125. Principios para abrir tu corazón a los demás

(1) Cuando se habla con alguien que ama la verdad, se debe hablar desde el corazón. Poner al descubierto tu verdadero estado y tus dificultades, y buscar la verdad, para así obtener una amorosa ayuda;

(2) Es necesario tratar a los demás con sinceridad e interactuar con ellos amorosamente, y hablar en consonancia con la verdad, ayudando y edificando así a los demás. Nunca ataques o albergues sospechas de las personas;

(3) Hay que comprender las debilidades y dificultades de los demás. Ser capaz de estar en igualdad de condiciones con ellos y ayudarlos hablando desde el corazón, para que se sientan reconfortados y sin restricciones;

(4) Al conversar con los demás, se debe comunicar la experiencia de las palabras de Dios, para que los demás puedan ser edificados y se beneficien. Ayuda a los demás a sentir el amor y la salvación de Dios, y a embarcarse en la senda correcta de la vida.

Las palabras relevantes de Dios:

“Experiencias de compartir y conversar” significa darle voz a cada pensamiento que hay en tu corazón, tu estado de ser, tus experiencias y conocimiento de las palabras de Dios, así como el carácter corrupto que hay en ti, y entonces permiten a otros distinguir estas cosas y aceptar las partes positivas y reconocer lo que es negativo. Solo esto es compartir, y solo esto es tener verdadera comunión. No implica simplemente tener cierto conocimiento sobre las palabras de Dios o sobre una parte de un himno, y luego compartirlo como te plazca sin ir más allá ni decir nada relacionado con tu propia vida real. Todo el mundo habla de conocimiento doctrinal y teórico, pero nadie dice nada del conocimiento obtenido de las verdaderas experiencias. Todos vosotros evitáis hablar sobre estas cosas, sobre vuestra vida personal, sobre vuestra vida en la iglesia con los hermanos y hermanas, sobre vuestro propio mundo interior. Al hacer tal cosa, ¿cómo puede producirse una verdadera comunicación entre las personas? ¿Cómo puede haber una confianza real? ¡No puede haberla! Si una esposa nunca le expresa a su marido las palabras que guarda en su corazón, ¿se puede decir que son confidentes? ¿Saben lo que hay en la mente del otro? Supongamos que dicen constantemente: “¡Te amo!”. Solo dicen eso, sin embargo nunca han expuesto lo que de verdad piensan en lo más profundo, lo que quieren uno del otro o los problemas que tienen. Jamás han hablado entre ellos de tales cosas y tampoco han confiado el uno en el otro, y si ninguno de los dos ha confiado en el otro, ¿son, acaso, una pareja que se ama de verdad? Si cuando están juntos no tienen nada más que delicadezas superficiales el uno para el otro, ¿son de verdad marido y mujer? ¡Desde luego que no! Si los hermanos y las hermanas han de ser capaces de confiar los unos en los otros, ayudarse y proveerse unos a otros, entonces cada persona debe hablar de sus propias experiencias verdaderas. Si no hablas de ellas y solo pronuncias lemas, palabras doctrinales y superficiales, entonces no eres una persona honesta y eres incapaz de serlo. Por ejemplo, al convivir durante varios años, marido y mujer tratan de habituarse el uno al otro y de vez en cuando se pelean. Sin embargo, si ambos sois de una humanidad normal, siempre le hablarás desde el corazón, y él igual a ti. Cualesquiera que sean las dificultades con las que te topes en la vida, los problemas que ocurran en tu obra, lo que pienses en el fondo, comoquiera que planees resolver las cosas, qué ideas y planes puedas tener para tu trabajo o para tus hijos; se lo contarás todo a tu compañero. Así, ¿acaso no sentiréis ambos una especial cercanía y empatía entre vosotros? Si él nunca te cuenta sus pensamientos más profundos y lo único que hace es traer su sueldo a casa, y si nunca le hablas de tus propios pensamientos ni confías nunca en él, ¿no habrá distancia emocional entre ambos? Con toda seguridad, la habrá. Él está lejos de ti y tú de él, porque no entiendes los pensamientos ni las intenciones de su corazón. En última instancia, no puedes decir qué tipo de persona es tu compañero, como él tampoco puede decir qué clase de persona eres tú; no entiendes sus necesidades ni él comprende las tuyas. Si las personas no tienen comunicación verbal ni espiritual, entonces no hay posibilidad de intimidad entre ellas, y no pueden proveerse ni ayudarse el uno al otro. ¿Tenéis este tipo de sentimiento? Si tu amigo te lo confía todo, le da voz a todo lo que está pensando y sea cual sea el sufrimiento o felicidad que albergue, entonces ¿no sentirás una particular intimidad con él? La razón por la que está dispuesto a contarte esas cosas es que también le has confiado tus pensamientos profundos; sois especialmente cercanos y esto se debe a que sois capaces de llevaros bien y echaros una mano el uno al otro. Sin esta clase de comunicación e intercambio entre los hermanos y las hermanas en la iglesia, la armonía nunca podría existir.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Cuando comunicas la verdad y describes algo de manera clara y comprensible para que pueda edificar y beneficiar a otros, hacerles entender la voluntad de Dios y ayudarles a escapar de malentendidos y falacias, ¿hay necesidad de ser condescendiente? ¿Hay que usar un tono de sermón? No es necesario regañarles ni hablar en voz alta, y mucho menos ser brusco en las palabras, el tono o la entonación. Solo tienes que aprender a usar un tono normal, comunicar desde una posición de igualdad, hablar con calma, expresar las palabras en tu corazón, y esforzarte por hablar de forma clara y comprensible de lo que tú entiendes y los demás necesitan entender. Cuando hables de manera comprensible, otras personas sabrán lo que quieres decir, se liberará tu carga, dejarán de malinterpretar, y serás más claro en lo que estás comunicando. ¿No os edifica esto a ambos? ¿Hay alguna necesidad de arengarlos? En muchos casos, no hay necesidad de obligarles. Si no les obligas a aprender nada, pero se siguen negando a aceptar lo que tienes que decir, ¿qué debes hacer? Algo de lo que dices es la verdad, y es un hecho, pero ¿aceptaría la gente tus palabras en cuanto las pronunciaras? ¿Qué necesitan para aceptar estas palabras y cambiar? Necesitan un proceso; debes proporcionarles un proceso para cambiar. [...] La finalidad de hablar de corazón a corazón es que haya una comunicación humana normal entre las personas, y que se produzca un intercambio de ideas. Esa es una manera simple de decirlo. En términos generales, se trata de que las personas comprendan los estados de los demás, aprovechen las fortalezas de cada uno para compensar las deficiencias de los demás, se apoyen y se ayuden mutuamente. Este es el efecto que provoca. ¿Acaso no conduce esto a una interacción normal entre las personas?

Extracto de La comunión de Dios

Cada vez que termines de hacer algo, las partes que piensas haber hecho correctamente deben ser también sometidas a escrutinio; y, más aún, la parte que crees haber hecho mal, también debe ser sometida a escrutinio. Esto requiere que los hermanos y hermanas pasen más tiempo comunicando juntos, investigando y ayudándose unos a otros. Mientras más comuniquemos, más luz entrará en nuestros corazones; Dios nos esclarecerá entonces respecto a todos los asuntos. Si ninguno de nosotros habla, sino que todos nos encubrimos para quedar bien, con la esperanza de dejar una buena impresión en la mente de los demás, y queriendo que piensen bien de nosotros y no se burlen, entonces no tendremos medio de crecer, y no nos resultará fácil progresar. Si siempre te encubres para dar buena impresión, no crecerás y vivirás para siempre en la oscuridad. Además, será imposible que te transformes. Si deseas cambiar, debes pagar el precio, exponer todo lo que haces y abrir tu corazón a los demás, y al hacerlo te beneficiarás tanto a ti mismo como a otras personas. Cuando alguien dice: “¿Por qué no cuentas algunas cosas sobre tus experiencias recientes?”, nadie habla de problemas de esencia, nadie se examina meticulosamente ni se expone. Cuando las personas hablan de palabras y doctrinas, nadie tiene el menor problema; pero cuando hablan sobre conocerse a sí mismos, nadie dice nada. Estas personas que tienen poco conocimiento de sí mismas no se atreven tampoco a ponerlo de manifiesto; no tienen el valor necesario. Así, esta es la situación que se forma en última instancia. Cuando las personas están juntas, se adulan mutuamente. Nadie está dispuesto a presentar su verdadero rostro para que todos lo analicen y lo conozcan. ¿Puede tener uno vida de iglesia así? No.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Si dos personas quieren llevarse bien, deben sincerarse mutuamente, lo que es aún más necesario entre personas que han de trabajar juntas en armonía. A veces, al relacionarse dos personas, chocan sus personalidades o tienen entornos familiares, orígenes o condiciones económicas diferentes. Sin embargo, si esas dos personas son capaces de sincerarse mutuamente y del todo sobre sus problemas, comunicarse sin mentiras ni engaños y mostrarse a corazón abierto, de esa forma podrán hacerse amigos de verdad; es decir, íntimos. Cuando la otra persona tenga una dificultad, quizá recurra a ti y a nadie más. Incluso si la regañas, sabe que eres sincero, pues sabe que eres una persona honesta, de corazón sincero y honesto. ¿Podéis ser así vosotros? ¿Sois así? Si no lo sois, tú no eres honesto. Al relacionarte con los demás, primero debes hacer que perciban tu corazón veraz y tu sinceridad. Si al hablar, establecer contacto y trabajar con los demás, las palabras de alguien son superficiales, grandilocuentes, chistosas, aduladoras, irresponsables e imaginarias, o si simplemente habla para buscar el favor del otro, entonces sus palabras carecen de toda credibilidad y no tienen la menor sinceridad. Es su modo de relacionarse con los demás, sean quienes sean. ¿Una persona así tiene un corazón honesto? No es una persona honesta. Supón que alguien tiene un defecto y te dice sincera y honradamente: “Dime por qué, exactamente, soy tan negativo. ¡Es que no lo entiendo!”. Y supón que en realidad comprendes su problema para tus adentros, pero no se lo dices, sino que contestas: “No es nada. Yo también suelo volverme negativo”. Estas palabras son de gran consuelo para quien las oye, pero ¿es sincera tu actitud? No. Eres superficial hacia la otra persona al consolarla para que se sienta cómoda y tenga paz mental y, a fin de que no se sienta enemistada contigo y evitar conflictos, no le has hablado honestamente. No quieres ayudarla ni utilizas tu sinceridad para ayudarla a superar la negatividad. No has hecho lo que ha de hacer una persona honesta y esto no es lo que significa ser una persona honesta. Entonces, ¿qué debe hacer una persona honesta en este tipo de situación? Con tus propias y sentidas palabras, dile lo que has visto realmente: “Te diré lo que he visto y experimentado. Tú decides si tengo o no razón en lo que digo. Si no la tengo, no tienes que aceptarlo. Si la tengo, espero que lo hagas. Si digo algo que te resulte duro de escuchar y te duela, espero que sepas aceptarlo de parte de Dios. Tengo la intención y el objetivo de ayudarte. Veo claro el problema: te han herido en tu orgullo personal. Nadie alimenta tu ego y piensas que los demás te menosprecian, que te atacan y nunca te han ofendido tanto. No lo soportas y te vuelves negativo. ¿Qué opinas? ¿Se trata de esto realmente?”. Al oír esto, creen que, efectivamente, así es. Esto es lo que piensas en realidad, pero, si no eres honesto, no lo dices. Dirás: “A menudo también yo me vuelvo negativo”, y cuando la otra persona oye que todo el mundo se vuelve negativo, lo considera normal y, al final, no supera la negatividad. Si eres una persona honesta y la ayudas con una actitud y un corazón honestos, puedes ayudarla a comprender la verdad.

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

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