48. Principios del verdadero arrepentimiento

(1) Es preciso aceptar y someterse al juicio y castigo de Dios. Hay que llegar a ver la verdad de la corrupción propia, purificar el carácter corrupto y vivir una semejanza humana.

(2) Cuando se haya cometido una transgresión, uno debe ser capaz de conocerse a sí mismo a través de la introspección, de buscar la verdad y actuar según los principios. Es preciso lograr un auténtico cambio, convirtiéndote así en alguien que se somete realmente a Dios.

(3) Es preciso ser capaz de practicar y experimentar las palabras de Dios, de desechar la falsedad y el disfraz, y no mentir ni engañar más; en cambio, es preciso cumplir bien con el deber, movido por la lealtad, y convertirse en una persona honesta.

(4) Es preciso experimentar el juicio, el castigo, las pruebas y el refinamiento de Dios, llegar a conocer Su carácter justo y ser capaz de temerle, rechazar el mal y vivir ante Él.

Las palabras relevantes de Dios:

Todos se han opuesto alguna vez a Dios y se han rebelado alguna vez contra Él. Sin embargo, si obedeces de buen grado al Dios encarnado y a partir de entonces satisfaces Su corazón con tu lealtad, practicas la verdad que deberías, cumples tu deber como deberías y sigues las normas que deberías, entonces eres alguien dispuesto a dejar de lado su rebeldía para satisfacer a Dios y alguien que puede ser perfeccionado por Él. Si te niegas obstinadamente a darte cuenta de tus errores y no tienes intención de arrepentirte, si persistes en tu conducta rebelde sin la más mínima intención de colaborar con Dios y satisfacerlo, entonces una persona tan obstinada e incorregible como tú será castigada sin duda y nunca será perfeccionada por Dios. Como tal, eres Su enemigo hoy, mañana lo seguirás siendo y pasado mañana también; siempre serás un oponente y el enemigo de Dios. En ese caso, ¿cómo iba Dios a dejarte ir? Está en la naturaleza del hombre oponerse a Él, pero el hombre no debe buscar deliberadamente el “secreto” de la oposición a Dios solo porque cambiar su naturaleza es una tarea insalvable. De ser ese el caso, mejor sería que te alejaras antes de que sea demasiado tarde, no sea que tu castigo en el futuro sea más duro, y que tu naturaleza salvaje emerja y se vuelva ingobernable hasta que Dios acabe con tu cuerpo carnal al final. Crees en Dios para recibir bendiciones; pero al final solo te sobreviene la desgracia, ¿no sería esto una pena? Os exhorto a que mejor elaboréis otro plan. Cualquier cosa que podáis hacer sería mejor que creer en Dios. Seguro que no es posible que solo haya una senda. ¿No seguiríais sobreviviendo si no buscaseis la verdad? ¿Por qué debes vivir en conflicto con Dios de esta manera?

Extracto de ‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

Todas las personas, en el curso de su vida de fe en Dios, han hecho cosas que se resisten y engañan a Dios. Algunas acciones indebidas no necesitan ser registradas como una ofensa, pero otras son imperdonables, pues hay muchas acciones que infringen los decretos administrativos, que ofenden el carácter de Dios. Muchos que están preocupados por su propio destino pueden preguntar cuáles son estas acciones. Debéis saber que sois arrogantes y altivos por naturaleza, y que no estáis dispuestos a someteros a los hechos. Por esta razón, voy a explicároslo poco a poco después de que hayáis reflexionado sobre vosotros mismos. Os exhorto a que obtengáis un mejor entendimiento del contenido de los decretos administrativos y hagáis un esfuerzo por conocer el carácter de Dios. Si no, vais a tener dificultades en mantener vuestros labios sellados, vuestra lengua se moverá con demasiada libertad con palabras altisonantes y, sin daros cuenta, ofenderéis el carácter de Dios y caeréis en las tinieblas, perdiendo la presencia del Espíritu Santo y la luz. Ya que no tenéis principios cuando actuáis, ya que haces y dices lo que no debes, entonces recibirás una retribución apropiada. Debes saber que, aun cuando careces de principios en las palabras y las acciones, Dios posee altos principios en ambas. La razón por la que recibes retribución es porque has ofendido a Dios, no a una persona. Si en tu vida cometes muchas ofensas contra el carácter de Dios, entonces estás destinado a ser un hijo del infierno. Al hombre le puede parecer que sólo has cometido unos pocos actos que están en conflicto con la verdad, y nada más. Pero ¿eres consciente de que, a los ojos de Dios, ya eres alguien para quien no hay más ofrenda por el pecado? Debido a que has infringido los decretos administrativos de Dios más de una vez y, además, no muestras ninguna señal de arrepentimiento, no te queda más remedio que precipitarte en el infierno donde Dios castiga al hombre.

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

Durante mucho tiempo, las personas que creen en Dios han estado esperando con sinceridad un destino hermoso, y todos los creyentes en Dios esperan que la buena fortuna les llegue de repente, que antes de que se den cuenta se encontrarán apaciblemente sentados en un lugar u otro del cielo. Pero Yo digo que esas personas, con sus agradables pensamientos, nunca han sabido si están cualificadas para recibir tan buena fortuna caída del cielo o siquiera para ocupar un asiento allí. En estos momentos tenéis un buen conocimiento de vosotros mismos, pero seguís esperando escapar de los desastres de los últimos días y de la mano del Todopoderoso cuando castiga a los malvados. Se diría que tener dulces sueños y querer las cosas a su antojo es un rasgo común a todas las personas corrompidas por Satanás, y no una genial ocurrencia de algún individuo solitario. Aun así, sigo deseando poner fin a estos deseos extravagantes vuestros, así como a vuestro afán por obtener bendiciones. Dado que vuestras transgresiones y las realidades de vuestra rebeldía son numerosas y cada vez mayores, ¿cómo pueden encajar estas cosas con vuestros agradables planes para el futuro? Si quieres seguir adelante según te plazca, siguiendo equivocado, sin nada que te refrene, pero a la vez sigues queriendo que tus sueños se hagan realidad, te insto a continuar en tu estupor y a no despertar jamás, porque el tuyo es un sueño vacío, y en la presencia del Dios justo, Él no hará una excepción por ti. Si quieres simplemente que tus sueños se hagan realidad, nunca sueñes, sino haz siempre frente a la verdad y a los hechos. Esta es la única forma en la que puedes salvarte. ¿Cuáles son, en términos concretos, los pasos de este método?

Primero, examina todas tus transgresiones y analiza cualquier conducta y pensamientos que tengas que no se conformen a la verdad.

Es una cosa que puedes llevar a cabo con facilidad, y creo que todas las personas inteligentes son capaces de hacerlo. Sin embargo, esas que no saben nunca qué se pretende decir por transgresión y verdad son la excepción, porque, en lo fundamental, no son personas inteligentes. Me estoy dirigiendo a personas que Dios ha aprobado, que son sinceras, que no han infringido gravemente los decretos administrativos, y que pueden discernir fácilmente sus propias transgresiones. Aunque es una cosa que os exijo, y que os resulta fácil cumplir, no es la única cosa que os exijo. Comoquiera que sea, espero que no os burléis en privado de esta exigencia y, sobre todo, que no lo contempléis con desdén ni lo toméis a la ligera. Debéis tratarlo con seriedad, y no hacer caso omiso.

Segundo, para cada una de tus transgresiones y desobediencias debes buscar una verdad correspondiente y usar entonces estas verdades para resolver estos asuntos. Después de esto, sustituye tus actos transgresores, tus pensamientos y tus actos desobedientes por la práctica de la verdad.

Tercero, debes ser una persona sincera en vez de alguien siempre y constantemente listo y astuto. (Aquí os pido de nuevo que seáis personas sinceras).

Si puedes lograr estas tres cosas, eres uno de los afortunados, eres una persona cuyos sueños se hacen realidad y que recibe buena fortuna. Quizás tratéis seriamente estas tres exigencias poco atrayentes, o tal vez las trataréis de un modo irresponsable. Comoquiera que sea, Mi propósito consiste en cumplir vuestros sueños y en poner en práctica vuestros ideales, y no en burlarme de vosotros ni poneros en evidencia.

Extracto de ‘Las transgresiones conducirán al hombre al infierno’ en “La Palabra manifestada en carne”

El hecho es que toda persona, en mayor o menor medida, ha cometido transgresiones. Cuando no sabes que algo es una transgresión, lo consideras con cierta confusión en tu mente o, tal vez, continúas aferrándote a tus propias opiniones, prácticas y formas de comprensión, pero, un día, ya sea a través de hablar con tus hermanos y hermanas o por una revelación de Dios, te das cuenta de que es una transgresión, una ofensa contra Dios. ¿Qué actitud vas a tener, entonces? ¿Seguirás firme, razonando y discutiendo, aferrándote a tus propias ideas, creyendo que lo que estás haciendo es conforme a la verdad? Esto incluye tu actitud hacia Dios. ¿Qué actitud tuvo David con respecto a sus transgresiones? (Remordimiento). Remordimiento: ya no volvería a cometerlas. Entonces, ¿qué hizo? Oró pidiéndole a Dios que lo castigara: “¡Si vuelvo a cometer este error, que Dios me castigue y haga que me muera!”. Esa fue su decisión; era verdadero remordimiento. ¿Puede la gente común lograr esto? En el caso de las personas comunes, está bien si no tratan de discutir o admiten tácitamente su responsabilidad, pero, en su corazón, todavía piensan: “Espero que nadie vuelva a mencionar esto. Me sentiría humillado”. ¿Es esto verdadero remordimiento? Para arrepentirte de verdad, debes descartar el mal que hayas hecho en el pasado, dejarlo y no volver a hacerlo. Bueno, ¿qué se debe hacer entonces? ¿Servirá solo descartar el mal, no hacerlo y no pensar en ello? ¿Cuál es tu actitud hacia Dios? ¿Cómo tomarás el hecho de que Dios te exponga? (Aceptaremos el castigo de Dios). Aceptar el castigo de Dios, Su juicio y Su castigo, es una parte. La otra es aceptar el escrutinio de Dios mientras aceptas Su castigo. Cuando hayas aceptado ambas partes, ¿cuál será tu determinación? Cuando te encuentres con circunstancias y asuntos de ese tipo en el futuro, ¿qué harás? Sin verdadero remordimiento, uno no puede descartar un mal, y, en cualquier lugar, en cualquier momento, podría volver a lo mismo de siempre, a hacer el mismo mal, a cometer la misma transgresión y el mismo error una y otra vez. ¿No es esta la actitud que uno tiene hacia la verdad? Esto revela la actitud del hombre hacia la verdad y hacia Dios. Entonces, ¿qué puede hacer alguien para desechar por completo una transgresión? ¿Practicar la verdad? Uno debe tener la actitud correcta hacia la verdad. ¿Y qué actitud debe tener alguien y cómo debe practicar para demostrar su actitud correcta hacia la verdad? ¿Qué harás si caes en la tentación cuando te encuentres con este problema nuevamente? Una palabra: “¡Alejarte!”. Al mismo tiempo, uno debe tomar la determinación de ser castigado por Dios si vuelve a cometer el mismo tipo de error. Hacerlo es odiar el problema desde el fondo del corazón, verlo como lo más abominable; como algo malo, algo que ofende a Dios, una mancha eterna. La Biblia dice: “El prudente ve el mal y se esconde, mas los simples siguen adelante y son castigados” (Proverbios 22:3). Eso no es simplicidad; es estupidez, lisa y llanamente. “Alejarte”: ¿cómo es como forma de práctica? (Es buena). Sin embargo, ¿acaso no hay ocasiones en las que uno no puede mantenerse alejado? ¿Qué vas a hacer, entonces? Debes orar a Dios con fervor en tu corazón y pedirle que disponga las cosas. Algunas pruebas también son tentaciones. ¿Por qué permite Dios que te sucedan tales cosas? No ocurren por casualidad; es Dios que te hace exigencias y te pone a prueba. Si no aceptas la prueba de Dios y tratas de ignorarla, ¿no revela esto tu actitud hacia Él? Que le des la espalda a las circunstancias que Dios dispone para ti y a las pruebas que pone en tu camino, ¿no habla de la actitud del hombre hacia Dios, así como que tengas una actitud impertinente, y que no ores ni busques ni intentes encontrar en esas circunstancias y pruebas la senda de práctica? Hay quienes dicen: “No he tenido esos pensamientos y no tengo esa intención”. Si no tienes intención, ¿cuál es tu actitud hacia Dios? Algunas actitudes son deliberadas e intencionadas, mientras que otras, no. ¿Cuál es la tuya? ¿Alguien que es impertinente y no toma a Dios en serio es alguien que ama la verdad? Está establecido que quien trata a la verdad y a Dios como juegos de niños, como aire vacío, no es alguien que ama la verdad.

Extracto de La comunión de Dios

Algunos individuos actúan según su propia voluntad. Vulneran los principios y únicamente admiten que son arrogantes, que cometieron un error solo porque no tienen la verdad. Para sus adentros, incluso se quejan: “Nadie más que yo se juega el cuello y, al final, me dejan tirado con la responsabilidad. Soy tonto. La próxima vez no haré lo mismo, jugarme el cuello. ¡Al que se juega el cuello se lo cortan!”. ¿Qué te parece esta actitud? ¿Es una actitud de arrepentimiento? (No). ¿De qué actitud se trata? Debido al error que cometen, se vuelven escurridizos y mentirosos; por así decir, de los escarmentados nacen los avisados. “Tengo suerte de que eso no acarreara un desastre. Si provocara un desastre, iría al infierno y sería aniquilado. He de tener más cuidado a partir de ahora”. No buscan la verdad, y abordan y tratan la cuestión con mezquindad y maquinaciones astutas. ¿Pueden recibir la verdad de esta manera? No, pues no saben arrepentirse. Lo primero que hay que hacer al arrepentirse es saber qué has hecho y comprender en qué has errado, la esencia del problema y el carácter que has revelado; reflexionar sobre estas cosas, aceptarlas y luego practicar de acuerdo con la verdad. Esta es la actitud del arrepentimiento. Si, por el contrario, consideras el asunto de una forma más escurridiza que antes, tus técnicas son más ingeniosas y ocultas y tienes más métodos para abordarlo, el problema no se resume en que seas mentiroso. Estás empleando medios solapados, tienes secretos que no sacarás a la luz y lo que estás haciendo es malvado. Dios te considera excesivamente difícil y malvado, una persona que admite superficialmente que ha errado y acepta el trato y la poda, pero no tiene la más mínima actitud de arrepentimiento. Esto se debe a que, tras el suceso o mientras este tiene lugar, en absoluto practicas de acuerdo con la verdad ni la buscas. Tu actitud consiste en emplear métodos, técnicas y filosofías de Satanás para resolver o soslayar el problema, para ponerle un pulcro envoltorio con el fin de que los demás no vean ni rastro del problema ni las dobleces del envoltorio; te acabas creyendo muy listo. Dios ve estas cosas, y no que realmente hayas reflexionado, te hayas arrepentido y hayas confesado tu pecado a la luz de lo que te ha sucedido, ni que después hayas buscado la verdad y hayas practicado de acuerdo con ella. Tu actitud no es de búsqueda o práctica de la verdad ni de sometimiento a la soberanía y las disposiciones de Dios, sino una actitud que emplea técnicas y métodos de Satanás para resolver tu problema. Das una falsa impresión a los demás, te resistes a que Dios te delate y te muestras desafiante y defensivo con respecto a las circunstancias que Dios ha instrumentado para ti. Esto quiere decir que tienes el corazón más cerrado que antes. Si estás más cerrado a Dios, ¿puedes seguir viviendo en la luz, con paz y gozo? Ya no: has rechazado la verdad y a Dios. ¿Es frecuente ese estado en la gente? “Me han tratado esta vez. La próxima he de tener más cuidado y ser más listo. La vida se basa en ser listo, y los que no lo son, son tontos”. Si siempre te guías y estimulas así, ¿llegarás alguna vez a algún lado? ¿Podrás recibir la verdad? Si te ocurre un problema y eres capaz de buscar la verdad, podrás comprender y aprender un aspecto de ella. ¿Qué se consigue al comprender la verdad? Cuando comprendes un aspecto de la verdad, comprendes un aspecto de la voluntad de Dios y por qué Dios te envió esta circunstancia, por qué te exigió algo semejante, por qué instrumentó unas circunstancias que te castigaron y disciplinaron, por qué te disciplinó con este asunto y por qué has caído, fracasado y quedado en evidencia en esta cuestión. Si entiendes estas cosas, serás capaz de buscar la verdad y alcanzarás la entrada en la vida. Si no las entiendes ni aceptas estos hechos, sino que te empeñas en oponerte y resistirte, en emplear tus propias técnicas de autoencubrimiento, en presentarte ante los demás y ante Dios con una falsa apariencia, nunca podrás recibir la verdad.

Extracto de ‘Solo con la búsqueda de la verdad se pueden corregir las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

En el pasado, algunas personas exhibieron ciertas actitudes propias de un anticristo. Eran licenciosas y arbitrarias, siempre era a su manera o nada. Pero al ser tratados y podados, al compartir los hermanos y hermanas comunicación con ellos, al ser reasignados o reemplazados, sufriendo algunos reveses importantes, siendo negativos por un tiempo y luego pensando: “Pase lo que pase, tengo que seguir poniendo por encima de todo cumplir mi deber correctamente. Estoy caminando por la senda del anticristo, pero no he sido clasificado como tal, así que debo ser bueno en mi creencia, debo buscar con esfuerzo. No hay nada malo en el camino de la búsqueda de la verdad”; poco a poco dan un giro y se acaban arrepintiendo. Existen buenas manifestaciones en ellos, buscan los principios-verdad cuando desempeñan su deber, y también buscan los principios-verdad cuando se relacionan con otros. En todos los aspectos, avanzan en una mejor dirección. ¿Acaso no han cambiado? Esto es pasar de caminar por la senda del anticristo a caminar por la senda de práctica y búsqueda de la verdad. Queda esperanza para ellos, tienen una oportunidad, pueden dar un giro. ¿Puedes clasificar a tales personas como anticristos porque una vez exhibieron algunas manifestaciones de anticristo o caminaron la senda de los anticristos? No. Los anticristos no se arrepienten, no tienen vergüenza y, además, su carácter es feroz y malvado, y están detestan la verdad al extremo. ¿Qué determina que detesten la verdad al extremo? Que no pueden arrepentirse nunca. Si detestan la verdad hasta tal grado, ¿pueden practicarla y arrepentirse? Imposible. Si hay algo cierto respecto las personas que pueden arrepentirse es que han cometido errores, pero son capaces de aceptar el juicio y castigo de Dios, las verdades pronunciadas por Dios, y son capaces de intentar cooperar todo lo posible, adoptando las palabras de Dios como sus propias máximas personales y convirtiéndolas en la realidad de sus vidas. Aceptan la verdad, y en el fondo no la detestan. ¿No es esa la diferencia? Los anticristos, por otro lado, no escuchan a nadie, no confían en que la verdad sea la verdad, y no reconocen que las palabras de Dios son la verdad.

Extracto de ‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (8)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Por qué muchas personas siguen sus preferencias carnales? Porque se consideran bastante buenas, sienten que sus acciones son correctas y justificadas, que no tienen fallas e incluso que están completamente en lo correcto. Por lo tanto, son capaces de actuar con la suposición de que la justicia está de su lado. Cuando alguien reconoce cuál es su verdadera naturaleza, cuán fea, despreciable y detestable es, entonces no está demasiado orgulloso de sí mismo ni es tan salvajemente arrogante ni está tan complacido consigo mismo como antes. Tal persona siente: “Debo ser serio y centrado y practicar algunas de las palabras de Dios. Si no, entonces no estaré a la altura del estándar de ser humano, y me avergonzaré de vivir en la presencia de Dios”. Entonces alguien realmente se ve a sí mismo como miserable, como verdaderamente insignificante. En este momento, a alguien se le hará fácil cumplir con la verdad y parecerá ser un poco como debería ser un humano. Sólo cuando las personas realmente se aborrecen pueden abandonar la carne. Si no se desprecian a sí mismas, serán incapaces de abandonar la carne. Odiarse a uno mismo verdaderamente comprende algunas cosas: primero, conocer la propia naturaleza; y segundo, verse a uno mismo como una persona dependiente y mísera, verse extremadamente pequeño e insignificante y ver la propia alma deplorable y sucia. Cuando alguien ve completamente lo que realmente es, y se logra este resultado, entonces realmente adquiere conocimiento de sí mismo y se puede decir que se ha llegado a conocer completamente. Sólo entonces puede alguien mismo odiarse, hasta el punto de maldecirse y sentir verdaderamente que Satanás lo ha corrompido profundamente; tanto que ni siquiera se parece a un ser humano. Entonces un día, cuando aparezca la amenaza de la muerte, esa persona pensará: “Este es el justo castigo de Dios. Dios es, ciertamente, justo; ¡en verdad yo debería morir!”. En este punto, él no albergará quejas y, mucho menos, culpará a Dios, simplemente, sentirá que es tan dependiente y despreciable, tan inmundo y tan corrupto, que debería ser eliminado por Dios, y que un alma así no es apta para vivir en la tierra. En este punto, esta persona no se resistirá a Dios y, mucho menos, lo traicionará.

Extracto de ‘Conocerse a uno mismo es principalmente conocer la naturaleza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Habéis descifrado un patrón de cómo el Espíritu Santo obra? Normalmente obra en aquellos que tienen un corazón honesto y obra cuando la gente se mete en problemas y busca la verdad. Dios no prestará atención a los que no tienen ni una pizca de razón humana o conciencia. Si alguien es muy honesto, pero por algún periodo de tiempo su corazón se aparta de Dios y no desea mejorar y cae en una condición negativa y no sale de ella, cuando no ora ni busca la verdad para resolver su estado y no coopera, entonces el Espíritu Santo no obra en él durante el oscurecimiento esporádico de su condición o su degeneración temporal; entonces, ¿cómo puede el Espíritu Santo obrar en alguien sin una consciencia de humanidad? Todavía es más imposible. ¿Y qué han de hacer esas personas? ¿Hay algún camino que puedan seguir? Deben arrepentirse sinceramente y ser honestas. ¿Cómo se puede ser honesto? Primero, tu corazón se debe abrir a Dios y debes buscar la verdad de Dios; después de entender la verdad, debes practicarla. Entonces debes someterte a los arreglos de Dios y permitirle que se haga cargo de ti. Solo de esta manera podrás recibir el elogio de Dios. Primero tienes que dejar a un lado tu propio prestigio y vanidad y tus propios intereses. Primero trata de dejar eso a un lado y después de que los hayas dejado a un lado, invierte todo tu cuerpo y alma en el desempeño de tu deber y en la obra de dar testimonio de Dios. Después, ve cómo Dios te guía, ve si hay paz dentro de ti, si hay gozo, si tienes esta confirmación. Primero te debes arrepentir genuinamente, te debes rendir, abrirle el corazón a Dios y dejar a un lado las cosas que atesoras. Si te sigues aferrando a ellas mientras haces peticiones a Dios, ¿podrás obtener la obra del Espíritu Santo? La obra del Espíritu Santo es condicional y Dios es un Dios que odia el mal y que es santo. Si las personas siempre se aferran a estas cosas y se cierran a Dios, rechazan Su obra y guía, entonces Dios dejará de obrar en ellas. Dios no está obligado a obrar dentro de cada persona y no te forzará a hacer esto o aquello. Él no te obliga. La obra de los espíritus malos es obligar al hombre a hacer esto y aquello, e incluso a poseer y controlar a la gente. El Espíritu Santo obra de una manera especialmente amable. Él te mueve y no lo sientes, sintiendo solo como si tú mismo inconscientemente hubieras llegado a entender o darte cuenta de algo. Así mueve el Espíritu Santo a las personas y, si se someten, se verán capaces de arrepentirse sinceramente.

Extracto de ‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Al seguir a Dios, por su necedad e ignorancia y por sus diversas actitudes corruptas, la gente a menudo se revela desobediente, y malinterpreta a Dios o incluso está resentida con Él. Se extravían, y algunos incluso se vuelven negativos y se aflojan en su obra, resentidos con Dios y perdiendo su fe. Los comportamientos desobedientes a menudo surgen en varias etapas de la vida de las personas. Tienen a Dios en su corazón y saben que Él está obrando, pero a veces no pueden entender ese hecho. Aunque son capaces de someterse de manera superficial, en el fondo simplemente no pueden aceptarlo. ¿Qué convierte en evidente que en el fondo no puedan aceptarlo? Una forma en que esto se manifiesta es que, a pesar de saberlo todo, simplemente son incapaces de dejar de lado lo que han hecho y presentarse ante Dios para admitir sus errores y decir: “Dios, me equivoqué. No actuaré más así. Buscaré Tu voluntad y haré lo que quieras que haga. No solía hacerte caso; era inmaduro, desobediente y necio. Ahora lo sé”. ¿Con qué actitud la gente admite sus errores? (Quieren dar un giro). Si la gente tiene conciencia y racionalidad, y anhela la verdad, pero nunca sabe dar un giro a sus errores, creyendo en cambio que el pasado es pasado y sintiendo la certeza de que nunca se equivocan, entonces ¿qué tipo de carácter muestra esto? ¿Qué clase de comportamiento? ¿Cuál es la esencia de tal comportamiento? Tales personas están curtidas y, pase lo que pase, ese es el camino que seguirán. A Dios no le gustan esas personas. ¿Qué dijo Jonás cuando expresó por primera vez las palabras de Dios a los ninivitas? (“Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada” (Jonás 3:4).) ¿Cómo reaccionaron los ninivitas a estas palabras? En cuanto vieron que Dios iba a destruirlos, vistieron de cilicio y cenizas y se apresuraron a confesarle sus pecados. Esto es lo que significa arrepentirse. Tal arrepentimiento le presenta al hombre una enorme oportunidad. ¿Qué oportunidad es esa? Es la oportunidad de seguir viviendo. Sin tal arrepentimiento, te sería difícil continuar adelante, ya sea en tu cumplimiento del deber o en tu búsqueda de la salvación. En cada etapa, ya sea cuando Dios te disciplina o te castiga, o cuando te recuerda y te exhorta, mientras haya un conflicto entre ti y Dios, tú sigues aferrado a tus propias ideas, puntos de vista y actitudes, entonces aunque tus pasos se encaminen hacia adelante, el conflicto entre ti y Dios, tus malentendidos y resentimiento hacia Él, y tu rebeldía no serán rectificados, y, si no das un giro, entonces Dios, por Su parte, te eliminará. Aunque no hayas abandonado el deber que te corresponde y puedas cumplirlo, y aunque hayas aceptado la comisión de Dios y le seas leal, siempre quedará en ti el nudo de la disputa que ha surgido entre ti y Dios. Si no lo desatas o lo dejas ir, y en su lugar continúas creyendo que Dios está equivocado y has sido perjudicado, entonces esto significa que no has dado un giro. ¿Por qué Dios le da tanta importancia a que la gente dé un giro? ¿Con qué actitud debería un ser creado considerar al Creador? Con la de reconocer que el Creador tiene razón, haga lo que haga. Si no reconoces esto —que el Creador es la verdad, el camino y la vida—, estas no serán más que palabras huecas para ti. Si no son más que palabras huecas para ti, ¿podrá Dios salvarte? No lo hará. No estarás cualificado; Dios no salva a gente como tú. Hay algunos que dicen: “Dios pide que las personas se arrepientan y sepan dar un giro. Bueno, en muchas cosas no he dado un giro. ¿Me queda aún tiempo para hacerlo?”. Sí, todavía hay tiempo. Además, algunos dicen: “¿En qué cosas tengo que dar un giro? Las cosas del pasado han pasado y se han olvidado”. Si tu carácter no cambia ni siquiera un solo día, y ni un solo día pasa sin que llegues a saber qué es lo que no concuerda con la verdad en tus acciones y qué es lo que no puede concordar con Dios, entonces ese nudo que existe entre ti y Dios todavía no se ha desatado; el asunto no se ha resuelto ni ha pasado. Este carácter está dentro de ti; esta idea, este punto de vista y esta actitud está dentro de ti. En cuanto las circunstancias correctas aparezcan, este punto de vista tuyo emergerá una vez más, y tu conflicto con Dios se recrudecerá. Por lo tanto, aunque no rectifiques el pasado, debes rectificar las cosas que sucederán en el futuro. ¿Cómo deben rectificarse? Dando un giro y dejando de lado tus ideas e intenciones; una vez tengas esta intención, la tuya será naturalmente también una actitud de sumisión. Sin embargo, para hablar con mayor precisión, esto se refiere en realidad a las personas que dan un giro en su actitud hacia Dios, el Creador; es un reconocimiento y afirmación del hecho de que el Creador es la verdad, el camino y la vida. Si puedes cambiar, esto demuestra que puedes dejar de lado aquellas cosas que crees que son correctas, o las que la humanidad, que es corrupta, piensa colectivamente que son correctas; y, en cambio, estás reconociendo que las palabras de Dios son la verdad y cosas positivas. Si puedes tener esta actitud, demuestras tu reconocimiento de la identidad del Creador y de Su esencia. Así es como Dios ve el asunto, y por lo tanto Él lo considera especialmente importante.

Extracto de ‘Solo si se corrigen las propias nociones es posible tomar el buen camino de la fe en Dios (3)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

El arrepentimiento del rey de Nínive se gana el elogio de Jehová Dios

Cuando el rey de Nínive oyó estas noticias, se levantó de su trono, se quitó su túnica, se vistió de cilicio y se sentó sobre cenizas. Después proclamó que no se permitiría comer nada a nadie en la ciudad, y que ni a los corderos, los bueyes o cualquier otra cabeza de ganado se le permitiría pastar o beber agua. Los hombres y el ganado por igual debían vestir de cilicio, y las personas harían fervientes ruegos a Dios. El rey también proclamó que cada uno de ellos se volviese de sus caminos malvados y abandonase la violencia en sus manos. A juzgar por esta serie de acciones, el rey de Nínive albergaba un arrepentimiento sincero en su corazón. Esta serie de acciones que llevó a cabo —levantarse de su trono, quitarse su túnica de rey, vestir de cilicio y sentarse sobre cenizas— le revelan a la gente que el rey de Nínive estaba dejando de lado su estatus real y vestía de cilicio junto al pueblo llano. Es decir, el rey de Nínive no ocupaba su puesto real para continuar con su camino malvado o la violencia en sus manos después de oír el anuncio de Jehová Dios; en su lugar, dejó de lado la autoridad que ostentaba y se arrepintió delante de Jehová Dios. En este momento, el rey de Nínive no se estaba arrepintiendo como un rey; había venido delante de Dios para arrepentirse y confesar sus pecados como un súbdito ordinario de Dios. Además, también dijo a toda la ciudad que se arrepintiese y confesase sus pecados delante de Dios de la misma forma que había hecho él; adicionalmente, tenía un plan específico en cuanto a cómo hacerlo, como se ve en las Escrituras: “Que ningún hombre ni bestia, manada o bandada, coman nada, ni siquiera que beban agua. […] y que clamen con todas sus fuerzas a Dios; que todos se arrepientan de sus caminos de maldad y se despojen de toda la violencia de sus manos”.* Como gobernador de la ciudad, el rey de Nínive poseía un estatus y un poder supremo y podía hacer cualquier cosa que desease. Cuando se enfrentó al anuncio de Jehová Dios, podía haber ignorado el asunto o simplemente haberse arrepentido y confesado sus pecados él solo; en cuanto a si el pueblo de la ciudad decidía o no arrepentirse, podía haber ignorado por completo el asunto. Sin embargo, el rey de Nínive no hizo esto en absoluto. No solo se levantó de su trono, se vistió de cilicio y cenizas, se arrepintió y confesó sus pecados delante de Jehová Dios, sino que también ordenó que todas las personas y el ganado de la ciudad hiciesen lo mismo. Incluso ordenó a las personas “clamar con todas sus fuerzas a Dios”. A través de esta serie de acciones, el rey de Nínive cumplió verdaderamente con su deber. Su serie de actos resulta difícil de realizar para cualquier rey en la historia humana y, de hecho, ningún otro rey logró tales cosas. Estas acciones pueden definirse como sin precedentes en la historia humana y son dignas de ser tanto conmemoradas como imitadas por la humanidad. Desde los albores del hombre, cada rey había llevado a sus súbditos a resistirse y oponerse a Dios. Nadie había guiado nunca a sus súbditos a rogar a Dios en busca de redención por su maldad, a recibir el perdón de Jehová Dios y evitar el castigo inminente. Sin embargo, el rey de Nínive fue capaz de llevar a sus súbditos a volverse a Dios, dejar atrás sus respectivos caminos malvados y abandonar la violencia en sus manos. Además, también fue capaz de dejar de lado su trono y, en respuesta, Jehová Dios cambió de idea, sintió arrepentimiento, se retractó de Su ira, permitiendo que las personas de la ciudad sobreviviesen, guardándolas de la destrucción. Las acciones del rey sólo pueden calificarse como un milagro raro en la historia humana e incluso como un ejemplo modélico de humanidad corrupta, al arrepentirse y confesar sus pecados delante de Dios.

Extracto de ‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”

El arrepentimiento verdadero en los corazones de los ninivitas obtiene para ellos la misericordia de Dios y cambia su propio fin

¿Había alguna contradicción entre el cambio de opinión de Dios y Su ira? ¡Por supuesto que no! Esto es porque la tolerancia de Dios en ese momento en particular tenía su razón. ¿Qué razón podía ser? Es la que se da en la Biblia: “todos se arrepintieron de su propio camino de maldad” y “se despojaron de toda la violencia de sus manos”.

Este “camino de maldad” no se refiere a un puñado de actos malvados, sino a la fuente de mal de la que emana el comportamiento de las personas. “Arrepentirse de su propio camino de maldad” significa que aquellos en cuestión nunca cometerán estos actos de nuevo. En otras palabras, nunca se comportarán de esa forma malvada de nuevo; el método, la fuente, el propósito, la intención y el principio de sus acciones han cambiado todos; nunca más usarán esos métodos y principios para traer disfrute y felicidad a sus corazones. El “despojarse” en “despojarse de toda la violencia de sus propios manos” significa deponer o desechar, romper totalmente con el pasado y nunca volver atrás. Cuando el pueblo de Nínive abandonó la violencia que había en sus manos, esto demostraba y representaba su arrepentimiento verdadero. Dios observa la apariencia exterior de las personas, así como sus corazones. Cuando Dios observó el arrepentimiento verdadero en los corazones de los ninivitas sin dudarlo y también observó que habían dejado sus caminos malvados y abandonado la violencia que había en sus manos, cambió de opinión. Es decir, la conducta y el comportamiento de estas personas, sus diversas formas de hacer las cosas, así como su verdadera confesión y arrepentimiento de los pecados en su corazón provocaron que Dios cambiase Su opinión, Sus intenciones, se retractase de Su decisión y no los castigase ni destruyese. Así pues, las personas de Nínive consiguieron un fin diferente para ellas. Redimieron sus propias vidas y al mismo tiempo obtuvieron la misericordia y tolerancia de Dios, punto en el cual Dios también replegó Su ira.

Extracto de ‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”

La misericordia y tolerancia de Dios no son raras, el arrepentimiento del hombre lo es

Independientemente de cuán airado había estado Dios con los ninivitas, en cuanto declararon un ayuno y vistieron de cilicio y cenizas, Su corazón comenzó a ablandarse y Su opinión a cambiar. Cuando Él les proclamó que destruiría su ciudad —el momento anterior a su confesión y arrepentimiento de sus pecados— Dios seguía airado con ellos. Una vez hubieron llevado a cabo una serie de actos de arrepentimiento, el enojo de Dios por los habitantes de Nínive se transformó gradualmente en misericordia y tolerancia hacia ellos. No hay nada contradictorio acerca de la revelación coincidente de estos dos aspectos del carácter de Dios en el mismo acontecimiento. Entonces, ¿cómo debería uno entender y conocer esta ausencia de contradicción? Dios expresó y reveló por separado cada una de estas esencias de los dos polos opuestos cuando el pueblo de Nínive se arrepintió, permitiendo a las personas ver la realidad de la esencia de Dios y que esta no se puede ofender. Dios utilizó Su actitud para decirle a las personas: no es que Dios no tolere a las personas o que no quiera mostrarles misericordia; más bien es que las personas raramente se arrepienten verdaderamente a Dios, y es raro que las personas se vuelvan verdaderamente de sus malos caminos y abandonen la violencia de sus manos. En otras palabras, cuando Dios está airado con el hombre, espera que este sea capaz de arrepentirse sinceramente y, en efecto, espera ver el arrepentimiento verdadero del hombre, en cuyo caso continuará concediendo entonces con liberalidad Su misericordia y tolerancia al hombre. Es decir, la conducta malvada del hombre provoca la ira de Dios, mientras que la misericordia y tolerancia de Dios se conceden a aquellos que escuchan a Dios y se arrepienten sinceramente delante de Él, a aquellos que pueden volverse de sus caminos malvados y abandonar la violencia de sus manos. La actitud de Dios se reveló muy claramente en Su trato con los ninivitas: la misericordia y la tolerancia de Dios no son en absoluto difíciles de conseguir, y lo que Él exige es el arrepentimiento sincero de uno. Siempre y cuando las personas se vuelvan de sus caminos malvados y abandonen la violencia de sus manos, Dios cambiará Su opinión y Su actitud hacia ellas.

Extracto de ‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las citas bíblicas marcadas (*) han sido traducidas de AKJV.

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