25. Principios de la práctica de la verdad

(1) La comprensión de la verdad se fundamenta necesariamente en las palabras de Dios y, al practicarla, se deben determinar los principios de la práctica, en vez de copiar reglamentos y atenerse a ellos.

(2) Los principios de la práctica de la verdad se someten, sin duda, a Dios y a la verdad, y son de utilidad para el trabajo de la iglesia y para la entrada del hombre en la vida.

(3) No basta con corroborar por uno mismo que su alma está en paz con su práctica de la verdad; ha de verificarlo otra persona que comprenda la verdad, sin lo cual no está garantizada la certeza absoluta.

(4) Se ha de cumplir con el deber según las exigencias de las palabras de Dios y la organización del trabajo dispuesta por los superiores, y someterse al esclarecimiento y la guía interiores del Espíritu Santo. También esto supone practicar la verdad.

(5) Practicar la verdad no solo lleva a la realidad a la persona, sino que también puede edificar a otras. Este es el único testimonio verdadero de la experiencia vital.

Las palabras relevantes de Dios:

La verdad que el hombre necesita poseer se encuentra en la palabra de Dios, y es la verdad más beneficiosa y útil para la humanidad. Es el tónico y el sustento que vuestro cuerpo necesita, algo que ayuda al hombre a restablecer su humanidad normal. Es una verdad con la que el hombre debería equiparse. Cuanto más practiquéis la palabra de Dios, más rápidamente florecerá vuestra vida y más clara se volverá la verdad. Conforme crezcáis en estatura, veréis las cosas del mundo espiritual con mayor claridad y más fortaleza tendréis para triunfar sobre Satanás. Gran parte de la verdad que no entendéis se aclarará cuando practiquéis la palabra de Dios. La mayoría de las personas se conforman simplemente con entender el texto de la palabra de Dios y se enfocan en equiparse con doctrinas en lugar de profundizar su experiencia en la práctica, pero ¿no es este el camino de los fariseos? Entonces, ¿cómo puede ser real para ellos la frase “La palabra de Dios es vida”? La vida de una persona no puede madurar simplemente leyendo la palabra de Dios, sino solo cuando la palabra de Dios se pone en práctica. Si crees que entender la palabra de Dios es lo único que necesitas para tener vida y estatura, entonces tu entendimiento está distorsionado. Entender verdaderamente la palabra de Dios ocurre cuando practicas la verdad, y debes entender que “solo puedes comprender la palabra de Dios practicando la verdad”. Hoy, después de leer la palabra de Dios, solo puedes decir que la conoces, pero no que la entiendes. Algunas personas afirman que la única forma de practicar la verdad es entenderla primero, pero esto es solo parcialmente correcto, y, ciertamente, no es una afirmación del todo precisa. Antes de tener conocimiento de una verdad no la has experimentado. Sentir que entiendes algo que escuchas en un sermón no es entender realmente: solo es tomar posesión de las palabras literales de la verdad, y no es lo mismo que entender su verdadero significado. Tener un mero conocimiento superficial de la verdad no significa que la entiendas realmente o que tengas conocimiento de ella; el verdadero significado de la verdad viene de haberla experimentado. Por tanto, solo cuando experimentas la verdad puedes comprenderla y solo entonces puedes comprender sus partes ocultas. Profundizar tu experiencia es la única forma de comprender las connotaciones y entender la esencia de la verdad. Por tanto, puedes ir a cualquier parte con la verdad, pero si no hay verdad en ti, entonces no pienses en intentar convencer ni siquiera a los miembros de tu familia y, mucho menos, a las personas religiosas. Sin la verdad eres como copos de nieve que caen, pero, con ella, puedes ser feliz y libre y nadie puede atacarte. Por muy fuerte que sea una teoría, no puede superar a la verdad. Con la verdad, el mundo mismo puede tambalearse y pueden moverse los mares y las montañas, mientras que la ausencia de verdad puede conducir a que los muros de una gran ciudad se reduzcan a escombros debido a los gusanos. Esto es un hecho evidente.

Extracto de ‘Una vez que entendéis la verdad, debéis ponerla en práctica’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Qué es lo más importante al practicar la verdad? ¿Acaso no es que primero debes entender los principios? ¿Qué son los principios? Los principios son el lado práctico de la verdad. Cuando lees una frase de las palabras de Dios, piensas que es la verdad, pero no comprendes los principios que contiene; sientes que la frase es correcta, pero no sabes de qué manera es práctica, o de qué estado se ocupa. No puedes comprender sus principios o su camino de práctica. Para ti, esta verdad que percibes es meramente una doctrina. Sin embargo, una vez que comprendes la realidad-verdad de esa frase, así como los requisitos de Dios, si comprendes verdaderamente estas cosas y eres capaz de pagar el precio y ponerlas en práctica, entonces obtendrás esa verdad. A medida que obtienes esa verdad, poco a poco, tu carácter corrupto se resuelve y dicha verdad se obra en ti. Cuando eres capaz de poner en práctica la realidad de la verdad, y cuando tu cumplimiento del deber, cada una de tus acciones y tu conducta como persona están basados en los principios de la práctica de tal verdad, ¿acaso no has cambiado? Por encima de todo, te has convertido en alguien que está en posesión de la realidad-verdad. ¿No es igual alguien que está en posesión de la realidad-verdad que alguien que actúa con principios? ¿Y no es igual alguien que actúa con principios que alguien que está en posesión de la verdad? ¿Acaso alguien que está en posesión de la verdad no es también capaz de conformarse a la voluntad de Dios? Así es como se relacionan estas cosas.

Extracto de La comunión de Dios

¿Cuántas prácticas religiosas cumples? ¿Cuántas veces te has rebelado contra la palabra de Dios y has tomado tu propio camino? ¿Cuántas veces has puesto en práctica la palabra de Dios porque eres verdaderamente considerado con Sus cargas y buscas satisfacer Su voluntad? Debes entender la palabra de Dios y ponerla en práctica como corresponde. Sé una persona de principios en todas tus acciones y hechos, aunque eso no significa acatar reglas o hacer algo de mala gana sólo para alardear. En cambio, significa practicar la verdad y vivir por la palabra de Dios. Solo una práctica como esta satisface a Dios. Cualquier modo de actuar que agrade a Dios no es una regla, sino la práctica de la verdad. Algunas personas tienen inclinación por atraer la atención hacia sí mismas. Puede que digan en presencia de los hermanos y hermanas que están en deuda con Dios, pero a espaldas de ellos no practican la verdad y actúan de manera totalmente diferente. ¿Acaso no son estos los fariseos de la religión? Una persona que verdaderamente ama a Dios y posee la verdad es una que es leal a Dios, pero no alardea públicamente de ello. Una persona así está dispuesta a practicar la verdad cuando surgen problemas y no habla o actúa de una forma que vaya en contra de su conciencia. Esta clase de persona demuestra sabiduría cuando surgen problemas y es una persona de principios en sus acciones, sin importar las circunstancias. Una persona de esta clase puede ofrecer un verdadero servicio. Hay algunos que a menudo hablan de boquilla sobre su deuda con Dios, pasan sus días con el ceño fruncido por la preocupación, tienen un aire afectado y aparentan ser dignos de lástima. ¡Qué despreciables! Si le preguntaras: “¿Puedes decirme de qué manera estás en deuda con Dios?”, se quedarían sin palabras. Si eres leal a Dios, no hables de esto públicamente, sino que mejor demuestra tu amor por Dios por medio de la práctica real y órale con un corazón sincero. ¡Todos aquellos que tratan con Dios de manera verbal y mecánicamente son unos hipócritas!

Extracto de ‘En la fe, uno debe centrarse en la realidad; participar en rituales religiosos no es fe’ en “La Palabra manifestada en carne”

Mucha gente tiene determinadas conductas externas; por ejemplo, es capaz de abandonar familia y profesión y cumplir con el deber y, por tanto, cree estar practicando la verdad. Sin embargo, Dios no reconoce que esté practicándola. Si todo lo que haces tiene una motivación personal y está adulterado, no estás practicando la verdad; simplemente exhibes una conducta superficial. En sentido estricto, es probable que Dios condene tu conducta; no la elogiará ni recordará. Si se analiza esto con mayor profundidad, estás haciendo el mal y tu conducta se opone a Dios. Visto desde fuera, no estás interrumpiendo ni perturbando nada y no has hecho ningún daño real ni has violado ninguna verdad. Parece ser lógico y razonable, pero la esencia de tus acciones corresponde a hacer el mal y resistirse a Dios. Por lo tanto, deberías determinar si ha habido un cambio en tu carácter y si estás poniendo en práctica la verdad al ver los motivos que están detrás de tus acciones a la luz de las palabras de Dios. No depende de una perspectiva humana sobre si tus actos se adecúan a la imaginación y las intenciones humanas o se adaptan a tus gustos; esas cosas no son importantes. Más bien depende de que Dios diga si te estás ajustando o no a Su voluntad, si tus acciones poseen o no la realidad-verdad y si cumplen o no con Sus requisitos y estándares. Medirse con los requisitos de Dios es lo único exacto. La transformación del carácter y la práctica de la verdad no son tan fáciles y sencillas como las personas imaginan. ¿Entendéis esto ahora? ¿Tenéis alguna experiencia con esto? Cuando se trata de la esencia de un problema, puede que no la entendáis; vuestra entrada ha sido excesivamente superficial. Corréis de acá para allá todo el día del amanecer al ocaso, os levantáis temprano y os acostáis tarde, pero ni habéis logrado la transformación de vuestro carácter de vida ni podéis captar lo que implica dicha transformación. Esto significa que vuestra entrada es demasiado superficial, ¿no es cierto? Independientemente de cuánto tiempo llevéis creyendo en Dios, puede que no percibáis la esencia y las cosas profundas que tengan que ver con conseguir la transformación del carácter. ¿Puede decirse que tu carácter ha cambiado? ¿Cómo sabes si Dios te alaba o no? Como mínimo, te sentirás excepcionalmente firme en tu corazón con respecto a todo lo que haces, sentirás que el Espíritu Santo te guía, te esclarece, y obra en ti cuando cumples con tus deberes, cuando llevas a cabo cualquier obra en la casa de Dios, o en momentos normales; tu conducta va de la mano de las palabras de Dios, y cuando poseas cierto grado de experiencia, sentirás que lo que hiciste en el pasado era relativamente adecuado. Si después de ganar experiencia durante un período de tiempo sientes que algunas de las cosas que hiciste en el pasado no fueron adecuadas, si estás insatisfecho con ellas, y si en realidad no hubo verdad en las cosas que realizaste, esto demuestra que lo único que hiciste fue resistirte a Dios. Demuestra que tu servicio estuvo lleno de rebeldía, de resistencia y de conductas humanas.

Extracto de ‘Lo que se debe saber sobre cómo transformar el propio carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Cuáles son los criterios exactos para poner en práctica la verdad? ¿Cómo se evalúa y precisa si estás poniendo en práctica la verdad? ¿Cómo determina Dios si eres una persona que acepta Sus palabras cuando las oye? Él observa si, desde que crees en Él y escuchas sermones, se ha producido algún cambio en tu estado interno, en tu desobediencia a Él y en la esencia de los diversos aspectos de tu carácter corrupto. Se fija en si los has sustituido por la verdad, y en si han cambiado tu conducta y tus acciones externas o la esencia de tu carácter corrupto en el fondo de tu corazón. Dios te evalúa en función de estas cosas. Tras haber escuchado sermones y comido y bebido de las palabras de Dios durante todos estos años, ¿tus cambios son meramente superficiales o esenciales? ¿Se ha transformado tu carácter? ¿Han cambiado tus ideas falsas sobre Dios, tu desobediencia a Él y tu forma de plantearte las comisiones y los deberes que Él te confía? ¿Ha disminuido tu desobediencia a Dios? Cuando ocurre algo que revela que eres desobediente, ¿eres capaz de hacer introspección? ¿Eres capaz de obedecer? ¿Te has vuelto más leal a las comisiones y los deberes que Dios te confía, y es pura esta lealtad? Desde que escuchas sermones, ¿se han purificado tus motivaciones, ambiciones, deseos e intenciones? ¿Acaso estos no son criterios de evaluación? También tienes ideas falsas sobre Dios: ¿sigues aferrado a tus nociones iniciales, a tus fantasías ambiguas y abstractas y a tus conclusiones? ¿Todavía tienes quejas y otras emociones negativas? ¿Se han producido cambios en estas cosas? Si no se ha producido ninguna transformación en estos aspectos, ¿qué clase de persona eres? Esto demuestra una cosa: no eres una persona que practique la verdad.

Extracto de ‘Solo al practicar las palabras de Dios se pueden obtener una transformación en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Desde que las personas empezaron a creen en Dios, han albergado muchas intenciones incorrectas. Cuando no estás poniendo en práctica la verdad, sientes que todas tus intenciones son correctas, pero, cuando te ocurre algo, verás que hay muchas incorrectas dentro de ti. Así pues, cuando Dios hace perfectas a las personas, los hace que se den cuenta de que muchos conceptos que hay en ellas que están obstruyendo su conocimiento de Dios. Cuando reconoces que tus intenciones son erróneas, si eres capaz de dejar de practicar de acuerdo a tus conceptos e intenciones, de dar testimonio de Dios y de mantenerte firme en tu posición en todo lo que te acontece, esto demuestra que te has rebelado contra la carne. Cuando lo has hecho, se produce inevitablemente una batalla en tu interior. Satanás intentará y hará que las personas lo sigan, que sigan las nociones de la carne y defiendan los intereses de la carne, pero las palabras de Dios esclarecerán e iluminarán a las personas en su interior, y en ese momento está en ti seguir a Dios o a Satanás. Dios pide a las personas que pongan en práctica la verdad principalmente para ocuparse de las cosas de su interior, de sus pensamientos y sus nociones que no son según Su corazón. El Espíritu Santo toca a las personas en su corazón y las esclarece e ilumina. Por tanto, existe una batalla detrás de todo lo que acontece: cada vez que las personas ponen en práctica la verdad o el amor a Dios, se desencadena una gran batalla, y aunque todo pueda parecer estar bien con su carne, en lo profundo de sus corazones se estará desarrollando de hecho una batalla a vida o muerte. Solo después de esta intensa lucha, después de una gran cantidad de reflexión, puede decidirse la victoria o la derrota. Uno no sabe si reír o llorar. Como muchas de las intenciones internas de las personas son erróneas o como gran parte de la obra de Dios entra en conflicto con sus nociones, cuando las personas ponen en práctica la verdad, se libra una gran batalla entre bambalinas. Una vez puesta en práctica esta verdad, las personas derramarán detrás del escenario innumerables lágrimas de tristeza antes de decidirse por fin a satisfacer a Dios. Es gracias a esta batalla que las personas soportan el sufrimiento y el refinamiento; esto es sufrimiento real. Cuando la batalla llegue a ti, si eres capaz de ponerte verdaderamente en el lado de Dios, podrás satisfacerle. Mientras se practica la verdad, es inevitable sufrir por dentro; si, cuando pusieran en práctica la verdad, todo estuviese bien en su interior, no necesitarían que Dios los perfeccionase ni habría batalla alguna y no sufrirían. Es debido a que, en las personas, hay una gran cantidad de cosas no adecuadas para el uso de Dios y hay mucho del carácter rebelde de la carne que los seres humanos deben aprender de un modo más profundo la lección de rebelarse contra la carne. Esto es lo que Dios llama el sufrimiento que le pidió al hombre que pasara junto con Él. Cuando encuentres dificultades, date prisa y ora a Dios: “¡Oh, Dios! Deseo satisfacerte, deseo soportar la dificultad final para satisfacer Tu corazón e independientemente de lo grandes que sean los reveses que sufra, seguiré satisfaciéndote. Aunque tenga que entregar toda mi vida, ¡seguiré satisfaciéndote!”. Con esta determinación, cuando ores así, serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio. Cada vez que ponen en práctica la verdad, cada vez que pasan por refinamientos, cada vez que son probadas y cada vez que la obra de Dios viene sobre ellas, las personas tienen que soportar un dolor extremo. Todo esto es una prueba para las personas y, por tanto, dentro de todas ellas hay una batalla. Este es el precio real que pagan. Leer más de las palabras de Dios y correr más de un lado a otro es una parte del precio. Es lo que las personas deberían hacer, es su deber y la responsabilidad que deberían cumplir, pero tienen que dejar de lado lo que es necesario dejar de lado dentro de ellas. Si no lo haces, por muy grande que sea tu sufrimiento externo y por mucho que corretees, ¡todo será en vano! Es decir, solo los cambios en tu interior pueden determinar si tus dificultades externas tienen valor. Cuando tu carácter interno ha cambiado y has puesto en práctica la verdad, todo tu sufrimiento externo obtendrá la aprobación de Dios; si no ha habido un cambio en tu carácter interno, no importa cuánto sufrimiento soportes o cuánto corretees en el exterior, no habrá aprobación de Dios y las dificultades no confirmadas por Dios son en vano. Por consiguiente, si el precio que pagaste es aprobado por Dios, depende de si se ha producido un cambio en ti o no, y si pones o no la verdad en práctica y te rebelas contra tus propias intenciones y nociones para alcanzar la satisfacción de la voluntad de Dios, el conocimiento de Dios y la lealtad a Dios. No importa cuánto corras de un lado a otro, si nunca has sabido rebelarte contra tus propias intenciones, si solo buscas acciones y fervor externos y nunca prestas atención a tu vida, tus dificultades habrán sido en vano. Si, en un entorno determinado, tienes algo que quieres decir, pero por dentro sientes que decirlo no es correcto, que decirlo no beneficia a tus hermanos y hermanas, sino que puede herirlos, entonces no lo dirás y preferirás quedarte internamente adolorido, porque estas palabras son incapaces de cumplir la voluntad de Dios. En ese momento, habrá una batalla en tu interior, pero estarás dispuesto a padecer dolor y entregar lo que amas y soportar esta dificultad para satisfacer a Dios; y aunque tendrás dolor por dentro, no complacerás a la carne, y el corazón de Dios habrá sido satisfecho; por tanto, tú también te sentirás consolado por dentro. Esto es realmente pagar un precio, y es el que Dios desea. Si practicas de esta manera, Él sin duda te bendecirá; si no puedes lograrlo, no importa cuánto entiendas ni lo bien que puedas hablar, ¡no servirá para nada! Si, en el camino hacia el amor a Dios, eres capaz de ponerte de Su lado cuando lucha con Satanás y no vuelves a éste, habrás conseguido el amor a Dios y te habrás mantenido firme en tu testimonio.

Extracto de ‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

La práctica actual de la verdad por parte del hombre todavía no está a la altura y no puede alcanzar plenamente todo lo que la verdad requiere. La gente solo practica parte de la verdad, y únicamente cuando se halla en determinados estados y circunstancias; no puede ponerla en práctica en toda circunstancia y situación. Cuando, ocasionalmente, una persona es feliz y su estado es bueno o cuando está hablando con el grupo y se siente más liberada de lo normal, puede que durante un tiempo sea capaz de hacer cosas acordes con la verdad; sin embargo, en compañía de personas negativas y de quienes no buscan la verdad, su práctica es más deficiente y, sus actos, un tanto inapropiados. Esto se debe a que la gente practica la verdad sin una actitud de perseverancia; por el contrario, la pone en práctica guiada por las influencias fugaces de la emoción o la circunstancia. También se debe a que no has comprendido tu estado ni tu naturaleza, por lo que, a veces, aún eres capaz de hacer cosas que no te imaginas haciendo. Solo conoces algunos de tus estados, pero, como no has comprendido tu naturaleza, no puedes controlar lo que podrías hacer en el futuro; es decir, no tienes la certeza absoluta de que te mantendrás firme. En ocasiones te encuentras en un estado en el que puedes poner en práctica la verdad y pareces evidenciar alguna transformación, pero, en otro ambiente, no puedes ponerla en práctica. Esto escapa a tu control. A veces puedes practicar la verdad, y, a veces, no. En determinado momento lo entiendes, y, al siguiente, estás confundido. Ahora no estás haciendo nada malo, pero quizás lo hagas dentro de poco. Esto demuestra que aún hay cosas corruptas dentro de ti, y si eres incapaz de tener verdadero autoconocimiento, no será fácil corregirlas. Si no puedes entender en profundidad tu carácter corrupto y eres, en definitiva, capaz de hacer cosas que se oponen a Dios, estás en peligro. Si eres capaz de conocer en profundidad tu naturaleza y detestarla, podrás controlarte, abandonarte a ti mismo y poner en práctica la verdad.

Extracto de ‘Entender la naturaleza propia y poner la verdad en práctica’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Cuando practica la verdad, a la gente le resulta difícil evitar los errores, pero si puedes hacer las cosas de acuerdo con la verdad en el momento en que las haces, pero no las llevas a cabo de acuerdo con ella, el problema es que no amas la verdad. El carácter de una persona que no ama la verdad no se transformará. Si no comprendes con exactitud la voluntad de Dios ni sabes cómo practicar, debes hablar con otras personas. Si nadie se cree capaz de ver claro el asunto, debes llevar a efecto la solución más razonable. Sin embargo, si finalmente descubres que al llevarla a efecto de esta manera has cometido un pequeño error, debes corregirlo rápidamente, y entonces Dios no lo considerará pecado. Dado que tenías las intenciones correctas al poner este asunto en práctica, estabas practicando de acuerdo con la verdad y simplemente no lo tuviste claro y tus actos se tradujeron en algunos errores, tenías pretexto. No obstante, hoy en día mucha gente depende únicamente de sus manos para trabajar y de su mente para hacer esto y aquello, y rara vez considera estas cuestiones: ¿Se adecúa este modo de practicar a la voluntad de Dios? ¿Le agradaría a Dios que lo hiciera de este modo? ¿Confiaría Dios en mí si lo hiciera de esta manera? ¿Estaría poniendo en práctica la verdad si lo hiciera así? Si Dios se enterara de esta cuestión, ¿podría decir: “Lo has hecho correcta y apropiadamente. Sigue así”? ¿Sabes analizar detenidamente cada cuestión que afrontas? ¿Sabes ser serio y meticuloso en cada una de ellas? ¿Eres capaz de considerar si Dios desprecia tu manera de hacerlo, qué les parecen tus métodos a los demás y si lo estás haciendo en función de tu voluntad o para satisfacer tus deseos…? Tienes que pensarlo más y buscar más, y tus errores serán cada vez más pequeños. Al hacer las cosas de esta manera, demostrará que eres una persona que busca realmente la verdad y que te encuentras entre los que veneran a Dios, pues haces las cosas según las indicaciones exigidas por la verdad.

Si los actos de un creyente están desconectados de la verdad, es igual que un incrédulo. Este es el tipo de persona que no lleva a Dios en el corazón y lo abandona, y esa persona es como un jornalero en la casa de Dios que hace chapuzas para su amo, recibe una pequeña remuneración y luego se va. Sencillamente, no es una persona que crea en Dios. Anteriormente he mencionado lo que puedes hacer para ganarte la aprobación de Dios. La aprobación de Dios es lo primero en lo que has de pensar y trabajar; debe ser el principio y el alcance de tu práctica. Debes determinar si lo que haces está en consonancia con la verdad porque, si lo está, seguro que se ajusta a la voluntad de Dios. No es que debas calibrar si el asunto está bien o mal, si concuerda con los gustos de los demás ni si está en consonancia con tus deseos, sino determinar si está de acuerdo con la verdad y si beneficia o no al trabajo y los intereses de la iglesia. Si consideras estos aspectos, cada vez estarás más en consonancia con la voluntad de Dios al hacer las cosas. Si no consideras estos aspectos y simplemente te atienes a tu propia voluntad al hacer las cosas, está garantizado que las harás de forma incorrecta, ya que la voluntad del hombre no es la verdad y, por supuesto, es incompatible con Dios. Si deseas la aprobación de Dios, debes practicar de acuerdo con la verdad, no según tu voluntad. Algunos se dedican a ciertos asuntos particulares con el pretexto de cumplir con el deber. Sus hermanos y hermanas lo consideran inadecuado y se lo reprochan, pero estas personas no admiten su culpa. Piensan que, al ser un asunto personal sin relación con el trabajo, las finanzas o la gente de la iglesia, no se considera una vulneración del alcance de la verdad y Dios no debería inmiscuirse en ello. Puede que algunas cosas te parezcan asuntos particulares no relacionados con ningún principio ni ninguna verdad. Sin embargo, si se mira lo que hiciste, fuiste muy egoísta por no considerar el trabajo de la casa de Dios ni cómo podría afectarle tu actuación; solo consideraste tu propio beneficio. Esto ya guarda relación con el decoro de los santos, así como con cuestiones relativas a la humanidad de una persona. Aunque lo que estuvieras haciendo no tuviera relación con los intereses de la iglesia ni con la verdad, dedicarte a un asunto particular mientras afirmas estar cumpliendo con el deber no está en consonancia con la verdad. Independientemente de lo que estés haciendo, de lo grande o pequeño que sea el asunto y de si lo estás haciendo para cumplir con tu deber en la casa de Dios o por tus propias razones privadas, debes considerar si lo que estás haciendo es conforme a la voluntad de Dios, así como si es algo que una persona con humanidad debería hacer. Si buscas la verdad de esta manera en todo lo que haces, entonces eres una persona que verdaderamente cree en Dios. Si tratas cada asunto con dedicación y cada verdad de este modo, serás capaz de lograr cambios en tu carácter. Algunas personas piensan que cuando están haciendo algo personal pueden ignorar la verdad, lo hacen como les parece, de la manera que más felices les hace y que les sea más provechosa. No prestan la más mínima consideración a cómo puede afectar a la casa de Dios y tampoco consideran si lo que están haciendo se ajusta a la santa decencia o no. Finalmente, cuando acaban con el asunto, se sienten oscuras por dentro, se sienten incómodas, pero no saben por qué. ¿Acaso no es merecida esta retribución? Si haces cosas que Dios no aprueba, entonces lo has ofendido. Si alguien no ama la verdad y, con frecuencia, hace cosas basadas en su propia voluntad, entonces ofenderá a Dios a menudo. Dios no suele aprobar a esta clase de personas en lo que hacen y, si no se arrepienten, entonces su castigo no estará muy lejano.

Extracto de ‘Buscar la voluntad de Dios es en aras de practicar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Cuánta verdad entiendes? En última instancia, ¿cuánto pones en práctica? ¿A quién amas más, a Dios o a ti mismo? ¿Das a menudo más, o recibes a menudo más? ¿En cuántas ocasiones has renunciado a tu viejo ser cuando tu propósito era incorrecto, y has satisfecho la voluntad de Dios? Con estas pocas preguntas bastará para desconcertar a muchas personas. Y es que, aunque la mayoría de las personas sean conscientes de que su propósito es incorrecto, siguen haciendo lo erróneo a sabiendas, y no están ni por asomo cerca de abandonar su propia carne. La mayoría de las personas permiten que el pecado corra desenfrenado en ellas, y permiten que el pecado dirija todas sus acciones. Son incapaces de superar sus pecados, y siguen viviendo en el pecado. Una vez alcanzada esta etapa actual, ¿quién no sabe cuántos hechos malvados ha cometido? Si dices que no lo sabes, entonces estás mintiendo descaradamente. Francamente, todo es renuencia a abandonar tu viejo ser. ¿Qué utilidad tiene pronunciar tantas y penitentes “palabras desde el corazón”, que son inútiles? ¿Te ayuda esto a crecer en tu vida? Podría decirse que conocerte a ti mismo es tu trabajo a tiempo completo. Yo perfecciono a las personas a través de su sumisión y de su práctica de las palabras de Dios. Si tú sólo vistes las palabras de Dios como te pondrías tu ropa, tan sólo para parecer pulcro y elegante, ¿no te estás engañando a ti mismo y a los demás? Si lo único que tienes es conversación, y nunca la pones en práctica, ¿qué lograrás?

Muchas personas pueden hablar un poco sobre la práctica, y de sus impresiones personales, pero la mayor parte de ello es la iluminación obtenida de las palabras de otros. No incluye en absoluto incluye nada de sus propias prácticas personales ni de lo que ven a partir de sus experiencias. He analizado este asunto con anterioridad; no creas que no sé nada. Tú no eres más que un tigre de papel, ¿y hablas de conquistar a Satanás, de dar testimonios victoriosos, y de vivir la imagen de Dios? ¡Nada de esto tiene sentido! ¿Piensas que todas las palabras habladas por Dios hoy son para que tú las admires? Tu boca habla de renunciar a tu viejo ser, y de poner en práctica la verdad, pero tus manos están llevando a cabo otros hechos, y tu corazón trama otros ardides; ¿qué clase de persona eres? ¿Por qué tu corazón y tus manos no son una misma cosa? Tanta predicación se ha convertido en palabras vacías; ¿no es esto desolador? Si eres incapaz de poner en práctica la palabra de Dios, esto demuestra que aún no has entrado en la forma de obrar del Espíritu Santo, no has tenido aún Su obra en ti, y aún no has tenido Su dirección. Si afirmas ser tan sólo capaz de entender la palabra de Dios, pero eres incapaz de ponerla en práctica, eres una persona que no ama la verdad. Dios no viene a salvar a esta clase de persona. Jesús sufrió una enorme agonía cuando fue crucificado para salvar a los pecadores, a los pobres, y a todas esas personas humildes. Su crucifixión sirvió como una ofrenda por el pecado. Si no puedes practicar la palabra de Dios, deberías marcharte tan pronto como puedas; no te quedes en la casa de Dios como un parásito. A muchas personas incluso les resulta difícil dejar de hacer cosas que se resisten claramente a Dios. ¿No están pidiendo la muerte? ¿Cómo pueden hablar de entrar en el reino de Dios? ¿Tendrían la audacia de ver el rostro de Dios? Comer los alimentos que Dios te proporciona, hacer cosas deshonestas que se oponen a Él, ser malicioso, insidioso e intrigante, incluso cuando Dios te permite disfrutar de las bendiciones que Él te ha concedido; ¿no sientes que te queman en las manos cuando las recibes? ¿No sientes cómo te sonrojas? Has hecho algo en oposición a Dios, has llevado a cabo estratagemas para “ir por libre”; ¿no te sientes asustado? Si no sientes nada, ¿cómo puedes hablar de algún futuro? Hace mucho que ya no había futuro alguno para ti; ¿qué expectativas mayores puedes seguir teniendo? Si dices algo descarado, pero no te sientes culpable y tu corazón no es consciente, ¿no significa esto que Dios ya te ha abandonado? Hablar y actuar con indulgencia y desenfreno se ha convertido en tu naturaleza; ¿cómo puede perfeccionarte Dios así? ¿Serías capaz de recorrer el mundo? ¿A quién convencerías? Los que conocieran tu verdadera naturaleza mantendrían las distancias. ¿No es este el castigo de Dios? En resumen, si sólo hay palabras y ninguna práctica, no hay crecimiento. Aunque el Espíritu Santo pueda estar obrando en ti mientras hablas, si no practicas, Él dejará de obrar. Si sigues adelante de esta manera, ¿cómo puede haber conversación alguna sobre el futuro o una entrega de todo tu ser a la obra de Dios? Tú solo puedes hablar de ofrecerle todo tu ser, pero no le das a Dios tu verdadero amor. Lo único que Dios recibe de ti es devoción verbal; no le das tu intención de practicar la verdad. ¿Podría ser esta tu estatura real? Si continúas así, ¿cuándo te perfeccionaría Dios? ¿No te angustia tu futuro oscuro y sombrío? ¿No percibes que Dios ha perdido la esperanza en ti? ¿No sabes que Él desea perfeccionar a más personas y a personas nuevas? ¿Podrían mantenerse las cosas viejas? No estás prestando atención a las palabras de Dios hoy: ¿estás esperando a mañana?

Extracto de ‘La persona que alcanza la salvación está dispuesta a practicar la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas que auténticamente creen en Dios son aquellas que están dispuestas a poner en práctica la palabra de Dios y a practicar la verdad. Las personas que verdaderamente son capaces de permanecer firmes en su testimonio de Dios son, también, aquellas que están dispuestas a poner Su palabra en práctica y auténticamente pueden ponerse del lado de la verdad. Todas las personas que recurren a los engaños y a la injusticia carecen de la verdad y avergüenzan a Dios. Aquellas que provocan disputas en la iglesia son lacayos de Satanás, son la encarnación de Satanás. Esas personas son sumamente malvadas. Todas aquellas que carecen de discernimiento y son incapaces de ponerse de parte de la verdad albergan intenciones malignas y manchan la verdad. Más que eso, son los representantes arquetípicos de Satanás. Están más allá de la redención y, de manera natural, serán eliminadas. La familia de Dios no permite que aquellos que no practican la verdad permanezcan y tampoco que lo hagan aquellos que deliberadamente desmantelan a la iglesia. Sin embargo, este no es el momento de llevar a cabo la obra de expulsión; esas personas simplemente serán expuestas y eliminadas al final. No debe gastarse más obra inútil en estas personas; aquellos que pertenecen a Satanás son incapaces de ponerse del lado de la verdad, mientras que aquellos que buscan la verdad sí pueden hacerlo. Las personas que no practican la verdad no son dignas de escuchar el camino de la verdad ni de dar testimonio de ella. La verdad simplemente no es para sus oídos; más bien, está dirigida a quienes la practican. Antes de que se revele el fin de cada persona, aquellos que perturban a la iglesia e interrumpen la obra de Dios serán hechos a un lado por ahora y se les tratará después. Una vez que la obra esté completa, cada una de estas personas será expuesta y, luego, serán eliminadas. Por ahora, mientras se está proveyendo la verdad, serán ignoradas. Cuando toda la verdad se revele a la humanidad, esas personas deberán ser eliminadas; ese será el momento en el que todas las personas serán clasificadas según su especie. Los engaños insignificantes de quienes no tienen discernimiento los llevarán a su destrucción a manos de los malvados, serán alejados por ellos para no regresar jamás. Y ese es el trato que merecen, porque no aman la verdad, porque son incapaces de ponerse del lado de la verdad, porque siguen a las personas malvadas y están del lado de las personas malvadas y porque se confabulan con personas malvadas y desafían a Dios. Saben perfectamente que lo que esas personas malvadas irradian es maldad, pero endurecen su corazón y le dan la espalda a la verdad para seguirlas. ¿Acaso no están haciendo el mal estas personas que no practican la verdad, pero que hacen cosas destructivas y abominables? Aunque hay entre ellos quienes se visten como reyes y otros que los siguen, ¿no son iguales sus naturalezas que desafían a Dios? ¿Qué excusa pueden tener para afirmar que Dios no los salva? ¿Qué excusa pueden tener para decir que Dios no es justo? ¿No es su propio mal el que los está destruyendo? ¿No es su propia rebeldía la que los está arrastrando al infierno? Las personas que practican la verdad, al final, serán salvas y perfeccionadas a causa de la verdad. Al final, aquellos que no practican la verdad causan su propia destrucción a causa de la verdad. Estos son los fines que esperan a los que practican la verdad y a los que no la practican.

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

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