106. Principios para distinguir entre cumplir el deber y prestar servicio

(1) La única manera de cumplir realmente con el deber es poner en práctica toda la verdad como lo pide Dios y asumir las responsabilidades y obligaciones propias.

(2) Solo siendo capaz de reflexionar sobre uno mismo en el cumplimiento del deber, a la luz de las palabras de Dios, de desechar la corrupción y ser capaz de practicar la verdad, puede uno llegar a cumplir el deber satisfactoriamente.

(3) Cumplir con el deber en busca de bendiciones y con la esperanza de alcanzar la corona de la gloria es intentar hacer un trato con Dios; en esencia, es prestar servicio a Dios.

(4) El que busca constantemente la reputación y el estatus en el cumplimiento del deber, y no acepta la verdad en lo más mínimo, sino que es constantemente descuidado y superficial, es claramente un hacedor de servicio.

(5) El único modo de cumplir satisfactoriamente con el deber es buscar la verdad en todos los asuntos y hacer las cosas con el propósito de llegar a amar y satisfacer a Dios, y ser leal hasta el final.

Las palabras relevantes de Dios:

Todos los que creen en Dios deben entender Su voluntad. Sólo aquellos que cumplen con sus deberes apropiadamente pueden satisfacer a Dios, y el cumplimiento de sus deberes será satisfactorio solo si cumplen con las tareas que Él les ha encomendado. Existen estándares para el cumplimiento de la comisión de Dios. El Señor Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. Amar a Dios es un aspecto de lo que Dios requiere de las personas. De hecho, cuando Dios les da a las personas un encargo, cuando ellas desempeñan su deber desde su fe, los estándares que Él requiere de ellas son los siguientes: con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Si tú estás presente pero tu corazón no lo está, si piensas en las tareas con tu cabeza y las memorizas, pero no pones tu corazón en ellas, y si logras las cosas utilizando tus propias habilidades, ¿es eso completar el encargo de Dios? Así pues, ¿qué tipo de estándar debes lograr para desempeñar tu deber apropiadamente, lograr aquello que Dios te ha confiado y realizar tu deber con lealtad? Eso es llevar a cabo tu deber con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas. Si no tienes un corazón que ama a Dios, entonces intentar cumplir tu deber apropiadamente no funcionará. Si tu amor por Dios se vuelve más fuerte y es cada vez más auténtico, entonces de forma natural podrás llevar a cabo tu deber con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

Extracto de ‘Aquello concreto en lo que las personas han confiado para vivir’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Sin importar el deber que cumplas, siempre debes buscar comprender la voluntad de Dios y entender cuáles son Sus requisitos relacionados con tu deber; sólo entonces podrás manejar los asuntos con base en los principios. Al desempeñar tu deber, definitivamente no puedes guiarte por tus preferencias personales y hacer únicamente lo que te gustaría hacer, aquello con lo que te sentirías feliz y cómodo haciendo o cualquier cosa que te haría ver bien. Si impones a Dios tus preferencias personales por la fuerza o si las practicas como si fueran la verdad, acatándolas como si fueran los principios de la verdad, entonces eso no es cumplir con tu deber y cumplir con tu deber de esta forma no será recordado por Dios. Algunas personas no entienden la verdad y no saben lo que significa cumplir bien con su deber. Sienten que, como han puesto su corazón y su esfuerzo en ello, han renunciado a su carne y sufrido, entonces el cumplimiento de sus deberes debería estar a la altura de las normas, pero ¿por qué entonces Dios siempre está insatisfecho? ¿En dónde se han equivocado estas personas? Su error fue no buscar los requisitos de Dios y, en lugar de ello, actuar de acuerdo con sus propias ideas; trataron sus propios deseos, preferencias y motivos egoístas como la verdad y los trataron como si fueran lo que Dios amaba, como si fueran Sus estándares y requisitos. Veían como la verdad lo que creían que era correcto, bueno y hermoso; esto está mal. De hecho, aunque las personas puedan pensar a veces que algo es correcto y que va acorde con la verdad, eso no significa necesariamente que esté de acuerdo con la voluntad de Dios. Mientras más personas piensen que algo es correcto, más cautas deben ser y más deben buscar la verdad para ver si lo que están pensando cumple con los requisitos de Dios. Si resulta que eso va en contra de Sus requisitos, entonces estás equivocado al pensar que es correcto, no es más que un pensamiento humano y no necesariamente estará de acuerdo con la verdad, no importa lo correcto que pienses que sea. Tu determinación del bien y el mal debe basarse únicamente en las palabras de Dios, y no importa cuán correcto creas que es algo, a menos que haya una base para las palabras de Dios, debes descartarlo. ¿Qué es el deber? Es un encargo que Dios les ha hecho a las personas. Así pues, ¿cómo debes cumplir con tu deber? Actuando de acuerdo con los requisitos y estándares de Dios y basando tu conducta en los principios de la verdad y no en los deseos humanos subjetivos. De esta manera, el cumplimiento de tus deberes estará a la altura de los estándares.

Extracto de ‘Solo buscando los principios de la verdad puede uno desempeñar bien su deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Cualquier deber que cumplas implica entrar en la vida. Ya sea que tu deber sea habitual o impredecible, aburrido o animado, siempre debes lograr la entrada en la vida. Los deberes de algunas personas son bastante monótonos; hacen lo mismo todos los días. Sin embargo, al llevarlos a cabo, los estados que revelan estas personas no son tan homogéneos. En ocasiones, cuando están de buen humor, son un poco más diligentes y trabajan mejor. Otras veces, por alguna influencia desconocida, su corrupto carácter satánico les provoca una malicia que les acarrea opiniones incorrectas, un mal estado y mal humor, lo que hace que cumplan con el deber de manera superficial. El estado interno de las personas cambia constantemente; puede hacerlo en cualquier lugar y momento. Independientemente de cómo cambie tu estado, siempre es un error actuar en función del estado de ánimo. Imagina que lo haces un poco mejor cuando estás de buen humor, y un poco peor cuando estás de mal humor; ¿es esta una manera de hacer las cosas con principios? ¿Puedes cumplir satisfactoriamente con el deber de este modo? Sea cual sea su estado de ánimo, la gente debe saber orar y amoldarse a Dios, buscar la verdad y actuar con principios; será entonces cuando podrá evitar el control y los vaivenes a que la somete su estado de ánimo. Al cumplir con el deber, debes analizarte siempre para ver si haces las cosas según los principios, si das la talla en su cumplimiento, si simplemente lo haces de manera superficial, si has tratado de eludir tus responsabilidades y si tienes algún problema en cuanto a tu actitud y forma de pensar. Una vez que hayas hecho introspección y te hayan quedado claras estas cosas, te será más fácil cumplir con el deber. Con independencia de lo que te encuentres al cumplir con el deber ─negatividad y debilidad, o mal humor tras haber sido tratado─, debes tratarlo de forma adecuada, buscar la verdad y entender la voluntad de Dios. Al hacer estas cosas tendrás una senda de práctica. Si deseas cumplir bien con el deber, no debe afectarte tu estado de ánimo. Por más negativo o débil que estés, debes practicar la verdad en todo lo que hagas, con absoluto rigor y ateniéndote a los principios. Si lo haces, no solo otras personas te darán su aprobación, sino que también agradarás a Dios. Así serás una persona responsable que asume una carga; una persona buena de verdad, que realmente da la talla en el cumplimiento del deber y vive íntegramente a semejanza de una persona auténtica. Esas personas se purifican y logran la verdadera transformación cuando cumplen con el deber y se puede decir que son honestas a los ojos de Dios. Solamente los honestos son capaces de perseverar en la práctica de la verdad, de actuar con principios y dar la talla en el cumplimiento del deber. Los que actúan con principios cumplen meticulosamente con el deber cuando están de buen humor; no se limitan a trabajar de manera superficial ni se lucen con tanta arrogancia para que los tengan en gran estima. Sin embargo, cuando están de mal humor, realizan sus tareas cotidianas con la misma seriedad y responsabilidad y, aunque se encuentren con algo perjudicial para el cumplimiento de su deber, que los atosigue un poco o los interrumpa mientras lo ejecutan, siguen siendo capaces de sosegar el corazón ante Dios para orar, diciendo: “Por muy grande que sea el problema al que me enfrente, aunque se hunda el cielo, mientras Dios me permita seguir viviendo, estoy decidido a hacer todo lo posible por cumplir mi deber. Cada día que me permita vivir es un día en que me esforzaré por cumplir con el deber para ser digno de esta obligación que Dios me ha otorgado, así como de este aliento que ha soplado en mi cuerpo. Por muchas dificultades que tenga, lo dejaré todo de lado, ¡pues el cumplimiento del deber es de suma importancia!”. Aquellos a quienes no afecta ninguna persona, incidencia, cosa ni circunstancia, a quienes no controla ningún estado de ánimo ni situación externa y que priorizan los deberes y las comisiones que Dios les ha encomendado son las personas leales a Dios, que se someten sinceramente a Él. Esta clase de personas han logrado entrar en la vida y en la realidad de la verdad. Esta es una de las manifestaciones más prácticas y auténticas de vivir la verdad.

Extracto de ‘La entrada en la vida debe comenzar con la experiencia de desempeñar el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La mayoría cumple con el deber con esta mentalidad: “Si alguien me guía, yo lo sigo. Lo seguiré allá donde me lleve y haré lo que me pida”. Responsabilizarse, preocuparse o prestar especial atención, por otro lado, son cosas inalcanzables para ellos y precios que no están dispuestos a pagar. Participan del esfuerzo físico, pero no de la responsabilidad. Esto no es cumplir realmente con el deber. Se debe aprender a volcarse de corazón en el deber; si se tiene corazón, hay que saber utilizarlo. Si una persona no utiliza nunca el corazón, demuestra que no tiene, ¡y las personas sin corazón no pueden alcanzar la verdad! ¿Por qué no pueden alcanzar la verdad? No saben cómo presentarse ante Dios; no saben volcarse de corazón para percibir el esclarecimiento y la guía de Dios, ni cómo volcarse de corazón en la contemplación, en buscar la verdad ni en buscar, entender y mostrar consideración por la voluntad de Dios. ¿Experimentáis esos estados en los que podéis sosegaros a menudo ante Dios e, independientemente de lo que surja y de vuestro deber, sois capaces de presentaros con frecuencia ante Él, reflexionar de corazón sobre Sus palabras y volcaros de corazón tanto en buscar la verdad como en reflexionar sobre cómo debéis llevar a cabo el deber? ¿Os sucede muchas veces? Para volcaros de corazón en el deber y ser capaces de asumir la responsabilidad hay que sufrir y pagar un precio; no basta simplemente con hablar de ello. Si no os volcáis de corazón en el deber, sino que siempre queréis hacer esfuerzos físicos, es indudable que no cumpliréis correctamente con él. Actuaréis por simple inercia y nada más, y no sabréis lo bien que habéis cumplido con el deber. Si te vuelcas de corazón en él, poco a poco llegarás a entender la verdad; si no lo haces, no será así. Cuando te vuelcas de corazón en el cumplimiento del deber y la búsqueda de la verdad, poco a poco puedes entender la voluntad de Dios, descubrir tu corrupción y tus defectos y dominar tus diversos estados. Si no utilizas el corazón, sino exclusivamente esfuerzos físicos en apariencia, no percibirás la transformación de tus distintos estados internos ni las reacciones de distintos estados en distintos entornos. Todas estas son cuestiones del corazón. Por lo tanto, debes alabar y adorar a Dios con tu corazón y tu honestidad. Para adorar a Dios con tu corazón y tu honestidad, debes tener un corazón tranquilo y sincero; en lo más profundo de él debes saber buscar la voluntad de Dios y la verdad, y reflexionar acerca de cómo cumplir correctamente con el deber, qué partes de este no entiendes todavía y cómo llevarlo a cabo mejor. Solo si piensas a menudo en estas cosas dentro de tu corazón podrás ganar la verdad. Si estas cosas no son aquellas sobre las que sueles reflexionar dentro de tu corazón y este, en cambio, está lleno de cosas de la mente o externas, ocupado con cosas que no tienen nada que ver con adorar a Dios con tu corazón y tu honestidad, absolutamente nada que ver, ¿puedes ganar la verdad? ¿Tienes relación con Dios?

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Hacer servicio significa hacer lo que quieras, por lo menos siempre y cuando no ofenda el carácter de Dios. Mientras nadie investigue tus acciones y lo que hagas sea pasable, con eso es suficiente. No te preocupas por los cambios de carácter, por hacer las cosas según los principios de la verdad, por satisfacer la voluntad de Dios, y menos aún por cómo someterte a las orquestaciones y arreglos de Dios o hacer bien tu deber y rendir cuentas de este a Dios. No prestas atención a ninguna de esas cosas, y esto es lo que se llama hacer servicio; es dedicar todo tu esfuerzo y trabajar como un esclavo, de la mañana a la noche. Si le preguntas a una persona así: “Todos estos años de duro y amargo trabajo en los que te has implicado, ¿de qué han servido?”, entonces te responderá: “Pues para poder ganar bendiciones”. Si se les pregunta si su carácter ha tenido algún cambio como resultado de todos los años que han creído en Dios, si han llegado a estar seguros de la existencia de Dios, si tienen algún grado de comprensión o experiencia verdadera de las orquestaciones y arreglos del Creador, la respuesta a todo esto será un “no” categórico, y no serán capaces de hablar de ninguna de estas cosas. Cuando no ha habido mejora o avance en ninguno de los indicadores relacionados con los cambios de carácter, tal persona simplemente hace servicio constantemente. Supongamos que una persona presta servicio durante muchos años y, sin darse cuenta, llega a comprender que posee un carácter corrupto, se rebela a menudo contra Dios, se queja, es incapaz de obedecerle, está profundamente corrompida, no importa cómo Dios le pida que se someta a Él, es incapaz de hacerlo. Intenta contenerse, pero no funciona, ni tampoco funciona maldecirse a sí misma o hacer juramentos. Al final, descubre que: “El hombre tiene en realidad un carácter corrupto, y por eso es capaz de rebelarse contra Dios. Cuando algo sucede, la gente siempre alberga sus propios deseos e investiga las orquestaciones y arreglos de Dios. Aunque están dispuestos a esforzarse, en el momento en que algo involucra a su carácter y sus salvajes ambiciones y anhelos, sus intenciones y deseos, son incapaces de renunciar a ellos o dejarlos ir. Siempre quieren hacer las cosas de manera que les satisfagan. ¡Así soy yo, y soy muy complicado de manejar! ¿Qué se le va a hacer?”. Si han comenzado a reflexionar sobre estas cosas, entonces ya tienen una pequeña comprensión de los modos humanos. Si en algún momento las personas que se dedican a hacer servicio son capaces de asumir la verdadera obra, son capaces de centrar sus mentes en los cambios de carácter, comprender que en realidad también tienen un carácter corrupto, que también son arrogantes e incapaces de someterse a Dios, y que de nada les servirá continuar de esa manera; cuando llegue el momento en que sean capaces de pensar en tales cosas, entonces habrán empezado a virar y quedan esperanzas de que su carácter pueda cambiar y lleguen a alcanzar la salvación. Si alguien nunca piensa tales cosas, si lo único que sabe hacer es trabajar, pensando que basta con terminar la tarea que tenga entre manos para completar la comisión de Dios, y que una vez que haya terminado de esforzarse habrá cumplido adecuadamente su deber, sin pensar nunca en los requisitos de Dios, en cuál es la verdad, o en si puede ser considerado como alguien que obedece a Dios. Nunca reflexionan sobre estas cosas. ¿Puede alguien que trata el deber de tal manera alcanzar la salvación? La respuesta es no. No han puesto el pie en el camino de la salvación ni en el camino correcto de la creencia en Dios, ni han establecido relaciones apropiadas con Dios, y aun así se esfuerzan y se comprometen a servir en la casa de Dios. Esta clase de persona hace servicio en la casa de Dios, y Él los cuida y protege, pero no planea salvarlos ni tratarlos, así como tampoco los poda, los juzga ni los castiga o los somete a pruebas o refinamiento; solo les permite obtener ciertas bendiciones en esta vida, y nada más. Si llega un momento en que la gente sabe reflexionar sobre estas cosas y entender los sermones que oyen, se darán cuenta: “Así que, esto es lo que significa creer en Dios. Entonces, debo buscar la salvación. Si no lo hago, y en su lugar me conformo con el servicio, entonces no tendré nada que ver con Dios”. Luego reflexionan: “¿Qué aspectos poseo de un carácter corrupto? ¿Qué es exactamente ese carácter corrupto? ¡Pase lo que pase, primero debo someterme a Dios!”. Tales cosas tienen relación con la verdad y con los cambios de carácter, y existe esperanza para ellos.

Extracto de ‘Solo buscando los principios de la verdad puede uno desempeñar bien su deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Independientemente de los talentos, dones o habilidades que posean las personas, si simplemente hacen las cosas y utilizan su fuerza para llevar a cabo su deber. Si, independientemente de lo que hagan, confían en sus imaginaciones, en sus nociones o en sus propios instintos. Si simplemente ofrecen su fuerza y nunca buscan la voluntad de Dios ni tienen ningún concepto o necesidades en sus corazones que digan, “Debo poner la verdad en práctica. Estoy cumpliendo con mi deber”. Y si sus pensamientos comienzan sólo con hacer bien su trabajo y completar sus tareas, ¿entonces son personas que viven enteramente de sus dones, talentos, habilidades y destrezas? ¿Hay mucha gente así? En la fe, sólo piensan en esforzarse, en vender su propia labor y sus propias habilidades. Es particularmente cuando la casa de Dios les asigna tareas generales para hacer eso, que la mayoría de las personas abordan las cosas con este punto de vista. Todo lo que hacen es esforzarse. Algunas veces, eso significa utilizar su boca, otras veces significa utilizar sus manos y su fuerza física, y otras veces, ir de un lado a otro. ¿Por qué se dice que guiarse por esas cosas es utilizar la propia fuerza y no poner la verdad en práctica? La casa de Dios da a alguien una tarea y, al recibirla, él sólo piensa en cómo completarla tan pronto como le sea posible, de modo que pueda entregar cuentas a los líderes de la iglesia y obtener su alabanza. Puede ser que elabore un plan paso a paso. Aparenta ser una persona muy sincera, pero sólo se concentra en completar la tarea en aras de las apariencias o, cuando la está realizando, establece su propio estándar para sí misma: cómo hacerla de modo que se sienta feliz y contenta, alcanzando el nivel de perfección que se esfuerza por alcanzar. Independientemente del estándar que establezca, si no existe una conexión con la verdad, si no busca la verdad o no busca entender y confirmar aquello que Dios le pide antes de emprender una acción, sino que, por el contrario, actúa ciegamente, con perplejidad, esto es únicamente esforzarse. Está actuando de acuerdo con sus propios deseos, con su propio cerebro o sus dones, o de acuerdo con sus propias habilidades y destrezas. Y ¿cuál es la consecuencia de que haga su tarea de esta manera? La tarea puede haber sido completada, puede que nadie haya encontrado ninguna falla y tal vez te sientas muy feliz con ella. Pero, mientras la hacías, número uno: no entendiste la intención de Dios, y, número dos: no la hiciste con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas; no pusiste todo tu corazón en ella. Si hubieras buscado los principios de la verdad, si hubieras buscado la voluntad de Dios, entonces habrías sido 90% efectivo al completarla, también habrías podido entrar en la realidad de la verdad y habrías entendido con precisión que lo que estabas haciendo estaba alineado con la voluntad de Dios. Pero si fuiste descuidado y desordenado, aunque la tarea se haya completado, en tu corazón no tendrías claro qué tan bien lo hiciste. No tendrías un punto de referencia, no sabrías si estuvo alineado con la voluntad de Dios o no, o si estuvo alineado o no con la verdad. Por tanto, cuandoquiera que se desempeñan los deberes en este tipo de estado, puede hacerse referencia a esto con una palabra: esforzarte.

Extracto de ‘Aquello concreto en lo que las personas han confiado para vivir’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunas personas, sin importar el problema al que se puedan enfrentar cuando llevan a cabo sus deberes, no buscan la verdad y siempre actúan de acuerdo con sus propios pensamientos, nociones, imaginaciones y deseos. Están satisfaciendo constantemente sus propios deseos egoístas y su carácter corrupto siempre controla sus acciones. Aunque pueden llevar a cabo el deber que les ha sido asignado, no obtienen ninguna verdad. Así pues, ¿en qué confían estas personas en la realización de sus deberes? No confían ni en la verdad ni en Dios. El trozo de verdad que entienden no ha tomado la soberanía en su corazón: confían en sus propios dones y capacidades, en el conocimiento que han adquirido y en sus talentos, así como en su propia fuerza de voluntad o en sus buenas intenciones, para llevar a cabo estos deberes. Esta es una diferente clase de naturaleza, ¿verdad? Aunque puedas a veces apoyarte en tu naturalidad, tus imaginaciones, tus nociones, tu conocimiento y tu aprendizaje para cumplir con tu deber, en las cosas que haces no se presentan problemas de principios. A simple vista, parece como si no hubieras tomado la senda equivocada, pero hay algo que no puedes pasar por alto: a lo largo del proceso de realizar tu deber, si tus nociones, imaginaciones y deseos personales nunca cambian y nunca son reemplazados con la verdad; y si tus acciones y tus actos nunca se realizan con los principios de la verdad, entonces ¿cuál será el resultado final? Te convertirás en un hacedor de servicio. Esto es precisamente lo que estaba escrito en la Biblia: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:22-23). ¿Por qué llama Dios a estas personas que realizan esfuerzo y rinden servicio “los que practicáis la iniquidad”? Hay un aspecto del que podemos estar seguros, y es que, independientemente de los deberes o la obra que hagan estas personas, sus motivaciones, ímpetus, intenciones y pensamientos surgen enteramente de sus deseos egoístas, se basan completamente en sus propias ideas e intereses personales, y estas consideraciones y planes giran totalmente en torno a su reputación, estatus, vanidad y sus perspectivas de futuro. En el fondo no poseen la verdad ni actúan de acuerdo con los principios de la verdad. Así, ¿qué es crucial para que ahora busquéis? (Deberíamos buscar la verdad y cumplir con nuestros deberes de acuerdo con la voluntad y los requerimientos de Dios). ¿Qué deberíais hacer en concreto al cumplir con vuestros deberes según los requerimientos de Dios? Con respecto a las intenciones e ideas que tienes cuando haces algo, debes aprender cómo discernir si están de acuerdo con la verdad o no, así como si tus intenciones e ideas están orientadas hacia cumplir vuestros propios deseos egoístas o hacia los intereses de la casa de Dios. Si tus intenciones ideas están de acuerdo con la verdad, entonces puedes hacer tu deber en línea con tu pensamiento; sin embargo, si no están de acuerdo con la verdad, entonces debes darte la vuelta rápidamente y abandonar ese camino. Ese camino no es correcto y no puedes practicar de esa manera; si continúas caminando por esa senda, entonces acabarás cometiendo maldad.

Extracto de ‘Cómo experimentar las palabras de Dios en los propios deberes’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Estos días, la mayoría de las personas se encuentran en este tipo de estado: “Con el fin de ganar bendiciones, debo erogarme para Dios y paga un precio por Él. Para conseguir bendiciones, debo abandonarlo todo por Dios; debo completar aquello que Él me ha confiado, y cumplir bien con mi deber”. Esto está dominado por la intención de ser bendecido; este es un ejemplo de entregarse por completo con el propósito de obtener las recompensas de Dios, para ganar la corona. Tales personas no tienen la verdad en su corazón y, sin lugar a duda, su entendimiento sólo consiste de algunas palabras de doctrina de las que presumen por todas partes. La suya es la senda de Pablo. La creencia en Dios de tales personas es un acto de trabajo constante y, en su corazón, sienten que cuanto más hagan, más quedará probada su lealtad a Dios; también, que cuanto más hagan, con toda certeza Dios estará más satisfecho, y que cuanto más hagan, más merecen que se les otorgue la corona ante Dios y que sin duda recibirán las mayores bendiciones en la casa de Dios. Sienten que si pueden soportar el sufrimiento, predicar y morir por Cristo, si pueden despreciar su propia vida, y si pueden acabar todos los deberes que Dios les ha encomendado, entonces estarán entre los más bendecidos de Dios, aquellos que obtienen las mayores bendiciones, y sin duda recibirán la corona. Es exactamente lo que Pablo imaginó y lo que persiguió, la senda por la que transitó; y fue bajo la guía de tales pensamientos, Pablo trabajó para servir a Dios. ¿Acaso tales pensamientos e intenciones no surgen de la naturaleza de Satanás? Igual que los seres humanos mundanos, en la tierra debo buscar el conocimiento y, sólo después de obtenerlo, puedo tener éxito, convertirme en un oficial y tener estatus. Una vez lo tenga, puedo realizar mi ambición, y llevar mi casa y mi negocio a ciertos niveles. ¿Acaso no siguen todos los incrédulos esta senda? Los que son dominados por esta naturaleza satánica sólo pueden ser como Pablo, después de creer en Dios: “Debo desecharlo todo y erogarme para Dios; debo ser fiel ante Dios y, al final, recibiré la mayor corona y las bendiciones más extraordinarias”. Es lo mismo que las personas mundanas que buscan cosas mundanas, no difiere en absoluto; están sujetos a la misma naturaleza. Las personas tienen una naturaleza satánica, de modo que en el mundo buscarán el conocimiento, el estatus, el aprendizaje y el éxito mundano; en la casa de Dios, procurarán entregarse a Dios, ser fieles y, eventualmente, recibirán la corona y grandes bendiciones. Si las personas no buscan la verdad, después de convertirse en creyentes en Dios, ni han sufrido un cambio en su carácter, con toda seguridad estarán en esta senda. Esta es una realidad que nadie puede negar, y es diametralmente opuesto a la senda de Pedro.

Extracto de ‘Cómo caminar por la senda de Pedro’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La obra de Pedro fue el cumplimiento del deber de una criatura de Dios. Él no obró en el rol de apóstol, sino en que obró mientras buscaba el amor por Dios. El curso de la obra de Pablo también contenía su búsqueda personal, pero esta sólo era por el bien de sus esperanzas para el futuro y su deseo de un buen destino. Él no aceptó el refinamiento durante su obra ni tampoco aceptó poda ni trato. Él creía que mientras la obra que él llevaba a cabo satisficiera el deseo de Dios y que mientras todo lo que hacía le agradara a Dios, finalmente le esperaría una recompensa. No hubo experiencias personales en su obra; todo fue por causa de la obra y no se llevó a cabo en medio de su búsqueda de un cambio. Todo en su obra fue una transacción, no contenía nada sobre el deber ni la sumisión de una criatura de Dios. Durante el transcurso de su obra no se produjeron cambios en el viejo carácter de Pablo. Su obra fue, sencillamente, de servicio a los demás y fue incapaz de producir cambios en su carácter. Pablo llevó a cabo su obra de forma directa sin haber sido perfeccionado ni tratado y su motivación era la recompensa. Pedro fue diferente: era alguien que había pasado por la poda, el trato y el refinamiento. El objetivo y la motivación de su obra fueron fundamentalmente diferentes a los de Pablo. Aunque Pedro no realizó una gran cantidad de obra, su carácter sufrió muchos cambios y lo que buscaba era la verdad y un cambio real. No llevaba a cabo su obra tan sólo por el bien de la obra misma. Aunque Pablo realizó mucha obra, fue toda del Espíritu Santo y aunque él colaboró con su realización, no la experimentó. Que Pedro haya obrado menos, sólo se debió a que el Espíritu Santo no realizó tanta obra en él. La cantidad de obra que ambos realizaron no determinó su perfeccionamiento; la búsqueda de uno fue para recibir recompensas y la del otro fue para lograr un amor supremo a Dios y cumplir con su deber como criatura de Dios, hasta el punto de poder vivir una imagen hermosa que satisficiera el deseo de Dios. Externamente eran diferentes, y también lo eran sus esencias. No puedes determinar cuál de ellos fue perfeccionado en base a la cantidad de obra que realizaron. Pedro buscó vivir la imagen de alguien que ama a Dios, ser alguien que obedecía a Dios, ser alguien que aceptaba el trato y la poda y ser alguien que cumplía con su deber como criatura de Dios. Él fue capaz de entregarse a Dios, de poner todo su ser en Sus manos y de obedecerle hasta la muerte. Eso fue lo que él decidió a hacer y, además, fue lo que logró. Esta es la razón fundamental por la que su fin fue diferente al de Pablo finalmente. La obra que el Espíritu Santo llevó a cabo en Pedro fue la de perfeccionarlo y la obra que el Espíritu Santo realizó en Pablo fue la de usarlo. Esto se debe a que sus naturalezas y sus opiniones respecto a la búsqueda no eran las mismas. Ambos tuvieron la obra del Espíritu Santo. Pedro aplicó esta obra en sí mismo y también la proveyó a otros; Pablo, entretanto, sólo proveyó la totalidad de la obra del Espíritu Santo a otros y no obtuvo nada de la misma para sí mismo. De esta forma, después de haber experimentado la obra del Espíritu Santo durante tantos años, los cambios en Pablo fueron casi inexistentes. Él siguió prácticamente en su estado natural y continuó siendo el Pablo de antes. Fue tan solo después de haber soportado las dificultades de muchos años de obra, que había aprendido cómo “trabajar”, y a resistir, pero su vieja naturaleza —su naturaleza altamente competitiva y mercenaria— siguió siendo la misma. Después de haber obrado durante tantos años, no conoció su carácter corrupto ni se había librado de su viejo carácter, algo que seguía siendo claramente visible en su obra. En él sólo había más experiencia de obrar, pero esa poca experiencia fue incapaz de cambiarlo por sí sola y no pudo alterar sus opiniones sobre la existencia o el sentido de su búsqueda. Aunque trabajó muchos años para Cristo y nunca más persiguió al Señor Jesús, en su corazón no hubo cambio alguno en su conocimiento de Dios. Significa que él no obró con el fin de entregarse a Dios, sino que, en su lugar, se vio obligado a hacerlo en aras de su destino futuro. Y es que, al principio, persiguió a Cristo y no se sometió a Él; inherentemente él era un rebelde que se opuso deliberadamente a Cristo y alguien sin conocimiento de la obra del Espíritu Santo. Cuando su obra estaba casi completada, seguía sin conocer la obra del Espíritu Santo y se limitaba a actuar por su propia cuenta según su propio carácter, sin prestar la más mínima atención a la voluntad del Espíritu Santo. Así pues, su naturaleza estaba enemistada con Cristo y no obedecía la verdad. ¿Cómo podría ser salvado alguien como él, abandonado por la obra del Espíritu Santo, que no conocía la obra del Espíritu Santo y que, además, se oponía a Cristo? Si una persona puede o no ser salvada no depende de cuánta obra realice ni de cuánto se entregue, más bien está determinado por su conocimiento o desconocimiento de la obra del Espíritu Santo, por si pone o no en práctica la verdad y por si sus opiniones respecto a la búsqueda están en conformidad con la verdad.

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

Pedro se preocupaba por el amor verdadero en su corazón, por lo que era actual y podía lograrse. No le preocupaba recibir una recompensa, sino si su carácter podía cambiar. Pablo se preocupaba de trabajar más duro, por el trabajo exterior y por la devoción, y por las doctrinas que las personas normales no experimentaban. No le importaban los cambios en su interior ni el amor verdadero por Dios. Las experiencias de Pedro fueron con el fin de lograr amor verdadero y conocimiento verdadero de Dios. Sus experiencias tenían la finalidad de lograr una relación más estrecha con Dios y tener un vivir práctico. La obra de Pablo se realizó por lo que Jesús le confió y con el fin de obtener aquello que anhelaba, pero esto no guardaba relación con el conocimiento de sí mismo y de Dios. Su obra fue únicamente en aras de escapar del castigo y del juicio. Pedro buscaba el amor puro y Pablo, la corona de justicia. Pedro experimentó muchos años de la obra del Espíritu Santo y tenía un conocimiento práctico de Cristo, así como un profundo conocimiento de sí mismo. Por tanto, su amor a Dios era puro. Muchos años de refinamiento habían elevado su conocimiento de Jesús y de la vida, y su amor era un amor incondicional, era un amor espontáneo, y él no pidió nada a cambio ni esperó beneficio alguno. Pablo obró por muchos años, pero no poseía un gran conocimiento de Cristo y su conocimiento de sí mismo era lastimosamente pequeño. Él simplemente no sentía amor por Cristo, y su obra y su recorrido tenían como fin obtener los laureles finales. Él buscaba la mejor corona, no el amor más puro. No buscaba de forma activa, sino pasiva; no estaba cumpliendo con su deber, sino que se vio obligado en su búsqueda tras haber sido capturado por la obra del Espíritu Santo. Así pues, su búsqueda no demuestra que fuera una criatura calificada de Dios; Pedro era una criatura calificada de Dios que cumplía con su deber. La gente piensa que todos aquellos que hacen una contribución a Dios deben recibir una recompensa y cuanto mayor sea la contribución, más dan por hecho que deben recibir el favor de Dios. La esencia del punto de vista del hombre es transaccional y él no busca activamente cumplir con su deber como criatura de Dios. Para Él, cuánto más busquen las personas un amor verdadero y una obediencia total a Dios, lo que también significa procurar cumplir con sus deberes como criaturas de Dios, más capaces serán de obtener Su aprobación. El punto de vista de Dios es exigir que las personas recuperen su deber y su estatus originales. El hombre es una criatura de Dios y, por tanto, no debe excederse haciéndole exigencias a Dios y debe limitarse a cumplir con su deber como criatura de Dios. Los destinos de Pablo y Pedro se midieron de acuerdo a la capacidad de cada uno para cumplir con su deber como criatura de Dios y no según el tamaño de su contribución; sus destinos se determinaron de acuerdo a lo que buscaron desde el principio y no según la cantidad de obra que llevaron a cabo ni de acuerdo a la estimación que otras personas sentían por ellos. Por tanto, buscar activamente cumplir con el propio deber como criatura de Dios es la senda hacia el éxito; buscar la senda del amor verdadero a Dios es la senda más correcta; buscar cambios en el viejo carácter propio y buscar el amor puro a Dios, es la senda hacia el éxito. Esa senda hacia el éxito es la senda de la recuperación del deber original y de la apariencia original de una criatura de Dios. Es la senda de la recuperación y también el objetivo de toda la obra de Dios de principio a fin. Si la búsqueda del hombre está manchada con exigencias personales extravagantes y anhelos irracionales, entonces el efecto que se obtenga no será el cambio en el carácter del hombre. Esto entra en conflicto con la obra de recuperación. Indudablemente no es una obra del Espíritu Santo y esto demuestra que Dios no aprueba este tipo de búsqueda. ¿Qué sentido tiene una búsqueda que Dios no ha aprobado?

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

Todo lo que Pedro buscó estaba conforme al corazón de Dios. Buscó cumplir Su deseo, e independientemente del sufrimiento y la adversidad, siguió dispuesto a hacerlo. No hay búsqueda mayor para un creyente en Dios. Lo que Pablo buscó estaba manchado por su propia carne, por sus propias nociones y por sus propios planes y maniobras. No fue en absoluto una criatura calificada de Dios ni fue alguien que buscara cumplir el deseo de Dios. Pedro buscó someterse a orquestaciones de Dios y, aunque la obra que realizó no fue grande, la motivación subyacente a su búsqueda y la senda por la que caminó fueron correctas; aunque no fue capaz de ganar a muchas personas, sí fue capaz de perseguir el camino de la verdad. Por esto se puede afirmar que él fue una criatura calificada de Dios. Hoy, aunque no seas un obrero, debes ser capaz de cumplir con el deber de una criatura de Dios y buscar someterte a todas Sus orquestaciones. Debes ser capaz de obedecer lo que Dios dice y experimentar toda forma de tribulaciones y refinamiento; y aun siendo débil, en tu corazón debes seguir siendo capaz de amar a Dios. Las personas que asumen la responsabilidad de su propia vida están dispuestas a cumplir con el deber de una criatura de Dios y el punto de vista de esas personas respecto a la búsqueda es el correcto. Estas son las personas que Dios necesita. Si has realizado mucha obra y otras personas adquirieron tus enseñanzas, pero tú mismo no has cambiado ni has dado testimonio alguno, ni has tenido una experiencia verdadera, de tal forma que al final de tu vida nada de lo que hayas hecho da testimonio, entonces ¿eres tú alguien que ha cambiado? ¿Eres alguien que busca la verdad? En ese momento, el Espíritu Santo te usó, pero cuando lo hizo, utilizó la parte de ti que podía ser utilizada para trabajar y no usó esa parte de ti que no podía ser utilizada. Si buscaras cambiar, entonces serías perfeccionado gradualmente durante el proceso de ser usado. No obstante, el Espíritu Santo no asume la responsabilidad respecto a si al final serás ganado o no; esto depende de tu forma de buscar. Si no hay cambios en tu carácter personal, se debe a que tu punto de vista sobre la búsqueda es erróneo. Si no se te ha otorgado una recompensa, eso es problema tuyo; se debe a que tú mismo no has puesto en práctica la verdad y a que eres incapaz de cumplir el deseo de Dios. Nada es, pues, más importante que tus experiencias personales, ¡y nada es más crítico que tu entrada personal! Algunas personas acabarán diciendo: “He realizado muchas obras para Ti y aunque tal vez no haya conseguido ningún logro celebrado, de todos modos he sido diligente en mis esfuerzos. ¿No puedes sencillamente dejarme entrar al cielo para comer el fruto de la vida?”. Debes saber qué tipo de personas deseo; los impuros no tienen permitido entrar en el reino, ni mancillar el suelo santo. Aunque puedes haber realizado muchas obras y obrado durante muchos años, si al final sigues siendo deplorablemente inmundo, entonces ¡será intolerable para la ley del Cielo que desees entrar en Mi reino! Desde la fundación del mundo hasta hoy, nunca he ofrecido acceso fácil a Mi reino a cualquiera que se congracia conmigo. Esta es una norma celestial ¡y nadie puede quebrantarla! Debes buscar vida. Hoy, las personas que serán perfeccionadas son del mismo tipo que Pedro; son las que buscan cambios en su carácter y están dispuestas a dar testimonio de Dios y a cumplir con su deber como criatura de Dios. Sólo las personas así serán perfeccionadas. Si sólo esperas recompensas y no buscas cambiar tu propio carácter vital, entonces todos tus esfuerzos serán en vano. ¡Y esta verdad es inalterable!

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

En el futuro, las personas que sobrevivirán en un estado de reposo, todas habrán soportado el día de la tribulación y también habrán dado testimonio de Dios; todas serán personas que hayan cumplido su deber y se hayan sometido intencionadamente a Dios. A los que simplemente desean usar la oportunidad de servir con la intención de evitar practicar la verdad no se les permitirá permanecer. Dios tiene estándares apropiados para el arreglo del resultado de todos los individuos; Él no simplemente toma estas decisiones de acuerdo a las palabras y conductas de alguien, ni tampoco las tomas de acuerdo con su comportamiento durante un solo periodo de tiempo. Para nada va a ser indulgente con toda la conducta malvada de alguien debido al servicio pasado que haya hecho para Él, ni tampoco va a perdonar de la muerte a alguien por un gasto momentáneo para Dios. Nadie puede evadir la retribución debida a su maldad y nadie puede cubrir su comportamiento malvado y, por lo tanto, evadir los tormentos de la destrucción. Si la gente puede cumplir su propio deber, esto quiere decir que es eternamente fiel a Dios y no busca recompensas, independientemente de si recibe bendiciones o sufre desgracias. Si las personas son fieles a Dios cuando ven bendiciones, pero pierden su fidelidad cuando no pueden ver bendiciones, y si al final todavía son incapaces de dar testimonio de Dios e cumplir los deberes que les corresponden, entonces serán objetos de la destrucción a pesar de haber prestado servicio fiel a Dios. En resumen, las personas malvadas no pueden sobrevivir a la eternidad ni tampoco pueden entrar en el reposo; solo los justos son los maestros del reposo. Después de que la humanidad esté en el camino correcto, las personas van a tener vidas humanas normales. Todas harán sus respectivos deberes y serán absolutamente fieles a Dios. Se librarán por completo de su desobediencia y de sus actitudes corruptas y vivirán para Dios y por causa de Dios, sin desobediencia ni resistencia. Todos van a poder someterse por completo a Dios. Esta será la vida de Dios y la humanidad; será la vida del reino, y será la vida del reposo.

Extracto de ‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”

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