde colocarse. Las personas con algo de posición piensan de sí mismas de una forma muy elevada, y las que no tienen posición también lo hacen. Las personas nunca se entienden a sí mismas. Si podéis continuar vuestra fe, nunca os quejáis, y cumplís con vuestras obligaciones como de costumbre, independientemente de lo que se os diga, de lo estrictamente que se os trate y de cómo se os ignore; entonces seréis personas maduras y experimentadas. Y tendréis verdaderamente alguna estatura y razón normal. No exigirás cosas a Dios ni tendrás deseos extravagantes, ni les exigirás cosas a los demás ni a Dios sobre la base de lo que a ti te agrade. Esto demuestra que posees la semejanza de una persona hasta cierto punto. En la actualidad tenéis demasiadas exigencias y son demasiado excesivas. Tus muchos propósitos demuestran que no estás en la posición correcta, tu posición es demasiado elevada y te has considerado demasiado honorable como si no fueras muy inferior a Dios. Por tanto, es difícil tratarte, y ésta es precisamente la naturaleza de Satanás.

Extracto de ‘Las personas que le hacen constantes exigencias a Dios son las menos razonables’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Dentro del carácter corrupto de la humanidad hay un asunto práctico del que no eres consciente; es un problema muy serio y es común a la humanidad de cada persona. Se trata del punto más débil de la humanidad, así como un elemento de la esencia de la naturaleza humana muy difícil de poner al descubierto y de cambiar. Las personas mismas son objetos de creación. ¿Pueden los objetos de creación alcanzar la omnipotencia? ¿Pueden alcanzar la perfección y la impecabilidad? ¿Pueden alcanzar la destreza en todo, llegar a entenderlo todo y lograrlo todo? No pueden. Sin embargo, dentro de los humanos hay una debilidad. Tan pronto como aprenden una habilidad o profesión, las personas sienten que son capaces: “Soy alguien con estatus, una persona de valor; un profesional”. Sin importar lo capaces o incapaces que puedan ser, antes de que esto salga a la luz siquiera, quieren envolverse y disfrazarse como figuras importantes y volverse perfectas e impecables, sin ningún defecto. Simplemente quieren armarse de modo que a los ojos de los demás sean grandes, poderosos, totalmente capaces y sin nada que no pueda nacer; desean parecer capaces de hacerlo todo. Creen que, si pidieran ayuda en algún asunto, parecerían incapaces, débiles e inferiores y la gente los despreciaría. Por eso siempre quieren mantener las apariencias. Algunos, cuando se les pide que hagan algo, dicen que saben hacerlo, cuando en realidad no saben. Después, a escondidas, lo consultan e intentan aprender a hacerlo, pero, tras estudiarlo varios días, siguen sin entenderlo; no tienen ni idea. Cuando se les pregunta cómo lo llevan, continúan fingiendo para no revelar sus defectos y puntos débiles y, en vez de eso, dicen que pronto acabarán. ¿Qué tipo de carácter es este? ¡Estas personas son tan arrogantes que han perdido todo sentido! No quieren ser gente normal y corriente ni simples mortales. Solo quieren ser superhumanos o personas con habilidades o poderes especiales. ¡Este es un problema descomunal! En cuanto a las debilidades, deficiencias, ignorancia, estupidez y falta de entendimiento dentro de la humanidad normal, lo cubren todo, lo envuelven y no dejan que otras personas la vean, y siguen disfrazándose. La mente de tales personas siempre está en las nubes, ¿no es así? ¿Acaso no están soñando? ¿Saben quiénes son ellos mismos o no? No saben quiénes son y tampoco saben cómo vivir una humanidad normal. No conocen estas cosas y ni una sola vez han actuado como un ser humano práctico. Por tanto, ¡se están metiendo en problemas! A la hora de actuar, si eliges este tipo de senda —tienes siempre la mente en las nubes y los pies nunca los tienes bien anclados en la tierra, siempre queriendo volar, siempre queriendo ser increíble— entonces estás destinado a tener problemas. La senda que eliges en la vida no es correcta. Para ser honesto contigo, si lo haces, entonces no importa cuánto creas en Dios, no entenderás la verdad, ni podrás obtener la verdad, porque tu punto de partida está equivocado. Debes aprender a caminar y hacerlo con firmeza, un paso a la vez. Si puedes caminar, entonces hazlo; no trates de aprender a correr. Si puedes caminar un paso a la vez, entonces no trates de dar dos pasos al mismo tiempo. Debes comportarte de manera que tengas los pies firmemente anclados en la tierra. No trates de ser un súper humano; alguien grande o elevado.

Extracto de ‘Los cinco estados necesarios para ir por el camino correcto en la fe propia ’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¡Humanidad cruel! La confabulación y la intriga, robarse y raptarse entre ellos, la lucha por la fama y la fortuna, la masacre mutua, ¿cuándo se van a terminar? A pesar de que Dios ha hablado cientos de miles de palabras, nadie ha entrado en razón. La gente actúa por el bien de sus familias, hijos e hijas, por sus carreras, porvenires, posición, vanidad y dinero, por comida, ropa y carne. Pero, ¿existe alguien cuyas acciones son verdaderamente por el bien de Dios? Incluso entre aquellos que actúan por el bien de Dios, sólo hay unos cuantos que conocen a Dios. ¿Cuántas personas no actúan por sus propios intereses? ¿Cuántos no oprimen y condenan al ostracismo a los demás con el propósito de proteger su propia posición? Así, Dios ha sido condenado a muerte contundentemente en innumerables ocasiones; innumerables jueces bárbaros han condenado a Dios y una vez más lo han clavado en la cruz. ¿Cuántos se pueden llamar justos porque en verdad actúan para Dios?

Extracto de ‘Los malvados deben ser castigados’ en “La Palabra manifestada en carne”

Algunas personas se plantean de manera muy informal el contacto con el sexo opuesto. Creen que no tiene importancia mientras no pase nada y que tampoco la tiene entregarse a los pensamientos lujuriosos o exteriorizar una pasión inicua. ¿Debe pensar así alguien que tenga una humanidad normal? ¿Es esto señal de tener una humanidad normal? Una vez que seas lo bastante mayor como para casarte y tener contacto con el sexo opuesto y quieras enamorarte, hazlo con normalidad y nadie se meterá en ello. Sin embargo, algunos no quieren enamorarse: coquetean un par de días con alguien que despierta su interés, y en cuanto alguien los atrae, empiezan a exhibirse ante su objeto de deseo. ¿Y cómo se exhiben? Levantan una ceja, guiñan un ojo o cambian el tono de voz al hablar, o bien se mueven de cierta manera o se ponen a hacer comentarios graciosos para hacerse notar; esto es exhibirse. Cuando alguien que normalmente no es así exhiba estos rasgos reveladores, puedes estar seguro de que hay cerca miembros del sexo opuesto que han despertado su interés. ¿Quiénes son estas personas? Tal vez digas que son unos libertinos o que no mantienen unos límites claros entre hombres y mujeres, pero no han exhibido ninguna conducta deplorable. Algunos podrían alegar que simplemente están siendo frívolos. Dicho de otro modo, se comportan de manera indigna; las personas frívolas no entienden la necesidad de tener dignidad. Algunas personas exhiben estas características en la vida cotidiana, pero no se ven afectados ni el cumplimiento de su deber ni la ejecución de su trabajo; entonces, ¿es esto realmente un problema? Hay quienes dicen: “Mientras no te impida buscar la verdad, ¿hay necesidad de hablar de ello?”. ¿A qué se refiere esto? A la vergüenza y dignidad de la humanidad de cada uno. La humanidad de una persona no puede carecer de vergüenza y dignidad, sin las cuales no puede ser una humanidad normal. Algunas personas son creíbles, serias y responsables en todo lo que hacen. Trabajan mucho y tienen buen carácter, pero, sencillamente, no se toman en serio este aspecto de su vida. Cuando coqueteas con alguien del sexo opuesto, ¿es algo constructivo o destructivo? ¿Y si se enamora de ti la persona con la que coqueteas? Quizá digas: “No es lo que yo quería”; bueno, si sigues coqueteando con alguien cuando eso no es lo que quieres, ¿no estás jugando con sus sentimientos? ¡Le haces daño y actúas sin moral! Los que hacen esto tienen muy poca humanidad. Además, si no tienes la intención de continuar con esa relación ni vas en serio, y pese a ello levantas las cejas, guiñas un ojo al sexo opuesto y te exhibes con gracia y humor, haciendo de todo por mostrar que tienes estilo y eres un apuesto caballero, exhibiendo tu atractivo... Si te exhibes así, ¿qué estás haciendo realmente? (Seducir). Ahora bien, esta clase de conducta seductora, ¿es noble o espantosa? (Espantosa). En este punto ya no hay dignidad.

Extracto de ‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (9)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Mucha gente preferiría ser condenada al infierno que hablar y actuar con honestidad. No es de extrañar que Yo tenga otro trato reservado para aquellos que son deshonestos. Por supuesto, sé muy bien lo difícil que es para vosotros ser honestos. Como todos sois tan inteligentes, tan buenos para juzgar a la gente con vuestra mezquina vara de medir, esto hace Mi obra mucho más simple. Y puesto que cada uno de vosotros alberga secretos en su corazón, entonces os enviaré uno por uno al desastre para ser “instruidos” por el fuego, para que a partir de ese momento creáis a muerte en Mis palabras. Por último, arrancaré de vuestra boca las palabras “Dios es un Dios fiel”, tras lo cual os golpearéis el pecho y os lamentaréis, diciendo: “¡Tortuoso es el corazón del hombre!”. ¿Cuál será vuestro estado de ánimo en ese momento? Me imagino que no seréis tan triunfantes como sois ahora y que, mucho menos, seréis tan “profundos y abstrusos”. En presencia de Dios, algunas personas son mojigatas y decentes, se esfuerzan por ser “bien educados”, pero sacan los colmillos y blanden sus garras en presencia del Espíritu. ¿Contaríais a esas personas en las filas de los honestos? Si eres un hipócrita, alguien con habilidad para las “relaciones interpersonales”, entonces Yo te digo que definitivamente eres alguien que intenta jugar con Dios. Si tus palabras están llenas de excusas y justificaciones que nada valen, entonces Yo te digo que eres alguien muy poco dispuesto a practicar la verdad. Si tienes muchas confidencias que eres reacio a compartir, si eres tan reticente a dejar al descubierto tus secretos, tus dificultades, ante los demás para buscar el camino de la luz, entonces digo que eres alguien que no logrará la salvación fácilmente ni saldrá de las tinieblas con facilidad.

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

Vuestra fe es muy hermosa; decís que estáis dispuestos a dedicar vuestra vida a Mi obra, y que estáis dispuestos a sacrificar vuestras vidas por ella, pero vuestro carácter no ha cambiado mucho. Sólo ha habido palabras arrogantes, y vuestras acciones reales son muy miserables. Parece que la lengua y los labios están en el cielo, pero las piernas lejos en la tierra, por lo que las palabras, los hechos y la reputación siguen estando en una condición terrible. Vuestra reputación ha sido destruida, vuestro comportamiento es degradante, vuestra forma de hablar es pobre, vuestra vida despreciable, e incluso toda vuestra humanidad es inferior. Sois estrechos de miras con las personas y regateáis por toda cosa pequeña. Discutís por vuestra propia reputación y estatus, incluso hasta el punto de estar dispuestos a descender al infierno, al lago de fuego. Vuestras palabras y hechos actuales son suficientes para Yo poder determinar que sois pecadores. Vuestra actitud hacia Mi obra es suficiente para que Yo determine que sois injustos, y todas vuestras actitudes son suficientes para decir que sois almas inmundas llenas de abominaciones. Vuestras manifestaciones, y lo que reveláis, son adecuados para decir que sois personas que han bebido bastante de la sangre de los espíritus inmundos. Cuando se habla de entrar en el reino no traicionáis vuestros sentimientos. ¿Creéis que la forma en que sois ahora es adecuada para que entréis por la puerta de Mi reino de los cielos? ¿Creéis que podéis obtener la entrada en la tierra santa de Mi obra y palabras, sin que vuestras palabras y hechos pasen por Mi prueba? ¿Quién es capaz de engañar Mis dos ojos con éxito? ¿Cómo podrían escapar de Mi vista vuestras conductas y vuestras conversaciones despreciables, bajas? Yo he determinado vuestras vidas como vidas que beben la sangre de esos espíritus inmundos, y comen su carne, porque adoptáis su aspecto ante Mí cada día. Vuestra conducta era particularmente mala delante de Mí, ¿cómo no iba Yo a sentir repugnancia entonces? Las impurezas de los espíritus inmundos están en lo que decís: sonsacáis, ocultáis y aduláis, igual que lo hacen quienes participan en brujería y como quienes son traidores y beben la sangre de los injustos. Todas las manifestaciones de la humanidad son muy injustas; ¿cómo se puede colocar a todas las personas en la tierra santa donde están los justos? ¿Piensas que esa conducta despreciable tuya puede distinguirte como santo de esos injustos? Esa lengua de serpiente tuya arruinará finalmente tu carne que causa destrucción, y lleva a cabo abominaciones; y esas manos tuyas que están cubiertas con la sangre de espíritus inmundos también empujarán finalmente a tu alma al infierno. ¿Por qué no aprovechas esta oportunidad de purificar tus manos que están cubiertas de inmundicia? ¿Y por qué no aprovechas esta oportunidad de cortar esa lengua tuya que habla palabras injustas? ¿Podría ser que estés dispuesto a sufrir bajo las llamas del infierno por tus dos manos, tu lengua y tus labios? Yo vigilo el corazón de todas las personas con Mis dos ojos, porque mucho antes de crear la humanidad, había agarrado su corazón con Mis manos. Hace mucho vi a través del corazón del hombre, ¿cómo podrían escapar a Mis ojos los pensamientos del corazón del hombre? ¿Y cómo podrían estar a tiempo de escapar del fuego de Mi Espíritu?

Extracto de ‘¡Sois todos muy básicos en vuestro carácter!’ en “La Palabra manifestada en carne”

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