47. Principios del verdadero autoconocimiento

(1) Si una persona hace introspección, se comprende a sí misma y se mide según los juicios y revelaciones de las palabras de Dios, entonces puede ver su propia fealdad y maldad.

(2) El conocimiento más auténtico de uno mismo proviene de la exposición del propio carácter corrupto en mitad de las pruebas y el refinamiento, además de cuando uno está siendo podado y tratado; mediante este conocimiento, uno puede quedar totalmente convencido.

(3) Cuando se sufren reveses, es preciso examinar claramente qué causa que se fracase y caiga, así como qué limitación propia ha producido tal consecuencia. Se debe ser capaz de ver la naturaleza y esencia propias.

(4) La manera más fácil de ver claramente la naturaleza y esencia propias, y las partes que se revelan del carácter corrupto, es reflexionar sobre la senda que se camina y sobre qué motiva a cumplir con el deber.

Las palabras relevantes de Dios:

Para permitir que las personas se conozcan a sí mismas, Dios ha usado muchos métodos diferentes. Él permite que las personas adquieran poco a poco un conocimiento de sí mismas a través de la experiencia. Ya sean pruebas, juicio o castigo, Dios permite que las personas experimenten sin cesar en Sus palabras y en los hechos reales. Las personas experimentan el juicio, el castigo y la disciplina de las palabras de Dios y también el esclarecimiento e iluminación de Sus palabras. Al mismo tiempo, Él permite que las personas reconozcan su corrupción, su rebeldía y su naturaleza. Entonces, ¿cuál es el objetivo final de todo esto? Este objetivo final es permitir que cada persona que experimente la obra de Dios sepa lo que las personas son. ¿Qué incluye “lo que las personas son”? Incluye permitir que las personas reconozcan su propia identidad, posición, deber y responsabilidad. Es permitirte saber quiénes son las personas y quién eres tú mismo. Este es un objetivo final de que Dios permita que las personas se conozcan a sí mismas.

Extracto de ‘Dios mismo, el único III’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La clave para lograr un cambio de carácter es conocer la propia naturaleza, y esto debe suceder de acuerdo con las revelaciones de Dios. Sólo en la palabra de Dios se puede conocer la propia naturaleza espantosa, reconocer en esta los diferentes venenos de Satanás, darse cuenta de que uno es necio e ignorante, y reconocer los elementos débiles y negativos de la misma. Después de que estos se conozcan completamente, y puedas verdaderamente odiarte y renunciar a la carne, cumplir con la palabra de Dios de forma consistente y tener la voluntad de someterte de manera absoluta al Espíritu Santo y a la palabra de Dios, entonces te habrás embarcado en la senda de Pedro.

Extracto de ‘Conocerse a uno mismo es principalmente conocer la naturaleza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Para conocerte a ti mismo, debes conocer tus expresiones de corrupción, tus propias debilidades vitales, tu carácter y tu naturaleza y tu esencia. También debes saber, hasta el último detalle, aquellas cosas que se revelan en tu vida diaria: tus motivos, tus perspectivas y tu actitud sobre cada cosa —ya sea que estés en casa o fuera—, cuando estés en reuniones, cuando estés comiendo y bebiendo las palabras de Dios o en cada problema que encuentres. A través de estas cosas debes llegar a conocerte. Para conocerte en un nivel más profundo, debes integrar las palabras de Dios; solo puedes lograr resultados conociéndote con base en Sus palabras.

Extracto de ‘La importancia de buscar la verdad y la senda de búsqueda’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Cuando leía las palabras de Dios, Pedro no estaba centrado en entender las doctrinas y, menos aún, en obtener conocimiento teológico; más bien, se concentró en comprender la verdad y captar la voluntad de Dios y lograr un entendimiento de Su carácter y Su encanto. Pedro también intentó comprender los diversos estados corruptos del hombre a partir de las palabras de Dios, así como la naturaleza corrupta del hombre y sus verdaderas deficiencias, cumpliendo, así, con todos los aspectos de las exigencias que Dios le hace al hombre para que lo satisfaga. Pedro tuvo muchas prácticas correctas que se ciñeron a las palabras de Dios. Esto estuvo totalmente alineado con la voluntad de Dios y fue la mejor forma en la que una persona podía cooperar al tiempo que experimentaba la obra de Dios. Cuando experimentó los centenares de pruebas provenientes de Dios, Pedro se autoexaminó de un modo estricto contra cada palabra del juicio de Dios hacia el hombre, cada palabra de la revelación de Dios al hombre y cada palabra de Sus exigencias al hombre e intentó desentrañar el significado de esas palabras. Intentó reflexionar sinceramente en cada palabra que Jesús le dijo y memorizarla y tuvo muy buenos resultados. Mediante esta forma de práctica fue capaz de alcanzar un entendimiento de sí mismo a partir de las palabras de Dios, y no sólo llegó a entender los diversos estados corruptos del hombre, sino que también comprendió la esencia, la naturaleza y los diversos tipos de defectos del hombre. Esto es lo que significa verdaderamente entenderse a uno mismo.

Extracto de ‘Cómo caminar por la senda de Pedro’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Lo que Pedro buscó fue llegar a conocerse a sí mismo, y ver lo que se revelaba en él a través del refinamiento de las palabras de Dios y dentro de las diversas pruebas que Dios le suministró. Al final, cuando de verdad llegó a entenderse a sí mismo, Pedro se dio cuenta de lo corrupto, lo inútil y lo indigno de servir a Dios que es el hombre, y de que el hombre no merece vivir delante de Dios. Pedro se postró entonces frente a Dios. Al final, sintió: “¡Conocer a Dios es lo más precioso! Si no pudiera conocer a Dios, mi muerte sería una enorme lástima. Siento que conocer a Dios es lo más importante y lo más valioso. Si el hombre no conoce a Dios, entonces no merece vivir y no tiene vida”. Para cuando la experiencia de Pedro había alcanzado este punto, él ya era bastante consciente de su propia naturaleza y tenía un conocimiento relativamente bueno de ella. Aunque quizá no habría sido capaz de explicarlo a fondo como las personas podrían imaginar, había llegado a este estado. Por consiguiente, la senda de la búsqueda de la vida y de alcanzar la perfección por Dios implica obtener un entendimiento más profundo de la propia naturaleza a partir de las palabras de Dios, así como comprender los aspectos de la propia naturaleza y describirla en palabras. Entender a fondo la antigua vida de una persona –la vida de la vieja naturaleza satánica– significa haber obtenido los resultados que Dios exige. Si tu conocimiento no ha llegado a este punto, pero afirmas entenderte a ti mismo y haber ganado vida, ¿no es esto una simplemente una fanfarronada? No te conoces a ti mismo ni sabes lo que eres delante de Dios, si has cumplido de verdad con el estándar de un ser humano o cuántos elementos satánicos sigues teniendo en ti. Sigues sin tener claro a quién perteneces y ni siquiera tienes autoconocimiento; entonces, ¿cómo puedes tener razón frente a Dios? Cuando Pedro buscaba la vida, se enfocó en conocerse a sí mismo y en cambiar su carácter a lo largo de sus pruebas. Se esforzó por conocer a Dios y, al final, sintió: “Las personas deben buscar entender a Dios en vida; conocerlo es lo más crítico. Si no conozco a Dios, no podré descansar en paz cuando muera. Una vez que lo conozca, si Dios determina que yo muera, sentiré que es lo más gratificante; no me quejaré en lo más mínimo y mi vida entera se habrá colmado”. Pedro no fue capaz de obtener este entendimiento ni alcanzar este nivel inmediatamente después de empezar a creer en Dios; primero tuvo que pasar por muchas pruebas. Su experiencia tuvo que llegar a un cierto punto y tuvo que entenderse a sí mismo por completo antes de poder sentir el valor de conocer a Dios. Por tanto, la senda que Pedro tomó fue la de obtener la vida y ser perfeccionado; su práctica específica se centró, principalmente, en este aspecto.

Extracto de ‘Cómo caminar por la senda de Pedro’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Qué cosas componen la naturaleza de una persona? Sólo eres consciente de la corrupción, la desobediencia, las deficiencias, los defectos, las nociones y los propósitos del hombre, y eres incapaz de descubrir las cosas dentro de la naturaleza del hombre. Sólo conoces la capa exterior, no eres capaz de descubrir su origen. Esto no implica el conocimiento de la naturaleza del hombre. Algunos piensan incluso que estas cosas superficiales constituyen la naturaleza del hombre, y dicen: “Mira, yo entiendo la naturaleza del hombre; reconozco mi arrogancia. ¿No es esa la naturaleza del hombre?”. La arrogancia es una parte de la naturaleza del hombre, eso es verdad. Sin embargo, no basta con admitirlo únicamente en el sentido doctrinal. ¿Qué significa conocer la propia naturaleza? ¿Cómo puede conocerse? ¿A partir de qué aspectos se la conoce? Además, ¿cómo en concreto debería verse la propia naturaleza a través de las cosas que uno revela? Primero que nada, puedes ver la naturaleza del hombre a través de sus intereses. Por ejemplo, a algunas personas les gusta particularmente bailar, a otras les gustan especialmente los cantantes o las estrellas de cine y otras idolatran particularmente a ciertos famosos. Considerando estos intereses, ¿cuál es la naturaleza de estas personas? Por ejemplo: algunos podrían tener una gran idolatría por cierto cantante, incluso al punto de que se obsesionan con cada uno de sus movimientos, con cada sonrisa y cada palabra. Se obsesionan con el cantante e incluso fotografían todo lo que este viste y lo imitan. ¿Qué demuestra este nivel de idolatría respecto a la naturaleza de una persona? Muestra que esa persona sólo tiene esas cosas en su corazón, y no a Dios. Todo lo que esta persona piensa, ama y busca es de Satanás; tales cosas ocupan el corazón de esta persona, que se dedica por entero a ellas. ¿Cuál es el problema aquí? Si se ama algo hasta un extremo, eso puede convertirse en la propia vida y ocupar el corazón, demostrando plenamente que la persona es una idólatra que no quiere a Dios y en su lugar ama al diablo. Por lo tanto, podemos concluir que es la naturaleza de una persona que ama y adora al diablo, que no ama la verdad y no quiere a Dios. ¿Es esta una forma correcta de ver la naturaleza de alguien? Es completamente correcta. Así es cómo se disecciona la naturaleza del hombre. Por ejemplo, algunas personas idolatran de manera particular a Pablo: les gusta salir a pronunciar discursos y hacer obra, les gusta reunirse y hablar; les gusta que las personas las escuchen, los adoren y los rodeen. Les gusta tener estatus en el corazón de los demás y aprecian que otros valoren la imagen que muestran. Analicemos su naturaleza a partir de estos comportamientos: ¿Cuál es su naturaleza? Si de verdad se comportan así, entonces basta para mostrar que son arrogantes y engreídos. No adoran a Dios en absoluto; buscan un estatus elevado y desean tener autoridad sobre otros, poseerlos, y tener estatus en sus mentes. Esta es una imagen clásica de Satanás. Los aspectos de su naturaleza que más destacan son la arrogancia y el engreimiento, la negativa a adorar a Dios, y un deseo de ser adorados por los demás. Tales comportamientos pueden darte una visión muy clara de su naturaleza.

Extracto de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Cuando se trata de conocer la naturaleza del hombre, lo más importante es verla desde la perspectiva de la visión del mundo del hombre, de la vida y de los valores. Todos los que son del diablo viven para sí mismos. Su visión de la vida y sus máximas proceden principalmente de los dichos de Satanás, como “Cada hombre para sí mismo y sálvese quien pueda”. Las palabras pronunciadas por esos reyes demonios, por personas importantes y filósofos de la tierra, se han convertido en la vida del hombre. En particular, la mayor parte de las palabras de Confucio, publicitado por el pueblo chino como un “sabio”, se han convertido en la vida del hombre. También están los proverbios famosos del budismo y el taoísmo, y los dichos clásicos de diversas figuras famosas citados con frecuencia; todos estos son esbozos de las filosofías de Satanás y de su naturaleza. También son las mejores ilustraciones y explicaciones de la naturaleza de Satanás. Estos venenos que se han inoculado en el corazón del hombre proceden todos de Satanás; ni la más mínima pizca de ellos procede de Dios. Tales mentiras y sinsentidos también están en directa oposición a la palabra de Dios. Queda absolutamente claro que las realidades de todas las cosas positivas vienen de Dios, y todas esas cosas negativas que envenenan al hombre proceden de Satanás. Por tanto, puedes discernir la naturaleza de una persona y a quién pertenece esta a partir de su visión de la vida y de los valores. Satanás corrompe a las personas mediante la educación y la influencia de gobiernos nacionales, de los famosos y los grandes. Sus mentiras y sinsentidos se han convertido en la vida y la naturaleza del hombre. “Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda” es un conocido dicho satánico que ha sido infundido en todos y que se ha convertido en la vida del hombre. Hay otras palabras de la filosofía de vida que también son así. Satanás utiliza la cultura tradicional refinada de cada nación para educar a las personas, provocando que la humanidad caiga y sea envuelta en un abismo infinito de destrucción, y al final Dios destruye a las personas porque sirven a Satanás y se resisten a Dios. Imagina que le preguntas a alguien que ha estado activo en la sociedad durante décadas: “Dado que has vivido en el mundo durante mucho tiempo y has conseguido mucho; ¿cuáles son los principales dichos famosos por los que te riges?”. Podría decir, “El más importante es ‘Los funcionarios no golpean a los que hacen regalos, los que no adulan ni halagan no consiguen nada’”. ¿Acaso estas palabras no son representativas de su naturaleza? No escatimar ningún medio para obtener posición se ha convertido en su naturaleza; ser funcionario es lo que le da vida. Sigue habiendo muchos venenos satánicos en la vida de las personas, en su conducta y comportamiento; apenas poseen verdad alguna. Por ejemplo, sus filosofías de vida, sus formas de hacer las cosas y sus máximas están todas llenas de los venenos del gran dragón rojo, y todas proceden de Satanás. Así pues, todas las cosas que fluyen a través de los huesos y la sangre de las personas son cosas de Satanás. Todos esos funcionarios, aquellos que están en el poder y quienes logran el éxito tienen sus propias sendas y sus propios secretos para llegar a él. ¿No son tales secretos perfectamente representativos de su naturaleza? Han hecho cosas muy grandes en el mundo, y nadie puede darse cuenta de los planes e intrigas que se esconden tras ellos. Esto muestra cuán insidiosa y venenosa es su naturaleza. Satanás ha corrompido profundamente a la humanidad. El veneno de Satanás fluye por la sangre de todas las personas, y se puede ver que la naturaleza del hombre es corrupta, malvada y reaccionaria, llena de las filosofías de Satanás e inmersa en ellas; es por entero una naturaleza que traiciona a Dios. Por este motivo la gente se resiste y se opone a Dios. Todos pueden conocer la naturaleza del hombre si se disecciona así.

Extracto de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Las personas tienen un conocimiento superficial de su propia naturaleza, y hay una enorme discrepancia entre esto y las palabras de juicio y revelación de Dios. Esto no es un error en lo que Dios revela, sino más bien que la humanidad carece de un entendimiento profundo de su naturaleza. Las personas no poseen una comprensión fundamental o sustancial de sí mismas, en cambio, se concentran y dedican su energía a sus actos y a las expresiones externas. Aunque alguien dijera algo de manera ocasional respecto a entenderse a sí mismo, no sería muy profundo. Nadie ha pensado jamás que sea esta clase de persona ni tenga esta clase de naturaleza por haber realizado este tipo de cosas o haber revelado algo. Dios ha revelado la naturaleza y la esencia de la humanidad, pero los humanos entienden que su forma de hacer las cosas y de hablar es errónea y defectuosa; por tanto, poner la verdad en práctica es una tarea extenuante para las personas. Ellas piensan que sus equivocaciones son meras manifestaciones momentáneas que se revelan descuidadamente en lugar de ser revelaciones de su naturaleza. Las personas que se consideran a sí mismas de esta forma no ponen la verdad en práctica, porque no son capaces de aceptar la verdad como tal ni tienen sed de ella; por consiguiente, cuando ponen la verdad en práctica, sólo siguen las normas de manera superficial. Las personas no consideran que su propia naturaleza sea demasiado corrupta, y creen que no son tan malas como para que deban ser destruidas o castigadas. Creen que no es tan grave mentir de vez en cuando y se consideran mucho mejores de lo que eran en el pasado; de hecho, sin embargo, están muy lejos de llegar al estándar, porque las personas sólo tienen algunas acciones que, en apariencia, no violan la verdad, si es que realmente no están poniendo la verdad en práctica.

Extracto de ‘Entender la naturaleza propia y poner la verdad en práctica’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Hoy día, la mayoría de las personas tienen un entendimiento muy superficial de sí mismas. No han llegado a distinguir en absoluto las cosas que forman parte de su naturaleza. Sólo tienen conocimiento de algunos de sus estados corruptos, de las cosas que probablemente van a hacer o de unos de sus defectos, y eso les hace creer que se conocen a sí mismos. Si, además, viven rigiéndose por unas cuantas normas, si se aseguran de no cometer equivocaciones en ciertos ámbitos y se las apañan para evitar cometer ciertas transgresiones, entonces consideran que poseen realidad en su creencia en Dios y asumen que serán salvadas. Esto es una imaginación completamente humana. Si te atienes a estas cosas, ¿de verdad llegarás a ser capaz de evitar cometer transgresión alguna? ¿Habrás logrado un verdadero cambio de carácter? ¿Estarás viviendo realmente a semejanza de un ser humano? ¿Puedes satisfacer auténticamente a Dios? ¡Desde luego que no, eso está claro! La creencia en Dios sólo funciona cuando uno tiene altos estándares y ha alcanzado la verdad y alguna transformación en el carácter de vida. Si el conocimiento que las personas tienen de sí mismas es demasiado superficial, les resultará imposible resolver los problemas y su carácter de vida simplemente no cambiará. Es necesario que alguien se conozca en un nivel profundo, lo que significa conocer la propia naturaleza: qué elementos se incluyen en esa naturaleza, cómo se originaron estas cosas y de dónde provinieron. Además, ¿eres realmente capaz de odiar estas cosas? ¿Has visto tu propia alma fea y tu naturaleza malvada? Si eres realmente capaz de ver la verdad sobre ti mismo, entonces comenzarás a aborrecerte. Cuando te aborreces, y luego practicas la palabra de Dios, podrás abandonar la carne y tener la fuerza para cumplir con la verdad sin dificultad. ¿Por qué muchas personas siguen sus preferencias carnales? Porque se consideran bastante buenas, siente que sus acciones son correctas y justificadas, que no tienen fallas e incluso que están completamente en lo correcto. Por lo tanto, son capaces de actuar con la suposición de que la justicia está de su lado. Cuando alguien reconoce cuál es su verdadera naturaleza, cuán fea, despreciable y detestable es, entonces no está demasiado orgulloso de sí mismo ni es tan salvajemente arrogante ni está tan complacido consigo mismo como antes. Tal persona siente: “Debo ser serio y centrado y practicar algunas de las palabras de Dios. Si no, entonces no estaré a la altura del estándar de ser humano, y me avergonzaré de vivir en la presencia de Dios”. Entonces alguien realmente se ve a sí mismo como miserable, como verdaderamente insignificante. En este momento, a alguien se le hará fácil cumplir con la verdad y parecerá ser un poco como debería ser un humano. Sólo cuando las personas realmente se aborrecen pueden abandonar la carne. Si no se desprecian a sí mismas, serán incapaces de abandonar la carne. Odiarse a uno mismo verdaderamente comprende algunas cosas: primero, conocer la propia naturaleza; y segundo, verse a uno mismo como una persona dependiente y mísera, verse extremadamente pequeño e insignificante y ver la propia alma deplorable y sucia. Cuando alguien ve completamente lo que realmente es, y se logra este resultado, entonces realmente adquiere conocimiento de sí mismo y se puede decir que se ha llegado a conocer completamente. Sólo entonces puede alguien mismo odiarse, hasta el punto de maldecirse y sentir verdaderamente que Satanás lo ha corrompido profundamente; tanto que ni siquiera se parece a un ser humano. Entonces un día, cuando aparezca la amenaza de la muerte, esa persona pensará: “Este es el justo castigo de Dios. Dios es, ciertamente, justo; ¡en verdad yo debería morir!”. En este punto, él no albergará quejas y, mucho menos, culpará a Dios, simplemente, sentirá que es tan dependiente y despreciable, tan inmundo y tan corrupto, que debería ser eliminado por Dios, y que un alma así no es apta para vivir en la tierra. En este punto, esta persona no se resistirá a Dios y, mucho menos, lo traicionará. Si alguien no se conoce, y todavía se considera bastante bueno, entonces cuando la muerte llame, esta persona pensará: “Lo he hecho muy bien en mi fe. ¡Qué duro he buscado! He dado tanto, he sufrido tanto, pero finalmente Dios ahora me está pidiendo que muera. No sé dónde está la justicia de Dios. ¿Por qué me está pidiendo que muera? Si hasta una persona como yo tiene que morir, entonces ¿quién se salvará? ¿No llegará a su fin la raza humana?”. En primer lugar, esta persona tiene nociones acerca de Dios. En segundo lugar, esta persona se queja y no muestra ninguna sumisión en absoluto. Esto es igual que Pablo: cuando estaba a punto de morir, no se conocía, y para cuando el castigo de Dios estaba cerca, era demasiado tarde para arrepentirse.

Extracto de ‘Conocerse a uno mismo es principalmente conocer la naturaleza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Entonces, al juzgaros hoy así, ¿qué grado de comprensión tendréis al final? Diréis que aunque vuestro estatus no es alto, sin embargo habéis disfrutado la elevación de Dios. No tenéis estatus porque sois de baja cuna, pero ganáis estatus por la elevación de Dios; esto es algo que Él os concedió. Hoy sois capaces de recibir personalmente el adiestramiento de Dios, Su castigo y Su juicio. Esta es, más aún, Su elevación. Sois capaces de recibir personalmente Su purificación y Su ardor. Esto es el gran amor de Dios. A lo largo de las eras no ha habido una sola persona que haya recibido Su purificación y Su ardor ni que haya sido capaz de ser perfeccionada por Sus palabras. Dios os está hablando ahora cara a cara, purificándoos, revelando vuestra rebeldía interna; esa es ciertamente Su elevación. ¿Qué habilidades tienen las personas? Sean hijos de David o descendientes de Moab, en resumen, las personas son seres creados que no tienen nada de lo que merezcan jactarse. Como sois criaturas de Dios, debéis llevar a cabo el deber de una criatura. No hay más requisitos para vosotros. Así es cómo orarás: “¡Oh, Dios! Tenga estatus o no, ahora me entiendo a mí mismo. Si mi estatus es alto, se debe a Tu elevación; y si es bajo, se debe a Tu ordenación. Todo está en Tus manos. No tengo ninguna elección ni ninguna queja. Tú ordenaste que yo naciera en este país y entre esta gente, y lo único que debería hacer es ser absolutamente obediente bajo Tu dominio, porque todo está incluido en lo que Tú has ordenado. No pienso en el estatus; después de todo, sólo soy una criatura. Si Tú me colocas en el abismo sin fondo, en el lago de fuego y azufre, no soy más que una criatura. Si Tú me usas, soy una criatura. Si Tú me perfeccionas, sigo siendo una criatura. Si Tú no me perfeccionas, te seguiré amando, pues no soy más que una criatura. No soy más que una criatura minúscula, creada por el Señor de la creación, tan sólo una de entre todos los seres humanos creados. Fuiste Tú quien me creó, y ahora me has vuelto a colocar en Tus manos, para hacer conmigo Tu voluntad. Estoy dispuesta a ser Tu herramienta y Tu contraste, porque todo es lo que Tú has ordenado. Nadie puede cambiarlo. Todas las cosas y todos los acontecimientos están en Tus manos”. Cuando llegue el momento en que ya no pienses en el estatus, entonces te liberarás de esto. Sólo en ese momento serás capaz de buscar con confianza y valor, y tu corazón podrá llegar a liberarse de cualquier restricción. Una vez que las personas hayan sido liberadas de estas cosas, entonces no tendrán más preocupaciones.

Extracto de ‘¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?’ en “La Palabra manifestada en carne”

Pablo no conocía su propia esencia o corrupción y, mucho menos, su propia desobediencia. Nunca mencionó su desafío despreciable hacia Cristo ni se arrepintió demasiado. Solo ofreció una breve explicación y, en lo profundo de su corazón, no se sometió totalmente a Dios. Aunque cayó en el camino de Damasco, no miró en lo profundo de su ser. Se contentó con seguir obrando simplemente y no consideró que conocerse y cambiar su viejo carácter fueran los asuntos más cruciales. Se satisfacía con simplemente hablar la verdad, con proveer para otros como un bálsamo para su propia conciencia y con no perseguir más a los discípulos de Jesús para consolarse y perdonarse por sus pecados pasados. La meta que perseguía no era otra que una corona futura y una obra transitoria, la meta que perseguía era la gracia abundante. No buscaba suficiente verdad ni buscaba progresar más profundamente en la verdad, la cual no había entendido previamente. Por consiguiente, se puede decir que su conocimiento de sí mismo era falso y que no aceptaba el castigo ni el juicio. Que fuera capaz de obrar no significa que poseyera un conocimiento de su propia naturaleza o de su esencia; él sólo se centraba en las prácticas externas. Además, no se esforzaba por el cambio, sino por el conocimiento. Su obra fue, por completo, el resultado de la aparición de Jesús en el camino a Damasco. No fue algo que él hubiera decidido hacer en un principio ni fue una obra que ocurriera después de que aceptase la poda de su viejo carácter. Independientemente de cómo obrara, su viejo carácter no cambió y, por tanto, su obra no expió sus pecados pasados, más bien desempeñó cierto papel entre las iglesias de la época. Alguien como él, cuyo viejo carácter no cambió —es decir, que no obtuvo la salvación y que, además, no tenía la verdad— era absolutamente incapaz de llegar a ser uno de los aceptados por el Señor Jesús.

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

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