107. Principios para distinguir entre practicar la verdad y el buen comportamiento

(1) Determinar si una práctica se basa en las palabras de Dios o se realiza de acuerdo con la iluminación y el esclarecimiento del Espíritu Santo, o si se trata de una acción que se basa en los sentimientos, preferencias, nociones o imaginaciones del hombre, o en su experiencia.

(2) Comprobar si actúa basándose en las verdades que comprende, de acuerdo con los principios, o si se adhiere a las reglas, por inercia, centrándose en los factores externos y viviendo entre nociones e imaginaciones.

(3) Determinar si llega a someterse realmente a Dios en su práctica de la verdad, o si arma un gran alboroto por pequeñas trivialidades y les da a otros una falsa impresión, de este modo engañándolos e intentando timar a Dios.

(4) Cuando alguien cumple con el deber, determina si se entrega a Dios con un corazón sincero, viene a dar testimonio de Él, o si su obra es descuidada y superficial, por inercia, y simplemente hace uso de disfraces y trucos con el objetivo de negociar con Dios.

Las palabras relevantes de Dios:

¿Cuántas prácticas religiosas cumples? ¿Cuántas veces te has rebelado contra la palabra de Dios y has tomado tu propio camino? ¿Cuántas veces has puesto en práctica la palabra de Dios porque eres verdaderamente considerado con Sus cargas y buscas satisfacer Su voluntad? Debes entender la palabra de Dios y ponerla en práctica como corresponde. Sé una persona de principios en todas tus acciones y hechos, aunque eso no significa acatar reglas o hacer algo de mala gana sólo para alardear. En cambio, significa practicar la verdad y vivir por la palabra de Dios. Solo una práctica como esta satisface a Dios. Cualquier modo de actuar que agrade a Dios no es una regla, sino la práctica de la verdad. Algunas personas tienen inclinación por atraer la atención hacia sí mismas. Puede que digan en presencia de los hermanos y hermanas que están en deuda con Dios, pero a espaldas de ellos no practican la verdad y actúan de manera totalmente diferente. ¿Acaso no son estos los fariseos de la religión? Una persona que verdaderamente ama a Dios y posee la verdad es una que es leal a Dios, pero no alardea públicamente de ello. Una persona así está dispuesta a practicar la verdad cuando surgen problemas y no habla o actúa de una forma que vaya en contra de su conciencia. Esta clase de persona demuestra sabiduría cuando surgen problemas y es una persona de principios en sus acciones, sin importar las circunstancias. Una persona de esta clase puede ofrecer un verdadero servicio. Hay algunos que a menudo hablan de boquilla sobre su deuda con Dios, pasan sus días con el ceño fruncido por la preocupación, tienen un aire afectado y aparentan ser dignos de lástima. ¡Qué despreciables! Si le preguntaras: “¿Puedes decirme de qué manera estás en deuda con Dios?”, se quedarían sin palabras. Si eres leal a Dios, no hables de esto públicamente, sino que mejor demuestra tu amor por Dios por medio de la práctica real y órale con un corazón sincero. ¡Todos aquellos que tratan con Dios de manera verbal y mecánicamente son unos hipócritas! Algunos, cada vez que oran, hablan de su deuda con Dios y comienzan a llorar aunque no les conmueva el Espíritu Santo. Las personas como estas están poseídas por rituales y nociones religiosos; viven por esos rituales y nociones, siempre creyendo que esas acciones agradan a Dios y que Él se inclina a favor de la piedad superficial o las lágrimas de tristeza. ¿Qué bien puede venir de los que son así de absurdos? Con el fin de demostrar humildad, algunos fingen gentileza cuando hablan en presencia de los demás. Algunos son deliberadamente serviles en la presencia de otras personas, actúan como corderos sin una pizca de fuerza. ¿Es esta una forma de actuar propia del pueblo del reino? El pueblo del reino debe ser alegre y libre, inocente y abierto, honesto y adorable, y vivir en un estado de libertad. Debe tener integridad y dignidad, y ser capaz de dar testimonio dondequiera que vaya; tales personas son amadas tanto por Dios como por el hombre. Los novatos en la fe tienen demasiadas prácticas externas; primero deben someterse a un período de ser tratados y rotos. Las personas que tienen una honda fe en Dios no son distinguibles externamente de los demás, pero sus acciones y hechos son encomiables. Solo de tales personas se puede considerar que están viviendo la palabra de Dios. Si predicas el evangelio todos los días a varias personas con el fin de llevarlas a la salvación, pero al final sigues viviendo conforme a reglas y doctrinas, no puedes traerle gloria a Dios. Tales personas son figuras religiosas, además de unos hipócritas.

Extracto de ‘En la fe, uno debe centrarse en la realidad; participar en rituales religiosos no es fe’ en “La Palabra manifestada en carne”

En su creencia en Dios, la mayoría de las personas hacen especial hincapié en la conducta, como resultado de lo cual se producen ciertos cambios en esta. Después de haber empezado a creer en Dios, dejan de enfrentarse a los demás, de insultar y luchar con las personas, dejan de fumar, beber y robar propiedad pública —ya sea un clavo o una tabla de madera—, y hasta llegan tan lejos como a no acudir a los tribunales cuando sufren pérdidas o son ofendidas. Sin duda, se producen ciertamente algunos cambios en su conducta. Como, después de creer en Dios, aceptar el camino verdadero las hace sentirse especialmente bien, y como ahora también han probado la gracia de la obra del Espíritu Santo, son particularmente fervientes y no hay nada que no puedan abandonar o sufrir. No obstante, después de haber creído durante tres, cinco, diez o treinta años, al no haberse producido cambio alguno en su carácter vital, al final retroceden a las antiguas costumbres, crece su arrogancia y su soberbia y empiezan a competir por el poder y los beneficios, codician el dinero de la iglesia, hacen cualquier cosa que sirva a sus propios intereses, ansían estatus y placeres, y se han vuelto parásitos de la casa de Dios. En particular, la mayoría de los que sirven como líderes son abandonados por la gente. ¿Y qué demuestran estos hechos? Los cambios que son meramente de comportamiento son insostenibles. Si no hay una alteración en el carácter de la vida de las personas, tarde o temprano su lado agresivo se pondrá de manifiesto. Como la fuente de los cambios en su conducta es el fervor, acompañado de un poco de obra realizada por el Espíritu Santo en ese momento, resulta extremadamente fácil para ellas el volverse fervientes o mostrar bondad temporalmente. Como afirman los incrédulos: “Hacer una buena obra es fácil; lo difícil es llevar toda una vida de buenas obras”. Las personas son incapaces de hacer buenas obras durante toda su vida. La vida dirige su conducta; tal como es su vida, así es su conducta, y solo aquello que se revela de forma natural representa la vida y la naturaleza de una persona. Las cosas falsas no pueden perdurar. Cuando Dios obra para salvar al hombre no lo hace para adornarlo con una buena conducta; la finalidad de la obra de Dios consiste en transformar el carácter de las personas, en hacerlas nacer de nuevo como nuevas personas. Así pues, el juicio, el castigo, las pruebas de Dios y Su refinamiento para el hombre sirven todos para cambiar su carácter, de forma que pueda lograr una sumisión y una devoción absolutas respecto a Él, así como a llegar a la adoración normal hacia Él. Este es el objetivo de la obra de Dios. Comportarse bien no es lo mismo que someterse a Él, y mucho menos equivale a ser compatible con Cristo. Los cambios de conducta se basan en la doctrina y nacen del fervor; no se basan en el verdadero conocimiento de Dios ni en la verdad, y menos aún se apoyan en la guía del Espíritu Santo. Aunque hay ocasiones en las que el Espíritu Santo dirige algo de lo que las personas hacen, esto no es una expresión de la vida; mucho menos es lo mismo que conocer a Dios. Por muy buena que sea la conducta de una persona, no demuestra que esta se haya sometido a Dios ni que ponga en práctica la verdad. Los cambios en la conducta son una mera ilusión momentánea, nada más que la manifestación del celo. No pueden considerarse expresiones de la vida.

Extracto de ‘La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Aunque puede que una persona haya hecho un gran número de buenas obras desde que cree en Dios, tal vez aún le resulten opacas muchas cuestiones y ni mucho menos haya llegado a entender la verdad; sin embargo, por sus muchas buenas obras, ya cree haber conseguido vivir en las palabras de Dios, haberse sometido a Él y haber satisfecho realmente Su voluntad. Esto sucede porque, cuando no surgen circunstancias adversas, haces lo que te mandan; no tienes reparos en cumplir con ningún deber y no te opones. Cuando te mandan difundir el evangelio, es un sufrimiento que puedes soportar y no te quejas, y cuando te mandan correr de acá para allá o realizar un trabajo físico, lo haces. Con estas demostraciones te crees una persona que se somete a Dios y un auténtico buscador de la verdad. Ahora bien, si alguien te cuestionara más a fondo y te preguntara “¿Eres una persona honesta? ¿Eres una persona que se somete sinceramente a Dios? ¿Acaso una persona cuyo carácter se ha transformado?”, entonces, al cuestionarte así y, con ello, confrontarte con la verdad para escrutarte, se descubriría que tú —y se puede decir que absolutamente cualquiera— presentas deficiencias y nadie sabe practicar realmente de acuerdo con la verdad. Por consiguiente, una vez confrontadas con la verdad la causa de todas las acciones y obras del hombre, así como la esencia y naturaleza de sus actos, todas ellas son condenadas. ¿Por qué? Porque el hombre no se conoce; siempre cree en Dios a su manera, cumple con el deber a su manera y sirve a Dios a su manera. Además, se considera lleno de fe y razón y, a la postre, cree haber obtenido mucho. Sin saberlo, llega a creer que ya actúa de acuerdo con la voluntad de Dios, que la ha satisfecho completamente, que ya ha cumplido con Sus exigencias y obedece Su voluntad. Si esa es tu impresión o si en tus varios años de fe en Dios crees haber cosechado algunos frutos, con mayor razón deberías regresar ante Dios para hacer introspección. Deberías considerar la senda por la que has caminado durante cuatro años de fe y comprobar si todos tus actos y toda tu conducta ante Dios han ido completamente tras Su corazón, si lo que haces se opone a Dios, si lo que haces es capaz de satisfacer a Dios, y si lo que haces cumple las exigencias de Dios y puede estar por completo de acuerdo con Su voluntad. Deberías tener claras todas estas cosas.

Extracto de ‘Sólo reconociendo tus opiniones equivocadas puedes conocerte a ti mismo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Hay personas que se creen sumamente bondadosas. Nunca odian ni hieren a los demás y siempre echan una mano a un hermano o hermana cuya familia está en apuros para que su problema no se quede sin resolver; tienen gran benevolencia y hacen todo lo que está en su mano para ayudar a todo el que puedan. ¿Cuál es la consecuencia de esa ayuda? Ponen su vida en suspenso, pero están muy contentas consigo mismas y sumamente satisfechas con todo lo que han hecho. Es más, se enorgullecen de ello, pues creen que todo lo que han hecho es, sin duda, suficiente para satisfacer la voluntad de Dios y que son auténticos creyentes en Él. Ven su bondad natural como algo que deben explotar y, en el momento en que la consideran así, es inevitable que lleguen a considerarla la verdad. En realidad, lo único que ejercen es la bondad humana. No han buscado la verdad en absoluto y todos sus actos son en vano, ya que los hacen ante los hombres, no ante Dios, y ni mucho menos practican de acuerdo con las exigencias de Dios y la verdad. Nada de lo que hacen constituye la práctica de la verdad ni de las palabras de Dios, y ni mucho menos siguen Su voluntad; más bien utilizan la bondad humana y la buena conducta para ayudar al prójimo. En resumen, no buscan la voluntad de Dios en lo que hacen ni actúan según Sus exigencias. Por consiguiente, desde el punto de vista de Dios, la buena conducta del hombre es condenada y no merece que Dios la recuerde.

Extracto de ‘Sólo reconociendo tus opiniones equivocadas puedes conocerte a ti mismo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué representan las buenas acciones superficiales de los seres humanos? Representan la carne, ni siquiera lo mejor de las prácticas externas representan la vida; solo pueden mostrar tu propio temperamento individual. Las prácticas externas de la humanidad no pueden cumplir el deseo de Dios. Hablas constantemente de tu deuda con Dios; sin embargo, no puedes proveer la vida de los demás ni inspirar a otros para que amen a Dios. ¿Crees que estas acciones tuyas van a satisfacer a Dios? Sientes que tus acciones concuerdan con la voluntad de Dios y que son del espíritu, ¡pero en realidad son todas absurdas! Crees que lo que te agrada a ti y lo que estás dispuesto a hacer son precisamente esas cosas en las que Dios se deleita. ¿Pueden representar a Dios tus gustos? ¿Puede representar a Dios el carácter de una persona? Lo que te agrada a ti es precisamente lo que Dios aborrece y tus hábitos son lo que Dios detesta y rechaza. Si te sientes en deuda, entonces ve y ora ante Dios; no hay necesidad de hablar de esto con los demás. Si no oras ante Dios y en lugar de eso llamas la atención constantemente en presencia de los demás, ¿puede esto satisfacer la voluntad de Dios? Si tus acciones siempre existen solo en apariencia, esto quiere decir que eres vanidoso hasta el extremo. ¿Qué clase de seres humanos son aquellos que solo llevan a cabo buenas acciones superficiales y están desprovistos de realidad? ¡Tales hombres son fariseos hipócritas y figuras religiosas! Si no os desprendéis de vuestras prácticas externas y sois incapaces de hacer cambios, entonces los elementos de hipocresía en vosotros crecerán aún más. Mientras mayores sean vuestros elementos de hipocresía, más resistencia hay hacia Dios. Al final, con toda seguridad, ¡tales personas serán eliminadas!

Extracto de ‘En la fe, uno debe centrarse en la realidad; participar en rituales religiosos no es fe’ en “La Palabra manifestada en carne”

Algunas personas son capaces de soportar dificultades, pueden pagar el precio, externamente se comportan muy bien, son bastante respetadas y cuentan con la admiración de los demás. ¿Diríais que este tipo de comportamiento externo puede considerarse la puesta en práctica de la verdad? ¿Podría determinarse que estas personas están cumpliendo la voluntad de Dios? ¿Por qué, una y otra vez, las personas ven a estos individuos y creen que están satisfaciendo a Dios, que caminan por la senda de poner en práctica la verdad y se mantienen en el camino de Dios? ¿Por qué piensan así algunas personas? Solo hay una explicación para ello. ¿Cuál es? Pues que un gran número de personas no tiene muy claras algunas cuestiones, como qué es poner en práctica la verdad, qué significa satisfacer a Dios y poseer la auténtica realidad-verdad. Así pues, algunos son engañados con frecuencia por los que, en apariencia, son espirituales, nobles, elevados y grandes. En lo que respecta a las personas que pueden hablar con elocuencia de letras y doctrinas, y cuyo discurso y acciones parecen dignos de admiración, quienes son engañados por ellos jamás han analizado la esencia de sus acciones, los principios subyacentes a sus obras o cuáles son sus objetivos. Además, tampoco han observado si estas personas se someten verdaderamente a Dios ni tampoco han determinado si auténticamente temen a Dios y se apartan del mal. Nunca han discernido la esencia de la humanidad de estas personas. Más bien, empezando por el primer paso que consiste en familiarizarse con ellas, llegan poco a poco a admirarlas, a venerarlas, y acaban convirtiéndose en sus ídolos. Asimismo, en la mente de algunos, los ídolos a los que adoran —y que creen que pueden abandonar a su familia y su trabajo, y que por fuera parecen capaces de pagar el precio— son los que están satisfaciendo realmente a Dios y los que pueden lograr de verdad un buen final y un buen destino. En su mente, estos ídolos son a los que Dios elogia. ¿Qué los induce a creer tal cosa? ¿Cuál es la esencia de esta cuestión? ¿A qué consecuencias puede llevar? Expongamos, en primer lugar, el tema de su esencia.

Básicamente, estos asuntos relativos a los puntos de vista de las personas, sus métodos de práctica, los principios de práctica que deciden adoptar y aquello en lo que cada uno tiende a centrarse no tienen nada que ver con las exigencias de Dios hacia la humanidad. Ya sea que se centren en asuntos superficiales o profundos, o en letras y doctrinas o en la realidad, las personas no se ciñen a lo que más deberían ajustarse ni saben lo que más deberían saber. Esto se debe a que la verdad no les gusta en absoluto. Por tanto, no están dispuestas a invertir tiempo ni esfuerzo en buscar y poner en práctica los principios de práctica que se encuentran en las declaraciones de Dios. Más bien, prefieren utilizar atajos, resumir lo que entienden y lo que saben que es una buena práctica y un buen comportamiento; este resumen pasa a ser, pues, el objetivo a perseguir, lo cual toman como la verdad a practicar. La consecuencia directa de esto es que las personas utilizan el buen comportamiento humano como sustituto de poner en práctica la verdad, algo que también satisface su deseo de ganarse el favor de Dios. Esto les proporciona un capital con el que lidiar con la verdad, que también utilizan para razonar con Dios y competir con Él. Al mismo tiempo, las personas dejan de lado a Dios, sin escrúpulos, y colocan en Su lugar a los ídolos a los que admiran. Solo existe una causa fundamental por la que estas personas llevan a cabo y sostienen acciones y puntos de vista tan ignorantes, así como opiniones y prácticas parciales, y hoy os hablaré de ello. La razón es que, aunque las personas pueden seguir a Dios, orar a Él y leer Sus declaraciones cada día, no entienden realmente Su voluntad. Aquí está la raíz del problema. Si alguien entendiera el corazón de Dios y supiera lo que a Él le gusta, lo que Él detesta, lo que quiere, lo que rechaza, a qué clase de persona ama, qué clase de persona no le gusta, qué tipo de estándar usa cuando hace exigencias a las personas y qué tipo de enfoque adopta para perfeccionarlas, ¿podría esa persona seguir teniendo sus propias opiniones personales? ¿Podrían tales personas simplemente ir y adorar a alguien más? ¿Podría un ser humano común y corriente ser su ídolo? Las personas que entienden la voluntad de Dios poseen un punto de vista ligeramente más racional que ese. No van a idolatrar arbitrariamente a una persona corrupta y, mientras caminan por la senda de poner en práctica la verdad, tampoco creerán que ceñirse ciegamente a unas cuantas reglas o principios sencillos equivale a poner en práctica la verdad.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Algunas personas afirman: “Siento que ahora soy capaz de poner algunas verdades en práctica; no es que no pueda practicar verdad alguna. En algunos entornos puedo hacer cosas conforme a la verdad, lo que significa que cuento como una persona que pone la verdad en práctica y como alguien que posee la verdad”. En realidad, comparado con el pasado o cuando empezaste a creer en Dios por primera vez, en este tipo de situación has mostrado un pequeño cambio. En el pasado no entendías nada ni sabías qué era la verdad y qué era un carácter corrupto. Ahora has logrado saber algunas cosas y eres capaz de tener algunas buenas maneras de practicar, pero esto solo es una pequeña porción de tu cambio; no es una transformación genuina de tu carácter, porque no eres capaz de poner en práctica verdades avanzadas y profundas que involucren a tu naturaleza. En contraste con tu pasado, de hecho has cambiado hasta cierto punto, pero esta transformación es solo un pequeño cambio de tu humanidad; cuando se compara con el más elevado estado de verdad, estás muy lejos de la verdad. Esto quiere decir que no has alcanzado el objetivo al poner la verdad en práctica.

En ocasiones, este es el tipo de estado en el que se encuentran las personas. Por dentro no son negativas y todavía tienen algo de entusiasmo, pero cuando se trata de su conocimiento de la verdad y de ponerla en práctica, sienten que no pueden seguir adelante y que no tienen interés alguno en este aspecto. ¿Cómo puede ser esto? A veces no ves este estado con claridad y te sientes forzado a actuar en apariencia, haciendo esto o aquello, sin embargo, tus dificultades reales siguen sin resolverse. Piensas: “Lo he hecho y me he entregado completamente; ¿por qué no me siento aún tranquilo?”. Esto se debe a que tu conducta y tus actos se basan en tus buenas intenciones; se llevan a cabo con una diligencia subjetiva. Sin embargo, no has buscado la voluntad de Dios ni has hecho las cosas según los requisitos de la verdad. Te has equivocado bastante, y el resultado es que te sientes siempre alejado de los requisitos de Dios. No te sientes seguro e, inconscientemente, te vuelves negativo. Los deseos personales y la diligencia subjetivos son muy distintos a los requisitos de la verdad; son diferentes con respecto a su naturaleza. Los actos externos de las personas no pueden sustituir la verdad ni se realizan por completo en consonancia con las intenciones de Dios; más bien la verdad es la verdadera expresión de la voluntad de Dios. Algunas personas que divulgan el evangelio piensan: “No soy perezoso. ¿Cómo puedes decir que no estoy poniendo la verdad en práctica?”. Bueno, ahora te pregunto: ¿cuánta verdad hay en tu corazón? ¿Cuántas cosas has hecho según la verdad durante el tiempo en que has estado difundiendo el evangelio? ¿Entiendes la voluntad de Dios? Ni siquiera puedes decir si solo estás haciendo cosas o si estás poniendo la verdad en práctica, porque solo te centras en utilizar tu práctica para satisfacer y alegrar a Dios. No correspondes Su amor en absoluto con la convicción de “buscar la voluntad de Dios en todas las cosas, para satisfacer a Dios y estar en consonancia con la verdad”. Si afirmas estar poniendo la verdad en práctica, entonces ¿cuánto ha cambiado tu carácter durante este tiempo? ¿Cuánto ha aumentado tu amor por Dios? Evaluarte de acuerdo con estas cosas puede determinar si estás poniendo la verdad en práctica o no.

Extracto de ‘Entender la naturaleza propia y poner la verdad en práctica’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Cuáles son los criterios exactos para poner en práctica la verdad? ¿Cómo se evalúa y precisa si estás poniendo en práctica la verdad? ¿Cómo determina Dios si eres una persona que acepta Sus palabras cuando las oye? Él observa si, desde que crees en Él y escuchas sermones, se ha producido algún cambio en tu estado interno, en tu desobediencia a Él y en la esencia de los diversos aspectos de tu carácter corrupto. Se fija en si los has sustituido por la verdad, y en si han cambiado tu conducta y tus acciones externas o la esencia de tu carácter corrupto en el fondo de tu corazón. Dios te evalúa en función de estas cosas. Tras haber escuchado sermones y comido y bebido de las palabras de Dios durante todos estos años, ¿tus cambios son meramente superficiales o esenciales? ¿Se ha transformado tu carácter? ¿Han cambiado tus ideas falsas sobre Dios, tu desobediencia a Él y tu forma de plantearte las comisiones y los deberes que Él te confía? ¿Ha disminuido tu desobediencia a Dios? Cuando ocurre algo que revela que eres desobediente, ¿eres capaz de hacer introspección? ¿Eres capaz de obedecer? ¿Te has vuelto más leal a las comisiones y los deberes que Dios te confía, y es pura esta lealtad? Desde que escuchas sermones, ¿se han purificado tus motivaciones, ambiciones, deseos e intenciones? ¿Acaso estos no son criterios de evaluación? También tienes ideas falsas sobre Dios: ¿sigues aferrado a tus nociones iniciales, a tus fantasías ambiguas y abstractas y a tus conclusiones? ¿Todavía tienes quejas y otras emociones negativas? ¿Se han producido cambios en estas cosas? Si no se ha producido ninguna transformación en estos aspectos, ¿qué clase de persona eres? Esto demuestra una cosa: no eres una persona que practique la verdad.

Extracto de ‘Solo al practicar las palabras de Dios se pueden obtener una transformación en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

La transformación del carácter no tiene lugar de la noche a la mañana, y una vez que entiendes la verdad no sabes ponerla en práctica necesariamente en cada entorno. Esto atañe a la naturaleza del hombre. A veces puede parecer que pones en práctica la verdad, pero, en realidad, la naturaleza de tus actos no lo demuestra. Mucha gente tiene determinadas conductas externas; por ejemplo, es capaz de abandonar familia y profesión y cumplir con el deber y, por tanto, cree estar practicando la verdad. Sin embargo, Dios no reconoce que esté practicándola. Si todo lo que haces tiene una motivación personal y está adulterado, no estás practicando la verdad; simplemente exhibes una conducta superficial. En sentido estricto, es probable que Dios condene tu conducta; no la elogiará ni recordará. Si se analiza esto con mayor profundidad, estás haciendo el mal y tu conducta se opone a Dios. Visto desde fuera, no estás interrumpiendo ni perturbando nada y no has hecho ningún daño real ni has violado ninguna verdad. Parece ser lógico y razonable, pero la esencia de tus acciones corresponde a hacer el mal y resistirse a Dios. Por lo tanto, deberías determinar si ha habido un cambio en tu carácter y si estás poniendo en práctica la verdad al ver los motivos que están detrás de tus acciones a la luz de las palabras de Dios. No depende de una perspectiva humana sobre si tus actos se adecúan a la imaginación y las intenciones humanas o se adaptan a tus gustos; esas cosas no son importantes. Más bien depende de que Dios diga si te estás ajustando o no a Su voluntad, si tus acciones poseen o no la realidad-verdad y si cumplen o no con Sus requisitos y estándares. Medirse con los requisitos de Dios es lo único exacto. La transformación del carácter y la práctica de la verdad no son tan fáciles y sencillas como las personas imaginan. ¿Entendéis esto ahora? ¿Tenéis alguna experiencia con esto? Cuando se trata de la esencia de un problema, puede que no la entendáis; vuestra entrada ha sido excesivamente superficial. Corréis de acá para allá todo el día del amanecer al ocaso, os levantáis temprano y os acostáis tarde, pero ni habéis logrado la transformación de vuestro carácter de vida ni podéis captar lo que implica dicha transformación. Esto significa que vuestra entrada es demasiado superficial, ¿no es cierto? Independientemente de cuánto tiempo llevéis creyendo en Dios, puede que no percibáis la esencia y las cosas profundas que tengan que ver con conseguir la transformación del carácter. ¿Puede decirse que tu carácter ha cambiado? ¿Cómo sabes si Dios te alaba o no? Como mínimo, te sentirás excepcionalmente firme en tu corazón con respecto a todo lo que haces, sentirás que el Espíritu Santo te guía, te esclarece, y obra en ti cuando cumples con tus deberes, cuando llevas a cabo cualquier obra en la casa de Dios, o en momentos normales; tu conducta va de la mano de las palabras de Dios, y cuando poseas cierto grado de experiencia, sentirás que lo que hiciste en el pasado era relativamente adecuado. Si después de ganar experiencia durante un período de tiempo sientes que algunas de las cosas que hiciste en el pasado no fueron adecuadas, si estás insatisfecho con ellas, y si en realidad no hubo verdad en las cosas que realizaste, esto demuestra que lo único que hiciste fue resistirte a Dios. Demuestra que tu servicio estuvo lleno de rebeldía, de resistencia y de conductas humanas.

Extracto de ‘Lo que se debe saber sobre cómo transformar el propio carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si la gente conoce un poco a Dios, sabe vivir con sentido y es capaz de hacer cosas que satisfacen a Dios, le parecerá que esta es la vida real, la única manera de vivir con sentido, y que ha de vivir así para satisfacer un poco a Dios y sentirse complacida. Si es capaz de satisfacer conscientemente a Dios, de poner en práctica la verdad, aborrecerse, abandonar sus ideas y ser obediente y considerada hacia la voluntad de Dios —si es capaz de hacer todas estas cosas conscientemente—, esto es lo que significa poner en práctica la verdad de forma correcta y sincera, y difiere mucho de lo anterior, cuando las personas se fiaban de sus fantasías y se atenían a doctrinas y normas. En efecto, es agotador hacer cualquier cosa cuando no comprenden la verdad, es agotador atenerse a doctrinas y normas, es agotador no tener objetivos y hacer las cosas a ciegas. Solo con la verdad pueden ser libres —esto no es ninguna mentira— y hacer las cosas fácilmente y de buena gana. Aquellos que tienen este tipo de estado son poseedores de la verdad, aquellos cuyo carácter se ha transformado.

Extracto de ‘Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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