78. Principios para cumplir adecuadamente con el deber

(1) En todos los asuntos, es necesario buscar la verdad, llegar a comprenderla y actuar de acuerdo con los principios. Solo así se entra en la realidad-verdad y se cumple satisfactoriamente con su deber.

(2) Es necesario comprender lo que Dios quiere y requiere. Se ha de tener claro que es Él quien asigna el deber, y que es mandato del Cielo y reconocido por la tierra que se lleves bien a cabo;

(3) Es necesario aceptar el juicio y castigo de Dios y, a través de la introspección, conocer la esencia-naturaleza propias para poder purificar la corrupción. Solo así se puede practicar la verdad y cumplir bien con el deber.

(4) Es necesario formarse para ser una persona honesta. Rectificar todo el fraude y la artimaña, toda la confusión y el descuido del carácter corrupto, y llegar a actuar de acuerdo con los principios en el cumplimiento del deber.

Las palabras relevantes de Dios:

En la expresión “desempeño adecuado del deber” se enfatiza el término “adecuado”. Así pues, ¿cómo debería definirse “adecuado”? En esto también hay una verdad que buscar. ¿Es adecuado limitarse a hacer un trabajo pasable? Para conocer los detalles concretos acerca de cómo entender y considerar el término “adecuado”, debes comprender muchas verdades y hablar más de la verdad. En el cumplimiento del deber debes entender la verdad y sus principios; solo entonces puedes alcanzar un desempeño adecuado del deber. ¿Por qué deben cumplir las personas con el deber? Una vez que creen en Dios y han aceptado Su comisión, las personas tienen parte de responsabilidad y obligación en el trabajo de la casa de Dios y en el lugar de Su obra y, a cambio, a consecuencia de esta responsabilidad y obligación, se han convertido en elemento de la obra de Dios: un elemento de los objetos de Su obra y de los objetos de Su salvación. Por tanto, hay una relación muy sustancial entre la salvación de la gente y su manera de cumplir con el deber, si sabe hacerlo bien y hacerlo adecuadamente. Dado que ya formas parte de la casa de Dios y has aceptado Su comisión, ahora tienes un deber. No te corresponde a ti decir cómo debes cumplir con este deber; eso le corresponde a Dios y lo dictan las normas de la verdad. Por consiguiente, la gente debe entender y tener claro cómo evalúa Dios las cosas; esto es algo que vale la pena buscar. En la obra de Dios, cada persona recibe un deber. Es decir, la gente recibe deberes que varían en función de sus dones, aptitudes, edades, situaciones y épocas. Sin importar qué deber te asignen ni en qué época o circunstancias lo recibas, un deber es solamente un deber; no es algo que gestione una persona. En última instancia, la norma que Dios te exige es que desempeñes adecuadamente tu deber. ¿Cómo se ha de explicar el término “adecuadamente”? Significa que debes cumplir con las exigencias de Dios y satisfacer a Él, Dios debe calificar de adecuado tu trabajo y darte Su aprobación; entonces habrás cumplido adecuadamente con el deber. Si Dios dice que tu trabajo es inadecuado, no has cumplido adecuadamente con el deber. Aunque puedas estar llevando a cabo tu deber y Él reconozca que lo has hecho, si no lo haces adecuadamente, ¿cuáles serán las consecuencias? En casos graves es posible que se esfumen y derrumben las esperanzas de salvación de la gente; en casos menos graves es posible que se le prive de su derecho a cumplir con el deber. Una vez privadas de esos derechos, algunas personas son apartadas, tras lo cual se ocupan de ellas y las organizan aparte. ¿Que se ocupen de ellas y las organicen aparte implica su expulsión? No necesariamente; Dios esperará a ver cómo actúan estas personas. Por lo tanto, es crucial la forma en que uno cumple con el deber. La gente debe tratarlo con prudencia, tomárselo en serio y considerarlo un asunto de gran importancia en su entrada en la vida y en lograr la salvación; no debe tratarlo de manera descuidada.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Todos los que creen en Dios deben entender Su voluntad. Solo aquellos que desempañan sus deberes apropiadamente pueden satisfacer a Dios, y el desempeño del deber será satisfactorio solo si se completan las tareas que Él les encomienda. Existen estándares para el cumplimiento de la comisión de Dios. El Señor Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. Amar a Dios es un aspecto de lo que Él requiere de las personas. En realidad, siempre que Dios les haya dado una comisión a las personas, estas crean en Él y cumplan con el deber, estos son los criterios que les exige: que actúen con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas. Si tú estás presente, pero tu corazón no —si la memoria y los pensamientos de tu mente están presentes, pero tu corazón no— y si logras las cosas gracias a tus habilidades, ¿estás cumpliendo con la comisión de Dios? Entonces, ¿qué criterio hay que satisfacer para cumplir con la comisión de Dios y llevar a cabo el deber leal y correctamente? Eso es llevar a cabo tu deber con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Si tratas de cumplir correctamente con el deber sin amar a Dios de corazón, no te saldrá bien. Si tu amor por Dios se vuelve cada vez más fuerte y más auténtico, entonces de forma natural podrás llevar a cabo tu deber con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

Extracto de ‘Aquello concreto en lo que las personas han confiado para vivir’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Sin importar el deber que cumplas, siempre debes buscar comprender la voluntad de Dios y entender cuáles son Sus requisitos relacionados con tu deber; sólo entonces podrás manejar los asuntos con base en los principios. Al desempeñar tu deber, definitivamente no puedes guiarte por tus preferencias personales y hacer únicamente lo que te gustaría hacer, aquello con lo que te sentirías feliz y cómodo haciendo o cualquier cosa que te haría ver bien. Si impones a Dios tus preferencias personales por la fuerza o si las practicas como si fueran la verdad, acatándolas como si fueran los principios-verdad, entonces eso no es cumplir con tu deber y cumplir con tu deber de esta forma no será recordado por Dios. Algunas personas no entienden la verdad y no saben lo que significa cumplir bien con su deber. Sienten que, como han puesto su corazón y su esfuerzo en ello, han renunciado a su carne y sufrido, entonces el cumplimiento de sus deberes debería estar a la altura de las normas, pero ¿por qué entonces Dios siempre está insatisfecho? ¿En dónde se han equivocado estas personas? Su error fue no buscar los requisitos de Dios y, en lugar de ello, actuar de acuerdo con sus propias ideas; trataron sus propios deseos, preferencias y motivos egoístas como la verdad y los trataron como si fueran lo que Dios amaba, como si fueran Sus estándares y requisitos. Veían como la verdad lo que creían que era correcto, bueno y hermoso; esto está mal. De hecho, aunque las personas puedan pensar a veces que algo es correcto y que va acorde con la verdad, eso no significa necesariamente que esté de acuerdo con la voluntad de Dios. Mientras más personas piensen que algo es correcto, más cautas deben ser y más deben buscar la verdad para ver si lo que están pensando cumple con los requisitos de Dios. Si resulta que eso va en contra de Sus requisitos, entonces estás equivocado al pensar que es correcto, no es más que un pensamiento humano y no necesariamente estará de acuerdo con la verdad, no importa lo correcto que pienses que sea. Tu determinación del bien y el mal debe basarse únicamente en las palabras de Dios, y no importa cuán correcto creas que es algo, a menos que haya una base para las palabras de Dios, debes descartarlo. ¿Qué es el deber? Es un encargo que Dios les ha hecho a las personas. Así pues, ¿cómo debes cumplir con tu deber? Actuando de acuerdo con los requisitos y estándares de Dios y basando tu conducta en los principios-verdad y no en los deseos humanos subjetivos. De esta manera, el cumplimiento de tus deberes estará a la altura de los estándares.

Extracto de ‘Solo si buscas los principios-verdad puedes desempeñar bien tu deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunas personas, sin importar el problema al que se puedan enfrentar cuando llevan a cabo sus deberes, no buscan la verdad y siempre actúan de acuerdo con sus propios pensamientos, nociones, imaginaciones y deseos. Están satisfaciendo constantemente sus propios deseos egoístas y su carácter corrupto siempre controla sus acciones. Aunque pueden llevar a cabo el deber que les ha sido asignado, no obtienen ninguna verdad. Así pues, ¿en qué confían estas personas en la realización de sus deberes? No confían ni en la verdad ni en Dios. El trozo de verdad que entienden no ha tomado la soberanía en su corazón: confían en sus propios dones y capacidades, en el conocimiento que han adquirido y en sus talentos, así como en su propia fuerza de voluntad o en sus buenas intenciones, para llevar a cabo estos deberes. Esta es una diferente clase de naturaleza, ¿verdad? Aunque puedas a veces apoyarte en tu naturalidad, tus imaginaciones, tus nociones, tu conocimiento y tu aprendizaje para cumplir con tu deber, en las cosas que haces no se presentan problemas de principios. A simple vista, parece como si no hubieras tomado la senda equivocada, pero hay algo que no puedes pasar por alto: a lo largo del proceso de realizar tu deber, si tus nociones, imaginaciones y deseos personales nunca cambian y nunca son reemplazados con la verdad; y si tus acciones y tus actos nunca se realizan con los principios-verdad, entonces ¿cuál será el resultado final? Te convertirás en un hacedor de servicio. Esto es precisamente lo que estaba escrito en la Biblia: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:22-23). ¿Por qué llama Dios a estas personas que realizan esfuerzo y rinden servicio “los que practicáis la iniquidad”? Hay un aspecto del que podemos estar seguros, y es que, independientemente de los deberes o la obra que hagan estas personas, sus motivaciones, ímpetus, intenciones y pensamientos surgen enteramente de sus deseos egoístas, se basan completamente en sus propias ideas e intereses personales, y estas consideraciones y planes giran totalmente en torno a su reputación, estatus, vanidad y sus perspectivas de futuro. En el fondo no poseen la verdad ni actúan de acuerdo con los principios-verdad. Así, ¿qué es crucial para que ahora busquéis? (Deberíamos buscar la verdad y cumplir con nuestros deberes de acuerdo con la voluntad y los requerimientos de Dios). ¿Qué deberíais hacer en concreto al cumplir con vuestros deberes según los requerimientos de Dios? Con respecto a las intenciones e ideas que tienes cuando haces algo, debes aprender cómo discernir si están de acuerdo con la verdad o no, así como si tus intenciones e ideas están orientadas hacia cumplir vuestros propios deseos egoístas o hacia los intereses de la casa de Dios. Si tus intenciones ideas están de acuerdo con la verdad, entonces puedes hacer tu deber en línea con tu pensamiento; sin embargo, si no están de acuerdo con la verdad, entonces debes darte la vuelta rápidamente y abandonar ese camino. Ese camino no es correcto y no puedes practicar de esa manera; si continúas caminando por esa senda, entonces acabarás cometiendo maldad.

Extracto de ‘Cómo experimentar las palabras de Dios en los propios deberes’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Hacer las cosas por inercia al llevar a cabo tu deber es un tabú importante. Si sigues actuando de este modo, no podrás llevar a cabo tu deber adecuadamente. ¡Debes dedicarte en cuerpo y alma! ¡Ha sido muy difícil que la gente se topara con esta oportunidad! Cuando Dios les da una oportunidad ellos no la aprovechan, y entonces esa oportunidad se pierde. Incluso si desean buscarla más tarde, puede que no vuelva a presentarse. La obra de Dios no espera a nadie, como tampoco esperan las oportunidades para cumplir con el propio deber. Hay gente que dice: “Antes no cumplía bien mi deber, pero ahora sigo queriendo cumplirlo, así que esta vez estoy decidido; seré un poco más concienzudo, me esforzaré un poco más y haré un buen trabajo para completarlo”. Sin embargo, a veces esta oportunidad ya no existe. No se presentan muchas oportunidades, así que debes aprovecharlas. Ante un deber que requiere de ti esfuerzo, entrega y que le dediques tu cuerpo, tu alma y tu tiempo, no debes ocultar nada, albergar insignificante inteligencia alguna ni tener manga ancha. Si tienes manga ancha, eres calculador o astuto y traicionero, acabarás por hacer un trabajo deficiente. Tal vez digas: “Nadie me ha visto actuar con astucia. ¡Qué bien!”. ¿Qué manera de pensar es esta? Crees haber engañado a la gente y también a Dios. En realidad, no obstante, ¿sabe Dios lo que has hecho o no? (Sí). Generalmente, los que se relacionen contigo durante un largo período de tiempo también se darán cuenta y dirán que eres una persona siempre escurridiza, nunca esmerada, y que solo se esfuerza al 50 o 60 %, al 80 como mucho. Dirán que lo haces todo de manera muy confusa y haciendo la vista gorda en cualquier cosa que haces; no eres nada aplicado en el trabajo. Si te obligan a hacer algo, solo entonces te esfuerzas un poco; si hay alguien cerca para comprobar si tu trabajo está a la altura, lo haces ligeramente mejor, pero si no, holgazaneas un poco. Si te tratan, te vuelcas en ello; de lo contrario, echas constantes cabezadas en el trabajo y tratas de salirte con la tuya en la medida de lo posible, pues das por hecho que nadie se dará cuenta. El tiempo pasa y la gente se da cuenta. Dicen: “Esta persona es poco fiable e indigna de confianza; si le asignas un deber importante para que lo cumpla, habrá que supervisarla. Sabe hacer tareas y trabajos normales que no implican principios, pero si le asignas un deber trascendental para que lo cumpla, lo más probable es que meta la pata, con lo que te habrá engañado”. La gente verá sus intenciones y se habrá desprendido por completo de toda dignidad e integridad. Si nadie puede confiar en ella, ¿cómo puede hacerlo Dios? ¿Le encomendaría Dios una tarea importante? Una persona así es indigna de confianza.

Extracto de ‘La entrada en la vida debe comenzar con la experiencia de desempeñar el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunas personas cumplen con su deber de manera irresponsable. El resultado es una obra de mala calidad que siempre debe rehacerse, lo cual tiene un grave impacto en el progreso futuro. ¿Hay alguna razón para ello, aparte de las deficiencias en cuanto a experiencia y profesionalidad? La profesionalidad y la experiencia pueden aprenderse y acumularse poco a poco, pero si la gente tiene problemas de carácter, ¿cómo debe resolverse este problema? Requieren ser podadas y tratadas, que las personas se vigilen unas a otras y busquen la verdad. El mayor problema que conduce a que la obra realizada en el cumplimiento del deber tenga que rehacerse no es la falta de profesionalidad o de experiencia, sino que las personas son santurronas y arrogantes hasta el extremo y no cooperan armoniosamente, al contrario, actúan por su cuenta y de manera arbitraria, dando como resultado que cuando terminan algo, su obra no se sostiene, por lo que el esfuerzo fue en vano. ¿Cuál es el problema más grave detrás de esto? (El carácter corrupto del hombre). Un carácter corrupto trae consigo grandes obstáculos. ¿Y qué aspectos de un carácter corrupto afectan al rendimiento de las personas en el cumplimiento de su deber? (La arrogancia y la santurronería). ¿Cómo se manifiestan la arrogancia y la santurronería en el comportamiento? Tomar decisiones por su cuenta, no escuchar ni consultar con los demás, no cooperar armoniosamente, y siempre querer tener la última palabra sobre las cosas. Aunque unos cuantos hermanos y hermanas cooperen para cumplir una tarea concreta, ocupándose cada uno de la suya propia, el líder del grupo o la persona encargada siempre quiere tener la última palabra. Hagan lo que hagan, nunca cooperan armoniosamente con los demás y no se involucran en la comunicación, empiezan a hacer las cosas precipitadamente sin llegar primero a un consenso con los demás. Hacen que todo el mundo los escuche solo a ellos, y ahí está el problema. Además, cuando los demás perciben el problema, pero no dan un paso al frente para detener a la persona a cargo, en última instancia se produce una situación en la que todos los involucrados tienen que rehacer su obra, cansándose en el proceso. Entonces, ¿también tienen los demás una responsabilidad? (Sí). Por un lado, la persona encargada actúa sola y arbitrariamente, insistiendo en hacer las cosas a su manera, por otro, los demás no hacen nada para detenerlos, y, lo que es más grave, incluso le siguen, ¿no los convierte esto en cómplices? Si no limitas, bloqueas o expones a esta persona, sino que la sigues y le permites que te manipule, ¿no estás dando rienda suelta a la obra de hostigamiento de Satanás? Esto, desde luego, es tu problema. Por otra parte, cuando ves un problema pero no lo denuncias y, en su lugar, haces el papel de alguien que dice a todo que sí, ¿no es eso una expresión de deslealtad? Sí, eso es precisamente, una expresión de deslealtad hacia Dios. Lo que hace que este problema sea tan grave es que siempre actúas como cómplice de Satanás, sirves como su lacayo y seguidor, no posees ni una pizca de lealtad hacia tu deber y tu responsabilidad, en cambio, eres bastante leal a Satanás. En cuanto a la falta de profesionalidad, es posible aprender constantemente y reunir experiencias mientras obras. Tales problemas pueden ser fácilmente resueltos. Lo más difícil de resolver es el carácter corrupto del hombre. Si esto no se resuelve, si no buscáis la verdad, sino que siempre retrocedéis y vuestro papel es decir a todo que sí; si no asumís la responsabilidad; si, cuando alguien hace algo malo, no lo sacáis a la luz ni lo exponéis y os ocupáis de él; si os tomáis la obra de la casa de Dios como una broma, como un juego; y si no cumplís con vuestro deber y responsabilidad, entonces el progreso de la obra se retrasará una y otra vez. Cumplir el deber de semejante manera es una deslealtad.

Extracto de ‘El correcto cumplimiento del deber requiere de una cooperación armoniosa’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunas personas siempre tienen miedo de que otras les roben el protagonismo y las superen, y que obtengan reconocimiento mientras ellas mismas son abandonadas. Esto lleva a que ataquen y excluyan a los demás. ¿Acaso no están celosas de las personas más capaces que ellas? ¿No es egoísta y despreciable este comportamiento? ¿Qué tipo de carácter es este? ¡Es malicioso! Pensar solo en uno mismo, satisfacer solo los deseos propios, sin mostrar consideración por los deberes de los demás y tener en cuenta solo los propios intereses y no los intereses de la casa de Dios: las personas así tienen mal carácter y Dios no las ama. Si realmente puedes ser considerado con la voluntad de Dios, entonces podrás tratar a otras personas de manera justa. Si recomiendas a alguien y esa persona se desarrolla en alguien con talento, y la casa de Dios gana una persona talentosa más, entonces ¿no habrás hecho bien tu trabajo? ¿No habrás sido leal al desempeñar tu deber? Esta es una buena obra ante Dios, y es el tipo de conciencia y razón que las personas deben poseer. Aquellas que son capaces de poner en práctica la verdad pueden aceptar el escrutinio de Dios cuando hacen las cosas. Cuando aceptas el escrutinio de Dios, tu corazón se corrige. Si solo haces las cosas para que otros las vean, y no aceptas el escrutinio de Dios, ¿sigue estando Dios en tu corazón? Las personas que son así no tienen reverencia hacia Dios. No siempre hagas las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres tu propio estatus, prestigio o reputación. Tampoco tengas en cuenta los intereses de la gente. Primero debes tener en cuenta los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu principal prioridad. Debes ser considerado con la voluntad de Dios y empezar por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has hecho todo lo posible para ser leal, por completar tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la casa de Dios. Debes meditar sobre estas cosas. Piensa en ellas con frecuencia y te será más fácil cumplir bien con el deber. Si tu calibre es bajo, cuando tu experiencia es superficial o cuando no eres experto en tu ocupación profesional, puede haber algunos errores o deficiencias en tu obra y los resultados pueden no ser muy buenos, pero habrás hecho todo lo posible. Cuando no estás pensando en tus propios deseos egoístas o considerando tus propios intereses en las cosas que haces, y en su lugar le estás dedicando una consideración constante a la obra de la casa de Dios, pensando en sus intereses, y llevando a cabo bien tu deber, entonces estarás acumulando buenas obras delante de Dios. La gente que hace estas buenas obras es la que posee la realidad-verdad y, por tanto, ha dado testimonio.

Extracto de ‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Al cumplir con el deber, debes analizarte siempre para ver si haces las cosas según los principios, si das la talla en su cumplimiento, si simplemente lo haces de manera superficial, si has tratado de eludir tus responsabilidades y si tienes algún problema en cuanto a tu actitud y forma de pensar. Una vez que hayas hecho introspección y te hayan quedado claras estas cosas, te será más fácil cumplir con el deber. Con independencia de lo que te encuentres al cumplir con el deber —negatividad y debilidad, o mal humor tras haber sido tratado—, debes tratarlo de forma adecuada, buscar la verdad y entender la voluntad de Dios. Al hacer estas cosas tendrás una senda de práctica. Si deseas cumplir bien con el deber, no debe afectarte tu estado de ánimo. Por más negativo o débil que estés, debes practicar la verdad en todo lo que hagas, con absoluto rigor y ateniéndote a los principios. Si lo haces, no solo otras personas te darán su aprobación, sino que también agradarás a Dios. Así serás una persona responsable que asume una carga; una persona buena de verdad, que realmente da la talla en el cumplimiento del deber y vive íntegramente a semejanza de una persona auténtica. Esas personas se purifican y logran la verdadera transformación cuando cumplen con el deber y se puede decir que son honestas a los ojos de Dios. Solamente los honestos son capaces de perseverar en la práctica de la verdad, de actuar con principios y dar la talla en el cumplimiento del deber. Los que actúan con principios cumplen meticulosamente con el deber cuando están de buen humor; no se limitan a trabajar de manera superficial ni se lucen con tanta arrogancia para que los tengan en gran estima. Sin embargo, cuando están de mal humor, realizan sus tareas cotidianas con la misma seriedad y responsabilidad y, aunque se encuentren con algo perjudicial para el cumplimiento de su deber, que los atosigue un poco o los interrumpa mientras lo ejecutan, siguen siendo capaces de sosegar el corazón ante Dios para orar, diciendo: “Por muy grande que sea el problema al que me enfrente, aunque se hunda el cielo, mientras Dios me permita seguir viviendo, estoy decidido a hacer todo lo posible por cumplir mi deber. Cada día que me permita vivir es un día en que me esforzaré por cumplir con el deber para ser digno de esta obligación que Dios me ha otorgado, así como de este aliento que ha soplado en mi cuerpo. Por muchas dificultades que tenga, lo dejaré todo de lado, ¡pues el cumplimiento del deber es de suma importancia!”. Aquellos a quienes no afecta ninguna persona, incidencia, cosa ni circunstancia, a quienes no controla ningún estado de ánimo ni situación externa y que priorizan los deberes y las comisiones que Dios les ha encomendado son las personas leales a Dios, que se someten sinceramente a Él. Esta clase de personas han logrado entrar en la vida y en la realidad-verdad. Esta es una de las manifestaciones más prácticas y auténticas de vivir la verdad.

Extracto de ‘La entrada en la vida debe comenzar con la experiencia de desempeñar el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Cuando la gente cumple con el deber, en realidad hace lo que tiene que hacer. Ahora bien, si lo haces ante Dios, si cumples con el deber con una actitud de honestidad y de corazón, ¿no será esta actitud mucho más correcta? Por consiguiente, ¿cómo deberías aplicar esta actitud a tu vida diaria? Debes hacer que “adorar a Dios de corazón y con honestidad” sea tu realidad. Cuando quieras holgazanear y simplemente hacer las cosas por inercia, cuando quieras ser flojo y te permitas distraerte y desear simplemente ir y divertirte, debes pensarlo bien: si me comporto de esta manera, ¿acaso estoy siendo indigno de confianza? ¿Es esto poner mi corazón en la realización de mi deber? ¿Estoy siendo desleal al hacer esto? Si hago esto, ¿estoy fallando en vivir a la altura de la confianza que Dios ha depositado en mí? Así es como debes reflexionar sobre ti. Debes pensar: “No me he tomado este asunto en serio. En aquel momento, sentí que había un problema, pero no lo traté como algo serio; simplemente lo pasé por alto descuidadamente. Ahora, este problema sigue sin resolverse. ¿Qué clase de persona soy?” Habrás identificado el problema y habrás llegado a conocerte un poco. ¿Deberías detenerte cuando tengas un poco de conocimiento? ¿Acaso has terminado una vez que has confesado tus pecados? ¡Debes arrepentirte y cambiar! ¿Y cómo puedes cambiar? Antes tenías la actitud y mentalidad equivocadas hacia el cumplimiento del deber, no te volcabas en él y nunca prestabas atención a las cosas correctas. Hoy debes corregir tu actitud hacia el cumplimiento del deber, orar ante Dios y, cuando vuelvas a tener los pensamientos y actitudes anteriores, pedirle que te discipline y castigue. Identifica rápidamente las áreas en que eras descuidado y superficial. Piensa cómo puedes rectificarlas y, cuando lo hayas hecho, busca de nuevo, ora y pregunta a tus hermanos y hermanas si tienen sugerencias y recomendaciones mejores hasta que todos estén de acuerdo en que has hecho lo correcto. Entonces estarás legitimado. Tendrás la impresión de que esta vez has estado a la altura en el cumplimiento del deber, de que lo has hecho lo mejor que has podido, de que te has volcado en él y lo has dado todo; sentirás que has hecho todo lo posible sin remordimientos. Cuando rindas cuentas ante Dios, tendrás la conciencia tranquila y dirás: “Aunque Dios califique mi deber con una nota media, lo hice con todas mis fuerzas, me volqué completamente, no fui perezoso, no traté de rehuir ni me guardé nada”. ¿Estas no son las realidades de poner todo tu corazón, toda tu mente y toda tu fuerza en el deber aplicadas a tu vida cotidiana? ¿Acaso esto no es vivir estas realidades de la verdad? ¿Y qué sientes dentro de ti cuando vives estas realidades? ¿No tienes la impresión de que vives con semejanza humana y ya no eres como un muerto viviente?

Extracto de ‘La senda surge al meditar la verdad con frecuencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Para lograr un desempeño adecuado del deber, es preciso, en primer lugar, alcanzar una cooperación armónica en el desempeño. Algunos practican actualmente en esta dirección, lo que implica que, tras haber escuchado la verdad, han empezado a trabajar de acuerdo con este principio aunque no sepan poner en práctica la verdad por completo, al 100 %. En el intento pueden fracasar o debilitarse, extraviarse y cometer errores frecuentes, pero siguen una senda de esfuerzo por actuar de acuerdo con este principio. Por ejemplo, aunque a veces creas correcto tu modo de hacer algo, si te encuentras en una situación en la que eso no va a retrasar la tarea en cuestión, también puedes debatirlo con tus compañeros de trabajo o los miembros de tu equipo. El hecho de hablarlo hasta que tengas claro el asunto, hasta alcanzar una opinión consensuada de que haciéndolo de cierta manera se pueden conseguir los mejores resultados, no sobrepasa el ámbito de los principios, va en beneficio de la casa de Dios y puede optimizar la protección de los intereses de aquella. Aunque el resultado final pueda dejar a veces algo que desear, el modo, el rumbo y el objetivo de tu trabajo son correctos. ¿Cómo, entonces, contemplará esto Dios? ¿Cómo definirá este asunto? Dirá que cumples adecuadamente con este deber.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Para desempeñar adecuadamente el deber, da igual cuántos años lleves creyendo en Dios, cuánto hayas hecho en tu deber, cuánto hayas contribuido a la casa de Dios y cuánta experiencia tengas en el deber. Lo principal en lo que Dios se fija es la senda que toma una persona. En otras palabras, se fija en su actitud hacia la verdad y los principios y en el rumbo, origen e impulso que subyacen a sus actos. Dios se centra en estas cosas; son las que determinan la senda que sigues. Si a medida que cumples con el deber no se aprecia ninguna de estas cosas en ti y el origen de tu trabajo son tus propias ideas, tu impulso es el de proteger tus intereses y salvaguardar tu reputación y posición, tu modus operandi consiste en tomar decisiones, actuar en solitario y tener la última palabra sin debatir las cosas con los demás ni cooperar armónicamente nunca, y menos aún buscar la verdad, ¿cómo te contemplará Dios? Todavía no estás a la altura si cumples así con el deber; no has entrado en la senda de la búsqueda de la verdad, ya que, al realizar tu trabajo, no buscas el principio-verdad y actúas siempre como te da la gana. Por eso la mayoría no cumple satisfactoriamente con el deber. Contemplándolo ahora, ¿es difícil cumplir adecuadamente con el deber? En realidad, no; la gente solo debe ser capaz de tener una actitud humilde, un poco de sentido y una posición adecuada. Independientemente de la formación que creas tener, de los premios que hayas ganado o lo mucho que hayas conseguido, y por muy elevadas que consideres tu aptitud y tu jerarquía, debes empezar por dejar de lado todas estas cosas, pues no valen nada. Por muy grandes y buenas que sean, en la casa de Dios no pueden estar por encima de la verdad; no son la verdad ni pueden ocupar su lugar. Por eso digo que debes tener lo que se denomina sentido. Si dices: “Tengo mucho talento, una mente muy aguda y reflejos rápidos, aprendo enseguida y tengo excelente memoria”, y siempre utilizas estas cosas como tu capital, esto ocasionará problemas. Si consideras estas cosas la verdad o por encima de la verdad, te costará aceptarla y ponerla en práctica. A los altivos y arrogantes, que siempre actúan con superioridad, les cuesta más que a nadie aceptar la verdad y son los más propensos a caer. Si uno es capaz de corregir el problema de su arrogancia, se le hará fácil poner en práctica la verdad. Por lo tanto, primero has de dejar y negar aquellas cosas que a primera vista parecen agradables y elevadas y provocan envidia. No son la verdad; más bien pueden impedirte entrar en ella. Lo principal ahora es buscar la verdad, practicar de acuerdo con ella y cumplir adecuadamente con tu deber, pues el desempeño adecuado del deber es el único primer paso para acceder a la senda de entrada en la vida, lo que quiere decir que es un comienzo. En toda cuestión hay una cosa sumamente fundamental y básica, algo que te mete el pie en la puerta, y el adecuado cumplimiento del deber es una senda que te hará cruzar la puerta de la entrada en la vida. Si tu cumplimiento del deber no implica para nada esta “adecuación”, debes esforzarte. ¿Cómo debes esforzarte? No es que tengas que cambiar de carácter o abandonar tus talentos y puntos fuertes a nivel profesional; a medida que cumplas con el deber, puedes llevar contigo estos puntos fuertes y las cosas que hayas aprendido, al tiempo que buscas la verdad y actúas de acuerdo con el principio-verdad. Si alcanzas la entrada en la vida mientras llevas a cabo tu deber, puedes cumplir adecuadamente con él.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Hoy, lo que a vosotros se os exige lograr no son exigencias adicionales, sino el deber del hombre y lo que todas las personas deben hacer. Si ni siquiera sois capaces de hacer vuestro deber, o de hacerlo bien, ¿no os estáis acarreando problemas? ¿No estáis cortejando a la muerte? ¿Cómo podéis todavía esperar tener un futuro y perspectivas? La obra de Dios se hace por el bien de la humanidad, y la cooperación del hombre se entrega por el bien de la gestión de Dios. Después de que Dios haya hecho todo lo que le corresponde hacer, al hombre se le exige ser pródigo en su práctica y cooperar con Dios. En la obra de Dios, el hombre no debe escatimar esfuerzos, debe ofrecer su lealtad y no debe darse el gusto de tener numerosas nociones o sentarse pasivamente y esperar la muerte. Dios puede sacrificarse por el hombre, así que, ¿por qué no puede el hombre ofrecerle su lealtad a Dios? Dios solo tiene un corazón y una mente para con el hombre, así que, ¿por qué no puede el hombre ofrecer un poco de cooperación? Dios obra para la humanidad, así que, ¿por qué el hombre no puede llevar a cabo algo de su deber por el bien de la gestión de Dios? La obra de Dios ha llegado hasta aquí; sin embargo, vosotros veis pero no actuáis, escucháis pero no os movéis. ¿No son tales personas objetos de perdición? Dios ya le ha dedicado Su todo al hombre, así que, ¿por qué es incapaz el hombre hoy de llevar a cabo su deber con ahínco hoy? Para Dios, Su obra es Su prioridad y la obra de Su gestión es de suprema importancia. Para el hombre, poner en práctica las palabras de Dios y cumplir las exigencias de Dios son su primera prioridad. Todos vosotros deberíais entender esto.

Extracto de ‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

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