156. Principios de la obediencia a Dios

(1) Es preciso someterse a la autoridad de las palabras de Dios. Las palabras de Dios son supremas sobremanera; son la orden y el mandamiento más elevados y se les debe obediencia absoluta.

(2) Es preciso someterse a la autoridad de Cristo y aceptar y someterse a todas Sus palabras y obras. Se ha de afirmar que Cristo es la verdad, el camino y la vida.

(3) Es preciso someterse a la autoridad de la obra del Espíritu Santo y aceptar y someterse a todo aquello que provenga del esclarecimiento, la iluminación y la guía del Espíritu Santo. Se debe rechazar lo que provenga del hombre.

(4) En toda materia se ha de buscar la verdad, el principio. Es preciso comprobar que todo entendimiento de la verdad esté basado en las palabras de Dios y ser capaz de someterse a todas las verdades. Nada más que esto es sometimiento a Dios.

Las palabras relevantes de Dios:

La sumisión a la obra de Dios debe ser tangible real y debe vivirse. La sumisión superficial por sí sola no puede recibir el elogio de Dios, y solamente obedecer los aspectos superficiales de la palabra de Dios, sin buscar el cambio en el propio carácter, no es conforme al corazón de Dios. La obediencia a Dios y la sumisión a Su obra son la misma cosa. Los que sólo se someten a Dios, pero no a Su obra, no pueden considerarse personas obedientes, y, mucho menos, aquellos que no se someten de verdad, sino que son aduladores por fuera. Aquellos que se someten verdaderamente a Dios pueden sacar provecho de la obra y alcanzar una comprensión del carácter y la obra de Dios. Sólo esas personas se someten verdaderamente a Dios. Tales personas pueden obtener un nuevo conocimiento y experimentar nuevos cambios a partir de la nueva obra. Sólo estas personas son elogiadas por Dios; sólo estas personas son perfeccionadas, y son sólo ellas cuyo carácter ha cambiado. Los que son elogiados por Dios son los que se someten de buen grado a Él, así como a Su palabra y Su obra. Sólo esas personas están en lo correcto; sólo esta clase de personas desean sinceramente a Dios y lo buscan sinceramente.

Extracto de ‘Los que obedecen a Dios con un corazón sincero, con seguridad serán ganados por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Durante el tiempo de Dios en la carne, la sumisión que Él exige de las personas no implica abstenerse de emitir juicios ni resistirse, como ellos imaginan, sino que Él exige que las personas usen Sus palabras como principio para vivir y el fundamento de su supervivencia, que pongan absolutamente en práctica la esencia de Sus palabras, y que satisfagan por completo Su voluntad. Un aspecto de exigir que las personas se sometan al Dios encarnado se refiere a poner en práctica Sus palabras, mientras que el otro se refiere a ser capaz de someterse a Su normalidad y Su practicidad. Ambos deben ser absolutos. Los que pueden lograr ambos aspectos son todos aquellos que albergan en su corazón un amor genuino por Dios. Todas ellas son personas que Dios ha ganado, y que lo aman como a su propia vida.

Extracto de ‘Aquellos que de verdad aman a Dios son los que pueden someterse completamente a Su practicidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

El elemento clave para obedecer a Dios es apreciar la nueva luz y ser capaz de aceptarla y ponerla en práctica. Sólo esto es la verdadera obediencia. Los que carecen de la voluntad de anhelar a Dios son incapaces de someterse intencionadamente a Él, y sólo se pueden oponer a Dios como resultado de su satisfacción con el estatus quo. Que el hombre no pueda obedecer a Dios se debe a que lo posee lo que antes fue. Las cosas que vinieron antes les han dado a las personas todo tipo de nociones e imaginaciones acerca de Dios, y estas se han convertido en la imagen de Dios que tienen en su mente. Por lo tanto, en lo que creen es en sus propias nociones y en los estándares de su propia imaginación. Si mides al Dios que hace una obra real el día de hoy contra el Dios de tu propia imaginación, entonces tu fe proviene de Satanás y está manchada con tus propias preferencias; Dios no quiere esta clase de fe. Independientemente de lo elevadas que sean sus credenciales e independientemente de su entrega, incluso si han dedicado toda una vida de esfuerzos a Su obra y se han martirizado, Dios no aprueba a nadie que tenga una fe como esta. Él sólo les concede un poco de gracia y les permite disfrutarla por un tiempo. Personas como estas no pueden poner en práctica la verdad. El Espíritu Santo no obra en su interior y Dios las eliminará a cada una de ellas, una por una. Sean viejos o jóvenes, los que no obedecen a Dios en su fe y tienen las intenciones equivocadas son los que se oponen e interrumpen, y Dios eliminará indiscutiblemente a esas personas. Los que no tienen la más mínima obediencia a Dios, que sólo reconocen Su nombre y tienen cierta idea de Su bondad y hermosura, pero que no mantienen el ritmo de los pasos del Espíritu Santo, y no obedecen la obra y las palabras presentes del Espíritu Santo, esas personas viven en medio de la gracia de Dios y Dios ni las ganará ni las perfeccionará. Dios hace perfectas a las personas por medio de su obediencia, por medio de su comer, beber y disfrutar las palabras de Dios y por medio del sufrimiento y refinamiento en sus vidas. Sólo por medio de una fe como esta el carácter de las personas puede cambiar, y sólo entonces pueden poseer el conocimiento verdadero de Dios. No estar satisfechos con vivir en medio de la gracia de Dios, anhelar de un modo activo la verdad, buscar la verdad y ser ganados por Dios, esto es lo que quiere decir obedecer conscientemente a Dios y esta es precisamente la clase de fe que Él quiere. Las personas que no hacen nada más que disfrutar la gracia de Dios no pueden ser perfeccionadas o cambiadas, y su obediencia, su piedad, su amor y su paciencia, todo es superficial. Las que sólo disfrutan la gracia de Dios no pueden conocer a Dios realmente, e incluso cuando conocen a Dios, su conocimiento es superficial, y dicen cosas como que “Dios ama al hombre” o que “Dios es compasivo con el hombre”. Esto no representa la vida del hombre y no demuestra que las personas conozcan verdaderamente a Dios. Si, cuando las palabras de Dios las refinan, o cuando Sus pruebas vienen sobre ellas, las personas no pueden obedecer a Dios —si, en cambio, se vuelven indecisas y caen— entonces no son obedientes en lo más mínimo. Dentro de ellas hay muchas reglas y restricciones acerca de la fe en Dios; viejas experiencias que son el resultado de muchos años de fe o varias doctrinas que se basan en la Biblia. ¿Personas como estas podrían obedecer a Dios? Estas personas están llenas de cosas humanas, ¿cómo podrían obedecer a Dios? Su “obediencia” va de acuerdo a sus preferencias personales, ¿querría Dios una obediencia como esa? Esto no es obedecer a Dios, sino adhesión a la doctrina, es satisfacerte y apaciguarte a ti mismo. Si dices que esto es obediencia a Dios, ¿acaso no blasfemas contra Él?

Extracto de ‘Deberías obedecer a Dios al creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si la gente puede desapegarse de las nociones religiosas, entonces no usará su mente para medir las palabras y la obra de Dios del presente, sino que obedecerá directamente. A pesar de que hoy en día la obra de Dios es manifiestamente diferente a la del pasado, todavía puedes desprenderte de los puntos de vista del pasado y obedecer directamente la obra de Dios en la actualidad. Si eres capaz de entender que debes dar honor a la obra de Dios del presente sin importar cómo fue Su obra en el pasado, entonces eres alguien que se ha desprendido de sus nociones, que obedece a Dios, que puede obedecer la obra y las palabras de Dios y que sigue Sus pasos. En este sentido, serás una persona que en verdad obedece a Dios. No analizas ni estudias la obra de Dios; es como si Dios hubiera olvidado Su obra anterior, y como si tú también la hubieras olvidado. El presente es el presente y el pasado es el pasado, y ya que hoy Dios ha puesto a un lado lo que Él hizo en el pasado, tú no deberías permanecer ahí. Solo una persona así obedece a Dios completamente y se ha desapegado por completo de sus nociones religiosas.

Extracto de ‘Solo pueden servir a Dios los que conocen Su obra de hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”

Como crees en Dios, debes poner tu fe en todas las palabras de Dios y en toda Su obra. Es decir, como crees en Dios, debes obedecerle. Si no puedes hacerlo, entonces no importa si crees en Dios o no. Si has creído en Dios por muchos años, pero nunca le has obedecido y no aceptas todas Sus palabras, y, en cambio, le pides que se someta a ti y actúe según tus propias nociones, entonces eres el más rebelde de todos; eres un incrédulo. ¿Cómo podría una persona así obedecer la obra y las palabras de Dios que no se ajustan a las nociones del hombre? Los más rebeldes de todos son los que intencionalmente desafían a Dios y se le resisten. Ellos son los enemigos de Dios y los anticristos. Su actitud siempre es de hostilidad hacia la nueva obra de Dios; nunca tienen la mínima disposición de someterse y jamás se han sometido o humillado de buen grado. Ellos se exaltan a sí mismos ante los demás y nunca se someten a nadie. Delante de Dios, consideran que son los mejores para predicar la palabra y los más hábiles para obrar en los demás. Nunca desechan los “tesoros” que poseen, sino que los tratan como herencias familiares para adorar, para predicar al respecto a los demás, y los usan para sermonear a los necios que los idolatran. De hecho, hay una cierta cantidad de personas de esta clase en la iglesia. Se podría decir que son “héroes indómitos”, que, generación tras generación, residen temporalmente en la casa de Dios. Consideran que predicar la palabra (doctrina) es su tarea suprema. Año tras año y generación tras generación, se dedican vehementemente a hacer que su deber “sagrado e inquebrantable” se cumpla. Nadie se atreve a tocarlos; ni una sola persona se atreve a reprenderlos abiertamente. Se convierten en “reyes” en la casa de Dios y causan estragos mientras oprimen a los demás de una era a otra. Este grupo de demonios busca unirse y derribar Mi obra; ¿cómo puedo permitir que estos demonios vivientes existan delante de Mis ojos? Ni siquiera quienes obedecen a medias pueden seguir hasta el final, ¡cuánto menos estos tiranos que no tienen ni una pizca de obediencia en su corazón!

Extracto de ‘Los que obedecen a Dios con un corazón sincero, con seguridad serán ganados por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Todos los que no buscan la obediencia a Dios en su fe están en contra de Él. Dios pide que las personas busquen la verdad, que tengan sed de las palabras de Dios, coman y beban de Sus palabras y que las pongan en práctica para que puedan lograr la obediencia a Dios. Si estas son tus verdaderas intenciones, entonces con toda seguridad Dios te elevará y con toda seguridad será misericordioso contigo. Esto es indudable y no se puede cambiar. Si tu intención no es obedecer a Dios, y si tienes otras metas, entonces todo lo que digas y hagas, tus oraciones ante Dios e incluso cada una de tus acciones, estará en contra de Él. Puedes ser de voz suave y de trato afable, cada una de tus acciones y expresiones pueden parecer apropiadas, y puedes parecer alguien que obedece, pero cuando se trata de tus intenciones y tus puntos de vista acerca de la fe en Dios, todo lo que haces está en contra de Él, todo lo que haces es malvado. Las personas que parecen tan obedientes como corderos, pero cuyo corazón alberga malas intenciones, son lobos con piel de cordero. Ofenden directamente a Dios y Dios no perdonará a ni una sola de ellas. El Espíritu Santo revelará a todas y cada una de ellas y le mostrará a todo el mundo que todos los que son hipócritas serán, con certeza, detestados y rechazados por el Espíritu Santo. No te preocupes: Dios se encargará y dispondrá de cada una de ellas, una por una.

Extracto de ‘Deberías obedecer a Dios al creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Yo soy un fuego consumidor, y no tolero la ofensa. Porque los seres humanos fueron todos creados por Mí, tienen que obedecer lo que Yo digo y hago, y no pueden rebelarse. Las personas no tienen derecho de entrometerse en Mi obra y más aún, no están cualificadas para analizar lo que está bien o mal en Mi obra ni en Mis palabras. Yo soy el Señor de la creación, y los seres creados deberían lograr todo lo que Yo exijo, con un corazón de reverencia hacia Mí; no deberían intentar razonar conmigo y, en especial, no deberían resistirse. Con Mi autoridad gobierno a Mi pueblo, y todos los que forman parte de Mi creación deberían someterse a Mi autoridad.

Extracto de ‘Cuando las hojas caídas regresen a sus raíces, lamentarás todo el mal que has hecho’ en “La Palabra manifestada en carne”

A la hora de determinar si las personas pueden obedecer a Dios o no, el aspecto clave a considerar es si desean algo extravagante de Dios y si tienen o no motivaciones ocultas. Si las personas siempre están haciéndole peticiones a Dios, eso demuestra que no le son obedientes. Te suceda lo que te suceda, si no puedes recibirlo de Dios, si no puedes buscar la verdad, si siempre hablas desde tu razonamiento subjetivo y siempre sientes que solo tú tienes la razón e, incluso, eres igualmente capaz de dudar de Dios, tendrás problemas. Esas personas son las más arrogantes y rebeldes hacia Dios. La gente que siempre le exige a Dios nunca puede obedecerlo de verdad. Si le haces peticiones a Dios, esto prueba que estás haciendo un trato con Él, que estás eligiendo tus propios pensamientos y actuando según tus propios pensamientos. En este sentido, traicionas a Dios y no tienes obediencia. No tiene sentido ponerle exigencias a Dios; si creyeras de verdad en Él y que Él es realmente Dios, no te atreverías a ponerle exigencias ni estarías cualificado para hacerlo, fueran éstas razonables o no. Si tu fe es verdadera, y crees que Él es Dios, no tendrás otra elección que adorarlo y obedecerle. Hoy las personas no solo tienen una opción, sino que incluso exigen que Dios actúe de acuerdo con sus propios pensamientos. Escogen sus propios pensamientos y piden que Dios actúe de acuerdo con estos, y ellos no se exigen a sí mismos actuar de acuerdo con los pensamientos de Dios. Así pues, no hay una fe verdadera dentro de ellas ni tampoco ninguna esencia en su fe. Cuando eres capaz de ponerle menos exigencias a Dios, tu verdadera fe y obediencia aumentarán, y tu sentido de la razón también se volverá comparativamente normal.

Extracto de ‘Las personas le ponen demasiadas exigencias a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Cuando se afrontan los problemas de la vida real, ¿cómo deberías conocer y entender la autoridad de Dios y Su soberanía? Cuando te enfrentes a estos problemas y no sepas cómo entender, gestionar ni experimentarlos, ¿qué actitud deberías adoptar para demostrar tu intención de someterte, tu deseo de someterte y la realidad de tu sumisión a la soberanía y las disposiciones de Dios? Primero debes aprender a esperar; después, debes aprender a buscar y, después, debes aprender a someterte. “Esperar” significa esperar el tiempo de Dios, a las personas, los acontecimientos y las cosas que Él ha organizado para ti, esperar que Su voluntad se revele gradualmente para ti. “Buscar” significa observar y entender las intenciones reflexivas de Dios para ti por medio de las personas, los acontecimientos y las cosas que Él ha establecido, entender la verdad a través de ellos, entender lo que los humanos deben cumplir y el camino que deben mantener, entender qué resultados quiere obtener Dios en los humanos y qué logros quiere conseguir en ellos. “Someterse”, por supuesto, se refiere a aceptar a las personas, los acontecimientos y las cosas que Dios ha orquestado, aceptar Su soberanía y, por medio de ella, llegar a conocer cómo dicta el Creador el destino del hombre, cómo provee al hombre con Su vida, cómo obra la verdad dentro del hombre. Todas las cosas bajo las disposiciones y la soberanía de Dios obedecen leyes naturales y, si te decides a dejar que Dios organice y dicte todo para ti, debes aprender a esperar, a buscar y a someterte. Esta es la actitud que toda persona que quiere someterse a la autoridad de Dios debe adoptar, la cualidad básica que debe poseer toda persona que quiere aceptar la soberanía y las disposiciones de Dios. Para tener tal actitud, para poseer tal cualidad, debéis trabajar más duro. Esta es la única manera de que podáis entrar en la verdadera realidad.

Extracto de ‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando hizo lo que Dios le ordenó no conocía Sus intenciones. No sabía lo que Él quería llevar a cabo. Dios sólo le había dado un mandato y le había ordenado hacer algo, y sin proporcionarle demasiada explicación, Noé siguió adelante y lo hizo. No intentó descifrar secretamente los propósitos de Dios ni se resistió a Él, ni mostró falta de sinceridad. Sólo fue y actuó en consecuencia, con un corazón puro y simple. Hizo todo lo que Dios le permitió hacer; obedecerle y escucharle sostuvieron su fe en lo que hizo. Así fue como lidió de forma directa y simple con lo que Dios le encargó. Su esencia, la esencia de sus acciones, fue la obediencia, no cuestionar, no resistirse y, además, no pensar en sus propios intereses personales ni en sus ganancias y pérdidas. Además, cuando Dios dijo que destruiría el mundo con un diluvio, Noé no preguntó cuándo lo haría ni qué sería de las cosas, y desde luego no le preguntó a Dios cómo iba a destruir el mundo. Simplemente hizo lo que Dios ordenó. Comoquiera que Dios quisiera hacerlo y con el medio que deseara, él siguió al pie de la letra lo que Dios le pidió y, de inmediato, emprendió acción. Actuó de acuerdo con las instrucciones de Dios con la actitud de querer satisfacer a Dios. ¿Lo hacía para ayudarse a sí mismo a evitar el desastre? No. ¿Le preguntó a Dios cuánto faltaba para que el mundo fuese destruido? No. ¿Le preguntó a Dios o acaso sabía cuánto tardaría en construir el arca? Tampoco lo sabía. Simplemente obedeció, escuchó, y actuó en consecuencia.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

En su creencia en Dios, Pedro buscó satisfacerle en todas las cosas y obedecer todo lo que viniera de Él. Sin la más mínima queja, fue capaz de aceptar el castigo y el juicio, así como el refinamiento, la tribulación y la necesidad en su vida, nada de lo cual pudo alterar su amor a Dios. ¿No era este el máximo amor a Dios? ¿No era esto el cumplimiento del deber de una criatura de Dios? Ya sea en el castigo, el juicio o la tribulación, siempre eres capaz de lograr la obediencia hasta la muerte y esto es lo que debe conseguir una criatura de Dios; esta es la pureza del amor a Dios. Si el hombre puede conseguir un tanto así, es una criatura calificada de Dios y no hay nada que satisfaga más el deseo del Creador. Imagina que eres capaz de obrar para Dios, pero no le obedeces y eres incapaz de amarle verdaderamente. De esta forma, no sólo no habrás cumplido el deber de una criatura de Dios, sino que Él también te condenará, porque eres alguien que no posee la verdad, que es incapaz de obedecerle y es desobediente a Dios. Sólo te preocupas de obrar para Dios y no de poner en práctica la verdad ni de conocerte a ti mismo. No entiendes ni conoces al Creador y no le obedeces ni le amas. Eres una persona que es desobediente a Dios de manera innata, y el Creador no ama a tales personas.

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dar un testimonio contundente de Dios tiene relación principalmente con que tengas o no un entendimiento del Dios práctico, y con que seas o no capaz de someterte ante esa persona que no sólo es corriente, sino normal, e incluso someterte hasta la muerte. Si mediante esta sumisión das de verdad un testimonio de Dios, eso significa que Dios te ha obtenido. Si puedes someterte hasta la muerte y estar libre de quejas ante Él, no emitir juicios, no difamar, no tener nociones ni ningún otro propósito, entonces de esta forma Dios obtendrá gloria. La sumisión ante una persona corriente, a la que el hombre mira con desprecio, y ser capaz de someterte hasta la muerte sin noción alguna, esto es un testimonio verdadero. La realidad a la que Dios exige que entren las personas es ser capaz de obedecer Sus palabras, de ponerlas en práctica, de inclinarse ante el Dios práctico y conocer la propia corrupción; ser capaz de abrir el corazón ante Él y, al final, ser ganado por Él a través de estas palabras suyas. Dios obtiene gloria cuando estas declaraciones te conquistan y te hacen totalmente obediente a Él; a través de esto, Él avergüenza a Satanás, y completa Su obra. Cuando tú no tienes nociones sobre la practicidad del Dios encarnado, es decir, cuando te has mantenido firme en esta prueba, entonces has dado un buen testimonio. Si llega un día en el que tienes un entendimiento pleno del Dios práctico y puedes someterte hasta la muerte como hizo Pedro, entonces Dios te ganará y te perfeccionará. Cualquier cosa que Dios hace, que no está en sintonía con tus nociones, es una prueba para ti. Si la obra de Dios estuviera en sintonía con tus nociones no te exigiría que sufrieras ni que fueras refinado. Su obra exige que abandones tales nociones, porque es muy práctica, y no está en sintonía con estas. Por esta razón es una prueba para ti. Todas las personas se hallan en medio de pruebas por la practicidad de Dios; Su obra es práctica, no sobrenatural. Al entender plenamente Sus palabras y Sus declaraciones prácticas sin noción alguna, y al ser capaz de amarlo a medida que Su obra se hace más práctica, Él te ganará. El grupo de personas a los que Dios ganará son aquellos que conocen a Dios, es decir, los que conocen Su practicidad. Es más, son aquellos capaces de someterse a la obra práctica de Dios.

Extracto de ‘Aquellos que de verdad aman a Dios son los que pueden someterse completamente a Su practicidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

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