161. Principios de obediencia al hombre utilizado por el Espíritu Santo

(1) En toda labor y todo asunto de la iglesia hay que remitirse estrictamente al hombre utilizado por el Espíritu Santo y no cuestionarlo. Es una disposición administrativa de Dios.

(2) Es preciso aceptar y someterse al liderazgo, riego y pastoreo del hombre utilizado por el Espíritu Santo y cumplir con el deber acatando estrictamente la organización del trabajo. Solo así se satisface la voluntad de Dios.

(3) Hay que reconocer que el liderazgo del hombre utilizado por el Espíritu Santo es la misma vía por la que el Espíritu Santo obra y guía al pueblo escogido de Dios. Al hacerlo se está tomando el buen camino de la fe en Dios.

(4) Nunca se ha de suplantar a Dios en el corazón idolatrando y admirando al hombre utilizado por el Espíritu Santo. Al creer en Dios únicamente hay que enaltecer Su grandeza y someterse a Sus disposiciones administrativas.

Las palabras relevantes de Dios:

Nadie es capaz de vivir independientemente, excepto a los que el Espíritu Santo les da una dirección y guía especiales, porque necesitan el ministerio y el pastoreo de aquellos a quienes Dios usa. Por lo tanto, en cada época Dios levanta a personas diferentes que se apresuren y se ocupen de pastorear las iglesias por el bien de Su obra. Es decir, la obra de Dios se debe hacer a través de aquellos a quienes Él ve favorablemente y aprueba; el Espíritu Santo debe usar la parte dentro de ellos que es digna de usarse con el fin de que el Espíritu Santo obre y Dios los hace aptos para usarlos a través del perfeccionamiento del Espíritu Santo. Como la capacidad del hombre para entender es demasiado escasa, debe ser pastoreado por aquellos a quienes Dios usa; fue lo mismo con la manera en que Dios usó a Moisés, en quien encontró mucho que era adecuado para el uso en ese momento y a quien Él usó para hacer la obra de Dios durante esa etapa. En esta etapa, Dios usa a un hombre aprovechando al mismo tiempo la parte de él que el Espíritu Santo puede usar con el propósito de hacer la obra, y el Espíritu Santo lo dirige y al mismo tiempo perfecciona el resto de la parte inutilizable.

La obra que lleva a cabo aquel a quien Dios usa es con el fin de cooperar con la obra de Cristo o del Espíritu Santo. Dios levanta a este hombre entre los hombres, está ahí para liderar a todos los escogidos de Dios y Dios también lo levanta para hacer la obra de la cooperación humana. Con alguien así, que sea capaz de hacer la obra de la cooperación humana, se puede lograr a través de él más de las exigencias que Dios le hace al hombre y de la obra que el Espíritu Santo debe hacer entre los hombres. Otra manera de decirlo es esta: La meta de Dios al usar a este hombre es para que todos los que siguen a Dios puedan entender mejor la voluntad de Dios y puedan alcanzar más de las exigencias de Dios. Como las personas no pueden entender directamente las palabras de Dios o la voluntad de Dios, Dios ha levantado a alguien que es usado para que lleve a cabo esa obra. Esta persona que Dios usa también se puede describir como un medio a través del cual Dios guía a las personas, como el “traductor” que se comunica entre Dios y el hombre. Así, tal hombre es diferente a cualquiera de aquellos que obran en la casa de Dios o que son Sus apóstoles. Como aquellos, se puede decir que es alguien que sirve a Dios, pero en la esencia de su obra y en el trasfondo de cómo Dios lo usa, difiere grandemente de los otros obreros y apóstoles. En términos de la esencia de su obra y del trasfondo de su uso, al hombre que Dios usa Él lo levanta; Dios lo prepara para la obra de Dios y él coopera en la obra de Dios mismo. Ninguna persona podría hacer su obra en su lugar, esta es la cooperación humana la que es indispensable junto a la obra divina. La obra que llevan a cabo otros obreros o apóstoles, mientras tanto, no es sino el medio de transporte y la implementación de los muchos aspectos de los arreglos para las iglesias durante cada periodo, o bien la obra de alguna simple provisión de vida con el fin de mantener la vida de la iglesia. A estos obreros y apóstoles Dios no los designa, mucho menos se les puede calificar como los que son usados por el Espíritu Santo. Son seleccionados de entre las iglesias y, después de que han sido entrenados y trabajados por un periodo de tiempo, los que son aptos quedan, mientras que los que no son aptos son enviados de regreso al lugar de donde vinieron. Como estas personas son seleccionadas de entre las iglesias, algunos muestran quiénes realmente son después de volverse líderes y otros incluso hacen muchas cosas malas y terminan siendo eliminados. El hombre que Dios usa, por otro lado, es alguien que Dios ha preparado y que posee un cierto calibre y que tiene humanidad. El Espíritu Santo lo ha preparado y lo ha perfeccionado de antemano, y el Espíritu Santo lo guía por completo y, sobre todo cuando se trata de su obra, el Espíritu Santo lo dirige y le gobierna, como resultado de esto no hay desviación en la senda de guiar a los escogidos de Dios porque Dios seguramente se hace responsable de Su propia obra y Dios hace Su propia obra en todo momento.

de ‘Acerca del uso que Dios hace del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

7. En el trabajo y los asuntos de la iglesia, además de obedecer a Dios, debes seguir las instrucciones del hombre usado por el Espíritu Santo en todas las cosas. Incluso la más mínima infracción es inaceptable. Cumple de manera absoluta, y no analices lo correcto e incorrecto; lo que sea correcto e incorrecto no tiene nada que ver contigo. Solo preocúpate por la obediencia total.

8. Las personas que creen en Dios deben obedecerle y adorarle. No exaltes ni admires a ninguna persona; no pongas a Dios primero Dios, las pesonas a las que admiras en el segundo y en el tercero a ti. Ninguna persona debe tener un lugar en tu corazón y no debes considerar a las personas, particularmente a las que veneras, a la par de Dios o como Sus iguales. Esto es intolerable para Él.

Extracto de ‘Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas deben apegarse a los muchos deberes que deben cumplir. Esto es a lo que la gente debe apegarse y lo que debe llevar a cabo. Dejad que el Espíritu Santo haga lo que debe ser hecho por el Espíritu Santo; el hombre no puede tener parte en ello. El hombre debe apegarse a lo que debe ser hecho por el hombre, lo cual no guarda relación alguna con el Espíritu Santo. Sólo eso es lo que el hombre debería hacer y debe estar apegado a ello de acuerdo con el mandamiento, al igual que la adhesión a la ley en el Antiguo Testamento. A pesar de que no estamos en la Era de la Ley, todavía hay muchas palabras a las que hay que apegarse que son las mismas palabras amables de las que se habló en la Era de la Ley. Estas palabras no se llevan a cabo simplemente confiando en ser tocados por el Espíritu Santo, sino que son algo a lo que el hombre de apegarse. Por ejemplo: no emitirás juicio sobre la obra del Dios práctico. No te opondrás al hombre de quien Dios ha dado testimonio. Ante Dios, guardarás compostura y no serás disoluto. Debes ser moderado en tu discurso, y tus palabras y acciones deben seguir las disposiciones del hombre de quien Dios ha dado testimonio. Debes reverenciar el testimonio de Dios. No ignorarás la obra de Dios ni las palabras de Su boca. No imitarás el tono y los objetivos de las declaraciones de Dios. Externamente, no harás nada que se oponga de manera manifiesta al hombre de quien Dios ha dado testimonio. Y así sucesivamente. Estas son a las que cada persona debe apegarse. […]

[…] Nadie puede colocarse en el lugar del hombre de quien Dios ha dado testimonio; en tus palabras, acciones y pensamientos más íntimos, te colocas en la posición del hombre. Esto debe ser respetado, es responsabilidad del hombre, y nadie puede alterarlo; de hacerlo se violarían los decretos administrativos. Todos deben recordar esto.

Extracto de ‘Los mandamientos de la nueva era’ en “La Palabra manifestada en carne”

La palabra de Dios no puede hacerse pasar por la del hombre, y menos aún puede hacer uno que la palabra del hombre sea la de Dios. Un hombre usado por Dios no es el Dios encarnado, y el Dios encarnado no es un hombre usado por Dios. En esto, hay una diferencia esencial. Tal vez después de leer estas palabras no las reconozcas como palabras de Dios, sino sólo como el esclarecimiento que un hombre ha obtenido. En ese caso, eres demasiado ignorante. ¿Cómo pueden ser las palabras de Dios lo mismo que el esclarecimiento que un hombre ha obtenido? Las palabras del Dios encarnado abren una nueva era, guían a toda la humanidad, revelan misterios y le muestran al ser humano la dirección que ha de tomar en la nueva era. La iluminación obtenida por el hombre no es otra cosa que simples instrucciones para la práctica o el conocimiento. No puede guiar a toda la humanidad a una nueva era ni revelar el misterio de Dios mismo. A final de cuentas, Dios es Dios, y el hombre es hombre. Dios tiene la esencia de Dios y el hombre la del hombre.

Extracto de ‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”

La naturaleza innata del hombre es incapaz de representar directamente a Dios; debe despojarse de su naturaleza innata a través de la perfección de Dios y sólo entonces, sólo cuidando de la voluntad de Dios, al cumplir las intenciones de Dios y además someterse a la obra del Espíritu Santo, lo que vive puede ser aprobado por Dios. Nadie que viva en la carne puede representar directamente a Dios, salvo el hombre usado por el Espíritu Santo. Sin embargo, ni siquiera de una persona así puede decirse que su carácter y lo que vive representen por completo a Dios; sólo puede decirse que el Espíritu Santo gobierna lo que vive. Este tipo de carácter no puede representar a Dios.

Aunque Dios predestina el carácter del hombre, esto es incuestionable y puede considerarse una cosa positiva, Satanás lo ha procesado, y por tanto todo el carácter del hombre es el de Satanás. Algunas personas afirman que el carácter de Dios ha de ser directo en Su obra, y que esto también se manifiesta en ellos, que su carácter también es así, y por tanto dicen que su carácter representa a Dios. ¿Qué tipo de personas son estas? ¿Puede el carácter satánico corrupto representar a Dios? ¡Cualquiera que declare que su carácter representa a Dios, blasfema a Dios e insulta al Espíritu Santo! El método mediante el cual obra el Espíritu Santo muestra que la obra de Dios sobre la tierra es sólo la obra de conquista. Como tal, las muchas actitudes satánicas del hombre tienen que ser purificadas, lo que el hombre vive sigue siendo la imagen de Satanás, Es lo que el hombre cree que es bueno, y representa los hechos de su carne; para ser más precisos, representa a Satanás y no puede representar en absoluto a Dios. Aunque alguien ame ya a Dios hasta el extremo de ser capaz de disfrutar una vida del cielo en la tierra, pueden hacer declaraciones como: “¡Dios! No puedo amarte lo suficiente”, y ha alcanzado la esfera más alta, todavía no puede decirse que viva o represente a Dios, porque la esencia del hombre es diferente a la de Él y el hombre nunca puede vivir a Dios y mucho menos volverse Dios. Lo que el hombre vive bajo la dirección del Espíritu Santo sólo está de acuerdo con lo que Dios demanda del hombre.

Extracto de ‘El hombre corrupto no es capaz de representar a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

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