160. Principios de observancia de los decretos administrativos y mandamientos de Dios

(1) Es preciso entender la esencia y el verdadero significado de los decretos administrativos y mandamientos. Hay que comprender la voluntad de Dios y venerarlo de corazón para no ofender Su carácter.

(2) Es preciso buscar la verdad y conocer el carácter de Dios a través de Sus decretos administrativos y mandamientos. Hay que llegar a ser realmente capaz de observarlos.

(3) Es preciso conocer las propias vulnerabilidades y debilidades vitales para plantearse unos principios de práctica, lo que garantizará la fidelidad a los decretos administrativos y mandamientos de Dios.

(4) Los decretos administrativos y mandamientos de Dios son la máxima revelación de si una persona tiene o no humanidad. Quien no es capaz de observar los decretos administrativos y mandamientos de Dios no tiene humanidad y seguro que será descartado.

Las palabras relevantes de Dios:

(Un capítulo selecto de la Palabra de Dios)

Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino

1. El hombre no debe magnificarse ni exaltarse. Debe adorar y exaltar a Dios.

2. Haz todo lo que sea beneficioso para la obra de Dios y nada que vaya en detrimento de los intereses de la misma. Defiende el nombre, el testimonio y la obra de Dios.

3. El dinero, los objetos materiales y todas las propiedades en la casa de Dios son las ofrendas que los hombres deben dar. Nadie puede disfrutar de estas ofrendas excepto el sacerdote y Dios, porque las ofrendas del hombre son para el gozo de Dios y Él sólo las comparte con el sacerdote; nadie más está cualificado ni tiene derecho a gozar parte alguna de ellas. Todas las ofrendas del hombre (incluido el dinero y las cosas materiales que pueden disfrutarse) se entregan a Dios, no al hombre, por tanto, el hombre no debe disfrutar de estas cosas; si el hombre las disfrutara, entonces estaría robando las ofrendas. Cualquiera que haga esto es un Judas, porque, además de ser un traidor, este también echó mano de lo que se ponía en la bolsa del dinero.

4. El hombre tiene un carácter corrupto y, además, posee emociones. Por tanto, está absolutamente prohibido que dos miembros del sexo opuesto trabajen juntos ellos solos en el servicio a Dios. Cualquiera que sea descubierto haciendo eso será expulsado, sin excepción.

5. No juzgues a Dios ni debatas informalmente asuntos relacionados con Él. Haz lo que el hombre debe hacer y habla como el hombre debe hablar, y no sobrepases tus límites ni traspases fronteras. Guarda tu propia lengua y ten cuidado donde pisas para evitar hacer algo que ofenda el carácter de Dios.

6. Haz lo que el hombre debe hacer y llevar a cabo tus obligaciones y cumplir tus responsabilidades y ceñirte a tu deber. Ya que crees en Dios, debes hacer tu contribución a Su obra; si no lo haces, entonces no eres apto para comer y beber las palabras de Dios, ni para vivir en Su casa.

7. En el trabajo y los asuntos de la iglesia, además de obedecer a Dios, debes seguir las instrucciones del hombre usado por el Espíritu Santo en todas las cosas. Incluso la más mínima infracción es inaceptable. Cumple de manera absoluta, y no analices lo correcto e incorrecto; lo que sea correcto e incorrecto no tiene nada que ver contigo. Solo preocúpate por la obediencia total.

8. Las personas que creen en Dios deben obedecerle y adorarle. No exaltes ni admires a ninguna persona; no pongas a Dios primero Dios, las pesonas a las que admiras en el segundo y en el tercero a ti. Ninguna persona debe tener un lugar en tu corazón y no debes considerar a las personas, particularmente a las que veneras, a la par de Dios o como Sus iguales. Esto es intolerable para Él.

9. Mantén tus pensamientos en el trabajo de la iglesia. Deja de lado las perspectivas de tu propia carne, sé decidido en los asuntos familiares, conságrate sin reservas a la obra de Dios y ponla en primer lugar y tu propia vida en segundo. Esta es la decencia de un santo.

10. Los familiares que no son de la fe (tus hijos, tu marido o esposa, tus hermanas o tus padres, etc.) no deben ser forzados a ir a la iglesia. La casa de Dios no está escasa de miembros y no hay necesidad de maquillar sus cifras con personas que no tienen uso. No se debe llevar a la iglesia a todos aquellos que no creen alegremente. Este decreto va dirigido a todas las personas. Debéis comprobar, monitorear y recordar los unos a los otros y nadie puede violarlo. Incluso cuando los parientes que no son de la fe entran en la iglesia reticentemente, no se les deben dar libros ni un nuevo nombre; tales personas no son de la casa de Dios, y se debe detener su entrada a la iglesia por cualquier medio necesario. Si se traen problemas a la iglesia por la invasión de demonios, entonces tú mismo serás expulsado o se te pondrán restricciones. En resumen, todo el mundo tiene una responsabilidad en este asunto, aunque no debes ser imprudente o usarla para saldar cuentas personales.

de “La Palabra manifestada en carne”

Las personas deben apegarse a los muchos deberes que deben cumplir. Esto es a lo que la gente debe apegarse y lo que debe llevar a cabo. Dejad que el Espíritu Santo haga lo que debe ser hecho por el Espíritu Santo; el hombre no puede tener parte en ello. El hombre debe apegarse a lo que debe ser hecho por el hombre, lo cual no guarda relación alguna con el Espíritu Santo. Sólo eso es lo que el hombre debería hacer y debe estar apegado a ello de acuerdo con el mandamiento, al igual que la adhesión a la ley en el Antiguo Testamento. A pesar de que no estamos en la Era de la Ley, todavía hay muchas palabras a las que hay que apegarse que son las mismas palabras amables de las que se habló en la Era de la Ley. Estas palabras no se llevan a cabo simplemente confiando en ser tocados por el Espíritu Santo, sino que son algo a lo que el hombre de apegarse. Por ejemplo: no emitirás juicio sobre la obra del Dios práctico. No te opondrás al hombre de quien Dios ha dado testimonio. Ante Dios, guardarás compostura y no serás disoluto. Debes ser moderado en tu discurso, y tus palabras y acciones deben seguir las disposiciones del hombre de quien Dios ha dado testimonio. Debes reverenciar el testimonio de Dios. No ignorarás la obra de Dios ni las palabras de Su boca. No imitarás el tono y los objetivos de las declaraciones de Dios. Externamente, no harás nada que se oponga de manera manifiesta al hombre de quien Dios ha dado testimonio. Y así sucesivamente. Estas son a las que cada persona debe apegarse. En cada era, Dios especifica muchas reglas que son afines con las leyes y el hombre debe apegarse a ellas. Por medio de esto, Él refrena el carácter del hombre, y detecta su sinceridad. Por ejemplo, considerad las palabras “Honra a tu padre y a tu madre” de la Era del Antiguo Testamento. Estas palabras no se aplican hoy en día; en aquellos tiempos, simplemente refrenaban ciertos aspectos del carácter externo del hombre, eran utilizadas para demostrar la sinceridad de la creencia del hombre en Dios, y eran un signo de los que creían en Dios. Aunque ahora es la Era del Reino, todavía hay muchas reglas a las que el hombre debe apegarse. Las reglas del pasado no se aplican y, hoy en día, existen muchas y más apropiadas prácticas a ser llevadas a cabo por el hombre, y que son necesarias. No involucran la obra del Espíritu Santo y deben ser hechas por el hombre.

En la Era de la Gracia, muchas de las prácticas de la Era de la Ley fueron descartadas debido a que estas leyes no eran particularmente efectivas para la obra en aquel momento. Después de que fueron descartadas, se establecieron muchas prácticas que fueron adecuadas para la era y que se han convertido en muchas de las reglas de hoy. Cuando llegó el Dios de hoy, estas reglas fueron dejadas de lado, y ya no necesitaron ser cumplidas, y se establecieron muchas prácticas que son adecuadas para la obra del presente. Hoy en día, estas prácticas no son reglas, sino que están orientadas a lograr un efecto; son apropiadas para el presente, y, mañana, tal vez se conviertan en reglas. En resumen, te debes adherir a lo que es fructífero para la obra del presente. No hagas caso del mañana: lo que se haga en el presente es por el bien del presente. Quizá, cuando llegue mañana, habrá mejores prácticas que se te requerirá que lleves a cabo, pero no prestes demasiada atención a eso, sino apégate a lo que debes apegarte el día de hoy a fin de que evites oponerte a Dios. Hoy en día, no hay nada más crucial para el hombre que apegarse a lo siguiente: no debes intentar a adular a Dios que esté frente a tus ojos, o ocultarle nada. No pronunciarás palabras inmundas ni arrogantes delante de Dios que está frente a ti. No engañarás al Dios delante de tus ojos con palabras melosas y lisonjeras con el fin de ganar Su confianza. No actuarás irreverentemente ante Dios. Obedecerás todo lo que sea pronunciado de la boca de Dios, y no te resistirás, te opondrás o cuestionarás Sus palabras. No interpretarás como mejor te parezca las palabras pronunciadas por la boca de Dios. Debes refrenar tu lengua para evitar que ella te convierta en presa de los esquemas engañosos del malvado. Debes proteger tus pasos para evitar transgredir los límites que Dios ha establecido para ti. Si lo haces, esto hará que te pongas en el lugar de Dios y digas palabras pomposas y presumidas y te volverás detestable para Dios. No difundirás con descuido las palabras pronunciadas por boca de Dios, no sea que otros se burlen de ti y los demonios hagan de ti un tonto. Obedecerás toda la obra de Dios del presente. Incluso si no la entiendes, no emitirás juicio alguno sobre ella; todo lo que puedes hacer es buscar y comunicar. Ninguna persona podrá transgredir el lugar original de Dios. No puedes hacer nada más que servir al Dios de hoy desde la postura del hombre. No puedes enseñar al Dios de hoy desde la postura del hombre, hacerlo es desacertado. Nadie puede colocarse en el lugar del hombre de quien Dios ha dado testimonio; en tus palabras, acciones y pensamientos más íntimos, te colocas en la posición del hombre. Esto debe ser respetado, es responsabilidad del hombre, y nadie puede alterarlo; de hacerlo se violarían los decretos administrativos. Todos deben recordar esto.

Extracto de ‘Los mandamientos de la nueva era’ en “La Palabra manifestada en carne”

La gente suele decir que Dios tiene Sus decretos administrativos, y que los usa para castigar a la gente y mantenerla bajo control si es desobediente. Tienen las palabras “decretos administrativos” a menudo en la boca, pero no entienden realmente lo que significan. ¿Qué son los decretos administrativos exactamente? Son una clase de palabras enunciadas por Dios que abordan la naturaleza del hombre y a su carácter corrupto, con el fin de mantener su comportamiento bajo control. Los decretos administrativos no son leyes de Jehová[a] ni un sistema legal, y mucho menos son comparables a las constituciones del mundo del hombre. Son un conjunto de parámetros definidos por Dios con el fin de mantener el comportamiento del hombre bajo control. Se refieren a cómo temer a Dios, cómo adorarlo, cómo obedecerlo, cómo actuar como un ser creado, cómo actuar como una persona, cómo dar testimonio de Dios y cómo no causarle vergüenza a Su nombre. Algunas personas dicen: “El Espíritu de Dios puede hacer cosas. Puede castigar a las personas y devolver a cada una lo que merezca. Además, está la verdad, que guía a todas las personas. ¿Por qué debe haber decretos administrativos?”. La verdad se refiere a la entrada de las personas en la vida; concierne a los estados específicos de su carácter corrupto. Los decretos administrativos son estipulaciones claramente definidas. Cualquiera que sea tu estado, seas la clase de persona que seas, si crees en Dios, debes llevar a cabo todo lo estipulado por los decretos administrativos y, si no puedes, se borrará tu nombre y, a ojos de Dios, te convertirás en un ser detestado y rechazado. Los decretos administrativos, en verdad, son lo mínimo que se les exige a las personas para creer en Dios, como cuando en la Era de la Ley Jehová realizó ciertas obras, dijo muchas palabras y enunció numerosas leyes, y aquellas leyes incluían naturalmente mucho de lo que el hombre debía hacer: por ejemplo, cómo debían temer a Jehová u ofrecerle sacrificios, pagar diezmos y hacer donaciones. En aquella época se llamaban leyes, y en la Era de la Gracia se acabaron llamando mandamientos.

Los mandamientos de la Era de la Gracia no pueden servir como decretos administrativos hoy en día, porque lo que se requiere del hombre en cada era es diferente. Cada era tiene mandamientos, y cada era tiene requerimientos y criterios de Dios para el hombre, y estos cambian según los cambios en la era y en los requerimientos de la obra de Dios. [...] Hoy en día, Dios ha emitido decretos administrativos como corresponde a los estados y necesidades del hombre. Algunos se preguntan: “¿Por qué emitir más decretos administrativos? Ya se ha hecho una vez, y la gente es consciente de ellos y hace lo que se le pide. Con eso debería bastar. ¿Por qué seguir emitiendo otros nuevos?”. Siendo la gente tan corrupta como es ahora, ¿acaso estaría bien no emitir los decretos administrativos? Todas las personas tienen un carácter corrupto y se rigen por su naturaleza; no se da el caso de que una vez aceptan la obra de Dios y son capaces de seguir los mandamientos, se conviertan en santos y justos. No es así como funciona. Las personas viven siempre en medio de su carácter corrupto, por lo que siempre hay necesidad de los correspondientes decretos administrativos para mantener su comportamiento bajo control. Si la gente de verdad infringe estos decretos administrativos, se le puede disciplinar, se le pueden imponer limitaciones o eliminarlas y expulsarlas. Cualquier tipo de consecuencia es posible.

Extracto de ‘Una charla sobre los decretos administrativos de Dios en la Era del Reino’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La clave para guardar los mandamientos es tener un entendimiento del Dios práctico. Una vez tengas dicho entendimiento, serás capaz de guardar los mandamientos. Existen dos componentes a la hora de guardarlos: uno es mantener la esencia de Su Espíritu y, ante este, ser capaz de aceptar el examen del Espíritu; el otro es ser capaz de tener un entendimiento genuino de la carne encarnada, y lograr una auténtica sumisión. Tanto si es ante la carne como ante el Espíritu, uno debe siempre albergar sumisión y reverencia a Dios. Sólo alguien así es apto para ser perfeccionado. Si tienes un entendimiento de la practicidad del Dios práctico, eso es, si te has mantenido firme en esta prueba, entonces nada será demasiado para ti.

Algunas personas afirman: “Los mandamientos son fáciles de guardar, sólo necesitas hablar con franqueza y de manera devota cuando estés ante Dios, sin gesticular; en eso consiste guardar los mandamientos”. ¿Es esto correcto? Así que si haces algunas cosas a espaldas de Dios que se resistan a Él; ¿cuenta eso como guardar los mandamientos? Debéis tener una comprensión profunda sobre qué implica guardar los mandamientos. Está relacionado con que tengas un entendimiento real de la practicidad de Dios; si tienes un entendimiento de la practicidad, y no tropiezas ni caes en esta prueba, entonces se te puede contar entre los que tienen un fuerte testimonio. Dar un testimonio contundente de Dios tiene relación principalmente con que tengas o no un entendimiento del Dios práctico, y con que seas o no capaz de someterte ante esa persona que no sólo es corriente, sino normal, e incluso someterte hasta la muerte. Si mediante esta sumisión das de verdad un testimonio de Dios, eso significa que Dios te ha obtenido. Si puedes someterte hasta la muerte y estar libre de quejas ante Él, no emitir juicios, no difamar, no tener nociones ni ningún otro propósito, entonces de esta forma Dios obtendrá gloria. La sumisión ante una persona corriente, a la que el hombre mira con desprecio, y ser capaz de someterte hasta la muerte sin noción alguna, esto es un testimonio verdadero.

Extracto de ‘Aquellos que de verdad aman a Dios son los que pueden someterse completamente a Su practicidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

En la práctica, guardar los mandamientos debe estar relacionado con practicar la verdad. Al guardar los mandamientos, uno debe practicar la verdad. Al practicar la verdad, uno no debe violar los principios de los mandamientos ni ir en contra de ellos. Debes hacer lo que Dios exige que hagas. Guardar los mandamientos y practicar la verdad está interconectado, no es contradictorio. Cuanto más practicas la verdad, más capaz eres de guardar la esencia de los mandamientos. Cuanto más practiques la verdad, más entenderás la palabra de Dios expresada en los mandamientos. Practicar la verdad y guardar los mandamientos no son acciones contradictorias, están interconectadas. En el principio, solo una vez que el hombre cumplió con los mandamientos, pudo practicar la verdad y lograr la iluminación del Espíritu Santo. Pero esta no es la intención original de Dios. Él quiere que lo adores de todo corazón, no solo que te portes bien. Sin embargo, debes guardar los mandamientos superficialmente por lo menos. Poco a poco, a través de la experiencia, después de obtener una comprensión más clara de Dios, la gente deja de rebelarse y de resistirse a Él, y ya no tiene dudas acerca de la obra de Dios. Esta es la única manera en la que el hombre puede sujetarse a la esencia de los mandamientos. Por lo tanto, el simple hecho de guardar los mandamientos sin practicar la verdad es ineficaz y no constituye una adoración verdadera de Dios porque aún no has alcanzado la estatura real. Guardar los mandamientos sin la verdad equivale únicamente a seguir las reglas rígidamente. Al hacerlo, los mandamientos se convertirían en tu ley, lo cual no te ayudaría a crecer en la vida. Por el contrario, se convertirían en tu carga, te atarían fuerte como las leyes del Antiguo Testamento, y te harían perder la presencia del Espíritu Santo. Por lo tanto, solo puedes guardar efectivamente los mandamientos si practicas la verdad y guardas los mandamientos para practicar la verdad. En el proceso de guardar los mandamientos, practicarás aún más verdades, y cuando practiques la verdad, obtendrás una comprensión aún más profunda de lo que realmente significan los mandamientos. El propósito y significado detrás de la exigencia de Dios de que el hombre guarde los mandamientos no es únicamente hacer que siga las reglas, como el hombre las pueda imaginar, sino que tiene que ver con su entrada en la vida. El nivel de tu crecimiento en la vida dicta el grado en que podrás guardar los mandamientos. Aunque los mandamientos son para que el hombre los cumpla, la esencia de los mandamientos solo se hace evidente a través de la experiencia vital del hombre. La mayoría de la gente asume que guardar los mandamientos bien significa que están “completamente preparados y que todo lo que queda por hacer es ser arrebatado”. Esta es una idea extravagante y no está en línea con la voluntad de Dios. Aquellos que dicen tales cosas no desean progresar y codician la carne. ¡Qué tontería! ¡Esto no está de acuerdo con la realidad! Solo practicar la verdad sin guardar los mandamientos en realidad no es la voluntad de Dios. Quienes hacen esto son lisiados; son como las personas a las que les falta una pierna. Guardar simplemente los mandamientos como si cumplieran reglas, pero sin poseer la verdad, esto no es ser capaz de cumplir la voluntad de Dios; como aquellos a los que les falta un ojo, las personas que hacen esto también padecen una forma de discapacidad. Se puede decir que, si guardas bien los mandamientos y obtienes una comprensión clara del Dios práctico, entonces tendrás la verdad. Relativamente hablando, habrás ganado una estatura real. Si practicas la verdad que deberías practicar, también cumplirás los mandamientos, y estas dos cosas no se contradicen. Practicar la verdad y cumplir los mandamientos son dos sistemas, los cuales son parte integral de la experiencia vital de una persona. Esta experiencia personal debe estar formada por una integración, no una división, de guardar los mandamientos y practicar la verdad. Sin embargo, hay tanto diferencias como vínculos entre estas dos cosas.

Extracto de ‘Guardar los mandamientos y practicar la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

El largo tiempo que Dios ha pasado hablando y pronunciando Sus palabras ha causado que el hombre considere como tarea principal el leer y memorizar las palabras de Dios. Nadie presta atención a la práctica, y aun aquellas cosas que vosotros debéis cumplir, no las hacéis Esto ha traído muchas dificultades y problemas a vuestro servicio. Si, antes de practicar las palabras de Dios, no te has apegado a lo que debes apegarte, entonces eres uno de los que será detestado y rechazado por Dios. Al apegarte a estas prácticas, debes ser dedicado y sincero. No debes considerarlas como grilletes, sino apegarte a ellas como mandamientos. Hoy en día, no debes preocuparte por los efectos que se vayan a lograr; en pocas palabras, así es cómo el Espíritu Santo obra, y quienquiera que cometa una ofensa debe ser castigado. El Espíritu Santo no tiene emociones, y no pone cuidado a tu entendimiento actual. Si ofendes a Dios hoy, entonces Él te castigará. Si ofendes a Dios dentro del marco de Su jurisdicción, Él no te perdonará. A Él no le importa cuán serio seas en tu apego a las palabras de Jesús. Si infringes los mandamientos actuales de Dios, Él te castigará y te condenará a muerte. ¿Cómo podría ser aceptable para ti no cumplirlos? Debes cumplirlos, ¡aun si ello significa sufrir un poco de dolor! Independientemente de qué religión, sector, nación o denominación se trate, en el futuro, todos deben apegarse a estas prácticas. ¡Ninguno está exento, y ninguno será perdonado! Porque ellas son lo que el Espíritu Santo hará hoy, y nadie puede violarlas. A pesar de que no son gran cosa, deben ser realizadas por cada persona, y son los mandamientos establecidos para el hombre por Jesús, quien fue resucitado y ascendió al cielo. ¿Acaso no dice “La senda… (7)” que la definición de Jesús sobre si eres justo o pecador se basa en tu actitud hacia Dios en el presente? Nadie debe pasar por alto este punto. En la Era de la Ley, una generación tras otra de fariseos creyó en Dios, pero con la llegada de la Era de la Gracia no conocieron a Jesús, y se opusieron a Él. Así fue como todo lo que hicieron quedó en la nada, y fue en vano, y Dios no aceptó sus acciones. Si puedes ver a través de esto, entonces no se te hará fácil pecar. Muchas personas, quizá se han medido a sí mismas contra Dios. ¿A qué sabe oponerse a Dios? ¿Es amargo o dulce? Debes comprender esto; no finjas que no sabes. En su corazón, tal vez algunas personas no estén convencidas. Pero Yo te recomiendo que pruebes y veas, que veas a qué sabe eso. Esto evitará que muchas personas tengan sospecha acerca de ello siempre. Mucha gente lee las palabras de Dios, pero en secreto se oponen a Él en su corazón. Después de oponerte a Él de esta manera, ¿acaso no sientes como si un cuchillo fuese torcido dentro de tu corazón? Si no se trata de desarmonía familiar, se trata de un malestar físico, o de las aflicciones de hijos e hijas. Aunque tu carne se salve de la muerte, la mano de Dios nunca te dejará. ¿Crees que podría ser tan simple? En particular, es aún más necesario que los muchos que están cerca de Dios se enfoquen en esto. A medida que pase el tiempo, se te olvidará, y, sin darte cuenta, estarás sumergido en la tentación, te volverás negligente con todo, y esto será el comienzo de tus pecados. ¿Te parece que esto es trivial? Si puedes hacer esto bien, entonces tendrás la oportunidad de ser perfeccionado, de ir ante Dios y recibir Su orientación directamente de la Su propia boca. Si eres descuidado, estarás en problemas: estarás desafiando a Dios, tus palabras y acciones serán disolutas, y tarde o temprano serás arrastrado por grandes vendavales y fuertes olas. Cada uno de vosotros debe tener en cuenta estos mandamientos. Si los desobedeces, entonces, aunque el hombre del que Dios ha dado testimonio no te condene, el Espíritu de Dios no habrá terminado contigo, y Él no te perdonará. ¿Puedes pagar las consecuencias de tu ofensa? Entonces, no importa lo que Dios diga, debes poner en práctica Sus palabras, y debes apegarte a ellas por cualquier medio que puedas. ¡Esto no es un asunto sencillo!

Extracto de ‘Los mandamientos de la nueva era’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si no comprendes el carácter de Dios, entonces te será imposible realizar la labor que deberías hacer para Él. Si no conoces la esencia de Dios, entonces te será imposible tener reverencia y temor por Él; antes bien, solo habrá indiferencia y prevaricación despreocupadas, y lo que es más, blasfemia incorregible. Aunque comprender el carácter de Dios es sin duda importante, y conocer la esencia de Dios no puede tomarse a la ligera, nadie jamás ha examinado o indagado a fondo estas cuestiones. Es evidente que todos vosotros habéis descartado los decretos administrativos que Yo he decretado. Si vosotros no comprendéis el carácter de Dios, entonces será muy probable que ofendáis Su carácter. Ofender Su carácter equivale a provocar la ira de Dios mismo, en cuyo caso, el fruto final de tus acciones será la transgresión de los decretos administrativos. Ahora debes darte cuenta de que cuando conoces la sustancia de Dios, también puedes entender Su carácter, y cuando entiendes Su carácter, también habrás comprendido Sus decretos administrativos. No hace falta decir que, mucho de lo que contienen los decretos administrativos alude al carácter de Dios, pero no todo Su carácter es expresado en dentro de ellos. En consecuencia, debéis ir un paso más allá en el desarrollo de vuestra comprensión del carácter de Dios.

Extracto de ‘Es muy importante comprender el carácter de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cada frase que he pronunciado contiene dentro de sí el carácter de Dios. Vosotros haríais bien en reflexionar cuidadosamente en Mis palabras, y seguramente obtendréis gran provecho de ellas. La esencia de Dios es muy difícil de captar, pero confío en que todos vosotros tengáis por lo menos cierta idea del carácter de Dios. Espero, entonces, que me mostréis y hagáis más de aquello que no ofende el carácter de Dios. Entonces estaré tranquilo. Por ejemplo, mantén a Dios en tu corazón en todo momento. Cuando actúes, hazlo de acuerdo con Sus Palabras. Busca las intenciones de Dios en todas las cosas, y abstente de hacer aquello que le falte al respeto y lo deshonre. Mucho menos deberías colocar a Dios al fondo de tu mente para llenar el vacío futuro de tu corazón. Si haces esto, habrás ofendido el carácter de Dios. Una vez más, suponiendo que nunca haces observaciones blasfemas contra Dios ni te quejas de Él durante toda tu vida, y una vez más, suponiendo que eres capaz de cumplir apropiadamente con todo lo que Él te ha encomendado, y que también eres capaz de someterte a todas Sus palabras durante toda tu vida, entonces habrás evitado transgredir los decretos administrativos. Por ejemplo, si alguna vez has dicho: “¿Por qué no creo que Él es Dios?”, “Creo que estas palabras no son sino cierta iluminación del Espíritu Santo”, “En mi opinión, no todo lo que Dios hace es necesariamente correcto”, “La humanidad de Dios no es superior a la mía”, “Sencillamente, las palabras de Dios no son creíbles”, u otras observaciones sentenciosas de este tipo, entonces te exhorto a confesar tus pecados y a arrepentirte de ellos más a menudo. De lo contrario, nunca tendrás la oportunidad de recibir perdón, ya que no ofendes a un hombre sino a Dios mismo. Podrías creer que estás juzgando a un hombre, pero el Espíritu de Dios no lo considera así. Tu falta de respeto hacia Su carne es lo mismo que faltarle al respeto a Él. Siendo esto así, ¿acaso no has ofendido el carácter de Dios? Debes recordar que todo lo hecho por el Espíritu de Dios se hace para salvaguardar Su obra en la carne y tiene el fin de que esta obra se haga bien. Si descuidas esto, entonces Yo digo que eres alguien que nunca serás capaz de lograr creer en Dios. Debido a que has provocado la ira de Dios, y Él recurrirá a un castigo adecuado para enseñarte una lección.

Llegar a conocer la esencia de Dios no es un asunto trivial. Debes comprender Su carácter. De esta manera, poco a poco y sin saberlo, llegarás a conocer la esencia de Dios. Cuando hayas tenido acceso a este conocimiento, te encontrarás dando un paso más hacia un estado más elevado y hermoso. Al final, llegarás a sentirte avergonzado de tu alma horrible, y aún más, sentirás que no hay un solo lugar en el cual esconderte de tu vergüenza. En ese momento, cada vez habrá menos cosas en tu conducta que ofendan el carácter de Dios, tu corazón estará cada vez más cerca del de Dios, y un amor por Él crecerá poco a poco en tu corazón. Esto es señal de que la humanidad está entrando a un estado hermoso. Pero hasta ahora vosotros no habéis obtenido esto. Conforme os movéis afanosamente de un lado a otro buscando el bien de vuestro destino, ¿quién tiene algo de interés en intentar conocer la esencia de Dios? Si esto continúa, transgrediréis sin querer los decretos administrativos, ya que comprendéis demasiado de poco el carácter de Dios. Por lo tanto, ¿lo que hacéis ahora no está poniendo acaso una base para vuestras ofensas contra el carácter de Dios? Que Yo os pida que comprendáis el carácter de Dios no es incompatible con Mi obra. Pues si a menudo transgredís los decretos administrativos, entonces ¿quién de vosotros escapará del castigo? ¿Acaso Mi obra no habría sido entonces completamente en vano? Por consiguiente, sigo pidiendo que, además de escudriñar vuestra propia conducta, seáis cautelosos en los pasos que deis. Esta es la exigencia suprema que os hago, y espero que todos vosotros la consideréis con cuidado y la sopeséis con seriedad. Si llegare el día en que vuestras acciones provocaran en Mí una ira terrible, entonces os corresponderá únicamente a vosotros considerar las consecuencias y no habrá nadie más que soporte el castigo en vuestro lugar.

Extracto de ‘Es muy importante comprender el carácter de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Todas las personas, en el curso de su vida de fe en Dios, han hecho cosas que se resisten y engañan a Dios. Algunas acciones indebidas no necesitan ser registradas como una ofensa, pero otras son imperdonables, pues hay muchas acciones que infringen los decretos administrativos, que ofenden el carácter de Dios. Muchos que están preocupados por su propio destino pueden preguntar cuáles son estas acciones. Debéis saber que sois arrogantes y altivos por naturaleza, y que no estáis dispuestos a someteros a los hechos. Por esta razón, voy a explicároslo poco a poco después de que hayáis reflexionado sobre vosotros mismos. Os exhorto a que obtengáis un mejor entendimiento del contenido de los decretos administrativos y hagáis un esfuerzo por conocer el carácter de Dios. Si no, vais a tener dificultades en mantener vuestros labios sellados, vuestra lengua se moverá con demasiada libertad con palabras altisonantes y, sin daros cuenta, ofenderéis el carácter de Dios y caeréis en las tinieblas, perdiendo la presencia del Espíritu Santo y la luz. Ya que no tenéis principios cuando actuáis, ya que haces y dices lo que no debes, entonces recibirás una retribución apropiada. Debes saber que, aun cuando careces de principios en las palabras y las acciones, Dios posee altos principios en ambas. La razón por la que recibes retribución es porque has ofendido a Dios, no a una persona. Si en tu vida cometes muchas ofensas contra el carácter de Dios, entonces estás destinado a ser un hijo del infierno. Al hombre le puede parecer que sólo has cometido unos pocos actos que están en conflicto con la verdad, y nada más. Pero ¿eres consciente de que, a los ojos de Dios, ya eres alguien para quien no hay más ofrenda por el pecado? Debido a que has infringido los decretos administrativos de Dios más de una vez y, además, no muestras ninguna señal de arrepentimiento, no te queda más remedio que precipitarte en el infierno donde Dios castiga al hombre. Mientras siguen a Dios, un pequeño número de personas ha cometido algunos hechos que infringen los principios, pero, después de ser tratados y guiados, gradualmente descubrieron su propia corrupción y, acto seguido, regresaron al camino correcto de la realidad, y hoy siguen con los pies en la tierra. Tales son las personas que han de permanecer al final. Sin embargo, es al honesto a quien busco; si eres una persona honesta y actúas de acuerdo con principios, entonces puedes ser un confidente de Dios. Si en tus acciones no ofendes el carácter de Dios y buscas Su voluntad y tienes un corazón que reverencia a Dios, entonces tu fe está a la altura. Quien no venera a Dios y no posee un corazón que tiembla de temor, es muy probable que infrinja los decretos administrativos de Dios. Muchos sirven a Dios con base en la fuerza de su pasión, pero no entienden los decretos administrativos de Dios y, mucho menos, tienen idea de las implicaciones de Sus palabras. Así que, con sus buenas intenciones, a menudo terminan haciendo cosas que interrumpen la gestión de Dios. En casos graves, son expulsados, privados de cualquier otra oportunidad de seguirlo, y son arrojados al infierno y finaliza toda relación con la casa de Dios. Estas personas trabajan en la casa de Dios con base en la fuerza de sus buenas intenciones ignorantes y terminan enfureciendo el carácter de Dios. La gente trae a la casa de Dios sus formas de servir a funcionarios y a señores e intentan ponerlas en práctica, pensando inútilmente que pueden aplicarlas aquí sin esfuerzo. Nunca imaginan que Dios no tiene el carácter de un cordero, sino el de un león. Por tanto, aquellos que se relacionan con Dios por primera vez, no pueden comunicarse con Él, ya que el corazón de Dios es diferente al del hombre. Sólo después de que entiendas muchas verdades puedes llegar a conocer continuamente a Dios. Este conocimiento no está compuesto por palabras o doctrinas, pero puede ser utilizado como un tesoro por medio del cual entras en una relación cercana de confianza con Dios, y como prueba de que Él se deleita en ti. Si careces de la realidad del conocimiento y no estás equipado con la verdad, entonces tu servicio apasionado sólo puede traerte la aversión y el aborrecimiento de Dios. ¡Para este momento, ya deberías haber descubierto que creer en Dios no es un simple estudio de teología!

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

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