35. Principios para tener auténtica fe

(1) La auténtica fe proviene de la experiencia y el entendimiento de las palabras de Dios y se basa en la comprensión de la verdad y en el conocimiento de la obra de Dios.

(2) Es preciso aplicarse a la lectura de las palabras de Dios, aceptar Su juicio y castigo, someterse a ellos, así como a Su poda y trato, y llegar a conocer Su carácter justo.

(3) Es preciso cumplir con el deber asignado, ser capaz de aceptar y practicar la verdad, convertirse en una persona honesta y conseguir someterse a todo cuanto Dios disponga.

(4) En toda cuestión hay que orar, buscar la verdad, conversar sinceramente con Dios y ser capaz de comprender la verdad al contemplar tanto los actos de Dios como el hecho de que Su palabra todo lo alcanza.

Las palabras relevantes de Dios:

Cuando Moisés golpeó la roca y brotó de ella el agua conferida por Jehová, fue gracias a su fe. Cuando David tocó la lira para alabarme, a Mí, Jehová —con el corazón lleno de alegría— fue gracias a su fe. Cuando Job perdió su ganado que llenaba las montañas y enormes cantidades de riqueza y su cuerpo se cubrió de dolorosas llagas, fue debido a su fe. Cuando él pudo escuchar Mi voz, la voz de Jehová, y ver Mi gloria, la gloria de Jehová, fue gracias a su fe. Que Pedro haya podido seguir a Jesucristo, fue debido a su fe. Que pudiera ser clavado en la cruz por Mí y dar testimonio glorioso de Mí, también fue debido a su fe. Cuando Juan vio la imagen gloriosa del Hijo del hombre, fue debido a su fe. Cuando vio la visión de los últimos días, fue, aún más, a causa de su fe. La razón por la que las así llamadas “multitudes de las naciones gentiles” han obtenido Mi revelación y han llegado a tener conocimiento de que Yo he regresado en la carne para llevar a cabo Mi obra entre los hombres, también es a causa de su fe. ¿Acaso todos los que son golpeados por Mis severas palabras —y que, sin embargo, encuentran en ellas consuelo y son salvados— no lo han hecho por causa de su fe? Las personas han recibido muchas cosas debido a su fe, y no siempre es una bendición. Quizá no reciban la clase de felicidad y gozo que sintió David o quizá Jehová no les otorgue agua como hizo con Moisés. Por ejemplo, en el caso de Job, este fue bendecido por Jehová a causa de su fe, pero también sufrió desgracias. Ya sea que recibas una bendición o sufras una desgracia, ambos son acontecimientos benditos. Sin la fe, no serías capaz de recibir esta obra de conquista, y, mucho menos ver los actos de Jehová manifestados ante tus ojos hoy. No serías capaz de ver, y, menos aún, podrías recibir. Estos azotes, estas calamidades, y todos los juicios, si no te sobrevinieran, ¿serías capaz de ver hoy los actos de Jehová? Hoy, la fe es la que te permite ser conquistado, y es el que seas conquistado lo que te permite creer en cada acto de Jehová. Es solo debido a la fe que recibes este tipo de castigo y juicio. Por medio de ellos, eres conquistado y perfeccionado. Sin la clase de castigo y de juicio que estás recibiendo hoy, tu fe sería en vano, porque no conocerías a Dios; sin importar lo mucho que creyeras en Él, tu fe seguiría siendo solo una expresión vacía sin fundamento en la realidad. Es solo después de que recibes esta obra de conquista, una obra que te hace completamente obediente, que tu fe se vuelve verdadera y confiable, y tu corazón se vuelve hacia Dios. Aunque sufras gran juicio y maldición debido a esta palabra, “fe”, tienes una fe verdadera, y recibes la cosa más verdadera, real y preciosa. Esto se debe a que solo en el transcurso del juicio ves el destino final de las creaciones de Dios; es en este juicio que ves que el Creador ha de ser amado; es en esa obra de conquista que contemplas el brazo del Creador; es en esta conquista que llegas a comprender plenamente la vida humana; es en esta conquista que obtienes la senda correcta de la vida humana y llegas a comprender el verdadero significado del término “hombre”; es solo en esta conquista que ves el carácter justo del Todopoderoso y Su hermoso y glorioso rostro; es en esta obra de conquista donde aprendes sobre el origen del hombre y entiendes la “historia inmortal” de toda la humanidad; es en esta conquista donde llegas a comprender quiénes son los antepasados de la humanidad y cuál es el origen de la corrupción de esta; es en esta conquista donde recibes gozo y consuelo, así como castigo, disciplina y palabras de reprensión interminables por parte del Creador hacia la humanidad que Él creó; es en esta obra de conquista que recibes bendiciones, así como las calamidades que el hombre se merece… ¿No se debe todo esto a ese poquito de fe que tienes? Y ¿acaso no creció tu fe después de obtener estas cosas? ¿No has ganado una cantidad enorme?

Extracto de ‘La verdadera historia de la obra de conquista (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

En esta etapa de la obra se nos exige la mayor fe y el amor más grande. Podemos tropezar por el más ligero descuido, pues esta etapa de la obra es diferente de todas las anteriores. Lo que Dios está perfeccionando es la fe de la humanidad, que es tanto invisible como intangible. Lo que Dios hace es convertir las palabras en fe, amor y vida. Las personas deben llegar a un punto en el que hayan soportado centenares de refinamientos y poseer una fe mayor que la de Job. Deben soportar un sufrimiento increíble y todo tipo de torturas sin dejar jamás a Dios. Cuando son obedientes hasta la muerte y tienen una gran fe en Dios, entonces esta etapa de la obra de Dios está completa.

Extracto de ‘La senda… (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando las personas atraviesan pruebas, es normal que sean débiles, internamente negativas o que carezcan de claridad sobre la voluntad de Dios o sobre la senda en la que practicar. Pero en cualquier caso, como Job, debes tener fe en la obra de Dios, y no negarlo. Aunque Job era débil y maldijo el día de su propio nacimiento, no negó que Jehová le concedió todas las cosas en la vida humana, y que también es Él quien las quita. Independientemente de cómo fue probado, él mantuvo esta creencia. En tu experiencia, da igual cuál sea el tipo de refinamiento al que te sometas mediante las palabras de Dios, lo que Él exige de la humanidad, en pocas palabras, es su fe y su amor por Él. Lo que Dios perfecciona al obrar de esa manera es la fe, el amor y las aspiraciones de las personas. Dios realiza la obra de perfección en la gente y ellos no pueden verla ni sentirla; es en tales circunstancias en las que se requiere tu fe. Se exige la fe de las personas cuando algo no puede verse a simple vista, cuando no puedes abandonar tus propias nociones. Cuando no tienes clara la obra de Dios, lo que se requiere es tu fe y que adoptes una posición firme y que seas testigo. Cuando Job alcanzó este punto, Dios se le apareció y le habló. Es decir, sólo podrás ver a Dios desde el interior de tu fe. Cuando tengas fe, Dios te perfeccionará. Sin fe, Él no puede hacerlo. Dios te concederá cualquier cosa que esperes obtener. Si no tienes fe, Dios no puede perfeccionarte y serás incapaz de ver Sus acciones, y menos aún Su omnipotencia. Cuando tengas una fe con la que puedas ver Sus acciones en tu experiencia práctica, entonces Dios aparecerá ante ti, y te esclarecerá y te guiará desde dentro. Sin esa fe, Dios no podrá hacer esto. Si has perdido la esperanza en Dios, ¿cómo podrás experimentar Su obra? Por tanto, sólo cuando tengas fe y no albergues dudas hacia Dios, cuando tu fe en Él sea verdadera, haga lo que haga, Él te esclarecerá e iluminará en tus experiencias, y sólo entonces podrás ver Sus acciones. Todas estas cosas se consiguen por medio de la fe. La fe sólo llega mediante el refinamiento, y en ausencia de refinamiento, la fe no puede desarrollarse. ¿A qué se refiere la fe? La fe es la creencia genuina y el corazón sincero que los humanos deberían poseer cuando no pueden ver ni tocar algo, cuando la obra de Dios no está en línea con las nociones humanas, cuando está más allá del alcance humano. Esta es la fe de la que hablo. Las personas necesitan fe durante los momentos de dificultad y de refinamiento, y la fe es algo que va seguido del refinamiento. El refinamiento y la fe no pueden separarse. No importa cómo obre Dios y tampoco importa tu entorno, eres capaz de buscar la vida y la verdad, y buscas el conocimiento de la obra de Dios, y posees un entendimiento de Sus acciones y eres capaz de actuar según la verdad. Hacer esto es tener fe verdadera, y hacer esto muestra que no has perdido la fe en Dios. Solo puedes tener auténtica fe en Dios si eres capaz de insistir en buscar la verdad a través del refinamiento, si eres capaz de amar verdaderamente a Dios y no desarrollas dudas sobre Él; si independientemente de lo que Él haga, sigues practicando la verdad para satisfacerlo y si eres capaz de buscar en las profundidades de Su voluntad y ser considerado con esta. En el pasado, cuando Dios dijo que reinarías como un rey, lo amabas, y cuando Él se mostró abiertamente a ti, lo buscaste. Pero, ahora, Dios está oculto; no puedes verlo, y los sufrimientos han venido sobre ti. En este momento, ¿pierdes ahora la esperanza en Dios? Así pues, debes buscar la vida en todo momento y satisfacer la voluntad de Dios. Esto se llama fe genuina, y es el tipo de amor más verdadero y hermoso.

Extracto de ‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”

Solía ocurrir que las personas tomaban todas sus determinaciones delante de Dios y decían: “No importa quién no ama a Dios; yo debo amarlo”. Pero ahora, te enfrentas al refinamiento. No está en línea con tus nociones, por lo que pierdes la fe en Dios. ¿Es esto amor genuino? Has leído muchas veces sobre los hechos de Job; ¿te has olvidado de ellos? El amor verdadero sólo puede tomar forma desde el interior de la fe. Desarrollas un amor real por Dios a través de tus refinamientos, en tus experiencias reales tienes en cuenta la voluntad de Dios a través de tu fe, y por medio de ella, abandonas tu propia carne y buscas la vida; esto es lo que deberían hacer las personas. Si haces esto serás capaz de ver las acciones de Dios, pero si careces de fe no serás capaz de hacerlo ni de experimentar Su obra. Si quieres que Dios te use y te perfeccione, debes poseerlo todo: la voluntad de sufrir, la fe, la paciencia, la obediencia, así como la capacidad de experimentar la obra de Dios, obtener un entendimiento de Su voluntad, ser considerado con Su pesar, etcétera. Perfeccionar a una persona no es fácil, y cada refinamiento que experimentas requiere de tu fe y de tu amor. Si quieres ser perfeccionado por Dios, no basta con simplemente apresurarse por el camino ni solamente erogarte por Dios únicamente tampoco lo es. Debes poseer muchas cosas para ser capaz de convertirte en alguien perfeccionado por Dios. Cuando te enfrentes a sufrimientos debes ser capaz de no considerar la carne ni quejarte contra Dios. Cuando Él se esconde de ti, debes ser capaz de tener la fe para seguirlo, para mantener tu amor anterior sin permitir que flaquee o desaparezca. Independientemente de lo que Dios haga, debes respetar Su designio, y estar más dispuesto a maldecir tu propia carne que a quejarte contra Él. Cuando te enfrentas a pruebas, debes satisfacer a Dios, a pesar de cualquier reticencia a deshacerte de algo que amas o del llanto amargo. Sólo esto es amor y fe verdaderos. Independientemente de cuál sea tu estatura real, debes poseer primero la voluntad de sufrir dificultades, una fe verdadera y tener la voluntad de abandonar la carne. Deberías estar dispuesto a soportar las dificultades personales y sufrir pérdidas en tus intereses personales con el fin de satisfacer la voluntad de Dios. Debes ser capaz de sentir arrepentimiento en tu corazón. En el pasado no fuiste capaz de satisfacer a Dios, y ahora, puedes arrepentirte. Ni una sola de estas cosas puede faltar y Dios te perfeccionará a través de ellas. Si careces de estas condiciones, no puedes ser perfeccionado.

Extracto de ‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”

Job nunca había visto a Dios, pero podía mantenerse fiel a su fe, algo que ninguna otra persona podía hacer. ¿Por qué no podían otras personas hacer esto? Porque Dios no habló a Job ni se le apareció, y si no hubiera creído de verdad, no habría podido seguir adelante ni haberse aferrado al camino de temer a Dios y apartarse del mal. ¿No es esto cierto? ¿Cómo te sientes cuando lees sobre Job pronunciando estas palabras? ¿Sientes que la perfección y la rectitud de Job, y su justicia delante de Dios, son reales y no una exageración por parte de Dios? Aunque Él tratara a Job igual que a otras personas, y no se le apareciera ni le hablara, él seguía firme en su integridad, continuaba creyendo en Su soberanía y, además, ofrecía con frecuencia holocaustos y oraba delante de Dios como consecuencia de su miedo a ofenderle. En su capacidad de temerle sin haberlo visto, percibimos cuánto amaba las cosas positivas, y cuán firme y real era su fe. No negaba la existencia de Dios porque estuviera escondido de él ni perdía su fe, abandonándolo por no haberle visto nunca. En su lugar, en medio de la obra oculta de Dios de gobernar todas las cosas, había sido consciente de Su existencia, y sentía Su soberanía y Su poder. No dejó de ser recto porque Dios estuviera escondido ni abandonó el camino de temerle y apartarse del mal porque Él nunca se le apareciera. Job nunca había pedido que Dios se le manifestara abiertamente para demostrar Su existencia, porque ya había observado Su soberanía en medio de todas las cosas, y creía haber obtenido las bendiciones y las gracias que otros no habían recibido. Aunque Dios seguía escondido para él, su fe en Él nunca se tambaleó. Así pues, cosechó lo que nadie más tenía: la aprobación y la bendición de Dios.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dios Todopoderoso, la Cabeza de todas las cosas, ejerce Su poder real desde Su trono. Él gobierna sobre el universo y sobre todas las cosas y nos está guiando en toda la tierra. Estaremos cerca de Él en todo momento, y vendremos delante de Él en quietud; sin perder nunca ni un solo momento, y con lecciones que aprender en cada instante. Todo, desde el ambiente que nos rodea hasta las personas, asuntos y cosas, existe con el permiso de Su trono. No dejes, bajo ninguna circunstancia, que surjan quejas en tu corazón, o Dios no concederá Su gracia sobre ti. Cuando la enfermedad llega, esto es el amor de Dios, y ciertamente alberga dentro Sus buenas intenciones. Aunque tu cuerpo padezca un poco de sufrimiento, no consideres las ideas de Satanás. Alaba a Dios en medio de la enfermedad y disfruta a Dios en medio de tu alabanza. No flaquees ante la enfermedad, sigue buscando una y otra vez y nunca te rindas, y Dios te iluminará con Su luz. ¿Cómo era la fe de Job? ¡Dios Todopoderoso es un médico omnipotente! Vivir en la enfermedad es estar enfermo, pero vivir en el espíritu es estar sano. Mientras tengas aliento, Dios no te dejará morir.

Dentro de nosotros tenemos la vida resucitada de Cristo. Indiscutiblemente, nos falta fe en la presencia de Dios: ojalá que Dios ponga la verdadera fe dentro de nosotros. ¡La palabra de Dios es verdaderamente dulce! ¡La palabra de Dios es medicina potente! ¡Avergüenza a los diablos y a Satanás! Comprender la palabra de Dios nos da apoyo. ¡Su palabra actúa rápidamente para salvar nuestros corazones! Disipa todas las cosas y pone todo en paz. La fe es como un puente de un solo tronco: aquellos que se aferran miserablemente a la vida tendrán dificultades para cruzarlo, pero aquellos que están dispuestos a sacrificarse pueden pasar con paso seguro y sin preocupación. Si el hombre alberga pensamientos asustadizos y de temor es porque Satanás lo ha engañado por miedo a que crucemos el puente de la fe para entrar en Dios. Satanás está intentando por todos los medios posibles enviarnos sus pensamientos. Debemos orar en todo momento para que Dios nos ilumine con Su luz, y siempre debemos confiar en Dios para purgar el veneno de Satanás que hay dentro de nosotros, practicar en nuestro espíritu en todo instante cómo acercarnos a Dios y dejar que Dios domine todo nuestro ser.

de ‘Capítulo 6’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”

¿Qué manifiestan aquellos con auténtica fe en Dios? Creen en Sus palabras y saben vivir la realidad de Sus palabras en su vida. Creen en la existencia y soberanía de Dios y no solo eso, sino que también son capaces de cumplir con esta ley en la vida cotidiana y constantemente buscan, obedecen y esperan la soberanía y las instrumentaciones de Dios. No van y hacen las cosas a su manera, no se empeñan en conseguir lo que ellos quieren, y no cuestionan la existencia y soberanía de Dios ni se quejan y lo malinterpretan en cuanto no cumple sus deseos. Cuando las verdades o las palabras de Dios que crees y reconoces se convierten en tu realidad y guían tus pensamientos, tus ideas, tu vida y el rumbo de la totalidad de tu senda de vida, te vuelves capaz de tener auténtica fe en Dios. ¡Tu fe en Dios será auténtica cuando tengas una fe sincera nacida de la creencia y la obediencia sinceras! Así se adquiere la auténtica fe.

Extracto de ‘Solo si uno es realmente obediente puede tener verdadera fe’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Aquellos que han experimentado y se han sometido a las palabras de Dios aprecian a qué se refiere cada una de ellas, cómo obra Dios en las personas y cómo Sus palabras se cumplen y se hacen realidad. Han llegado a apreciar los detalles de tales cosas mediante la experiencia práctica. Saben cómo Dios gobierna y guía al hombre; incluso conocen cosas tan detalladas como la forma en que Dios disciplina a las personas en un asunto determinado; cómo, en la vida real, Dios provee a las personas con lo que deberían entender cada día; y cómo las guía en todas las cosas para experimentar Sus palabras y alcanzar un entendimiento de la verdad y el conocimiento de Dios. Pueden hablar de estos procesos detallados. No tienen una doctrina elevada ni palabras bonitas, pero todo lo que dicen es real, y está de acuerdo con la verdad. Es decir, las palabras que dicen se aprenden de la experiencia, se experimentan de la realidad y de sus vidas y todo lo que dicen es real, práctico y tiene una base; no se basa en imaginaciones vacías. Cuando le preguntas a estas personas dónde está o quién es Dios concretamente, aunque no puedan darte una descripción particularmente detallada, utilizarán el lenguaje de la experiencia para decirte por qué Dios es la verdad y es el camino. Utilizarán los hechos y sus propias experiencias personales para decirte cuál es la esencia de Dios y dónde está, y utilizarán su experiencia práctica para dar testimonio de las acciones de Dios; para dar testimonio del hecho de que Dios es la verdad, el camino y la vida; y para dar testimonio de cómo Dios gobierna el destino del hombre y guía a las personas en su vida diaria por un paso seguro a través de las dificultades en todos los asuntos. ¿No es esto bastante auténtico? ¿Acaso no tienen esas personas fe en Dios? ¿Sobre qué base se construye su fe? Han visto con sus ojos, oído con sus oídos, se han encontrado con sus personas y han experimentado con sus cuerpos lo que ha de remover Dios y Su guía, e incluso Su reproche y disciplina. Así, también, han experimentado la soberanía y la orquestación de Dios. Han experimentado cómo Dios usa Sus palabras para animar, exhortar, consolar y guiar a las personas cuando son débiles. Han experimentado cómo Dios disciplina a las personas y las juzga y castiga cuando se rebelan contra Él, y cuáles de Sus palabras han oído y experimentado. También han experimentado cómo, cuando un asunto le ocurre a una persona y esta se encuentra desconcertada y perdida, sin saber qué hacer, acuden ante Dios para orar y buscar, y qué tipo de esclarecimiento les da, qué tipo de guía y apoyo, para guiarlos a comprender los principios de la práctica en tal asunto. ¿No son estas las cosas más valiosas que la gente obtiene al experimentar la obra de Dios? Con tales cosas, tendrás verdadera fe en Dios, y con verdadera fe, creerás realmente en Él.

Extracto de La comunión de Dios

En este momento estáis muy entusiasmados con el cumplimiento del deber, pero ¿el entusiasmo significa necesariamente que tenéis fe? ¿Se halla la fe sincera entre sus componentes? ¿Hay en él estados impulsivos, una fugaz ráfaga de entusiasmo? ¿Qué es lo que más teme un corazón de fe? Lo que más teme es la llegada de la realidad; lo que más teme es la refinación. Y ¿qué clase de refinación puede demostrar que alguien tiene una fe sincera? ¿Qué debes poseer que pueda demostrar a Dios tu fe sincera y te permita ampararte en esa fe para vivir delante de Dios, obedecerlo y seguirlo? ¿Qué debes poseer para poder someterte a las instrumentaciones de Dios de modo que no te supongan una dificultad, independientemente de lo que Él haga y del tipo de dificultades, tribulaciones o aflicciones que te acontezcan —incluidas aquellas relativas a tu destino y tus expectativas— y poder demostrar que posees una fe sincera? Es decir, cuando Dios te evalúa, cuando te pone en un entorno, cuando te prueba y refina, cuando te quita cosas y lo que hace está en desacuerdo con tus nociones, ¿qué cosas puedes manifestar y tener para demostrar que tu fe es sincera y que posees una fe sincera? Como mínimo debes comprender realmente que todos los asuntos y cosas, así como el destino del hombre, están controlados por la mano de Dios, que en todos ellos están presentes Sus instrumentaciones y disposiciones y que el hombre no los decide, calcula ni planea. Entiende primero estas cosas. Este es un aspecto de la manifestación de la fe sincera en una persona. ¿Qué otras cosas y verdades debes poseer para demostrar que tienes una fe sincera? (Haber visto la mano de Dios durante las pruebas y la refinación; haber comprobado que todo lo que hace Dios es bueno y que lo hace para transformarnos y purificarnos. Todo eso es la salvación). Esa es una parte. En lo que se refiere a la gente, todo lo que hace Dios es para purificarla y salvarla, contiene la verdad y le beneficia. Y tú, ¿has experimentado estas cosas? En este momento, ¿simplemente sabes que existen o ya has experimentado parte de ellas? El alcance de tu experiencia es el alcance de la fe que posees. La cantidad de juicio, castigo, pruebas y refinación que has experimentado produce en ti esa misma dosis de fe. La fe viene de la experiencia. Se alcanza mediante la comprensión de la verdad y surge del conocimiento de Dios, no de estudiar teología. Si lo que sale de tu boca es lo que has oído a otros, esa no es necesariamente tu experiencia real ni tu fe sincera. Tienes que experimentar personalmente estas cosas; debes aprenderlas por ti mismo al comprobar que “Esto lo hace Dios. Esta es la soberanía de Dios y Sus instrumentaciones y disposiciones”. Esta es tu única estatura real y el origen de tu fe sincera. Si tus experiencias no han llegado a este nivel —si lo único que haces es escuchar a los demás, crees que sus palabras son correctas y la verdad, y aceptas todo lo que oyes sin haberlo visto ni vivido—, esta no es tu fe sincera. Es muy posible que sea la fe sincera de otros, pero no la tuya. ¿Hasta dónde habéis llegado por ahora? Sabes predicar y emplear estas palabras y las doctrinas correctas para apoyar, ayudar y proveer a otros, pero, ya que los has provisto, ¿alguna vez has pensado si estas cosas te pueden proveer a ti? Cuando algún día te encuentres con las mismas dificultades —por ejemplo, las mismas pruebas con que se encontró Job—, ¿serás capaz de optar, como Job, por temer a Dios y evitar el mal? (No seríamos capaces). En este momento eres incapaz, lo cual es un problema. No basta con limitarse a creer en Dios sin experimentar Su obra; eso no suscita una fe sincera.

Extracto de ‘Qué se debe poseer para alcanzar una fe sincera’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si las personas no tienen confianza alguna, no es fácil para ellas continuar por esta senda. Todos pueden ver ahora que la obra de Dios no está conforme en lo más mínimo con las nociones de las personas. Dios ha hecho tanta obra y ha pronunciado tantas palabras que no concuerdan en absoluto con las nociones humanas. Así, la gente debe tener la confianza y la fuerza de voluntad para ser capaces de apoyar lo que ya han visto y lo que han obtenido en sus experiencias. Independientemente de lo que Dios haga en las personas, estas deben defender lo que ellas mismas poseen, ser sinceras ante Él, y serle fieles a Él hasta el final. Esta es la obligación de la humanidad. Las personas deben respetar aquello que deberían hacer. La creencia en Dios exige obediencia a Él y que se experimente Su obra. Él ha realizado mucha obra; se podría decir que, para las personas, todo es perfeccionamiento, refinamiento y, más aún, castigo. No ha habido un solo paso de la obra de Dios que haya estado en sintonía con las nociones humanas; lo que las personas han disfrutado son las duras palabras de Dios. Cuando Él venga, las personas deberían disfrutar de Su majestad y de Su ira. Sin embargo, por muy duras que sean Sus palabras, Él viene a salvar y a perfeccionar a la humanidad. Como criaturas, las personas deberían cumplir con los deberes que les corresponden, y mantenerse firmes en el testimonio de Dios en medio del refinamiento. En cada prueba deberían defender el testimonio correspondiente, y hacerlo de manera contundente por Dios. Una persona que hace esto es una vencedora. Independientemente de cómo te refine Dios, te mantienes lleno de confianza y nunca pierdes la confianza en Él. Haz lo que el hombre debería hacer. Esto es lo que Dios exige del hombre, y su corazón debería ser capaz de regresar por completo a Él y acudir a Él en cada momento. Esto es ser un vencedor. Aquellos a los que Dios alude como “vencedores” son los que siguen siendo capaces de mantenerse firmes en el testimonio y de conservar su confianza y su devoción a Dios cuando están bajo la influencia de Satanás y mientras estén bajo su asedio, es decir, cuando se encuentren entre las fuerzas de las tinieblas. Si sigues siendo capaz de mantener un corazón puro ante Dios y tu amor genuino por Él pase lo que pase, entonces te estás manteniendo firme en el testimonio delante de Él, y esto es a lo que Él se refiere con ser un “vencedor”.

Extracto de ‘Debes mantener tu lealtad a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

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